|
ETNOHISTORIA
El cacicazgo
A la llegada de los españoles los indígenas de Cota estaban sujetos al señor de Bogotá (deletreándolo, ya sea Vogotá o Uogotá (Broadbent 1974: 127) (Mapa 2); se diferenciaban de los demás cacicazgos por el dominio de un territorio propio, la existencia de un cacique local, varios capitanes e indios principales y una comunidad indígena tributaria (AGN. E: T. XII, f. 224).
Los Muiscas habían conformado cuatro confederaciones o señoríos o jefaturas que los cronistas españoles llamaron reinos, independientes entre sí; cada una administrada por un centro político superior, conocido por el nombre del pueblo o cacicazgo donde tenía asiento: Bogotá, al sur del altiplano; Hunza, al centro, y Tundama e Iracá, al norte. Las más importantes eran las confederaciones de "Bogotá", gobernada por un gran señor o zipa y la de Hunza, gobernada por un gran Zaque, quienes sostenían un enfrentamiento militar por el predominio territorial.
Las confederaciones habían surgido a partir de la sujeción económica, social y política de un conjunto de cacicazgos locales que eran autónomos e igualitarios, a un nivel de organización más complejo, mediante el desarrollo de nuevas relaciones económico-políticas, por causa de la intensificación de los sistemas de producción agrícolas, que a su vez generaron excedentes, estimularon el crecimiento demográfico, desarrollaron nuevas formas de intercambio económico y abrieron paso a la especialización artesanal, política y religiosa.
Expresada en una acentuada jerarquización social, caracterizada por la desigualdad tanto de individuos como de grupos enteros. Se instituye el señorío, junto con un sistema de linajes matrilineales y de prerrogativas, generalmente hereditarias; alrededor de esta jefatura surge un grupo de familias de alto rango que ejercen los controles sociales, económicos y religiosos. La gradación de rango lleva entonces al fenómeno de clanes cónicos y, a través de ellos, a una sociedad piramidal de ancha base, sobre la cual se estructura el escalonamiento, a lo largo de varios estratos, hasta culminar en la persona del cacique (Reichel-Dolmatoff, 1989, 43).
LOCALIZACIÓN
DEL RESGUARDO DE COTA
Confederación de Bogotá - Territorio Muisca
|
|
|
Los pueblos o cacicazgos estaban compuestos por partes, parcialidades o capitanías. Las partes constituían las estructuras básicas de la organización social local de los Muiscas, tenían un significado tanto de unidad territorial, como de parentesco y administración política. Estaban constituidas por grupos de parentesco de filiación matrilineal exógamos, que de acuerdo con su jerarquía y tamaño podían denominarse uta (la parte menor) y sybyn (la parte mayor) (Langebaek, 1992, 76).
La unión de partes, parcialidades o capitanías conformaba un pueblo o cacicazgo (Broadben, 1964). Al estudiar en el archivo parroquial, las partidas de bautismo, matrimonio y defunción de naturales o indios, se constaté el uso de la palabra parte, parcialidad o capitanía en forma sinónima, para referirse a su procedencia local hasta la mitad del siglo XIX. En total se identificaron seis partes, algunas con variaciones ortográficas, denominadas bajo los términos: Cana; Chipo; Quiquene, Quiquen o Quique; libio, livio, tivia o limio; Sagua, Sacua o Sucua; y Suchoque (APC. L.B., T.I.). El número de partes variaba por lo general entre tres y siete, aunque el cacicazgo como Bogotá tenía al menos 13 y el de Suesca 11 (Broadbent, 1964, 28).
La parte de Cana, a diferencia de las demás, se encuentra también entre las nueve partes del vecino cacicazgo de Chía (Hernández 1978: 85), de la cual provenía el linaje matrilineal del señor de Bogotá y del cacique local (Simón 1981: 195). Esta coincidencia es enigmática, pero era común entre los cacicazgos; se sabe, por ejemplo, que las partes Gacha o Gacho y Suta o Suata aparecen en varios pueblos. Con el primer nombre se llamaba una parte de los cacicazgos de Chocontá y Guatavita siendo, en este último, la parte del cacique (Broadbent, 1964: Apéndice 8). Otra relación que permanece desconocida es la coincidencia entre los nombres de dos de las trece partes del cacicazgo de Funza: lauta y Neuque y dos apellidos semejantes de Cota, preservados desde la Colonia.
Es posible que se trate de una vieja relación comunitaria de origen segmentario, o relacionada con el sistema de parentesco matrilineal exogámico, o con el proceso de la sucesiva incorporación política y social de unos cacicazgos a otros en calidad de partes. Se ha podido comprobar que la sucesión de las capitanías era análoga a la de los cacicazgos, es decir matrilineal (pasaba al hijo mayor de la hermana mayor), esto permite suponer que en una época anterior los capitanes habrían tenido una autoridad similar a la que gozaban los caciques en el momento de la conquista.
De otro lado se ha podido establecer que esta autonomía no se había perdido del todo y por eso los capitanes solían separarse de los cacicazgos cuando surgían disensiones internas, trasladándose con todos sus indios a otro repartimiento. Este hecho permitiría explicar por qué a cada capitanía correspondía una unidad territorial que distanciaba a las diferentes partes entre sí (Colmenares, 1975, 50).
Se afirma que en algunos pueblos una sola parte tenía varios nombres intercambiables que aparecen de vez en cuando en las partidas parroquiales, por ejemplo en el municipio de Gachancipá,
la parte de Chunsa también se llamaba Muisuca o Munsuca, porque según sus partidas de bautismo tres de los indios útiles de la parte de Chunsa de la lista de 1782 era de la de Muisuca o Munsuca (Broadbent, 1964, 75).
Sin embargo en el caso de Cota no se ha podido comprobar algo similar.
La organización de los cacicazgos se jerarquizaba internamente a partir de la existencia de capitanes que sujetaban las partes, parcialidades o capitanías y que, como éstas, podían ser mayores (sybyntiva) y menores (utativa), según el tamaño y la jerarquía de los pueblos o cacicazgos que les eran sujetos.
Los capitanes, al igual que sus capitanías en relación con la estructura del cacicazgo, se sujetaban, a su vez, al cacique y éste, dependiendo de la importancia y tamaño de su cacicazgo, a un cacique mayor que dominaba la región, o a un cacique muy mayor, señor de la provincia y de la confederación de cacicazgos.
Aunque no se conocen los nombres de los capitanes, así como el cacique Cota llevaba el nombre del cacicazgo, es posible que esta misma práctica se diera entre sus capitanes respecto de las partes, porque muchos indios aparecen en las partidas con sus nombres como apellidos (APC. L. B., T.I-II). Las partes de los cacicazgos además de ser unidades territoriales eran unidades de gente (grupos de parentesco). El hecho de que los españoles mandaron que los pueblos indígenas se poblaran juntos por sus capitanes o con barrios diferentes para las partes también sugiere una separación precolonial, semejante a la de los ayllus incas o tal vez a la de los calpulli aztecas: grupos de parentesco unilineares que funcionaban como divisiones sociales y administrativas de comunidades locales que tenían funcionarios hereditarios (Broadbent, 1964, 35, Apéndice 20 b, 37).
En ellas se encontraban formando una unidad, a veces contradictoria, el parentesco y la territorialidad, con una primada del parentesco. Este indicaba a qué parte territorial pertenecía un individuo, pero aquélla señala a su vez el sitio de localización correspondiente a la forma de parentesco muisca, que aún subsistía como la forma básica de organización social, en un momento de tránsito hacia la configuración de una unidad geopolítica más compleja.
Un auto del oidor de la Real Audiencia de Santa Fe, Mateo Ibáñez, menciona la existencia de cinco capitanes, un gobernador y un cacique todavía en el año 1670, que indica una correspondencia entre el número de panes y el número de capitanes, ya que el gobernador era a la vez capitán de una de las partes (AGN, V. C., T. XI, f. 398 en: Velandia, 1979, 786 V. II). No es claro si el cacique Cota mandaba la parte de donde provenía como se ha comprobado en otros Cacicazgos.
Los indios principales tenían alguna posición de autoridad, no mandaban partes; pero, junto con los capitanes y el cacique se diferenciaban de los indios particulares que eran la gente común y aquéllos sus mandaderos (Broadbent, 1964, 86).
La jerarquía del cacique y los capitanes se conservó durante gran parte de la Colonia. En los documentos parroquiales son nombrados con el mote o título de Don (APC. L. B., T. I-II) usado por los españoles como reconocimiento de alguna nobleza menor que corría por su sangre (Melo, 1978,203). Su uso fue permitido a los indios con alguna autoridad tradicional, especialmente a aquellos que se encontraban en una relación de capitanes respecto al cacique de su pueblo, al que se distinguía adicionalmente llamándolo cacique, en tanto que se ignoraron los vínculos en la formación de los grandes cacicazgos (Colmenares, 1975, 48).
El cacicazgo de Cota tenía su centro geopolítico en las proximidades del Pueblo Viejo, en la vereda del mismo nombre, cerca del sitio La Balsa, unos 300 metros al oeste de la margen izquierda del río Funza y un kilómetro al este del lugar donde fue emplazado el pueblo nuevo en el año 1871.
El río separaba el cacicazgo de los de Suba y Funza, y aislaba la parte plana del resto del territorio de la Sabana hasta dar con el cerro de Manjuy.
Documentos orales y escritos coinciden en ubicar la parte de Chipo al este de la cabecera municipal en la vereda Pueblo Viejo, que se denominaba partido de Chipo en 1687. Con el nombre de Chipo también se conoció en el siglo XIX una pequeña finca, hoy incorporada a la hacienda El Arrayán, situada entre el área central de la vereda Pueblo Viejo y el río Fuina. Su territorio pudo comprender un área que se extendía desde la margen izquierda del río Funza (o Bogotá), hasta el antiguo camino real al oeste (AGN. NT. 2, T. 337, f. 99) y por el norte, desde la parte baja de la hacienda Noviciado en colindación con el cacicazgo de Chía, hasta la parte baja de la vereda Rozo, al sur.
Al oeste de la hacienda el Arrayán, en la margen izquierda del río, en el sitio La Balsa el cacicazgo tenía su asiento principal. La Balsa era el paso obligado para atravesar el río en la frontera con el cacicazgo de Suba y continuó siéndolo durante la Colonia; muchos indios se ahogaron en el intento de cruzarlo (APC. L.D: T. I.,). Ecológicamente, la Balsa era un humedal como otros que aún subsisten en la Sabana, que por su aspecto se confunden comúnmente con una laguna, pantano o ciénaga, formados por un depósito de agua semiestancada, ricos en juncos pescados, aves acuáticas y curíes (Broadbent, 1974, 119).
La parte de Cana se localizaba en lo que hoy corresponde a las veredas Moya y Setime, e incluía algunos terrenos de la hacienda Noviciado (AGN. NT. 2,T.345, f. 247; T. 338, f. 815), hasta tocar con las actuales veredas de Aura y Rozo. La Moya era un partido de Cana en 1687.
Las partes restantes estarían ubicadas en el territorio sobrante al sur del cacicazgo, la falta de referencias toponímicas y escritas no permite ubicar con precisión su lugar. La de Suchoque pudo estar situada al sudoeste, en inmediaciones del río Subachoque, con el cual comparte cierta afinidad lingüística. La de Quiquen era apenas un punto en 1868 (AGN. NT. 2, T. 350, f. 522) y un sitio en 1870 (AGN. NT. 3, T. 320, f. 678). La de Sacua era todavía un partido de Cota en el año 1875 (AGN. NT. 3, T. 320, f. 636).
En general la palabra parte desaparece de los documentos parroquiales en el siglo XIX, sustituida por la palabra partido (en el sentido administrativo de una provincia) o sitio; hacia la mitad de este siglo se impone la palabra vereda, que se usa actualmente, y donde hubo resguardos cobija las antiguas partes o capitanías (Hernández, 1978,85; Fals Borda 1978,48).
En los documentos de la conquista no se registró la extensión del cacicazgo, pero es factible que cobijara un territorio cercano a los 70 kilómetros cuadrados, semejante al que tuvo el partido de Cota entre los años 1538 y 1811, y conservó el municipio hasta comienzos del presente siglo. Los españoles, por fuerza de las circunstancias, tuvieron que adoptar la división geopolítica regional y local de la comunidad indígena existente en el siglo XVI, al establecer el sistema de las encomiendas, basado en el otorgamiento por pueblos en relación con un cacique y a todos los que le eran sujetos y no individualmente considerados (Hernández, 1978,215). De ser así el territorio comprendía la jurisdicción actual del municipio (52 km2), más un área adicional al sudoreste, en los municipios de Funza (veredas: Vuelta Grande, Carrasquilla, La Punta) y Tenjo (veredas: Santa Cruz, Jacalito, Chacal) (Mapa 1).
En el año 1537 el cacicazgo tendría una densidad promedio de 2.400 personas. Esta cifra resulta al proyectar el decrecimiento de 80% en promedio sufrido por la población Muisca en 100 años, según el estimativo general propuesto para toda la región (Friede, 1974, 219), sobre la base de 96 indios tributarios (varones entre 15 y 50 años) existentes en la encomienda, en el año 1663 y su grupo familiar, cada una calculada con un promedio de cinco personas.
Como cada parte era a la vez una subunidad territorial y social, tenia su propio asentamiento humano. Aunque se carece de información sobre el patrón local, teniendo en cuenta el patrón desarrollado por los Muiscas, éste consistiría en parcelas cultivadas y casas dispersas en el valle, con seis asentamientos separados y alguna nucleación en la parte del cacique, cuyo conjunto conformaba el pueblo o aldea del cacicazgo. En el sitio de Pueblo Viejo, la vereda Setime y el Alto de la Cruz se han encontrado restos arqueológicos, y existe una pintura rupestre conocida como piedra de Tapia o piedra Cargada, situada a media altura del Manjuy.
La distribución de las parcelas familiares de cultivo sobre el territorio de las partes, estando jerarquizado el cacicazgo bajo la figura del cacique y los capitanes, debió orientarse en torno de sus posesiones, que eran trabajadas colectivamente por los indios comunes. Las tierras reservadas para cazar y pescar, y los sitios rituales, estaban al sudoeste, principalmente en tomo del río Chicú, las quebradas que convergen a él, la ciénaga de Cubita y el cerro del Manjuy, al oeste.
Los muiscas de Cota eran agricultores de maíz y turmas, consumían bollos y chicha, se dedicaban a la cacería del venado, confeccionaban textiles en algodón de diferente calidad, empleaban vasijas de cerámica y hachas de piedra, tenían objetos de oro y esmeraldas de carácter botijo, enterraban en tumbas sus muertos acompañados de ajuar funerario y tenían sitios ceremoniales. El cronista Simón (1981, 374) recogió
...una tradición certísima que tienen todos los de este Reino, de haber venido a él, veinte edades, y cuentan en cada edad setenta años, el héroe civilizador Chimizapagua, el cual después de transitar por el valle de Bogotá, estuvo en el cacicazgo de Cota, donde gasté algunos días predicando con gran concurso de gente de todos los pueblos comarcanos (...). A donde después en reverencia suya hicieron santuarios y entierros los más principales indios.
El cacique pertenecía a la parte de Chipo pero es incierto si residía en ella o en otras tierras que le correspondían en calidad de cacique. Se sabe por el contrario que las posesiones de los capitanes e indios principales se hallaban dentro de cada parte.
En el cacicazgo se daba la endogamia entre las partes, o sea el matrimonio entre parejas de partes del mismo pueblo (Wiesner, 1982, Anexo. D.1c). Por matrilinealidad, entre matrimonios de indios de distintas partes los hijos dependían de la parte de la madre (Wiesner, 1982, Anexo D. 1, b, c) y de los matrimonios de indios de Cota con indios de otros pueblos, los hijos eran considerados del pueblo de la madre y eran exógamos.
La residencia era de tendencia matrilocal, ajustada a la forma de filiación matrilineal de los Muiscas. La matrilocalidad fue una de las primeras instituciones indígenas en ser extinguida porque los españoles no estaban interesados en permitir que los indios abandonasen sus partes cuando se casaban con individuos de otros pueblos porque afectaba las encomiendas.
La encomienda
Una vez concluida la conquista, los españoles sujetaron los cacicazgos Muiscas al sistema de repartimiento o encomienda, institucionalizado mediante la expedición de las Leyes de Burgos en el año 1512 y las Nuevas Leyes de 1542, encaminadas a limitar al poder de explotación de los encomenderos mediante la tasación de los tributos o demoras que los indios debían rendir.
La encomienda consistía en dar un grupo de indígenas, generalmente un pueblo o cacicazgo, con sus tierras, estancias y labranzas a un español meritorio. Los indios debían pagar temporalmente como grupo primero y más tarde per capita, un tributo fijado por la Corona, cedido en derecho de usufructo como propietaria universal de todo lo descubierto (bienes, tierras e indios), con obligación para el beneficiario, entre otros deberes, de transferir la quinta parte de lo recaudado a la Corona, ocuparse del adoctrinamiento de los indios y enseñarles a vivir en policía.
El sistema fue introducido entre los Muiscas por primera vez en 1539 por el conquistador Gonzalo Jiménez de Quesada en favor de los miembros sobrevivientes de su expedición. Al finalizar el siglo entró en decadencia y el primer decreto general de extinción se expidió en 1718, pero se conservó hasta finales del siglo XVIII en medio de una legislación que lo sometió a múltiples vicisitudes y de una lucha que lo orientó a la hacienda colonial.
Los indígenas de Cota fueron encomendados al soldado ancabucero Francisco de Tordehúmos en 1553 (AGN. E., T. XII, f. 230), aunque antes es posible que hubiesen sido asignados al soldado Juan de Torres encomendero de Turmeque (Gutiérrez, 1903, 116). Es factible que el número de tributario estuviese entre 200 y 500 indios, como en el caso de los cacicazgos de Fusagasugá, Cueca y Tubacuy, Usme, etc. Los repartimientos mayores correspondían a los cacicazgos mayores, tenían entre 700 y 1.000 indios, como los de Bogotá, Suba y Zipaquirá; el más grande de todos era el de Guatavita, con 2.000 indios.
La encomienda fue tasada oficialmente en 1555 por el Licenciado Francisco Briceño, miembro de la Real Audiencia del Nuevo Reino de Granada, en cabeza del cacique Cota y sus sujetos presentes y futuros, capitanes, principales e indios del lugar (AGN. E., T. XII, f. 223-255). El cacique como representante de la organización social conservaba su autoridad pero al mismo tiempo era incorporado a la formación de la estructura colonial, con la nueva función de pagar la tributación a los corregidores españoles nombrados para cobrarla.
La correspondencia entre el cacicazgo y su repartimiento en una sola encomienda tenía por objeto no separar a los indios de su cacique. La Corona adoptó esta política en el año 1549, que fue refrendada en 1594 y mantenida en la Recopilación de Leyes de Indias de 1680. En estas Leyes se observó que si el repartimiento era de mucha utilidad debía encomendarse a un solo benemérito, cargando pensiones en favor de otros (Hernández, 1978, 221).
Conservando la forma de organización social de los cacicazgos se buscaba mantener agrupados a los indios para preservar la fuerza de trabajo y su reproducción natural, en beneficio del mantenimiento de su repartimiento. La tasa y moderación de la tributación tenía el carácter de una prestación obligatoria para la supervivencia y sostenimiento de las instituciones sociales de los colonos españoles: encomenderos, doctrineros, corregidores, fiscales de la Corona, etc.
En general la tributación debía pagarse anualmente, la mitad cada seis meses en los 20 primeros días de los períodos señalados, el uno con el día de San Juan y el otro en Navidad. Esta periodización, correspondiente con el mundo español, de hecho introdujo cambios significativos en el ciclo cultural y productivo del cacicazgo. En la tasa de tributos exigida a los indígenas se combinó la satisfacción de las necesidades del encomendero y la doctrina, con la utilización de algunos bienes de la cultura local como la tierra, las labranzas, los recursos naturales y la fuerza de trabajo, que se sumaron a otros bienes de origen español apropiados por los indios en el proceso aculturativo de la conquista (Ver cuadro de la página siguiente).
Debían dar 400 mantas de la clase que producían los Muiscas, de medidas uniformes, unas buenas y otras de algodón conocidas también como mantas chingas, de inferior calidad que las buenas.
Sembrar y cultivar dos productos agrícolas nativos en una extensión de 13 hanegas, tres de turmas (17.3%) y ocho de maíz (34.7%) del que se daba en el pueblo; y dos productos del Viejo Mundo: ocho de trigo (34.7%) y cuatro de cebada (17.3%), en las tierras de los propios indígenas pero en un lugar señalado por el encomendero, quien además les entregaría la simiente para ello.
La hanega o fanega era una unidad de medida tomada de los árabes por los españoles, equivalía en varas cuadradas castellanas o de la ciudad de Burgos a 8.832 la de trigo y cebada y 50.784 la de maíz, la de turmas parece que era igual que las primeras, la vara cuadrada o vara de Burgos equivalía a 0.8359 metros. Bajo la conversión en esta vara el tributo agrícola del encomendero significaba en total 60.6 hanegas de sembradura, 45.6 en maíz (75.3%) y 15 en otros productos (24.7%).
Dar 10 indios para el servicio exclusivo de la casa y de la tierra del encomendero: dos en condición de pastores y dos de gañanes labradores usando bueyes y mulas. Este servicio representaba una forma directa y restrictiva de la utilización personal de la fuerza de trabajo de los encomendados.
Las labores de pastoreo y gañán implicaban ya el desarrollo de una incipiente ganadería junto a la presencia de una agricultura diferente de la tasada en las tierras de los indígenas, el ganado ovino fue introducido en la Sabana por Alonso Luis de Lugo en el año 1544, es posible que la agricultura del encomendero estuviera orientada a la ampliación del cultivo de los mismos u otros productos agrícolas.
La utilización de bueyes y mulas para labrar la tierra indica que en Cota ya se usaba el arado en 1555. El encomendero debía dar a cambio de los servicios personales de los indios el alimento y vestido, sacados de la tasa en demoras que recibía por otro concepto.
Regresar al índice Continuar con los Muiscas
|