GEOGRAFÍA HUMANA DE COLOMBIA
Nordeste Indígena
(Tomo II)
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2.6.2 Dos momentos centrales de la vida social: el matrimonio y el entierro

El matrimonio

Sigue siendo para el wayú uno de los dos momentos más importantes de su vida, por el prestigio que otorga tener la capacidad de realizar una alianza que supone tener disponibilidad de recursos y el apoyo de los suyos (el pago a la familia de la novia).

Este pago, tan malinterpretado por la mercantiización de las costumbres occidentales, reafirma la reciprocidad del principio de regulación social wayuu, y compromete en esa alianza la identidad de grupo que caracteriza a los wayuu.

Lo hace el tío en etapas que pueden durar hasta cinco años, hasta completar lo que se ha acordado, fijado a partir del prestigio del linaje en cuestión: ganado, joyas y piedras especiales (tuumas) y eventualmente dinero. Para el efecto, se recoge entre los tíos maternos, quienes apoyan a su sobrino; el primer pago lo recibe el papá de la mujer, en compensación por lo que él pagó por la mamá; los demás los reciben los tíos. Está vigente aún entre quienes viven en las urbes, así se casen por la Iglesia.

Los recién casados escogen el sitio de su primera vivienda cerca de los padres de uno u otra según las condiciones más o menos favorables (recursos, fuentes de trabajo, pastos, etc.), y posteriormente se dirigen a su residencia permanente, normalmente alrededor del apüshi femenino.

Los hijos son esperados pronto y son siempre bienvenidos: los niños porque serán apoyo en los conflictos, y las niñas porque garantizarán la continuidad del grupo.

Siempre se esperan varios hijos, y en la fase final de la preñez la mujer es acompañada por la mamá o la tía quienes la asisten en el parto, aún asumido prioritariamente en la ranchería, apoyadas por parteras que ayudan con masajes a la buena colocación de la criatura.

Colocan debajo de la madre arena fina y ella se dispone en cuclillas para dar a luz: así dicen evitar rasgarse; el cordón será cortado con tijeras, si las hay, o con una piedra. Como desinfectante se usa "la parte blanca" del excremento de una lagartija.

La madre estará tres días sin bañarse, acostada en el chinchorro, debajo del cual, como dentro de éste en una especie de saco, se coloca arena fina para que recoja el flujo; el saco se cambia diariamente. Durante el primer mes comerá mazamorra clara de maíz, y evitará comer carne.

El bebé dormirá en el chinchorro con la madre hasta los dos años y se le dará seno cada vez que lo pida; y dependiendo de la condición social de la madre, ésta dispondrá de una criada para que le ayude en las tareas de los primeros años.

El padre, entre tanto, atenderá a la consecución y permanencia de los recursos, y a sus otras mujeres si las tiene. La poligamia permanece como firme institución social y factor de prestigio, y ha sido un escollo para el avance de las corrientes religiosas evangélicas, de relativo auge entre los wayuu en los últimos años.

El apellido del hijo será el de la madre, pero las exigencias urbanas o religiosas han condicionado cierta generalización del uso del paterno, a través de los registros legales o religiosos, o de las exigencias laborales en el trabajo asalariado, las cuales sólo reconocen la primera mujer, siempre y cuando se haya legalizado esa unión por lo civil o religioso. En las uniones que aceptan estos condicionamientos, en el sector wayuu mas urbanizado, el número de hijos ha disminuido; pero de hecho permanece la poligamia, esta vez con uniones e hijos discriminados en relación con la primera, en el mundo urbano, no así en el mundo wayuu, donde la condición esencial para la legitimidad de una y otros, está en el pago de la madre, y en el prestigio de su linaje...

El entierro

Otro momento decisivo en la vida actual del wayú es el entierro, que está a cargo de las mujeres, quienes preparan al muerto: lo recogen, lo bañan y lo colocan en el atúd, cada vez más usado.

Los hombres asisten al velorio pero no tienen que ver con los preparativos, y mucho menos si el deceso fue por una acción bélica (entonces se entierra al difunto con el rostro tapado y cuanto antes, sin velorio y sin mirarlo). Es usual invitar al propio futuro velorio, como una muestra de máxima amistad.

El velorio se prolonga por varios días y en ocasiones semanas y excepcionalmente hasta por uno o dos meses, y todo el tiempo están los asistentes asentados en los alrededores de la ranchería del muerto, donde reproducen un entable básico de viaje wayú: cuelgan los chinchorros y las mochilas de viaje del grupo debajo de los árboles, e instalan una cocina al piso y acondicionan cerca los caballos o los vehículos, los chivos y eventualmente alguna mesa para jugar dominó y beber. Las mujeres repartirán el tiempo entre este entable y la enramada donde está el muerto, donde plañirán a veces tan ruidosa como auténticamente.

La familia aporta recursos para el velorio si el muerto es de escasos recursos; y si es rico el velorio será el momento para distribuir sus riquezas entre los asistentes, para ser recordado como alguien generoso y rico.

Aún es motivo de cobro el nombrar el muerto reciente; y si se hace inevitable hacerlo, es bien visto anteponer a su nombre, la expresión "el difunto".

El velorio es el momento del reencuentro del grupo familiar y de recordar luchas y sucesos pasados; se conversa largamente, se come y se bebe, se juega y se llora al muerto por parte de hombres y mujeres.

El cementerio es familiar, y como se dijo atrás, es el principal patrón de residencia en tanto define la adscripción territorial del grupo: se es de donde es el propio cementerio; el wayú es de donde va a ser enterrado...

Para el entierro ya es corriente usar el moderno ataúd; y también lo es el que asista un sacerdote y haga su propia ceremonia, lo cual acrecienta el prestigio del muerto y de la familia.

Una vez enterrado, suele continuar el velorio mientras se van retirando los deudos, y no son extrañas las competencias de tiro entre los hombres, con armas largas y cortas...

El segundo entierro se hace en múcura o vasija de barro, y supone el traslado hasta el cementerio familiar si el muerto no estaba allí. Entre uno y otro entierro se visita la tumba del familiar en los cabos de año, instalándose sus familiares durante varios días en la enramada que se tiene para el efecto en el cementerio. Hoy se empieza a visitar el cementerio familiar, el 2 de noviembre, día hispánico de todos los muertos...

Se podrían esquematizar, para ilustrar, las fases rituales que cumple la familia del difunto desde los instantes antes de la muerte, hasta su viaje definitivo hacia Jepira:

1. AA’jalajaa aa’in. En los últimos momentos del wayú la familia más cercana se reúne a su alrededor.

2. Outaa. Al morirse se deja el cuerpo aproximadamente durante dos horas. Es costumbre no llorarlo durante este tiempo, pues "no se debe apresurar su separación del seno de la familia".

3. O’oojiraa aa’ne’era. Más o menos dos horas después del fallecimiento, el difunto (Mulia’shi) es bañado por sus familiares más cercanos, en rigurosa privacidad. Luego se le viste como usualmente lo hacía en vida. Se colocan en la urna sus principales pertenencias, en especial su vestuario.

4. Suta wayu o’utusu. Es colocado entonces en la urna por los familiares más cercanos. La urna tradicional era de tronco de árboles (Patsua —especie olorosa— muy poco usada hoy). Posteriormente algunos utilizaron envoltorios funerarios (Cheii o manta especial del hombre wayú elaborada en telar propio, a veces encargada con bastante antelación —años—); o cuero de res (Pa’aata).

5. Alapajaa (o velorio propiamente dicho). En algunos casos las personas son invitadas expresamente o simplemente asisten al velorio porque desean expresar sus condolencias o acompañar a los familiares del wayú muerto. Es costumbre que estos visitantes, especialmente familiares, colaboren en el Ekiiraa y en atender a los asistentes al velorio.

6. Ekiira. Es todo lo que se consume en el Alapajaa por aporte de las amistades de la familia. Los familiares más cercanos se abstienen de consumir lo destinado para el ekiiraa; para ellos se preparan los alimentos en forma separada.

7. A’yalajaa. Las mujeres para llorar se cubren el rostro con un pañuelo largo y algunas personas usan un paño o pañuelo pequeño para ocultar el rostro; los hombres se lo cubren con las dos manos, el sombrero o un pañuelo pequeño. Generalmente las mujeres expresan su pésame llorando conjuntamente con los familiares del difunto.

8. E’kaa (entierro). Llevan el cuerpo hasta el cementerio. En muchos casos permanece en el sitio durante algunas horas. Todos se instalan en los espacios abiertos (enramadas cercanas, debajo de los árboles) donde se llora, se consumen alimentos, se conversa, hasta antes de sepultar el difunto.

9. Ojoitaa. Es el acto de enterramiento. La urna es colocada en la fosa; se acostumbra a prender cerca de la bóveda un tronco de un árbol, para iluminar el camino del muerto.

10. Asiruaa. Cuando el wayú es asesinado se realizan algunas prácticas muy particulares, entre las cuales: lo caminan, le amarran los pies, le colocan algunos objetos y pequeños animales, con el propósito de expresar rechazo al homicida y propiciar acciones en que el mismo difunto coadyuve.

11. Anaajawaa. Se refiere al segundo entierro. Sacar los restos de la urna y depositarlos con los de sus ancestros. Este acto es obligatorio e íntimo, y se realiza por un familiar allegado en las primeras horas de la madrugada. Posteriormente la persona que ha estado en contacto con los huesos (normalmente es mujer) es sometida a ritos de purificación (generalmente baños especiales).

2.6.3 Otros momentos de la vida social

Las visitas de los wayuu forman parte de la vida cotidiana, y se realizan por costumbre familiar, por enfermedad, el velorio, un nacimiento, negocios o como estación de viaje.

Cuando se trata de la visita implícita en el veraneo, que supone llegar hasta la ranchería de un amigo o pariente, la duración es mayor y supone cosas como la construcción de enramadas adicionales.

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Las fiestas son otra forma de la vida social wayuu, y se dan para celebrar acontecimientos como el matrimonio, el bautizo, el fin de un encierro de la majayula (joven), de la cosecha o de un trabajo (),yana’ma’ un buen negocio, un sueño, la curación de un enfermo, etc. Una de las principales, es la carrera de caballos, que permite desplegar los factores de prestigio del linaje (buenos animales y jinetes, recursos para las bebidas y la comida, buen grupo de parientes, etc.). Los niños jinetes son engalanados por sus tíos con gorros de lana, de colores; y los caballos lucen aperos especialmente decorados con motivos zoomorfos o con diseños especiales en los tejidos. Se corre en pistas especiales, que se hacen famosas por las competencias allí libradas (¡aún se habla de carreras de caballos, de jinetes y de animales famosos desde los años 30!). Hay baño especial para el jinete una vez ha cumplido su o sus carreras, realizado por una mujer de su grupo, en función del calor y del frío que le puede sobrevenir...

No se compite por un premio especial diferente al del prestigio y la fama del animal, del jinete, del dueño y del linaje. Las carreras duran varios días, y reúnen hasta cientos de personas venidas a veces de sitios alejados.

La yonna (más conocida en el medio urbano regional por "chichamaya"), o baile, realizado también por diversos motivos sociales, se acompaña con la kasha o caja o tambor redoblante hecho con maderas y pieles especiales, que imita temas como el paso del caballo, o el trote o vuelo de otros animales, y centraliza la fiesta. La danza, quizá la forma festiva más popular hoy entre los wayuu, simboliza la oposición fundamental entre las figuras masculina y femenina en la sociedad wayú, según lo dicho antes en este ensayo.

Se ejecuta en una pista (piouy) o espacio adecuado, amplio (unos veinte metros por veinte) en el cual el hombre, normalmente con un penacho de gala o karatsu recula frente a la mujer que lo asedia con pasos ligeros, ataviada con su manta y un chal largo llamado ko’usu ("el tejido que tiene un agujero") que le cubre la cabeza y llega casi hasta el suelo. Con el rostro pintado, ella simboliza la entraña terrígena desde la cual el hombre gira y da vueltas, y por la cual cae derrotado, ante la fuerza de la mujer, quien puede ir tumbando parejos sucesivos... causando el alborozo de los asistentes, y motivos adicionales para los cuentos y los comentarios que durarán meses e incluso años por toda la comarca.

Michel Perrin plantea significaciones más profundas en dicha danza, asociadas con la oposición fundamental entre Juyá y Pulowi (fuerza femenina asociada con la tierra, de la cual se hablará en el próximo acápite); esta connotación explicaría porqué la danza es a veces prescrita por el Piache, a partir generalmente de un sueño de alguno de los asistentes, o para conjurar definitivamente una enfermedad...

Durante las fiestas se consume licor y comida en abundancia (razones de prestigio y de hospitalidad así lo exigen); y se desenvuelve la vida cotidiana en muchos de sus sentidos normales: las mujeres colaboran con la preparación de los alimentos; los hombres matan los chivos para su consumo; aquéllas tejen y conversan, y en general se reafirma la vida social...

Los wayuu urbanos se debaten en la actualidad entre esas formas tradicionales de la fiesta y de la vida social, a las cuales no dejan de concurrir así sea de modo intermitente o esporádico, y las propuestas que su medio les hace: discotecas, música popular de consumo masivo, especialmente el vallenato, consumo de bebidas alcohólicas en bares (el wayú tradicional bebe en la ranchería), etc.; y asume festividades patrias o religiosas inexistentes para el wayú de la sabana...

2.6.4 El tejido

"Wareke es la araña, la única que enseñó a tejer a los wayuu.
Wareke siempre hace los dibujos antes de la primavera.
Wareke es una artesana, cuando amanecía ya tenía hechas fajas y chinchorros. Los wayuu se preguntaban cómo los había hecho.
Entonces ella empezó a contarles y ellos aprendieron.
Wareke enseñó primero a una sola mujer.
—Yo les enseño a tejer, si ustedes me dan un burro o una cabra—, dijo la mujer que aprendió primero.
Entonces los wayuu dieron sus prendas y collares.
Wareke se enamoró de un wayú y se fugó con él.
El la llevó donde su familia, y la madre del wayú le dijo:
—Toma este material para que hagas fajas.
Y Wareke se comió todo el algodón. De su boca salía el hilo ya torcido y preparado. Wareke tejía por la noche y al amanecer ya tenía una faja hecha.
Wareke observaba a los wayuu cuando tejían en el telar, entonces ellos decían: —Quítate, tú eres muy pipona. ¿Qué haces aquí, pipona?
Y ella decía:
—Si supieran ustedes lo que tengo en mis manos, que tengo los mejores diseños. Y yo se los voy a regalar...
Entonces Wareke y los wayuu se comunicaron para hacer lo que hoy día es Kannás (telaraña).
Wareke dijo a los wayuu:
—Ustedes creen que yo soy una cualquiera, vengo a observar que no han podido hacer lo que ustedes aspiran.
Entonces Wareke empezó a hacer un caminito con cada diseño y ellos entendieron, captaron y aprendieron.

Enseñaba a las muchachas que permanecían en el encierro, les pedía mucha atención, que no miraran para los lados, que no se distrajeran, pues ella no podía estar enseñando siempre.
Entonces wayú aprendió de Wareke" (32) .

Aunque el tejido conserva su entidad tradicional de prestigio social de la mujer, centrado en el valor de uso del chinchorro, eje de la vida social y personal wayú; en la implicación cultural de la complejidad de dicha artesanía (tiempo de trabajo; saber ancestral, etc.); y en la vistosidad de sus motivos (estética de contraste y recreación en los colores y el diseño, con la naturaleza y el entorno); esta actividad ha ido pasando poco a poco a ser una forma de ingreso familiar adicional, con la comercialización de esos productos en los centros urbanos cercanos y aún distantes como las capitales de Colombia y Venezuela, desde donde almacenes modernos las exportan... Estos productos son elaborados casi en su totalidad, con materiales modernos (hilazas e hilos industriales).

Algunos tejidos son realizados por hombres, tales como los aperos de los animales, el sombrero y unos bolsos o mochilas especiales, y la confección de las waireñas o zapatillas wayuu, además del tejido de las cercas, techos y corrales, realizado con maderas y elementos del entorno vegetal. Su saber no implica un aprendizaje especial o iniciación como la de la niña wayú: se realiza de hecho en la observación a los mayores.

El tejido no es una tarea de dedicación exclusiva en hombres y mujeres; es parte de los oficios cotidianos, aunque se simboliza su actividad, especialmente las mujeres, con el uso de una pulsera especial elaborada con palo de olivo y lana o algodón, que denota se está en proceso de elaboración o aprendizaje de un objeto como el chinchorro o una mochila. Dicha pulsera es al mismo tiempo una revelación del proceso, y una promesa de la disposición de llevarlo a buen término.

"Desde el punto de vista textil, encontramos que los tejedores wayuu han utilizado una amplia gama de técnicas en la elaboración de sus productos, que van desde las más simples hasta las más complejas estructuras, incluyendo procedimientos tan elementales como los de pasamanería —torsal, redes, cordones, nudos y trenzados— y más desarrolladas como las de telar —tejido plano, brocado—; y tejidos de estructura diversa y tubular.

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Es de suponer que las técnicas de pasamanería precedieron a las de telar, y el telar mismo, dentro de su rusticidad tuvo cierta evolución posibilitando la diversificación y perfeccionamiento de técnicas (...). Estas herramientas, técnicas y objetos tradicionales que hacen parte de la cultura material y tecnología wayuu, se han conservado casi intactas a través del tiempo; no obstante la influencia de elementos alijuna ha producido ciertos cambios en los conceptos y diseños, llegando a transformarlos y en ocasiones a reemplazarlos por completo, como en el caso del bordado de punto de cruz y del crochet, técnicas introducidas por los misioneros..." (Ramírez, Op. cit. p. 31.)

La cosmovisión wayuu, que encierra naturaleza y sociedad en un concepto de bienestar como el citado antes, cuyas relaciones son tan íntimas que los fenómenos naturales y sociales se definen mutuamente en sus diferentes estados, se simboliza de forma cotidiana en el atavío wayú: en los chinchorros, las mochilas, las fajas y los aperos de los animales.

Son diseños que repiten formas de la naturaleza (animales, plantas, órganos, estrellas, pisadas, rastros, etc.) o que recrean formas abstractas, estos últimos especialmente con base en combinaciones de colores.

Un inventario riguroso de los diseños wayuu, sería un inventario de la biodiversidad y de los recursos naturales de su ecosistema, además de dar testimonio de la vocación narrativa wayú. Para no dar sino algunos ejemplos, enumeremos:
Pulikeruuya (como la vulva de la burra); Molokonouutaya (como el caparazón del morrocoy); Pasatalo’ouya (como las tripas de la vaca); Siwottouya (como la huella que deja en la arena un caballo maneado); Jañuleky (como la doble cabeza de mosca); Iwouya (como las estrellas que anuncian la llegada de las lluvias); Jalianaya (como la madre de Kannás); Jime’uya (como el ojo de pescado); Ulumaya (como el comején); Pa’ralouas (que está encima uno del otro); Shichirujuna paa (como las narices de la vaca)
(33) .
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32. Ramírez, Marta, "Tejidos wayuu. (Investigación desarrollada en la Alta Guajira, para Artesanías de Colombia). Bogotá, noviembre de 1986, 400 p. Relato transcrito en las páginas 34-35. (regresar a 32)

33. Ramírez, Marta y Rojas, Héctor. Arte wayú, Bogotá, Intercor, julio de 1990, p. 11.

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