GEOGRAFÍA HUMANA DE COLOMBIA
Nordeste Indígena
(Tomo II)
© Derechos Reservados de Autor

2.0 LOS WAYUU ( * )

Pueblo de pastores y de pescadores, aún combina estas actividades con la caza-recolección y la horticultura, heredadas de sus antecesores prehispánicos. Junto a ellas, el comercio, los tejidos, eje de las actividades domésticas; la cerámica, cada vez más en desuso; la explotación de la sal y de algunos otros recursos naturales como el yeso y el talco, y el trabajo asalariado, completan el panorama de sus actividades económicas.

La pesca y el pastoreo son los ejes socioeconómicos respectivos de los dos sectores tradicionales principales de la sociedad wayú. El otro gran sector tradicional, prácticamente extinguido desde el primer tercio de este siglo, lo constituyeron grupos de cazadores-recolectores que no adoptaron el pastoreo y se refugiaron en las formaciones montañosas de la Media y Alta Guajira. Eran los denominados Kusina o Cocinas.

Los pescadores, o "playeros", que en realidad combinaron esta actividad con la recolección costera, fueron siempre mirados por los pastores como de una categoría social inferior, y de hecho construyeron su propia cosmovisión actual a partir de la cosmovisión pastoril (las especies marinas como rebaños; las Pulowi de mar a semejanza de los de tierra, etc.) (10) .

2.1 Aspectos centrales de su organización social

"Los primeros wayuu y sus clanes surgieron todos de Wotkasainru, una tierra en la Alta Guajira. Fue Maleiwa quien los fabricó. Eso es lo que dicen los ancianos.

Maleiwa hizo también los hierros para marcar cada clan y distinguirlos: uno para los Uliana, otro para los Jayaliyu, otro para los Uraliyú... Hizo uno para los Ipuana, otro para los Jusayú, otro para los Epieyú, otro para los Sapuana, otro para los Jinnú...

Luego Maleiwa repartió el ganado:

—Estos serán vuestros animales, dijo a los Wayuu. Puso entre sus manos cuchillos. Distribuyó machetes.

—Las armas serán para matar gente, esto para cortar y preparar el alimento de ustedes.

Les dio también una pala:

—Con esto trabajarán para su mujer, para su madre y para su suegra. Ustedes se ocuparan de los vivos desde su más tierna infancia. Su madre les criará. Acuérdense bien de lo que vengo de decir, dijo Maleiwa.

Entonces Maleiwa repartió a los Wayuu, como ahora se distribuyen las ovejas al salir del corral: uno por aquí, otro por allá... Condujo a cada uno a los que iba a ser su tierra, como se hace hoy con los pasajeros de un camión. Así es como puede decir hoy un wayú dónde nacieron los antepasados de su clan.

En sus orígenes, los pájaros también eran wayuu, pero se quedaron atrás
estúpidamente cuando el reparto entre los clanes. Entonces Maleiwa les retorció las piernas, y se las puso hacia atrás. Ahora están vinculados a nuestros clanes: el alcaraván pertenece al clan Sapuana, la perdiz al clan Wouliyú, la avispa al clan Siijuana...

Zamuro, un wayú muy presuntuoso, y de piel oscura, se precipitó detrás del rey zamuro, su abuelo. Se encontraron una vaca tendida en el suelo, muerta. Halcón-Caricare se unió a ellos.

Chi, Chi, Chi... delicioso, delicioso, decían, picoteando las tripas de la vaca por el ano y arrancándole los ojos.

—¿Qué estarán comiendo?, gritó Maleiwa disgustado.

—¡Así se quedarán! Dijo. Comerán carne cruda.

Ahora caricare es Ipuana. Zamuro es Arpushana, y rey zamuro es Epieyú...

Un día el perro, muy ebrio, se precipitó sobre una carne cruda, no despedazada. Ahora pertenece al clan Jayaliyú. La culebra picó y después chupó con la boca.

—Así seguirá, dijo Maleiwa. Hoy en día la culebra es Uraliyú. Maleiwa no dio cuchillo a ninguno de los animales. Solamente se lo dio a los que hoy son hombres" (11)

231.jpg (8627 bytes)

Una vez más la cosmovisión originaria wayú se recrea con elementos de la modernidad. Lo interesante ahora sería destacar de nuevo la fuerza mítica de las relaciones de los diferentes reinos naturales con el mundo cultural wayú, diferenciados por Maleiwa al entregar cuchillo sólo a los hombres; y hablar sobre la división social de los wayuu en clanes.

Es ya una tradición etnográfica reconocer los treinta o más clanes o sibs ("castas" en el lenguaje local) wayuu y sus vínculos totémicos, y distribuirlos por la península otorgando una integración social amplia a series de parientes uterinos a los cuales la historia wayú misma ha venido adscribiendo a determinados territorios, y enlazando matrimonialmente de manera compleja (12) .

"Actualmente, los clanes o sibs no están localizados y se les encuentra diseminados por todo el territorio. Los miembros de un clan, por ejemplo, comparten el mismo apellido, pero la mayoría de las veces estas personas que comparten un mismo apellido no son parientes entre sí y están asociados a territorios diferentes, y no es cierto que toda la gente de un mismo apellido intervenga de modo significativo en la vida de cada uno de los que tienen igual apellido... Hoy en día los clanes (en sentido amplio) no conforman territorios propios y han perdido importancia sociológica y política. Sin embargo, esto no implica que en otro tiempo sí —sic— existieran tales divisiones" (13) .

"Actualmente todos los de un mismo eiruku (o de la misma carne o matri-sib) no se reconocen forzosamente como apüshi, es decir, como parientes matrilineales en el sentido estricto de la palabra. La diversidad de los animales totémicos según las zonas geográficas traduce el fenómeno: los Uliana se dividen en Uliana asociados al jaguar (Uliana-kalaira), al gato (Uliana-muusa) o al conejo (Uliana-at’pana). Todos se consideran como parientes lejanos, pero ninguna actividad les une. Incluso pueden ser enemigos (14) .

Míticamente los wayuu proceden de la Alta Guajira, donde se sitúan casi todos los cementerios familiares de origen, y adonde aún se dirigen muchos a realizar el segundo y definitivo entierro del difunto; y siempre ese cementerio define el asentamiento ancestral de un núcleo familiar determinado, que reconocen como suyo sus familiares que han vivido y permanecido en la Media o Baja Guajira por décadas. Pero la complejidad "de las redes genealógicas y maritales mejor que los linajes corporativos", constituyen un mejor instrumento para "hacerse una idea de los grupos sociales y de la acción social entre los guajiros" (15) :

"Las unidades que funcionan en el seno de la sociedad wayú hoy en día son mucho más pequeñas. Más allá de la familia nuclear matriocal en la que el hombre, si es polígamo, puede periódicamente estar ausente, la unidad más pequeña es un conjunto de tales familias. Estas viven a menudo en regiones bastante cercanas y están unidas por lazos de parentesco matrilineal a un ancestro común muerto o vivo situado a una distancia de dos o tres generaciones con respecto a un adulto joven. Además de los criterios de parentesco —necesarios pero no suficientes— el matrilinaje se define como una relación a una figura dominante: el alaula. Este término, traducido a veces por ‘cacique’, es fuertemente polisémico. Designa primero al tío materno, pero quiere decir también ‘viejo’, y por extensión, ‘jefe’ " (16)

"El sistema de parentesco es clasificatorio de tipo crow, donde los primos cruzados matrilineales se diferencian de los primos cruzados patrilineales, y los primos paralelos de ambos lados pertenecen al mismo grupo y reciben la misma denominación. La madre, el padre y los hijos conforman el núcleo del sistema guajiro de parentesco... Los individuos que comparten este vínculo genealógico por la carne son apüshi, parientes uterinos. Con el padre y sus hermanos se comparte la misma sangre, mas no la carne, y se designan como oupayu, que corresponde a los parientes uterinos del padre" (17) .

Los wayuu conforman vecindarios y a partir de ellos una patria wayú (o sistema de vecindarios) como punto de referencia espacial para los apüshi o los oupayu.

Dichos vecindarios, donde residen familias extensas de hasta 300 miembros, son un sistema de rancherías que albergan unidades familiares de parientes uterinos, conformando un grupo de residencia definido por un cementerio, una red estrecha de cooperación y el derecho de acceso a una fuente de agua local. Adicionalmente la territorialidad se define por la adyacencia a un recurso natural determinado, como una ciénaga, una salina o un yacimiento de talco o de yeso, entre otros.

Estos sistemas de parentesco y patrones de residencia vertebran el sistema de conformación de las relaciones sociales wayuu, que carecen de centralismo político y estructuran sus formas de representación de manera local, a partir de la serie de parientes uterinos.

234.jpg (6438 bytes)

Normalmente ubicadas a varios minutos de distancia a pie entre sí, cada una de estas rancherías (o piichipala) consta de un área social (o enramada) de cuatro, seis y hasta ocho postes extraídos de árboles locales como el trupillo (Prosopis juliflora), el caujaro (koushot, Cordia alba), el palo brasil (jata, Haematoxilon brasilato) o el Uraichi (Tabeuia serratifolia), cuyo techo normalmente es confeccionado con el corazón del cardón o Yotojolo (Yusú, Lemaireceus griseus), madera de gran resistencia y versatilidad térmica —fresca de día y cálida de noche—; una vivienda-dormitorio cerrada por paredes de bahareque, con una o dos pequeñas ventanas, una puerta y techo de dos aguas, también en Yotojolo; una cocina-enramada semicerrada por una empalizada generalmente de cactus para protegerla del viento y de los animales; uno o dos corrales; un pozo o casimba, y/o un jaguey (o depósito natural de aguas lluvias), un molino de viento o una alberca donde recolectar agua traída en carro-tanque; y un cementerio familiar. Actualmente los materiales tradicionales de las rancherías aledañas a los centros urbanos empiezan a combinarse, a veces de modo absurdo por las condiciones climáticas, con zinc para los techos; o cemento en las albercas...

Es excepcional que en un conjunto de rancherías como el descrito, se encuentren construcciones occidentales como escuela, centro de salud o puesto de policía; y cuando las hay, son de una sola planta, generalmente de unos pocos metros cuadrados, y techo de zinc...

Existe una correlación ecológica entre la distribución de estos vecindarios y el bosque guajiro, que como se dijo, alterna sectores densos con matorrales y rastrojos, según la escorrentía subterránea o superficial.

Los wayuu complementan su patrón residencial con por lo menos una ranchería alterna para usar durante el verano, en la cual reside generalmente un núcleo de la misma línea de parientes uterinos. Este sistema polirresidencial define, por su parte, un esquema migratorio familiar de por lo menos dos traslados al año, generalmente desde la Alta y Media Guajira, hacia la Baja o las inmediaciones de los centros urbanos; y el retorno con la estación de las lluvias.

Ahora bien,

"las redes matrimoniales y genealógicas constituyen las categorías más adecuadas para hacerse una idea de los grupos guajiros: grupos residenciales, grupos de trabajo y grupos de disputa" (18) .

En efecto, además del grupo residencial, los wayuu se reordenan desde el mismo parentesco según otros dos órdenes de relaciones: de trabajo, y de disputa, de acuerdo con atribuciones diferenciadas de obligaciones y derechos a las diversas clases de parientes.

En el primer caso, los grupos de trabajo se conforman cuando se asume una tarea colectiva como la construcción de un corral, de una casa, o la preparación del terreno para el cultivo estacional; en ella generalmente se apela a los hijos paternos (sin excluir a los vecinos eventualmente vertebrados por línea materna), a través del yana ‘ma’ o trabajo en conjunto para el beneficio de alguno en particular, el cual ofrece la comida y la bebida durante la jornada.

Los grupos de conflicto o disputa también se vertebran generalmente por linea materna, sin descartar su posible articulación por la vía del Oupayu (19) .

Se trata de la concurrencia familiar para responder por obligaciones contraídas por alguno de sus miembros ante ofensas o daños infringidos a otro grupo, o para proceder al cobro por daños u ofensas recibidas. Y en casos extremos, para librar la guerra o acción vindicativa del daño recibido y no reconocido.

Como se verá luego, la combinación entre ese tejido familiar y el patrón de residencia, establece las bases de todo el sistema de control territorial y de regulación social.

Finalmente, una fuerte jerarquización social y sistemas de prestigio consolidan la organización social wayú, a partir de la actividad socioeconómica principal: el pastoreo.

"La crianza de bovinos, caprinos y ovinos es el principal recurso wayú. La horticultura, la caza y la pesca son hoy en día residuales, mientras que el contrabando y los empleos asalariados y aleatorios que tienen tendencia a desarrollarse siguen siendo secundarios. La ganadería, introducida poco después de la conquista española, se extendió progresivamente a todo el territorio guajiro. A fines del siglo pasado estaba más o menos generalizada excepto según parece en la región de la sierra kusina, donde se desarrolló después. El ganado se destina al consumo y al mercado, pero es a un tiempo un bien de prestigio que es bueno acumular. Anteriormente los caballos y las mulas eran junto con los bovinos, los animales más apreciados. Ahora los primeros han desaparecido prácticamente. Los wayuu más ricos compran en la actualidad camiones y camionetas. La propiedad es de todo el linaje pero también individual. Hombres y mujeres poseen cada uno sus animales. Se comienza a darle animales en propiedad a los niños desde muy corta edad. Los rebaños generalmente se reparten en varias regiones del territorio, donde son cuidados por miembros del matrilinaje o afines. Es una precaución que limita los robos por venganza y también los efectos de la sequía. Los animales de un rebaño son marcados con hierro con una señal que representa el linaje, pero no impide que además cada uno de sus miembros reconozca los suyos y pueda disponer de ellos en la vida cotidiana: por ejemplo, para vender algún animal en alguno de los cuatro o cinco mercados que se encuentran en los pueblitos fronterizos de la zona indígena. Se dice que ciertas familias nucleares poseen varios miles de cabezas de ganado, lo que representa una hazaña en esa región semidesértica. Para un individuo de la sociedad tradicional, el tamaño de sus rebaños es, junto con la posesión de ciertas joyas, la más grande señal de prestigio. Pero uno no puede hacerse rico si no pertenece a un linaje ya rico y grande. Pues es la pertenencia al linaje lo que primero determina la posición social. Es sólo en segundo lugar que el éxito individual distingue entre sí a los miembros de un mismo linaje" (20) .

Todos estos sistemas de relación social están sustentados por profundas creencias y sistemas de valores, en los cuales las correlaciones entre la vida y la muerte, sus concepciones y sus ritos, cumplen un papel fundamental.

239.jpg (8524 bytes)

Los velorios y los entierros propiamente dichos son uno de los momentos fundamentales en la vida del wayú, que se proyecta después de muerto en forma de Yolujaa, o espíritu visto sólo por los niños, los perros y los burros, pero sentido por todos; y con algunas de las prácticas funerarias se trata de propiciarle o de prevenirle ritualmente tal o cual acción pendiente en relación con los vivos, parientes o enemigos (21) . Sólo hasta después de su segundo entierro, el difunto abandona su actividad sobre la tierra.

El velorio, del cual se hablará más adelante, además de ocasión de acompañar al difunto y de relievar socialmente la relación con él, lo es de llorar en público; de reencontrarse con el conjunto de parientes y aliados, y de redistribuir la riqueza del difunto.

2.2 Cosmovisión, ecosistema y economía tradicional

"Esta es la historia del chivo. Cuando la cabra hacía Mee
—¿qué será eso?— en tiempo de invierno salian. Cada que llovía salían, se escondían. El chivo macho soñó que lo vio y lo conté.

Le dice en sueños:
—Tú me has visto, yo vine a traerte la riqueza; cada vez que salían del mar venían era a coger sal a la tierra porque ella se la quería entregar.

Entonces le dijo una persona en el sueño:
—Te voy a regalar mi riqueza. He venido yo a traerte mi poder, le dijo.

Le dijo así:
—Ahora tienes que hacer para que no te enfermes y para que vivas bien, para que seas rico.

Entonces le puso a hacer un corral, como una trampa por todo el camino por donde salían. El dueño le dijo:
—Tienes que hacer un corral, tienes que meterle ahí.

Fue como una trampa que les pusieron cuando ya los chivos iban saliendo. El corral era alto, les daba por aquí (la barbilla), y amaneció y los chivos encerrados. Los chivos como estaban, eran de agua, entonces le dijeron que tenían que hacer una enramada, un corral angosto pero largo para que no se ahogaran con el sol, porque como eran de playa se ahogaban y eran pelones, no tenían pelo y entonces con el sol les iba saliendo pelo. Tenían que cuidarlos en la noche. Entonces le dijo que hicieran otro corral allá en su ranchería. Ya entonces ya venía la gente y conocieron la gente. Así fue la historia del chivo, eran del mar y se salieron del mar" (22) .

Este relato sobre el origen del chivo vincula su salida del mar, de donde procede, con la estación de las lluvias, esenciales a la reproducción del orden cultural wayú. Asociado con la riqueza y con el bienestar, el chivo es aquí el fruto de la conjugación de la estación de invierno; la prodigalidad de la tierra, que en este caso otorga la sal; y la acción del wayú, guiada por un sueño y dirigida a canalizar el ganado hacia otro corral, "allá en su ranchería, a donde ya venía la gente...".

Juyakai (el que llueve), fecunda a Mna (la tierra), y recrea la vida del wayú; Juyá es masculino, móvil y errante por la península, polígamo, pues fecunda aquí y allá a la tierra; es como los hombres wayú. Mma es única, fija y adscrita a un lugar, la ranchería, como la mujer wayú. Ambos son figuras prototípicas de un esquema de relación que simboliza y condensa la complejidad del parentesco y la organización social wayú, cuyo soporte central, a nuestro modo de ver, está en la profunda correspondencia entre las fuerzas naturales y culturales.

Los wayuu combinan residencias y actividades tradicionales según las estaciones y la diversidad ecológica de la península, siempre bajo un concepto que se deriva del sentido de bienestar, en el cual los sueños son guías esenciales para la existencia. Hace aproximadamente siete años se presentaron entre los wayuu una serie de sueños, y con ellos innumerables llamados de tambor por toda la península, alertando a las comunidades por el mal síntoma de las sequías (dos años sin llover): ellas revelaban que los wayuu estaban abandonando sus tradiciones, no bailaban la yonna ni respetaban a los tíos, y estaban cambiando de hábitos religiosos (avance de los pastores evangélicos), alimenticios y medicinales.

Juyakai no estaba cumpliendo con sus deberes; y Mma estaba perdiendo su fecundidad... Los sueños convocaron a reencauzar a los wayuu por sus mejores tradiciones, y así volvió a llover... y con la lluvia se recuperaron las bases del bienestar natural y social.

El aspecto central a relievar es precisamente el tejido de variados elementos naturales y culturales; la permanente combinación de actividades socio-económicas; reciprocidades derivadas de los sistemas de parentesco; cosmovisión y diversidades ecológicas propicias. Seres sobrenaturales como Pulowi, manifestación diversa de Mma, actúan y "hacen sus cobros" a los wayuu que usan los recursos naturales (cfr. más adelante, acápite sobre las creencias).

Todos esos aspectos explican los aciertos fundamentales en el sistema reproductivo social wayuu: El carácter disperso del poblamiento wayú en un medio natural semi-árido; la forma localizada como han sabido resolver el abastecimiento de agua y la reproducción de los grupos familiares; y el ordenado uso comunal de las sabanas de pastoreo y de los mismos recursos naturales —se pide permiso a los adscritos a un lugar, para pescar o recolectar un recurso allí localizado, y es una especie de deber concederlo.

Con esa lógica los wayuu tejen todo: sus cercas y sus mochilas; sus techos y sus reciprocidades; sus alianzas y sus chinchorros; sus sueños, sus actos y las acciones de la naturaleza (23) .

__________

* Como se habrá podido percatar el lector, para el genticilio wayú utilizamos en este texto la forma plural del wayuunaiki (-yu, en este caso abreviado) incorporada al español. Al respecto, ver la gramática citada al final, entre otras. (regresar a *)

10. Guerra, Wielder, op. cít. (regresar a 10)

11. Relato contado por Simón Epieyú a Michel Perrin, el 23 de septiembre de 1969 en Aulejemerai (Guajira venezolana). Tomado de: Michel Perrin, Los Guajiros: La palabra y el vivir. Caracas, Fundación La Salle, 1979. (regresar a 11)

12. Al respecto ver Jean Cuy Goulet, "El universo social y religioso guajiro", en Revista Montalbán, No. 11, Caracas, 457 p. (regresar a 12)

13. Otto Vergara, "Los Guajiros", en Introducción a la Colombia Amerindia, Bogotá, ICAN, 1990. (regresar a 13)

14. Michel Perrin, "La ‘Ley Guajira’. Justicia y venganza entre los guajiros", en Revista Cenipec, 9, Mérida, Venezuela, 1984-85, pp. 83-118. (regresar a 14)

15. Goulet, op. cit., p. 13. (regresar a 15)

16. Michel Perrin, op. cit., pp. 85-86. (regresar a 16)

17. Otto Vergara, op. cit., p. 33. (regresar a 17)

18. Goulet, Jean Guy,op. cit., p. 141. (regresar a 18)

19. Goulet, op. cit., pp. 245 y ss. (regresar a 19)

20. Michel Perrin, op. cit., p. 87. (regresar a 20)

21. Un difunto puede ser enterrado entre otras posibilidades junto con las garras de un tigre, cuando ha sido asesinado, en función del pronto cumplimiento de su venganza (información personal de Chayo Epieyú). Sobre la magia entre los wayuu, ver: Roberto Pineda, "Aspectos de la magia en la Guajira", en Revista del Instituto Etnológico Nacional, Vol. III entrega 1a., Bogotá, 1947, 162 p. (regresar a 21)

22. Narrado por Coronel Pushaina a los autores, en junio de 1991. Traducción textual de Chayo Epieyú. (regresar a 22)

23. Ver Alberto Rivera y Liliana Villegas. Iiowya, la Guajira a través del tejido. Bogotá, Intercol 1982, 165p. Sobre la relación de los wayuu con sus ecosistemas no todo es idffico: el sobrepastoreo, suscitado por complejos procesos derivados del contacto regional, y ahora de los procesos urbanos e industriales, han convertido a muchos de ellos en cómplices del deterioro del medio ambiente (desertificación). Razón de más para plantearse la recuperación cultural, íntimamente ligada a la del eco-sistema... (regresar a 23)

CONTINUAR

REGRESAR AL ÍNDICE