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EL
BOHÍO O CASA COMUNAL
Un asentamiento tradicional
indígena está constituido por una casa comunal o bohío, un campo principal a su
alrededor y otros conucos subsidiarios, cuyo conjunto es el centro de la actividad y de la
cultura bari.
El bohío es la mayor obra
material que produce esta etnia y determina la organización social del grupo que lo
habita. Para su construcción se utilizan herramientas tomadas de los blancos como el
hacha, el machete, el cuchillo, en la labor de cortar y preparar los troncos que se
requieren para la edificacion.
Se distinguen como técnicas
artesanales las que se emplean en la construcción del techo por el tejido de la paja, la
hechura de nudos para el amarre de las vigas, doblamiento de las mismas, etc. Asimismo por
el carácter simbólico que posee, quien o quienes coloquen los pilotes principales y
secundarios, la forma de hacerlo, están expresando su sistema de organización social.
Es una edificación
gigantesca que puede dar albergue hasta a un centenar de personas. Es de forma semiovalada
o rectangular cuyos ejes llegan a tener entre 10 y 43 metros de largo y 6 a 20 de ancho; y
de 6 a 15 metros de alto. Su techumbre desciende hasta el suelo.
Sostiene Reichel-Dolmatoff
(1960:186) que las diferencias en la forma de las casas atestiguarían diferencias
culturales entre los grupos que las construyen, ya que se conocen bohíos rectangulares y
ovalados. Sin embargo, estudios posteriores han demostrado que tal diferenciación
cultural no existe y que la construcción combinada de casas ovaladas o rectangulares
permite desarrollar una estrategia de supervivencia (Beckerman 1979:61-71) en respuesta a
las necesidades de defensa, abrigo a parientes desalojados por el blanco o, por el
contrario, la disminución del número de habitantes conforme a la abundandancia o escasez
de los recursos, factores que inciden en el tamaño del grupo sin alterar de ningún modo
el modelo espacial propio de la casa bari, pero que permiten cierto juego en las
dimensiones de la construcción.
El bohío está situado en
el centro de un círculo de cien o doscientos metros de diámetro, aproximadamente, en
cuyos alrededores están los sembrados de yuca, plátano y piña. El sitio elegido debe
estar próximo a un río abundante de pescado, que no sea pantanoso ni cenagoso; las
tierras deben ser aptas para el cultivo.
Escogido el lugar se tala el
bosque, aprovechando los troncos que puedan ser útiles como soportes. Todos los miembros
del grupo participan en la construcción dirigidos por el Natubay (ver infra), los hombres
acercan los maderos, las mujeres apilan palmas y bejucos.
Cuatro maderos son plantados
como pilares centrales y sobre ellos se tienden cuatro travesaños, formando un
cuadrilátero, en el cual descansa la estructura del bohío, conformada por dos filas de
horcones separados por tres metros y medio uno de otro, doblados hacia el centro en la
parte alta, en donde se unen a una viga cumbrera que sirve de contrapeso a las fuerzas
laterales. A estos unen otros troncos para facilitar el amarre de la palma, la cual se
coloca de forma que el tallo envuelva el madero y la palma quede hacia fuera, haciéndolo
desde dentro y comenzando por la parte baja. Las mujeres elaboran los canastos,
chinchorros y esteras que servirán como nuevo ajuar.
La construcción exige la
organización de toda la comunidad con este fin, distribuyéndose los roles de la
siguiente manera, según anota Castillo (1981:63).
Ñatubai: Jefe del bohío y
primer jefe de construcción. Ocupaba el puesto del palo central viga maestra
que atraviesa todo el bohío desde arriba, como sostén fundamental y el que da
consistencia a toda la casa comunal. Era el sitio más importante y, a la vez, el más
arriesgado.
Abyiyibai: Segundo jefe de
construcción. Nombre correspondiente al palo que sostenía las partes laterales de
arriba.
Ibaibaibai: Tercer jefe de
construcción. Nombre correspondiente al palo que sostenía las partes laterales más
pequeñas.
Atakyominaibaibai: Cuarto
jefe de construcción. Nombre correspondiente a los palos laterales más bajos.
Akschayirominibaibai: Quinto
jefe de construcción. Su nombre correspondía a los palos que rodeaban el bohío por
dentro, donde iban guindados los chinchorros.
En toda esta concepción
aparece un excelente sentido de unidad y de responsabilidades compartidas, si bien
dirigidas por el principal responsable de la comunidad, expresado en formas culturales de
corte arquitectónico.
Es de interés advertir la
relación existente entre los maderos, sus respectivos nombres y su distribución entre
los hombres participantes en la obra.
La construcción puede
tardar entre mes y medio y dos meses, tiempo en el cual van y vienen de y al bohío viejo
que va a ser reemplazado. Sus dimensiones y forma ovalada o rectangular
dependen del tamaño del grupo que lo ha de habitar en forma comunal, como casa para
preparar y consumir los alimentos, como albergue, lugar de descanso y protección.
El espacio está distribuido
en dos áreas principales: la central, para los fogones y la lateral, muy cerca de los
fogones; los alimentos, como racimos de plátano o yuca se colocan en la improvisada cerca
divisoria de las dos áreas; y en los canastos que cuelgan de las vigas ubicadas en lo
alto de la cocina, se colocan las carnes y el pescado envueltos en hojas.
En la parte
lateral se ubican los chinchorros, hamacas y esteras, se guardan las ropas y otros
enseres, bien sea en canastos o colgados en cuerdas; dentro de la techumbre pajiza si se
trata de flechas, machetes, cuchillos; o más alto, en especie de soberados, en donde
además guardan maletas y elementos para elaborar arcos, chuzos o flechas.
El bohío tiene dos
"puertas" principales, una hacia el oriente y otra al occidente, de un metro y
medio de altura; en los bohíos más grandes, puede haber otras dos muy pequeñas en los
costados opuestos. Todas se cierran en la noche con palmas, para protegerse contra el
frío o de las molestias de animales intrusos.
El enclaustramiento y la
penumbra que dominan en el bohío se ven interrumpidos por minúsculas
"ventanillas", situadas a unos cuarenta centímetros del piso, por las que entra
un haz de luz suficiente para iluminar las labores de las mujeres que, acomodadas sobre
una esterilla, o tiradas sobre el suelo de tierra, tejen, remiendan, se acicalan o
arreglan a su bebé. Estas ventanillas pueden ser "cerradas" en la noche con
cualquier hoja seca, logrando absoluta oscuridad.
La distribución del espacio
en el bohío responde al concepto de vivienda multifamiliar en donde cada familia tiene su
"hogar" en el verdadero sentido de la palabra: un fogón en el centro y un
dormitorio con privacidad. Los bari han desarrollado un comportamiento adecuado a esta
condición que les permite vivir entre sí, hombres, mujeres y niños con total respeto a
su status y con la independencia a que cada familia tiene derecho. La ubicación dentro de
la casa responde al siguiente orden: el Ñatubai con su familia ocupa el primer sitio, a
la izquierda de la puerta de entrada; el segundo, ibaibaibai, se sitúa de primero a la
derecha; el tercero, abyiyibai, al lado del ñatubai, seguidamente las demás familias,
según la distribución ordenada por el Ñatubai.
La distribución familiar
también responde a un orden en la ubicación de los chinchorros y/o hamacas: los jóvenes
ocupan el sitio más alto, los viejos en medio y las mujeres con los pequeñines en la
parte más baja, o en esteras sobre el suelo, en razón de que a la mujer se le asocia con
la tierra que representa la fecundidad.
Para Pinton (1972) los
bohíos no son construidos por un grupo familiar ni de parientes sino por individuos con
relaciones de alianza, distintas a las de parentesco, distribuidos en él según la
siguiente norma "deux voisins inmediats de méme sexe sont toujours alliés entre
eux, deux voisins de sexe opposé sont reciproquement parents" (dos vecinos
inmediatos del mismo sexo son siempre aliados entre ellos, dos vecinos de sexo opuesto son
recíprocamente parientes) (1972:37). Para la misma autora los lazos que unen a los
habitantes plantean los principios esenciales que articulan la organización del bohío y
encarnan la distribución del espacio interior. Así, los individuos están subdivididos
en tres clases: isdora, bokara y dura, representadas en proporciones diferentes en el
bohío; hay generalmente uno o dos isdora por casa, los bokara son más numerosos y los
dura son la mayor parte del grupo (1972:41). El isdora es quien encabeza el grupo en
camino por la selva y son los de mayor prestigio en el momento; los bokara auxilian a los
primeros; los dura son aquellos que aún no se les han adjudicado responsabilidades como
los hombres muy jóvenes y solteros, o quienes han cesado en sus funciones como los muy
viejos.
Las relaciones que unen a
los individuos (alianza, parentesco, posición en el camino), sirven para determinar la
posición en la casa. A su vez, según el sitio de la familia en la casa, oriente,
occidente, centro, se conoce su posición en el camino. Los isdora van primero, los agbara
o bokara segundo y, residen en el centro de la casa, los dura son los últimos y se
agrupan al occidente.
Pero estas posiciones no son
perennes en la vida de un bari; expresan su condición dentro del grupo del cual ha
decidido formar parte en el momento de construir el bohío. Cada bohío nuevo borra el
anterior y de la misma manera como los materiales para su elaboración son deleznables y
los campos de cultivo están en suelos de fertilidad transitoria, así también se
entenderá el carácter de permanencia de un bohío y su grupo. Se aclarará mejor este
tema en el capítulo de organización social y política.
Cambios en las
viviendas
Con la
pacificación continuó la política de aculturación e integración, de lo cual son
fehaciente prueba los cambios ocurridos en la vivienda. Las misiones capuchinas en
Venezuela, las hermanas Laura, el padre García Herreros y Bruce Olson buscaron romper el
patrón de asentamiento tradicional de la comunidad, con la idea de crear agrupamientos o
caseríos al estilo europeo.
Estos caseríos rompen con
la cultura y la organización social bari, destruyendo la vida en comunidad de los
bohíos, el sentido que en ellos se crea para la distribución y aprovechamiento de los
territorios de caza y pesca y el estilo de vida de horticultores selvícolas
semisedentarios, y tienden a convertirlos en campesinos o jornaleros productores para el
mercado. Esto mismo se puede observar a simple vista al contemplar esas pequeñas
agrupaciones de casitas de material construidas en Bokshi sobre el río de Oro por los
misioneros capuchinos, Campo Rosario, Someme o Saimadodyi en la República de Venezuela;
así como Bruce Olson en Ikiakarora o por las hermanas Laura en el Catatumbo, quienes
durante veinte años largos han desarrollado un programa indigenista con criterio
personal. En otros casos la población se ha desintegrado de sus comunidades originales y
se ha dispersado en pequeños grupos de una o dos familias que se esparcen en pequeñas
fincas en medio de la selva como se observa en el sinnúmero de asentamientos que
relatamos en el capítulo anterior.
De esta manera se han
manejado los conjuntos humanos con pautas premeditadas en un programa de cultura que
contempla una jerarquización de los asentamientos de los indígenas, considerando unos
como centro por encontrarse en ellos bien sea la sede de la misión o mejor dotación y,
otros como puesto tal como clasifica B. Olson los diversos sitios. Así, si encontramos en
un lugar en la Reserva Motilón Bari de Colombia enfermería, escuela, vivienda para el
maestro "blanco" se llaman Centro, por lo que en la actualidad se contempla la
distribución y organización actual de los asentamientos de la siguiente manera:
Zona de Río de Oro
a. Centro de Ikiakarora,
alto río de Oro fluvial.
b. Finca Bribiara, a cargo de Odo Sayo.
c. Puesto Saphadana. Cuenta con la sede de la Cooperativa de consumo.
Zona de Caño Tomás
a. Finca Brubucanina
b. Puesto Ocbabuda
c. Puesto Pathuina
Zona de Caño San Miguel
Centro de Shubacbarina
Zona Cabecera Río de Oro
Centro Biridikaira
La política de
asentamientos consiste en establecer desde los puestos o centros, tierras de cultivo
permanente con carácter comercial como el cacao, el maíz o el plátano; en otras
ocasiones se siembran pastos para la ganadería. También se realizan fincas personales en
medio de las zonas de desmonte como ocurre en Suerera y Ocbabuda. El trabajo exigido con
este fin es de carácter personal o algunas veces se recurre al pago de jornales,
especialmente cuando la labor es desconocida como cuando se trata del cuidado de vacunos.
En la generalidad de los casos para la construcción de estos "centros", los
indígenas son ocupados en faenas simples como acarrear arena, cemento o bultos; otras
veces para desmontar, sembrar o recoger maíz.
Los elementos de mayor
impacto en los asentamientos son la existencia y el uso de plantas que generan
electricidad, motobombas que llevan el agua hasta las viviendas a través de acueductos,
pequeñas embarcaciones con motores fuera de borda, vehículos automotores. Estos
elementos los enorgullecen de poder rivalizar con cualquier poblado progresista de
cualquier lugar, como ocurre con los habitantes de Ikiakarora. Para hacer más viable toda
esta obra B. Olson constituyó la Asociación Comunidad Bari de Colombia con personería
jurídica del Ministerio de Gobierno, con estatutos propios, cedulando gran parte de los
indígenas del río de Oro y caño Tomás.
Sin embargo, aún existen
algunos rasgos tradicionales en los asentamientos de los bari que vale la pena destacar y,
los cuales son muy variables, según sean los factores de presión a que hayan sido
sometidos los indígenas en cada caso, en especial a los de la política de integración a
que se viene aludiendo.
En orden de aculturación,
los grupos del Catatumbo en Bebokira y Catalaura, manejados por Antonio Maldonado y por
las hermanas Laura, con el respaldo del padre García Herreros, representan los de mayor
"campesinización". Siguen los de Ikiakarora, Brubukanina, Shubacbarina,
Caaxbarinkaira, Suerera y Ocbabuda que dirige B. Olson. En menor medida en esta
región están los del bohío tradicional de Pathuina o los de Saphadana, que a pesar de
poseer cultivos comerciales y alguna ganadería, conservan un bohío alterno: el Bobokira,
aguas arriba del río de Oro. Es este un bohío estacional en plena selva a donde se
trasladan periódicamente a realizar faenas de caza y pesca, ya imposibles en Saphadana
dado el alto nivel de deforestación y el elevado número de asentamientos de colonos, y
donde cuidan de sus conucos de yuca y plátano para el consumo doméstico.
Muy cerca de Brubucanina,
remontando la cuchilla que separa las aguas del caño Tomás con las del Iki Boki o río
del Suroeste, existe otro pequeño grupo que habita el bohío de Pathuina, inaccesible por
vía fluvial. Dicho grupo es el más tradicional de la zona, su única vía de
comunicación es el camino de la selva a cuatro horas de Brubucanina.
Pero la porción más
tradicional y de menor contacto "civilizador" está conformada por los bohíos
denominados por R. Jaulin "del interior" (1973:32, 155). Existen hoy en esta
zona los grupos de Biridikaira, Korrokaira y Chirrindakaira (ver mapa 2), en situación
desigual. Más al norte y alejado se encuentra Chirrindakaira, del que los colonos más
retirados y con menor contacto, llaman bohío Majayura (palabra guajira).
En el extremo sur, en las
fuentes del Iki Boki, enfrentando la colonización que asciende desde la carretera del
oleoducto Tibú-Convención, está Biridikaira en donde penetraron en 1982 las hermanas de
la comunidad de las Laura. Por último, Korrokaira es el grupo más pequeño y agredido
por la colonización que proviene del departamento del Cesar, está ubicado sobre la
quebrada de Soro Boki o de la Nevera, un área en la cual había tres bohíos en el
momento del contacto. Este grupo se desplazó a este lugar desde la confluencia del río
Soro Boki con el Iki Boki; la zona estuvo habitada por un grupo que en parte desapareció
y en parte se trasladó a la zona de San Miguel, es decir, a Shubacbarina. Hoy carecen de
bohío alternativo, al contrario de los de Biridikaira y Chirrindakaira.
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