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EL PRURIGO ACTINICO UNA PATOLOGIA ETNICA?
Angela Umaña, María M. Durán, Norma C. Aguilar, M. Isabel Serrano y Jaime Bernal
Instituto de Genética Humana, Facultad de
Medicina,
Pontificia Universidad Javeriana.
El Prúrigo Actínico es una
enfermedad dermatológica del grupo de las foto-dermatitis, lo que significa que la luz
solar está implicada por un mecanismo hasta ahora desconocido. Se describió por primera
vez entre los indios Navajo (
1
) después hacia 1960 entre los indios Chipewa en Minnesota (
2
), y posteriormente en otros amerindios de Oklahoma (
3
), Canadá (
4
), Centro américa y Sur América, particularmente
en Colombia (
5
).
Podemos observar que esta
enfermedad tiene una distribución étnica restringida: Se encuentra en América casi
exclusivamente en amerindios y sus descendientes. En individuos de origen afrocolombiano
no se ha reportado, y solo hay unas pocas referencias de su presencia en el Reino Unido
donde la condición podría no ser la misma que la encontrada en América
(
6
).
Aunque casi siempre los
pacientes afectados en los Andes viven a grandes alturas, donde la intensidad de la luz
solar es mayor, se observa una alta incidencia (8 % de la población)
(
7
) en la comunidad indígena colombiana Chimila,
que habita en el sudoeste de la Sierra Nevada de Santa Marta a 100 m sobre el nivel del
mar. Esta comunidad es consciente del papel que juega la luz solar en el desarrollo de su
enfermedad, y cuando alguno de sus miembros está afectado se le recomienda permanecer
todo el tiempo dentro de la vivienda.
Estudios de HLA
Una de las aproximaciones
para tratar de elucidar la patogenia del Prúrigo Actínico es la de investigar si las
proteínas del Complejo Mayor de Histocompatibilidad (HLA), que son las responsables de
presentar los antígenos para la iniciación de la respuesta inmune y que se encuentran
asociadas a diferentes enfermedades, están implicadas en el desarrollo de esta
patología.
La tipificación del HLA en
pacientes de diferentes comunidades ha generado diferentes resultados: Estudios realizados
en mestizos descendientes de indígenas americanos y europeos colombianos nos mostraron
asociación con los alelos B40 y Cw3. El HLA, el más polimórfico de los sistemas
protéicos, es utilizado para el estudio de la composición genética de las poblaciones
humanas y los alelos B40 y Cw3 son más frecuentes en amerindios, lo que podría en parte
explicar la alta incidencia de la enfermedad en estas poblaciones (
8
). En pacientes mestizos
mejicanos, han sido encontradas asociaciones con los alelos A28, B16 y DR4
(
9
).
En otro estudio realizado
entre los Chimilas encontramos una asociación con el alelo Cw4 (
10
), lo que también se reportó en indígenas canadienses (
11
). El alelo HLA clase II DR4 es frecuente en los
pacientes Chimila aunque no estadísticamente significativo pero se ha encontrado asociado
con Prúrigo Actínico en mejicanos y en pacientes caucásicos británicos
(
12
).
Estas asociaciones sugieren
que de alguna manera estos alelos podrían expresar y condicionar una respuesta inmune a
un neoantígeno inducido por la luz solar y desencadenar la reacción crónica en la piel.
Ampliar el número de
pacientes de diferentes comunidades y aplicar nuevas tecnologías de biología molecular
en la tipificación del HLA podría aclarar si hay uno o más alelos relacionados con el
desarrollo de Prúrigo Actínico y llevar a aclarar el por qué es una patología casi
exclusiva de amerindios y sus descendientes en América.
Células y
Moléculas del Sistema Inmune
Otro tipo de aproximación
al estudio del Prúrigo Actínico es el de estudiar las células y moléculas implicadas
en las lesiones de la piel. En los últimos años se han descrito moléculas protéicas
que controlan la migración celular, llamadas moléculas de adhesión. Estas proteínas se
encuentran en el endotelio vascular y capilar así como en matrices extracelulares que
tienen sus contrapartes o ligandos en los diferentes tipos de leucocitos. Su expresión
depende del estado de activación y maduración de la célula. La migración de los
linfocitos circulantes a tejidos específicos como la piel está dirigida por la
interacción de estas células con el endotelio vascular a través de las moléculas de
adhesión, siendo determinantes en procesos inflamatorios como en las dermatosis crónicas
en las que se ha observado una expresión aumentada de la molécula ELAM-1 (Molécula de
Adhesión Endotelial-1) (
13
).
Se hizo un análisis de
diferentes componentes del sistema inmune presentes en las lesiones de piel de pacientes
con Prúrigo Actínico, utilizando anticuerpos monoclonales que detectan los marcadores de
superficie de diferentes subpoblaciones de linfocitos y analizando la presencia o ausencia
de inmunoglobulinas (IgG e IgM), así como de las siguientes moléculas de adhesión:
LFA-1 (Antígeno Funcional Linfocitario-1) que es una molécula de la familia de las
integrinas, importantes en la regulación de la migración y adhesión y solamente
expresada en leucocitos, ELAM-1, de la familia de las selectinas, que intervienen en la
unión de los leucocitos al endotelio en los sitios de inflamación, y la ICAM-1
(Molécula de Adhesión Intercelular) que es el contrarreceptor de la molécula LFA-1,
expresada en diversos tipos celulares cuya inducción en inflamación parece ser
importante en la regulación de diversos procesos inflamatorios
(
14
). Este estudio mostró un gran infiltrado de
linfocitos y presencia de estas moléculas en las lesiones, que fue significativamente
mayor que en el grupo control (Tabla No1). Las células más frecuentes encontradas fueron
los linfocitos T inductores CD4+ y los de memoria CD45RO+. El predominio de estas últimas
sobre los otros Linfocitos T puede indicar que la respuesta inmune de los pacientes está
activada y que presenta memoria inmunológica (
15
)
Tratamiento
El Prúrigo Actínico tiene
un efecto social importante ya que las lesiones pápulas, placas, queilitis,
alopecia de las cejas, conjuntivitis y cicatrices se encuentran esencialmente en las
regiones corporales expuestas al sol: cara, cuello y extremidades.
El
tratamiento es muy difícil porque los bloqueadores solares y corticosteroides no dan
buenos resultados. Durante mucho tiempo la terapia utilizada fue la Talidomida, que
aparentemente actúa como inmunomodulador ya que encontramos una disminución
significativa de las células CD3+ y CD4+ con el tratamiento (
16
), habiendo sido reportados hallazgos similares (
17
). Las células CD3+ y CD4+ son los linfocitos
responsables de orquestar la respuesta inmune a microbios o moléculas desconocidas por el
individuo, como puede ser una producida en la piel por la acción de los rayos solares. La
Talidomida es una droga altamente teratogénica, lo que la hace de muy difícil manejo en
mujeres en edad reproductiva. Actualmente se encuentra retirada del mercado lo que hace
imperativo el buscar alternativas de tratamiento.
La Tetraciclina y la
vitamina E han sido utilizadas recientemente con resultados alentadores,abriendo la
posibilidad a drogas seguras y económicas (
18
).
Tabla 1. Células y
moléculas en Prúrigo Actínico
| |
B.INICIAL
|
B.FINAL
|
CONTROL
|
BI
vs
C
|
BI vs BF
|
BFvs C
|
CD2
CD3
CD4
CD8
CD45RA
CD45RO
CD45RB
IgM
IgG
ICAM-1
LFA-1
ELAM-1
CD1a
DR
|
11,88 ± 3,77
11,10 ± 2,77
11,84 ± 2,93
9,73 ± 4,09
8,11 ± 4,58
11,52 ± 4,04
9,56 ± 4,42
5,48 ± 3,43
3,77 ± 2,93
10,28 ± 3,56
11,83 ± 2,72
5,66 ± 2,11
9,44 ± 2,18
13,02 ± 8,06
|
5,13 ± 2,20
5,00 ± 3,01
6,16 ± 2,51
4,94 ± 1,99
3,91 ± 2,20
4,25 ± 1,95
4,06 ± 2,07
2,58 ± 1,96
2,55 ± 1,17
4,55 ± 2,07
5,65 ± 2,43
3,80 ± 1,30
5,36 ± 1,94
5,84 ± 2,02
|
3,32 ± 2,33
3,20 ± 0,89
3,59 ± 1,13
3,55 ± 1,58
2,45 ± 0,95
3,21 ± 1,09
3,24 ± 1,10
1,40 ± 0,87
1,57 ± 0,93
3,75 ± 1,69
3,62 ± 0,63
2,45 ± 2,95
3,62 ± 0,53
4,10 ± 0,79
|
<0,05
<0,05
<0,05
<0,05
<0,05
<0,05
<0,05
<0,05
<0,05
<0,05
<0,05
<0,05
<0,05
<0,05
|
<0,005
<0,005
<0,005
<0,005
<0,005
<0,005
<0,005
<0,005
<0,005
<0,005
<0,005
<0,005
<0,005
<0,005
|
NS
NS
<0,005
NS
NS
NS
NS
NS
<0,005
NS
NS
NS
<0,005
<0,005
|
|
Valores en x
± SD
B. Inicial (BI)= Biopsia inicial
B. Final (BF)= Biopsia final
|
Recientemente
realizamos un estudio donde estudiamos por primera vez si la Ciclosporina (CsA), el más
importante inmunosupresor actualmente disponible, era una posible alternativa de
tratamiento. Después de 2 meses con CsA la mejoría clínica fue evidente, con notable
disminución de las lesiones de todas las regiones afectadas, así como del prurito. Esta
mejoría aumenta progresivamente y se mantiene aún después de 6 meses de terminado el
tratamiento. Ninguno de los pacientes presentó efectos secundarios al uso de la CsA, y
los exámenes de laboratorio no mostraron toxicidad (
15
).
El análisis de las lesiones
después de 6 meses de tratamiento con CsA mostraron una significativa disminución de las
células y moléculas de adhesión. Cuando se compararon con los valores de los controles
se encontró que todas las células se normalizan excepto los linfocitos CD4+, linfocitos
B IgG+ y las células presentadoras de antígeno (Langerhans y células DR+), que aunque
disminuyeron no llegaron a normalizarse.
Otra de las particularidades
del prúrigo actínico y que la diferencia de otras enfermedades polimorfolumínicas es la
cronicidad. Observamos que entre las células que disminuyen pero que no regresan a
valores normales están las células presentadoras de antígeno, lo que podría explicarse
porque hay un continuo estímulo del sistema inmune por un neo-antígeno inducido por la
luz solar.
La positiva respuesta al
tratamiento con CsA, que actúa inhibiendo la síntesis de la Interleukina 2 (IL-2),
podría explicarse porque los linfocitos CD4+ son los responsables de la síntesis de IL-2
y de la inducción y la amplificación de la respuesta inmune y éstas son las células
que se encuentran en mayor número en las lesiones de piel.
Desde hace más de 10 años
la CsA se ha convertido en la droga más importante en la inmunosupresión de los
pacientes trasplantados, y ha sido utilizada en algunas enfermedades dermatológicas con
buenos resultados. La ventaja que tiene en dermatología es que las dosis requeridas son
mucho menores y por un lapso más corto que las utilizadas en trasplantes, y por eso los
efectos secundarios y la toxicidad son prácticamente inexistentes, tal como se observó
en nuestro estudio. Podríamos decir que en las enfermedades dermatológicas la CsA es una
droga de baja toxicidad y bajo riesgo a pesar de ser considerada como una droga de gran
cuidado a las dosis usadas en trasplantes de órganos.
Conclusión
Otra característica
importante del prúrigo actínico, tal como sucede con muchas enfermedades autoinmunes, es
su mayor frecuencia en el sexo femenino (
19
,
20
) Esta característica, sumada a la asociación al
HLA, el gran infiltrado linfocitario presente en las lesiones de piel y la respuesta de la
enfermedad al tratamiento con inmunosupresores que actúan sobre células del sistema
inmune, nos lleva a pensar que el Prúrigo Actínico es una enfermedad autoinmune donde se
presenta una respuesta anormal contra un neoantígeno solar que pareciera ser más
fácilmente presentado por los alelos del HLA más frecuentes en poblaciones Amerindias y
de sus descendientes, haciendo del prúrigo actínico una patología étnica.
AGRADECIMIENTOS
Queremos agradecer a
Colciencias por la financiación de los diferentes estudios realizados en Prúrigo
Actínico.
__________
1 Brandt, R.
Dermatological Observations on the Navajo Reservation. Arch. Dermatol. 1958; 77: 581-5. (regresar a 1)
2 Schenk, R.R. Controlled Trials of Methoxalene in Solar Dermatitis of
Chipewa Indians. JAMA 1960; 172: 1134-7. (regresar a 2)
3 Birt, A.R., Davis, R.A. Photodermatitis in North American Indians:
Familial Actinic Prurigo. mt. j. Dermatol. 1971; 10: 107-14. (regresar
a 3)
4 Birt, A.R. Photodermatitis in Indians of Manitoba. Can. Med. Assoc. 1.
1968; 98: 392-7. (regresar a 4)
5 Londoño,
F., Muvdi, F., Giraldo, F. et al. Familial Actinic Prurigo. Dermat. Ibero. Latin Am Engl.
1968; 3: 61-71. (regresar 5)
6 Calnan, C.D., Meara, R.H. Actinic Prurigo. Clin. Exp. Dermatol. 1977; 2:
365-72. (regresar a 6)
7 Durán de Rueda, M.M., Bernal, J.E.,
Ordóñez, C.P. Actinic Prurigo at Sea Level in Colombia. Int. J. Dermatol. 1989; 28:
228-29. (regresar a 7)
8 Bernal,
J.E., Durán de Rueda, M.M., De Brigard, D. Human Lymphocyte Antigen in Actinic Prurigo.
J. Am. Acad. Dermatol. 1988; 18: 310-12. (regresar a 8)
9
Hojko-Tomoka, T., Granados, J., Vargas, G., Yamamoto-Furusho, J.K. et al. Further Evidence
of the Role of HLA-DR4 in the Genetic Susceptibility to Actinic Prurigo. J. Am. Acad.
Dermatol. 1997; 36: 935-7. (regresar a 9)
10 Bernal,
J.E., Durán de Rueda, M.M., Ordóñez, C.P. et al. Actinic Prurigo among the Chimila
Indians in Colombia. J. Am. Acad. Dermatol. 1990; 22: 1049-51. (regresar a
10)
11 Sheridan, D.P., Lane, P.R., Irvine, J. E al. HLA typing in
Actinic Prurigo. J. Am. Acad. Dermatol. 1990; 22: 10 19-23. (regresar
a 11)
12 Menagé,
H.P., Vaughan, R.W., Baker, C.S. et al. HLA-DR4 May Determine Expression of Actinic
Prurigo in British Patients. J. Invest. Dermatol. 1996; 106: 362-4. (regresar a 12)
13 Picker,
L.J., Kishimoto, T.K., Smith, C.W. Wayne, W.R.A et al. ELAM-1 is an adhesion molecule for
skinhoming T cells. Nature, 1991; 349: 796. (regresar a 13)
14 SPRINGER, T.A., Adhesion Receptors of the Immune System. Nature,
1990; 346: 425-434. (regresar a 14)
15
UMAÑA, A., DURÁN, M.M. AGUILAR, N., SERRANO, M.I., PORRAS, L., LONDOÑO, F.,
BERNAL, J.E Inmunohistoquímica en Prúrigo Actínico- Observaciones con Ciclosporina -
Universitas Médica, 1997. (regresar a 15)
16 Bernal, J.E., Durán, M.M., Londoño, F., Umaña, A. Cellular Immune
Effects of Thalidomide in Actinic Prurigo. Internat. J. Dermatol. 1992; 31: 599-600. (regresar a 16)
17 Gad,
SM., Shanon EJ. Krorski W.A., Hastings R.C. Thalidomide induces imbalances in T-lymphocyte
subpopulations in the circulating blood of healthy males. Lepr Rey 1985; 56: 35-39. (regresar a 17)
18 Durán, M.M., Ordóñez, C.P., Prieto, J.C., Bernal, J.E.
Treatment of Actinic Prurigo in Chimila Indians. Intern. J. Dermatol. 1996; 35; 6:
413-416. (regresar a 18)
19 Addo, H.A., Frain-Bell, W. Actinic Prurigo - A Specific
Photodermatosis. Photodermatology 1984; 1:119-28. (regresar a 19)
20
Hojko-Tomoka, M.T., Domínguez, L., Vargas, F. Actinic Prurigo: Clinical-Pathological
Correlation. Internat. J. Dermatol. 1978; 17: 706-710. (regresar a 20)
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