GEOGRAFÍA HUMANA DE COLOMBIA
Nordeste Indígena
(Tomo II)
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3.0 EL PASADO Y EL PRESENTE: LA LARGA RESISTENCIA DEL PUEBLO WAYUU

Ya se dijo que la adaptabilidad a las diferentes exigencias externas que forzaron una y otra vez a los wayuu a vivir cambios culturales, se ha convertido en factor de la organización social wayuu y de su reproducción étnica, aunque en la actual coyuntura histórica esta tradición cultural esté seriamente puesta a prueba.

A esa versatilidad han contribuido distintos procesos históricos que se remontan hasta las primeras migraciones de aborígenes amazónicos hacia las Antillas, que supusieron intensos contactos y adaptaciones entre grupos con sistemas económicos diferentes. En el caso de la península, aún las mitologías Kogui y Arhuaca, en la vecina Sierra Nevada de Santa Marta, dan cuenta de la llegada de los "belicosos" wayuu a la península y del desplazamiento Tayrona hacia la Sierra. Igualmente, yacimientos arqueológicos diversos, en la Media y en la Baja Guajira, dan señas del carácter de esos grupos (agricultores en algunas zonas; cazadores-recolectores en otras), y de sus asentamientos tempranos (1.800 a.C.) (44)

Otro proceso de cambios intensos fue el suscitado por la llegada de los europeos (españoles y alemanes, desde Santa Marta, al suroccidente de la península; y desde Caracas, al oriente, respectivamente), quienes desde sus primeras entradas obligaron a los aborígenes a nuevas migraciones y adaptaciones, cuyo caso paradigmático es el de los Guanebucanes, agricultores que habitaban en la parte suroccidental de la península, en las estribaciones de la Sierra Nevada; ellos huyeron en dos direcciones: unos hacia la Media y Alta Guajira, y los otros hacia la Sierra misma, contribuyendo a nuevas formaciones étnicas en procesos aún no estudiados del todo, dentro de los cuales está el de los mismos wayuu (45) .

Posteriormente serían las influencias hispánicas, y algunos contactos con africanos pescadores de perlas en las primeras granjerías, y luego con los palenques establecidos en las estribaciones de la Sierra Nevada, las que acabarían de perfilar el relativamente variado mapa cultural de los wayuu.

De todos esos procesos dan noticia indirecta e invitan a la investigación etnohistórica, la diversidad socioeconómica actual de los wayuu, y algunos problemas que su organización social plantea a la etnología, tales como la matrilinealidad en una sociedad de pastores, o los sistemas de parentesco de carne y sangre ya mencionados, con evidentes rasgos africanos (46) .

Los wayuu no fueron sometidos colonialmente, y mantuvieron a lo largo de los siglos pasados una autonomía política y social, para la cual el contacto mismo con Occidente fue un contradictorio factor positivo.

En efecto, diversos factores históricos se conjugaron para erigir su territorio en una especie de zona de refugio que ellos supieron aprovechar hasta hoy. El primero de ellos, el carácter de frontera de la península, entre Castilla de Oro y la Nueva Andalucía, o entre la gobernación de Santa Marta y la Capitanía de Venezuela, y finalmente entre Colombia y Venezuela, las islas de Aruba, Curazao y Bonaire, las rutas de comercio de las Antillas, y los mismos wayuu.

El Cabo de la Vela fue, como se sabe, hito de navegación y primer deslinde territorial en Tierra Firme para los descubridores y conquistadores; y hasta allí llegaba el territorio adjudicado al padre Las Casas para su "experimento" proteccionista, referido especialmente a los Caquetíos, que habitaban en un sector de la península, en la Alta Guajira, en las "islas de los gigantes" (las actuales Aruba, Curazao y Bonaire), y en sectores de la actual costa venezolana, preludiando desde entonces la integración regional que ha tenido la península como puerta y sitio de paso de mercancías de múltiples procedencias y destinos.

Así, esta península fue escenario principal del tránsito de los "viajes de descubrimiento y rescate, a los de conquista y colonización". Fue en la Guajira donde se realizó la primera fundación en Tierra Firme —el efímero (un año) "Santa Cruz"—, levantado en su costa nororiental por Alonso de Ojeda en 1502 y echado a perder por las disputas internas de sus moradores y los nativos (aún no referenciados documentalmente como "guajiros").

Y a través de las áridas Sabanas de la Media y la Alta Guajira deambularon y fueron muriendo las gentes de Federmán, en la patética ruta desde el actual Maracaibo hasta el Cabo de la Vela, donde se habían puesto cita antes de decidirse a entrar por el oriente hacia el sur del continente...

Las tempranas industrias hispánicas de extracción de perlas (1519-1570) asentadas en la Costa de Paria, pronto se trasladaron hasta el Cabo de la Vela (1539) cuando se agotaron los ostrales de Cubagua, para dar piso a la fundación de Nuestra Señora de los Remedios del Cabo de la Vela, antecesora por dos años del actual Riohacha, también fundada por los "señores de canoas" de dichas pesquerías (47) .

Esos asentamientos y las actividades impulsadas por ellos (ganadería y extracción del palo brasil y comercio, especialmente) fueron la base de la institución hispánica en la península durante el siglo XVI, a cuyos finales se fundaría el otro polo urbano de Maracaibo (1569-1574).

Pero muy pronto se abrió al continente para nuevos descubrimientos y fundaciones, y la península quedó atrás, como espacio de contacto fronterizo entre las jurisdicciones hispánicas, los aborígenes no sometidos, y los navegantes de las nacionalidades europeas que se disputaban el "nuevo mundo".

Cada uno fue alternándose en el contacto con los aborígenes, y les fue ofreciendo sus propios recursos o experiencias políticas y culturales, que enriquecieron la resistencia de éstos, que también alternaba entre el intercambio pacífico y la lucha violenta, como correspondía a su naturaleza. diversa de grupos dispersos de horticultores, cazadores y recolectores, o agricultores y nacientes pastores.

La geopolítica del Caribe y de las Antillas durante la Conquista, la Colonia y gran parte del período republicano de Colombia y Venezuela, hizo que la península de la Guajira fuese un punto de referencia obligado para los poderes nacionales (monopolios comerciales, controles militares, rutas de navegación de las armadas hispánicas o de piratas y comerciantes ingleses, franceses y holandeses); para los contendientes en las guerras de independencia contra España; o aún para las facciones políticas de las guerras civiles, especialmente en Colombia (contrabando de armas, vías de escape o de retorno al país, escenario de batallas); pero también espacio de importancia política intermitente; y en ello los wayuu fueron factor a veces decisivo para los intereses de unos y otros, quienes los tuvieron muchas veces como aliados.

Los españoles dejaron la ganadería cimarrona de los primeros tiempos, y luego de las haciendas de las sabanas de Orino (en la Media Guajira), a merced de los wayuu, quienes primero la flechaban, pero muy pronto aprendieron a capturar y finalmente a pastorear, en un proceso que empezó desde finales del siglo XVI y duró prácticamente todo el siglo XVII...

Los ingleses y los franceses, como piratas en el Caribe, se aprovisionaron durante todo ese tiempo de sal, carne y cueros en los puertos naturales de la Alta Guajira, y dotaron a los wayuu de telas, armas de fuego y otras manufacturas europeas. Los africanos "cimarrones" de las haciendas del vecino Valle de Upar, se integraron a ellos y les aportaron su influencia ganadera y hasta sistemas de parentesco. Y los criollos contrabandistas o facciosos también les dieron armas, instrumentos de trabajo y tecnologías para la gestión de sus recursos pesqueros y ganaderos.

Los wayuu supieron aprovechar las intermitencias del acoso occidental, y la diversidad de intereses de sus agentes; y ofrecer sus propias intermitencias en el contacto, merced al carácter disperso de sus grupos. Y en su momento también supieron levantarse.

Diversos períodos de insurgencia generalizada (¿manes del sistema wayú de alianzas en los conflictos?) se sucedieron desde finales del siglo XVI, y exigieron a la administración colonial grandes esfuerzos, a veces combinando sus diversas jurisdicciones y recursos en América: más de una vez ejércitos formados desde Riohacha, Cartagena de Indias, Santa Marta o Maracaibo, se financiaron con fondos venidos desdes las cajas reales de Quito (!), y combinaron sus ofensivas con las de las misiones franciscanas y capuchinas, la justicia de Santo Domingo o de Santa Fe, y las expectativas y esfuerzos de colonos traídos especialmente desde España para poblar la Macuira o sus sabanas. Se trataba, como aún hoy piensan algunos, de "reducir a los guajiros", "pacificarlos" y colonizar la península. Pero estos se retiraban o daban frente parcial o total, según el caso, y mientras combatían contra los españoles en la Media y Baja Guajira, otros grupos comerciaban en la Alta con los ingleses... (48) .

Hubo períodos de intensa resistencia generalizada. En el primero de ellos los wayuu combinaron la lucha contra la expansión de la frontera colonial desde Riohacha y Maracaibo, con luchas contra algunos de los grupos aborígenes, en guerras que se prolongaron por casi veinticinco años (1593 a 1620):

"...la expansión de la frontera... convirtió a la región en tierra de guerra por las fricciones entre indios y españoles, entre las distintas parcialidades constreñidas en el uso ancestral de las tierras, y entre estos grupos y aquellos que habían sido sometidos a servidumbre. En el ánimo de los nativos estaba considerar enemigos irreconciliables a todos los que habían tenido relación con los españoles, a quienes no perdonaban, solicitando siempre venganza, sin olvidarla; y cuando la conseguían, su mayor triunfo lo manifestaban quemando sus poblaciones, quizás como un símbolo que borrase la existencia de la traición tangible. Por eso en cada alzamiento.., ningún español podía atravesar sus vecindades sin encontrar la muerte; los indios de servicio formaban parte del grupo enemigo, por lo tanto no existía diferencia entre ellos.

En este sentido se observó una unidad política confederada en prosecución de la expulsión de los hispanos, cuando estos avanzaron en procura de tierras y de mano de obra. Parcialidades distintas, pero con metas comunes contra los extraños, fueron los Guajiro, Calancala, Macurias, Eneal, Arubas, Aliles, Sapara, Atanare, Toa y Cocina...

No se apreciaron en las revueltas de 1593-1607 recursos de procedencia exógena, como eran las armas de fuego o armas blancas, aunque sí se observó interés por la toma de caballos y ganado, especialmente en los Guajiros, probablemente como medios de sustentación. El desequilibrio presente en los ciclos de recolección, caza, pesca y cultivo, así como el trueque habido entre las comunidades, alteró los medios de consumo tradicionales. El ganado robado suplió la falta de otras carnes de caza, y el ataque ocasional a los mercaderes con maíz, tabaco y otros artículos complementó la dieta de hambre que comenzó a experimentar la población nativa afectada por las fricciones.. " (49)

Para mediados del siglo XVII los "alzamientos" ya se reconocían desde la administración colonial como de predominio de "guajiros" o "cocinas", y se dieron con intensas jerarquizaciones entre los grupos de la península, y diversas alianzas y rupturas con los mismos españoles:

"Más que los Guajiros, los Cocina parecieron ser los grandes enemigos de los españoles. Contra ellos se emitieron cédulas y provisiones para lograr su reducción, mientras que a los Guajiros, levantados simultáneamente y habiendo puesto en peligro de despoblación a la ranchería de Perlas y a Riohacha, no se les emitió licencias que facilitasen su reducción-pacificación, como castigo a la insubordinación que mostraban (...).

Las experiencias de fundar poblaciones en sus predios habían fracasado, no contaba la gobernación con gente suficiente para hacerles frente, derrotar su fortaleza y enfrentar la aspereza de la tierra. Algunos grupos habían iniciado un movimiento migratorio en torno de Riohacha, poblándose allí y pidiendo bautismo, posiblemente como símbolo de paz y aceptación de la convivencia. Sin embargo, antiguas manifestaciones de ese tipo de acercamiento habían demostrado lo inverso: tales períodos de quietud vaticinaban próximas sublevaciones. Atacaban por sorpresa luego de haber ‘concertado la paz’ o provocaban al enemigo amenazándolo con las armas, robándole objetos y ganado (que posiblemente sellaban los términos de paz), escaramuzas que al morir algún indio hacían levantar las armas" (Ibid., p. 225).

Mucho más adelante, para mediados y finales del siglo XVIII, sostuvieron treinta años de guerra continua: entre 1760 y 1790 los intentos de colonización armada del gobierno colonial se estrellaron contra la resistencia de "los guajiros" (50) .

El siglo XIX fue en su mayor parte una gran tregua en las relaciones con los wayuu; y en su último período el auge de las exportaciones de dividivi, cueros y ganado empezó a conjugar los factores que harían del primer tercio del siglo XX un período decisivo para su destino actual (51) .

En él la zona de refugio tradicional terminó de estrecharse por el avance de las fincas ganaderas de Valledupar y Sinamaica, y el desdoblamiento agrícola y ganadero de Riohacha hacia el sur; así como de sus comerciantes hacia algunos puntos habilitados como puertos en la Alta Guajira, donde iniciaron un proceso de mestizaje con grupos de wayuu en la zona, y un control familiar compartido del territorio, para el comercio de contrabando que aún perdura...

Los capuchinos ingresaron a la Alta Guajira, aprovechando la invitación de algunos de estos comerciantes, e intensas sequías y forzadas migraciones wayuu que los obligaron a dejarles algunos de sus hijos como primera generación de internos en sus "orfelinatos".

Y entre los mismos wayuu y los Cocina hubo intensas fricciones, en lucha por zonas de la península estratégicas para la supervivencia de sus gentes (agua y pastos, especialmente el sur de la Guajira, en la región de Carraipía, para los primeros; zonas de caza cada vez más estrechas, para los segundos). Los wayuu habían venido incrementando sus rebaños, por las demandas centroamericanas y caribeñas (construcción del canal de Panamá, guerra hispano-cubana), que maduraron un sobrepastoreo nefasto al ecosistema de la Media Guajira...

Fueron guerras de varios lustros en las cuales se estructuraron cacicazgos reconocidos regional o nacionalmente en la época, fortalecidos por alianzas con los gobiernos centrales de las repúblicas vecinas, o con facciones de las guerras civiles de fines de siglo; y como consecuencia de la instauración de la explotación petrolera en el lago de Maracaibo (1920...), y del despoblamiento de las haciendas de la región, se generalizó la trata de los indios derrotados o expropiados de sus territorios, hacia esas haciendas.

Todos esos factores incrementaron los sistemas de competencia y adaptación de los grupos victoriosos, e intensificaron la asimilación o la dependencia de tecnologías foráneas; para dar un solo ejemplo, el fusil de repetición ingresó a la zona como un regalo a uno de esos caciques, el famoso José Dolores Arpushana, de parte de Rafael Reyes, presidente de Colombia (1903-1909), en agradecimiento a sus servicios en la recién pasada Guerra Civil de los Mil Días...

Pero también produjeron un desequilibrio definitivo en la economía tradicional wayuu, y estos se vieron obligados a incorporar en su esquema migratorio tradicional, las migraciones laborales hacia los centros urbanos aledaños...

Se inició así la división espacial entre una amplia zona de territorio mantenida como ancestral, en la Media y Alta Guajira, y los centros urbanos del entorno, cada vez más consolidados como tales.

El desarrollo de los ejércitos nacionales en ambos países fronterizos, haría que los wayuu sofisticaron sus alianzas parciales con los Estados respectivos, y desdoblaran sus controles y su poder militar hacia el dominio de las comarcas familiares, sin tener que realizar otra vez los levantamientos generales que tanta fama les dio a lo largo de los siglos... Quizás un buen ejemplo de estas alianzas modernas sea la estrecha relación que algunas de sus familias mantuvieron con el general Gustavo Rojas Pinilla, como se sabe presidente de Colombia en la década del 50 de este siglo, quien dotó todo el territorio de molinos de viento para proveer de agua las diferentes rancherías, que dieron aliento a los wayuu por varias décadas. Muchos de esos molinos aún perduran... y Rojas es recordado todavía...

La imagen de la fuerza wayuu, en todo caso, aún pesa en cada país, como factor de negociación y de respeto... En este sentido, no hay que menospreciar los desarrollos políticos que su ancestral sistema de alianzas ha logrado, pues muchos wayuu mestizos hacen parte de los respectivos establecimientos nacionales, lo cual influye en sus procesos étnicos, no siempre desfavorablemente, así sea a través de la vía familiar más estrecha. Muchos de esos mestizos ejercen sus roles políticos en y a nombre de los partidos políticos dominantes, generalmente en contra de los wayuu; y apenas ahora, con las reformas constitucionales y del régimen electoral colombiano, algunos empiezan a dar destellos de reivindicación global étnica, en una forma primaria, oportunista y sin convicción; pero quizás el terreno ganado por los wayuu que llevan una o dos décadas de trabajo en la recuperación cultural, y las luchas directas de los sectores tradicionales, como el de Manaure en torno de la sal, contribuyan a superar o a transformar esa precariedad y a llevarla por los nuevos caminos de la larga resistencia wayuu...

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44. Gerardo Reichel-Dolmatoff y Alvaro Botiva iniciaron los trabajos arqueológicos en la Guajira. Véase Ardila, Gerardo, op. cit., pp. 59-77. (regresar a 44)

45. Gerardo Reichel-Dolmatoff. Datos histórico-culturales sobre las tribus de la antigua gobernación de Santa Marta. Instituto Etnológico del Magdalena. Bogotá, Imprenta del Banco de la República, 1951. (regresar a 45)

46. Nina de Friedemann, "Guajiros, amos de la arrogancia y del cacto", en Herederos del Jaguar y la Anaconda, Bogotá, Carlos Valencia Eds., 1982, pp. 291 -335. (regresar a 46)

47. Demetrio Ramos, "Alonso de Ojeda en el gran proyecto de 1501 y en el tránsito de los viajes de descubrimiento y rescate al de poblamiento", en Boletín Americanista, Nos. 7,8 y 9, Barcelona, 1961, pp. 33-87; y "La gobernación de Coquibacoa y la fundación de Santa Cruz, primer asiento colonizador de los españoles en Sudamérica", en Actas del 34 Congreso Americanista, Viena, 1960. Viena, Ed. Verger, 1962, pp. 799-809. Para la historia de las perlas, ver Enrique Otte, Las perlas del Caribe. Nueva Cádiz de Cubagua. Caracas, Fundación John Boulton, 1977; y Socorro Vásquez y Hernán Darío Correa, "Relaciones de contacto en la Guajira siglo XVI: Wayuu y alijunas en las pesquerías de perlas del Cabo de la Vela", Bogotá, Colciencias-Universidad Javeriana, 1989. Informe final de investigación. (regresar a 47)

48. Petra Josefina Moreno. "Guajiros-Cocina, Hombres de historia 1500-1800". Caracas, UCV, 1983. Eduardo Barrera, "Los aborígenes wayuu del siglo XVIII", en Revista Lámpara, Vol. XXIII, cuarta entrega 1985; Tarazona, Alberto y Petra Josefina Moreno, Materiales para la historia de la Guajira. S. XVIII. Maracaibo, Universidad del Zulia, 2. 1. (regresar a 48)

49. Petra Josefina Moreno, op. cit., pp. 218-219. (regresar a 49)

50. Kuethe, Allan J. "The pacification Campaing on the Riohacha frontier, 1772-1779", en The Hispanic American Historical Review. Vol. L No. 3 The Duke University Press, august 1970. (regresar a 50)

51. René De la Pedraja. "La Guajira en el siglo XIX: Indígenas, contrabando y carbón", en Revista CEDE, Bogotá, Universidad de los Andes, 1981. (regresar a 51)

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