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7.2 La tenencia de la tierra
La tenencia de la tierra en Guambía corresponde a las formas de propiedad comunitaria que particularizan a los resguardos indígenas en el país. Su característica fundamental la constituye el hecho de ser una propiedad poseída colectivamente, a la que los indígenas tienen el derecho de su usufructuó mas no el de su enajenación. Teóricamente las parcelas deben revertir a la comunidad a la muerte del jefe de familia que la explotaba, para ser de nuevo adjudicadas por el Cabildo, máxima autoridad en el manejo de las tierras comunitarias. Aunque en principio las parcelas no son hereditarias, en la práctica de las adjudicaciones los Cabildos tienden a preferir a los herederos del antiguo propietario.
La legislación existente es muy explícita en cuanto a las personas que tienen acceso a las tierras del resguardo, prohibiendo terminantemente la adjudicación a personas extrañas a la comunidad. Igualmente, según la legislación, no es lícito arrendar, vender o hipotecar las tierras a personas extrañas a la comunidad, a menos que tenga autorización explícita del Cabildo.
En principio, para poder acceder a la tierra dentro del resguardo se necesita:
a)
Ser miembro del resguardo;
b)
Tener más de 18 años o ser casado;
c)
No tener la tierra necesaria para cubrir las necesidades familiares.
Al revisar la legislación existente resalta su carácter discriminatorio en relación a la procedencia étnica de la madre, ya que mientras los hijos de padre indígena y madre blanca tienen derecho a tierra, los hijos de madre indígena y padre blanco, quedan excluidos de este derecho.
Aunque el marco legal del resguardo se ha mantenido más o menos constante a través de su existencia -aún rige la Ley 89 de 1890-, en la práctica la dinámica regional ha determinado la penetración de formas alternas de tenencia, como la propiedad privada o el arriendo, atestiguando su proceso de descomposición, o por lo menos, de transformación.
Una mirada a los datos censales de 1973 nos permite observar que de las 959 familias censadas en Guambía que poseían tierra, un 58% aparecía con formas mixtas de tenencia, es decir que además de la tierra adjudicada por el cabildo tenían otra parcela que podía ser titulada, en arriendo, etc. La información igualmente muestra, como Guambía era el tercer resguardo en el departamento del Cauca, después de Caquiona en la región del macizo y de Pancitará en la región central, donde se habían introducido nuevas formas no tradicionales de posesión de la tierra (DANE, 1978, 125, 126).
Quisgó por el contrario, otro resguardo guambiano del Departamento, en cuanto a la forma de tenencia de la tierra, aparecía a la época, como uno de los más tradicionales, ya que de 190 familias con tierra, el 95% la tenían en 1973 adjudicada por el Cabildo y solamente el 3.1%, declaraba tener formas mixtas de tenencia.
En relación a la distribución de las familias por tamaño de las parcelas, encontramos que la zona oriental del departamento, en la cual se hallan los resguardos guambianos, es la que presentaba un mayor porcentaje de familias sin tierra o en situación de minifundio. Dentro de esta región oriental, del total de las familias censadas, el 21.6% declaraba no tener tierra o tener menos de una plaza, además de un 37.6% que sólo poseía entre 1 y 5 plazas. Agrupando esta información obtenemos la alarmante cifra de un 58.2% de familias que se encontraban en una situación de minifundio o de carencia total de tierra, conformando así una de las situaciones más angustiosas y problemáticas en el departamento del Cauca durante la época en que se realizó el estudio.
En el contexto de la región oriental, el resguardo de Guambía en particular, presentaba una situación aún más aguda que la antes descrita, ya que de un total de 1.060 familias entrevistadas, el 21.1% no tenía tierra o tenía menos de una plaza, y el 50.7% poseía entre 1 y 5 plazas; lo que muestra para 1973, fecha en que se realizó el censo, cómo el 71.8% de las familias guambianas o no tenía tierra o tenía menos de 5 plazas.
Cambios en la relación hombre-tierra en Guambia
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Año
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1900
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1913
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1930
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1940
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1950
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1960
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1970
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Población
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1.500
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2.100
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3.100
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3.830
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4.700
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5.750
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7.030
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X Hec-Pers
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2.00
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1.43
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0.97
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0.78
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0.64
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0.52
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0.43
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(Schwarz, op. cit., 240)
Elementos externos como el desarrollo de grandes haciendas y aún de pequeñas fincas a expensas de la tierras antes poseídas por los indígenas, así como elementos internos al resguardo, explicaban la situación antes descrita. El incremento de la población fue uno de los factores determinantes en el desarrollo del problema de tierra. Los cálculos realizados por Schwarz al respecto son ilustrativos ya que partiendo de un estimativo de un total máximo de 3.000 hectáreas aptas para la agricultura, consideraba que la relación había descendido de 2.00 hectáreas por persona en 1900 a 0.43 en 1970 (Schwarz, op. cit., 239).
La información de Schwarz, puede ser considerada como muy conservadora, puesto que los estudios y cálculos recientes han mostrado que la población guambiana creció a un ritmo muy superior al 28%, que toma como base éste investigador. Cálculos realizados por el Incora y corroborados por los indígenas, consideran que para 1980 el resguardo de Guambía contaba con 18.000 personas, lo que da una relación de 0.17 hectáreas por persona para la época.
En el desarrollo interno del resguardo la concentración de la tierra y la consecuente diferenciación social que conlleva, procesos que se han agudizado en algunos resguardos del Departamento y han desempeñado un papel importante en la problemática de la tierra, según parece han tenido un desarrollo muy escaso en Guambía. Los datos censales muestran que solamente el 1% de su población tenía parcelas mayores de 30 plazas. Sin embargo se debe recordar que la adjudicación legal establecida no puede ser mayor de 5 plazas y que en Guambía generalmente, estas grandes extensiones poseídas por indígenas del resguardo, corresponden a terrenos de antiguos cabildantes que en épocas pasadas y ya superadas, según dicen los Guambianos, utilizaron el poder que les confería su cargo para apropiarse de mayores extensiones de tierra.
7.3 Estrategias ante la escasez de tierra
Ante la escasez creciente de la tierra, los Guambianos han desarrollado algunas estrategias que les han permitido no solamente enfrentar y solucionar esta difícil situación, sino mantenerse y revitalizarse étnicamente. Entre estas estrategias se pueden mencionar las siguientes:
7.3.1 Colonización de lo caliente
La compra de pequeñas fincas ubicadas fuera del resguardo, es una de las respuestas más interesantes que los indígenas le han dado a la escasez de tierras de los comuneros de Guambía, pudiéndose hablar de una verdadera colonización guambiana en Piendamó, Caldono, Caloto y Morales, especialmente. Los pueblos de Pescador y Carpintero por ejemplo, son considerados por ellos mismos como pueblos guambianos.
Debe mencionarse otro caso importante de emigración y colonización guambiana al vecino departamento del Huila, en el municipio de La Plata, donde unas 100 familias guambianas y otras tantas Páez empezaron a llegar desde mediados de siglo. Allí fueron abriendo espacios en la tupida montaña e iniciaron con grandes dificultades sus rozas y sementeras. Con la asesoría del resguardo de Guambía conformaron en 1988 el primer Cabildo indígena y en 1990 lograron que el gobierno les entregara un predio de 157 hectáreas, el cual unido a sus parcelas individuales permitió la consolidación de su resguardo, el cual se legalizó en 1994 (Pachón, 1996).
Esta colonización guambiana reviste unas características específicas. En primer lugar la compra de tierras se ha realizado fundamentalmente en clima cálido, cultivándose especialmente el café como producto para el mercado, y otra serie de alimentos como la yuca, el plátano, la naranja, etc., que siempre llevan de regreso a su resguardo y utilizan para consumo familiar.
La pujanza de estas nuevas labranzas guambianas ratifica la convicción de que esta cultura es una de las más maleables de América. Además de las innovaciones que los Guambianos han aceptado en su atuendo, en su agricultura, en su economía y en sus relaciones políticas, desde hace cuatro lustros, cultivan con éxito el café, plátano, naranja y otros productos de lo caliente. Esas cosechas requieren enfoques y destrezas tecnológicas totalmente diferentes de las que exige la papa, la cebolla, los ullucos y demás cultivos del resguardo (Arocha, 1982, 176).
Otra característica importante de esta colonización, la constituye el hecho de que muchos de los indígenas que han adquirido tierra fuera del resguardo, continúan teniendo una pequeña parcela dentro de éste, al igual que en su lugar de habitación. Ellos se resisten al máximo a abandonar el resguardo y sus tierras ancestrales, y cuando están fuera de Guambía, siempre piensan en su regreso. El cultivo de las nuevas tierras adquiridas, se hace generalmente en forma paralela al cultivo de la pequeña parcela ubicada en tierras del resguardo. La permanencia en las tierras calientes siempre es muy pasajera, máximo quince días o un mes en las épocas de cosecha, confiándosele algunas veces su administración temporalmente a los hijos mayores. La extensión de la red vial construida en la década de los sesenta, y que penetra las tierras del resguardo, al igual que el sistema de buses que circula con regularidad, facilita la forma de explotación antes descrita.
Otra característica la constituye su forma de explotación, ya que en épocas de cosecha se utiliza fuerza de trabajo proveniente del resguardo, generalmente fuerza de trabajo familiar o indígenas guambianos a quienes se les paga un jornal, muy inferior al que habría que pagarle a un campesino de la región, pero a quien se le da alojamiento, alimentación y productos de lo caliente para que lleven a sus familias al resguardo.
Otro aspecto que se debe mencionar es el hecho de que los colonizadores son fundamentalmente aquellos indígenas que han podido acumular un pequeño capital, aquéllos que poseen una mayor experiencia en el trato con los blancos y aquellos que han logrado algún acceso al crédito institucional.
Las características de estos nuevos colonizadores, explican parcialmente otra interesante peculiaridad de este proceso de colonización, como es el hecho de que en municipios como Morales y Caldono, los Guambianos ocupan posiciones de liderato comunitario.
Los campesinos mestizos los buscan afanosamente por su pericia agrícola y por sus conocimientos y práctica en organizaciones comunitarias. Ocupan lugares destacados en las juntas de acción comunal de lo caliente. Allí el compadrazgo ha dado un vuelco total: ya no son los Guambianos quienes humildemente le suplican al campesino que les cargue un niño. Son los campesinos blancos y mestizos quienes sumisamente le piden a los indios ser padrinos de sus hijos. Parece que el modo de vida guambiano resulta aleccionador para los campesinos, por su civismo, y apego a la tierra y al trabajo cooperativo, que se forja por el influjo, así sea remoto, del cabildo, del resguardo y la minga... (Arocha, op. cit.. 176).
Las características de esta colonización de las tierras calientes desarrollada por los Guambianos hace pensar en una forma de reestructuración del modelo de la economía vertical tan extendido en épocas prehispánicas a través de todos los Andes y que aún hoy en día se puede encontrar adaptado a diversas situaciones en países como Ecuador, Perú o Bolivia.
7.3.2 Colonización del páramo
Una segunda respuesta desarrollada frente al problema de tierras, lo constituye la ampliación de la frontera agrícola dentro de su propio territorio; siendo así como, las tierras del páramo, antes vedadas para la agricultura, están en la actualidad siendo parcialmente explotadas, mediante la implementación de modificaciones tecnológicas. De esta manera, la humedad del páramo y el exceso de agua de sus tierras, están siendo ingeniosamente manejadas por los Guambianos, mediante un complejo sistema de surcos que se cruzan y se descruzan y canales de drenaje que permiten que el agua circule, no se aposente y por lo tanto no pudra las sementeras. Igualmente los fuertes vientos que azotan la región son hábilmente evitados por los indígenas, quienes con un amplio conocimiento de su dirección y su intensidad así como de la topografía del terreno, seleccionan y descartan las laderas de las cumbres cordilleranas que pueden ser o no utilizadas con fines agrícolas.
A pesar de la excesiva humedad, del intenso frío y los fuertes vientos de la región paramuna, los cuales actúan como limitantes naturales para el desarrollo agrícola, sus tierras, al decir de los Guambianos, son de una gran fertilidad. Solamente con un poco de cal y de ceniza se logra, aunque en un tiempo mayor, una muy buena productividad y sobre todo una calidad especial de sus productos. Las pesadas papas de piel rosada que se producen en el páramo son tan valoradas por los indígenas, que su producción se destina fundamentalmente al consumo comunitario.
7.3.3 La sobreexplotación de las parcelas
La sobreexplotación de los pequeños terrenos disponibles dentro del resguardo, es otra respuesta que los Guambianos han venido desarrollando paulatinamente para enfrentar la escasez de tierras cultivables. Esta sobreexplotación ha implicado necesariamente ajustes y transformaciones de su tecnología tradicional, como la disminución del tiempo de descanso de las tierras laborables, cambios en la rotación de los cultivos y adopción de insumos agrícolas químicos, entre otros. De esta manera, el cultivo de la papa por ejemplo, que tradicionalmente ha sido fuente principalísima de la economía guambiana, solía ser realizado una vez al año según el calendario agrícola que regía la vida económica de la comunidad, dejando de esta manera, descansar la tierra alrededor de ocho meses al año. En los últimos años ante la escasez de la tierra se han visto obligados a sembrar este tubérculo en promedio dos veces por año, y se encuentran terrenos en los que se ha cultivado hasta tres veces en el mismo período.
Este aumento en el uso de cantidades fijas de tierra, se ha desarrollado principalmente a través del uso de fertilizantes y parcialmente en base a la utilización de la fertilidad duradera del suelo (Earle, 1974, 4).
El incremento de la diversificación de cultivos es otra manifestación de esta sobreexplotación de las tierras disponibles. De esta manera en una misma parcela en la que se siembra un producto básico, se cultiva también toda una gama de productos, aprovechando hasta el más pequeño rincón de la parcela y sin que quede prácticamente una cuarta de tierra sin laborar.
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Ganadería en la Cooperativa Indígena de Las Delicias. Resguardo de Guambía (Silvia).
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7.3.4 Recuperación de ti erras
Una última respuesta, más radical y efectiva que las anteriores, la constituye la recuperación de tierras, política que vienen desarrollando de manera general las comunidades indígenas del Cauca y de manera particular, especialmente en los últimos años, los cabildos de Guambía.
La lucha de los indígenas terrajeros en el Cauca adquirió una fuerza especial a finales de la década del 60 y principios del 70, en medio de la contienda a favor de la adopción de la Ley de Reforma Agraria, que les permitía ejercer su derecho a las tierras ancestrales. La toma de tierra se generalizó entonces en la región como la forma más efectiva para su recuperación (Pachón, 1996).
Esta recuperación se realiza bajo la modalidad del trabajo y la explotación colectiva:
Recuperar la tierra, pero no para hacer parcelitas, que no alcanzan para nada. Sino desarrollar la agricultura, bajo la autoridad dl cabildo (Manifiesto Guambiano. Cauca, junio de 1980).
En la actualidad se calcula que se han recuperado alrededor de 2.000 hectáreas en las inmediaciones de Guambía (antigua hacienda de Las Mercedes y Sierra Morena, entre otras), cuyas tierras han permitido en primera instancia el abastecimiento de maíz, cuyo cultivo tan valorado culturalmente, se venía haciendo cada vez más escaso en las tierras del resguardo, viéndose los comuneros en la necesidad, muchas veces, de tener que comprarlo en el mercado. La ganadería es el otro renglón productivo que se está desarrollando con alguna intensidad en estas nuevas tierras anexadas al territorio guambiano. Se debe recordar cómo estos indígenas son un pueblo eminentemente agricultor y cómo la adopción de una explotación ganadera de corte intensivo implica esfuerzos adaptativos muy grandes.
A
demás de la repercusión económica que indudablemente representan estas tomas de tierra para la comunidad, la importancia que este hecho reviste a nivel político interno al resguardo es innegable. De esta manera, a raíz de la posibilidad de disponer de nuevas tierras, se dio un desarrollo y fortalecimiento de los Cabildos como entidades rectoras de los resguardos, ya que estos habían disminuido su poder; en la medida en que no existían tierras disponibles para repartir, viéndose reducidos a ejercer su autoridad en asuntos secundarios dentro de la vida comunitaria.
7.4 Organización social del trabajo
7.4.1 División del trabajo
En la cultura guambiana, se ha identificado una esfera pública y extracomunitaria, asociada principalmente con el mundo masculino y una esfera doméstica asociada con lo femenino (Long, 1978,9). Esta dicotomía se expresa empíricamente en la división sexual del trabajo, siendo de esta manera actividades exclusivas de los hombres aquellas que tienen que ver fundamentalmente con la vida política, mercantil y religiosa. El ser miembro de los Cabildos o participar en movimientos políticos nacionales; el comprar o vender tierra, cosechas y animales grandes; el organizar las festividades de los días de los Santos y el ser rezanderos, o parteros, son actividades masculinas, al igual que la música, cuya ejecución es reservada también para los hombres. Por su parte es competencia exclusiva de la mujer, el sinnúmero de actividades relacionadas con la vida y reproducción del grupo familiar.
Existe además una esfera intermedia, donde hombres y mujeres participan por igual en múltiples actividades, sin que se pueda establecer una diferenciación sexual en el trabajo. Esta esfera es en general la de la producción y más específicamente la de la producción agraria. En la actualidad todo el trabajo agrícola es desarrollado por hombres y mujeres: ambos preparan la tierra, siembran, deshierban y cosechan; su capacidad para desarrollar estas tareas es considerada equivalente e indiscriminadamente se contratan jornaleros hombres o mujeres para las mismas actividades, reconociéndoseles una remuneración igual.
La estricta división de trabajo entre hombres y mujeres existentes en épocas pasadas y aún presente en la memoria de los viejos, ha ido perdiéndose con las transformaciones sociales ocurridas en el seno de la comunidad en los últimos decenios. El incremento demográfico de la población; la mayor participación dentro de las instituciones colombianas; la capacitación, que ha permitido a los indígenas el realizar actividades antes toleradas sólo para los blancos, son razones mencionadas por Schwarz para explicar este relajamiento en las normas tradicionales de la división sexual del trabajo.
Para la mujer, el resultado del proceso ha significado una mayor ampliación de la esfera de sus actividades, introduciéndose en el corazón mismo de la producción agropecuaria y compartiendo todas las actividades con los hombres. De esta manera es ampliamente reconocida la diferencia en el volumen de trabajo desarrollado entre los hombres y las mujeres guambianas, ya que éstas últimas no sólo colaboran en las faenas agrícolas, sino que de ellas dependen exclusivamente la mayoría de los cebollares, las huertas caseras, el cuidado de ovejas, gallinas y cuyes, además del trabajo doméstico, y la atención de los niños.
Mientras el Guambiano se levanta a las 6 a.m. para tomar café caliente y comida, la mujer debe comenzar el día a las 4:30 a.m. para preparar esa comida. Los hombres y las mujeres pasan el día entero en el campo, pero las mujeres deben volver a la casa al mediodía para llevar el café a los hombres... En la tarde el hombre puede charlar y fumar, pero las mujeres siempre hacen algo útil, hilan lana, hacen mochilas, etc. Cuando los hombres se acuestan, las mujeres deben cerrar la cocina, lavar los platos, acostar a los niños. Son las últimas en dormirse. Esta descripción de las actividades cotidianas omite las labores adicionales de las Guambianas: tejer las ruanas de los hombres y sus propios anacos, bordar el paño que los hombres se ponen como falda y las mujeres como chal, lavar la ropa. Estas tareas adicionales se hacen después del trabajo de los domingos... Después de pasar la noche tomando el hombre se queda en la cama todo el día, mientras su esposa, quien le acompañó y no durmió tampoco, todavía debe cocinar y frecuentemente va a trabajar al campo. Una mujer que no trabaj... es una anomalía en Guambía. Aun durante la ceremonia de pubertad de la niña, cuando está encerrada hila cuatro puchos de lana y teje cuatro pequeñas mochilas... (Rappaport, 1978, 10).
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