Tomo IV  -  Volumen I
Geografía Humana de Colombia 

Región Andina Central
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Cuando la empresa comunitaria no se consolida se parcela y la tierra se reparte entre los socios para la producción familiar. 

 

Consejo Indígena Regional del Cauca (CRIC) N° 1

 

Los grupos comunitarios están conformados por las personas que inician la recuperación de la tierra; una vez lograda su legalización se constituye la empresa comunitaria.  

La empresa comunitaria tiene como socios a las personas que han participado en la recuperación de la tierra. La planificación, dirección, ejecución y control de las actividades productivas involucra a todos los socios. Administrativamente se nombra una Junta Directiva y se implementa un reglamento interno donde se establecen los días de trabajo, las sanciones y la distribución de los recursos comunes. 

En el terreno comunitanio se realiza una producción agrícola y ganadera, y de acuerdo con el reglamento interno, cada familia puede tener un número determinado de cabezas de ganado. Los recursos monetarios generados en la producción colectiva se pueden redistribuir en proyectos económicos, en apoyo al cabildo, en capacitación o en aporte para calamidades domésticas. 

La mayor superficie de los terrenos, tanto familiares como comunitanios, se dedica a potreros. De acuerdo con datos de la Caja Agraria de 1991, se considera que en el municipio de Puracé, donde se encuentran las tres comunidades Coconuco, se destina a potreros el 70% de las tierras (Perafán et al., 1993). 

La predominancia de la actividad ganadera está relacionada tanto con factores sociales como económicos. A mediados de siglo, los latifundistas de la zona se dedicaron a la producción tecnificada del cultivo de papa y de la ganadería. En estas circunstancias, los indígenas y campesinos de la zona, y los provenientes de otras partes del país, fueron integrados a esta forma de producción como fuerza de trabajo de las haciendas. 

Cultivo de papa. Comunidad indígena de Paletará (municipio de Puracé - Cauca)

Hoy en día, los Coconuco continúan con la actividad ganadera debido a su rentabilidad y porque ésta cuenta con más apoyo de las entidades del sector; en cambio, con la agricultura corren mayores riesgos por la fluctuación de los precios en los insumos y el mercadeo, y debido a fenómenos naturales como heladas, vientos, lluvias y problemas fitosanitarios.  

La actividad pecuaria es extensiva, se tiene ganadería de doble propósito. La producción de especies menores es baja y no intensiva.  

En general las familias, los grupos y las empresas comunitarias no han contado con capital propio para la compra del ganado, por lo cual, usualmente su adquisición se hace mediante créditos de entidades oficiales, del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), o también reciben ganado al partido. 

Este último sistema consiste en asociarse con otra persona, generalmente no perteneciente a la comunidad, para recibir ganado y los insumos a cambio de aportar los terrenos y el trabajo. Si se trata de ganado de ceba, al precio de venta de los animales, el socio capitalista descuenta la inversión inicial en el ganado y los insumos, el resto de dinero se reparte entre los dos socios; si se trata de ganado de leche se reparten las crías. 

La agricultura presenta diferencias entre las formas de cultivar los productos destinados al mercado y los de consumo. En la parcela familiar, o en las áreas comunes de las empresas comunitarias, los productos para comercialización, además de ocupar mayor espacio se siembran como monocultivo y su mantenimiento se hace con agroquímicos como es el caso de la papa. Los productos para consumo, entre los que se destaca el maíz, ocupan una pequeña extensión, se siembran en policultivo y sin agroquímicos.  

A la siembra de papa se le dedica la mayor extensión de los terrenos cultivados; se siembra como monocultivo y en forma tecnificada. Su cultivo predomina en Paletará y en la parte alta de los resguardos de Coconuco y Puracé.  

Entre los Coconuco es frecuente la siembra de papa “al partido”, es decir, en compañía de personas de la comunidad o de fuera.

Ellos aportan la tierra, el trabajo y parte de los insumos, mientras que el otro socio entrega la semilla, los abonos y el restos de insumos. Al respecto manifiestan que, dados los riesgos que se corren con este cultivo, es mejor asociarse para reducir las posibles pérdidas económicas.

Los cultivos para autoconsumo se siembran en la huerta. Las familias con mayor permanencia en la zona alta (2800 - 3200 m.) siembran ulluco (también comercializable), calabaza, repollo, haba, arracacha, col, cebolla, ajo y algunas plantas de majua (Tropaeolum tuberosum) y oca (Oxalis tuberosa).  

Para la parte menos alta tienen una semilla de maíz conocida como “maíz de montaña”. 

La majua es medicinal, pues se toma para atenuar los cambios bruscos de temperatura, como en el caso de los desplazamientos entre clima templado y frío. Sobre esta planta se tiene la creencia de que es necesario consumir toda la cosecha y no dejarla perder en la huerta, pues de lo contrario “no se daría la comida”, es decir, que la huerta no seguiría produciendo. La majua, al igual que la oca, una vez cosechada, se deja algunos días sobre el suelo y después se consume cocida con leche.  

En la zona alta, la adecuación de la vegetación primaria para el cultivo se hace mediante el sistema de roza, tumba y quema: se despeja la flora que circunda el lote a quemar (lo que se conoce como “orillar”), se tumban los árboles grandes y se amontonan para ser utilizados como madera y leña, se dejan secar las plantas delgadas y se queman; parte de la ceniza se recoge para utilizarla en los cultivos de cebolla y se procede a sembrar.  

En las partes bajas de los resguardos (2400 - 2800 m.) el principal producto es el maíz, del cual hay que diferenciar el maíz de roza del maíz de huerta. El primero es el que se siembra en partes pendientes, poco productivas. Después de la cosecha se deja descansar la tierra uno o dos años, tiempo durante el cual crece el barbecho; en el tiempo de secas se retira la flora circundante al lote y se quema comenzando desde arriba de la pendiente para evitar que el fuego se expanda; al iniciarse el período de lluvias se siembra el maíz asociado con fríjol, en una disposición irregular conocida como “regada”. 

Por su parte, el maíz de huerta es el que se siembra cerca a la vivienda, en terrenos planos o con poca pendiente. Se cultiva en el segundo período de lluvias del año, entre septiembre y noviembre; para ello se preparan surcos y la semilla se coloca a un lado de éstos; los agujeros se hacen con palo o barretón y por cada uno se colocan cuatro semillas de maíz junto a uno o dos de fríjol de vara. 

En los surcos, el cultivo de maíz puede estar asociado con papa, arveja o haba. Una forma consiste en sembrar primero la papa en el centro del surco y después el maíz en un borde, sin fríjol, para que no se enrede en la planta de papa; cuando el tubérculo se cosecha, queda la gramínea. 

El desyerbe y, paralelamente, el corte de las hojas secas proporcionan material orgánico que se mezcla con el suelo del centro del surco y sirve para el atierre del maíz que consiste en amontonar la tierra alrededor de la planta. 

El maíz se cosecha por partes, de acuerdo a su uso, desde que el maíz está choclo (conocido como “guagua”), hasta que se seca. De ahí se seleccionan las “pachas” (mazorcas dobles) para ser colgadas en la cocina puesto que se cree que de esta manera no faltará el maíz en la próxima cosecha. 

De la cosecha también se escogen las mejores mazorcas para almacenarlas como semilla, amarradas previamente por parejas, se cuelgan encima del fogón o se arman racimos (acción conocida como “enguayungar”), que se colocan en las vigas del techo de la cocina. 

Las cañas de maíz son picadas y dejadas en descomposición para abono, aunque algunas personas las amontonan y queman. La huerta no se deja en barbecho sino que se hacen rotaciones como las de maíz-papa, papa-pasto. 

Para el cultivo de maíz no se usan agroquímicos y se mantienen semillas propias; hay variantes como maíz amarillo, maíz chiquito, maíz blanco, maíz yucatán y maíz capio. Este ultimo se siembra en lotes separados del maíz amarillo para conservar la semilla pura, evitando el cruce genético.

Anteriormente se sembraba, junto al maíz, una planta silvestre conocida como “matambre” (Kohleria sp.), puesto que se tenía la creencia de que así la mazorca sería más blanda y fácil de desgranar. Bussler (1987:39), informa que en el resguardo de Puracé esta planta es llamada “raíz de monte”. 

La ruda (Ruta graveolens) y la altamisa (Artemisia sodoroi Hieron) suelen sembrarse cerca a los cultivos. Una agricultora manifiesta que la ruda en medio del maíz protege el cultivo de los insectos-plaga. 

Algunas personas de mayor edad son quienes persisten en la agricultura para el autoconsumo. En su huerta mantienen policultivos en reducidos espacios: la parcela es cercada con arbustos de lechero verde, como cerca viva, y en su interior se encuentra maíz-fríjol asociado con papa, haba o arveja; hay pequeños e irregulares lotes con cebolla y arracacha, frutales como higuillo, tomate de árbol y curuba; plantas medicinales, en especial, ruda y altamisa; plantas bravas protectoras de la vivienda y plantas de jardín; en pocas huertas hay árboles trasplantados y plantas silvestres. 

De la flora silvestre los Coconuco utilizan plantas medicinales, madera para construcción de viviendas y enseres, palos secos para la leña y, en las áreas silvestres cercanas se recolectan, especialmente por parte de los niños, frutales como curuba de montaña, serote, arrayán, mora, mortiño, uvilla y piñuela; estos frutales a veces se trasplantan a la huerta familiar, especialmente la curuba de montaña. 

Los ancianos mantienen otros conocimientos del uso cultural anterior de la flora silvestre, pero hoy en día son poco utilizados. 

Dentro del territorio de los Coconuco se encuentra la reserva forestal Parque Nacional de Puracé, creado por el Instituto Nacional de Conservación del Medio Ambiente y Recursos Naturales (Inderena). En esta reserva es donde predomina la flora silvestre; fuera de la reserva, en menor proporción y en forma dispersa, se encuentra en las zonas más altas y en los alrededores de las fuentes de agua. 

La frontera agropecuaria predomina sobre los hábitats silvestres; por eso a algunas familias se les dificulta la consecución de leña y madera para su uso cotidiano. 

El avance sobre los sitios silvestres ocurre a pesar de que dichos hábitats están integrados en la cosmovisión y la vida diaria de los Coconuco. 

Esto se explica por los procesos sociales ocurridos en la zona: por una parte, la escasez de tierra conllevó a que, para poder sobrevivir, los indígenas migraran o adecuaran los lugares silvestres, aun los pocos productivos como las pendientes. Además, los terratenientes trajeron colonos pobres de regiones minifundistas para que tumbaran los bosques de la zona alta de los resguardos y del valle de Paletará, con el objetivo de ampliarla frontera agropecuaria. De otro lado, el cambio cultural y la expansión demográfica coadyuvaron en este proceso. 

Actualmente, con la recuperación de tierras y el proceso organizativo, se está motivando a la comunidad para que mantenga la flora silvestre cercana a las fuentes de agua al igual que aquella que hace parte de zonas poco aptas para la producción agropecuaria, con el fin de equilibrar los procesos hídricos. 

La “minga” o trabajo comunitario se realiza cuando es convocada por el cabildo o por los grupos y empresas comunitarias. A nivel familia; se conforman pequeños grupos que se rotan para colaborarse mutuamente en las labores agropecuarias, a esta práctica se le llama “cambio de mano”. Sin embargo es más frecuente la venta de fuerza de trabajo o jornaleo. 

En relación con el trabajo asalariado, desde 1946 se estableció en el resguardo de Puracé la empresa privada Industrias Puracé S. A. que explota los yacimientos de azufre ubicados en la falda occidental del volcán Puracé.

A través del proceso organizativo de la comunidad se negoció con la empresa que se contratara los obreros en la zona. Es de anotar, que las actuales medidas políticas y económicas del Estado ha repercutido en la producción y funcionamiento de esta industria, lo que ha ocasionado el despido de los obreros; esta situación generará no sólo problemas de desempleo, sino también desubicación socioeconómica, puesto que muchos de ellos dejaron sus tradicionales labores agropecuarias para dedicarse al trabajo en la mina.

En el resguardo de Coconuco existe una empresa privada de cultivo tecnificado de flores y la mayor parte de sus empleados son indígenas Coconuco que en contratos anuales devengan el salario mínimo.

La actividad productiva de los Coconuco está articulada a la economía de mercado regional; los productos de mayor comercialización son el ganado de carne, la leche y la papa. 

El ganado de carne abastece mercados de las ciudades de Popayán y Cali; los datos de la Caja Agraria estiman en 4.600 los animales que salen anualmente para sacrificio desde el municipio de Puracé (Perafán et al., 1993). 

La leche, calculada para Coconuco y Paletará en 12.000 litros/día, es llevada diariamente a las carreteras cercanas donde es recogida por intermediarios con los que se mantiene un contrato. El producto se transporta con destino a una Industria de leche de la ciudad de Popayán (75%) y para la venta directa a familias de los barrios de la ciudad (25%). 

La papa es vendida en Popayán, Paletará o en el sitio de trabajo. Cuando se trata de un cultivo al partido es frecuente que el socio de fuera de la comunidad se encargue del transporte y la comercialización. El destino del producto está en Popayán, Cali, Huila y Caquetá. 

Con relación a los sitios de comercialización, sólo Paletará cuenta con una plaza de mercado para esta actividad. Los comuneros se desplazan a Popayán en forma periódica (cada semana o cada quince días) a comprar los productos, o los encargan a los choferes de los carros lecheros; la ropa es llevada por comerciantes a los almacenes de Puracé o directamente a las viviendas en Coconuco, con previo encargo.  

En la comercialización de los productos los intermediarios poseen el poder de negociación, fijando los precios y las condiciones en que se realiza esta actividad. Además como ya se anotaba, el capital de trabajo invertido en la producción se consigue a través de préstamos o pertenece a particulares no indígenas que establecen negocios “al partido” en ganadería y cultivo de papa, en condiciones de desventaja para los Coconuco.  

En este contexto, en su fritegración a la economía regional, los indígenas sólo retienen el 15% del valor agregado de la producción, mientras que sectores externos que controlan la comercialización, el suministro de insumos, los servicios y la transformación retienen el 85% del valor agregado (Londoño, 1995: 314).  

Las dificultades en la producción que no han permitido capitalizar y dinamizar la economía de la zona, están asociadas a la forma de articulación al mercado y a condiciones internas tales como las elevadas inversiones en la infraestructura de las empresas, la necesidad de destinar recursos ala capacitación y al fortalecimiento organizativo de la comunidad (inversiones en trabajo, tiempo, desplazamientos, dinero), la falta de capital de trabajo inicial y a problemas administrativos (ibid. p. 318). 

Comunidad indígena de Paletará- Municipio de Puracé. "Cargador".

 Además de la dependencia, especialmente de los intermediarios, la articulación a la economía regional se hace a través de un modelo que requiere tecnologías intensivas de altos costos, que afectan el ambiente, no dan espacio para las prácticas y cultivos tradicionales y crea tensiones internas, además de no contar con mecanismos para enfrentar las políticas nacionales e internacionales que afectan al sector (ibid. p. 319). 

 

 

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