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3.0 BOSQUEJO HISTÓRICO
En el año de 1599, don Juan Guiral Velón, gobernador y capitán general de la provincia
de Santa Marta y Río de la Hacha abandonó su capital samaria a la cabeza de un ejército
improvisado de colonos y soldados desocupados. Su destino eran las breñas de la Sierra
Nevada noroccidental. El propósito, acabar con otra de las muchas rebeliones que los
indios comarcanos habían organizado en contra de los españoles, desde que fundaran a
Santa Marta por primera vez en 1525. Después de algunos meses de arduas campañas, Guiral
Velón y los suyos alcanzaron la victoria, no obstante la feroz resistencia que los
pueblos indígenas de ese lado del macizo opusieron a su enemigo. Años de combate
desigual minaron, en últimas, la capacidad de resistencia de los aborígenes. Además, la
atomización política de los pueblos indígenas serranos impidió un mando centralizado y
coordinado, más eficaz para enfrentar a los europeos.
El gobernador victorioso
surtió una condena brutal y despiadada para castigar a los indios juzgados de
"traición y alevosía" y de cometer un crimen de legi magestati. El
historiador Ernesto Restrepo Tirado encontró en el Archivo de Indias copia de esta
sentencia que mandaba ajusticiar, después de terribles torturas, a los líderes e indios
principales de los pueblos de Jeriboca, Bonda, Masinga, Durama, Origua, Dibocaca, Daona,
Masaca, Chengue "y los demás sus aliados". El texto de la misma, transcrito por
Restrepo (1937:740-743), reza así: "Primeramente: A Cuchacique, principal de dicho
pueblo de Jeriboca y principal movedor de dicho alzamiento lo condeno a que sea arrastrado
a la cola de dos potros cerreros, y hecho cuatro cuartos, y puestos por los caminos, y la
cabeza puesta en una jaula en donde nadie la quite so pena de muerte para que a él sea
castigo y a otros ejemplo". Después del castigo a Cuchacique, Guiral Velón ordenó
que otros 67 líderes de la sedición fuesen "ahorcados por sus gargantas hasta que
mueran naturalmente" para que "a ellos sea castigo y a los demás ejemplo".
No contento con esto, el gobernador mandó que dos indios encontrados culpables del
asesinato del cura doctrinero de Chengue y de un español que estaba con él, fueran
"asaetados" en el mismo lugar en el que cometieron su delito. El indio Torigua
de Jeriboca, culpable también en el alzamiento y de practicar el "pecado
nefando", fue ajusticiado a garrote y su cuerno quemado para que no "quedase de
él memoria y se dé a entender a los demás indios que este castigo se ha de dar a los
otros que cometiesen dicho delito". Además, los pueblos que participaron en el
alzamiento fueron quemados, después de ser saqueados por los soldados en pago por sus
servicios, y los nativos fueron prohibidos bajo pena de muerte de poblar áreas retiradas
a Santa Marta y de difícil acceso (cf. Reichel-Dolmatoff 1951:36-37; Bischof
1982:91-102).
En 1600 desapareció pues
para siempre la vieja civilización indígena que los arqueólogos llaman como la cultura
tairona y ninguna dosis de imaginación antropológica puede demostrar que los
actuales indígenas serranos guardan intacta e intocada tal herencia cultural. Las
ciudadelas y caminos indígenas construidas con amor y miles de piedras graníticas,
después de siglos de trabajo, fueron devoradas por la vegetación glotona de la selva
tropical. Los ceramistas y los orfebres dejaron de producir sus bellas piezas de arcilla,
oro y tumbaga, lo mismo que las hachas ceremoniales y las cuentas multicolores de piedras
semipreciosas. Todo el esplendor del pasado llegó a su fin. Sólo recuerdos materiales
quedaron enterrados en las tumbas de los viejos gobernantes, muertos muchos años antes, y
en las de los en otrora poderosos sacerdotes nativos. Junto con los anillos circulares de
piedra y la extensa red de caminos de las "ciudades" ya perdidas bajo la selva,
esperaron a que guaqueros y arqueólogos llegaran en su rescate con los siglos. Mientras
tanto, los colonos europeos y sus descendientes se olvidaron de la antigua grandeza
indígena que alguna vez se enseñoreó en las montañas y valles de la Sierra Nevada, a
la par que un nuevo orden social colonial comenzó a organizarse por fin. Los indígenas
descendientes de aquellos sobrevivientes del holocausto, por su parte, recuerdan todavía
a sus ancestros derrotados por el muy magnífico señor don Juan Guiral Velón, gobernador
y capitán general de la provincia de Santa Marta y Río de la Hacha de las Indias
Occidentales del Mar Océano.
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