GEOGRAFÍA HUMANA DE COLOMBIA
Nordeste Indígena
(Tomo II)
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RELACIONES INTERÉTNICAS E IDENTIDAD ÉTNICA

A. Formas de integración; vinculación al mercado; tipo de cultura; educación formal; asociaciones, etc.

A pesar de la pérdida de territorio que ha reducido a los Yuko a una ecorregión de menores recursos, continuaron sin embargo sus tradiciones tecnológicas y sus propios sistemas de explotación de recursos. No obstante, el acoso de la colonización y la aceptación del contacto con el "blanco" los ha llevado a aceptar, cada vez en mayor grado, una serie de rasgos culturales foráneos; señalaremos algunos y en cierta medida sus resultados en la cultura de los Yuko-Yukpa.

Los cambios se presentan principalmente en la vivienda, al introducir en su construcción paredes de tablones o de bahareque, en vez de la empalizada con yagrumo o caña brava. En los cultivos, al aceptar el manejo de las "plantas modernas" que mencionamos anteriormente, y que constituyen un grupo de 19 plantas distribuidas por los distintos asentamientos y que están en vías de experimentación. Las dos más importantes son una especie del maíz y el quinchoncho; las demás son arroz, café, piña, bejucos marulleros y de fuertes árboles frutales (limón, mango, naranjas, níspero, toronja, guayaba, guanábana y, cocoteros). Si se crían animales domésticos se siembran tres tipos de hierba (yaraguá, guinea y yacaguá). Dos especies de millo se utilizan para conseguir astas para flechas.

Sólo los dos primeros cultivos tiene interés para el consumo (maíz y quinchoncho), y del primero se realiza una segunda cosecha, cuando ya se tiene asegurada la provisión necesaria, con fines comerciales; los demás cultivos de este grupo también tienen esta finalidad (Ruddle, 1977:566).

Seguramente esta situación ha llevado a los Yuko a "reclutar mano de obra asalariada para que ayude a talar los conucos. Esta modalidad se hace cada día más común. Hay varias maneras de hacer el pago; las más corrientes son: dinero, ropa y otros bienes materiales no tradicionales, una participación en la cosecha, un artefacto especializado (particularmente flechas) o una parcela" (Ruddle, Wilbert, 1983:93).

Del contacto con el "blanco" han aprendido la práctica del comercio. Además de los cultivos, venden en el mercado artesanal cestas, arcos y flechas, en las ciudades cercanas de las tierras bajas del valle del Cesar o en la cuenca del lago de Maracaibo, en fincas cercanas o en las misiones capuchinas. A su vez adquieren machetes y hachas, cuchillos, pólvora, sal, cosméticos, ropas, alimentos y bebidas (Ruddle, Wilbert, 1983:98).

En general, podemos sostener que el proceso de cultura sufrido por los Yuko-Yukpa ha sido desigual; en mayor medida presenta en las comunidades y asentamientos más cercanos a los "blancos" o a las aldeas de evangelización que en los grupos lejanos de la Sierra de Perijá. De todos los aspectos de la cultura Yuko, el que más cambios representa es el de las actividades de subsistencia. Primero por el cambio de habitat, al pasar de las tierras bajas a las montañas, lo que representó dificultades en la consecución de tierras aptas. Como consecuencia de ello tuvieron que recolectar insectos para lograr las suficientes grasas y proteínas, así como hojas y frutos silvestres para lograr las vitaminas; no obstante, ya han desaparecido de sus prácticas de cultivo y de la misma selva el grupo de plantas llamadas "antiguas". Ruddle comenta que de las doce mencionadas en esta categoría, sólo pudo localizar ocho. (1977:564).

La modernización de las pautas alimenticias cada día se presenta como un hecho, con la incidencia que trae en la conservación del ciclo anual. Además, la dieta tradicional resulta afectada por la asimilación de los gustos del "blanco" y por la introducción de la cría de animales domésticos, o del cultivo comercial que permite la compra de alimentos en las tiendas. Esta modificación ha obligado a los Yuko a emplearse como obreros en las haciendas vecinas o en las misiones. Los indígenas que viven aún en sitios alejados a estos centros de cambio, han ido aceptando en mayor o menor medida las técnicas y la vida campesina de los colonos vecinos.

Los indígenas más aculturados de las misiones aspiran a abandonar la vida del campo e integrarse en otros oficios, o quieren dedicarse a cultivos comerciales y a la ganadería, abandonando el cultivo rotativo así éste sea solo parcial. (Ruddle, 1977:687-690).

La seguridad lograda por la creación de las Reservas y Resguardos indígenas tanto en Colombia como en Venezuela, ha favorecido la estabilidad de las comunidades y el permanente guerreo entre ellas y los "blancos", factores que han incidido en el incremento relativo de la población. Además, el mayor número de mujeres ha disminuido los conflictos, mejorando tanto la paz entre los grupos como el crecimiento demográfico. También existe, latente o explícita, la tendencia a crear matrimonios mixtos, con Bari o con mestizos, con el consiguiente efecto de disolución "tribal".

Este mismo hecho se ve agravado con la brecha generacional que se ha creado en razón de la separación de padres e hijos que ocasiona la educación formal introducida por los misioneros.

El interés por el castellano ha ido penetrando en el grupo en la medida que aumentan los contactos con los "blancos" o se integran al estilo de vida "occidental". Obviamente la escuela favorece este proceso (Ruddle, Wilbert, 1983:114-120).

En resumen, existen fuerzas encontradas que si bien favorecen la supervivencia fisica del grupo, (utilización de recursos provenientes de la técnica occidental, atención en salud, disminución de la guerra interna, creación de nuevos recursos ante los cambios y empobrecimientos del medio ambiente), sin embargo, su aceptación representa su extinción cultural. Es la dualidad común que ofrece el futuro tanto de los Yuko-Yukpa como de los Bari; en esta perspectiva es necesario una solución, en la cual pueda encontrarse un equilibrio entre la tradición representada en el estilo cultural propio que responde a un manejo justo de los recursos de flora, fauna y suelos como a la posibilidad de la asimilación cultural de elementos de occidente por un proceso de aceptación y adaptación. Para ello es fundamental garantizar un territorio libre de invasores y depredadores, cosa por demás difícil ante la política de expansión de la frontera agrícola promovida por los Estados, ante la carencia de tierras para los campesinos y por el mismo proceso de expansión de mercados en la actual coyuntura del desarrollo capitalista.

 

LA EXPEDICION HUMANA ENTRE LOS INDIGENAS CHIMILA

El 13 de octubre de 1988 la Expedición Humana comenzó formalmente sus viajes de trabajo de campo con una visita a los indígenas Chimila asentados en las tierras bajas alrededor de la Sierra Nevada de Santa Marta.

La historia de este grupo se remonta alrededor de los años 1530 cuando Pedro de Lerna fue nombrado gobernador adelantado de la región comprendida entre el Cabo de la Vela y la desembocadura del río Magdalena. En el siglo XVI los Chimila presentan fama de fieros guerreros, hasta el punto de que en 1776 se nombra como pacificador a don Pedro Agustín de la Sierra en vista de su inconquistabilidad. En su territorio, se construyó la famosa fortaleza de San Angel que ha resistido hasta nuestra época, varios ataques Chimilas.

Desde finales de 1987 la médica rural que cubría el territorio de los Chimila, Dra. Clara Patricia Ordóñez, nos informó de la existencia de muchos casos de prúrigo actínico entre estos indígenas. El prúrigo actínico es una enfermedad de la piel, característica de pobladores de ancestro indígena, de altos niveles sobre el nivel del mar; escasamente se ven en otro tipo de personas y de allí el interés de encontrarlas entre los Chimilas que habitan apenas sobre los 45 metros de altura. Comenzamos entonces un estudio sobre los mecanismos genéticos que podrían estar operando en esta población para explicar la alta prevalencia de la enfermedad. En total, de los 704 indígenas que se encuentran alrededor de la sierra, 56 tienen prúrigo actínico y a través de la información que ellos nos dieron se hizo un árbol genealógico de aquellas personas con la enfermedad y luego hicimos estudios de los antígenos de histocompatibilidad que se están completando en la actualidad. Como esta enfermedad es rara a nivel del mar, presumimos entonces que en ellos los mecanismos genéticos podrían tener incluso mayor importancia que en aquellas personas cuya enfermedad depende de los factores ambientales provistos por la radiación ultravioleta de las alturas.

En un estudio anterior en Bogotá, habíamos descrito una asociación del prúrigo actínico a los antígenos de histocompatibilidad B40 y CW3 (Bernal, J. E. -Durán de Rueda M. M. - De Brigard, D. - Durán C. Human Limphocyte Antigen in Actinic Prurigo; J. Am. Acad. Dermatol. 1988, 18:310-12) y la presencia del prúrigo actínico entre estos indígenas, nos dio la oportunidad de evaluar si esta asociación se mantenía cuando la enfermedad se presentaba a bajas alturas sobre el nivel del mar.

Los resultados de los primeros análisis entre los Chimilas, muestran sin embargo que el antígeno que puede estar realmente involucrado en el desarrollo de la enfermedad, es el CW4.

La terapia comúnmente usada para combatir esta enfermedad es una droga de alto poder teratogénico y de difícil consecución: la Talidomida. En vista de esto se inició un trabajo con vitamina E y Tetraciclinas que obtuvo excelentes resultados y sin mayores efectos secundarios. Con esto se completaría otra fase del trabajo de investigación que ahora incluye una solución real a esta característica enfermedad de los Chimila.

 

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