|
1. ENTRAR AL PARAISO
(1)
Usted
no sabe lo que es eso, hacer fila, fila que puede durar desde quince minutos hasta hora y
media, para poder entrar, sí, sólo para poder entrar. Luego viene la espera de mesa,
otro tanto para poderse sentar y que lo atiendan cuando la mesera tenga tiempo. Y luego,
si ya lo atendieron, esperar lo que más se demora, la comida, y puede estar agradecido si
le llega lo que pidió.
Pero no se preocupe. Mientras tanto se puede entretener mirando a
la reina de belleza que está a su izquierda esperando mesa y sonriéndole a todo el
mundo, y a su novio que, como siempre, está furioso porque todos la miran, especialmente
los hombres, y comentan lo buena que está. O a su derecha al conocido
industrial que a su vez reparte sonrisas y recibe miradas apreciativas del elemento
femenino circundante, y no precisamente por su figura.
Aunque no todo es así, generalmente la comida es deliciosa y usted es atendido
por una mesera hermosa, políglota, y a punto de graduarse en una de las universidades
más prestigiosas de la ciudad. Eso y mucho más es este lugar. Es que usted ni se
imagina, pero déjeme que le cuente...
Si usted sale por el norte de Bogotá (entre
treinta y cuarenta minutos), se encontrará en uno de los pueblos de la sabana y allí
estará Paraíso
(2)
una
construcción en forma de casa campestre fusionada con una iglesia de cerca de cien metros
de largo; a la entrada lo recibirán tres chicas y un muchacho que decidirán si usted es
lo suficientemente bien como para poder entrar al sitio, si no, le tocará
devolverse o entrar a alguno de los muchos lugares que hay alrededor y que se sostienen de
los que no pueden entrar allí.
Si usted califica para poder ingresar, una de
las chicas lo llevará a uno de los comedores del restaurante y le asignará una mesa,
también en función del grupo al cual ella cree que pertenece usted. Claro está,
después de las filas de espera. El restaurante tiene cinco comedores: cuatro en su
interior, y uno externo, enmarcados dentro de determinada jerarquía, siendo el comedor
principal reservado para personas importantes y el exterior para los
indeseables que, a pesar de habérseles negado la entrada, insisten en quedarse, porque
aunque usted no lo crea, a pesar de que se le diga a alguien que no hay mesa, que no lo
van a poder atender porque está todo reservado (mentira), insiste e insiste. Finalmente
se le ofrece las posibilidad de las mesas de afuera, preferiblemente cerca a las
parrillas, que es el punto más alejado de la entrada, para que no lo vean.
¿Que quién es alguien indeseable? Bueno, como le digo
hay varias posibilidades: Alguien indeseable es lo que nosotros llamamos un
mafioso, o sea alguien que llega en un Mercedes 500 SEL, barrigón, con
chaqueta de cuero, lleno de cadenas de oro, acompañado de una mujer con chaqueta dorada,
minifalda y botas blancas. Alguien indeseable es un nuevo rico, un emergente
¿me entiende?... es posible que muchas de las personas que van allí sean nuevos ricos,
pero lo imperdonable es que se les note. Siempre se ha de demostrar que se tiene mucha
clase, que la familia ha sido muy bien desde siempre.
Una vez llegó un auto, creo que un Mazda 626 GLX -un
buen carro- del que bajaron dos parejas ya mayores; señores que se veía que tenían más
o menos dinero y que lo habían trabajado seguramente toda la vida; se notaba que no eran
bien. ¿Sabe qué? no los dejaron entrar. Un día fue Fabio Ochoa con su
familia. El viejo. El viejo Ochoa, el papá de los Ochoa ¿recuerda?, el dueño de La
Margarita del Ocho
(3)
y de los caballos de paso más bellos que hay en el país
(y del mundo según dicen); pues al viejo lo sentaron en una de las mesas de afuera,
claro, bien retiradita de la entrada y eso porque insistió en quedarse. ¿Cómo le
parece?
Antonio,
un muchacho recién llegado de Cali (acaba de entrar a estudiar administración en la
Universidad de Los Andes), después de estar haciendo fila durante una hora para entrar me
dijo: ¿Sabés qué se necesita para entrar aquí? Influencias, conocimiento y
celular. Yo me voy, estoy cansado de recibir humillaciones para entrar aquí, como si la
plata que tiene mi familia fuera regalada. ¿Y vos qué? ¿Venís conmigo o te
quedás?. ¡Imagínese! Pero venga le sigo contando.
El comedor principal está
reservado para la gente superbien. El embajador de Estados Unidos, el Ministro
de Defensa, grandes hombres de negocios o industriales reconocidos, reinas de belleza y su
familia o famosas actrices y modelos, además de personajes de las más encumbradas
familias de la sociedad bogotana. Si usted no califica dentro de uno de estos grupos, pero
casi, es posible que lo dejen sentar, perdón, que lo sienten en el comedor
que sigue, y así sucesivamente, claro que recuerde que debe ser muy bien para
poder al menos entrar a sentarse en el bar.
El restaurante es un lugar lleno de cientos
de imágenes religiosas, colgandejos de toda clase, desde antigüedades hasta copas de
carros compradas en cualquier chatarrería, algo más de 100 mesas, 87 meseros, que para
el dueño están en términos de valor por debajo de las mesas y a quienes controla a
través del capataz, perdón, del jefe de meseros, que es un excura franciscano, que
recorre el lugar detrás de ellos.
El restaurante funciona los sábados desde las doce del
día hasta las tres de la mañana del domingo, empezando la jornada del domingo desde el
mediodía hasta las once p.m. Son jornadas agotadoras. ¡Imagínese un mesero!: para
ponerle un ejemplo concreto le cuento de tres hermanitos que viven en la 108 con 19:
comienzan su jornada a las once de la mañana del sábado, por lo tanto deben salir de su
casa a las diez y cuarto, trabajan hasta las tres de la madrugada del domingo ¡dieciseis
horas! y todo el tiempo trabajando duro, sin descansar. Pero no importa, llegarán a su
casa a dormir entre las tres y cuarenta o las cuatro de la madrugada y se podrán
despertar de nuevo a las nueve y cuarenta y cinco de la mañana ese mismo domingo,
bañarse rápidamente, vestirse rápidamente y comer algo muy rápidamente, para llegar a
tiempo al restaurante, evitar el regaño y evadir la posibilidad que los devuelvan, o que
los echen dependiendo de qué humor haya amanecido el propietario, y por supuesto, de qué
tal le parezcan.
Deben estar en el restaurante a las once de la mañana
para doblar servilletas, montar los cubiertos en las mesas, alistar las facturas, las
hojas de pedido y demás. A las doce del día se abrirá el restaurante al público y
comenzará una larga jornada dominical que acabará entre la diez y once de la noche, lo
que significa que se habrá trabajado otra jornada de casi doce horas, por lo cual podrán
estar acostándose a descansar hacia las once y media o doce y deberán considerarse muy
afortunados si no tienen clase en la universidad a las siete a.m. del lunes.
Quisiera contarle de una forma secuencial, pero las
imágenes se mezclan desordenadamente, las bellas mujeres, los hombres hermosos, porque
allí, va la gente linda, todos los modelos de carros superlujosos, Mercedes
500 SEL, BMW 728 SCI, Porsche 911, y por supuesto las famosísimas Harley Davidson. Un
domingo conté cerca de sesenta motos Harley, ¡sesenta!, ¿sabe qué significa eso? Cada
una cuesta entre 18 y 22 millones de pesos, y sólo son utilizadas los fines de semana
para ir a comer al norte, si hace sol. Mire, hay gente que se la pasa todo el
año metida allí, parece que no existiera otro sitio: Paola Turbay, Carolina Gómez,
Sofía Vergara, Angie Cepeda, Harry Sudarsky, Lina Botero, Alejandra Obregón ...
He
visto personas llorar a la entrada porque los sacaron o porque no los han dejado entrar;
sí, los he visto. Pero nó, tengo que contarle, tomémonos un café y le sigo contando.
Sabado por la noche: Comienza la primera tonada del santo cachón (vallenato
de moda), la concurrencia, especialmente las mujeres, gritan y se lanzan al
ruedo, es decir a bailar solas o con su pareja. ¡Les encanta! mientras cantan la
melodía, que es de un machismo que pondría los pelos de punta a cualquier feminista,
incluidas las no radicales. Este hecho sirve para introducirnos un poco en lo que son las
relaciones de pareja hombre-mujer (casi debería decir macho-hembra) en nuestro paraíso.
Trataré de pintarle el cuadro...
Los hombres, típicos machos --pero no a lo
Vicente Fernández, sino a lo James Dean van vestidos con sus (también típicas) botas
vaqueras, sus blue jeans --Levis-- (tipiquísimos), sus camisas de jean Razzi
(hiperbien) y su cabello lleno de gel, bien afeitaditos, mostrando sus rostros
hermosos de andróginos, sobre un cuerpo de atleta de 87 kg. (promedio sacado con base en
una encuesta realizada sobre el tema). Las mamiticas, perdón, las chicas, son
las típicas (todo es muy típico), mamitas, por ejemplo, para hablar claro y
que me entienda pondré un ejemplo concreto: Sofía Vergara. ¡UUUUUYYYYYY! ¡qué hembra!
¿verdad? Esa sí es una mujer. ¿La ha visto, no?, la super modelo; pues ella se viste
como todas las chicas de Paraíso, pero todos sabemos que ella es Sofía
Vergara. Sofía sola no, Sofía Vergara.
Botas
vaqueras (ya hicimos suficientes acotaciones sobre lo típico), Jeans super ceñidos
(Levis), y por supuesto un super body, que nos deja ver un par de
estupendos. ..perdón, creo que me emocioné imaginando la escena. En fin, que nos deja
ver el esplendoroso pecho de la niña mencionada, cabello rubio largo, un rostro
maquillado absolutamente hermoso, boca seductora, siempre entreabierta o con una sonrisa
invitando a ser besada. Ahora tomemos a nuestros dos ejemplares (al macho y la hembra) y
describamos su comportamiento en nuestro lugar.
Las niñas, que se supone son de la
alta sociedad bogotana bailan preferiblemente sobre las mesas mostrando sus
bellos cuerpos, ondeándolos de una forma que le producirían un ataque cardíaco hasta a
un monje budista. La escena casi se podría comparar a las que habitualmente vemos en las
películas gringas cuando el protagonista entra a un bar donde hay jóvenes mujeres
dedicadas al baile y al striptease; aquí no hay striptease pero
casi, de todas formas el comportamiento es muy similar.
Como decíamos, las mujeres se contonean sobre las mesas,
de la forma más erótica posible, y los hombres bailan sobre los asientos o sobre el piso
alrededor de las mesas, observando permanentemente a las otras mujeres -no a sus parejas-
y vigilando atentamente a los otros hombres para que no miren demasiado a sus mujeres.
Pero también bailan juntos sobre el piso, bien amacizados, como en el
famosísimo baile Lambada.
Alrededor de lo anterior se dan varios tipos de escenas,
como la del machote, que le pega una trompada a otro porque se quedó mirando
a su mujer o porque pasó y la tocó o la empujó, o le habló o, aún peor la
llegó a abrazar (algún antiguo conocido de ella); hecho que genera una pelea entre dos
bandos, los amigos del ofendido y los amigos del atacado, aunque generalmente no pasa a
mayores pues rápidamente interviene el grupo de seguridad del restaurante, equipo de
pesistas y cinturones negros de Karate. La labor de este grupo es evitar las peleas dentro
del lugar y sacar a los contendientes, acción que normalmente se lleva a cabo con alguna
espectacularidad, dada la reticencia de algunos (la mayoría) a abandonar el sitio. Esto
se desarrolla de la siguiente forma: ¿Han visto alguna vez una película de vaqueros en
la cual los duros, sacan a un pobre tipo de un bar a través de una puerta de
batientes y aterriza en la calle? Pues es así, en medio de las amenazas del pobre
tipo que asegura ser hijo de un general de la policía y que va a mandar cerrar el
sitio al otro día, o de las de algún otro que dice ser de Cali y que se cuiden porque de
mañana no pasan, o las del supermacho que promete buscarlos y
dedicarles una larga estadía en algún hospital.
Pero
no siempre nuestros machos se enfrentan con otro como ellos, muchas veces la
retaliación va dirigida directamente contra su
mujer: el
tomarla fuertemente del brazo y sacudirla con un a mí no me vengas a hacer
eso, el pegarle una bofetada mostrándole quién es el que manda, o en casos
extremos, el prácticamente arrastrarla a la salida porque nos vamos y ya verás que
arreglamos cuentas, porque conmigo ninguna se porta como una perra. Siempre la
agresión física contra estas hermosas niñas, va acompañada de varios apelativos, como
puta, perra, zorra y otros, un tanto más fuertes que
no me atrevo a expresar aquí. Pero a pesar del trato, las mujeres que han sido agredidas,
vuelven a los ocho días o a los quince, con el mismo acompañante como si no hubiera
pasado nada.
¿Recuerda que le dije que había visto gente llorar
porque la sacaban o no la dejaban entrar? ¡Es cierto! Le cuento que una noche vi llorar
una niña de unos 20 años, muy bonita que iba con frecuencia al restaurante
pero un día trató muy mal a los meseros y la niña encargada de la entrada decidió que
no podía volver a entrar, y no la dejó entrar. Pues esta niña después de insistir más
de media hora comenzó a llorar preguntando cómo le podían hacer esto ¡a ella!, pero no
hubo caso: no entró. Alguna noche el grupo de seguridad sacó a un cliente por una pelea;
se quedó afuera pidiendo que llamaran al dueño, después de una hora éste accedió a
salir y el muchacho (unos 25 años) le presentó disculpas en todos los tonos posibles y Ricardo
(4)
con su
característico tono de voz le dijo: Vete, no quiero verte, tú no puedes volver
aquí, no quiero verte más, a lo cual el muchacho llorando le decía: pero
Ricardo, yo ¿que voy a hacer? Aquí están mis amigos, ¿yo para dónde me voy? Por
favor, le juro que me porto bien, déme una oportunidad a lo que éste respondió:
Nada, no quiero verte más, vete y no jodas más. El caso terminó en que este
muchacho (que es de una familia muy rica) volvió a los ocho días, presentó disculpas de
nuevo y se le dejó entrar. Casos así no son aislados sino que se ven con alguna
frecuencia.
CONTINUAR
REGRESAR AL
ÍNDICE
1 Este texto se ha realizado con base en las anotaciones del diario de campo,
de las entrevistas y de los recuerdos de la observación directa del autor.
(regresar 1)
2 Utilizaré este nombre ficticio como
referencia tanto en el texto del trabajo como en las entrevistas anexadas. (regresar
2)
3 Restaurante campestre al norte de Bogotá, sobre la
autopista norte. (regresar 3)
4
Utilizaré el nombre de Ricardo para identificar al dueño del establecimiento y
agilizar el relato, pues tanto clientes como trabajadores se refieren a él con
familiaridad. Esto por supuesto se aplicará también a las entrevistas anexadas.
(regresar 4)
|