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2.6 El Nasa Yuwe y la escritura
A pesar de la importancia que los líderes indígenas y en general todas las comunidades páez le dan a la escritura no deja de inquietarles problemas básicos: algunos opinan que la escritura puede estar en contra de la tradición oral ya que ésta puede crear una negligencia para pensar que lleve a la pérdida de la memoria retentiva. Otros piensan que al escribir todo lo de la cultura se puede frenar su dinamismo y entonces ésta se estatiza y condiciona. También se arguye la posibilidad que con la escritura y con el dominio de esta técnica surja una nueva clase entre ellos, unos nuevos grupos de poder. El dominio de la escritura recaerá indudablemente en los estratos jóvenes de población, en los niños de las escuelas bilingües. Esto, dicen algunos, permitirá que las nuevas generaciones tengan más argumentos para refutar a sus padres, para rechazar a los viejos, para independizarse frente a las viejas generaciones.
Se debe recordar cómo dentro de la cultura tradicional de los Páez es a partir del anciano que se establecen las relaciones de autoridad dentro de la familia, y es a los ancianos a quienes se consulta sobre todos los hechos importantes. Igualmente son los chamanes los verdaderos intelectuales dentro de la comunidad. Ni ancianos, ni chamanes son versados en la escritura y de esta manera los jóvenes, al poseer el dominio de esta técnica, afectarían en mayor grado las relaciones de autoridad y de poder que ya se vienen transformando.
Los defensores de hacer del Nasa Yuwe una lengua que se pueda escribir son claros en sus argumentos. Por una parte, están convencidos de que con la escritura se puede fortalecer la lengua y la cultura, se puede conocer y explicar los fenómenos que presenta la lengua como las variaciones dialectales, se pueden recopilar palabras antiguas, observar los préstamos que tiene del español o del quechua. Al escribirla se puede analizar su estructura y ver cómo se diferencia del español y de otras lenguas, analizar el pensamiento, escribir la historia de las comunidades y del pueblo Nasa en general y finalmente como decía el padre Álvaro Ulcué CH. Si todas las lenguas del mundo se hablan y se escriben... ¡nosotros no podemos quedarnos atrás!
(CRIC, op. cit., 7).
3. LA ECONOMÍA
3.1 La tierra
Los Páez son un pueblo agrícola. Su economía, basada en una rudimentaria tecnología, es básicamente de autoconsumo y se caracteriza por el policultivo en pequeña escala. Los ciclos vitales y las actividades cotidianas se encuentran determinadas por el trabajo de la tierra y por las fases agrícolas. Dentro de la mentalidad indígena, el ser Páez implica ser un buen trabajador de la tierra.
Para estos indígenas, la tierra es mucho más que un simple medio de producción; para ellos es la esencia de su vida y la fuente de su seguridad. La lucha por ella y por su territorio está presente a lo largo de toda su historia étnica. Cada resguardo, cada familia, cada indígena, ha luchado y sigue luchando apasionadamente por defender su parcela, su resguardo y su territorio. Los cabildos saben que su función primordial es la defensa de las tierras de su comunidad.
Sin embargo, a pesar del celo con que los Páez por siglos han defendido su territorio, la lucha ha sido desigual. Colonos pobres, agricultores y ganaderos han ido tomando posesión de sus antiguas propiedades, muchas veces auspiciados por el mismo Estado o por la iglesia. Los Páez han perdido las tierras más fértiles y fáciles de cultivar, quedando reducidos muchas veces a la condición de simples terrajeros y viéndose en la obligación de pagar con un determinado número de días de trabajo el derecho a vivir y cultivar las tierras que antes eran de la comunidad. Al hombre páez, con su rudimentaria pero persistente tecnología, el tener que enfrentarse a una naturaleza áspera y a suelos cultivables cada vez más pobres y escasos, le implica un duro esfuerzo y una inversión de gran cantidad de energía para poder sobrevivir.
3.2 La tenencia
Aunque la forma típica de tenencia de los resguardos es la adjudicación por parte del Cabildo, la presencia de formas diferentes a ésta, atestiguan los procesos de descomposición por los que atraviesan los diversos resguardos páez. Tomando una vez más como referencia el Censo de Resguardos Indígenas del Cauca, encontramos que los resguardos de Tierradentro son los que presentan una mayor persistencia de las formas tradicionales, ya que el 72 .45% de los hogares entrevistados poseían tierra adjudicada por el Cabildo y solamente el 7.11% tenía tierras tituladas. La situación de los resguardos de la vertiente occidental es diferente y los datos testimonian mayores niveles de descomposición. En la zona centro del Cauca, por ejemplo, en los resguardos del Municipio de Morales, se encuentra que solamente un 38 .39% de los hogares censados tienen tierras adjudicadas por el cabildo y que la propiedad privada o titulación asciende al 15.18% (SANE, 1976).
Los datos relacionados sobre el tamaño de las parcelas usufructuadas por las familias páez, ponen de manifiesto no sólo el problema de la escasez de tierras y los procesos de diferenciación social, sino la heterogeneidad de la situación por la que atraviesan estos resguardos. Tomando los datos globales de Tierradentro, encontramos que del total de 2.995 hogares censados, el 14.14% o no tenían tierra o poseían menos de una plaza y el 41 .56% tenían entre 1 y 5 plazas. Agrupando esta información obtenemos que el 55.70% de la población indígena de Tierradentro se encontraba en situación de minifundio o de carencia total de tierras, mientras que solamente el 1.63% manifestó tener extensiones superiores a las 50 plazas.
Globalizando la situación de los resguardos páez de la vertiente occidental, encontramos que del total de los hogares censados, el porcentaje de familias sin tierras es más alto que el encontrado en Tierradentro, llegando al 20% del total de las familias entrevistadas, mientras que el porcentaje de familias que tienen entre 1 y 5 plazas es más bajo, ya que solamente es del 35.51%. Agrupada esta información tenemos una cifra similar a la de Tierradentro ya que el 55.51% se encontraría en situación de minifundio o carencia de tierras. Los latifundistas -con predios de más de 50 plazas- dentro de estos resguardos ascendieron al 2.5%. Los datos anteriores nos señalan, además de procesos más intensos de diferenciación social interna a estos resguardos, los agudos problemas de tierras en que se encuentran estas comunidades y la permanente tensión en que se mantiene la región.
3.3 La rocería
El problema de la tierra para los Páez cobra una mayor dimensión si nos detenemos y observamos no sólo la precaria calidad de sus suelos, sino los procedimientos y la tecnología a través de la cual ellos la laboran. La tumba y quema o rocería es el más extendido y arraigado sistema agrícola por ellos utilizado. A través de él se limpian los terrenos, se combaten las plagas y se fertilizan, en algunos pocos casos, sus pobres y desgastadas tierras. Normalmente las rozas se hacen en rastrojos viejos, tierras que llevan en descanso cinco o seis años. Los indígenas se cuidan, hasta donde les permite su limitado territorio, por defender los bosques y no acabar con la montaña virgen. Se le da el nombre de roza al pedazo de tierra desmontada, quemada y cercada siendo su extensión normal de 1 a 2 hectáreas. La prosperidad de una familia se mide por el numero de rozas que tenga.
El proceso de roceria tiene varias fases: generalmente se inicia a comienzos del año, en los meses de verano de enero y febrero, en los cuales el rastrojo formado después de un período de descanso del terreno o el bosque primario es talado metódicamente: primero las hierbas y maleza pequeña, posteriormente los árboles y arbustos existentes. El hacha y el machete son las herramientas indispensables en esta fase del proceso. Los troncos de los arbustos se dejan en pie a la altura de los ojos, para que permitan posteriormente trepar a las matas de fríjol que se siembran en asocio con el maíz. Una vez terminada la roceria, y aprovechando los soles de verano, se deja secar por un mes aproximadamente la maleza tumbada, para proceder posteriormente a la fase de la quema. En esta etapa, manejando vientos y clima, los indígenas toman las precauciones para que toda la roza quede suficientemente quemada. Las lluvias de los meses posteriores finalizarán el proceso. En esporádicos lugares la tierra se ablandará y se fertilizará con las cenizas, pero en la mayoría del territorio, dadas las características topográficas de la región, con sus terrenos escarpados y pendientes, las lluvias lavarán el suelo arrastrando el humus y las cenizas fertilizantes.
Una vez realizada la quema, se procede a tejer los cercados alrededor de la roza, para los cuales se utilizan las chamizas, varas y palos talados en la fase de la rocería y previamente recogidos con este fin. Cuando está rozado el terreno, quemada la maleza y cercado el terreno, ya se encuentra la tierra lista para sembrar. Dada la naturaleza y desgaste del suelo, para poder volver a cultivar un mismo terreno se requiere dejarlo descansar o enrastrojar períodos de tiempo cada vez mayores. De esta manera, la posibilidad de tener tierras en rastrojo es la garantía de la supervivencia futura de las familias y lo que explica un hecho aparentemente contradictorio en el caso de Jambaló, donde existe una fuerte presión por la recuperación de tierras, pero se observa cómo una vez que éstas han sido recuperadas, prospera su enrastrojamiento (Findji y Rojas, 1995, 125).
3.4 El maíz, eje de la economía
El maíz, es indudablemente el eje central alrededor del cual se organiza la economía agrícola de los Páez. Su gran importancia dentro de la vida económica y social, permite hablar de una verdadera cultura del maíz. Este cultivo puede hacerse casi en todos los pisos térmicos, a excepción del páramo. Su ciclo vegetativo es anual (11 meses) y está determinado por las lluvias. En épocas pasadas, cuando los indígenas disponían de mayor cantidad de tierras, el maíz se cultivaba en los diferentes pisos térmicos, asegurando así su disponibilidad durante todo el año. Hoy en día, con la recuperación de tierras y la ampliación de su territorio, esta práctica se está volviendo a utilizar (Findji y Rojas, op. cit., 124).
Los Páez nunca siembran el maíz sólo; lo acostumbrado es hacerlo bajo la modalidad del asocio simple, generalmente con fríjol y a veces con arracacha, o en asocio múltiple, con fríjol, arracacha, haba, arveja y yuca. Se suele sembrar en los meses de lluvias de marzo, abril y mayo. Las técnicas de su cultivo son similares para todo Tierradentro y para los resguardos Páez de la vertiente occidental de la cordillera. Una vez listas las rozas se procede a la siembra. Sólo en los resguardos más altos, se acostumbra a hacer surcos o eras, en las demás zonas los granos se esparcen al voleo. Las semillas son escogidas de las mejores mazorcas, de las que a su vez se seleccionan los granos más gordos y sanos, los granos femeninos.
Al igual que para la rocería, la siembra tradicionalmente ha sido una actividad masculina y para su realización se suelen organizar mingas.
La herramienta utilizada en esta etapa del trabajo es la coa, o bastón de madera y el barretón, herramientas utilizadas por las familias más prósperas; con estas herramientas se van abriendo los huecos en los que se depositan los granos de maíz. El fríjol se siembra junto a los palos que han sido dejados durante la roceria. Se suele realizar un deshierbe de los maizales dejando la maleza en el terreno para que pudra y abone las tierras. Posteriormente se efectúa el descalce que consiste en arrancar las hojas secas de las cañas de maíz. Unos meses después, al aparecer las primeras mazorcas, aparecen también sus múltiples enemigos: las bandas de loros, las ardillas, comadrejas y ratones. Los indígenas construyen espantapájaros y habilidosas trampas, pero sobre todo son las mujeres y los niños de quienes depende en esta etapa el cuido de los sembrados. A los 10 u 11 meses se inicia el proceso de recolección, que tradicionalmente se hace de manera circular, comenzando la cosecha por la periferia del sembrado. Se coge primero la mazorca tierna, el choclo y se termina en la parte central, recogiendo ya el maíz seco.
Un hecho alarmante dentro de la economía páez lo constituye los muy bajos rendimientos dados por el cultivo de maíz. Para Tumbichucue, resguardo en el que se elaboró un cuidadoso estudio al respecto, se ha calculado que la producción de este grano es de 250k/ha (Sevilla Casas, 1983, 212), mientras que el rendimiento en el departamento del Cauca ascendió a los 600k/ ha en el año 77.
Además del maíz que es la base de la economía, los Páez cultivan otros productos como la papa que se siembra en los pisos térmicos más fríos, sola o en asocio con el ulluco, las habas, la alverja y el fríjol. Mosoco, uno de los resguardos más aculturados de Tierradentro, es el principal productor de papa, destinándose su cultivo fundamentalmente al mercado. En algunos resguardos se acostumbra hacer surcos verticales para la siembra de este tubérculo, mientras que en otros como San José, Lame y Vitoncó se suele cultivarla sin orden alguno.
3.5 El café, la caña de azúcar y el fique
El café, y la caña de azúcar son productos nuevos dentro de la vida de los Páez y se encuentran asociados a los procesos de expansión de la población blanca. Los cafetales, aunque son una fuente segura de ingresos dentro de las precarias economías familiares, poco cuidado les merecen a los indígenas. Generalmente se dejan los cafetos a libre crecimiento y su mantenimiento es muy deficiente. La caña de azúcar, no tiene una importancia comercial como el café, ya que su cultivo no se hace con destino al mercado, sino simplemente para producir el guarapo o chicha, bebida indispensable dentro de la vida cotidiana de los Páez. El estado de los cañaduzales, al igual que los cafetales, es totalmente precario, limitándose su mantenimiento a unas limpiezas iniciales.
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Mujer Páez cosechando café comunitario en la finca del cabildo. Resguardo de San Andrés de Pisimbalá (Inzá), Tierradentro
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El fique es otro cultivo importante. Fue introducido a finales de la década de los cincuenta a través de una vigorosa ofensiva oficial y privada, habiendo traído resultados nefastos para las frágiles economías de múltiples resguardos del Cauca. Los cultivos tradicionales, que mal que bien garantizaban la precaria supervivencia familiar fueron suplantados por este nuevo producto y las mejores tierras se reservaron para sembrarlo. Lo costoso de su producción, dada la cantidad de fuerza de trabajo que requiere su cultivo, además de la necesidad de implementos mecánicos como las desfibradoras unido a la inestabilidad de los precios e inseguridad de su mercado, ha llevado a que el hambre y la pobreza se generalicen aún más dentro de la población indígena del departamento.
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Mujer tejiendo con cinco agujas una jigra. Resguardo Páez de la La Aguaría-San Antonio, Municipio de Caldono.
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Como se puede traslucir de los párrafos anteriores, el desarrollo tecnológico de los procesos productivos de la agricultura de los Páez es muy rudimentario, siendo las herramientas más utilizadas las hachas, los machetes, las palas, los barretones y aun la primitiva coa. Estas herramientas están íntimamente relacionadas con el sistema de rocería utilizado en el cual las labores de preparación de la tierra son rudimentarias. El azadón y la pica, herramientas indispensables para los procesos de aflojamiento del suelo y aporque de las plantas, no ha tenido la difusión deseada. Un hecho diciente en relación con su desarrollo tecnológico lo constituye el que solamente a finales de 1983 los indígenas de Jambaló, entraron en contacto con el arado de chuzo de madera, lo que posiblemente significará una transformación radical de su tecnología; el paso de la rocería al arado. Esto implica, desaparición de las quemas, modificación en el concepto de tierras aptas para el cultivo, sustitución de herramientas, etc. (Findji y Rojas
op. cit. 174).
3.6 La cera de laurel
Fuera de la agricultura existe una actividad extractiva y típicamente páez que vale la pena mencionar. Se trata de la explotación de la cera de laurel, actividad que ha jugado un papel importante dentro de las economías de los resguardos de Calderas, Tumbichucue, Lame, San Andrés, Chinas y Suin. Esta planta (Myrica Policarpa), que nace silvestre en los bosques e invade las rozas de los indígenas, generalmente no es objeto de mayor cuidado y su cosecha se inicia en el mes de abril y mayo cuando sus ramas se llenan de pequeñas pepas de color grisáceo. La recolección debe hacerse en el menor tiempo posible ya que las torcazas y las lluvias son sus mortales enemigos. Una vez recogida la producción en jigras de tique, las pepas se dejan orear por algunos días extendidas en el suelo de las viviendas. Entre más seca se encuentre ésta, menos verde será la cera que se obtenga. Posteriormente se vuelven a empacar y así se ponen a cocinar en grandes calderos para luego extraerles la cera mediante rudimentarios procesos tecnológicos.
Un aspecto importante en relación a la producción de la cera de laurel lo constituye el que su ciclo se superpone con el del maíz, base de su alimentación y producto altamente valorado culturalmente. A pesar de que la cera es un producto comerciable y que les permite la obtención de ingresos importantes, los indígenas prefieren dedicar su tiempo al cultivo del maíz, producto muy poco rentable, así posteriormente, cuando llegue la época de hambruna caracterizada por la escasez o inexistencia de maíz, tengan que salir a jornalear para poder comprar su preciado grano (Sevilla Casas,
1976, 43).
3.7 La ganadería
La actividad ganadera es otro renglón significativo dentro de la economía páez. Esta se practica, con muy pocas excepciones, de manera extensiva, limitándose el cuidado a darles sal de vez en cuando y evitar que el ganado se extravíe. Generalmente no existen tierras destinadas exclusivamente a esta actividad productiva, sino que los animales andan sueltos por rastrojos y pajonales. Sin embargo, disponer de ganado vacuno tiene gran importancia dentro de la vida económica de las familias páez. No sólo les permite venderlo en cualquier momento y tener dinero para solucionar una necesidad impostergable, sino que el consumo de carne de res es un elemento fundamental para poder realizar mingas y trabajar colectivamente sus parcelas.
Por su parte el ganado caballar es altamente valorado; éstos no solamente son necesarios para la molienda de caña, sino que son indispensables para transportar la carga por los escarpados y difíciles caminos existentes en la región. La ausencia de carreteras y otros medios de transporte explica la estimación que estos indígenas le dan a los caballos. Sin embargo, a pesar de la importancia del ganado vacuno y caballar, son, tal vez, las ovejas los animales más preciados dentro de la cultura páez. Las cuidan, las quieren, rara vez las venden y sólo se consumen en ocasiones muy excepcionales. Son de propiedad de las mujeres y todas las familias, idealmente, deben tener por lo menos una oveja. De ella deben extraer la lana para tejer las ruanas, las jigras y otros elementos indispensables del ajuar indígena.
3.8 La economía de mercado
El encontrarse la economía páez orientada fundamentalmente hacia el autoconsumo y supervivencia de las unidades domésticas, no implica que no participen igualmente y en condiciones muy desventajosas, en la economía de mercado dentro de la cual se encuentran inmersos. Esta participación se efectúa a través de la compra de productos foráneos como herramientas, semillas y algunos pocos comestibles y con la venta, en condiciones muy desventajosas, de parte de su producción.
Otra forma importante de participación dentro de la economía de mercado se refiere a la venta de fuerza de trabajo o jornaleo. El indígena Páez interviene ampliamente dentro del mercado de la fuerza de trabajo regional y aun nacional. Su mano de obra es muy requerida en fincas y haciendas colindantes, en otros municipios del departamento y aun es frecuente encontrarlos como recolectores de café en departamentos diferentes del Cauca. Hasta hace pocos años, parte del jornal pagado en este departamento se hacía en especies: coca, maíz y panela especialmente; se solía llamar mita a los escuadrones de indios que sallan de Tierradentro contratados por los hacendados de Popayán. Ln demanda de esta fuerza de trabajo, tiene carácter estacional y las condiciones en que se desarrolla la contratación son muy desfavorables para los indígenas. En algunos resguardos la venta de jornales ocurre cuando internamente al resguardo no se necesita mucha mano de obra y se está en época de hambruna. En otros como San Andrés, parece que la demanda de jornales por los blancos se sobrepone con épocas en que la economía tradicional del resguardo requiere un volumen importante de trabajo. En estos casos la producción tradicional es la que tiene que verse alterada negativamente.
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