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La lectura de cronistas y visitadores, sugiere la existencia de cuatro grandes sectores, diferenciados geográfica y ecológicamente, correspondiendo el primero a la región de Popayán. Tomás López, en visita administrativa realizada a la región en 1559, divide los pueblos indígenas de la región en cuatro grandes provincias, una de las cuales es la de Popayán y en la que quedan incluidos los pueblos de Coconuco, Zanzula, Malvasá, Polindara y Pisabarro, Totoró, Ambaló, Piendamó, Guambía, Socomita y Ambaló, Chero, Piendamú, Chizatao, Xexe, Timbío y Calosé.
Esta regionalización, que había sido establecida inicialmente por Cieza de León en los años 1540, se mantuvo posteriormente en 1569 cuando Pedro de Hinojosa recorrió el territorio. En esta ocasión, aparece una vez más la mención de los pueblos relacionados directamente con Popayán y en 1607, el Visitador Armenteros y Henao reconoció otra vez la existencia de las cuatro provincias. Este similar agrupamiento de pueblos dentro de unidades mayores que se mantienen más o menos constantes a través de los escritos de la época, y sobre el que se asienta la organización administrativa colonial, podría ser considerado no como un hecho fortuito y casual, sino como un síntoma de una homogeneidad cultural y social más profunda de lo que tradicionalmente se ha planteado (Botero, 1985, 91, 4).
Las descripciones que nos brindan los cronistas como Cieza y Piedrahita (1553, 1685), de los pueblos que existían en Popayán y sus términos, no permiten vislumbrar la presencia de diferencias profundas entre éstos; por el contrario se habla de forma homogénea de la región. De esta manera, en tiempos prehispánicos esta sociedad pudo estar conformada
... por lo que los españoles llamaron los pueblos y las provincias sujetos a la ciudad de Popayán; configurando estos un conjunto social interrelacionado política, económica y culturalmente... un conjunto que en relación con otros mantenía una identidad propia que lo diferenciaba (Ibíd., 48).
Reforzando la hipótesis, de que los Guambianos actuales son los descendientes de los antiguos Pubenses, se encuentra la información lingüística como un elemento importante para corroborar esta idea. El historiador Arroyo señalaba cómo los lugares que ocupaban los antiguos Pubenses se pueden distinguir por la partícula final bío, tan notoriamente recurrente en la terminación de los topónimos de una amplia zona del Cauca como Timbío, Mojibío, Cajibío, etc. y que significa toda el agua que corre... (Arroyo, op. cit., 86). En la lengua guambiana actual, la partícula bi, es utilizada para designar el agua (Botero, op. cit., 68) (2) .
6.2 Llegan los Conquistadores
Después de la conquista de Quito por Sebastián de Belalcázar, y hallándose éste en el pueblo indígena de Latacunga, un prisionero indio venido del norte, le habló de la existencia del fabuloso Dorado, donde el gran rey de Cundinamarca se bañaba en una laguna, cubierto de grandes cantidades de oro. El afán de aventura y de riqueza del conquistador no se hizo esperar e inmediatamente envió, en el año de 1535, a explorar la región un ejército compuesto por unos 4.000 indígenas y unos pocos españoles bajo las órdenes de Juan de Ampudia y Pedro de Añasco.
En el ascenso hacia el norte, los capitanes de Belalcázar encontraron feroces grupos de Pastos y Patías que con la noticia de la entrada de los españoles, les salieron a su encuentro y en aguerridos combates no se dejaron vencer fácilmente.
Al llegar a Mestales, el punto más al sur del territorio de los Pubenenses, éstos, avisados ya del ascenso de las tropas invasoras, los esperaban listos a defender su territorio. Después de un combate de ocho días, Ampudia y Añasco, con una victoria más en sus hombros, continuaron su ascenso hacia el corazón de lo que fueron los dominios de Pubén.
Entretanto en el sur, Belalcázar decidió seguir las huellas de sus dos capitanes y organizó un ejército para tomarse la capital de Pubén: con 300 soldados españoles, ocho caballos, 5.000 indígenas y algunos perros, emprendió el viaje hacia las tierras de Payán y Calambás.
... Cuéntase que Belalcázar en su viaje que siguió de cerca al de Ampudia, no necesitó más de guía que el rastro de pavesas y sangre que fue dejando su teniente por donde quiera que pasó (Arroyo, op. cit., 81).
En su ascenso tuvo lugar el primer combate de Belalcázar con los Pubenenses, comandados en esta oportunidad por el cacique Calambás, donde después de trece días de lucha, uno de los combates más largos que hayan ocurrido entre tropas españolas y fuerzas indígenas, el conquistador con su superioridad armamenticia salió victorioso y decidido a tomarse a Pubén, objetivo que tampoco le quedaba fácil, ya que después de un primer intento fallido, Belalcázar que no conocía las derrotas, encolerizado y herido en su amor propio, decidió moverse hacia el norte donde reclutó fuerzas adicionales con quienes arrasó la población, haciendo sentir todo el peso de la venganza. La magnífica descripción realizada por el Adelantado de Popayán, Pascual de Andagoya, ilustra la epopeya conquistadora en la región:
En las diez leguas de camino hacia Popayán (desde Cali) existen muchas aldeas con quinientas u ochocientas casas; de las cuales, cuando llegué, no quedaba nada, con la excepción de cenizas; todo había sido destruido y sus habitantes muertos por Belalcázar... El paraje es de tierras muy hermosas, con valles, ríos llenos de pescado y abundante caza de venados y conejos. Esta tierra, ahora desvastada, era el país más populoso y fértil... Cuando llegué estaba tan desvastado que no había un pato para alimentar... y donde había más de cien mil casas en el espacio de estas treinta leguas, yo no encontré diez mil hombres (citado por Schwarz, op. cit., 61).
Reunido con Añasco y Ampudia, habiendo reclutado cientos de guerreros y después de haber asolado la región, Belalcázar organizó el asalto a la capital de Pubén. El avance sigiloso y la ocupación repentina del poblado donde tomó desapercibidos a sus habitantes, esta vez tampoco permitieron la victoria de los españoles. Pero finalmente, y después de varios meses de continuo hostigamiento, en la noche del 24 de diciembre de 1536, un escuadrón de españoles, logró penetrar la ciudad y asesinar al gran Yasgüen, líder de la resistencia indígena
(3)
. Con la muerte de Calambás y Payán, quedó despejado el camino para la sujeción y colonización de los indígenas de la región. Popayán se fundó en el mismo Valle de Pubén el 15 de agosto de 1537, fecha en que Belalcázar tomó posesión oficialmente de la tierra en el nombre del Rey Carlos y de España y declaró solemnemente fundada la ciudad de la Asunción de Popayán. Ese mismo día se instaló el cabildo y se nombró a Pedro de Añasco como primer alcalde de la ciudad.
6.3 La resistencia indígena
Ante las crecientes demandas que implicaba la consolidación de la conquista, nuevas tácticas de resistencia empezaron a ser utilizadas por la población indígena, quien ya diezmada física y moralmente, al darse cuenta del poder del enemigo, inició un repliegue hacia la cordillera, recluyéndose en las partes más inaccesibles de ésta, desde donde continuó su obstinada resistencia a la subyugación.
...Todas estas provincias y regiones son muy fértiles... Y como los españoles los aprietan, queman las casas en que moran, que son de madera y paja y vanse una legua de allí o dos o lo que quieran, y entre tres o cuatro días hacen una casa, y en otros tantos siembran la cantidad de maíz que quieren, y lo cogen dentro de cuatro meses. Y si allí también los van a buscar, dejando aquel sitio van adelante o vuelven atrás, y adonde quiera que van hallan que comer y tierra fértil y aparejada y dispuesta a darles fruto... (Cieza de León, XIII, 72).
Conocedores los indígenas, como lo dice Andagoya, que los cristianos en Popayán nunca sembraron la tierra y dependieron totalmente para su subsistencia de las sementeras de éstos, en un acto de resistencia suicida, decidieron entonces, negarse a sembrar y cultivar, con la esperanza de ver salir al invasor de sus dominios (Andagoya, 1865, 66). Pero la situación fue haciéndose cada vez más angustiosa para los indígenas, quienes asombrados veían cómo el invasor cada día se afianzaba más en la posesión del nuevo territorio. Se generalizó entonces en la región de Popayán, la táctica de dejar de sembrar como forma de oponerse al invasor, hasta que por el año de 1537 sobrevino una hambruna de tal magnitud, que cuentan que durante más de ocho meses no se encontró un grano de maíz para comer. Narrada con espanto por los cronistas, comentaban cómo, si los españoles les decían a los indígenas:
que con sembrar la tierra de los campos saldrían de tantas calamidades, respondían que es era menos penoso sumirse y sepultarse unos a otros, que vivir muriendo debajo del dominio español (Fernández de Piedrahíta, 1668, 187).
Encontrándose la población indígena en esta resistencia contra el invasor blanco y posiblemente en unas condiciones de desnutrición muy grandes, sobrevino a la región la terrible peste de 1537, que mataba a los hombres repentinamente y que Cieza describe en los siguientes términos:
...vino una general pestilencia por todo el reino del Perú, la cual comenzó de más adelante del Cuzco y cundió toda la tierra, donde murieron gentes sin cuento. La enfermedad era que daba un dolor de cabeza y accidente de calentura muy recio, y luego se pasaba el dolor de la cabeza al oído izquierdo, y agravaba tanto el mal, que no duraban los enfermos sino dos o tres días... (XXIV, 104-105).
6.4 Se implanta el sistema colonial
A pesar de la resistencia indígena, hacia finales del siglo XVI los grupos del Valle de Popayán ya habían sido conquistados y una relativa calma reinaba en la región; solo hacia el norte, Paeces y Pijaos continuaban resistiendo ferozmente al invasor... Entonces se inició la implantación de estructuras coloniales mediante la dominación y la violencia, y con la consecuente destructuración de la sociedad indígena. Acceder al derrumbe social que causó la conquista no es tarea fácil y sólo algunos aspectos sobresalientes, como es el caso de la situación demográfica, nos permiten vislumbrar lo que sucedía al interior de las comunidades del área de nuestro interés.
Los datos anteriores nos permiten visualizar lo que para estos grupos indígenas fue la catástrofe demográfica. En solo un lapso de 22 años, su población se vio disminuida en 83.376 personas, o sea que se redujo en un 86.10%, conformando éste uno de los índices más altos de destrucción demográfica del país durante la época estudiada.
Las dimensiones de esta catástrofe se hacen aún más patéticas cuando analizamos este fenómeno al interior de los pueblos de esta región: en 1537 el promedio de habitantes para cada pueblo era de 2.384 personas, éste desciende durante el período de los 22 años anotados, a solo 331 habitantes por pueblo
(4)
.
Pueblos de la Confederación Guambiano-Coconuco.
Decrecimiento de la población
Año 1537: Población de los grupos indígenas de la Confederación
Guambiano-Coconuco
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Provincias
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Tributarios
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Pob. Total
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Popayán, Guambia, Coconuco
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23.046
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69.138
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Chisquio
(5)
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9.234
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27.702
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Total
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32.280
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96.840
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(Fuente: Llanos, 34). Este cuadro es calculado en base a los 60.000 tributarios que el visitador García de Valverde supone para la jurisdicción de Popayán hacia el año de 1537.
Año 1559: Población de los grupos indígenas de la Confederación Guambiano-Coconuco
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Provincias
|
Tributarios
|
Pob. Total
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Popayán, Guambía, Coconuco
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3.204
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9.612
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Chisquio
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1.284
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3.852
|
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Total
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4.488
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13.464
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(Fuente: Llanos, 33. Basado en la visita de Thomás López a Popayán en 1559).
Como si este colapso demográfico fuese poco, se sabe que posteriormente, hacia el año de 1686 sobrevino otra terrible peste que causó de nuevo estragos entre la población de los antiguos pueblos de Popayán:
... digo que esta ciudad se halla padeciendo en toda vía de calamidades que se han experimentado en dos años continuos a esta parte, así es la pestilencia general que consumió tanta parte de vecinos y naturales como el hambre y carestía de mantenimiento que sobrevino... (ANH-Quito. Popayán, Caja No. 8, 1686. Citado por Botero, op. cit., 131).
Es necesario aclarar que además de estas terribles epidemias que asolaron la región y contra las cuales los indígenas no tenían ninguna resistencia, también jugaron papel prioritario, los abusos cometidos por los españoles y en general la situación de subyugación en que se vio inmerso el indígena, quien muchas veces prefería cometer actos suicidas que continuar bajo el dominio del hombre blanco.
No sólo la estructura demográfica de estos pueblos se vio profundamente alterada, sino también su estructura económica, social y religiosa. Al fundamentarse el sistema colonial sobre el tributo y la explotación de los indígenas y sus recursos, estos se vieron desposeídos de sus principales medios de producción: las haciendas de los españoles invadieron los territorios antes poseídos por los indígenas y la mano de obra nativa a través de encomiendas y mitas fue utilizada por los nuevos amos. El tributo y el dinero, hasta ahora desconocidos por los pueblos indígenas de la región, fueron introducidos.
Múltiples aspectos de su vida cotidiana quedaron destruidos y los pocos núcleos de población que sobrevivieron, en su gran mayoría quedaron imposibilitados de continuar sus relaciones tradicionales con el mundo exterior; el comercio comenzó a hacerse a través de los españoles, quienes impusieron formas y modelos de mercado que incluían la utilización del dinero y el endeude perpetuo de los indígenas.
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(2) Este mismo sufijo, con el mismo significado, lo identifica C CAILLAVET en la Toponimia prehispánica de la etnia Otavalo del norte de Ecuador Ver: «Toponimia histórica, arqueología y formas prehispánicas de agricultura en la región de Otavalo-Ecuador, 4-9. (Regresar a 2)
(3) Las datos históricos sobre la identidad del Yasgüen muerto en la toma de Popayán no son claros, como tampoco lo son sobre la muerte del cacique Payán. Esta pudo haber sucedido en Metzales, o posiblemente Payán pudo haber sido el gran Yasgüen que encabezó la resistencia indígena y murió en Popayán. (Regresar a 3)
(4) Estos cálculos se realizaron sobre los datos de las visitas que aparecen en llanos, 31-35. (Regresar a 4)
(5) Se incluye la provincia de Chisquio, ya que según consideraciones lingüísticas de Lehmann, al parecer éstos pertenecen a los Pubenenses (1953, 244). (Regresar a 5)
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