TOMO X
GEOGRAFÍA HUMANA DE COLOMBIA
POBLADORES URBANOS
PAGAR POR EL PARAÍSO
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1. ENTRAR AL PARAISO (1)

 

Usted no sabe lo que es eso, hacer fila, fila que puede durar desde quince minutos hasta hora y media, para poder entrar, sí, sólo para poder entrar. Luego viene la espera de mesa, otro tanto para poderse sentar y que lo atiendan cuando la mesera tenga tiempo. Y luego, si ya lo atendieron, esperar lo que más se demora, la comida, y puede estar agradecido si le llega lo que pidió. Pero no se preocupe. Mientras tanto se puede entretener mirando a la reina de belleza que está a su izquierda esperando mesa y sonriéndole a todo el mundo, y a su novio que, como siempre, está furioso porque todos la miran, especialmente los hombres, y comentan lo ‘buena’ que está. O a su derecha al conocido industrial que a su vez reparte sonrisas y recibe miradas apreciativas del elemento femenino circundante, y no precisamente por su figura.

Aunque no todo es así, generalmente la comida es deliciosa y usted es atendido por una mesera hermosa, políglota, y a punto de graduarse en una de las universidades más prestigiosas de la ciudad. Eso y mucho más es este lugar. Es que usted ni se imagina, pero déjeme que le cuente...  

Si usted sale por el norte de Bogotá (entre treinta y cuarenta minutos), se encontrará en uno de los pueblos de la sabana y allí estará “Paraíso” (2) una construcción en forma de casa campestre fusionada con una iglesia de cerca de cien metros de largo; a la entrada lo recibirán tres chicas y un muchacho que decidirán si usted es lo suficientemente ‘bien’ como para poder entrar al sitio, si no, le tocará devolverse o entrar a alguno de los muchos lugares que hay alrededor y que se sostienen de los que no pueden entrar allí.

Si usted ‘califica’ para poder ingresar, una de las chicas lo llevará a uno de los comedores del restaurante y le asignará una mesa, también en función del grupo al cual ella cree que pertenece usted. Claro está, después de las filas de espera. El restaurante tiene cinco comedores: cuatro en su interior, y uno externo, enmarcados dentro de determinada jerarquía, siendo el comedor principal reservado para personas “importantes” y el exterior para los indeseables que, a pesar de habérseles negado la entrada, insisten en quedarse, porque aunque usted no lo crea, a pesar de que se le diga a alguien que no hay mesa, que no lo van a poder atender porque está todo reservado (mentira), insiste e insiste. Finalmente se le ofrece las posibilidad de las mesas de afuera, preferiblemente cerca a las parrillas, que es el punto más alejado de la entrada, para que no lo vean.

¿Que quién es alguien indeseable? Bueno, como le digo hay varias posibilidades: Alguien indeseable es lo que nosotros llamamos un ‘mafioso’, o sea alguien que llega en un Mercedes 500 SEL, barrigón, con chaqueta de cuero, lleno de cadenas de oro, acompañado de una mujer con chaqueta dorada, minifalda y botas blancas. Alguien indeseable es un ‘nuevo rico’, un emergente ¿me entiende?... es posible que muchas de las personas que van allí sean nuevos ricos, pero lo imperdonable es que se les note. Siempre se ha de demostrar que se tiene mucha ‘clase’, que la familia ha sido muy ‘bien’ desde siempre.

Una vez llegó un auto, creo que un Mazda 626 GLX -un buen carro- del que bajaron dos parejas ya mayores; señores que se veía que tenían más o menos dinero y que lo habían trabajado seguramente toda la vida; se notaba que no eran ‘bien’. ¿Sabe qué? no los dejaron entrar. Un día fue Fabio Ochoa con su familia. El viejo. El viejo Ochoa, el papá de los Ochoa ¿recuerda?, el dueño de La Margarita del Ocho (3) y de los caballos de paso más bellos que hay en el país (y del mundo según dicen); pues al viejo lo sentaron en una de las mesas de afuera, claro, bien retiradita de la entrada y eso porque insistió en quedarse. ¿Cómo le parece?

Antonio, un muchacho recién llegado de Cali (acaba de entrar a estudiar administración en la Universidad de Los Andes), después de estar haciendo fila durante una hora para entrar me dijo: “¿Sabés qué se necesita para entrar aquí? Influencias, conocimiento y celular. Yo me voy, estoy cansado de recibir humillaciones para entrar aquí, como si la plata que tiene mi familia fuera regalada. ¿Y vos qué? ¿Venís conmigo o te quedás?.” ¡Imagínese! Pero venga le sigo contando. El comedor principal está reservado para la gente ‘superbien’. El embajador de Estados Unidos, el Ministro de Defensa, grandes hombres de negocios o industriales reconocidos, reinas de belleza y su familia o famosas actrices y modelos, además de personajes de las más encumbradas familias de la sociedad bogotana. Si usted no califica dentro de uno de estos grupos, pero ‘casi’, es posible que lo dejen sentar, perdón, que lo sienten en el comedor que sigue, y así sucesivamente, claro que recuerde que debe ser muy ‘bien’ para poder al menos entrar a sentarse en el bar. El restaurante es un lugar lleno de cientos de imágenes religiosas, colgandejos de toda clase, desde antigüedades hasta copas de carros compradas en cualquier chatarrería, algo más de 100 mesas, 87 meseros, que para el dueño están en términos de valor por debajo de las mesas y a quienes controla a través del capataz, perdón, del jefe de meseros, que es un excura franciscano, que recorre el lugar detrás de ellos.

El restaurante funciona los sábados desde las doce del día hasta las tres de la mañana del domingo, empezando la jornada del domingo desde el mediodía hasta las once p.m. Son jornadas agotadoras. ¡Imagínese un mesero!: para ponerle un ejemplo concreto le cuento de tres hermanitos que viven en la 108 con 19: comienzan su jornada a las once de la mañana del sábado, por lo tanto deben salir de su casa a las diez y cuarto, trabajan hasta las tres de la madrugada del domingo ¡dieciseis horas! y todo el tiempo trabajando duro, sin descansar. Pero no importa, llegarán a su casa a dormir entre las tres y cuarenta o las cuatro de la madrugada y se podrán despertar de nuevo a las nueve y cuarenta y cinco de la mañana ese mismo domingo, bañarse rápidamente, vestirse rápidamente y comer algo muy rápidamente, para llegar a tiempo al restaurante, evitar el regaño y evadir la posibilidad que los devuelvan, o que los echen dependiendo de qué humor haya amanecido el propietario, y por supuesto, de qué tal le parezcan.

Deben estar en el restaurante a las once de la mañana para doblar servilletas, montar los cubiertos en las mesas, alistar las facturas, las hojas de pedido y demás. A las doce del día se abrirá el restaurante al público y comenzará una larga jornada dominical que acabará entre la diez y once de la noche, lo que significa que se habrá trabajado otra jornada de casi doce horas, por lo cual podrán estar acostándose a descansar hacia las once y media o doce y deberán considerarse muy afortunados si no tienen clase en la universidad a las siete a.m. del lunes.

Quisiera contarle de una forma secuencial, pero las imágenes se mezclan desordenadamente, las bellas mujeres, los hombres hermosos, porque allí, va ‘la gente linda’, todos los modelos de carros superlujosos, Mercedes 500 SEL, BMW 728 SCI, Porsche 911, y por supuesto las famosísimas Harley Davidson. Un domingo conté cerca de sesenta motos Harley, ¡sesenta!, ¿sabe qué significa eso? Cada una cuesta entre 18 y 22 millones de pesos, y sólo son utilizadas los fines de semana para ir a comer ‘al norte’, si hace sol. Mire, hay gente que se la pasa todo el año metida allí, parece que no existiera otro sitio: Paola Turbay, Carolina Gómez, Sofía Vergara, Angie Cepeda, Harry Sudarsky, Lina Botero, Alejandra Obregón ...

He visto personas llorar a la entrada porque los sacaron o porque no los han dejado entrar; sí, los he visto. Pero nó, tengo que contarle, tomémonos un café y le sigo contando. Sabado por la noche: Comienza la primera tonada del “santo cachón” (vallenato de moda), la concurrencia, especialmente las mujeres, gritan y ‘se lanzan al ruedo’, es decir a bailar solas o con su pareja. ¡Les encanta! mientras cantan la melodía, que es de un machismo que pondría los pelos de punta a cualquier feminista, incluidas las no radicales. Este hecho sirve para introducirnos un poco en lo que son las relaciones de pareja hombre-mujer (casi debería decir macho-hembra) en nuestro paraíso. Trataré de ‘pintarle’ el cuadro...

Los hombres, típicos ‘machos’ --pero no a lo Vicente Fernández, sino a lo James Dean­ van vestidos con sus (también típicas) botas vaqueras, sus blue jeans --Levi’s-- (tipiquísimos), sus camisas de jean Razzi (hiperbien’) y su cabello lleno de gel, bien afeitaditos, mostrando sus rostros hermosos de andróginos, sobre un cuerpo de atleta de 87 kg. (promedio sacado con base en una encuesta realizada sobre el tema). Las ‘mamiticas’, perdón, las chicas, son las típicas (todo es muy típico), ‘mamitas’, por ejemplo, para hablar claro y que me entienda pondré un ejemplo concreto: Sofía Vergara. ¡UUUUUYYYYYY! ¡qué hembra! ¿verdad? Esa sí es una mujer. ¿La ha visto, no?, la super modelo; pues ella se viste como todas las chicas de “Paraíso”, pero todos sabemos que ella es Sofía Vergara. Sofía sola no, Sofía Vergara.

Botas vaqueras (ya hicimos suficientes acotaciones sobre lo típico), Jeans super ceñidos (Levi’s), y por supuesto un super ‘body’, que nos deja ver un par de estupendos. ..perdón, creo que me emocioné imaginando la escena. En fin, que nos deja ver el esplendoroso pecho de la niña mencionada, cabello rubio largo, un rostro maquillado absolutamente hermoso, boca seductora, siempre entreabierta o con una sonrisa invitando a ser besada. Ahora tomemos a nuestros dos ejemplares (al macho y la hembra) y describamos su comportamiento en nuestro lugar. Las niñas, que se supone son de la ‘alta sociedad’ bogotana bailan preferiblemente sobre las mesas mostrando sus bellos cuerpos, ondeándolos de una forma que le producirían un ataque cardíaco hasta a un monje budista. La escena casi se podría comparar a las que habitualmente vemos en las películas gringas cuando el protagonista entra a un bar donde hay jóvenes mujeres dedicadas al baile y al ‘striptease’; aquí no hay ‘striptease’ pero casi, de todas formas el comportamiento es muy similar.

Como decíamos, las mujeres se contonean sobre las mesas, de la forma más erótica posible, y los hombres bailan sobre los asientos o sobre el piso alrededor de las mesas, observando permanentemente a las otras mujeres -no a sus parejas- y vigilando atentamente a los otros hombres para que no miren demasiado a sus mujeres. Pero también bailan juntos sobre el piso, bien ‘amacizados’, como en el famosísimo baile Lambada.

Alrededor de lo anterior se dan varios tipos de escenas, como la del ‘machote’, que le pega una trompada a otro porque se quedó mirando a ‘su mujer’ o porque pasó y la tocó o la empujó, o le habló o, aún peor la llegó a abrazar (algún antiguo conocido de ella); hecho que genera una pelea entre dos bandos, los amigos del ofendido y los amigos del atacado, aunque generalmente no pasa a mayores pues rápidamente interviene el grupo de seguridad del restaurante, equipo de pesistas y cinturones negros de Karate. La labor de este grupo es evitar las peleas dentro del lugar y sacar a los contendientes, acción que normalmente se lleva a cabo con alguna espectacularidad, dada la reticencia de algunos (la mayoría) a abandonar el sitio. Esto se desarrolla de la siguiente forma: ¿Han visto alguna vez una película de vaqueros en la cual los ‘duros’, sacan a un pobre tipo de un bar a través de una puerta de batientes y aterriza en la calle? Pues es así, en medio de las amenazas del ‘pobre tipo’ que asegura ser hijo de un general de la policía y que va a mandar cerrar el sitio al otro día, o de las de algún otro que dice ser de Cali y que se cuiden porque de ‘mañana no pasan’, o las del ‘supermacho’ que promete buscarlos y dedicarles una larga estadía en algún hospital.

Pero no siempre nuestros ‘machos’ se enfrentan con otro como ellos, muchas veces la retaliación va dirigida directamente contra ‘su mujer’: el tomarla fuertemente del brazo y sacudirla con un “a mí no me vengas a hacer eso”, el pegarle una bofetada mostrándole quién es el que manda, o en casos extremos, el prácticamente arrastrarla a la salida “porque nos vamos y ya verás que arreglamos cuentas, porque conmigo ninguna se porta como una perra”. Siempre la agresión física contra estas hermosas niñas, va acompañada de varios apelativos, como ‘puta’, ‘perra’, ‘zorra’ y otros, un tanto más fuertes que no me atrevo a expresar aquí. Pero a pesar del trato, las mujeres que han sido agredidas, vuelven a los ocho días o a los quince, con el mismo acompañante como si no hubiera pasado nada.

¿Recuerda que le dije que había visto gente llorar porque la sacaban o no la dejaban entrar? ¡Es cierto! Le cuento que una noche vi llorar una ‘niña’ de unos 20 años, muy bonita que iba con frecuencia al restaurante pero un día trató muy mal a los meseros y la niña encargada de la entrada decidió que no podía volver a entrar, y no la dejó entrar. Pues esta niña después de insistir más de media hora comenzó a llorar preguntando cómo le podían hacer esto ¡a ella!, pero no hubo caso: no entró. Alguna noche el grupo de seguridad sacó a un cliente por una pelea; se quedó afuera pidiendo que llamaran al dueño, después de una hora éste accedió a salir y el muchacho (unos 25 años) le presentó disculpas en todos los tonos posibles y Ricardo (4) con su característico tono de voz le dijo: “Vete, no quiero verte, tú no puedes volver aquí, no quiero verte más”, a lo cual el muchacho llorando le decía: “pero Ricardo, yo ¿que voy a hacer? Aquí están mis amigos, ¿yo para dónde me voy? Por favor, le juro que me porto bien, déme una oportunidad” a lo que éste respondió: “Nada, no quiero verte más, vete y no jodas más”. El caso terminó en que este muchacho (que es de una familia muy rica) volvió a los ocho días, presentó disculpas de nuevo y se le dejó entrar. Casos así no son aislados sino que se ven con alguna frecuencia.

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1 Este texto se ha realizado con base en las anotaciones del diario de campo, de las entrevistas y de los recuerdos de la observación directa del autor. (regresar 1)

2 Utilizaré este nombre ficticio como referencia tanto en el texto del trabajo como en las entrevistas anexadas. (regresar 2)

3 Restaurante campestre al norte de Bogotá, sobre la autopista norte. (regresar 3)

4   Utilizaré el nombre de Ricardo para identificar al dueño del establecimiento y agilizar el relato, pues tanto clientes como trabajadores se refieren a él con familiaridad. Esto por supuesto se aplicará también a las entrevistas anexadas. (regresar 4)