TOMO III VOLUMEN 1  
GEOGRAFÍA HUMANA DE COLOMBIA
Región de la Orinoquia
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(Continuación capítulo Achagua)

 

Y la respuesta de los Achagua no era de esperarse, aunque desconocemos mucho de sus estrategias guerreras y militares:

“Cuando el capitán Lázaro Cruz... en sus tiranías y crueldades, entró con sus soldados a la otra banda del río Meta en solicitud de los Achagua, estos le envenenaron los caminos para impedirle el paso”.
(Rivero, J., op. ci t ., pág. 25).

A lo anterior se sumaban diversas formas de persecución, servidumbre y avasallamiento:

“Veinte indios fueron ejecutados en las arenas del Duya por desobedecer”.
(Rivero, J., op. cit., pág. 27).
“Seria de nunca acabar si hubiere de contar por menudo todas las extorsiones y ...padecidas por estos miserables indios”.
(Rivero, J., op. cit., pág. 27).

La mayor parte de las misiones del Llano se formaron con indígenas Achagua y Sáliba: había Achaguas en Pauto (1604); en San José de Atanarí (1666); en San Lorenzo (1775); en San Juan Francisco Regis (1722). (Mora, S., op. cit., pág 89). Tenían además ranchos aislados a manera de silos donde guardaban alimentos (1) para unas 20 familias o más, para poder subsistir durante uno o dos días, lo cual significaba una tecnología acorde con el medio para la producción y la transformación de los alimentos...

En una relación de las misiones de dominicos instaladas en las regiones de Barinas y San Cristóbal en 1757 aparece el pueblo de Nuestra Señora del Rosario de la Palma con indios Achaguas “en un total de 306 almas”.
(Rodríguez, Adelina, 1987, pág. 50).

Bien conocemos las disputas entre jesuitas y encomenderos en el piedemonte de Casanare, todas ocasionadas por la defensa que hacían los misioneros de los indígenas. Las autoridades coloniales alcanzaron a tomar el partido de los encomenderos en esas querellas y ello influyó —en parte— para la expulsión que se les hiciera en 1767. Se presentaron enfrentamientos entre los encomenderos y los misioneros debido a los Achagua:

“Cierta doña Serafina quería que fuesen suyos todos los Athaguas, así los que estaban conquistados como los sin conquistar. Los encomenderos y el gobernador de la ciudad de Santiago (de las Atalayas) hacen por otra parte notable perjuicio en Casanare con sus extorsiones a los indios Achaguas del Puedo”.
(Rivero, J., op. cit, pág. 136).

Se los llevaban para servicios a los hatos y trapiches, a servidumbre en Chita y en Pamplona. La sociedad que habitaba el Llano durante los siglos XVII y XVIII, además de ser una sociedad “colonizadora” y compartamentalizada en grupos o clases de interés: encomenderos, administradores y misioneros, y posteriormente hacendados, era una sociedad donde los grupos: españoles —encomenderos especialmente—, holandeses, Sálibas, Caribes, Guahíbos —todos— comerciaban con esclavos o macos:

“Los Sáliba habían comprado dos niñas de tierna edad a los Achagua de Guanapalo para lle varlas cautivas a su tierra en donde pasaban a revenderlas a los holandeses o a los Caribes, como lo hacen de ordinario. Los Guahíbo captúranlos (a los Achagua) para esclavos a cambio de Quirripa”.
(Rivero. J., op. cit. , págs. 159-160; 400).

El procedimiento de esclavitud y servidumbre se extendió a la recolección de indígenas para:

“Llevar ocho soldados de escolta y como cien indios flecheros (2) de los más escogidos entre Chiricoas y Achaguas para ir en contra de los Sicuanis.”
(Rivero, J., op. cit, pág 443).

El proceso de mestizaje en 1661-1665 puede también ilustrarse con fuentes relacionadas a los Achagua:

“Un vecino relacionado con una india de Pauto, dos hermanos suyos con otras dos indias del mismo pueblo, de donde se las habían sacado con violencia..."
(Rivero, J., op. cit., pág 212).

Los cronistas también contribuyen con alguna información acerca de sus creencias y tradiciones:

“Otros Achaguas de otras Parcialidades, o Tribus explican más la especies, y le dan más alma de este modo: Chavi es el Tigre en su lengua; y Chavina es Lanza: y de las dos palabras Tigre y Lanza sacan el nombre de los Caribes, llamándolos Chavinavi, que es lo mismo que hijos de Tigres con Lanzas: alusión o semejanza muy propia para la crueldad sangrienta de los Caribes...”

La ceremonia más importante entre los Achagua era el chubay o chuway, que aparentemente era una ceremonia de iniciación masculina. Similar a lo que ocurre entre otros grupos amazónicos —del Vaupés colombiano, por ejemplo— las ceremonias de iniciación masculina están asociadas al uso de grandes flautas conocidas en esa región como Yuruparí.

“Tenía lugar en la casa de los hombres, fuera de la vista de las mujeres. Para estas ceremonias los hombres usaban grandes máscaras hechas de fibra de palma. Los muchachos que iban a iniciar eran golpeados con látigos y se les prevenía que dijesen algo cuando vieran a las mujeres. Se hacían danzas con flautas hechas de cañas, de diversos tamaños, las que producían distintos tonos. Las mujeres les enviaban bebidas; si alguna mujer llegaba a saber lo que sucedía en una de estas ceremonias, se le daba muerte”. (Morey, N., op. cit., pág. 165).

Sin embargo, Rivero tiene otro concepto acerca de dicha ceremonia:

“Se ha visto hacer fiesta a sus dioses la cual se reduce a una danza, en que se disfrazan todos a manera de matachines y llaman chuway”.
(Rivero, J., 1956, pág. 109). 

Otra ceremonia era la ceremonia o rezo del pescado, llamado chaca del cual se posee evidencia etnologica en otros grupos de los Llanos Orientales (i.e. Sikuani, Cuiba, F. Ortiz, 1990).

“Tenía lugar al comienzo del verano, por la noche, cuando comienza la época principal de pesca. Una gran cantidad de pescado era colocado en una olla grande, entre ellos un pescadito pequeño llamado chaca.
Se cocinaba todo junto con muchas hojas de tabaco y se preparaba yuca. Cuando los pescados estaban bien cocinados el sh aman comenzaba la ceremonia encendiendo tabaco, probablemente en forma de cigarros y soplando el humo sobre los alimentos. Esto se acompañaba de otros cantos y “ceremonias”. El ritual duraba toda la noche. Cuando se terminaba se consideraba que la comida tenía la propiedad de prevenir las enfermedades a los que la comieran. Sin embargo, nadie la comía. Se creía que los niños que empezaban a consumir alimentos sí debían comerla para protegerse del daño del pescado a través de todas sus vidas. Las niñas jóvenes también lo consumían para que no se engordaran”.
(Morey, N., op. cit. , págs. 166-167).

Entre los Achagua encontraron los conquistadores casas o conventos en que consagraban a la divinidad una especie de vestales o monjas, estas comunidades religiosas eran por el estilo de las Cucas chibchas o de los conventos de Acllas o Mamaconas de los ingas.

“Unos se creían hijos de los troncos y se llamaban Aycuverrenais o sea Achaguas que vivian en las selvas y se alimentaban con sus productos —y otros que ideaban su origen en los ríos, por lo que se llamaban Univerrenais— esto es Achaguas nacidos y moradores de las márgenes de los ríos”. (Méndez, A., 1985, págs. 56-57).

Una carta del padre Antonio de Monteverde a la Real Audiencia de Santafé, fechada en la localidad de Pauto, el 22 de enero de 1665 dice:

“En... menos de un año se entablaron tres pueblos de tres naciones diferentes: el de Tame de Firaras, el de Patute que es de Tunebos y el del Puerto que es de Achaguas... o todas las cuales naciones se hallaron tan rudas y tan ignorantes y de los misterios precisamente necesarios a la salvación que los blancos que antes anduvieron con ellos, más tienen ocasion de callar y de tener vergüenza, que de precisarse de su comunicacion... tan metidos en sus ritos y supersticiones. La mayor parte casados o amancebados con dos o tres mujeres, muchísimos, todos yoperos y supersticiosos, unos reconocían a sus cerros por sus dioses, otros a los pájaros, otros a las estrellas, muchos al sol...” (Sepúlveda C., op. cit, págs. 193-194).

Y continúa la mencionada misiva:

“Todos saben que los de la Compañía han puesto a San Salvador del Puerto de la manera en que está y que cuando entraron en él no había ni iglesia ni plaza, ni trazas de pueblo; que por nuestros religiosos e hizo una de las mejores iglesias que han en esta comarca, linda plaza y todos los caneyes nuevos, más largos y más altos que nunca lo habían sido. También consta a todos los Achaguas que por solicitud de los nuestros hallá, se poblaron; que por diligencia de los nuestros, los Achaguas de Palmar se agregaron a los de Aritaguas, y se fundó este nuevo pueblo, que entretiene la comunicación entre los Achagua de su Majestad que están en el Puerto y de los del Meta y Onocutare, y en infinidad de partes. Por la entrada al pueblo a tres días de camino de las orillas del río Meta compuestos de cuatrocientos Achaguas, y en el medio demás de cincuenca mil indios, todos gentiles”.
(Sepúlveda, C,. op. ci t , págs. 194-195).

Algunos testimonios de los cronistas mencionan razones por las cuales —creemos que es posible— que hubieran podido ser asimilados más rápidamente por la cultura invasora:

“Son los más numerosos y es el grupo más facil de someter dado su pacifismo. Se distinguían por su finura, largas cabelleras de hombres y mujeres”.
(Sepúlveda, C., op. ci t , pág. 94).

Aparecen como diligentes: cultivaban maíz, yuca, hacían mazamorras con ají, sal o miel de abejas. Preparaban una bebida embriagante llamada Berna; hacían chinchorros o hamacas.

“Los Achaguas, habitantes de San Salvador del Puerto (sobre el río Casanare, además de ser afectados por las epidemias, fueron víctimas fáciles de los encomenderos y de los Guahíbos que los acosaban constantemente”.

En 1766 un año antes de la expulsión de los jesuitas, el coronel Alvarado en su informe servado anotaba, acerca de las misiones de Casanare:

“En la misión del Pauto, está el padre Manuel Castillo con 600 indios Achaguas; en la misión o pueblo de San Salvador del Puerto está el padre José Carbonell con 350 Achaguas”.
(Sepúlveda, C., págs. 95, 104).

Los Achagua que se caracterizaban por su facilidad para ser ,metidos, fueron los más asediados por los encomenderos; al respecto Rivero dice:

“Muchos indios (Achaguas) deseosos de poblarse, se mudaron de parecer horrorizados de los blancos y en especial de don Francisco de Unzueta, encomendero de los Achaguas que entró por este tiempo como red barredera en Casanare, para avasallarlo todo sin respetar al Padre Neira”.
(Rivero, J., op. cit. págs. 82-84).

La base de la alimentación era la yuca, maíz, la chiga, la recolección de frutos silvestres, la caza y la pesca. La excavación de un sitio C atanga, cerca del municipio de Yopal ha permitido identificar sitios de vivienda cerca a los caños (a una distancia entre 2 a 800 mts) con unas fechas 150 años más o menos 50 A. D.
Se hallaron sitios de basureros con hachas de mano, raspadores, huesos humanos y de animales; ello ha permitido establecer las siguientes zonas que tenían los Achagua para asentamientos:

“Zona A. Para preparar alimentos y consumo, para manufactura, habitación y basurero.
Zona B. Para actividades de subsistencia, tener cultivos; a unos 5 kilómetros alrededor de los asentamientos.
Zona C. Para manejo de otros recursos según la estación. El sistema de agricultura prehispánica era la tala y tumba, entre la sabana en sitios húmedos denominados morichales. También se hacia la tala y quema a la orilla de ríos y caños, conocida como agricultura de vega.
(Mora, S., op. ci t ., pág. 91).

El estudio de S. Mora permitió identificar que los

“Grupos de familias emparentadas utilizaban una area de captación que comprendía economías de subsistencia. De esa manera, la etnohistoria y la entografía constituyen fuentes apropiadas para que nos conduzcan a aproximacio nes más adecuadas a los contextos de uso arqueológico”.
(Mora, S., op. cit., págs. 101-106).

 

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1.   Son bastante interesantes, desde el punto de vista alimentario, los distintos sistemas de conservación y preparación de alimentos que poseen los grupos del Llano: asado, moqueado, secado de maíz, yuca y sus derivados, semillas y frutas. No existe investigación sobre este tema.
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2. El subrayado es nuestro. (regresar 2)