GEOGRAFÍA HUMANA DE COLOMBIA
Nordeste Indígena
(Tomo II)
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5.2 La población indígena chimila

El caso de la demografía indígena de las partes bajas hacia el sur de la Sierra Nevada, por su parte, nos muestra también un panorama en donde subsisten muchos interrogantes. El primero de tales interrogantes tiene que ver con el impacto de la prolongada conquista española de estos territorios en la población indígena chimila —sobre la cual todos los cronistas afirman que era "muy numerosa" durante el siglo XVI. Ya en el siglo XVIII, el testimonio del criollo Manuel Francisco de Mesa (cf. capítulo 3.2) nos permite calcular una población total entre 5.300 a 6.600 indígenas, cifra que corresponde a un poco más de la mitad de los 10.000 chimilas que calculó en 1778 el gobernador de Santa Marta, Antonio de Narváez y la Torre (Ortiz 1965:36). El cálculo de Narváez fue puesto en duda por otro observador de la misma época, el padre Antonio Julián, quien estima que a lo sumo quedarían por entonces unas doscientas familias" (Julián [1787] 1951: 185).

Las cifras del siglo XIX sobre los chimilas sobrevivientes no son tampoco muy confiables. Hacia mediados de siglo el historiador José del Carmen Alarcón afirma que sólo quedaban unos 200 chimilas "mansos" cerca de Pivijay (cf. Fals 1979: 114A), dato que está muy lejano de los 1.800 a 2.000 chimilas calculados por Jorge Isaacs en 1882 (Isaacs 1983).

El antropólogo sueco Gustaf Bolinder, quien de nuevo los reconoció en 1915 y otra vez en 1920, aunque no nos da cifras dice que apenas quedaban "unos pocos chimilas", para él "los últimos chimilas", en la región entre Fundación y Valledupar (Bolinder [1924] 1987). Años después, a mediados de la década de 1940, los investigadores Milcíades Chaves y Gerardo Reichel-Dolmatoff por comisión del entonces director del Instituto Etnológico Nacional, Paul Rivet, volvieron al territorio de los chimila para verificar algunas noticias sobre la precaria sobrevivencia de esos "pocos" chimilas. Allí encontraron algunas familias en la cabecera izquierda del río Ariguaní, al noroccidente de la población de Caracolicito, unos 100 individuos en la vereda de Cacahuero, cerca de San Angel, y un tercer grupo de familias de chimilas a 20 kilómetros de la población de El Difícil (Chávez 1946:160; Reichel-Dolmatoff 1946:98). En 1951, Reichel-Dolmatoff estima la población total de los chimila en unos 1.000 individuos (Reichel 1951:105).

Los estimativos de población más recientes aparecen en sendos estudios promovidos por el Departamento Nacional de Planeación. El primero, de 1980, sitúa la población total chimila en unos 3.946 indígenas. Estos indígenas vivían en dos asentamientos: el primero, localizado en una región aledaña a San Martín de Loba y San Antonio del Peñol, en jurisdicción de El Banco, constaba de 407 familias con 2.446 personas; el segundo, localizado en el paraje de Santo Domingo hacia la Sierra Nevada, en jurisdicción de Fundación, constaba. de 250 familias con 1.500 personas (División de Asuntos Indígenas. Censo de Población Indígena. En: Departamento Nacional de Planeación 1980). Vale añadir que aquí no se incluyeron estimativos sobre la población chimila que vivía en la región de San Angel, que como vimos es el corazón del poblamiento chimila, al limitarse los autores a consignar información sobre dos asentamientos periféricos del territorio chimila.

El segundo estimativo de Planeación Nacional corresponde al estudio publicado en 1989 por los investigadores Arango y Sánchez, que ya se ha mencionado. Los datos que aparecen son en verdad patéticos: como que en la actualidad sólo subsisten 450 chimilas, que conforman 75 familias que viven en los asentamientos de Iza Ori Tumna, San Angel y La Sirena, en jurisdicción del municipio de Ariguaní (El Difícil). A este respecto hay que decir que los tres asentamientos anteriores son en realidad uno solo —y que corresponde a los nombres con los que se conoce a una antigua posesión latifundista, al oeste de la población de San Angel, que fue propiedad de una familia italiana que llegó a estas tierras en la época del auge del bálsamo (cf. Arango y Sánchez 1989:23). Por lo demás, estos datos no incluyen ningún asentamiento chimila en jurisdicción de El Banco ni en jurisdicción de Fundación —circunstancia ésta que pone un poco en tela de juicio la confiabilidad de los estimativos de 1980.

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