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LA SOCIEDAD LLANERA Y DE COLONIZACIÓN
María Eugenia Romero Moreno
es
oriunda de Bogotá. Egresada de la Universidad de los Andes en donde se graduó como
antropóloga. Viajó a los Estados Unidos con una beca de la Fundación Fulbright con la
finalidad de adelantar estudios de postgrado en la Universidad de Southern Illinois en
Carbondale, Illinois. Ha sido catedrática de la Facultad de Medicina de la Universidad
del Rosario y ha estado
vinculada
como profesora en la
Universidad Tecnológica de los Llanos Orientales, en la Universidad Javeriana y la
Universidad de los Andes.
Su mayor campo de acción ha sido el de
la investigación científica y en tal sentido se la considera una autoridad en el estudio
de la Orinoquia colombiana. Otra faceta de su especialidad es la antropología de la
nutrición y de la salud, rama en la cual ha participado en programas de investigación,
alg
u
nos de cuyos trabajos se hallan publicados por la
Universidad Javeriana bajo los títulos de; Estudio etnográfico de las prácticas de
alimentación infantil en Bogotá (1983); con
otros autores Prácticas y determinantes de la alimentación infantil Prácticas alimentarias en Colombia (Revista
de Nutrición y Dietética, vol. 55,
K
arger Editores, Basilea, 1987). Guías para la
elaboración de instrumentos para la investigación operativa en atención primaria en
salud (Fundación Santafé, 1990).
H
a colaborado como consultora en este campo en el INCA)
de Guatemala, el INTA de la Universidad de Chile y con el Programa de Alimentación,
Nutrición y Desarrollo de la Universidad de las Naciones Unidas.
Entre
sus publicaciones sobre la región orinoquense destacamos:
Ensayos orinoquenses (Orinoquia Siglo XXI, 1988); con Claudia Romero: Desde
el Orinoco hacia el siglo XXI: el hombre, la fauna y su medio (Fondo FEN, 1989); editora de Los Llanos: una historia sin fronteras (Asociación Cravo Norte, Ecopetrol, Occidental, Shell.
Memorias del Primer Simposio de Historia de los Llanos Colombo-Venezolanos, 1988).
Publicó conjuntamente con Carlos Rojas y Germ
á
n
Pinto: Cantan los Alcaravanes (Asociación
Cravo Norte, Ecopetrol, Occidental); El papel de la mujer en la sociedad
llanera (En prensa). Editora de Café, Caballo y Hamaca: visión histórica del
Llano (Ediciones Abya-Yala. Orinoquía Siglo
XXI, 1991).
LA SOCIEDAD LLANERA Y DE COLONIZACIÓN
María Eugenia Romero Moreno
Los
llaneros arrean el ganado. Nada permite suponer que la llegada de los hombres a la luna
forma ya parte de la historia. Aquí apenas cambia nada de un siglo para otro. Los
jinetes, siempre
parecidos, cabalgan junto a la manada, obligan a las reses a mantenerse en grupo, vadean
con ellas los ríos y atraviesan los valles, las dirigen por el camino correcto, atentos a
cualquier posible estampida. Así todos los días, desmontando solamente para comer y para
dormir, a veces al raso, cuidando de que los cebúes lleguen a tiempo a su destino. Cuando
esto ocurra, la historia se repetirá desde el principio. Habrá otras manadas, otros
cebúes, otros caminos para los mismos hombres.
(Rubio Recio, J.
M.
1988,
pág. 110).
LOCALIZACIÓN Y DEMOGRAFÍA
La
densidad y el número de
los
asentamientos en esta región han dependido históricamente, de varios factores como
son:
el desarrollo de la economía regional las vías de comunicación existentes, las
condiciones de vida en el altiplano e interior del país que han motivado sucesivas
migraciones especialmente durante los últimos cuarenta años. (Romero, M. E. 1988, pág.
26).
Un
censo de 1856 del Territorio de Casanare da una población de 18.594 habitantes, de los
cuales
1.330 eran hombres que pueden usar las armas. (Gómez, Augusto, 1987 sp.).
Un
censo de la intendencia Nacional del Meta en 1937 identificaba la existencia de:
26.464 personas
de raza blanca; 19.783 de raza mezclada; 558 de raza negra; 695 indígenas civilizados y
22.400 indígenas salvajes.
(Ossa, Peregrino. 1937,
págs. 51-52).
La
población llanera mestiza y blanca así como los colonos recientes, están
localizados en asentamientos urbanos especialmente en el piedemonte y
en las orillas de los ríos o
arcas de sabana -
río, así como en las áreas rurales que acusan un desarrollo de la agroindustria. (i.e.
Ariari). Las tendencias del desarrollo demográfico para el siglo XXI manifiestan que la
dinámica poblacional se centrará en aquellos asentamientos del piedemonte (Casanare,
Arauca y Meta) que puedan ser receptores de población migrante posiblemente
desempleada que proviene de otras regiones del país, y en aquellos asentamientos de
la sabana en donde se presenten nuevas actividades económicas. (Romero M. E. Op. cít,
págs. 32-33).
Creemos que es importante caracterizar y resumir las migraciones de
población más importantes al Llano colombiano a saber:
1. Una
primera oleada de migrantes principalmente españoles durante los siglos XVI y
XVII.
2. Una
migración de santandereanos a partir de la segunda mitad del siglo XVII orientada hacia
el cultivo del tabaco en el piedemonte de Casanare.
3.
Una migración de europeos en su mayoría alemanes e italianos
tuvo lugar a partir de la segunda mitad del siglo XIX (1850), los que se dedicaron al
comercio de exportación e importación por el río Meta.
4.
Una migración de venezolanos también tuvo lugar durante la segunda mitad
del siglo XIX; ellos escapaban de la situación política que reinaba entonces en dicho
país; se concentraron en localidades como Arauca, Orocué, Cravo, Puerto Rondón, y en
las zonas rurales circundantes. En su mayor parte los venezolanos migrantes se dedicaron
al negocio de la ganaderia.
5.
Existió
una importante migración de europeos al Llano araucano no nos consta si al
venezolano durante y
después de la Primera Guerra Mundial (1914-1917). Allí llegaron especialmente italianos,
sirio-libaneses que se concentraron especialmente en Arauca y se dedicaron al comercio
local e internacional por el río Arauca. Estas migraciones anotadas arriba lo fueron de
poblaciones que se asentaron en la región y que establecieron vínculos consanguíneos y
sociales
con la población local.
Fundamentamos un bosquejo
general de los procesos sociales acaecidos en el Llano colombiano haciendo referencia
también a fuentes históricas del Llano Venezolano porque consideramos que estas dos subre
giones poseen elementos estructurales comunes en su
historia economica y
social, y porque creemos necesario motivar y generar análisis explicativos de la realidad
del Llano, a este lado del río Arauca.
Actualmente la región conocida como Orinoquia o Llanos Orientales, posee
aproximadamente 680.000 habitantes que equivalen más o menos al 2.7% de la población
total del país, distribuida en un 80% en el piedemonte y en las áreas de sabana-río.
EL PROCESO DE FORMACIÓN
DE LA ETNIA
LLANERA
Ya en otros
escritos hemos caracterizado la sociedad llanera como una sociedad de colonización en
donde cada gru
po étnico, el indígena,
habitante ancestral, el llanero y el colono reciente ocupan un determinado
espacio o nichos ecológicos y
adelantan actividades productivas específicas. (Romero, M. E. 1988, págs. 60 -68).
Españoles y
criollos tras la riqueza ganadera y la mano de obra indígena; los indios en defensa de su
tierra y de su vida, entran en relación antagónica, conflictiva, que ofrecía a los
aborígenes una sola vía de sobrevivencia y escape: el mestizaje racial y cultural. Fue
un proceso largo, duro, complejo. Finalmente desemboc
ó
en la formación de un nuevo
tipo hu
m
ano
(1)
un ser antes
inexistente con rasgos muy definidos y propios, cuya adaptación al medio lindé con
el mimetismo y la identificación: el llanero. Pudiéramos decir lo mismo de otra forma.
Hablar de un proceso en el cual medio y hombres se relacionan e influencian
intrincadamente hasta producir una nueva cultura,
la cultura llanera, la cultura del
caballo.
(Febres,
Humberto. En Unellez.
1990,
pág. 49).
Al examinar la historia inicial del proceso de mestizaje que dio origen a la
etnia llanera es necesario tener en cuenta: el tipo de grupos aborígenes relativamente
sedentarios que habitaban las sabanas del Orinoco y que fueron la base de la cual partió
este proceso. Es importante, así mismo, examinar el tipo de relaciones económicas y
sociales acaecidas en el medio físico del Llano, en donde la riqueza estaba representada
por ganado, y la fuerza de trabajo eran los vaqueros o peones, (Rodríguez, A. 1987, pág.
21) es decir, la fuerza de trabajo la constituyeron los indios que , aprendieron las
faenas del hato que aprendieron a montar a caballo.
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1.
El subrayado es nuestro.
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