TOMO IV
Geografía humana de Colombia
Región Andina Central

Volumen III
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(CONTINUACIÓN CAPÍTULO SIERRAS PARALELAS)

2. Los U’wa

Luego que la cordillera Oriental se cierra al Norte de la Sabana de Bogotá, se abre nuevamente en los valles interandinos que alojan las ciudades de Tunja, Duitama y Sogamoso. Sus ramales orientales, un poco más al Nororiente de estos altiplanos se levanta hasta alcanzar las nieves perpetuas con mayores alturas de 5.200 msnm., en la Sierra Nevada del Cocuy. Desde tiempos prehispánicos esta sierra, incluyendo los valles que descienden a los Llanos Orientales, han sido el hábitat de los u’wa, que distribuyen sus aldeas predominantemente hacia las alturas medias de ambas vertientes.

Salazar y Sarmiento dedicaron su elaboración a la demostración etnohistórica, desde tiempos prehispánicos, del empleo de los u’wa del sistema económico según “control ecológico vertical de pisos contiguos”, próximo a lo que Murra describió para los altos Andes (Murra, 1972). Rastreando las primeras noticias y con base en la visita de Luis Henriquez al repartimiento de Panqueba en 1602, observaron que en el siglo XVI el territorio se hallaba encabezado por el cacique Cocuy a quien los indios debían tributar, de manera que los u’wa poseerían “su organización política de cacicazgo y, en la periferia, un modelo complementario de intercambio con las tribus vecinas que les permitió el abastecimiento de oro, mantas, sal, yopo y otros productos” (Salazar y Sarmiento, 1985:6).      

Dicho intercambio no sólo se llevaba a cabo entre gentes u’wa, de ambas vertientes alcanzando tierras de clima filo como Chiscas y Cocuy, sino que incluiría prolongadas distancias hasta los laches y muiscas d e la cordillera, e incluso el pueblo de la Sal en los Llanos.

Pero los españoles desvertebraron dicho sistema. Bajo el mando del cacique Panqueba reorganizaron la población en once parcialidades cada una con un “capitán”, e incluso pretendieron concentrarlos fundando un único pueblo localizado en la confluencia de los ríos las Nieves y El Cocuy. Debido a la restricción territorial ocasionada por la intervención hispana, los u’wa se habrían visto forzados a reemplazar dicho intercambio y el acceso a los productos foraneos indispensables por la intermediación de ciertos de sus “clanes corporados” que, en adelante, habrían alcanzado el comercio con otras gentes. No obstante el desplazamiento de los clanes de su habitat originario y las limitaciones en el intercambio, a su interior los u’wa man tendrían un manejo vertical, social y espacialmente limitado.

Actualmente hay seis clanes (Andreses o Mojicones, Tegría, Cobaría, Bócota, Unkaría, Sínsiga; y se mencionan extinguidos los Unkasía o Betoyes y Bachira) . Su observación se basa en permanencias entre miembros del clan Pacata que próximo al clan Cataría, se ubica en la aldea del mismo nombre hacia  2,200 msnm. La aldea se halla, pues, en clima templad o (Bitirwán; a 1.400 mts.), pero el clan estaría segmentado en “linajes de unidades familiares localizadas en diferentes zonas altitudinales” con asentamientos que se distri buyen hacia las partes bajas de clima cálido (Rabaría a 600 mts). Para obtener los productos de por lo menos dos pisos térmicos los miembros de los clanes se desplazarían por los valles intermontanos.

Los u’wa de esta zona em plearían dos estrategias de adaptación a la situación actual. En primer lugar podría realizarse de acuerdo con la relación entre varias familias monogámicas pertenecientes a un mismo linaje cuyas parejas matrimoniales se hallarían en pisos térmicos distintos. La hija de un hombre, que habita en el piso alto, casa con un hombre que habita el piso medio, y la hija de este matrimonio lo hace con un hombre que habita en el piso bajo. Entre los respectivos varones, bajo la relación suegro/yerno, se llevaría a cabo un intercambio de productos del piso alto (coca, psicotrópicos y medicinales), por productos del piso frío (miel, caracoles, larvas, carne, cucacarrones, etc), de manera que mientras los primeros, amargos, descienden para gentes del piso frío, los segundos, dulces, descienden para acceso de gentes del piso frío. Una segunda estrategia matrimonial consiste en las alianzas poligámicas de un hombre con mujeres de linajes localizados en diferentes pisos, lo que pondría a su alcance el intercambio de productos por lo menos dos pisos térmicos (Salazar y Sarmiento, 1985: 120-122),

Según los autores estas formas de matrimonio actual resolverían las dificultades del acceso a productos de distintos pisos térmicos. Distinguen cuatro formas de vivienda reconocidas como ubacha entre las que señalan la de la huerta (chiátuba) cuya disposición depende de la distancia de la casa con respecto de ésta, pues si la huerta se halla muy distante se construiría en ella la “casa principal” (Salazar y Sarmiento, 1985: 93-97).

Según Osborn los Kubaruwa, el clan desde el cual observo el sistema de los u’wa, distinguen de la Sierra: el Piedemonte, la Montaña y las Tierras Altas, en las cuales se desplazan regularmente a lo largo del año. Dicha movilización posee patrones relativamente estables según los siguientes principios: a) los clanes se desplazarían sobre su territorio conformado por bandas de la Sierra a lo largo de dichas cuencas: “Los territorios de los distintos clanes coincidían con las cuencas de los grandes ríos de la zona” (Osborn, 1995:58), separados en el piedemonte mediante cinturones boscosos

                 

(Osborn, 1995:35). b) los miembros de los clanes se reúnen en las tierras altas y se dispersan en las bajas: “Los clanes estaban, y en general siguen estando, agrupados alrededor de los picos con nieves perpetuas de Güicán y de Cocuy” pero separados entre sí, mientras que se juntarían cuando se hallan en la tierras bajas (Osborn, 1995:58). c) los clanes se desplazarían al unísono hacia arriba y abajo de la montaña en determinadas épocas del calendario: “Los períodos del año en que los clanes se movilizaban hacia arriba y hacia abajo, dentro de sus territorios, coincidían y eran fijos... todos están en el piedemonte o en la montaña durante la misma época” (Osborn, 1995:58). Siguiendo la explicación de la autora es posible construir el cuadro que aparece en la siguiente página.

Dichos desplazamientos partirían de la conceptualización según la cual los Kubaruwa son del mundo de abajo (Ruya), mientras que el sol es del mundo de arriba (Kubiua) y “deben moverse en direcciones opuestas y además habitar en ambientes diferentes Según el gráfico (Osborn, 1995:54), el sol ascendería del solsticio de junio (lluvias) hasta el de diciembre (seco), de las tierras bajas hasta la montaña; mientras que en diciembre los Kubaruwa estarían en las tierras bajas y hacia el solsticio de junio ascenderían a la montaña conforme a la ecuación:

POBLADO/CASA/MONTAÑA VS. CASAS DISPERSAS/BOSQUE/ TIERRAS BAJAS.

Pero Osborn señala una caracterís tica del desplazamiento de los miembros de los clanes, que será el eje de atención de su libro, y es que en cuanto los alimentos básicos se hallan en diferentes niveles, los Kubaruwa se desplazan por razones “claramente religiosas” (Osborn, 1995:53).

Descanso de las faenas de chiátuba

El Control Vertical de
Diferentes Ecologías

Salazar y Sarmiento buscando ajustarse a la tipología de Murra propusieron que el manejo de diferentes ecologías por parte de los u’wa correspondería al que aparece descrito como quinto caso de control vertical. Se trata de los yungas de La Paz que para 1568 estarían constituidos por “etnias pequeñas, con núcleos en la montaña, aparentemente sin archipiélagos” puesto que en un piso: “alrededor de sus casas y pueblos cultivaban yuca, ‘comos’, maíz, arracacha, fríjoles, más árboles de fruta; en algunas aldeas se daban también papas”; al tiempo que en el adyacente y “a cierta distancia se ubicaban chacras de coca, cada una con su nombre. Todos los moradores, inclusive los señores y sus yana tenían las suyas”. (Murra, 1972: 101-107). De manera que aún considerando que se trataría de miembros de una misma etnia con núcleos en la montaña que utilizarían por lo menos dos pisos térmicos, los cultivos de aquel distinto al asentamiento principal sería subsidiario y sembrado de coca según la enorme importancia en la nueva economía colonial”. Lo que no parece coincidir con la descripción que aquí hemos resumido para los kogi y los u’wa, que en cambio se aproxima a lo que Oberem (1976), Rostorowski (1977, 1978), Salomón (1980) y otros autores, han descrito en ciertas áreas de los bajos Andes. En el Ecuador, tanto en épocas pre hispánicas como actualmente, Oberem observó que: "Y los habitantes de un pueblo tenían campos situa dos en diferentes pisos ecológicos alcanzahles en un mismo día con la posibilidad de regresar al lugar de residencia por la noche" (Oberem, 1976:51); se trata de la utilización por lo menos dos pisos térmicos por parte de miembros de una misma etnia a distancias relativamente próximas debido a la especialización de la producción determinada por el econicho, lo que el autor denominó “micro­verticalidad” para distinguirla de la formulación de Murra.

La molienda de maíz 

Aún así entre los kogi y u’wa, lo que ocurre es que sus huertas se hallan por lo menos en dos pisos térmicos y la microverticalidad” no está ecológicamente determinada. Por el contrario, productos que garantizan el sostenimiento de la unidad productiva se hallan en ambos pisos y, no obstante el acceso a ciertos recursos especializados, tanto entre los kogi como los u’wa se ha insistido que el uso de diferentes ecologías corresponde a arreglos socio-culturales que buscan fortalecer propias relaciones sociales y ceremoniales a través de los sistemas de intercambio entre los cuales, por supuesto, se hallan productos. No obstante que tanto Reichel-Dolmatoff como Osborn mantuvieron cierta asimilación de las unidades móviles con “clanes”, entre los kogi se trata de unidades de familias nucleares que se desplazarían de un piso a otros para cosechar productos de diferentes huertas y entre los u’wa, según Sarmiento y Salazar, de discretas alianzas matrimoniales de familias complejas. Es entonces notable cómo la utilización de diversas ecologías no es un mero asunto económico, sino que se halla vinculado a otros aspectos de la vida social y cultural de éstos grupos étnicos.

Pero, es de advertir que la utilización diversificada de productos en distintas ecologías parece extenderse entre grupos étnicos contemporáneos de los Andes colombianos. Pachón observo cómo entre los guambianos constituye una estrategia de “colonización” frente a “la escasez creciente de la tierra” (Pachón, 1987: 239-40); el ciclo anual fue recientemente descrito de acuerdo con la distribución de actividades en tres diferentes niveles de altitud sobre un mismo territorio étnico (Vasco, et al., 1991). Las clasificaciones que distinguen las tierras “calientes”, de la “montaña” y el páramo como econichos cuya utilización diversifica la producción también han sido resumidas para los pastos (Mamián, 1996), los yanaconas (Zambrano, 1996), los coconuco (Cerón, 1996), y descendientes de los quillacingas (López Garcés, 1996). Entre los inga y kamentsa del Valle de Sibundoy también ha sido documentada la búsqueda de productos selváticos entre sus parientes del piedemonte amazónico (Pinzón, 1997) y con mayor profundidad histórica (Ramírez de Jara, 1996).

Es pues destacable la extensión geográfica y la profundidad histórica del sistema que, a partir de bases similares, desde tiempos prebispánicos (Reichel-Dolmatoff, 1986; Langehaek, 1992; Drenann, 1995), pervive hasta reciente época en los Andes Septentrionales de Suramérica. Para nuestro beneficio, las prolijas descripciones simbólicas de los kogi y los u’wa fueron siempre relacionadas con la organización social y es resaltante que Reichel-Dolmatoff y Osborn lo vinculan con un orden social similar. Para avanzar sobre la comprensión de éstas últimas relaciones es indispensable contar con otros referentes etnográficos que paso a abordar en los siguientes apartes.

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