GEOGRAFÍA HUMANA DE COLOMBIA
Nordeste Indígena
(Tomo II)
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ETNO HISTORIA

La zona estuvo caracterizada por los permanentes contactos culturales dada la convergencia de las áreas andina, cuenca del Orinoco, del mar Caribe y del valle del río Magdalena, permitiendo la "circulación cultural" de técnicas de subsistencia, de lenguas, de artes y de razas. Por esta razón, se afirma que en el complejo étnico hay rasgos de la cultura Arawak que pueden advertirse en diferentes técnicas, por ejemplo, en el proceso de elaboración de la yuca por los Bari, una influencia posiblemente procedente de la Amazonia, área de mayor difusión y utilización de este artículo alimenticio.

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Esta amalgama de corrientes culturales había impedido llegar al establecimiento de las verdaderas correspondencias lingüísticas; por eso, genéricamente, desde la conquista se denominó, erróneamente, a las poblaciones del Catatumbo y Perijá como Motilones y se les clasificó como pertenecientes a la familia lingüística Karib.

A la anterior confusión hay que agregar la originada por las diversas denominaciones dadas a los grupos de poblamiento indígena, tomadas por el uso de gentilicios derivados de la toponimia o, por aspectos físicos o culturales originados en los modos de contacto con los "blancos".

En un comienzo se les denominó indios zulias, como aparece en varios documentos del siglo XVI, por el río Zulia que forma parte de su entorno geográfico. Los misioneros en el siglo XVIII llamaron a los bari, yuko o yukpa, motilones (por su corte de pelo) y chaques. En el siglo XIX los colonos denominaron motilones mansos a los chaques y bravos a los indígenas de la parte sur. El investigador Alfred Jahn (1927) los distinguió por ocupación territorial y elementos de comportamiento en chaque y mape; Reichel-Dolmatoff (1945) los llama Kunaguasaya (bari) "gente de agua" y chake (yuko), tomado de los relatos de Luis Oramas (1920) citado por Pineda (1945). El nombre de kunaguasaya es el que utilizaban los yuko para referirse a los bari; en su lengua el significado aproximado es "gente de agua". Rivet Armellada (1959: 15-57) los llama Dobokubi tentativamente del estudio comparado del vocabulario de un manuscrito de fray Francisco Catarroja (1730) y fray Francisco Javier Alfaro (1788). (Villamañan, 1978).

Posteriormente Reichel-Dolmatoff (1960) divide a los kunaguasaya en Dobokubi y Mape (bari) y Yuko-chaque a los segundos.

Finalmente Wilbert (1960) los denomina correctamente Bari y Yukpa, como dos culturas diferenciadas (Ruddle, 1977:575-576).

En conclusión, definimos a los Bari como de filiación lingüística Chibcha (żarawak?) y a los Yuko o Yukpa como Karib (Manzini 1974:35-66).

Los motilones bravos se autodenominan bari (barira) (Castillo 1981:28) que en su lengua significa "gente"; sin embargo, como señalamos anteriormente, recibieron varios nombres según los grupos humanos con los cuales tuvieron contacto.

Krickeberg (1974:349) afirma que el poblamiento bari de la hoya del río Catatumbo es producto de la expansión de los chibchas y resultado de su choque y contracción ante la avanzada Karib, afirmación que aún no ha sido comprobada. Lo cierto es que la configuración de los actuales dominios territoriales obedece también a un tercer factor, el contacto con los europeos y el proceso consiguiente de asimilación a las nuevas circunstancias, proceso con una duración cercana a los cinco siglos.

Para las épocas conocidas como Conquista y Colonia, ocupaban un extensísimo territorio correspondiente a las tierras bajas al oriente y el sur del lago de Maracaibo, desde la cordillera de los Andes venezolanos hasta la Serranía de Perijá, teniendo al río Apón como límite septentrional. Esta área podría alcanzar una extensión de unos 21.300 km2 (Pons 1962).

Los autores que se han ocupado de la historia Bari establecen diferentes períodos (Jahn, 1927; Alcacer, 1962; Beckerman, 1979; Castillo, 1981; Lizarralde, Beckerman, 1982). En ninguno de ellos se hace alusión al período anterior a la invasión de los europeos, el cual con seguridad puede ser mayor que el período histórico, desde 1529 hasta hoy. Beckerman (1979) y Lizarralde (1982) establecen seis períodos así:

Exploración de la región del lago de Maracaibo 1529-1622

Ambrosio Alfinger, como gobernador de Coro y representante de los Welser, funda a Maracaibo en 1530 sobre la orilla occidental del lago homónimo y realiza una expedición de conquista al interior del continente cruzando por el norte de la Serranía de Perijá; toma el Valle de Upar hasta cruzar por el valle del Pamplonita donde fue flechado en el sitio de Chinácota en el año de 1532. La "pacificación" impuesta por los conquitadores extingue gran parte de la población nativa exceptuando los bari, de quienes no se tenían claras referencias por ser poco atractiva la apropiación de un territorio húmedo, cálido, cenagoso y boscoso. Entrelos pueblos extinguidos y posiblemente asimilados por los bari se cuentan los quiriquires y pemenos.

Primeras alusiones a los Motilones, primeras entradas 1622-1772

El nombre motilón se debe a la pluma de fray Pedro Simón en las Noticias Historiales (1627), cuando relata la expedición por el río Zulia en 1548. Se caracterizaron los bari como pueblo guerrero por sus ataques a los asentamientos de las provincias de San Cristóbal, Salazar, Ocaña, Maracaibo y Mérida. Por este motivo se consideró la necesidad de su reducción a pesar de las penurias económicas de esta región, en parte por las incursiones de piratas y filibusteros que azotaron el Caribe y para permitir el acceso de estas provincias del interior hacia el mar Caribe de una manera más expedita.

De otra parte, los indígenas sobrevivieron gracias a los mecanismos de adaptación desarrollados por su cultura para este medio y al carácter disperso y plurirresidencial que permitía el aislamiento de las poblaciones y evitaba el contagio de las enfermedades importadas.

Primera pacificación 1722-1818

Las incursiones de don José Sebastián Guillén en territorio Bari, le permitieron conseguir a través de un indio cautivo un contacto pacífico que los españoles requerían para evitar nuevos ataques a sus poblados y haciendas, aceptado por los indios por el interés de adquirir algunos elementos que antes obtenían por la fuerza en sus incursiones bélicas tales como cuchillos, machetes y hachas, que se habían vuelto indispensables para el desarrollo de sus actividades. Hecho el contacto, los españoles procedieron a llevarlos a sus poblados y a catequizarlos de modo que para 1792 existían ya 13 centros misioneros en puntos colindantes.

Regreso a la selva y primera explotación petrolera 1818-1913

La guerra de independencia forzó a los misioneros capuchinos españoles a abandonar las colonias y regresar a la metrópoli por lo que los centros misioneros quedaron abandonados y los bari tornaron a la selva y reasumieron su vida tradicional, posiblemente haciendo contacto con grupos que habían rechazado la reducción.

El siglo XIX transcurrió en forma relativamente pacífica, salvo contados casos, hasta el punto de que permitieron la construcción y libre tránsito de un camino abierto entre Tamalameque y el río Tarra venezolano, en 1895, con el fin de facilitar el transporte de ganado produciéndose años después, su abandono por la oposición que ofrecieron los indígenas ante el hurto continuado de sus conucos por los mestizos.

Primeras exploraciones petroleras y segunda pacificación 1913-1960

Este período se inicia con las exploraciones geológicas en ambos países por compañías norteamericanas y europeas en el Tarra venezolano y en la concesión Barco en Colombia. La presencia de estas compañías y el descubrimiento de reservas de petróleo llevaron a la entrega en concesión de grandes áreas del país Bari, provocando de nuevo la reacción violenta de los indígenas por la defensa de su territorio. Se inició así un proceso bélico que alcanza sus momentos críticos cuando aumenta la presencia de colonos aunada por la demanda creciente de un mercado agrícola que garantizará el abastecimiento de las empresas. En un principio, las compañías trataron de limitar el ingreso de colonos pobres; sin embargo, en la década de los 40 y 50, época de la Segunda Guerra Mundial y de la violencia en Colombia, el flujo poblacional aumentó agravado por el despido masivo de trabajadores de las compañías exploradoras. Los desempleados optaron por permanecer en la región, organizaron sus viviendas y trasladaron sus familias a la región para instalarse allí.

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Para el caso colombiano, los acontecimientos recientes del contacto y la convivencia con los bari en las últimas décadas se resume así: en 1931 la concesión Barco arrendó los terrenos petroleros donde vivían los bari a la compañía norteamericana Columbian Petroleum Company. En 1938-39 se construyó el oleoducto a través de la parte meridional que se complementó con una carretera de penetración hasta Convención, por la cual ingresarían los "blancos" a la zona. En 1940 se estableció el campo petrolero de Tibú y se reforzó su defensa con hombres armados. Para la década de los años cincuenta se unió por carretera a Tibú con la Pista del Río de Oro en el extremo norte, para facilitar la exploración.

Al proceso de usurpación de las compañías petroleras siguió la expropiación, por parte de grandes hacendados zulianos, de las llanuras bajas, empujando los bari hacia las estribaciones y puntos más quebrados de la Serranía de los Motilones. En el Estado Zulia se fundó en 1945 la misión capuchina de los Angeles de Tukuko con el fin de pacificar a los motilones y adoctrinar a los Yuko, entregándoles el control del territorio Bari venezolano.

Todos los factores antes mencionados forzaron a los bari a defender sus territorios por las armas, aumentando considerablemente sus ataques entre 1951-53, especialmente ante el avance de la colonización que aprovechaba los carreteables y ríos navegables. Finalmente en 1960 se produjo la entrada pacífica y se inició la coexistencia de los motilones entre sí y con los demás pobladores.

Entrada pacífica y territorios actuales 1960 a hoy

El día 22 de julio de 1960 los misioneros consiguieron el contacto definitivo en Venezuela bajo el lema "Dádivas quebrantan peñas" consistente en un bombardeo permanente de regalos por vía aérea en vuelos de helicópteros promocionados por los capuchinos del vicariato apostólico de Machiques (Estado Zulia) desde donde también se catequizaba a los yuko. En efecto, el padre Vilamañan, a pie, con algunos indios yuko, hicieron el contacto en las cuencas del río Ariquaisa. Al año siguiente un misionero noruego, Bruce Olson, hizo contacto con los bari colombianos y en 1963 el padre Rafael García Herreros y la comunidad de hermanas de la Madre Laura fundaron una misión en el río Catatumbo.

El sometimiento pacífico de los bari facilitó una mayor e intensa invasión de sus tierras por parte de colonos y hacendados y la formación de aldeas y poblados en sus zonas de influencia. Todas estas misiones han permanecido hasta el presente entre los bari adelantando una política de cultura, integración y "desarrollo" de la cual ha sido argumento principal la creación de poblados de tipo europeo con escuela, capilla, centro de salud y casa misionera que de continuar culminará con la desaparición cultural del grupo indígena, es decir, producirá su etnocidio (Jaulin 1973, 1979).

Legalmente el territorio colombiano de los bari y los yuko fue declarado reserva forestal por medio de la ley 2a. de 1959 y puesto al cuidado del Instituto Nacional de los Recursos Naturales Renovables y del Medio Ambiente, INDERENA. En 1968 el Instituto Colombiano de la Reforma Agraria, INCORA, decretó por Resolución 169 de 1968 como área reservada para la colonización la parte oriental del noreste del departamento

Norte de Santander hasta Petrólea. En 1974 el mismo Instituto estableció la Reserva Motilón-Bari por Resolución 101 deI 12 de octubre con un área de 83.000 ha. En 1981 se constituyó el Resguardo Motilón-Bari La Gabarra, en el asentamiento donde está ubicada la misión de las hermanas de la Madre Laura con 13.000 ha, sobre la margen izquierda del río Catatumbo entre los caños Brandy y Martillo. En 1984 se modificó la antigua reserva del río de Oro y se inició su estudio para su modificación en Resguardo, escindiendo la parte occidental invadida por los colonos (unas veinte mil hectáreas) y ampliando el sector sur hasta encontrar el resguardo del Catatumbo, con una extensión aproximada de 105.000 ha. En la actualidad aún se adelantan las labores de delimitación y amojonamiento del área.

La República de Venezuela por resolución de los ministerios de Agricultura y Cría y de Justicia del 5 de abril de 1961, declaró zona ocupada por indígenas la situada en los distritos de Perijá y Colón del Estado Zulia, ubicada en la frontera con la República de Colombia, enmarcada por la Sierra de Perijá y el río de Oro, la cuenca hidrográfica del río Tukuko y la Serranía de Marigua, cubriendo los asentamientos Yuko-Yukpa y Bari. A su vez el Decreto 2083 del gobierno de Carlos Andrés Pérez de fecha 12 de diciembre de 1989 estableció el Parque Nacional Perijá con superficie de 295.288 hectáreas ubicado en jurisdicción de los distritos Perijá y Colón del Estado Zulia.

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