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8.4
El reingreso a la vida cotidiana
La mañana del
vigesimotercer día de fiestas se dedicó a la representación de otras danzas. Estas
estuvieron presididas por Santos, quien bailó al son de los carrizos, las maracas y
tambores. Los hombres que acompañaron a Santos en la danza estaban ataviados con
pañoletas que utilizaban para imitar el vuelo de la cataneja y como tales se
movieron alrededor de la plaza como si estuvieran "volando" con los brazos en
alto sobre la cabeza, sosteniendo las pañoletas. Luego hizo su aparición "la
culebra", una fila de serpenteantes hombres que imitaban a la venenosa culebra rabo
de ají, su cola roja representada por un hombre que portaba una tea encendida, en tanto
los demás hombres tocaban pitos para imitar el sonido de la culebra. Al disolverse
gradualmente la culebra, otra se formaba, y mientras esto sucedía, don Juan y Santos
encabezaron una fila conformada por mujeres y niños acompañados por el tamborero. La
culebra serpenteaba alrededor del teatro, y a medida que se volvía más amplio el
círculo, la culebra crecía cada vez más. Una vez se deshizo el círculo, la culebra
empezó a enroscarse alrededor de la cruz de la plaza cuando dos
"policías" con escopetas entraron al escenario para darle muerte a la serpiente
que representaba a Hiséi. Una vez que la "culebra" murió, los vasallos se
tiraron al piso y permanecieron ahí tirados, como muertos, por unos momentos. Muerta esta
primera serpiente, otra se formó y de nuevo le dieron muerte. Siete variedades de
serpientes se representaron y a las siete se les dio "muerte": a la culebra
amarilla, a la morada, a la blanca, a la negra, a la roja, a la verde y a la pintada o
"boquidorada".
Más tarde una cadena de
hombres y niños bailaron la danza del mono machín, al que le ofrecieron
plátanos, maíz y trozos de caña de azúcar pues al machín le encantan estas
comidas. El "dueño" de estos cultivos seguía a los bailarines, y una vez vio
los estragos que el mono causaba, soltó a los perros para que espantaran al dañino
animal. De nuevo los niños representaron a los perros que ladraban, y fueron a perseguir
al mono. Esta danza se repitió por cinco veces consecutivas.
Entre tanto, dos grupos de
mujeres, cada uno presidido por la bailarina principal, bailaron al son de sus tambores,
en cada uno de los extremos del escenario. Más adelante cada grupo formó una fila que
avanzó hacia el centro del escenario encontrándose con los hombres que danzaban, y una
vez llegaban hasta ellos, se retiraban de nuevo a su lugar de origen, repitiendo el
esquema varias veces. El jugetón Manuel, entre tanto, continuó representando el papel
del colono, poniendo todo su empeño en arreglar las inexistentes peleas entre los
vasallos con su hoja de papel. A lo lejos, como era costumbre cuando el delirio de la
multitud llegaba al máximo, se escuchaba el tañido de las campanas de la iglesia, como
queriendo competir con la música que tocaban los músicos en el escenario el
chirrinche y el guarapo fluían sin diques entre la concurrencia.
Al término de la danza
anterior, se organizó otro baile representando al mono machín: los hombres y niños con
sus silbatos, ofrecían al mono racimos de aguacate, plátanos y caña de azúcar. Los
bailarines representaron el baile conforme al día anterior, pero en esta ocasión las
mujeres se unieron a la cadena portando una vara con manojos de plátano que colgaban. Los
productos se descargaron y apilaron lentamente, continuando los bailarines su camino hacia
la cruz de la plaza. Una vez llegaron a ésta, la larga cadena empezó a enroscarse
alrededor de la cruz. A medida que la espiral se hizo cada vez más amplia, los
"policías" hicieron su aparición en el escenario para matar al mono y
todos los vasallos se tiraron al piso. La danza se representó tres veces, y los productos
se acumularon en una gran pila a medida que éstas se realizaban. Cuando terminaron, al
máma don Juan se le entregaron los aguacates, los plátanos y la caña de azúcar, quien
acompañado de un grupo de tamboreros entró a la cocina comunal para redistribuir los
productos entre sus sacerdotes asistentes y los oficiales de la fiesta.
Máma don Juan y sus dos
asistentes de más alto rango, máma don Pedro y su hijo máma Agustín, iniciaron luego
el "arreglo" de dos pares de cuernos de toro que serían utilizados en el baile
siguiente la danza del "tigre" o "león" (en realidad
"jaguar"). Los carrizos y tambores entonaron la música, mientras dos
hombres, presididos por Santos, sostenían sobre su frente un par de cuernos. Dos hombres
más, los "tigres" le lanzaban cascajo a los "toros", como si los
tigres se burlaran de los toros. El grupo se completó cuando dos "policías"
empezaron a pedirle dinero a los vasallos de los alrededores tal como lo hacen los
policías colombianos cuando van a la Sierra Nevada a arreglar los asuntos de los
kággaba. Un "policía" arrastró a una mujer que representaba a una prostituta,
y burlonamente la golpeaba con la culata de la escopeta mientras la sacaba.
El baile se inició cuando
los "tigres" comenzaron a atacar a los "toros" los dos últimos
actores se quitaron sus mochilas y pañoletas, ya que la pelea iba a ser en serio. Y en
realidad lo fue, según la expresión de los rostros de quienes hacían la
representación. Los "tigres" y "toros" se encontraron en varias
oportunidades en diferentes sitios del escenario. Santos los separaba cuando la pelea se
volvía incontrolable. Cuando la pelea se terminó, los cuatro luchadores se abrazaron y
se dejaron caer al piso. Todavía abrazados, los hombres se revolcaron una y otra vez
sobre el polvo hasta que los "policías" hicieron sus dos disparos al aire
y los "tigres" y "toros" cayeron muertos. Entre tanto, otros dos
vasallos se prepararon para la próxima pelea entre el "tigre" y los
"toros" una vez todo estuvo listo, la representación se hizo como la
anterior, y de nuevo los "policías" dispararon sus armas. Otros vasallos
repitieron la danza, hasta llegar a su cuarta representación: en el segundo acto, los
actores fueron hombres jóvenes, en el tercero la representación la realizaron
adolescentes, y el cuarto fue llevado a cabo por niños, "para que ellos también
aprendieran". Durante la representación hubo momentos en los que los
"toros" y los "tigres" no se contentaron con pelear entre sí sino que
atacaron a la cruz de la plaza y a la audiencia.
La siguiente danza fue la
cataneja, (chéika en koguian), una ave de rapiña que se alimenta de las presas
que deja el cóndor. Para este baile se reunieron diez hombres encabezados por don Juan y
su hijo Santos. En la plaza colocaron sobre el piso una larga soga de cuero, e iniciaron
la danza alrededor de los lazos, agitando sus pañoletas rojas que imitaban las "alas
Una vez se terminó ésta, ataron a las sogas un par de cuernos de toro, representando las
reses muertas, y el cóndor se lanza desde las alturas del cielo en busca de su presa.
Hacia un lado de "las reses muertas", se encontraba un grupo de niños sentados
que estaban esperando su turno para representar su papel en el escenario. Su turno Llegó
cuando las catanejas se acercaron a los cuernos de toro e inspeccionaron si el cóndor les
había dejado algo de "comida olfatearon los "cuernos" y
los "perros" que ladraban los espantaban. Las catanejas se dividieron en dos
grupos, cada uno integrándose a los grupos de bailarinas que danzaba en ese momento la
danza maleba un "buen baile" fue la única explicación, y que de alguna
manera tenía relación con las catanejas. Algunas mujeres llevaban puesto el sombrero de
paja trenzada que siempre usan los hombres de San Francisco como su distintivo
característico, y que los distingue de los demás kogui de otros pueblos.
Una vez más, los bailarines
que representaban el baile de la cataneja se reagruparon, y fueron a observar de cerca al
"toro" muerto para ver qué les había dejado el cóndor. Tal como en la danza
anterior, los perros los espantaron con sus ladridos, mientras don Juan observaba con
atención los movimientos de los bailarines. Las catanejas se dispersaron, y los oficiales
aprovecharon la oportunidad para ofrecer guarapo a los sedientos muchachos. En una de las
esquinas del escenario, uno de los mámas estaba adelantando su propio "trabajo"
de cataneja con unas hojas de coca en sus manos. Todo el teatro estaba muy animado con la
música de los tambores y carrizos y del insufrible tañido de las campanas al fondo.
Luego las catanejas
iniciaron una vez más su "vuelo", dirigiéndose hacia las bailarinas que
danzaban maleba. Más adelante regresaron y empezaron a bailar a lo largo de las
sogas, para dividirse de nuevo en dos grupos. Los hombres de cada grupo tomaron de las
sogas, cada grupo situado en cada uno de los lados de la división establecida por los
cuernos que se encontraban atados. Los hombres empezaron a halar de cada lado de la soga.
Primero, un grupo ganó la competencia, y los "policías" se acercaron a darle
muerte a la cataneja. Luego el grupo perdedor obtuvo la victoria, y de nuevo los
"policías" hicieron su aparición y dispararon sus armas. Entre tanto, máma
don Pedro, el sacerdote con el segundo rango de importancia, volteaba sus brazos hacia la
izquierda, mientras en sus manos sostenía hojas de coca "para que los vasallos
no mueran en este mundo". Y éste fue el final del baile de la cataneja que
otra vez se bailaría el día siguiente.
Todos estos bailes son para
los kogui "juegos", esto es, ocasiones en las que uno disfruta las
representaciones por su valor artístico. Pero los kággaba también los designan como
"trabajos", queriendo decir con ello que las danzas tienen un valor ritual. Sin
embargo, los bailes no constituyen "trabajos pesados", como por ejemplo sí lo
es el baño colectivo, cuyo propósito es sin duda sagrado el baño, entonces, es un
"trabajo pesado", y es marcado por el sonido de las caparazones de morrocoyo.
Sólo los eruditos, tales como el máma don Juan y sus discípulos, están preparados para
llevar a cabo tales "trabajos pesados" que pueden volverse por cierto
peligrosos si se realizan de manera descuidada. ("Porque así hizo Adán antes del
primer amanecer, y así les enseñó a los kággaba").
Una vez terminadas las
danzas, se llevaron a cabo otras dos procesiones diferentes, en las cuales tomaron parte
los hombres, mujeres y niños del pueblo. La primera de ellas estuvo encabezada por don
Juan, y los participantes rodearon primero la plaza y luego se dirigieron hacia donde se
encontraban los postes de sacrificio, la cocina y terminaron congregándose en la iglesia.
Dentro de la iglesia dieron varias vueltas hacia la izquierda. La segunda procesión
estuvo presidida por el mayordomo. Los que tomaron parte en este evento se dirigieron
primero hacia el sendero que viene de Pueblo Viejo a San Francisco, e hicieron un alto en
las puertas del pueblo. Luego, los participantes desfilaron hacia la cansamaría
principal. En tanto las mujeres permanecían afuera, el mayordomo y los demás oficiales
procedieron a hacer la entrega de sus distintivos a quienes habían sido nombrados como
los nuevos "dueños" de las fiestas del próximo año. Luego, ambas procesiones
se unieron y todos se dirigieron a visitar las casas de los nuevos y de los antiguos
oficiales. Más tarde, la multitud se congregó de nuevo en el interior de la iglesia. A
medida que la gente abandonaba la iglesia, los nuevos oficiales y sus ayudantes empezaron
a distribuir guarapo entre los vasallos, en tanto sus colegas hacían lo mismo con las
botellas de chirrinche. En este momento, los músicos que tocaban el morrocoyo entraron en
la escena y dejaron oir sus bajos sonidos en esta última parte del desfile.
La multitud en pleno se
dirigió entonces hacia el río para tomar su tercer baño colectivo en el pozo los
mámas querían estar seguros que las cosechas del próximo año fructificarían con
abundancia y que las "plagas no las afectarían. Una vez se realizó el baño
colectivo, las danzas en el pozo y se rociaron las hojas de coca sobre los asistentes, la
multitud acompañada por los sacerdotes se encaminó de regreso a la plaza del pueblo
sin olvidar dar unas cuantas vueltas hacia la izquierda en su camino ("De tal
manera que ningún espíritu malo lo coja a uno y todo quede por abajo"). En el
interior de la iglesia, todos empezaron a "hablarle" a Aldaulhuíku, un hijo de
la Madre y "dueño" de los toros, la caña de azúcar, los plátanos u otros
alimentos que dio a sus vasallos para las fiestas ("¡Aldauhuíku es San Luis
Beltrán, el mismo San Luis Beltrán! ¡Porque Adán sólo enseño!". El pobre San
Francisco todavía seguía envuelto en su mortaja de plástico).
La procesión hacia el río
y las "conversaciones" con San Luis Beltrán fueron los últimos eventos
públicos de las fiestas. Sin embargo, todavía quedaban pendientes un par de asuntos
antes que los vasallos pudieran reingresar en pleno a su vida cotidiana. Mientras tanto,
los vasallos se dedicaron a beber un poco más de guarapo y chirrinche y en esta
oportunidad los maridos llevaron a sus mujeres a la plaza y les permitieron beber un poco,
pero nunca las dejaban solas por mucho tiempo "porque pueden putearse".
Durante el vigesimocuarto
día de fiesta, los hombres permanecieron día y noche bailando en la cansamaría, y don
Juan aprovechó la oportunidad para darles "consejo" y arreglar algunos casos de
"justicia" que significaron que máma don Juan "confesara" a un
grupo de hombres "pelioneros". Al día siguiente, el vigesimoquinto día, el
día final, don Juan encabezó una procesión para "abrir" las puertas del
pueblo y del teatro, y una vez más "limpiar" todos los escenarios rituales de
las fiestas. Durante la noche, los hombres se reunieron de nuevo en la cansamaría y
tuvieron otra sesión de consejos a la que todos asistieron excepto unos borrachitos
que armaron su propia fiesta con un alboroto terrible.
Los vasallos estaban ahora
exhaustos después de tantos días de fiesta: "Tantos bailes y tanto beber, pero
estamos contentos pues nos sentimos protegidos, nuestras tierras seguirán dando nuestras
cosechas, y nuestro ganado seguirá engordando y pariendo en los páramos. Nosotros los
vasallos hemos pagado a la Madre, y el sol ya comenzó su viaje a su otra casa en el
solsticio de invierno. Después de que nuestro máma, nuestro buen máma, nuestro
protector, quite las trancas del pueblo, iremos con él a su pueblo ceremonial y en su
cansamaría le haremos pagamento a la Madre, la alimentaremos. Entonces, ya reentraremos
en nuestras vidas de todos los días. Y continuaremos tejiendo nuestras vidas con nuestro
movimiento de arriba hacia abajo, de abajo hacia arriba, entre nuestras fincas y los
páramos, en nuestras montañas, nuestra casa. Ya hicimos lo que la Ley nos dice que
hagamos cada año por esta época. Ahora somos mejores, "más mayores", estamos
más cerca de nuestros ancestros. Ya casi somos como ellos, ya "sabemos" un poco
más. Hemos tomado durante todo el año, pero en las fiestas hemos devuelto. Esa es la Ley
de la Madre. Eso fue lo que los mámas y los mayores de los tiempos antiguos nos
enseñaron. Ya bailamos para no morir".
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