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HAPLOGRUPOS
FUNDADORES DEL DNA MITOCONDRIAL EN POBLACIONES COLOMBIANAS: APORTE A LOS ESTUDIOS EN
AMERICA
G. Keyeux, M. C. Rodas, J. E. Bernal
Instituto de Genética Humana, Facultad de
Medicina,
Pontifica Universidad Javeriana, Santafé de Bogotá, Colombia.
La mitocondria posee un genoma (
1
)
independiente del genoma nuclear, denominado DNA mitocondrial (mtDNA). En el humano es una
molécula circular cerrada de 16.569 pares de bases (bp) localizada dentro de la matriz
mitocondrial. Sus genes codifican para RNAs y proteínas que forman parte de la cadena
respiratoria y el sistema de metabolismo oxidativo celular.
La secuencia del mtDNA se
conoce completamente, así como la organización de sus genes (Anderson y col, 1981).
Está presente en miles de copias, posee una alta tasa mutacional
(
2
) - de 6 a 17 veces mayor que el genoma nuclear y
es transmitido exclusivamente a través de la madre, sin sufrir recombinación
(
3
) al no existir contribución paterna. Gracias a
estas características, el mtDNA se ha convertido en una herramienta privilegiada en
estudios evolutivos, como la reconstrucción de los orígenes del hombre, la historia de
las poblaciones, el análisis de migraciones humanas y los estudios filogenéticos de
poblaciones extintas en restos de DNA antiguo, entre otros (Stoneking, 1993).
LOS MARCADORES MOLECULARES DEL MTDNA
Los estudios
más recientes muestran que la acumulación de mutaciones que dieron origen a los
diferentes linajes (
4
) del mtDNA y la concomitante migración del
Africa hacia los demás continentes en los 200.000 años de evolución del Homo sapiens
sapiens, permite determinar la divergencia filogenética entre linajes o haplogrupos
observados entre los distintos grupos humanos existentes actualmente (Cann y Stoneking,
1987; Merriwether y col, 1991; Cann, 1994; Chen, 1995).
En efecto, hay claras
evidencias que correlacionan la variación del mtDNA con el origen étnico y geográfico
de cada individuo. Para realizar estos estudios sobre el mtDNA se utilizan los
polimorfismos de restricción (
5
) a lo largo de todo el genoma mitocondrial; la
variación de longitud de una región intergénica COII-tRNALys (región V), un segmento
no codificante que contiene una repetición corta de 9-bp y el análisis de sustitución
de bases en la región D-loop por secuenciación directa (Schurr y col, 1990). Por
último, los análisis filogenéticos de estos polimorfismos específicos para cada etnia
definen grupos (clusters) de haplotipos de mtDNA denominados haplogrupos o linajes. Los
estudios que analizan el mtDNA por variación de sitios de restricción han revelado que
la gran mayoría de los mtDNAs europeos, asiáticos, africanos y americanos nativos están
definidos por uno o más linajes específicos de cada continente. La incidencia de estas
mutaciones específicas en cada continente y su especificidad en cada grupo humano, los
hace marcadores genéticos importantes para inferir el origen étnico y geográfico de la
especie humana (Johnson y col., 1983; Reed y Takezaki, 1995).
Analizar el mtDNA en
poblaciones Amerindias es de particular interés, debido a la controversia existente
acerca de la colonización inicial del Nuevo Mundo (Gibbons, 1993; Bailliet y col., 1994).
En este sentido y debido a su posición geográfica, Colombia constituye un importante eje
en las rutas emprendidas por los primeros colonizadores de América. Hasta el momento se
tenían datos de grupos de Amerindios del Norte-, Centro- y Sur América, específicamente
de Brasil, Chile y Argentina, pero ningún estudio había sido realizado en Amerindios
colombianos (Torroni y col., 1992, 1993a, 1994; Bailliet y col., 1994, Santos y Barrantes,
1994). Hasta la fecha, todos los tipos de mtDNA hallados en poblaciones indígenas
americanas contemporáneas están incluidos en los cuatro linajes de mtDNA descritos como
haplotipos fundadores: A, B, C, D (Wallace y col., 1985; Torroni y col., 1992, 1993a,
1994; Horai y col., 1993).
Los segmentos específicos
del mtDNA para cada uno de los 4 marcadores que definen los haplogrupos del mtDNA en las
poblaciones contemporáneas de nativos americanos se amplifican mediante la Reacción en
Cadena de la Polimerasa (PCR). Posteriormente, se realiza una digestión enzimática, y la
presencia del sitio de restricción o de la deleción 9-bp (según el marcador) se designa
como mientras que la ausencia del sitio de restricción o de la deleción 9-bp es
designada (-) (Tabla 1).
La combinación de presencia
(+) o ausencia (-) de cada uno de estos 4 marcadores define los 4 linajes encontrados en
Amerindios (A-D), mas uno presente en caucásicos, y que indica solamente la no
pertenencia a ningún linaje específico (Tabla 1).
Tabla 1. Tipificación
de los haplogrupos A-E.
|
LINAJE
mtDNA
|
Deleción
9-hp posición 8256
|
Hae
III- 663 posición 663
|
Alul-5176 posición 5176
|
Hinc
II-13259 posición 13259
|
|
A
B
C
D
E
|
-
+
-
-
-
|
+
-
-
-
-
|
+
+
+
-
+
|
+
+
-
+
+
|
MARCADORES AMERICANOS EN POBLACIONES COLOMBIANAS
La teoría del poblamiento
de América por migraciones asiáticas sucesivas (Crawford y Encizo, 1983; Turner, 1983)
desde Norteamérica hacia el sur del continente, sugiere un paso obligado de los nativos
que poblaron Suramérica por el territorio colombiano. Por esta razón, el estudio de
poblaciones colombianas es de gran interés en el entendimiento de este poblamiento en la
época pre-colombina, y marca un importante aporte genético a la antropología, ya que es
el primer estudio de este tipo realizado en Colombia.
Para tal efecto, se
analizaron 31 poblaciones colombianas: 25 comunidades indígenas, 5 comunidades
afrocolombianas y un grupo mestizo de referencia tomado en la ciudad de Bogotá, con un
promedio de 25 individuos por población, para un total de 934 en todo el país (Rodas,
1997). Las muestras analizadas forman parte del Banco de DNA, Proyecto Expedición Humana,
del Instituto de Genética Humana U.J.
En la
población
colombiana
global que analizamos, el 81.6% de los haplogrupos detectados
corresponden a los linajes fundadores del mtDNA en América: A, B, C y D, confirmando así
las observaciones de Schurr (1990) y Torroni (1993a) de la prevalencia de 4 haplogrupos
fundadores en el Nuevo Mundo, particularmente en los grupos Amerindios. El resto
corresponde al haplogrupo denominado E (18%), o a características particulares que no
permiten su clasificación en ninguno de los haplogrupos conocidos (0.4%) (Tabla 2).
En las
comunidades
indígenas
estudiadas, los haplogrupos A, B, y C son los más frecuentes
(90.3%), aunque con valores muy disímiles entre ellas. El haplogrupo A está presente en
el 31.3% del total de indígenas analizados, con un rango de frecuencias entre O (Yuco,
Waunana, Nukak y Tucano) y 88.6% (Chimila). El haplogrupo B tiene una frecuencia del 30.5%
en los mtDNA indígenas analizados. En las poblaciones Chimila, Ijka, Kogui y Wiwa este
linaje no está presente, y contrario a lo anterior, en la población Yuco se observa en
el 100% de los individuos estudiados. Para el haplogrupo C, la frecuencia global en
indígenas es de 28.5%, no estando presente en las comunidades Pasto, Yuco, Guane y
Curripaco y con una frecuencia máxima de 78.4% en la población Guambiano. El haplogrupo
D (6.7%), que es el menos frecuente, se encuentra en 11 de las 25 comunidades indígenas
estudiadas. Las frecuencias máximas prevalecen en las poblaciones Guane, Tucano, Murui
Muinane, Piaroa y Huitoto. El haplotipo E, que no hace parte de los 4 haplotipos
fundadores, y que no ha sido encontrado sino de manera excepcional en los Amerindios
estudiados en el resto de América, fue hallado en 6 comunidades, aunque en su mayoría
con frecuencias muy bajas (2.9-7.3%). Los Guahibo y Guayabero son las comunidades
indígenas que presentan la mayor frecuencia del linaje E (23%).
Tabla 2. Frecuencias
de los haplogrupos mtDNA en poblaciones colombianas (Rodas, 1997).
| |
Haplogrupos
|
| |
A
|
B
|
C
|
D
|
E
|
Otros
|
|
Comunidades Indígenas
|
31,3
|
30,5
|
28,5
|
6,6
|
2,9
|
0,2
|
|
Comunidades Negras
|
8
|
9,9
|
0,6
|
0,6
|
79
|
1,9
|
|
Población
Mestiza
|
37,4
|
26,4
|
7,7
|
6,5
|
22
|
0
|
|
Total
Colombia
|
27,9
|
26,5
|
21,6
|
5,6
|
18
|
0,4
|
En Colombia,
como en la mayor parte de nuestro continente, hubo una gran reducción de la población
indígena debido a epidemias, esclavitud y guerras, con la probable extinción total de
algunas poblaciones y en otros casos reducciones tan drásticas, que la tasa de
supervivencia pudo llegar a unos pocos individuos provocando la desaparición de
haplogrupos ya existentes. Esta podría ser la explicación a los resultados obtenidos en
poblaciones particulares como los Waunana, Nukak y Tucano donde hay ausencia del linaje A,
o las poblaciones Pasto, Guane y Curripaco (ausencia del haplogrupo C). Así mismo podría
haber sucedido con el linaje D, el cual está ausente en la mayoría de los grupos
indígenas. La comunidad Yuco es un caso particularmente interesante, ya que sólo se
encontró el haplogrupo B en la totalidad de los individuos analizados (88), sugiriendo un
efecto fundador (
6
), el cual posiblemente ocurrió por aislamiento
geográfico y endogamia (Serranía del Perijá).
La similitud en las
frecuencias de haplogrupos del mtDNA en algunas comunidades soporta los datos
antropológicos y lingüísticos que vinculan estrechamente a estas poblaciones, en las
que se observa una similitud genética mitocondrial. En particular, es interesante
observar que las únicas poblaciones que no poseen haplogrupo B en sus mtDNAs son las
comunidades Chimila, Ijka, Kogui y Wiwa, todas ellas pertenecientes a la misma familia
lingüística y ubicadas, además, geográficamente cerca, lo cual podría estar indicando
un origen común de las mismas. Por otra parte, el hallazgo de frecuencias elevadas del
haplogrupo E en algunas poblaciones indígenas, especialmente en las comunidades Guahibo y
Guayabero, probablemente sea el reflejo de la historia de mezcla racial con grupos
no-indígenas y de la presencia de otros haplotipos que pudieron haber aparecido en
nuestro continente y que por tal razón no están descritos en otras poblaciones.
Al analizar las frecuencias
de los linajes del mtDNA en
comunidades afrocolombianas
, se
observa claramente la prevalencia del haplogrupo E (79%) en los 5 grupos analizados, así
como la afluencia de los haplogrupos A (8%) y B (10%) a estas comunidades (Tabla 2).
La prevalencia del
haplogrupo E sin duda refleja la presencia de haplogrupos específicos del continente
africano. Sin embargo, cabe la posibilidad de que incluya igualmente europeos, e incluso
alguna variante de origen asiático distinta de los 4 haplogrupos principales.
Sabemos que los ancestros
africanos de los grupos negros que habitan actualmente el territorio colombiano
pertenecieron a varios grupos étnicos del Africa Occidental. Estos esclavos que llegaron
a Colombia fueron distribuidos en el país de forma indiscriminada, razón por la cual la
probabilidad de que nuestras comunidades afrocolombianas procedan de una sola población
africana es baja. Esta situación, y la subsecuente mezcla de los negros con los
colonizadores europeos, aumenta por lo tanto la posibilidad de hallar dentro de este
haplogrupo E colombiano una gran variedad de linajes: no solo deben estar incluidas
variantes de origen africano, sino europeas (Torroni y col., 1996).
La presencia de los
haplogrupos A y B en las poblaciones afrocolombianas es interesante ya que, siendo
considerados estos 2 linajes como los fundadores del mtDNA en América junto con C y D,
hace evidente la mezcla entre individuos de las poblaciones afrocolombianas con algunos
asentamientos indígenas. Esto es particularmente notorio en las comunidades negras de los
departamentos del Chocó y Cauca, en donde existe una estrecha relación socio-cultural
entre negros e indígenas.
En la
población
mestiza
analizada, los linajes amerindios A y B y el haplogrupo E son los
más frecuentes. La presencia de los haplogrupos amerindios fundadores, en frecuencias
similares a las detectadas para las poblaciones indígenas, y una alta frecuencia del
linaje E que representa el aporte a la población de mtDNAs de diferentes orígenes
continentales, incluidos linajes africanos y europeos, muestra claramente, a nivel
biológico, el proceso de mestizaje ocurrido en Colombia en los últimos 500 años.
Adicionalmente, a los
haplogrupos A, B, C y D, se detectaron patrones propios de variaciones en el mtDNA no
descritos previamente en otras poblaciones. En la población negra del Cauca se detectaron
dos individuos que poseen un sitio de restricción AluI en 5176 y otro adicional, y en la
de Providencia se encontró un individuo con tres copias de la repetición de 9 bp en su
mtDNA, en vez de 2. En los indígenas Embera del Cauca, un individuo exhibe un producto de
amplificación para el marcador 663-HaeIII de un tamaño inferior al esperado, el cual no
posee sitio de restricción para la enzima HaeIII (Tabla 2). Estas variantes conforman
entonces otros haplogrupos, que podrían ser considerados particulares de nuestras
poblaciones y de origen relativamente reciente. La ocurrencia de mutaciones reversas que
eliminan características de un linaje en particular y/o de mutaciones paralelas que
ocurrieran independientemente es muy probable, favoreciendo de esta manera la formación
de haplogrupos compuestos y/o privados. Al no estar descritos con anterioridad, se pueden
considerar como haplotipos privados (Santos y Barrantes, 1994; Bianchi y col., 1995).
Los resultados de diversidad
genética para los haplogrupos del mtDNA estudiados muestran que las heterocigosidades
promedio para cada una de las poblaciones indican una gran diversidad genética en la
mayoría de las comunidades indígenas, excepto en los Yuco, en donde la diversidad es
nula (Keyeux y col, 1998). Debido a esta gran heterogeneidad en los patrones de
distribución de los haplogrupos entre estas poblaciones se podría pensar que sea poco
probable que la diferenciación observada en el mtDNA indígena actual se asemeje al
existente en la época precolombina, debido al gran número de sucesos a través de la
historia que han conducido al despoblamiento y/o a la dispersión y reagrupación de las
comunidades a lo largo de todo el territorio colombiano. Las limitaciones sobre el
conocimiento del tamaño poblacional de las comunidades en la época precolombina y de si
realmente las poblaciones indígenas contemporáneas son una muestra de los mtDNAs de las
comunidades ancestrales americanas, son situaciones que deben ser consideradas al analizar
los resultados. Sin embargo, un estudio en momias Norteamericanas indica que la
distribución de los linajes fundadores hace 13.000 años era bastante parecida a la que
se observa hoy en día entre algunos amerindios de esa parte del continente (Stone y
Stoneking, 1993).
La población mestiza
presenta la más alta variabilidad después de la comunidad indígena Piaroa. La alta
diversidad genética del mtDNA observada en la población mestiza muestra que se trata de
un grupo en donde, al confluir individuos de todo el país, ésto se traduce en los
aportes genéticos de diversos orígenes y etnias, de tal forma que se ve aumentada la
diversidad de la población.
Los registros del índice de
diversidad en las comunidades negras son inferiores a los indígenas, excepto para la
población de Chocó Quibdó. Esto indica una baja diferenciación genética entre los
distintos grupos de la población afrocolombiana. Sin embargo, la agrupación de
haplogrupos no determinados dentro de un único gran linaje, denominado E, puede
infravalorar la diferenciación genética en este grupo, ya que es posible que exista una
gran variabilidad de linajes africanos en el mtDNA, la cual, en el estado actual del
análisis, estaría enmascarada por el haplogrupo E.
En las comunidades
indígenas se detectó un gradiente de distribución de los haplogrupos con respecto a la
ubicación geográfica de las poblaciones, lo que no descarta la existencia de ciertos
procesos evolutivos particulares. La ausencia de patrones claros de distribución de
linajes también fue descrita con anterioridad por autores como Cann (1994), Schurr (1990)
y Torroni (1992, 1993a) en otras partes de nuestro continente, excepción hecha para el
haplogrupo B, que presenta una distribución geográfica con una ausencia total en los
extremos Norte y Sur del continente americano, y que en Colombia también manifiesta una
frecuencia alta, especialmente en algunas comunidades.
LAS RUTAS DE ASIA HACIA AMÉRICA
La gran heterogeneidad del
mtDNA en nuestras comunidades indígenas puede ser el reflejo de la prevalente
controversia acerca de las rutas, el número y tamaño de las migraciones que entraron a
América procedentes de Asia (Crawford y Encizo, 1983; Turner, 1983; Cann, 1994). A su
vez, esta situación dificulta el estudio de la variabilidad genética interpoblacional en
Colombia, ya que no es posible determinar si dicha variabilidad es el reflejo de la
heterogeneidad de las poblaciones ancestrales o si surgió por eventos mutacionales
recientes en las poblaciones ya establecidas en América. Por otra parte, las
consideraciones espaciales en este tipo de estudio son importantes ya que Colombia está
ubicada al final de un gran cuello de botella geográfico entre Centro y Suramérica.
Efectivamente, la amplia distribución de las frecuencias de haplogrupos en el mtDNA en
Colombia, similar a la de Norte y Suramérica, muestra que los 4 linajes fundadores
pasaron efectivamente de Centro a Suramérica utilizando la ruta de Colombia.
La comparación de las
frecuencias de los haplogrupos del mtDNA en Colombia con los de poblaciones del noreste
asiático (considerados como los primeros pobladores, según Greenberg) (1986) y la
observación de las grandes diferencias particularmente en la frecuencia del linaje B en
Colombia (30.5%) frente a la ausencia del mismo en las comunidades de Siberia y el extremo
norte de América, aporta evidencias para establecer varias consideraciones. Posiblemente
los amerindios se derivan de un pequeño número de fundadores y la reducción de
haplogrupos pudo haber ocurrido originalmente en la población progenitora del noreste
asiático o, alternativamente, pudo resultar de una constricción poblacional, posterior a
la cual las poblaciones se fragmentaron en pequeños grupos y se separaron, limitando los
haplogrupos en cada población, así como la acumulación de nuevas mutaciones con la
consecuente aparición de variantes nuevas (sin descartar la posibilidad que estas
mutaciones hubieran ocurrido de forma paralela en el continente asiático y en el
americano). Mas tarde, los eventos ocurridos durante la colonización europea (guerras,
esclavitud, epidemias, mestizaje) pudieron producir aislamiento y disminución en el
tamaño de la población ya que las distancias y las barreras geográficas pueden limitar
el flujo génico entre las poblaciones. Esto podría haber generado la deriva genética
que, sumada a lo anterior, explicaría la gran heterogeneidad interpoblacional del mtDNA
observada.
El análisis de la deleción
de 9-bp (característica del linaje B) en la población colombiana arroja resultados
importantes al no existir reportes anteriores de su frecuencia en el norte de
Sur-américa. La frecuencia elevada de este linaje en nuestros indígenas entra a formar
parte de la distribución en gradiente de este haplogrupo en América y amplía los
interrogantes sobre el número y origen de las migraciones que poblaron nuestro
continente. El patrón característico de distribución de este linaje en el Nuevo Mundo,
y su ausencia en los extremos norte y sur del continente, así como en todas las
poblaciones siberianas estudiadas (Torroni y col., 1993b), apoyan la teoría de un evento
migratorio proveniente de la Polinesia, donde este haplogrupo presenta frecuencias que
oscilan entre el 72 y 100% (Hagelberg y Clegg, 1993; Hertzberg y col, 1989; Schurr y col,
1990; Harihara y col, 1992; Lorenz y Smith, 1994; Maliarchuck y Derenko, 1995; Reed y
Takezaki, 1995).
A pesar del enorme trabajo
en el campo de la genética realizado en los últimos 10 años tendientes a reconstruir la
historia del hombre Americano, tenemos ante nuestros ojos un rompecabezas al cual aún le
faltan muchas piezas. Tenemos sinembargo la esperanza de que el análisis de marcadores en
el mtDNA de momias precolombinas y asiáticas permitirá establecer las características
de los haplogrupos ancestrales tanto en Asia como en América y que la determinación de
otros aportes genéticos asiáticos en amerindios, por otro lado, y su interpretación a
la luz de los estudios lingüísticos, antropológicos y arqueológicos (Ward y col.,
1993) nos ayudará a esclarecer las modalidades del poblamiento de América y permitirá
ampliar el conocimiento acerca de nuestros orígenes y de nuestra diversidad biológica y
cultural.
AGRADECIMIENTOS
Queremos expresar nuestros
vivos agradecimientos a todas las personas, miembros de las comunidades indígenas, negras
y mestizas, que consintieron voluntariamente en participar en este estudio. Igualmente,
queremos expresar nuestro reconocimiento a los Drs. Thomas White y Mark Stoneking por
habernos apoyado con la donación de algunos reactivos necesarios para la realización del
trabajo experimental en la Unidad de Genética Molecular del Instituto de Genética
Humana, y al Dr. Ruiz-García por la codirección de tesis de C. Rodas.
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1 Se
denomina genoma al conjunto del material hereditario presente en cada célula del
organismo. Este está compuesto por DNA o ADN (ácido desoxiribonucleico), y está ubicado
en el núcleo de las células. La mitocondria es un organelo celular que también contiene
una pequeña molécula de ADN. (regresar a 1)
2 Ver
capítulo: Poblaciones negras de Colombia: una primera aproximación a su estructura
molecular (cap. 1, p: 11-25). (regresar a 2)
3 Fenómeno por medio del cual los genes homólogos de origen paterno y
materno pueden intercambiarse, dando origen a combinaciones nuevas que se transmitirán a
los descendientes. (regresar a 3)
4 Se trata
de un conjunto de variantes del DNAmt que se transmiten juntas y que son características,
además, de grupos poblacionales definidos. (regresar a 4)
5 Estos se
observan cuando se somete el DNA a enzimas (de restricción) que lo fragmentan de manera
específica y constante; las variantes en longitud de los fragmentos obtenidos indican la
aparición/desaparición de un sitio de corte, debido a una mutación. (regresar a 5)
6 Una característica genética, de varias presentes originalmente en el
pool genético de la población, es transmitida preferencialmente durante varias
generaciones a los descendientes, hasta convertirse en la única variante observable al
cabo de mucho tiempo. (regresar a 6)
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