TOMO X
GEOGRAFÍA HUMANA DE COLOMBIA
POBLADORES URBANOS
PAGAR POR EL PARAÍSO
© Derechos Reservados de Autor

2. ¿UN LUGAR SIMBOLICO?

Al igual que el Côte Basque, el antiguo Le Pavillon consistía en una pequeña entrada, una barra a la izquierda y, al fondo, cruzando una arcada, un amplio comedor de terciopelo rojo. La barra y el salón principal constituían unas Hébridas, un Elba, donde Soulé desterraba a los clientes de segunda clase. A sus clientes preferidos, los que el propietario escogía con un snobisme infalible, se les instalaba en las banquetas que llenaban la entrada, práctica que siguieron todos los restaurantes de Nueva York con reputación de elegantes: Lafayette, The Colony, La Grenouille, La Caravelle. Estas mesas, siempre las más próximas a la puerta, tienen corrientes de aire y son las que proporcionan menos intimidad. Sin embargo, que a un ciudadano lo sienten o no en una de ellas es una prueba definitiva en cuánto al reconocimiento de su prestigio.” (Capote, 1988:196-197)

En este trabajo se parte de la idea de la necesidad de hacerse partícipe de determinados lugares dentro de la vida cotidiana, como medio de refrendar la pertenencia a un grupo social determinado y por ende reafirmar nuestra identidad como seres colectivos, inmersos en una sociedad que no permite la individualidad más que como una expresión de rechazo a ella misma, siendo los seres que tratan de mantener su independencia de los círculos sociales catalogados como indeseables, enfermos, locos o en el mejor de los casos “raros”.

Las relaciones sociales que establece un sistema económico como el nuestro, con sus instituciones políticas y sociales, son indudablemente de un carácter de clase, en el sentido marxista del término, esto es, que vivimos una sociedad convulsionada por un antagonismo entre los diversos estamentos que la componen, viéndose éstos en la necesidad de cohesionarse al interior de sí mismos y frente a los demás sectores. Creo que esto es más palpable en lo que podríamos llamar la ‘alta burguesía’, al sentir que con el desarrollo de la economía de sectores catalogados como ‘emergentes’ tienden cada vez más a encerrar y proteger su mundo contra la invasión de nuevos actores. Este proceso lo podemos encontrar desde la Edad Media en Europa cuando encontramos a la clase burguesa intentando adquirir prebendas que hasta el momento eran exclusivas de la nobleza. Con esto quiero decir que es un proceso ligado al desarrollo del capitalismo.

En nuestro caso, aunque las leyes prohiben de alguna manera el que exista una segregación de algún tipo, ya sea económica, racial (étnica?) o religiosa. La aparición de lugares para uso exclusivo de un determinado grupo tiene como sentido proteger los bienes y la privacidad de los sectores favorecidos de la economía. Otro sentido de estos lugares es adquirir al interior del mismo grupo un prestigio que ayude a consolidar su posición dentro del mismo. Así en estos lugares se desarrollan comportamientos rituales que van desde la forma de comer o de hablar hasta la forma de vestirse, convirtiendo el consumo ostentoso en uno de los medios de asegurar la distinción de clase:

“... el dispositivo espacial es a la vez lo que expresa la identidad del grupo (los orígenes del grupo son a menudo diversos, pero es la identidad del lugar la que lo funda, lo reúne y lo une) y es lo que el grupo debe defender contra las amenazas externas e internas para que el lenguaje de la identidad conserve su sentido”. (Augé, 1994:51)

La exclusividad de estos lugares frente a las clases subalternas se mantiene por medio de un estricto control económico fijado por los altos precios que se deben pagar por el ingreso a ellos y de un control simbólico frente a los grupos ‘emergentes’, entendido esto como una selección ya no de carácter económico sino ritual: formas de vestir y de comportarse. Este tipo de cosas hace que se asuman estereotipos que ayuden a demostrar su pertenencia al grupo social al cual se pertenece o se quiere pertenecer como veremos más adelante (1) .

Siguiendo a Augé, utilizo el término “lugar antropológico” para definir el espacio al que me refiero específicamente, o como él mismo nos dice “...para esta construcción concreta y simbólica del espacio...” (Ibíd), que es “...al mismo tiempo principio de sentido para aquellos que lo habitan y principio de inteligibilidad para aquel que lo observa.” (Ibíd). Augé, dice que el lugar antropológico es de escala variable; en este sentido pienso que a su escala el lugar que nos ocupa tiene los tres rasgos comunes a estos lugares: identificatorios, relacionales e históricos. En estos se encuentran el conjunto de “...posibilidades, de prescripciones y de prohibiciones cuyo contenido es a la vez espacial y social” (Ibíd):

“...uno encontraba en “Paraíso” el sitio donde iba la gente que uno conocía, entonces era un círculo vicioso porque entonces uno iba, se encontraba con sus amigos, con toda la universidad con todos los amigos del colegio y siempre era gente conocida...” (entrevista # 4).

El núcleo del dispositivo espacial es la identidad y la relación, y el encuentro en estos espacios es la oportunidad de tomar conciencia de la colectividad. El lugar antropológico es un espacio inscripto y simbolizado, que se distingue del espacio “geométrico”, por ser un “espacio ‘existencial’, lugar de una experiencia de relación con el mundo de un ser esencialmente situado ‘en relación con un medio” (Mearleau Ponty citado por Augé, 1994:85). El lugar tiene un rasgo histórico entendido como una estabilidad mínima que se da a partir de la conjugación de identidad y relación, lo que permite que determinados sujetos se puedan reconocer allí como actores de la historia viva del lugar en la medida que identifican señales que comparten y que interpretan, en las que se pueden captar nuestras diferencias frente a los otros actores sociales.

“Algunas veces le he preguntado a los ‘comensales’ ¿por qué vienes aquí? ¿Qué es lo que te gusta? Y ¿sabe qué me responden? “Mira, yo vengo porque aquí estamos los que somos”, “Me encanta este lugar porque aquí viene la gente linda”, "Yo  vengo porque aquí no puede entrar cualquiera, aquí me siento en confianza, tranquilo, con mi gente”.

Podemos hablar del lugar antropológico como parte de un recorrido, como un punto entre otros lugares de reunión. Así vemos cómo para la gente que visita cotidianamente “Paraíso” es importante, casi diría indispensable, el estar los jueves en Harry’s, los viernes en Cinema y los domingos por la noche en el Andino. (2)

Estos lugares tienen una dimensión temporal que hace que su existencia o su importancia sea relevante sólo determinados días en que los participantes toman conciencia de la colectividad (Augé, 1994:65) siendo las discontinuidades (paradójicamente) lo que representan la continuidad temporal. (Augé, 1994:66)  

“...la organización del espacio y la constitución de lugares son, en el interior de un mismo grupo social, una de las apuestas y una de las modalidades de las prácticas colectivas e individuales. Las colectividades (o aquellos que las dirigen), como los individuos que se incorporan a ellas, tienen necesidad simultáneamente de pensar la identidad y la relación y, para hacerlo, de simbolizar los constituyentes de la identidad compartida (por el conjunto de un grupo), de la identidad particular (de tal grupo o de tal individuo con respecto a los otros) y de la identidad singular (del individuo o del grupo de individuos en tanto no son semejantes a ningún otro).” (Augé,1994: 57)

“... hace 2 meses por ahí una amiga de Rodrigo nos dijo: “hay un bar que se llama “Cinema” que es buenísimo, pero eso sí no podemos ir muchos porque es un bar donde van maricas y lesbianas y es su sitio pero vamos y lo conocemos, y entonces nosotros fuimos, un grupo grande, con Alberto y con todos, fuimos, lo conocimos y resultó que la música era espectacular, era un sitiecito en la setenta que es como un garaje. El sitio resultó ser bueno y a los ocho días ya estaba repleto, ya estaba hasta Paola Turbay en ese sitio, a los ocho días ya había 2.000 personas, entonces los mismos de aquí, los mismos de “Paraíso” el viernes en ese sitio...” (entrevista #4).

Los lugares a los que me refiero, y concretamente en “Paraíso” son distinguidos porque son lugares a los que “hay que ir”, en los que hay que hacerse ver, en momentos en que el sitio en cuestión se considera un ‘bastión’ de determinado grupo social, mezclando intereses económicos, sentimentales y, por supuesto, de clase. Es necesario tener en cuenta que el caso del restaurante que estudio es por lo que representa dentro de la sociedad, no por el sitio en sí, ya que su no existencia tendría como consecuencia que la gente que se reúne allí buscaría otro lugar que lo reemplazaría. “La frecuentación de los mismos ambientes constituye un importante factor aglutinante de las clases burguesas, un vehículo de interacción e interpretación.” (Sebreli, 1990:45)

Es importante ver que el lugar, al igual que otros que han correspondido o corresponden al papel de ‘sitios’ de la burguesía, comienzan a ser copados por otros grupos en su afán de ser reconocidos por la burguesía, o mejor por lo que podríamos llamar las ‘altas esferas’ sociales bogotanas.

“... digamos que al restaurante va mucho ‘jet-set’, industriales, gente con mucha plata, judíos ricos, pero no va la clase alta bogotana, ‘rola’, no van los Samper, no van los Santos; no, los Santos si van pero digamos que no se la pasan allá; los Pastrana, ni Gloria Valencia de Castaño ni Pilar Castaño, ellas van de vez en cuando pero digamos que no son ‘clientes’ de allá, antes sí iban los ministros y toda esa gente pero ahora ya casi no, desde el ‘boom’ del restaurante desde que se volvió ese mierdero tan grande ya casi no van, ahora se la pasan en El Patio, allá van todos los ministros, los viceministros, todos los ‘duros’ de las comunicaciones, es decir va la gente ‘pesada’, ‘pesada’ del país, todos los que se la pasaban allí, ahora va toda la gente que tiene plata pero que no está en el poder, que tiene mucha plata pero no está en el poder, los judíos ricos por ejemplo. ¿qué significa esto?” (entrevista #1 ).

Estos lugares sufren todos el mismo proceso, comienzan a ser reconocidos por la asiduidad con que lo frecuentan los grupos en el poder, a lo cual le sigue generalmente el ‘jet-set’, que generalmente corresponde a un rápido ‘boom’ , momento en que comienzan a ceder ante la invasión de la clase media en ascenso o del ‘medio pelo’ cómo los califica Sebreli, debiendo ceder su turno a otros lugares, a los cuales ‘huyen’ las clases privilegiadas, en busca de su paraíso perdido. Lo mismo lo podemos aplicar al proceso de expansión de los barrios ‘bien’ en Bogotá (3) : Al sentir invadidos ‘sus’ predios por las clases emergentes, la alta burguesía bogotana ha ido ‘corriendo’ su lugar de residencia cada vez más hacia el norte (4) de la ciudad, abandonando sus antiguos enclaves en manos de sus seguidores. “El proceso de diferenciación está condicionado por el de imitación; así las clases burguesas viven procurando diferenciarse de las clases medias que las imitan, del mismo modo que éstas tratan de hacerlo con la clase obrera.” (Sebreli, 1990:48)

CONTINUAR  

REGRESAR AL ÍNDICE

1 Ver capítulo correspondiente a los personajes. (regresar 1)

2 Al respecto son muy dicientes las declaraciones que se encuentran en las entrevistas, ver anexos, especialmente la entrevista # 3. (regresar 2)

3 “A menudo, se ha mencionado a Bogotá como el ejemplo prototípico de polarización urbana en el Tercer Mundo. El norte de la ciudad es la zona reservada para los grupos de mayores recursos quienes viven en áreas como El Chicó, El Lago, y Los Rosales que tienen muy poco que envidiar a los mejores conjuntos residenciales de las ciudades norte­americanas. Centros comerciales como Unicentro completan la ilusión de un suburbio perteneciente al mundo desarrollado.” (Portes, 1990:203). (regresar 3)

4 “Por muchos años, el eje norte-sur de Bogotá ha sido el símbolo y la síntesis de la subyacente estructura de clases.” (Ibid). (regresar 4)