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SISTEMAS DE CREENCIAS Y ETNOMEDICINA
La mitología bari responde
a una compleja elaboración ideológica del proceso cultural milenario y vivido por esta
etnia, en un habitat específico y en un marco de relaciones sociales y de producción
ampliamente conocido y adecuado.
Los estudios realizados
sobre la materia han sido fundamentalmente hechos por misioneros como Alcacer (1962, 1964,
1965), Villamañan (1969a, 1969b, 1975), Neglia-Olson (1974) y Castillo (1981). De manera
parcial algunos mitos han sido recogidos por Jaulin (1973), Pinton (1970), por tanto se
puede considerar que hoy no existen estudios etnológicos conla cobertura y profundidad
suficiente.
La concepción del mundo
está dada para el bari en el proceso de su ordenamiento, ocurrido en el marco
de dos momentos delimitados por la presencia de Sabaseba. En efecto, el bari no se
pregunta tanto por el origen mismo del mundo sino por la necesidad de alguien que ordene
las cosas, las gentes y su conducta para que cada elemento esté en su sitio.
Este proceso ocurre en la
interacción entre Sabaseba, sus enviados y los bari mismos. Sabaseba no constituye tanto
un ser ontológicamente distinto y de carácter metafisicamente diferenciado y superior,
es sencillamente el conocedor y ordenador, un ser similar al bari. Viene con el viento
desde el poniente donde vivía con su familia y llega a la tierra que encuentra
"oscura, sin estructura, sin forma determinada, caótica (...). Con su trabajo la
ordena, la modela, dándole una nueva forma hasta conseguir su situación actual: llanita
y con sentido para poder ser habitada y disfrutada" (Castillo 1981:290).
Este trabajo lo hizo
Sabaseba sujeto a la fatiga y al hambre como cualquier bari que prepara su
conuco por eso recurrió a comer de lo único que encontró en aquellos montes:
piñas. Al partir una de ellas surge un bari, al partir una segunda aparece una barira
(mujer bari) y al partir una tercera surge un bakurita (niño bari), todos ellos en
actitud alegre y sonriente.
Los primeros han se
constituyeron en personajes importantes llamados Saimadoyi. Estos son Kokebadou, Ñandu,
Chibaig, Kassoso, Ourundou, Nunschundou, Dababosadou, a quienes correspondió ser
auxiliares de Sabaseba en la reconstrucción del mundo y en la instrucción de los bari en
diversas actividades. Kokebadou al cortar un gran tronco del cual salían ruidos brotaron
las aguas, posteriormente enseñaría a los bari a pescar. Nandu es el Saimadoyi quien en
la prueba hecha por Sabaseba para ver quién lucía más al colocarse un collar con plumas
de tucán, se destacó por ser quien más brillaba. Así Sabaseba le ordenó cumplir con
el papel de sol ocupando el sitio de éste, colocándose las plumas durante el día y
quitándoselas en la noche.
Chibaig es una mujer
perteneciente a los Saimadoyi y cumple la función de iluminar como luna por la noche.
Kassoso es quien enseña al bari a construir el bohío; Ourundou, la caza y el fuego;
Nunschundou, la agricultura y la artesanía. Dabasosa, por último, es quien enseña los
cuidados de la mujer encinta y del recién nacido, así como los "secretos"
(iacucainas) para el uso de la droxara (tabaco).
Sabaseba, además, dispuso
de las estaciones de lluvia y de verano, de la existencia de nubes, del arco iris, de
truenos y relámpagos, de terremotos así como de las estrellas. Estos constituyen los
fenómenos naturales que interesan al bari y para los que tiene respuesta.
Sabaseba también preceptuó
sobre el comportamiento que debían seguir los bari estableciendo las normas de conducta,
en especial con relación al respeto por la vida. Y es aquí donde, a pesar del papel
ordenador de Sabaseba, no todo es tan bueno como él lo quiso por culpa del comportamiento
del bari. Es así como el mito de Sibabio explica la causa de la existencia de otras
gentes, tanto indígenas como de otras razas, de los personajes maléficos y de los
animales.
El mito relata la historia
de una vieja (Sibabio) que mató a su nieto, lo asó y comió su carne. Entonces sus
padres (del niño) tomaron venganza ocasionándole la muerte, para lo cual apilaron leña
junto a ella y le prendieron fuego. Una vez quemada se esparcieron sus cenizas y de ellas
surgieron los blancos, los negros, los Yuko-Yukpa, los guajiros, los daviddu y los
animales. El nombre de las gentes que iban surgiendo de las cenizas lo otorgaba Sabaseba
señalándoles el lugar que debían habitar. Los daviddu los envió a los montes con el
encargo de coger al bari para que así muera.
De las cenizas
aseguran los bari provienen otros seres imaginarios como los Ichigbari y
Taibabaioyi. Los animales son los últimos en surgir de las cenizas y es nuevamente
Sabaseba quien les da el nombre, les enseña su función y lugar. También se presentan
casos en los tiempos remotos de transformación de algún antiguo bari en un
animal con el fin de dar explicación de algún aspecto de su conducta, por lo que cada
uno acomoda su propia versión del mito según sus propias observaciones y experiencias.
Los animales, objeto de estos mitos, son principalmente los monos, las marimondas, los
araguatos, las lapas, las arditas, aves y hasta montañas con figura humana.
Un aspecto llamativo en la
mitología bari es el ordenamiento que se le da al cosmos y el tipo de pobladores que le
corresponde. Así a la tierra (itta) corresponden hombres y animales; debajo de ella está
el baira biascha barun, grandes extensiones de agua debajo de la tierra donde habitan los
sitbayi los cuales viven en cuevas; los taibabioyi, los ninchu, los scumbrabra (enanitos),
los karima (gente con forma de animal), los tai (peces).
Encima de la tierra se
ubican en orden ascendente seis cielos: el saba, debajo de las nubes, es la región del
viento suave habitada por seres protectores de las tempestades como los Nodaridou, los
Sirogdobari, y de pájaros amarillos quienes los defienden de los ataques de Daviddu.
Sigue la zona de viento
fuerte o kokda sada, donde se forman las tormentas y las lluvias. Allí es el lugar del
encuentro de los muertos (basunchimba) con sus familiares. Por encima de las nubes está
el cielo (barun) que semeja un telón muy grande pintado de azul por Sabaseba, sostenido
en la tierra, en el cual habitan los saimadoyi, las estrellas y los basunchimba. Más
allá está el firmamento o barun aschua poblado por los zamuros, los truenos, los
relámpagos, la luna y el arco iris. Encima está el sagoada bibaru donde habitan las
personas convertidas en aves (tarigbimomo) o en monos (scharaba) y las golondrinas. Por
último el cielo más alto lugar de ñanbobikorai, ñandou (el sol) y Sabaseba y familia.
La exposición por parte de
un indígena de cualquiera de estos relatos míticos no implica uniformidad y obligación
de repetirlos con iguales características; de hecho, según su ingenio, cada uno
introduce variaciones en el mensaje según sus propias inspiraciones y experiencias. Entre
los bari no existen individuos depositarios de la "verdad" o con un rol
específico que permita ostentarla, pues al fin y al cabo todo este conocimiento forma
parte de la tradición oral. Se considera que un viejo (mayor de treinta años) es lo
suficientemente instruido en estas materias. Para el bari la función principal en el
grupo no la ejerce el shaman, sacerdote o brujo, sino el Ñatubay. Su origen coincide con
la existencia misma de los bari; en efecto, de las piñas amarillas partidas por Sabaseba
surgieron los primeros Natubai: Anagscnamadou, Akedou, Sirotrobindou, Nischarrai,
Nainsayadou, quienes aprendieron directamente de Kassoso la construcción del bohío y
ocuparon distintos sitios según el territorio que les fue asignado.
Además del Natubai, como
señalamos páginas atrás, la estructura social del grupo doméstico está constituida
por otros individuos que cumplen roles diferenciados, sin que entre ellos exista uno en
particular para el shaman. Para los bari, Sabaseba los ilustró por mediación de Dababosa
(saiomadoyi), acerca de los "secretos" (iacucainas) para el manejo de la droxara
(tabaco). Es por esto que Castillo (1981:300) caracteriza a la cultura bari de
"aniconismo" pues en ella "no se encuentran ídolos, ni
templos, ni ritos, ni sacrificios, ni ofrendas. La relación con Sabaseba es
acultual".
Lo que equivale a que éste
organizó el mundo y su vida y los dejó para que ellos continuaran con los modelos que
les enseñó, sin requerir relación cultural. Sin embargo el bari reconoce el papel y la
obra de Sabaseba y procura seguir sus modelos en todo cuanto hace.
Sin embargo podemos observar
algunas prácticas culturales que pueden ofrecernos ejemplo de los diversos pasajes
diferenciados en su vida: los mitos también están referidos a los aspectos sociales
tales como la iniciación (nacimiento, crecimiento y participación comunal). Así
Dababosa en forma de tigre se encarga de instruir al bari en los misterios de
la vida y de cuidar de la mamá y del bebé. Su ausencia causa sufrimiento a las mujeres
en el parto y retraso en los niños. La iniciación está acompañada de algunos
"tabús" como la prohibición de consumo de ciertos alimentos por parte de la
mujer, o la realización de ciertos ritos cuando se trata de la imposición del nombre o
el reconocimiento pleno del grupo.
La familia tiene también un
origen mítico como señalamos anteriormente y su comportamiento al lado de
los Ñatubai ha sido dispuesto por Sabaseba; por lo que quienes no acatan las normas
sufren las consecuencias del malestar. La casa (bohío) también tiene una explicación
mitológica; fue aprendida de Kassoso por encargo de Sabaseba, el cual además los
instruyó sobre los demás elementos que componen la vivienda. Asimismo la aparición de
los hombres, salidos de la piña, responde al orden de "jerarquía" de los
individuos en su distribución especial y responsabilidad en las tareas, de lo cual hemos
hablado en otra parte.
El más temido de los
espíritus es Daviddu el dueño de la noche, espíritu que causa el mal y quien, con su
fatalidad trae al bari la enfermedad y la muerte segura. Es él el que desencadena las
tempestades y tormentas, produce el desbordamiento de los ríos y por andar suelto en las
noches es una amenaza para salir del bohío a esas horas; para salvaguardar su casa de las
malas influencias exorcizan con un leño encendido su interior agitándolo por todos sus
alrededores. Cuando alguien se enferma por su causa, se dice que se ensaña en su
víctima. Como tiene poderes superiores nada hay que hacer; lo mejor es dejar
tranquilamente morir al enfermo. De Daviddu provienen las enfermedades graves y/o
mortales; por eso hay que temer a Daviddu y huir de él. El venado es tabú para la caza y
su consumo, en tanto está asociado a Daviddu.
En otras ocasiones se
identifica a Schicbarina con el mal que proviene del hombre blanco, quien con sus malas
influencias trae enfermedades al bari, con Schicbarina sostiene una especial relación de
intercambio espiritual en las horas de la noche, buscando su protección y su luz.
También la enfermedad y la
muerte pueden provenir de Daybacdodjira quien vive bajo las aguas de los ríos y puede
causar el ahogamiento; o de Schumbrabra, espíritu que está debajo del suelo y trae
vómitos y lombrices.
El bari establece
comunicación interior con los espíritus para determinar por la autocrítica, si debe
admitir alguna responsabilidad ante la enfermedad o ésta proviene de alguna mala
influencia de otros congéneres o del hombre blanco.
La terapia motilona no
corresponde propiamente al campo de la botánica médica, sino que las plantas utilizadas
representan ante todo un acto simbólico de curación o para ejercer alguna protección
preventiva. Su uso depende de la consideración previa que se haya hecho del tipo de
enfermedad y de quien la envía. Ya señalamos la actitud resignada y estoica cuando se
trata de algo mortal: por ejemplo, el rayo, el ahogamiento, la mordedura de serpiente, la
peste, al fin y al cabo es lo que establece e impone el ordenamiento de Sabaseba. Una vez
muerto es transportado en su hamaca a la selva en donde es consumido por los zamuros que
vienen del barun ashua con esta misión.
Al parecer el diagnóstico y
el tratamiento con decisión personal, a partir del autoexamen de los motivos que hayan
podido causar la enfermedad y de esta forma considerar la gravedad o no que pueda revestir
y, por tanto, su posible o imposible curación. Dicho autoanálisis se realiza a partir de
los elementos de juicio que posea el individuo por propia experiencia, por el conocimiento
y manejo de la mitología y por la capacidad de diagnóstico de la enfermedad. De aquel
derivará su actitud ante ésta: si es grave o mortal adoptará la extrema resignación
ante su destino, aunque la muerte tampoco es el fin de todas las cosas.
Para el bari, la muerte
permite el paso a un mundo nuevo lleno también de experiencias, diferentes a las de esta
vida, pero rico y novedoso. De todos modos no abandona sus iacucaynas o invocaciones por
las que se dirige al Saymaydodjira solicitando la curáción. También utilizará de
diversa forma la droxara.
La droxara consiste en un
preparado de hierbas compuesto de las hojas del balso, el tabaco, el ají, las cuales una
vez secas se desmenuzan y se mezclan. Por lo común, son las mujeres las encargadas de
recoger las plantas, machacarlas y guardarlas en un pequeño calabazo, para que el enfermo
recurra a ella, ya que por su intermedio se obtienen poderes curativos emanados de lo
sobrenatural. Al balso se le atribuye un valor especial debido a que por su flor amarilla
y su permanente renovación anual ocupa el primer lugar entre las plantas del bosque y, se
le atribuye un valor particular pues por él se manifiesta el poder creador del
Saymadojira y sus favores para el bari. A estas agregan indistintamente otras, ya sea de
ají o yuca, según el criterio con que quiera potenciarse la droxara.
El enfermo
toma la droxara o mezcla de hojas, las humedece en su boca recitando las palabras según
donde sienta el dolor y haciendo referencia al lugar del cuerpo. El tipo de iacucaynas
varía según la inspiración individual; los viejos conocen el mayor número y se
encargan de enseñar a los jóvenes. Los jefes del grupo familiar son quienes los recitan
para curarse ellos mismos, a su mujer o a sus hijos y son ideadas más que todo en las
horas de la noche. Los conocimientos previos para producir las iacucaynas son ya
suficientes cuando se llega a la edad madura.
Existen otras prácticas
menores: en casos de gripa untan musgo en la garganta o cubren el pecho con caraña. La
caraña, una especie de goma de árbol, es de uso frecuente; y la mantiene a su alcance,
para aplicarla en forma de cataplasma; por ejemplo, para extraer los nuches de los granos
de la piel.
La droxara no sólo ejerce
una función curativa; también puede emplearse de manera preventiva, antes de realizar
alguna faena que signifique especial esfuerzo fisico como pescar o cazar, o para
participar en competencia o marchas para protección de malas influencias, también es
garantía de bienestar.
Como estimulante muscular,
para reanimarse en las competencias atléticas que realizan frecuentemente los jóvenes de
un bohío, o con los de otro que están de visita, por los caminos de caza en el bosque
contiguo.
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