Geografía Humana de Colombia
Región Andina Central
TOMO IV VOLUMEN II
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4.3 Las viviendas 

4.3.1 Características generales 

Las antiguas chozas rectangulares de bahareque con techo de paja, y la pequeña habitación circular para las mujeres menstruantes, que caracterizaron a la vivienda antiguamente, prácticamente han desaparecido del paisaje guambiano. Actualmente la estructura de las viviendas es muy homogénea, habiéndose impuesto desde hace unos sesenta años el estilo colonial en forma de L o U, y el bloque de adobe y la teja como los materiales más comúnmente utilizados. Los pisos son generalmente de tierra pisada, aunque se encuentra también el ladrillo, el cemento, el baldosín y ocasionalmente la madera. El bambú, la guadua y sobre todo los troncos de Eucalipto, siempre están presentes en la vivienda regional y la cal blanca y las pinturas de colores son utilizadas en las moradas de algunos prestigiosos Guambianos.

Es de anotar, que si bien el tipo de casa colonial se ha generalizado en la región, la utilización del espacio sigue estando muy determinada por la tradición (Botero, 1982, 31). De esta manera podemos observar, que mientras la antigua estructura de vivienda disponía máximo de dos alcobas, el tipo actual consta además de la cocina, de 3 o 4 habitaciones, de las cuales unas permanecen frecuentemente vacías, ya que muchas veces no saben exactamente qué utilización se les puede dar, otras son empleadas como dormitorios, y algunas como depósitos donde se almacenan herramientas, semillas, etc. El “cielo raso” o “tumbado” igualmente es utilizado con este fin, guardándose el maíz, el trigo, etc., para cuando lleguen las épocas de “hambruna”. El “sanitario” es indudablemente un espacio nuevo, no muy bien construido ni en las mejores condiciones de aseo. Su introducción, se debe a las campañas que las mejoradoras de hogar de diferentes instituciones oficiales y privadas han desarrollado en la región. Construidos en las inmediaciones de las viviendas, su uso parece no haberse incorporado a los hábitos higiénicos de los Guambianos.

La cocina es tal vez el lugar principal dentro de la vivienda guambiana, ya que es “el lugar social por excelencia” (Ibíd., 32). A pesar de ser un espacio fundamentalmente femenino donde las mujeres emulan en la realización de su trabajo, almacenan los víveres de primera necesidad, preparan los alimentos, los reparten y consumen, también es aquí, en la cocina, el lugar donde se reciben las visitas de confianza y donde la familia en las frías mañanas y noches cordilleranas conversa al calor del fogón que permanentemente permanece prendido. Igualmente es en la cocina donde generalmente las mujeres hilan, tejen, cosen, mientras los niños juegan alrededor y los pequeños duermen en hamacas.

El espacio destinado a la cocina generalmente es suficientemente espacioso, siendo su dotación elemental: un fogón que se construye en el suelo entre piedras, sobre las que se colocan las vasijas en las que se preparan los alimentos; pequeños bancos o “pangus”, tallados en un bloque de madera y ubicados alrededor de éste; cucharas de palo de diferente tamaño, algunas ollas de aluminio y unas pocas tazas y platos esmaltados, enseres éstos, que desplazaron casi totalmente las antiguas vasijas de barro. 

" Olla Comunitaria”  Empresa Comunitaria La Esperanza, Resguardo de Quizgó, Silvia. 

Grandes y rústicas repisas de madera o alacenas utilizadas para acomodar todos estos implementos y el molino metálico o máquina de moler, que hoy en día se ha convertido en un instrumento imprescindible en la mayoría de las cocinas guambianas, complementan el ajuar culinario.

Pese a los esfuerzos realizados por los planes gubernamentales, en muy pocos casos se ha logrado imponer la “hornilla” o estufa alta. Esta, según dicen ellos, no soporta el peso de los grandes calderos tan utilizados para la preparación de las comidas de las “mingas”, ni tampoco permite la colocación de la leña necesaria para avivar el fuego y aligerar la cocción de los alimentos, y sobre todo, no permite la calefacción de la cocina y el agruparse alrededor del fuego, hechos tan importantes dentro de la vida cotidiana de los Guambianos.

Además de lo mencionado, la cocina tiene una serie de connotaciones mágicoreligiosas y sociales cuyo análisis escapa a los alcances de este trabajo. Sin embargo, se puede mencionar cómo la utilización de una cocina de un fogón, determina los límites de las familias nucleares.

El “vivir aparte”, dentro de la mentalidad guambiana se refiere en una primera instancia a no compartir el espacio de la cocina, aun cuando se comparta la misma vivienda.

En varias viviendas es usual aún encontrar la tradicional barbacoa, utilizada antiguamente para dormir. Para protegerse del frío durante la noche acostumbran a acostarse vestidos y arroparse con viejas ruanas, anacos y pieles de oveja. De vez en cuando se utilizan las cobijas.

Dentro del ajuar doméstico se deben mencionar las lámparas de Kerosene, las Coleman, las máquinas de coser, las de moler, los radios transistores, las máquinas de escribir y los tocadiscos. A medida que la electricidad se ha generalizado en la comunidad, los bombillos han desplazado los otros medios de iluminación y varias viviendas disponen de televisión.

 

4.3.2  Construcción de las viviendas 

La construcción de las viviendas ha sido tradicionalmente una actividad que sobrepasa los intereses de las parejas o las familias individuales, siendo ésta una labor eminentemente colectiva. En una primera etapa el interesado, después de seleccionar el lugar deseado para levantar la casa, acostumbra llevar a un “adivino”. Este especialista es el encargado de decidir si el sitio es apropiado, si se debe realizar una “ceremonia de limpieza” o si es más recomendable el cambio de ubicación. Aun en la actualidad, los Guambianos se cuidan extremadamente de construir en lugares donde antiguamente pudo haber estado ubicada una vivienda, según ellos de propiedad de los “Pijaos”, a los que a pesar de los siglos se siguen concibiendo como sus legendarios enemigos. Los sitios en que se encuentran construidas las viviendas en Guambía, son los mismos que se vienen utilizando desde siglos, ya que la costumbre es desbaratar la casa vieja cuando ésta se encuentra muy deteriorada y construirla en el mismo sitio o muy cerca de éste, utilizando inclusive los viejos materiales (Ibíd., 30).

Una vez seleccionado y listo el sitio de la vivienda, realizados los cálculos sobre materiales y adquiridos éstos, se inicia el trabajo con la ayuda de parientes y amigos, quienes bajo la dirección del propietario de la vivienda y la asesoría de un “maestro” cumplen todas las etapas de la construcción. Los hombres se hacen presentes con sus herramientas y utensilios de trabajo y se establece una espontánea división de las funciones: mientras unos se dedican a colocar adobes, otros con la ayuda de caballos mezclan la paja con el estiércol, otros transportan esta mezcla hasta la construcción, otros con sus machetas convierten los troncos envigas, y finalmente otros apresuradamente traen materiales del pueblo.

Las mujeres por su parte, son las encargadas de preparar los alimentos que se consumirán más tarde al terminar las labores del día; éstos son acompañados generalmente con aguardiente y una porción extra de comida usualmente es entregada a cada trabajador para llevar a su hogar.

Al finalizar la construcción, la cual puede durar unos tres o cuatro días “mingando” unas veinte personas, ante la presencia de todos los participantes, un “especialista” realiza un breve pero importante ritual, que consiste en esparcir aguardiente en todos los rincones de la vivienda. Se erradican de esta manera, no sólo los malos espíritus que pudieran existir, sino las aflicciones y pesares de la futura morada. Este hecho es reforzado posteriormente colgando la mata de Sábila, que indefectiblemente se encuentra en todas las viviendas.

La decoración exterior es tal vez la última etapa de la construcción de las viviendas. Una vez que las paredes han sido recubiertas con pañete, se usa frecuentemente pintura de cal blanca y se añaden franjas de fuertes colores. En algunos casos se elaboran decoraciones más complejas, como dibujar un nombre y el sol y las estrellas.

 

                                       5. SÍMBOLOS DE IDENTIDAD ÉTNICA 

5.1. La lengua 

Wampi-misamera-wam” o la “lengua de los hombres Guambianos”, hablada en los resguardos de Guambía y Quisgó, en Malvasá y Comojó y en lo que fueron las antiguas  haciendas de Chimán y Ambaló, es uno de los elementos más importantes de su  identidad étnica. Aunque actualmente la mayoría de los Guambianos hablan el español y el bilingüismo es un hecho generalizado, se resisten a perder su lengua y trabajan por lograr programas viables de educación bicultural y bilingüe. A los niños se les insiste en la importancia de su lengua y en los últimos años se ha venido despertando un orgullo étnico para los hablantes de la lengua. Para continuar siendo Guambiano no sólo deben recuperar su historia y sus tradiciones, sino sobre todo, no dejar que el español desplace la lengua de sus antepasados.

 

5.2. El vestido  

Las condiciones climáticas en las que viven los indígenas Guambianos, han motivado una adaptación del vestido. Los fuertes vientos del páramo y las bajas temperaturas han dado lugar a la confección de un buen número de prendas que los Guambianos conservan puestas durante las faenas diarias que exigen un gran esfuerzo físico, como la agricultura, la construcción de carreteras y obras comunales y el comercio. Los hombres usan calzoncillos de lienzo blanco que les cubren hasta el borde superior de las rodillas y sobre ellos se ponen una falda de paño azul o negro que llaman “lusig” sostenida por un grueso cinturón de cuero.

El sombrero es de uso general, todos lo usan, pero ya no se trata de aquel pando y redondo de paja, que trenzaban los abuelos años atrás, sino el sombrero de fieltro de confección industrial. Al rededor del cuello llevan una bufanda; cuyos extremos, de vistosos colores, caen sobre la ruana. No calzan tampoco las alpargatas tradicionales, sino usan zapatos y botas de cuero o caucho que compran en los mercados de la región.

El vestido de la mujer es vistoso y con profusión de adornos: blusas de colores, bordadas de lana; “anacos”, oscuros y surcados por estrechas franjas de vivos colores, repletos de pliegues y sujetos a la cintura por una faja o chumbe de dos metros de larga. Sobre la espalda un rebozo de paño azul intenso, a manera de capa, que  sostienen por delante con ganchos metálicos, dejando libertad de movimiento a los brazos. Numerosas gargantillas cubren su cuello y llegan a pesar juntas hasta tres kilos. Al igual que el hombre, llevan sombrero de fieltro y botas de cuero o caucho. Los  collares de plata que hace algunos años eran adorno habitual, hoy se lucen exclusivamente en las grandes oportunidades y pocas mujeres los poseen .

Con orgullo los Guambianos llevan su traje que los distingue de los demás y a pesar de los cambios que se han ido introduciendo en su indumentaria, éstos se adaptan y reincorporan a su tradición, haciendo que el traje sea otro elemento importante de su identidad étnica.         

 

5.3. Bandera 

Dentro del marco de las luchas recientes de la comunidad guambiana, el Cabildo, ante la primera asamblea del pueblo guambiano, introdujo la “Bandera Guambiana” la cual, según la descripción que ellos mismos hacen de ella, es así: 

“Viene sobre bastón de mando; 
con cordón trenzado
de la comunidad unida;
y con machetes porque somos trabajadores;
roja, por la sangre de los antepasados;
azul, por nuestro vestido de hoy, sea hombre, sea mujer; 
blanco, por la alegría del matrimonio; 
negra, por la tierra madre nuestra;
bordeada con el acabado de nuestros tejidos” 

(Documento de la Primera Asamblea del Pueblo Guambiano, Para proclamar nuestro derecho).

 

                                                6.     HISTORIA ÉTNICA 

6.1 Los Guambianos a la llegada de los españoles 

Pocas investigaciones se han realizado sobre quiénes eran los pueblos indígenas de la región de Popayán, ni cuál era su territorio o cómo estaban organizados. Tanto antropólogos como historiadores y arqueólogos han elaborado contradictorias hipótesis que es necesario seguir explorando.  

6.1.1 Una versión existente sobre los Guambianos plantea que durante la época de la Conquista, éstos fueron traídos por los españoles desde el Ecuador y el Perú como “yanaconas”, es decir, como población de tipo servil, desvinculada de un grupo étnico. Sin embargo, no existen bases consistentes que le den piso a está afirmación difundida entre hacendados caucanos y campesinos de la región. Se sabe que en 1536 Belalcázar llegó a la región y según el cronista Antonio de Herrera, el conquistador salió de Quito. 

“...con 300 Castellanos de á Pie,
i de á caballo, sin la multitud de 
indios, que suelen llevar á las 
jornadas otros Capitanes...”
(De Herrera, 1950, Tomo 7, 150). 

En su segunda expedición de 1538, Belalcázar trajo un número importante de “indios de servicio” según consta en las Actas del Cabildo de Quito, citadas por el historiador Jijón y Caamaño: “Con Belalcázar iba no sólo la flor y nata de los Conquistadores, sino más de 5.000 indios de servicio...”(Jijón y Caamaño, 1936). Estudios realizados al respecto señalan que a pesar de la porción tan alta de gente que murió en los ardientes valles del Patía durante el largo viaje que Belalcázar y sus soldados realizaron de Quito a Popayán (Romoly, 1962,258), un numero importante de indios llegó a esta ciudad y fueron ubicados en áreas especialmente asignadas para ellos ya que por lo general los “yanaconas” no eran agregados a otras comunidades locales (Romoly, 1974, 377). Habitantes actuales de regiones campesinas e indígenas del Macizo Colombiano, como los pobladores de los resguardos de Río Blanco, Guachicono, Caquiona, San Sebastián y Pancitará, aunque perdieron su lengua, su indumentaria y otros aspectos de su cultura, se identifican étnicamente como “yanaconas”. Igualmente, en esta región del país, es frecuente encontrar el apellido “Anacona” entre la población campesina e indígena que allí habita. El antiguo barrio denominado “Yanacona”, en la misma ciudad de Popayán, pudo haber surgido como una zona restringida y asignada para estos pobladores sureños.

Los estudios lingüísticos, por su parte, son contundentes en el rechazo de esta hipótesis, ya que los “yanaconas” hablaban quechua y los especialistas sobre la lengua guambiana están muy lejos de clasificarla dentro de esta familia. Los incipientes estudios arqueológicos, por su parte, señalan que a principios del siglo XVII, habitaba la región una población aborigen, posiblemente los antepasados de los Guambianos y vestigios humanos que se encuentran en el mismo territorio, muestran que el área ha sido poblada desde hace mas de 2.000 años (Trochez, Flor y Urdaneta, 1992) 

6.1.2 Una segunda hipótesis considera que a la llegada de los españoles existían en el Valle de Popayán múltiples grupos más o menos autónomos, que conformaban en la época una unidad política conocida como la “Confederación Guambiano Coconuco”, que compartía además de la lengua, un territorio y una cultura (Lehmann, 1946 b, 969).

Estas etnias se encontraban confederadas “bajo la autoridad de un señor o Yasgüen (1) cuya residencia o corte era el pueblo de Pubén” (Arroyo, 1907, 85). 

 

6.1.3     Una tercera hipótesis, surgida también del estudio de otras fuentes documentales y de viejas tradiciones, y la cual no invalida la anterior sino que por el contrario puede ser complementaria, sugiere la existencia en la época de la conquista, de una gran etnia o sociedad, los “Puhenses” o “Pubenenses”, compuesta por el conjunto de grupos indígenas que habitaban en los territorios aledaños al actual valle de Popayán, “aun llamado Pubén por los indígenas...”, y de quienes descenderían los actuales Guambianos.

La imagen y desarrollo que de esta unidad política, llámese “Confederación Guambiano Coconuco” o “los Pubenses”, han elaborado estudiosos sobre el tema, muy hipotéticamente se puede resumir así: hacia el siglo XV, las etnias que habitaban el Valle de Popayán, asediadas por grupos guerreros y caníbales que circundaban la región, entre los que se encontraban, entre otros, los Pijaos y Yaporongos que moraban hacia el oriente, los Patías y Bojoleos por el sur y los Petequies por el norte, además de algunas posibles incursiones militares de los Incas en el sur, se organizaron en una confederación para defenderse de los feroces indígenas que los circundaban. Cuenta la tradición, que el gran cerebro creador de esta alianza fue el cacique Pubén y que bajo su liderazgo político y militar la confederación alcanzó importantes desarrollos (Vergara Cerón, 1958).

El prestigio de este gran cacique hizo que al valle y a la antigua ciudad se le conociera con el nombre de Pubén, como homenaje al gran reformador.  Jaime Arroyo expresaba que en su época, mediados del siglo XIX, los indígenas de las parcialidades vecinas a Popayán llamaban a esta ciudad, Pubén.

La historiografía local plantea que a la llegada de los españoles este territorio se encontraba gobernado por dos grandes caciques, Payán y Calambás, “hermanos entre sí e hijos de la orgullosa cacica Genagra, que se había hecho enterrar con pompa inusitada en la orilla opuesta del gran río” y que eran descendientes del gran mandatario Cacique Pubén, fundador de la confederación y fallecido hacia cuatro generaciones (Ibídem, 21). Fuentes más antiguas, como la relación de Fray Jerónimo de Escobar (1582), señala que en el valle de Popayán reinaba Popayán como supremo jefe o “Yasgüen”, estando su poder relacionado con el de Calambás, su hermano, quien ejercía su gran autoridad en la cordillera. Antonio de Herrera por su parte, asevera la presencia de estos caciques indígenas cuando escribe que Belalcázar 

“...teniendo entendido, que estos dos señores hermanos, muy Principales, el uno llamado Calambaz, i el otro Popayán, poseían una gran Provincia, de mui buena tierra, i rica de Oro, acta la parte del Norte..Determino de emprehender, ante todas cosas, la tierra de Calambaz, i Popayán, aunque le ponian grandes dificultades, i en especial la valentía de la gente. i la ferocidad de Calambaz, de quien havia de pensar, que tendría mui gallarda resistencia...” (De Herrera, op. cit., Tomo 73, 150).  

La presencia de los dos caciques, interpretada por algunos historiadores como una división del territorio surgida por razones de táctica de guerra, apoya hoy en día la hipótesis en elaboración, de una sociedad dualista, donde cada uno de los hermanos gobernaba una de las mitades del territorio. Esta hipótesis encuentra sustento en algunos datos actuales de la etnografía guambiana (Dagua, Aranda y Vasco, 1989; Botero, 1985). El cacique Calambás, el mayor de los dos, con mayor autoridad en los asuntos políticos y militares gobernaba en las tierras altas de la cordillera, en las sierras y en las montañas, mientras que el hermano menor, Payán o Popayán, tenía la responsabilidad de custodiar las tierras planas de clima más benigno donde se hallaba la ciudad de Pubén (Vergara Cerón, op. cit., 21, 22; Schwarz, op. cit., 51-52).

 

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(1) El concepto de Yasgüen hace relación a supremo mandatario, cacique y/o shamán que encarna un poder político y mágico religioso. El antropólogo David EARLE en un manuscrito que no ha sitio publicado «Political organization of Indians Group in the Popayan area at the time of the Spanísh Conquest» elaboró un interesante análisis de este concepto. Citado por RAPPAPORT, 1990, 36. (Regresar a 1)