GEOGRAFÍA HUMANA DE COLOMBIA
Nordeste Indígena
(Tomo II)
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2.6.5 Creencias principales y el problema religioso hoy

Como se dijo atrás, el aspecto principal de las creencias wayuu se refiere a las relaciones entre la vida y la muerte, y las diferentes dimensiones que tiene cada una de ellas. Seres sobrenaturales y sobrehumanos actúan cotidianamente en la vida del wayú, y contribuyen al equilibrio cultural y ambiental de su reproducción social. Todas las actividades del wayú están regidas por este principio de convivencia con seres que le ayudan o le dificultan resolver los problemas de su vida diaria.

La naturaleza cambiante de la cultura wayú, y sus bases histórico-culturales de grupos de cazadores recolectores, han influido sensiblemente para que aspectos centrales en la vida religiosa de otros pueblos como el origen, no sean determinantes en sus creencias actuales ni en sus formas rituales.

En tal sentido, Maleiwa, especie de demiurgo en la tradición wayú, de poca influencia en la vida cotidiana, ha sido hipervalorado e instrumentalizado como Dios padre por los sincretismos religiosos cristianos, al lado de otra figura simétrica, que cumple el papel del mal en esa versión forzada e interesada del mundo sobrenatural wayú: yoluja o espectro del wayú difunto que aún no ha consumado su tránsito al más allá, el cual es interpretado como el diablo.

Entre los wayuu hay figuras sobrenaturales o sobrehumanas que más bien encarnan aspectos de otras oposiciones y dialécticas fundamentales, como las antedichas entre Juyá como generador, la fuerza de la vida, y Mma y sus expresiones diversas, como Pulowi (34) .

Pulowi es fuerza femenina que defiende la naturaleza; está asociada con la sequía y los vientos, y con lugares específicos de la península, que son su residencia; es presa ilusoria para el cazador o pescador demasiado efectivos y los hace a su vez víctimas suyas; es el mar embravecido, o el monte tupido y enmarañado en el cual se pierde el wayú desprevenido; es venado (Irama, Odocoileus virginianos) o mujer extranjera que seduce al caminante en la vigilia o en el sueño; y siempre está asociado a las entrañas de la tierra o del mar...

Otros seres también se vinculan a Pulowi como manifestaciones suyas: los akalakui, enanos de apariencia humana que atacan a los wayuu hasta matarlos; los epeyui o jaguares sobrenaturales, que producen enfermedades; marula, o seres pestilentes que emanan de los cadáveres; o los keeralia:

"El keeralia es como un fuego que habita la salina, tiene forma de lagarto y ojos de candela.
Cuando la tarde declina y el sol tiñe los playones de rojo, comienza el dominio del keeralia. Es mejor no andar extraviado en sus terrenos, sobre todo si se es mujer. El keeralia acosa a las mujeres para forzarlas. También acosa a los hombres con sus ojos de fuego para preñarlos. Si encuentra una mujer sola en la noche, el keeralia la penetrará.

Cuando el embarazo está muy avanzado, la mujer tiene una barriga enorme y no puede parir, entonces revienta con los hijos del keeralia, que son los lagartos, que son las culebras, que son las iguanas.

La mujer forzada por el keeralia muere.

A veces en las noches se ve un fuego que se mueve a lo lejos en la extensión de las salinas; son los ojos del keeralia que recorre sus dominios" (35) .

Por su parte wanulu en sentido masculino está asociado con Pulowi y se le identffica como su tío materno (recuérdese que su dimensión femenina alude a un tipo de enfermedad entre los wayuu); es el cazador, y los seres humanos extraviados o lejos de su casa son sus presas preferidas. Los ataca con flechas invisibles, hasta producir la muerte de su víctima; un silbido alto revela su presencia...

El Yoluja, espectro del wayú muerto, deambula por la península y mata animales y gente, los contamina, o los visita en sueños para darles consejos o pedirles compañía junto a su tumba. Su voz es escuchada de modo riguroso por el wayú...

De otra parte, los sueños son sagrados y cruciales en la vida del wayú. Por un sueño se hace un viaje, se cambia de lugar de residencia o se toma una decisión en el comercio, en el trabajo o en los destinos familiares. Son espacio de conversación con los muertos, y lenguajes altamente simbólicos para el wayú, quien los interpreta rigurosamente en asocio con los suyos.

En sueños los yoluja pueden aconsejar una decisión, o tomar medidas preventivas contra peligros naturales o enemigos, tales como hacerse a una contra o tomar un baño ritual; o aún, ritualizar una maldición contra alguien... (36) .

Finalmente, es importante señalar el actual problema religioso de los wayuu, en el sentido del avance de las tareas misioneras católicas o protestantes en su territorio, o de formas religiosas populares imperantes especialmente en Venezuela con cultos sincréticos como el de José Gregorio Hernández y María Lionza. Los agentes de estos últimos empiezan por disputar el lugar y las prácticas curativas tradicionales del Piache, y acaban organizando lucrativos y cínicos negocios de comercio con las creencias wayuu.

De las dos primeras, en cambio, las misiones católicas se remontan a tres siglos atrás, cuando los capuchinos empezaron a visitar la región con las primeras misiones, que fueron intermitentes y de presencia débil. Sólo hasta la primera y segunda década de este siglo pudieron entrar a la Media y a la Alta Guajira, donde instalaron dos "orfelinatos" (hoy llamados "internados"), con base en factores sociales, económicos e históricos diversos que hicieron viable su presencia (37) .

Esta combinó un proteccionismo indigenista (salvar niños de la sequía "y de la orfandad de Cristo y de padre..."; enseñanza del tejido moderno: "¡trajeron la cruz y el tejido punto de cruz!"), con una política deculturadora (prohibición de la manta o vestido tradicional de la mujer, del wuayuco del hombre, y del idioma; política corregida en los últimos dos años por los mismos capuchinos, quienes conservan la dirección de los internados y de otras escuelas del área). Todo ello hace aún hoy contradictoria su valoración por parte de los wayuu.

Las sectas protestantes, especialmente los evangélicos, han penetrado profundamente en algunas zonas especialmente suburbanas, a partir de la administración y reglamentación de la crisis espiritual de los habitantes de estos poblados. A manera de ejemplo ilustrativo, en Manaure, una población de escasos 8.000 habitantes, casi todos wayuu, hay 16 templos evangélicos... (y una sola iglesia católica, pequeña, financiada por la industria salinera). La poligamia ha sido freno a la reglamentación que estas sectas hacen de la vida personal y social (proscriben las bebidas alcohólicas y las fiestas). En las zonas ancestrales no hay iglesias, ni puestos de policía...

2.7 Diferenciación social actual, mestizaje y reproducción étnica

Los procesos de descomposición de la sociedad tradicional wayú, vividos en el primer tercio de este siglo, según lo mencionado atrás, desencadenaron agudos procesos de jerarquización y diferenciación social, a partir de la disponibilidad de recursos (rebaños y territorios), y la prevalencia en las relaciones con sectores de las sociedades nacionales, generalmente derivada de la localización privilegiada en relación con las áreas de expansión de las fronteras nacionales (38) .

Es tradicional entre los wayuu la división entre ricos y pobres; y hasta hace relativamente poco tiempo existió entre ellos la esclavitud como una de sus instituciones (39) . Hoy está extinguida, aunque aún se conserva la memoria de los últimos intentos por perpetuarla, como efecto de agudos conflictos entre familias (40) y se mantiene más bien la servidumbre, generalmente de parientes pobres.

"Económicamente la sociedad wayú es entonces extremadamente jerarquizada. Existen matrilinajes pobres y de tamaño reducido —algunas decenas de personas— mientras que otros cuentan con un gran número de miembros, cerca del millar, según parece, y acumulan una inmensa riqueza. Sin embargo, ningún sistema de grados ni señas, ninguna institución puede explicar este tipo de jerarquía. Algunas raras diferencias están ahí para reafirmarla: camisas de telas finas, sombreros comprados en el mercado... para los hombres más ricos. Vestidos de telas, joyas de oro... para las esposas y sus parientes... taparrabos para los más miserables...

La jerarquización y el espíritu de competencia, característicos de la sociedad wayú, se demuestran además claramente en su lenguaje: yaletaa, literalmente ‘estar suspendido’, es pertenecer a la clase más alta, formar parte de los más ricos, estar alto y grande en volumen, ser más importante que otros: ayoujirawaa, es comparar, apostar, entrar en competencia; ayoujawaa, es tratar de igualar a alguien; awannajiraa es querer compararse con las personas más ricas; alerajaa, kalera baa, es despreciar, menospreciar (los más pobres, menos pudientes, etc.)" (41) .

Otro aspecto de la diferenciación social, quizá más decisivo hacia el futuro, es el de los wayuu asociados de modo más o menos estable a los centros urbanos, y su relación con aquellos que permanecen en el territorio ancestral.

Es bueno decir que en todo caso esa relación está penetrada por la sólida estructura de parentesco, la cual se expresa de forma desigual en la respuesta que los grupos locales dan a las exigencias del desarrollo regional y a las influencias del proceso de urbanización... A nuestro modo de ver, esa respuesta expresa la lucha que actualmente se libra entre la reproducción étnica, la aculturación, y el control sobre cambios culturales dirigidos a mejorar la calidad de vida wayú de hoy.

Habría que hacer el estudio particular de los diferentes casos según la patria wayú en cuestión. Para no mencionar sino algunos aspectos, estos tendrían que tener en cuenta en la Alta Guajira, la profunda influencia urbana de Maracaibo; en la Media y otro sector de la Alta (Portete), el comercio hacia Maicao; o en la parte occidental de la península, casi toda relacionada con la sal, las determinaciones industriales y urbanas de Manaure.

A manera de ejemplo, para entender mejor algunos de estos problemas, podemos mencionar el proceso particular de diferenciación social que se está viviendo en Manaure por lo menos desde hace veinte años, alrededor de las explotaciones salineras en el área: mínimo tres sectores hoy claramente diferenciados se asocian a la sal: los wayuu del área de las ciénagas (aproximadamente 6.000), aledaña a la industria moderna, quienes asumieron una relativa especialización salinera con producciones familiares distribuidas según los patrones de residencia tradicionales; los wayuu urbanizados o mestizos (unos 4.000), quienes colonizaron un área de playa adyacente al entable industrial, y hoy producen sal de modo semi-industrial, con inversiones y cálculo económico de importantes dimensiones (por lo menos 80.000 ton. anuales); en este sector también se ubican los 150 wayuu asalariados y sus familias que trabajan en la actual Concesión de Salinas, algunos en segunda generación obrera (sus padres jubilados); y finalmente, los casi 3.000 wayuu procedentes de las sabanas de la Media y Alta Guajira, quienes se asocian estacionalmente (dos veces al año) al frente de explotación manual de la industria moderna.

Los primeros conservan en su territorio ancestral las costumbres cotidianas wayuu, y se han servido de los recursos salineros para reproducir algunas de sus formas de prestigio y de relación social, como la poligamia, según se dijo antes. Es bueno reiterar que esta institución supone disponibilidad de recursos para sustentar las alianzas y responsabilidades implícitas y subsiguientes al matrimonio. Los segundos, en cambio, ya asentados por dos generaciones en Manaure, han escolarizado a sus hijos, algunos ya bachilleres y universitarios, y han asumido formas de vida urbana sin perder en muchas ocasiones los nexos con sus núcleos familiares tradicionales. Los terceros, generalmente vinculados apenas a la citada explotación manual (a destajo y en pésimas condiciones de trabajo, que hoy los wayuu socios de la empresa que se creará, esperan contribuir a transformar positivamente), luchan entre la tradición y la descomposición, acuciados por el deterioro de las condiciones de vida en sus lugares de procedencia, generalmente aledaños a otros centros urbanos.

La reivindicación lograda por todos de acceder a una indemnización anual considerable, y a las utilidades de la empresa industrial moderna, habría echado las bases para un autorreconocimiento como pueblo wayú de todos, y de una recuperación cultural cuyos ejes ya han sido expuestos.

Otro caso es el de los wayuu en Maracaibo, casi todos anexados a la urbe en sus categorías sociales inferiores (sector informal). Sin embargo, importantes sectores wayuu han accedido en dicha ciudad a niveles sociales y culturales de clase media; y algunos han proyectado su desarrollo intelectual y profesional hacia la recuperación cultural wayú. Unos y otros mantienen vínculos especiales con sus familiares en el territorio ancestral, y cumplen diversas obligaciones con su grupo derivadas del parentesco, tales como la asistencia a los velorios familiares; la solidaridad en el acopio de recursos para el pago de indemnizaciones; o la movilización en el conflicto (42) .

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Parcela familiar y panorámica
de la charca Shorshimaana,
salinas industriales de manaure

En todo caso, los wayuu urbanizados han sufrido cambios culturales sensibles, tales como nuevas pautas matrimoniales en cuanto a la monogamia, la edad de los contrayentes, el albedrío de la mujer, variaciones en el cobro (algunos no lo aceptan —ella o él—, o se acepta dinero y no los pagos en especie), el rito católico, evangélico o combinación del primero con el rito tradicional, la filiación, etc.

Un problema subyace en los anteriores procesos: el del mestizaje. De modo general puede decirse que el avance de los frentes urbanos y de la actividad comercial en la Alta Guajira ha influenciado fuertemente sus prácticas matrimoniales, sobre todo en la última generación. Sin embargo, la sólida estructura de parentesco materno ha resuelto históricamente las supuestas consecuencias deculturadoras de alianzas con alijunas: el hombre móvil ha podido en un momento dado ser alijuna o extranjero, sin modificar grandemente los contextos familiares de socialización del niño y mucho menos de la niña.

Son más bien los ejes culturales de la reproducción del grupo wayú, los que permiten representarse la dinámica del mestizaje cultural, sin caer en el esencialismo biológico, o en el determinismo del mestizaje de la cultura regional o nacional como destino (43) .

Los wayuu, como se dijo, un pueblo en permanente transformación cultural, han sabido encontrar una y otra vez puntos renovados para su reafirmación étnica. Se trata de lo que Darcy Riberyro denomina como procesos de transfiguración étnica, en los cuales los cambios culturales relativamente controlados acaban configurando nuevas diferenciaciones frente al orden y a las propuestas de organización social dominantes en los contextos regionales y nacionales. En nuestro caso, si hace apenas cinco años aún eran sinónimos "guajiro y wayu ahora en ese terreno patronímico se ha venido produciendo una clara diferenciación en el terreno político y social regional y nacional, que para los viejos wayuu es antigua...

Hoy nos encontramos, evidentemente, tanto los wayuu como nosotros, en una encrucijada sociopolítica para las perspectivas de ambos en la península de la Guajira... Sobre ello se hablará al final de estas notas, pues para reconocerla es preciso representarse así sea de modo general, los antecedentes históricos de los wayuu frente a situaciones y encrucijadas similares...
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34. Michel Perrin analiza este supuesto aspecto "moral" de las oposiciones, y demuestra que su división no es tajante ni fija: Juyá, que fecunda... también mata con su rayo... El camino de los indios muertos, pp. 166-167. (regresar a 34)

35. Contado por Xiomara Uriana a Wielder Guerra. Transcrito por éste en su artículo sobre los apalaanchi ya citado. (regresar a 35)

36. Perrin, MicheL "La lógica de las claves del sueño. Ejemplo guajiro". En: Antropología y experiencias del sueño. Quito, Ediciones Abyayala, 1990, pp. 79-91. (regresar a 36)

37. Socorro Vásquez y Hernán Darío Correa, "Cambios culturales...", pp. 68-73. (regresar a 37)

38. Ibid. Además, Carlos Eduardo Jaramillo, Los guerrilleros del 900. Bogotá, CEREC, 1990. Capítulo "Los indios en la guerra". Cfr. más adelante, "La larga resistencia wayú". (regresar a 38)

39. Virginia. Gutiérrez de Pineda, op. cit., pp. 139-153. (regresar a 39)

40. Ilustrativo fue el caso de la mujer tomada como esclava por un viejo wayú ofendido, liberada por las mujeres de éste a sus espaldas. Sucedido a comienzos de los años 70. Información personal de Chayo Epieyú. (regresar a 40)

41. Perrin, Michel. "La Ley Guajira", op. cit., pp. 88-89. (regresar a 41)

42. Sobre los wayuu urbanos, ver Lawrence C. Watson, Conflicto e identidad en una familia urbana guajira, Caracas-Maracaibo, Biblioteca Corpozulia Universidad Católica "Andrés Bello", 1982. (regresar a 42)

43. Al respecto, ver Roberto Pineda "¿Dos Guajiras?", op. cit., quien desde su pionera y tradicional preocupación al respecto, hace varias preguntas importantes. Al respecto, cita a Socorro Vásquez en relación con la intervención a principios de siglo de varios mestizos caciques en conflictos entre clanes, y relieva el mestizaje implícito en sus apellidos hispánicos (González, Barros, Aguilar, etc.). Sin descartar otros casos en los cuales este fenómeno sí se dio, hemos descubierto que en muchos de ellos no se trataba de mestizos, sino de wayú que habían adoptado un alias alijuna, un nombre propio y apellidos occidentales, por razones de prestigio y estrategias políticas, ¡pero cuya descendencia se guiaba por la línea materna! No hay que desdeñar, tampoco, en el sentido en que ahora tomamos el problema, las influencias formales institucionales sobre cambios de apellidos, para registros oficiales nacionales (civiles y religiosos) de hijos de alianzas tradicionales... (regresar a 43)

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