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4. EL ESCENARIO REGIONAL
En el capítulo anterior se
analizó la trayectoria histórica de la Sierra Nevada de Santa Marta y su hinterland
dentro del sistema regional nacional. Tal trayectoria señala unos períodos críticos
durante los cuales el macizo serrano y las partes bajas aledañas han estado más
vinculados dentro de tal sistema. Dos períodos, en particular, merecen señalarse en este
respecto: durante el primero, que abarca casi todo el siglo XVI, la Sierra Nevada fue
explorada totalmente por los europeos, y los pueblos indígenas localizados hacia las
partes más bajas y en el litoral de las vertientes norte y noroccidental fueron
"pacificados" para lograr su participación en el nuevo orden colonial. En el
segundo período, que corresponde con las reformas borbónicas del siglo XVIII, la
administración colonial montó un vasto programa de consolidación de la colonización en
las partes más altas del macizo consolidación apoyada en la formación de
"pueblos de indios", en la conversión de los aborígenes al catolicismo y en la
introducción de cambios profundos en el sistema productivo y en la organización social
de las etnias denominadas en conjunto como los arhuacos. En buena medida, durante este
siglo los indígenas serranos adquirieron su perfil sociológico como pueblos indígenas
"diferentes". Ello por cuanto las presiones a las que fueron sometidos hicieron
mella en sus sociedades con la excepción aparente del conjunto de sus creencias
religiosas y de sus representaciones simbólicas sobre el mundo y sobre sí mismos, las
cuales los agentes del cambio, especialmente los misioneros, es de suponer que no lograron
afectar con la misma profundidad.
Estos dos períodos de una
mayor participación de los indígenas serranos en el orden externo fueron punteados por
otros dos períodos en los cuales la presión exógena sobre el macizo disminuyó de
manera notoria. El primero cubre todo el siglo XVII, lapso durante el cual las sociedades
indígenas de la Nevada se reconstituyeron como tales de las ruinas que en la centuria
anterior había dejado el conquistador español. El segundo período de distensión corre
paralelo al fracaso del proyecto reformista borbón, y a las subsecuentes luchas de la
independencia política de la Nueva Granada. Toda la baraúnda desatada en el país y en
la antigua provincia española de Santa Marta por estos procesos, permitió que los
pueblos serranos volviesen a replegarse dentro de sus montañas. Sin embargo, este orden
de cosas no duró mucho tiempo. Como que desde mediados del siglo XIX se inicia una vez
más el paulatino avance del orden exterior hacia el macizo serrano. La nueva penetración
empezó con los intentos fallidos de establecer colonias agrícolas de extranjeros en la
Nevada. Luego se dio el intento del entonces gobierno federal de los Estados Unidos de
Colombia, también fracasado, de hacer del macizo un área de manejo especial controlada
desde Bogotá. Después de la Guerra de los Mil Días, el tempo del fenómeno comienza a
acelerarse gradualmente. La Sierra Nevada se convierte entonces en un poderoso foco de
atracción de una colonización espontánea de campesinos expulsados de otras partes del
país. Con los años, los koguis, ikas y wiwas se han visto cercados por todos lados por
sus "hermanitos menores", esos campesinos mestizos de cultura nacional que
ocuparon sus tierras, en especial aquellas localizadas en las partes más bajas y de más
fácil acceso desde los centros urbanos que rodean el macizo. Paralelo a este proceso,
desde inicios del presente siglo los misioneros capuchinos reiniciaron sus esfuerzos en
pro de la conversión religiosa y la "civilización" de los indígenas serranos.
Se inauguró así una tercera fase crítica de transformación de la sociedad indígena en
el norte de Colombia transformación que pese a todo nunca ha logrado despojar a los
indígenas de su condición de "otros" pueblos.
Por otra parte, el caso de
las tierras bajas que rodean el macizo serrano muestra una dinámica histórica colonial
muy diferente a la de las montañas que les sirven de atalaya. En efecto, aunque los
europeos exploraron de una forma más o menos exhaustiva durante el siglo XVI la
Península de la Guajira y las tierras de chimilas, así como el territorio de los
llamados motilones, los grupos indígenas que los habitaban fueron dejados a sus propios
destinos como sociedades de "indios bravos" o de "indios caribes"
términos éstos que, aunque imprecisos desde un punto de vista cultural,
significaban en la mente de los colonos españoles que estos territorios no habían sido
colonizados debido a la belicosidad de sus habitantes. Con todo, durante el siglo XVIII la
administración colonial intentó extender el programa reformista borbónico dentro de
estas tierras incultas con el fin de traer a los guajiros, chimilas y motilones dentro de
su modelo de civilización y sociedad programa en el que desempeñaron un papel
prominente los misioneros capuchinos. Sin embargo, en estas regiones la administración
colonial contó con aún menos fortuna que en el caso de la Sierra Nevada. En
consecuencia, ellas permanecieron en buena medida por fuera de la frontera interna de la
colonización y su vinculación con los órdenes regional y nacional sólo se acometería
con más éxito durante este siglo XX.
En el presente capítulo me
ocuparé de precisar, a grandes trazos, la compleja trama regional en la que se insertan
hoy los indígenas de la Sierra Nevada y de su hinterland bajo hacia el sur, y en
caracterizar de manera más detallada la tercera y última fase de su articulación en los
órdenes regional, nacional e internacional esto es, el período que abarca desde la
Guerra de los Mil Días hasta el presente.
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