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LA ETNOGRAFIA DE LA SIERRA NEVADA DE SANTA
MARTA
Y LAS TIERRAS BAJAS ADYACENTES
Carlos Alberto Uribe T.
Departamento de Antropología
Universidad de los Andes
1.0 INTRODUCCIÓN
Una evaluación superficial
de la condición actual de la Sierra Nevada de Santa Marta basta para mostrar el
dramático conflicto social que allí se experimenta. Sobre la base de un grave deterioro
ambiental, sus habitantes indígenas se disputan metro a metro el territorio con los
herederos de los conquistadores españoles "colombianos",
"civilizados", o "hermanitos menores" les llaman los indígenas a
estos últimos. Entre estos colombianos hay campesinos pobres que desplazados del interior
del país o de otras regiones de la costa, se lanzaron en pos de la quimera de colonizar
un territorio extraño. Algunos de estos campesinos lograron afincar con los días la
economía del café y de otros productos agrícolas comerciales, que bajan por las trochas
y carreteables que vinculan la Sierra con las poblaciones de las partes bajas. Otros
campesinos, colonos más recientes o menos favorecidos por la fortuna, sólo han logrado
sembrar los alimentos de su dieta básica y criar unas cuantas gallinas, cerdos y quizás
unas reses que pastan en los empinados riscos. Estos últimos, que no han podido generar
el nivel de acumulación necesario para desarrollar una economía campesina, tienen que
trabajar parte del tiempo por un jornal en las fincas vecinas, grandes y pequeñas y
soñar, tal vez, con una nueva colonización, después de la venta de sus
"mejoras" al latifundista de al lado, o al instituto gubernamental
correspondiente. Un tercer grupo de campesinos, que no resistió la dureza de la aventura,
regresó a las ciudades y pueblos tan pobres como salieron. Algunos de ellos prefirieron
alistarse en los ejércitos privados de quienes parecían ser los nuevos
"caciques" de la tierra los señores del narcotráfico. Ya tenían alguna
visión de los rendimientos de estos negocios ilícitos, cuando por una época
participaron del auge de la marihuana. Más reciente es la cocaína, en forma de un
derivado letal que todos conocen como "basuco".
Por encima de toda esa
abigarrada multitud que hoy puebla la Sierra Nevada sobrevuelan los helicópteros del
ejército y la policía. Son varias las misiones de sus tripulantes. Hasta hace unos pocos
años, la misión principal era la de regar cargas de defoliantes sobre todo lo que desde
el aire pareciera arbustos de marihuana. Esto se hacía sin grandes reparos sobre los
efectos de los defoliantes en las cosechas de alimentos, en la vegetación natural, en las
aguas, o en los mismos seres humanos. Luego volaron misiones de apoyo y protección a las
patrullas ocupadas en la persecución de los miembros bien armados de unas
"tribus" antes nunca vistas por esos lados los frentes guerrilleros. Y en
medio de todo ese torbellino, por los empinados y peligrosos caminos serranos suben las
constantes procesiones de funcionarios del gobierno, unos cuantos misioneros de varias
denominaciones, uno que otro comerciante ambulante acompañado de una o dos mulas en las
que ha colgado todos sus abalorios, y tal o cual antropólogo e indigenista empeñado en
rescatar una nueva "ciudad perdida" de los taironas o en ayudar a los nativos o
a los colonos.
Otras son las pasiones
humanas que se agitan en el inmenso territorio casi totalmente plano que se extiende desde
el flanco occidental de la Nevada en las direcciones del poniente y del sur hasta el río
Magdalena. Estas tierras, que desde el siglo XVIII fueron conocidas como "tierras de
chimilas", pertenecen hoy a grandes hacendados ocupados con la producción de leche o
el engorde de ganado, o a poderosas empresas agroindustriales productoras de banano para
la exportación o de palma africana. Antes de que se formaran sus extensas posesiones,
cuadrillas de trabajadores empeñados en la extracción del bálsamo de Tolú o al
servicio de compañías petroleras extranjeras, exploraron palmo a palmo todas las selvas,
sabanas, ciénagas y caños inundables en el invierno que conformaban el abigarrado
mosaico de ecosistemas de los territorios situados al norte de la Depresión Momposina.
Esto comenzó a suceder a comienzos del presente siglo. El indígena chimila vio entonces
cómo empezaron a aparecer cercas donde antes sólo habían sabanas por donde se podía
caminar sin que nada interrumpiera la marcha. Después llegaron las máquinas y fueron las
"caterpillares" las encargadas de tumbar inmensas extensiones de bosques
tropicales para abrir espacio a más ganado y a más cercas ahora con alambre de púas.
Con ellas llegaron también unos señores extranjeros que empezaron a decir que todas
estas fincas eran de ellos, y que para "progresar" había que acabar con los
indios. El chimila se vio acorralado por todas partes y supo que lo que no había logrado
el español de antaño, derrotarlo, lo lograban a grandes pasos los recién llegados. Y al
chimila no le quedó más recurso que vivir arrimado en una tierra que ahora era de otro
hasta que, por fin, hace pocos años llegó el INCORA y dijo que unas cuantas
hectáreas pertenecían desde ese momento sólo a los indígenas puesto que ya tenían su
resguardo legalmente constituido.
El presente estudio tiene
como objeto hacer una síntesis de la situación contemporánea de los indígenas de la
Sierra Nevada de Santa Marta y de las tierras bajas que yacen hacia el sur del piedemonte
del macizo. Su foco de análisis está determinado por las etnias indígenas de los ikas,
koguis y wiwas que se asientan en la Sierra, y de los chimilas asentados en torno a la
población de San Angel localizada en casi todo el centro de las llanuras centrales de los
departamentos del Magdalena y Cesar. No obstante, en el estudio se plantea la Sierra
Nevada de Santa Marta y su hinterland de las tierras bajas como una gran unidad
territorial regional conformada gracias a procesos históricos de muy vieja data lo
que algunos historiadores denominan como el "tiempo histórico de la larga
duración". Por esta razón, este trabajo parte de la premisa de que el macizo
serrano y los territoriós adyacentes están inmersos en la vida social; económica y
política de la región costeña colombiana
de manera especial en
la dinámica social centrada en las localidades de Santa Marta, Valledupar y Riohacha, las
capitales de las tres divisiones político-administrativas que enmarcan toda la región en
cuestión. Lo anterior equivale a afirmar que la condición social de los indígenas que
en la actualidad compiten con otros pobladores por el control del territorio de la Sierra
Nevada, o la de los chimilas, no puede entenderse a menos que se precisen sus formas de
relación sociales, económicas y políticas dentro de la sociedad regional en la que
viven y han vivido, en la medida que tal interacción es un producto histórico.
De las premisas anteriores
se desprenden varias consecuencias. La primera de ellas plantea la necesidad de repensar
analíticamente a los indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta y a los indígenas de
las partes bajas adyacentes. Hasta ahora el saber antropológico convencional ha
considerado que los koguis, ikas y wiwas han logrado preservar de manera más o menos
completa todo el legado cultural de sus ancestros precolombinos, generalmente asociados
con el pueblo responsable de la cultura arqueológica llamada tairona. Esto ha sido
posible, según estos estudiosos, gracias al relativo aislamiento de los indígenas dentro
del macizo serrano, conceptualizado en términos de una "región de refugio", y
en virtud del valor que los indígenas dan a una tradición acendrada que desecha todo
elemento de cambio o de perturbación de sus viejos valores, creencias y formas de ser. En
otras palabras, la mayoría de los antropólogos que han estudiado la Sierra Nevada opina
que los grupos indígenas sobrevivientes no han sido muy "aculturados" lo
que les ha permitido, precisamente, sobrevivir como sociedades indígenas diferentes, que
han preservado su cultura gracias a su negación militante y reiterada de la "cultura
nacional" en su variedad regional. En oposición al anterior planteamiento, que
defiende una gran continuidad cultural indígena en la Sierra Nevada, en este trabajo se
hace repetido hincapié en la ruptura y en la discontinuidad tanto sociales como
culturales, y en los intentos de los indígenas en continuar como indígenas en medio del
torbellino de cambios sociales, económicos y políticos que desde hace siglos los ligaron
de manera inexorable al mundo, al país y a la región.
Los chimilas, por su parte,
se ven más en la literatura antropológica convencional como una "tribu"
aculturada, en un proceso acelerado de desintegración total como que por lo menos
desde finales del siglo pasado varios observadores han profetizado su extinción de la faz
de la tierra. Es como si en un continuo de variación, los chimilas, a diferencia de los
grupos serranos, estuvieran más cerca del extremo de la "civilización" que del
de la tradición prehispánica. Con todo, aún somos testigos de la existencia de este
pequeño grupo de personas en las tierras bajas al sur del macizo serrano que, no obstante
todo lo que a lo largo de los siglos ha militado en su contra y de todos los cambios que
han tenido que asimilar, persiste en considerarse como indígenas, esto es, como gente
diferente desde el punto de vista cultural del resto de los pobladores mestizos de estas
inmensas llanuras.
En segundo lugar, el punto
de mira adoptado en la presente investigación demanda un tipo de análisis más
sociológico que cultural. En ella se privilegian, ante todo, consideraciones sobre las
relaciones económicas y políticas y las formas de inserción de los indígenas en el
"mundo de los hermanitos menores y las consecuencias que de allí se desprenden en
términos de sus propias sociedades y no tanto, como hasta ahora casi siempre lo han
hecho los antropólogos, en privilegiar consideraciones sobre la configuración cultural
homogénea de los indígenas de las regiones al norte de Colombia. Por este motivo, el
presente estudio busca ver mas el conflicto interétnico y el conflicto interno que
experimentan los ikas, koguis y wiwas, por una parte, y los chimilas, por la otra. En él
se critica la visión antropológica usual de las sociedades indígenas como comunidades,
representadas éstas como agregados sociales en los cuales la integración social es alta,
el consenso grande, el conflicto mínimo, la lucha por el poder ausente, el egoísmo no
existente, la apropiación privada del producto social desconocida, las formas de trabajo
colectivas favorecidas sobre los intentos de acumulación individual y, en suma, lo
tradicional primando sobre el cambio. Ligado a esta crítica, en este estudio se cuestiona
el empleo del concepto de tribu para conceptualizar la organización social
característica de los indígenas de la Sierra Nevada y de las partes bajas adyacentes.
Este trabajo se basa en
varios tipos de fuentes. En primer lugar, en documentos escritos y en otras fuentes
secundarias sobre la Sierra Nevada de Santa Marta y las partes bajas aledañas. En segundo
término, en numerosas temporadas de investigación de campo entre estos grupos indígenas
la primera de las cuales tuvo lugar entre los chimilas por allá en los años de
1972 y 1973. En tercer lugar, en innumerables reuniones con las gentes indígenas y con
los líderes de sus propias organizaciones, y en conversaciones informales individuales o
de corrillos pequeños con indígenas ikas, koguis, wiwas y chimilas. En cuarto lugar, en
muchas conversaciones adelantadas con colegas interesados en la etnología de esta parte
del país. Finalmente, en trabajos previos del autor sobre los indígenas de la Sierra
Nevada y el piedemonte, su historia y la historia regional y los conflictos actuales
(1)
.
__________
1. En este particular, quiero enunciar aquí mis siguientes trabajos: "Los
chimila". En: Instituto Colombiano de Antropología. Introducción a la Colombia
Amerindia. (Bogotá: Editorial Presencia, 1987), pp. 51-62; "Historia de la
Sierra Nevada de Santa Marta". En: Fundación Pro Sierra Nevada de Santa Marta.
Diagnóstico de la Sierra Nevada de Santa Marta. 22 volúmenes, manuscrito inédito,
1988; "Historia de la Arcadia del Nuevo Mundo. La Sierra Nevada de Santa Marta:
1600-1900", en prensa; "Informe Final. La Sierra Nevada de Santa Marta".
En: Varios autores. Evaluación cualitativa del Plan Nacional de Rehabilitación (PNR)
en comunidades indígenas. Manuscrito inédito. Bogotá: Universidad de los Andes,
Departamento de Antropología, 1990.
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