TOMO III VOLUMEN 1  
GEOGRAFÍA HUMANA DE COLOMBIA
Región de la Orinoquia
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(Continuación capítulo Introducción)

Grupo de Indígenas Sikuaní. Resguardo Tuparro, Misión Santa Teresita,Vichada, 1986

LA REGIÓN
EN LA LITERATURA
ANTROPOLÓGICA

 

La revisión bibliográfica de la literatura disponible revela toda una amplia gama de estudios históricos, económicos, geográficos, lingüísticos, etnográficos, etnológicos que conforman un extenso cuerpo de datos (3) .

Entre los grupos estudiados se encuentran: los Achagua; Chiricoa; Cuiva; Curripaco; Guahibo-Sikuani; Guayabero; Macaguane-Maciguare; Piapoco; Piaroa —migrantes entre Colombia y Venezuela—; Sáliba; U’wa (Tunebo) y Yaruro, estos últimos localizados especialmente en los Llanos Venezolanos. La literatura menciona otros grupos como los Hitnu, Tsiripu, Roqueros, Macarieros, Genareros, Porreros, Julieros, Puyeros, Wipiwe, Mariposos, que son denominaciones locales de grupos —especialmente Guahibo— y que son tratados en este escrito como parte del grupo regional al que corresponden. No nos ha sido posible establecer si el grupo denominado Wipiwe que habita el Caño Aguaclarita en Casanare, pertenece al grupo Amorúa, o si es un subgrupo Cuiva, de la familia lingüística Guahibo-Sikuani, lo que es más probable.

Los grupos indígenas que hasta el presente han sido objeto de la mayor cantidad de estudios corresponden a la familia lingüística Guahibo (especialmente los Sikuani y Cuiva) de quienes se han ocupado entre otros: Bernard Arcand (1972, 1975); Robert y Nancy Morey (1970, 1971, 1972, 1974, 1977).
Hemos identificado trabajos de D. Metzger (1974 y 1975), con R. Morey; Nina de Friedmann y Arocha (1982); Francisco Ortiz (1976, 1977, 1980, 1981, 1982,1983,
1984,1986,1987, 1989); M. E. Romero (1976, 1988, 1989); Alvaro Baquero (1981); y más recientemente Miguel Loboguerrero y X. Herrera (1979, 1982, 1983), entre otros.

Sobre el grupo Sáliba encontramos estudios de María Elisa Montejo (1976);
M. E. Romero (1988) y una obra inédita de C. Cubillos (Instituto Colombiano de
Antropología s.f.).
En cuanto a etnias propiamente diferenciadas, a medida que han aumentado los estudios y diagnósticos, su clasificación se ha profundizado, mas no por ello está totalmente clarificada. Por ejemplo, algunos estudios se refieren a los Guahibo sin especificar a cuál o cuáles subgrupos de esta familia lingüística se hace referencia o haciendo la aclaración que se incluyen varios grupos y lo describen conjuntamente (i.e. R y N. Morey, Friedmann y Arocha, D. Metzger entre otros). En otros casos, especialmente e escritos recientes, se designa los grupos estudiados según su propio sistema de denominaciones (i.e. Sikuani, Cuiva por Ortiz; Hitnu, por Loboguerrero y Herrera) lo cual contribuye enormemente a la clarificación.

Francisco Ortiz (1987) en su artículo sobre los indígenas de los Llanos Orientales, siguiendo las orientaciones generales de la obra, explica cuáles son lo distintos grupos dentro del confuso panorama mostrado hasta entonces por la bibliografía d los Llanos Orientales. Los trabajos a que me re fiero consisten principalmente en etnografías generales elaboradas por R. Morey y D. Metzger por ejemplo, o en artículos especializados en distintos aspectos etnográficos como música (Yepes, 1984; M. E. Romero, 1988 calendario (Morey, R. 1969); ocupación del medio ambiente -subsistencia (Morey en diversa obras); organización social y parentesco (F. Ortiz y F. Queixalos en fechas diversas); Morey y Metzger (1973); patrones de su sistencia (Morey, B. Arcand, Friedmann y Arocha); mitología (F. Ortiz, A. Baquero); lingüística (Queixalos y Ortiz en varias obras y Loboguerrero).

De la literatura etnológica disponible se destacan las explicaciones ecológicas y económicas dadas por los Morey y Metzger —por ejemplo— a la guerra intertribal y a las relaciones interétnicas de los indígenas del Llano.
Los estudios sobre mitología han sido considerados por Friedmann y Arocha (1984) como una consecuencia del

“Afán por nutrir la teoría estructuralista mediante mitos recogidos en la Orinoquia y Amazonia, minimizando al mismo tiempo los estudios sobre relaciones interétnicas y colonización”.
(Op. cit, 1984, pág. 306).

Estos autores consideran que estos estudios deben ser vistos menos apasionadamente. Sin embargo, consideramos que en la actualidad son tan urgen tes e importantes las investigaciones sobre la ideología y mitología (además de otros campos como ecología, alimentación, etnobotánica, para no citar sino algunos) como aquellas pesquisas que examinen las relaciones interétnicas entre blancos-colonos e indígenas; entre indígenas y llaneros; y entre indígenas de los diversos grupos. (i.e. entre Piapoco y Achagua; entre Guahibo y Piapoco; entre Achagua y Piapoco; entre Sáliba y Cuiva) o el resultado adaptativo de la ocupación por parte de los Guahibo —por ejemplo— de nichos ecológicos no tradicionales como las selvas de las riberas del río Guaviare, debido al desplazamiento a que se han visto forzados de las sabanas, sus territorios ancestrales.

También se requiere de la difusión de estos trabajos entre las comunidades que han sido “objeto de estudio” y entre la comunidad en general. Difícilmente —casi que es imposible— encontrar en las comunidades indígenas del Llano, las publicaciones y trabajos elaborados por historiadores, antropólogos y etnólogos.
El ensayo de B. Arcand acerca del simbolismo cuiva es un excelente ejemplo del tipo de estudios que bien merece ser traducido y divulgado; ésta, como muchas obras históricas, etnológicas, etnohistóricas y arqueológicas acerca de la región, están publicadas o inéditas en inglés y francés. No por ello dejaría de tener un carácter especializado; pero su difusión entre los estudiosos de la etnología fuese del llano o de otras regiones sería mayor y contribuiría, de la mano con otros estudios, a una comprensión más amplia de estas culturas, esencial en el análisis y solución de los conflictos interétnicos. Igual sugerencia merecen las obras diversas de Robert y Nancy Morey.

Por otra parte, Francisco Ortiz (1982) en la obra sobre Literatura Oral Sikuani pretende llegar al público en general y especialmente desea dar a los maestros de las escuelas oficiales y misionales un medio de trabajo con contenido cultural autóctono. Creemos que se requiere adelantar muchos más trabajos con estas características.
Los procesos de cambio cultural y relaciones interétnicas han sido abordados desde diversas perspectivas. Comenzando con estudios históricos que dan cuenta de las transformaciones que han sufrido ciertos grupos a partir de épocas recientes y retomando los datos etnohistóricos, se han destacado los elementos que han permitido la mejor adaptación de algunos de ellos a las cambiantes situaciones por las que han pasado (Morey Roberto y Nancy 1974). En algunos se hace hincapié en
el cambio producido por la presencia de misiones nacionales o extranjeras, (i.e. Informe de J. J. Matallana del DAS, 1974) asumiendo variadas posiciones frente a este hecho.

Estas van desde la denuncia de sus acciones y la exigencia de su salida del país (i.e. F. Ortiz, B. Arcand; DAS 1974) hasta reconocer el hecho de que estas misiones (i.e. como la misión de las Hermanas en San José del Ariporo, Casanare) llenan “vacíos” en programas de salud y presencia institucional (Zagarra, I. y otros, 1979). En este contexto encontramos también documentos de carácter social y jurídico sobre el caso de Planas y sus implicaciones (Pérez, R. 1971) y sobre las situaciones legales que deben afrontar los indígenas (Romero, M. E. 1975). En su mayor parte, estos estudios han sido adelantados mediante la metodología de la observación participante y la convivencia con las comunidades.

Con el establecimiento de la Estación Antropológica de Cravo Norte por parte del Instituto de Antropología —en la década del 70— se organizaron algunas acciones y actividades de Antropología aplicada, por ejemplo, en el área de la salud. Desafortunadamente —a nuestro entender— esta experiencia no ha sido documentada, al menos en publicación y es posible que su acción nunca fuera evaluada. La investigación testimonial aportó información especialmente para estudios jurídicos.

En los últimos años X. Herrera y M. Loboguerrero han desarrollado programas de investigación-acción, mediante su trabajo con indígenas Hitnu en la intendencia de Arauca (1982) y más recientemente en el Vichada. Tanto este trabajo (el de Arauca), como el de la investigación en etnobotánica de la Segunda Expedición Botánica (durante el gobierno de Betancur 1982-1986) fueron interrumpidos. Es posible sin embargo, rescatar algo del trabajo adelantado por dos antropólogos infortunadamente asesinados en la región del río Ele en 1985. El primero por las condiciones políticas de la intendencia (informe personal de los autores) y el segundo por el asesinato del investigador César Tulio Aragón y de su ayudante acaecido en el río Ele en diciembre de1985.
La organización indígena UNUMA adelanta actividades para publicar y continuar publicando desde 1980 los resultados de sus trabajos en lingüística aplicada con un proyecto de etnolingüística. (Comunicación personal de Yolanda Bodnar, 1991). Creemos que éste puede ser un modelo de trabajo para seguirlo con otros grupos étnicos.

Por otra parte, la Fundación para las Comunidades Colombianas (FUNCOL) también ha publicado estas experiencias y ha adelantado actividades en salud y nutrición en la intendencia de Arauca y en la comisaría del Vichada con indígenas Guahibo. El trabajo en Arauca se concentra en los grupos ribereños del río Arauca y con los indígenas del municipio de Tame. El valor de esta documentación radica en el hecho de que —aún utilizando muestreos pequeños en los grupos— concluyen con cifras dramáticas acerca de la situación de salud y nutrición de los diversos grupos. Existen innumerables casos de anemia (bajo hematocrito) que se presenta conjunta con parasitismo intestinal situación que reclama intervenciones urgentes.

“En la reserva de Caño Mochuelo, en Casanare, el estado nutricional se ha deteriorado en los ultimos tiempos. La disponibilidad de la alimentación tradicional se ha reducido. El consumo de carne —proteínas— anteriormente adecuado, ha disminuido, así como el consumo de frutos silvestres —aporte de vitaminas y minerales—. Como resultado sé ha homogenizado la alimentación con los productos derivados de la yuca (alimento energético), lo que ha constituido una pérdida nutricional.” (Cider. 1989, pág. 150).

Proyectos de atención en salud están siendo adelantados en la actualidad por la Fundación Etnollano en las sabanas del Vichada, conjuntamente con promotores de salud indígenas. El Instituto Lingüístico de Verano con su sede en Lomalinda (Meta) y su amplio radio de cobertura ha publicado cartillas etnográficas y “lingüísticas” sobre grupos diversos, además de sus habituales cartillas (Kerr y Berg, 1970, 1973; Kondo, 1972 y 1975; Sudo, 1976; Waller, 1975) obras que merecen y deben ser evaluadas a la luz de nuevas investigaciones lingüísticas (Queixalos, 1975, 1978, 1980, 1981, 1982, 1983).

El comentario personal de lingüistas y de personas con experiencia en la educación bilingüe es de que esas cartillas no son muy útiles y lo que se destaca —de su acción— es la labor de proselitismo religioso que ha adelantado el Instituto desde la década de 1960 con los grupos étnicos de la región de los Llanos.

A pesar de inumerables críticas, debates e investigaciones (entre otros: DAS, 1974), la labor proselitista del Instituto Lingüístico de Verano ha continuado aún, contando con el hecho de que existen actualmente en el país dos importantes programas de postgrado en lingüística aborigen (C.C.E.L.A. U. de los Andes y U. Nacional) de donde están egresando profesionales especializados en las distintas lenguas aborígenes, con un bagaje importante de publicaciones.

“La articulaciónn del I.L.V. a la maquinaria del desarrollo y la dominación de las fronteras indígenas persiste. Todo parece indicar que la permanencia del I.L.V. en el país obedece a la definición de los Estados Unidos acerca de la seguridad nacional colombiana. Donde sea que esté la decisión, su persistencia creemos que obedece a la importancia que tiene el dicho instituto para obstaculizar los movimientos nativos de defensa. Está desarrollando su esquema para cumplir una misión divina. Mientras tanto, está deteriorando las relaciones entre indigenistas y el Estado, entre los indígenas y el Estado y entre los indígenas mismos. En aquellas partes en donde los traductores de la biblia han terminado su trabajo, a menudo han generado movimientos sectarios de indígenas en contra de compatriotas y compañeros indígenas que respetan su tradición”. (Stoll David. En S. Hvalkof, 1981, págs. 74-75).

Lo que dice este documento escrito hace diez años tiene vigencia hoy. La polémica pues, con respecto a esta acción proselitista continúa.

“En las últimas décadas los indígenas de Casanare han sufrido una serie de cambios de relocalización de territorio, la sedentarización en caseríos y la introducción de nuevas religiosas, protestantes y del Instituto Lingüístico de Verano. En su afán de lograr la soberanía, no respetan las formas tradicionales de vida, ni su propia organización social ocasionando desarticulación sociocultural de la población indígena”.
(Cider, 1989, pág. 155).

Creemos que a las puertas del siglo XXI, ante un nuevo orden constitucionaL jurídico y político del país así como ante el reconocimiento de la pluralidad cultural y de los Territorios Indígenas en nuestra Constitución, no tienen presentación alguna ni vigencia las acciones proselitistas religiosas sustentadas en fundamentos colonialistas e imperialistas.

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3.  Los títulos de esta bibliografía están distribuidos en el Tomo de acuerdo con el grupo étnico al cual se refieren. (regresar  3)