TOMO III VOLUMEN 1  
GEOGRAFÍA HUMANA DE COLOMBIA
Región de la Orinoquia
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(Continuación capítulo Achagua)

 

CAMBIO CULTURAL Y CONDICIONES ACTUALES

Los Achagua representan tal vez en lo que se refiere a los grupos étnicos de la Orinoquia, el caso máximo de aculturación religiosa. Debido al proselitismo religioso protestante, de las prácticas tradicionales ideológicas, culturales prácticamente no ha quedado nada:

“La evangelización protestante dirige marcadamente los intereses ideológicos y cierto tipo de comportamiento: nadie fuma ni toma bebidas alcohólicas; las disputas se zanjan acudiendo a citas bíblicas; las enfermedades se curan por la fe. Las propuestas de trabajo colectivo se sustentan también en pasajes bíblicos; las reuniones son para el culto y los cantos son de contenido cristiano. Todo esto no impide un mantenimiento de la identidad del grupo en oposición a otros; detrás de esta apariencia de aculturación total subyace una conciencia étnica expresada en el mantenimiento y celo por su idioma, en los hábitos alimenticios, en las normas de cortesía etc.”.
(Meléndez, M. A., 1989,
pág. 11).

Sin embargo, se anota que poseen un “alto grado de cohesión e integración”, se espera de cada uno de sus miembros una completa lealtad y cooperación. (Telban, B., lo c . cit.).

“Umapo es un ejemplo clásico de familia extensa. Compuesto de dos o más familias unidas por lazos consanguíneos".

En 1975 Umapo albergaba los descendientes de una sola familia de apellido Arrepiche. (Espinel, N., 1975). Se unen con hermanos o primos para las actividades como quema y siembra o para ir a jornalear a los hatos vecinos. También para las salidas a cacería y pesca. Las niñas ayudan a la madre a los quehaceres domésticos y cuidado de los niños, a la consecución de agua y elaboración de alimentos.

Familia Achagua, Humapo, Meta, 1992

 

Si bien desde épocas histó ricas se presentaban uniones de hombres y mujeres de distintas etnias tal situación también se presenta hoy. Tanto en La Victoria como en Guayuriba, Cháviva y Umapo hay matrimonios entre Achagua y Piapoco, y por supuesto que existen matrimonios con blancos.

“Entre los Achagua hay muchos indios de madre Sáliba y padre Achagua”.
(Rivero, J., op. cit., pág. 199).
Mi papi es Piapoco, mi mamá era Achagua. Yo soy cruzado. Mi mamá hablaba puro Achagua y así aprendí”. (Joven Achagua en Umapo, 1991).

Se consideran aptos para el matrimonio cuando la mujer sabe cocinar y atender los quehaceres de la casa y el hombre pueda trabajar para mantenerla. Si la pareja no se encuentra apta para sostener la familia recibe ayuda de los padres maternos. (Espinel, N. op. cit.).

“Una mujer casada debe obediencia y respeto a su nyugue. La mujer trabaja en el conuco; si el hombre jornalea, la mujer cuida el conuco y hace las labores domésticas. Cuando una nueva pareja se forma la comunidad le asigna un pedazo de tierra para construir la casa y un pedazo de tierra para sembrar.”
(Espinel N.,
op. cit.).

No existen reglas exactas para la vivienda después de un matrimomio Achagua con Piapoco. El rol de la herencia en caso de muerte del padre lo desempeña la madre. Si la familia se va, la tierra que tenía se le da a los descendientes o a la comunidad, no se puede vender. Se anota que en la generación de 1970 se procrearon numerosos hijos aunque no existen datos demográficos comparativos que permitan comprobar tal aseveración. En vista de que se presentan índices altos de mortalidad infantil por enfermedades infecto-contagiosas y parasitarias es posible que la alta natalidad sea una estrategia para conservar la población. Es posible que la alta mortalidad haya disminuido. (Espinel N. op. c it .).

No poseemos datos demográficos comparativos. La colonización —como en otros territorios indígenas del Llano— ha reducido el espacio y el equilibrio ecológico. En 1973 dos familias se fueron a La Hermosa (Vichada) en busca de mejores tierras.

Se afirma que no existe cohesión social puesto que la manipulación —tanto política como religiosa— ha influído en la organización de la comunidad.

“Se ha creado una casta política en la que la familia Arrepiche ha ocupado en sucesión de padres a hijos el cargo de capitán. La comunidad de Umapo depende de las decisiones de acuerdo con el capitán y su cuñada (que es una mujer blanca) y los blanco de Chaviva. Los grupos de los Arrepiche y los Manchey viven en constante pugna y discusión”. (Espinel N., op. cit.).

Por ello la organización comunitaria es difícil y la organización política que tradicionalmente la representaba un capitán, ha sido sustituída por el nombramiento de una persona del sexo masculino que mejor se relacione con los políticos locales y regionales y con las autoridades civiles y religiosas de la región, que hable castellano y entienda de comercio. (Espinel, N., op. cit.).

Los Achagua fueron el grupo más expuesto de los Llanos durante varias épocas de la historia debido a su vida más sedentaria —horticultores--—. Su última dispersión ocurrió en la época de la “violencia” (1948-1953). Han perdido elementos de su  cultura tradicional como la fabricación de flautas, ollas de barro decoradas, uso del arco y flechas, entre otros. (Telban, B., loc. cit.). La aculturación y la modificación de sus creencias ha sido casi total en el aspecto ideológico y mitológico.  

Un interesante manuscrito de Aristides Rojas titulado Contribuciones a la Historia Antigua de Venezuela (Caracas, Imprenta Nacional 1878) trae el padrenuestro, oración en Achagua que se cree traducida por algún misionero durante el siglo XVIII o XIX.

"Guasinabai, yerricái erririco santificaba jibeno, rinubita guarrico jis in a. Reino rimedabita jíba b aitacarc cainabe itaba erri i rr ico chu. Gua b a b aida caju rru cha sai j i ayu guarriuni guarreje cayocachu ji b abaidauyun i guacha ova mabenicare guayabaidacachuní ca m o b en i a care beni yucha guariu cayacachu uyjita jide g u aca b a tenta casimaco. Riayucata gizamanidauyucubi menami masicaibe yucha. Amén".
(Rivet, Paul, 1921, pág. 349).

Las condiciones a las que están sometidos son inciertas aunque teniendo en este caso la Reserva, ello les permite tener un sitio de vivienda. Pero cada vez van a tener que salir a emplearse para obtener recursos económicos para adquirir alimentos.

“Antes se podía mariscar y cazar donde se quería, nadie venía a decirle quítese de ahí!...” (Ramón Martínez, 1991).

 

Rallando yuca, Humapo, Meta, 1992

La escuela de la comunidad tenía al iniciarse el año de 1991 los techos caídos, no había profesor, los niños indígenas solamente alcanzan a hacer hasta tercero o quinto de primaria y  después no existen alternativas de capacitación para ellos. Se observaron condiciones deficientes de saneamiento, manejo de basuras y excretas. La acción del Instituto Lingüístico I.L.V. en dicha comunidad debería ser examinada pues parece —como en muchas otras áreas— que después de años (aparentemente más de diez) de proselitismo y de trabajo en el área y de traducción de la biblia, a las comunidades no les ha quedado nada. La evidencia (1991) nos demostró que tanto niños como jovencitas indígenas siguen siendo llevados a Villavicencio para servidumbre o como empacadores en los almacenes de alimentos.

La incertidumbre de los Achagua es la misma de otros grupos de los Llanos Orientales —agravada ésta— porque ya las Reservas donde viven están completamente rodeadas de hatos ganaderos y con cercas todos los linderos. Las condiciones de manipulación política parecen ser uno de los tantos limitantes que existen para que este grupo pueda adelantar tareas conducentes a su autodeterminacion.    

 

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