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(Continuación
capítulo Achagua)
CAMBIO
CULTURAL
Y CONDICIONES ACTUALES
Los Achagua representan
tal vez en lo que se refiere a los grupos étnicos
de la Orinoquia, el caso máximo de aculturación religiosa. Debido al proselitismo
religioso protestante, de las prácticas tradicionales ideológicas, culturales
prácticamente no ha quedado nada:
La
evangelización protestante dirige marcadamente los intereses ideológicos y cierto tipo
de comportamiento: nadie fuma ni toma bebidas alcohólicas; las disputas se zanjan
acudiendo a citas bíblicas; las enfermedades se curan por la fe. Las propuestas de
trabajo colectivo se sustentan también en pasajes bíblicos; las reuniones son para el
culto y los cantos son de contenido cristiano. Todo esto no impide un mantenimiento de la
identidad del
grupo
en oposición a otros; detrás de esta apariencia de aculturación total subyace una
conciencia étnica expresada en el mantenimiento y celo por su idioma, en los hábitos
alimenticios, en las normas de cortesía etc..
(Meléndez, M. A., 1989,
pág.
11).
Sin
embargo, se anota que poseen un alto grado de cohesión e integración, se
espera de cada uno de sus miembros una completa lealtad y cooperación.
(Telban,
B., lo
c
. cit.).
Umapo
es un ejemplo clásico de familia extensa. Compuesto
de dos o más familias
unidas
por lazos consanguíneos".
En
1975 Umapo albergaba los descendientes de una sola familia de apellido Arrepiche.
(Espinel, N., 1975).
Se
unen con hermanos o primos para las actividades como quema y siembra o para ir a jornalear
a los hatos vecinos. También para las salidas a cacería y pesca.
Las niñas ayudan a la
madre a los quehaceres domésticos y cuidado de los niños, a la consecución de agua y
elaboración de alimentos.
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Familia
Achagua, Humapo, Meta, 1992
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Si
bien desde épocas histó
ricas
se presentaban uniones de hombres y mujeres de distintas etnias tal situación también se
presenta hoy. Tanto en La Victoria como en Guayuriba, Cháviva y Umapo hay matrimonios
entre
Achagua y Piapoco, y por supuesto que existen matrimonios con
blancos.
Entre
los Achagua hay muchos indios de madre Sáliba y padre Achagua.
(Rivero, J., op. cit., pág. 199).
Mi papi es Piapoco, mi mamá era Achagua. Yo soy cruzado. Mi mamá hablaba puro Achagua y así aprendí.
(Joven Achagua en
Umapo,
1991).
Se consideran
aptos para el matrimonio cuando la mujer sabe cocinar y atender los quehaceres de la casa
y el hombre pueda trabajar para mantenerla. Si la pareja no se encuentra apta para
sostener la familia recibe ayuda de los padres maternos. (Espinel, N. op. cit.).
Una
mujer casada debe obediencia y respeto a su cónyugue.
La mujer trabaja en el conuco; si el hombre jornalea,
la mujer cuida el conuco y hace las labores domésticas.
Cuando
una nueva pareja se forma la comunidad le asigna
un
pedazo de tierra para construir la casa y un pedazo de tierra para sembrar.
(Espinel N.,
op. cit.).
No existen
reglas exactas para la vivienda después de un matrimomio Achagua
con
Piapoco. El rol de la herencia en caso de muerte
del padre lo desempeña la madre. Si la familia se va,
la tierra que tenía se le da a los descendientes o a la comunidad, no se puede
vender.
Se
anota que en la generación de 1970 se procrearon numerosos hijos aunque no existen datos
demográficos comparativos que permitan comprobar tal aseveración. En vista de que se
presentan índices altos de mortalidad infantil por enfermedades infecto-contagiosas y
parasitarias es posible que la alta natalidad sea una estrategia para conservar la
población. Es posible que la alta mortalidad haya disminuido. (Espinel N.
op. c
it
.).
No poseemos
datos demográficos comparativos.
La colonización como en otros territorios
indígenas del Llano ha reducido el espacio y el equilibrio ecológico. En 1973 dos
familias se fueron a La Hermosa (Vichada) en busca de mejores tierras.
Se afirma que
no existe cohesión social puesto que la manipulación tanto política como
religiosa ha influído en la organización de la comunidad.
Se ha creado una casta política en la que la familia
Arrepiche ha ocupado en sucesión de padres a hijos el cargo de capitán. La comunidad de
Umapo depende de las decisiones de acuerdo con el capitán y su cuñada (que es una mujer
blanca) y los blanco de Chaviva. Los grupos de los Arrepiche y los Manchey viven en
constante pugna y discusión.
(Espinel N., op.
cit.).
Por
ello la organización comunitaria es difícil y la organización política que
tradicionalmente la representaba un capitán, ha sido sustituída por el nombramiento de
una persona del sexo masculino
que mejor se relacione con los políticos locales y regionales y con las autoridades
civiles y religiosas de la región, que hable castellano y entienda de comercio. (Espinel,
N., op.
cit.).
Los
Achagua fueron el grupo más expuesto de los Llanos
durante varias épocas de la historia debido a su vida más sedentaria
horticultores--. Su última dispersión ocurrió en la época de la
violencia (1948-1953).
Han perdido elementos de su cultura tradicional como la
fabricación de flautas, ollas de barro decoradas, uso del arco y flechas, entre otros.
(Telban, B., loc. cit.). La aculturación y la
modificación de sus creencias ha sido casi total en el aspecto ideológico y mitológico.
Un
interesante manuscrito de Aristides Rojas titulado
Contribuciones a la Historia Antigua de Venezuela (Caracas,
Imprenta Nacional 1878) trae el padrenuestro,
oración en Achagua que se cree traducida por
algún misionero durante el siglo XVIII o XIX.
"Guasinabai, yerricái erririco santificaba jibeno,
rinubita guarrico jis
in
a.
Reino rimedabita jíba
b
aitacarc
cainabe itaba erri i
rr
ico
chu.
Gua
b
a
b
aida
caju
rru
cha
sai j
i
ayu
guarriuni guarreje cayocachu ji
b
abaidauyun
i
guacha ova mabenicare
guayabaidacachuní
ca
m
o
b
en
i
a care
beni yucha guariu
cayacachu uyjita jide g
u
aca
b
a
tenta
casimaco. Riayucata gizamanidauyucubi menami masicaibe yucha.
Amén".
(Rivet, Paul, 1921, pág. 349).
Las condiciones a las que están sometidos son
inciertas aunque teniendo en este caso la Reserva, ello les permite tener un sitio de
vivienda. Pero cada vez van a tener que salir a emplearse para obtener recursos
económicos para adquirir alimentos.
Antes
se podía mariscar y cazar donde se quería, nadie venía a decirle quítese de
ahí!...
(Ramón Martínez, 1991).
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Rallando
yuca, Humapo, Meta, 1992
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La
escuela de la comunidad tenía al iniciarse el año de 1991 los techos caídos, no había
profesor, los niños indígenas solamente alcanzan a hacer hasta tercero o quinto de
primaria y
después
no existen alternativas de capacitación para ellos. Se observaron condiciones deficientes
de saneamiento, manejo de basuras y excretas.
La
acción del Instituto Lingüístico I.L.V. en dicha comunidad debería ser examinada pues
parece como en muchas otras áreas que después de años (aparentemente más
de diez) de proselitismo y de trabajo en el área y de traducción de la biblia, a las
comunidades no les ha quedado nada. La evidencia (1991) nos demostró que tanto niños
como
jovencitas
indígenas siguen siendo llevados a Villavicencio para servidumbre o como empacadores en
los almacenes de alimentos.
La
incertidumbre de los Achagua es la misma de
otros grupos de los Llanos Orientales agravada ésta porque ya las Reservas donde
viven están completamente rodeadas de hatos ganaderos
y con
cercas todos los linderos. Las condiciones de manipulación política parecen ser uno de
los tantos limitantes que existen para que este grupo pueda adelantar tareas conducentes a
su autodeterminacion.
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