GEOGRAFÍA HUMANA DE COLOMBIA
Nordeste Indígena
(Tomo II)
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5.1 La población indígena de la Sierra Nevada

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Pocas veces se ha intentado en el país un estudio censal serio sobre su población indígena —estudio que implica metodologías y procedimientos demográficos diferentes a los aplicados para el resto de la población colombiana. Sin embargo, dos investigadores adscritos al Departamento Nacional de Planeación han publicado recientemente el estudio más completo de demografia indígena que se haya hecho en Colombia —apelando a varios tipos de fuentes en un intento de presentar las cifras más precisas sobre demografía, tenencia de tierras, educación y salud entre los pueblos indígenas de Colombia (Arango y Sánchez 1989).

En el cuadro No. 1 se han sintetizado los datos que presentan estos dos investigadores para la Sierra Nevada (se incluye la localización de los asentamientos indígenas serranos según el municipio del piedemonte al que pertenecen, el nombre de cada asentamiento, su número de familias constituyentes y el número total de habitantes por asentamiento, lo mismo que la forma de tenencia de tierra característica). Según estos datos, en 1989 el total de población indígena en la Sierra Nevada era de 17.032 habitantes. De estos 9.394 eran ikas (el 55.15% del total), mientras que 6.138 correspondían a la etnia kogui (el 36.03%) y tan sólo 1.500 pertenecían a los wiwas (o sea el 8.8%).

Cuadro 1
Grupos indígenas de la Sierra Nevada

Localización, comunidad, etnias, habitantes y formas de tenencia

Mpo. Dpto.

Comunidad

Etnia

Flias.

Habit.

Ten.
Valledupar (C)
Valledupar
Valledupar
Riohacha (C)
Riohacha
Riohacha
Riohacha
Riohacha
Riohacha
Riohacha
Riohacha
Riohacha
Riohacha
Riohacha
Riohacha
Riohacha
Riohacha
Riohacha
Riohacha
Riohacha
Riohacha
Riohacha
Riohacha
Riohacha
Riohacha
Santa Marta (M)
Santa Marta

Maruámake (Resguardo Kogui-Malayo)
Avingüe (Resguardo Kogui-Malayo)
Chendukua (Resguardo Kogui-Malayo)
Cherua (Venguanguega) Ahuyamal
Suribaka
Zinsitukua
Ullimaca
Moraka
Guamaka
Pueblito
Sankona
San Francisco
San Antonio
Pueblo Viejo
Nibiyaka
Santa Rosa
San Miguel
Chivilongui
Makotama
Chinkuamero
San Pedro
Sabana Culebra
Lukuici
Taminaka (Palomino)
Takina
Don Diego, Río Molino,Chivilongui
Mamarongo, S.de Mamarongo

k
k
k
k
k
k
k
k
k
k
k
k
k
k
k
k
k
k
k
k
k
k
k
k
k
k
k

37
86
9
46
38
12
12
29
11
7
8
170
62
30
10
40
109
8
13
6
13
10
11
147
20
87
45

154
398
49
230
247
75
75
174
70
40
44
1.000
444
120
60
240
658
45
80
36
80
60
70
944
80
440
225

1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1

Subtotal

1.076

6.138

Valledupar (C) Resguardo Arhuaco:Donachui,
Sogrome, Sacaracunque,
Melloca, Izma, La Virginia, Yugaka,
Sabana de Jordán, Aguadulce,
Templadero, Yosaka, Seinimin,
Nabusimake, Atikimake, Sta. Fé,
Pantano, San Sebastián, Yechiquín,
Simonorruá, Geinengeka,
Pueblo Hundido.

A

1.328

6.643

1

Riohacha (G)
Aracataca (M)
Aracataca
Fundación (M)
Fundación
Fundación
Fundación
Fundación
Fundación
Santa Marta
Santa Marta
Sabana Culebra, Tabishiwije
Campamento
Seránkua
Chinchiukua, Busin, Windivaimena
Umake
Sto. Domingo, Prosperidad
Singuney
Yeivin
Río Piedra
Jiwa
Bunkuimake

A
A
A
A
A
A
A
A
A
A
A

25
35
139
93
20
69
30
28
15
35
56

150
200
700
466
90
345
130
120
70
200
280

1
1
1
1
1
1
1
1
1
1
1

Subtotal

1.873

9.394

Valledupar (C)
 
 
Riohacha (G)
Riohacha
 
Riohacha
Santa Marta (M)

Cherua, Sinka, Pozo de Humo, Avingüe, Barcino, Bernaka, Surimena, Potrerito.
Umandita, Palonegro, Lucuici
Guamaka, Ullimaka, Sishitukua, Sabana Joaquina
Marokasa
Vunkunguega, Buritica, Pueblito

w
 
 
w
w
 
w
w

162
 
 
13
35
 
12
43

811
 
 
80
220
 
60
329

1
 
 
1
1
 
7
1

Subtotal

252

1.500

GRAN TOTAL

3.201

17.032

Clave:
K= Kogui; A = Arhuaco (Ika); W = Wiwa (Arsario)
1 = Resguardos nuevos (Constituidos por el Incora con posteridad a 1961)
7= Indígenas sin territorio delimitado administrativamente
Fuente: Arango Ochoa, Raúl y Enrique Sánchez Gutiérrez. Los pueblos indígenas de Colombia población y territorio). Departamento Nacional de Planeación, 1989

De otra parte, del total de indígenas de la Sierra, 8.055 (el 47.29%) se asientan en el departamento del Cesar, mientras que en el departamento de la Guajira viven 5.382 indígenas serranos (el 31.59%) y en el Magdalena 3.595 (el 21.10%). Lo anterior equivale a decir que el Cesar es el departamento con jurisdicción en la Sierra en donde más se concentra la población indígena del macizo —hecho que se explica simplemente porque es este el departamento donde se asienta el grupo ika, demográficamente el grupo mayoritario de las tres etnias en cuestión. En efecto, de un total de 9.394 arhuacos, 6.643 (el 71.24%) corresponden a asentamientos ubicados en el Cesar —cifra última que de suyo equivale al 39% del total de indígenas serranos. Además, es en el Cesar en donde se concentra el mayor poblamiento wiwa, 811 personas (un 54.06% del total para esta etnia). Que el segundo departamento con jurisdicción en la Sierra en términos de la demografía indígena serrana sea la Guajira, se comprende a partir del hecho de que es este departamento la unidad político-administrativa en donde se localizan casi todos los asentamientos kogui —4.872 indígenas (o sea el 79.37 del total de población kogui y el 28.60% del total para la Sierra) (4) .

Los anteriores indicadores demográficos nos plantean una serie de interrogantes interesantes. El primero de ellos tiene que ver con el caso de los ikas y del Cesar: si el 39% de los indígenas serranos vive en el Cesar, ¿quiere esto decir que este departamento está sobrepoblado en términos indígenas? O mejor, ¿significa esto que en el resguardo arhuaco (ika) viven muchos indígenas, más de los necesarios para que no exista una indebida presión demográfica sobre la tierra? Segundo, ¿por qué el departamento del Magdalena figura en un tercer lugar con 3.595 indígenas —de los cuales 2.601 son ikas (o sea el 27.68% del total de arhuacos), 665 son koguis (o el 10.83% del total de koguis) y tan sólo 329 son wiwas (o el 21.93% del total de wiwas)? O mejor, ¿qué quieren decir estos datos para el Magdalena en términos de la historia demográfica de la Sierra Nevada? La verdad es que la respuesta a estos interrogantes está interrelacionada, como pasaré a demostrarlo.

Un primer elemento de la explicación es de tipo teórico. Los anteriores datos porcentuales poco quieren decir a menos que contemplemos los factores territorial y económico. Recordemos aquí que estamos hablando de unas poblaciones que son ante todo poblaciones agrícolas, con un cierto régimen de producción a partir del cual se establece la demanda de tierras productivas necesarias para satisfacer las necesidades materiales básicas de todos los individuos de esas poblaciones. Ya es bien sabido que un grupo de agricultores de montaña tiene unas necesidades de tierra, en términos de áreas de cultivo, áreas de descanso y áreas de pastoreo —si combinan la agricultura con la ganadería— diferentes a la demanda por este factor económico que establece un grupo, digamos, de horticultores de la selva tropical húmeda. En el país no tenemos estudios cuantitativos detallados de la tenencia de tierra indígena, en términos de la demanda territorial según tipo de régimen económico y número de habitantes. Por ello no podemos contestar con precisión a un problema del tipo "una sociedad de agricultores de montaña necesita tantas hectáreas de tierra por habitante en edad económicamente activa para satisfacer las necesidades de todos sus miembros" —respuesta que además debe tener en cuenta las características ecológicas específicas de cada región indígena del país.

Es fundamental solucionar este tipo de vacío para enfrentar cualquier análisis que busque determinar si las tierras asignadas a los resguardos indígenas son suficientes o no lo son. Y es que no basta simplemente con computar el número de hectáreas que corresponden, por ejemplo, al resguardo ika, o con computar el número de hectáreas que se les han comprado a los colonos dentro de cada resguardo con el propósito de "sanearlo". Mas allá, es necesario entonces determinar si estas extensiones territoriales son suficientes para satisfacer las necesidades materiales presentes de los indígenas. Asimismo es fundamental determinar si las extensiones otorgadas prevén de manera adecuada los ciclos de incremento o decrecimiento demográficos, al igual que es necesario investigar sobre la adecuación, en términos ecológicos, de esas tierras en relación con el sistema productivo de los grupos indígenas en cuestión.

No obstante, en el caso de los ikas de la Sierra Nevada las cifras parecen apuntar en la dirección de que las tierras de su resguardo no son suficientes —o lo que es lo mismo, que su territorio está sobrepoblado. En efecto, el resguardo ika (arhuaco) (creado por el INCORA en 1983) comprende 195.900 hectáreas aproximadamente, mientras que el resguardo kogui-wiwa (conformado en 1980) tiene 364.390 hectáreas. Ello quiere decir que el 39% del total de la población indígena serrana —equivalentes a los 6.643 indígenas que habitan en el resguardo arhuaco de la jurisdicción de Valledupar —se tiene que conformar con el 34.96% del total de tierras de resguardo que existen actualmente en la Nevada (560.290 hectáreas). Desde el otro ángulo, el 44.83% de la población total —que corresponden a los 6.138 koguis (36.03% de total) más los aproximadamente 1.500 wiwas que viven en su resguardo (8.8% del total) —ocupa el 65.03% del total de tierras de resguardo.

De hecho, la situación es más grave para los ikas si consideramos a los otros indígenas de este grupo, fuera de los que viven en la jurisdicción de Valledupar, que también ocupan porciones de su resguardo que caen dentro de otras jurisdicciones distintas. Este último grupo corresponde a los asentamientos arhuacos de los municipios de Aracataca y Fundación y que en conjunto constan de 2.121 indígenas (o sea el 12.45% del total de la población indígena serrana) y que habría que añadir a las cifras anteriores. De esta manera, el 51 .45% de la población indígena (arhuaca) ocupa sólo el 34.96% del total de tierras de resguardo.

Vale enfatizar aquí que la anterior consideración está basada en estimativos todavía muy burdos. Porque estas cifras esconden otras realidades que agravarían el problema, y que son más difíciles de cuantificar. Y es que adelante se explicará cómo el territorio de los ikas parece ser el menos favorecido, desde el punto de vista ecológico, para la realización plena de una economía basada en una agricultura de montaña y en el pastoreo. Además, estos datos no consideran una variable de radical importancia. Me refiero aquí al número de hectáreas de resguardo que los indígenas —tanto los ikas, como los koguis y los wiwas— no controlan ni explotan de una forma efectiva por estar ocupadas de hecho por campesinos colonos o por terratenientes.

Pero es que hay una consideración de otro tipo que nos ayuda a apuntalar el argumento de la sobrepoblación y sobreutilización ika de su territorio, consideración que surge tanto de la observación etnográfica como de los datos del cuadro No. 1. Se trata de una realidad simple: los arhuacos están migrando hacia otras partes de la Sierra Nevada en búsqueda de tierras aptas para su forma peculiar de explotación económica. En efecto, los ika se han desplazado hacia la vertiente norte de la Sierra Nevada y ahora hay asentamientos suyos localizados en la jurisdicción de Santa Marta (Jiwa y Bunkúimake), lo mismo que en la de Riohacha (Sabana Culebra y Tabishiwije). Hasta hace unos pocos años también había un asentamiento arhuaco en San Pedro, cerca de los kogui de Pueblo Viejo-San Antonio. Más aún, por informaciones de otros antropólogos sabemos que los ikas comenzaron a migrar hacia la vertiente occidental del macizo, lo mismo que hacia la vertiente nororiental, —desde comienzos del presente siglo— como una solución a sus problemas de crónica escasez de áreas aptas de cultivo y de la presión de colonización sobre su habitat (cf. Reichel-Dolmatoff [1953] 1977). Tales movimientos de población indígena dentro del macizo serrano son aún más complejos, por cuanto los koguis también se han desplazado desde su nucleo principal de asentamiento en la vertiente norte —los ríos Ancho y sus afluentes, y los ríos Palomino y Don Diego. En el caso de los koguis, sin embargo, la explicación del fenómeno fue, hasta hace muy poco, su intento deliberado de rechazar cualquier contacto con sus "hermanitos menores" —aún si ello implicara perder territorios, como en hecho sucedió con las ecozonas de menor elevación sobre el nivel del mar.

En todo caso, un punto sobre el que al parecer no hay ninguna duda es el de que lo que hoy corresponde con el departamento del Magdalena no fue una área de una alta densidad de población indígena serrana después del siglo XVII. Solo doscientos años después, hacia finales del siglo XIX, los indígenas comenzaron a ocupar de nuevo esta parte del macizo —primero los koguis y muy seguidamente los ikas. Tal ocupación se hizo en competencia por ponerlo en estos términos, con las oleadas de colonización campesina y de actividades agroindustriales que desde comienzos de la presente centuria se han desplazado hacia las estribaciones noroccidentales y occidentales de la Nevada. Esto explica, desde luego, que el departamento del Magdalena sea el menos poblado por indígenas serranos de los tres departamentos que comparten jurisdicción sobre el macizo.
__________

4. Según la delegación del Cesar de la División de Asuntos Indígenas, los datos de un censo realizado en diciembre de 1989 arrojan cifras diferentes a las consignadas en el estudio de Arango y Sánchez para el Departamento Nacional de Planeación en lo que hace a los totales de población de cada uno de los grupos indígenas que corresponden a dicho departamento. Estas últimas cifras son las siguientes: ikas (arhuacos), 8.253 (frente a 6.643 del DNP); wiwas, 1.147 (frente a 811 del DNP); koguis, 826 (frente a 601 del DNP). Estos datos arrojan una población indígena en el departamento del Cesar aún mayor (o sea de 8.679 indígenas). (regresar a 4)

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