GEOGRAFÍA HUMANA DE COLOMBIA
Nordeste Indígena
(Tomo II)
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6.1 "El telar de la vida" y la vida económica de los kogui

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Para empezar a comprender esta metáfora que compara el sistema productivo de los kogui con el acto de tejer en un telar vertical, revisemos ante todo los patrones de asentamiento de estos indígenas. Como ya ha quedado consignado los koguis ocupan el Resguardo Indígena Kogui-Malayo (o wiwa) localizado en las vertientes norte y nororiental del macizo. Desde un punto de vista ambiental, este territorio se caracteriza por poseer una gran variedad de ecosistemas con posibilidades diferentes para el desarrollo de la vida humana. La vertiente norte, en particular, muestra una topografía muy quebrada en la que alternan cuchillas montañosas interrumpidas por profundos valles —que a su vez forman el curso de torrentosos ríos que fluyen en un sentido general sur-norte. Estas montañas y valles presentan, asimismo, una gran diversidad de paisajes que cambian desde la relativa aridez y sequedad de las áreas costaneras, hasta la frondosidad de la selva húmeda de montaña y la desolación casi lunar de los páramos que anteceden a las nieves perpetuas.

En todo este territorio se asientan varias "comunidades" koguis, independientes y en alguna medida autónomas, dedicadas a una agricultura itinerante y al pastoreo de montaña. Dichas comunidades se distribuyen altitudinalmente a lo largo de los ríos principales de la vertiente norte (ríos Garavito, San Miguel, Ancho, Palomino y Don Diego), o se localizan en ciertos valles más o menos planos de la vertiente nororiental. Cada una de ellas está conformada por la gente del común, denominados por ellos mismos como los vasallos, sus sacerdotes nativos (o mámas) y los hombres mayores de alto rango, personas que en conjunto constituyen un vecindario, un asentamiento permanente o "pueblo", siempre localizado cerca de las riberas de uno de los ríos principales del territorio. Por lo demás, algunos de estos pueblos son de una considerable antigüedad en la medida en que, como vimos, fueron organizados durante el siglo XVIII.

Aunque lo más usual es que en cada uno de estos valles se fundó un pueblo también puede suceder que se encuentren dos de ellos en el mismo valle —un factor de gran importancia por cuanto puede significar que exista una yuxtaposición de las zonas agrícolas y de pastoreo que "pertenecen" a dos pueblos diferentes. En concreto, en el río Don Diego se localiza Uluéiyi (o Don Diego); en el río Palomino está Taminaka (o Palomino) y Hukuméiji; en el río Ancho se fundó Yinkuámero; en el río San Miguel se localizan Santa Rosa y San Miguel; en el río Garavito están San Francisco (Luaja), San Antonio (Maldakaja) y Nibiyaka; en la vertiente nororiental, sobre el río Potrero está Avingüe, y en las márgenes del río Cuatapurí se encuentra Maruámake (San José).

Cada uno de los anteriores pueblos koguis reconoce como parte integrante de su jurisdicción a determinadas zonas agrícolas y áreas de pastoreo ubicadas en cada uno de los niveles de altitud del río eje, y del intrincado conjunto de ríos menores, quebradas y riachuelos que lo alimentan con sus aguas. Con el fin de ejercer un dominio efectivo sobre estas zonas económicas, los pueblos koguis están localizados generalmente entre las cotas de los 600 y los 1.500 metros sobre el nivel del mar. De esta manera, cada pueblo controla porciones de las ecozonas baja-templada, fría y de páramo. Así se garantiza que sus vecinos —los vasallos— puedan practicar una economía de horticultura itinerante y escalonada en varios pisos térmicos y de pastoreo en la alta montaña, con sólo un par de jornadas de camino como máximo necesario para viajar entre las zonas económicas.

Para explicar mejor el asunto daremos un ejemplo: si un vasallo es vecino permanente, digamos, de San Francisco, y desea cultivar una parcela con productos de subsistencia, debe seleccionar el lote para preparar su campo de cultivo en una de las ecozonas agrícolas pertenecientes a San Francisco. Si no hace esto, sino que siembra en una de las áreas agrícolas de San Antonio, está expuesto a que los vecinos del otro pueblo lo amedrenten y eventualmente puede terminar en la cárcel de San Antonio —de paso iniciando una posible disputa entre los dos pueblos representados por sus respectivos sacerdotes nativos, sus ayudantes y los hombres mayores de prestigio. Esto no es un suceso inusitado dado que, como se dijo, los dos pueblos están situados dentro del mismo valle muy cerca el uno del otro sobre el mismo río, el río San Francisco. Por consiguiente, sus tierras productivas localizadas en el interior del valle tienden a coincidir —hecho que los campesinos del antiguo poblado colono de esta región, Pueblo Viejo, agravan por la constante usurpación de las tierras bajas de esta porción del territorio de los kogui.

Resulta claro, de esta manera, que el concepto de "pueblo" tiene un significado un poco diferente entre los kogui. Para ellos, un pueblo no es únicamente el conglomerado físico de casas de planta circular hechas de bahareque y barro, con un techo cónico pajizo que cubre parte de las paredes, y unas construcciones más grandes, también de planta circular con paredes de caña y altos techos pajizos cónicos rematados en unas estructuras peculiares hechas con varillas de madera, los templos (llamados nuhué en koguian, o cansamarías en español). El pueblo kogui está constituido, asimismo, por sus múltiples áreas económicas satélites, dedicadas a la agricultura y a la ganadería, las cuales no siempre están localizadas en las proximidades del pueblo no obstante que se les considere como parte integrante del mismo. La situación que se presenta es la de un pueblo, en el sentido de un conglomerado físico de habitaciones, y su conjunto de archipiélagos productivos. En cuanto que varios pueblos pueden situarse dentro del mismo valle, lo que se obtiene es un laberinto de "islas" productivas.

La explicación que se puede dar a este patrón de asentamiento es que los kogui han hecho suyo un sistema vertical de adaptación ecológica a su territorio montañoso. Al aprovechar cualquiera de las variaciones que genera la verticalidad en los ecosistemas en que ellos habitan, los kogui incrementan, teóricamente, la variedad de sus cosechas y por tanto la diversidad de su dieta alimenticia —dado que tienen la posibilidad de cultivar una gran diversidad de alimentos que crecen a diversas altitudes. Más aún, al cultivar varios productos en la misma parcela, y al tener diversos campos de cultivo en los varios nichos ecológicos que las variaciones de altitud originan y en diferentes estadios de producción, los kogui pueden disminuir las probabilidades de perder sus cosechas y por lo tanto de tener que enfrentar largos períodos de hambrunas —o sea que los indígenas siempre cuentan con la posibilidad de que uno de sus huertos localizado en alguna de las áreas agrícolas les produzca algo de alimento. Si se tiene en cuenta que los kogui además tienen ganado en las tierras altas, sus posibilidades de tener una dieta sana y bien balanceada son extraordinarias (cf. Reichel-Dolmatoff [1982] 1990).

Este patrón de asentamiento de los kogui, por lo demás, es bien conocido en todas las regiones andinas de Suraménica, sobre todo en los Andes septentrionales. En tales zonas montañosas la más leve variación vertical en las laderas de las montañas abre una extensa gama de diversidad ecológica, y en consecuencia, de adaptación humana en estos ecosistemas que están organizados de forma vertical. Un número de observadores, entre ellos John y. Murra y Reichel-Dolmatoff (Reichel-Dolmatoff 1982), ha resaltado la importancia de este "control vertical de pisos ecológicos" en la América del Sur indígena, y señala la incidencia que tiene esta forma de control en la organización económica y social de estos pueblos —y vale añadir que, en el caso colombiano particular, se trata más bien de un control "microvertical". Sin embargo, entre los kogui las posibilidades, tanto productivas como de variedad en la dieta alimenticia, que les permitiría el tener acceso a varias ecozonas verticales no se cumplen en su totalidad, y en consecuencia el potencial del sistema permanece teórico. Veamos por qué.

Ante todo hay que afirmar que los kogui saben cómo cultivar una gran variedad de productos. En efecto, armados de una tecnología bastante simple conformada por covadores de madera y otras herramientas de metal, entre las cuales sobresalen el ubicuo machete y el hacha, los indígenas plantan un sinnúmero de productos: varias raíces tales como papas (Solanum sp), yuca (Manihot esculenta), batatas (Ipomea botata), cebolla (Allium capa L.), ñame (Dioscoreaceae), arracacha (Arracacia-xanthorrhiza) cereales entre los que se encuentran múltiples variedades de maíz (Zea mays), guandul (Cajánus índicus); muchas variedades de fríjoles (Phaseolus sp); árboles frutales como naranjas (Citris sp), aguacates (Persea americana), plátanos y bananos (Musa sp), kandji, y otros productos tales como la caña de azúcar (Sacharum oficinarum L), café (Coffea arabiga) y vegetales. Tales productos son plantados de forma irregular y mezclados en huertos preparados mediante el procedimiento hortícola conocido como de "tumba y quema en las laderas de las montañas localizadas en las zonas agrícolas pertenecientes a cada uno de los pueblos.

A pesar de este enorme rango de posibilidades alimenticias que tienen a su disposición, la base de la dieta diaria de los kogui es el plátano, que ellos consumen en una increíble variedad de formas —entre las cuales sobresale el plátano ahumado, o holo holo, que se puede preservar por varios días y se rehidrata mediante su cocción con agua, en forma de sopa o "sancocho" combinado con otros productos. Por otra parte, el ganado bovino, lanar, porcino y las aves de corral que mantienen en las zonas de pastoreo de los páramos y en los alrededores de sus casas de habitación en sus "fincas" y en el pueblo, no constituyen para los kogui fuentes adicionales de proteína. Y es que los indígenas raras veces utilizan la carne animal, los huevos y la leche en su consumo diario. Los kogui prefieren dejar estos productos para la venta, como una manera de ahorrar o, simplemente, como símbolos de riqueza.

La principal consecuencia de esta sobredependencia del plátano como base principal de la dieta kogui, aunada a un consumo muy bajo de proteína animal, es la desnutrición entre los indígenas. Esta desnutrición, muy pronunciada en ciertas regiones indígenas como San Miguel, es particularmente notoria entre la población infantil, lo que genera, desde luego, una alta morbi-mortalidad. Por lo demás, sobre todo entre los hombres kággaba, existe la tendencia a consumir poca comida, un patrón de comportamiento cultural reforzado por una serie de requisitos de pureza ritual y de ayuno del que se precian ante todo los mámas. Casi se podría decir, por cierto, que en vez de alimentos los hombres kággaba prefieren masticar hojas de coca (Erytrhoxylum novogranatense) mezcladas en sus bocas con cal, que por medio de un palito extraen de un calabazo o poporo.

Un corolario interesante del planteamiento anterior sobre la deficiente alimentación indígena es que el principal cultígeno de los kogui, el plátano, no es originario de América. Vale añadir que tampoco son originarios de América la caña de azúcar ni el café. La caña de azúcar es importante para los indígenas tanto por ser un cultivo comercial de primer orden, como por ser la panela parte de su dieta y base de la preparación del "guarapo" que consumen en sus fiestas y en otras ocasiones rituales. El café, por su parte, es un cultivo comercial muy importante en todas las regiones templadas de la Sierra Nevada, y los kogui de las regiones limítrofes con el cinturón cafetero —que coincide en mucho con el cinturón de colonización campesina— participan de manera activa en su producción y comercialización. Por lo demás, tampoco son nativas americanas todas las especies de vacunos, lanares, caballares y aves de corral que forman parte de la economía y la vida de los kogui —en detrimento de la cacería de animales salvajes y la pesca, dos áreas de producción hoy virtualmente inoperantes. Desde luego, estos hechos, así como el hecho de que casi toda la base tecnológica indígena fue introducida por los europeos, incluyendo aquí el trapiche circular de madera usado en el beneficio de la caña de azúcar, sólo son consecuencias de la historia colonial en la Sierra Nevada de Santa Marta.

De otro lado, el sistema de horticultura itinerante en varios campos agrícolas de productos de pancoger y de productos comerciales, combinada con un pastoreo extensivo de ganado vacuno y lanar hace que los kogui no vivan de forma permanente en sus pueblos durante todo el año. Los pueblos son para ellos como estaciones de paso, dada la continua rotación de los indígenas entre sus diversas "fincas" agrícolas y las áreas de pastoreo. Sin embargo, la pertenencia a un pueblo es la que permite a un hombre casado y a su familia expresar su identidad étnica como kogui, esto es "ser gente", ser kággaba, ser parte del pueblo escogido, los hermanos mayores de la humanidad. Para expresarlo de otra forma, un pueblo, en el sentido extendido de este término que incluye su archipiélago productivo, es una unidad de reproducción tanto simbólica como material. Un pueblo kogui es una unidad de reproducción simbólica en cuanto que le sirve de escenario al individuo, y a la unidad doméstica a la cual pertenece, para hacer explícito su "ser kogui", para apropiarse de y reproducir todo el conjunto del universo simbólico de su cultura. Tal expresión de "koguicidad", de identidad en el "nosotros los kággaba, la gente, la verdadera gente", se realiza ante todo mediante el ritual. Porque es que, como veremos, los pueblos son escenarios rituales, ante todo durante ciertas ocasiones del calendario agrícola —como por ejemplo durante las "fiestas" del solsticio de verano en junio cuando se inicia para los indígenas el año nuevo —o en algunas otras ocasiones cuando todos los vecinos del pueblo deben reunirse en él para tratar asuntos de "la comunidad". Pero el hecho de ser vecino de un pueblo no sólo tiene que ver con la reproducción simbólica del individuo y de su grupo inmediato —y a través de la acción combinada de todos los pueblos, de la reproducción de la cultura kogui. Tiene que ver, además, con que todas las unidades domésticas constitutivas del vecindario, que son a la vez sus unidades de producción, puedan acceder a la tierra. Y la tierra es, sin lugar a dudas, el factor de producción fundamental para todos los indígenas serranos. Es en este sentido en el que los pueblos koguis se constituyen en unidades de la reproducción material de los indígenas. Veamos esto último con un cierto detalle.

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Una unidad doméstica kogui típica está conformada por un hombre adulto, su esposa, sus hijos e hijas solteros, y sus hijas casadas con sus maridos. Cuando el yerno ha cumplido un tiempo determindo de trabajo con el grupo familiar de su esposa, este arreglo puede variar de forma tal que la joven pareja se mueva al grupo familiar del padre del esposo y sus hermanos y hermanas paternos solteros y/o casados. En ambos casos, el grupo de parientes que se obtiene, generalmente familias nucleares o familias extensas uxorilocales o virilocales, trabaja la tierra en conjunto, presididos siempre por el hombre adulto mayor —quien figura como el "propietario" de los distintos campos agrícolas en los cuales todos cultivan. Este hombre adulto también es el propietario de los ganados de la unidad doméstica que pastan en la zona del páramo que "pertenece" al pueblo del que todos son vecinos. Las aves de corral son propiedad de la mujeres adultas, mientras que los cerdos pueden pertenecer a miembros individuales de la unidad doméstica. En contra de lo que pudiera pensarse. entre los koguis existe pues un cierto tipo de propiedad privada sobre la tierra, lo mismo que la propiedad privada de animales.

Ahora bien, el poder ser propietario de tierras localizadas en una ecozona agrícola determinada y el poder dejar pastar los ganados en una zona del páramo, está definido por la membrecía del hombre o de la mujer mayores al pueblo del cual son vecinos. Este hecho se expresa socialmente porque la unidad doméstica respectiva tenga una o varias casas en el pueblo, y porque sus hombres adultos asistan a la "cansamaría" o templo masculino del pueblo —y con ello todos aceptan rendir vasallaje al máma principal del mismo. En otras palabras, la pertenencia al pueblo se determina tanto según principios de parentesco y residencia post-marital, como por el hecho de que los individuos que forman la unidad doméstica acepten rendir vasallaje al máma local de mayor jerarquía y a su séquito de hombres mayores y de prestigio.

Esta característica de los pueblos kogui de ser más o menos autónomos y estar constituidos por unidades familiares aisladas, fue ya reconocido hace tiempo. Konrad Theodor Preuss (1926), fue el primer antropólogo que señaló la relativa autonomía de estos pueblos en términos de su reproducción social y económica. Por cierto no existe nada en el esquema de las ideas de los kogui y en su organización social que nos permita hablar de una tribu como entidad centralizada, o políticamente integrada que controle un territorio determinado. Inclusive la economía política de los kogui evidencia la amenaza de fragmentación y conflicto siempre presente, no obstante los fuertes sentimientos que alberguen todos los indígenas, aún haciendo abstracción del propio pueblo del cual son vecinos, de ser los hermanos mayores. Por consiguiente, el pueblo —mi pueblo, el ser un san franciscano o un san antoñero, o un miembro de cualquier otro pueblo— es el argumento más importante en los asuntos más mundanos que se relacionan con su sobrevivencia como personas, como simples seres humanos. O para presentar el asunto desde otra perspectiva, todos los pueblos kogui tienen la tendencia a ser endógamos. Esto quiere decir que sus mámas y los mayores hacen un verdadero esfuerzo por conservar las tierras productivas como patrimonio común de cada pueblo, evitando que los vasallos contraigan matrimonio fuera del pueblo. Esta prevención es más una sanción de facto, el resultado de la aplicación del poder político, cuya motivación interna es económica. Porque no hay ningún impedimento para que un hombre busque esposa en otro pueblo que no sea el suyo, a menos que la mujer escogida pertenezca a un linaje, o mejor, a un clan que no esté dentro de la categoría de "donador de mujeres" de su propio linaje —un punto muy debatible, por cuanto los linajes no son tan importantes como algunos autores opinan para determinar quién contrae matrimonio con quién.

Estamos aquí entonces en presencia de una paradoja, que nos lleva un largo trecho en la explicación de la reproducción social kogui. Por un lado tenemos que el sistema productivo de los indígenas se estructura con base en una combinación de una horticultura escalonada en zonas ecológicas verticales con un pastoreo de páramo, adelantados ambos por unidades económicas independientes. Tal sistema de producción tiende, inevitablemente, hacia la dispersión y la entropía sociales, para usar una analogía con la termodinámica. Por el otro, tenemos la existencia misma de los poblados con su tendencia hacia la nucleación y la integración sociales, que evita que todo este sistema de energía, siga con la termodinámica, sucumba irremediablemente.

Cabe añadir que la dialéctica de estos opuestos refleja una característica que es una constante en el pensamiento kogui —y en general, en el pensamiento de todos los indígenas serranos. Según ellos, todo en el universo refleja la oposición y la lucha permanentes entre las fuerzas del bien y del mal, entre la vida y la muerte, entre la fertilidad y la esterilidad, entre el lado derecho y el lado izquierdo, entre el caos y el conflicto y el consenso. Ninguno de los términos de cada una de estas contradicciones puede existir sin su opuesto respectivo. Pero no es sólo que la vida se resuelva en el juego de estos opuestos. Es que hay que crear un cierto caos para que eventualmente surja un consenso precario, hay que contemplar cierta medida de maldad para que resalten el buen ejemplo y el comportamiento de acuerdo con las reglas sociales. No importa que el ideal último sea el intentar la síntesis de los términos de la antinomia, o sea ese "estar de acuerdo" o "estar en armonía" expresados por la crucial noción de yúluka (Reichel-Dolmatoff 1976:269), que se vuelve la meta de la existencia kogui y, en últimas, de todos los indígenas serranos —el vivir según lo que ellos llaman la "Ley de la Madre", o el vivir "como los antiguos", "como los mayores", o "según la tradición". Aunque inalcanzable, este es el ideal de la existencia de los kogui para evitar que la tierra y el universo se destrocen. Porque los kággaba son los guardianes del universo —ese es el destino que les corresponde como pueblo en una especie de división del trabajo cósmica.

En el cuadro No. 2 aparece una síntesis de la división del trabajo entre los kogui. En él se contemplan solamente las actividades relacionadas con la actividad económica.

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