TOMO IV
Geografía humana de Colombia
Región Andina Central

Volumen III
© Derechos Reservados de Autor

SIERRAS PARALELAS

ETNOLOGÍA ENTRE LOS KOGÍ Y LOS U´WA

  François Correa Rubio
Profesor Departamento de Antropología Universidad Nacional de Colombia

 

“Si preguntan dónde fue todo eso, dígales que fue debajo de este cielo. Si preguntan por qué cantaron, dígales que fue para que nuestros hermanos tuvieran buenas tierras. Si preguntan cómo fue todo eso, dígales que fue para que todos seamos hermanos y para que cada uno haga lo que le dé la gana... Un Mensaje de los Kogi en: Reichel-Dolmatoff, 1985

“Ahí en Tunja estaba también Sacamuca, cacique antiguo de sangre. Allá llegaron los colonos y ahí donde llegan van cogiendo tierra, quitando, quitando. En Tunja, en Güican había bastante indígena pero ya se acabó pues se metió mucho colono de los que traía Cristóbal Colono a la tierra de los U ‘wa; porque Cristóbal Colono es papá de los colonos...” un Mensaje de los U’wa en: Salazar y Sarmiento, 1985

PRESENTACIÓN

El estudio histórico de la Sierra Nevada de Santa Marta y regiones adyacentes realizado por el profesor Gerardo Reichel-Dolmatoff (1951, 1953) le permitió demostrar el parentesco de los kogi con los antiguos taírona y concluir que los grupos étnicos de la Sierra Nevada de Santa Marta (kogi, ika, sanhá y los extintos kankuamo), habrían compartido cierta homogéneidad cultural que, con posterioridad al impacto español, se habría diversificado dando como resultado el actual panorama socio-cultural (Reichel-Dolmatoff, 1985, I:40). También destacó que las tradiciones culturales kogi no encajaban con aquellas que caracterizarían los más próximos pueblos suramericanos y, más bien, parecían acercarlos a Mesoamerica advertencia que reiteró en últimas publicaciones (Reichel-Dolmatoff 1987:76). Efectivamente si se observa un mapa de la dispersión lingüística de los actuales hablantes de la macrofamilia Chibcha, se encontrarían razones para suscribir su aseveración.

No obstante, hacia el interior del país, muy al Sur de los kogi, en la Sierra Nevada del Cocuy y áreas aledañas, se hallan los U’wa también hablantes de una lengua afiliada a la misma macrofamilia lingüística. Evidencias arqueológicas estudiadas por Ann Osborn (1979), como reconstrucciones de su historia con fuentes documentales realizada por parte de Francisco J. Salazar y María O. Sarmiento (1985), destacan su vinculación con los extintos luche y con los muísca, pueblos contemporáneos de los tairona.

Adicionalmente, de estos estudios históricos se evidencia que el actual sistema económico, según el cual unidades sociales kogi y u’wa utilizan al mismo tiempo diferentes pisos térmicos de sus respectivas sierras, fue característico de los grupos étnicos habitantes de éstas áreas desde épocas prehispánicas superviviendo al impacto de la presión española que desde la conquista produjo poderosas transformaciones.

De lo anterior parece evidente concluir que debió existir y/o existe, una virtual relación socio-cultural entre los habitantes de la Sierra Nevada de Santa Marta y los de la Sierra Nevada del Cocuy, cuyo esclarecimiento demanda la concertación de sistemáticos estudios sociológicos, arqueológicos, histéricos y lingüísticos. Pero a la comprensión de su vinculación histórica es posible contribuir si el parentesco cultural de los kogi y los u’wa permite acercar hoy en día lo que históricamente fue desvertebrado por la sociedad nacional.

En dicha perspectiva este ensayo realizará una comparación de los kogi y los u’wa basándose en sus descripciones etnográficas. Tomando como referencia la organización económica y la organización social se demostrarán sus analogías pero también cómo se relacionan con complejas elaboraciones simbólicas sobre las cuales la sociedad argumenta su inscripción en el espacio serrano. En este último caso me limitaré a la mitología y a la información que describe el orden social en la estructura del universo. Con respecto de los kogi partiré del estudio que en 1914 realizara Konrad Th. Preuss cuyos resultados fueron publicados bajo el título “Visita a los indígenas Kágaba de la Sierra Nevada de Santa Marta”, (1995) recientemente traducido al Español. Pero será del trabajo de campo que en 1949 iniciara Gerardo Reichel-Dolmatoff y cuyos resultados aparecieron consignados en su monografía de “Los Kogi” (1950) y otras publicaciones posteriores los que guiarán nuestra observación. De los u`wa atenderé a los resultados de la antropóloga británica Ann Osborn cuyo trabajo de campo dio como resultado la publicación de “El Vuelo de las Tijeretas” (1985) y “Las Cuatro Estaciones. Mitología y Estructura Social entre los U’wa”, también de reciente publicación en español (1995). Hacia mediados de los 70s Helena Pradilla y Francisco Salazar del Departamento de Antropología de la Universidad Nacional, realizaron su trabajo de campo entre los u’wa y elaboraron sus tesis de grado: “Los Tunebo a Través de su Historia de Origen” (Pradilla, 1983) y “Etnohistoria y Etnografía U'wa: el Control Ecológico Vertical, Nexo entre su Pasado y su Presente” (Francisco J. Salazar y María O. Sarmiento, 1985), que apoyarán nuestro acercamiento.

I. ECONOMÍA

A diferencia del panorama más completo sobre la organización social y la cosmovisión de los kogi y de los u’wa, la información sobre su sistema económico es bastante reducida no obstante llamó la atención, hace más de dos décadas, por su posible similitud con el entonces ampliamente difundido por John V. Murra (1972, 1975, 1978), sistema del manejo vertical de pisos térmicos descrito para los altos Andes suramericanos.

Aparte de las características económicas descritas en su libro Reichel-Dolmatoff realizó un resumen en otro opúsculo contemporáneo (Reichel-Dolmatoff, 1949). Dichos resultados básicos sólo fueron referencia para su producción posterior, particularmente de su estudio histórico que constataría la profundidad temporal del delicado sistema económico-social (Reichel-Dolmatoff, [1953] 1977). De los u’wa, según se ha advertido, Salazar y Sarmiento se preocuparon por esclarecer las transformaciones del sistema económico causado por la imposición hispana. Aquí será nuestro texto de referencia aunque introduciré la argumentación de Osborn sobre la movilidad social en la sierra que difiere de los anteriores y será fundamental para entender la descripción sobre la organización social y cosmología u’wa que será desarrollada en el siguiente aparte.

1. Los kogi

La Sierra Nevada de Santa Marta conforma un macizo aislado y próximo al mar Caribe que se levanta hasta alcanzar las nieves perpetuas (5.757 msnm). Son tierras con poca capa de humus, de escasas planicies irrigadas por vertientes abruptas que descienden por valles estrechos e inclinados. Al describir la economía de los kogi Reichel­ Dolmatoff (1) localizó poblaciones y viviendas entre los 1.000 y 2.000 msnm con áreas cultivadas que se extendían desde los 600 hasta los 3000 msnm.

En el asentamiento de San Miguel, que consideró “la zona de más prosperidad”, encontró que los indígenas siembran en áreas de poca extensión y alejadas de las pendientes en estrechísimas vegas, vertientes o terrazas aluviales. Las terrazas arqueológicas demostraron el cultivo del maíz, la yuca y los frijoles, que hoy en día no son utilizadas por los kogi pues los enterramientos constituyen tabu por su potencial peligro.

La población se hallaba en las tierras frías hacia 1.700 mts. pero los kogi utilizarían productos de por lo menos tres pisos térmicos de los cuales dependería su subsistencia: “Cada familia tiene así tres viviendas: una en tierra templada, una en tierra fría y otra en clima medio, al lado de la población que se encuentra entre estas zonas extremas” (Reichel-Dolmatoff, 1985, I:107). La residencia sería pues móvil. Chávez refiriéndose a los kágaba de San Andrés dice que: “Cada familia indígena tiene sus chagras en clima templado (San Andrés) y en clima frío (páramo)”, y que el desplazamiento a éste último se realiza en el verano (Chávez, 1947:426). Por su parte, Reichel­Dolmatoff precisó que: “Debido a la falta de adecuados suelos, los recursos alimentarios de un nivel altitudinal son frecuentemente insuficientes, y muchas familias poseen varias pequeñas huertas y refugios temporales en diferentes altitudes, moviéndose entre las altas tierras cálidas y los valles temperados en monótona y continua búsqueda de algunos alimentos cosechables” (Reichel-Dolmatoff, 1976: 266).

La Sierra Nevada de Santa Marta 

El desplazamiento ocurre a lo largo del año y se realiza al tiempo de las cosechas de sus respectivos frutos. Las familias se mueven de un piso a otro llevando consigo provisiones de cada huerta y los animales domésticos, seguramente inexistentes para épocas anteriores puesto que la leche y carne del ganado no se comen de ordinario y sólo en ocasiones ceremoniales; otro tanto ocurre con cerdos y gallinas, en ambos casos sus carnes se dirigen al mercado con los colonos y en los páramos cubiertos por pastos se deja el ganado sin cuidado alguno.

La producción alimentaría depende, fundamentalmente, de la horticultura que se lleva a cabo en terrenos de propiedad individual. “De propiedad comunal se consideran todas las obras de ingeniería, los productos de trabajos comunales, así como las casas ceremoniales u otros edificios públicos como la Casa de Gobierno, la capilla, la cárcel y otros. Los terrenos de caza, pesca o recolección de frutos silvestres nunca tienen dueños particulares, sino que son comunales. Los objetos ceremoniales aunque hereditarios por generaciones en las familias de los sacerdotes nunca se consideran  como propiedad particular, ni tampoco comunal sino que pertenecen a la divinidad tribal” (Reichel-Dolmatoff, 1985, I:128)

El sistema de cultivos se rige por la tumba y quema para desbrozar la paja que cubre los campos. Con excepción del bastón de cavar, el hacha, la pala, el machete y otros instrumentos de labor, son europeos. Los cultivos se cercan y aunque no suele haber rotación, las tierras se irrigan por medio de zanjas. Hombres y mujeres siembran y cosechan diariamente. Con excepción de la primera vez, el desyerbe es masculino; aunque una pareja recién formada podría reducirse a una sola casa y media hectárea de cultivo en promedio una familia de dos adultos y dos niños tiene por lo menos dos casas y tres hectáreas cultivadas; de ellas habrá una hectárea de plátano mientras que la otra será ocupada por la caña de azúcar compartida a mitad con todos los demás cultígenos. Al lado de las casas de los poblados se siembra la coca, el tabaco y plantas medicinales; y en las huertas coca y caña. El consumo es inmediato, no hay graneros; el plátano se seca al sol y la carne y peces se ahuman, “La alimentación de los kogi se basa precisamente en plantas que no son autóctonas. (Reichel-Dolmatoff 1985, I:122).  

NIVELES PRODUCTOS

S, Rosa 500-1000

 

S.Miguel 1000 - 2000


Takína 2000 - 3000

plátano, banano, maíz, papa, batata, malanga,  caña, aguacate, zapote, ají, coca.

plátano, banano, maíz, arracacha, batata, yuca,  caña, mango, coca

papa, batata, arracacha, cebolla, col

En general Reichel-Dolmatoff considera que “Los Kogi son vegetarianos y la base de la alimentación es el plátano” (Reichel Dolmatoff 1985, I:119), aunque su comida preferida es pescado cuyo acceso seria difícil por la distancia de los actuales asentamientos con respecto del mar Meses de relativa abundancia son julio y agosto (lluvias medias) y de escasez enero a marzo (verano) Pero durante todo el año hay papa, arracacha, plátano, banano y cebolla; frijol y maíz se cosechan en agosto y septiembre; mientras que yuca, batata y la primera cosecha de plátano se obtienen en noviembre y diciembre.

Generalmente el hijo hereda del padre y la hija de la madre. Con frecuencia los hombres son los dueños de las casas (?), pero cultivos y animales domésticos son heredados a las hijas: “Muchas veces los descendientes masculinos no reciben ninguna participación sino que todo se entrega a las hijas” (Reichel-Dolmatoff 1985, I:128).

El sistema descrito por Reichel Dolmatoff no se limita a las relaciones económicas pues en cuanto: “el matrimonio se considera en primer lugar como una institución de carácter económico” (Reichel-Dolmatoff, 1985, I:228), por su intermedio se vincularían las unidades sociales kogi. Sus agrupaciones, que corresponderían a clanes denominados tuxes y dákes, se distinguen por símbolos “totémicos , ya sean animales o plantas. Anteriormente, el matrimonio seguiría el ideal según el cual un hombre casa con una mujer de clan distinto siguiendo el modelo predador/ presa indicado por los respectivos totems. De esta manera los clanes se hallarían encadenados por pares, como describiremos adelante. Por lo pronto nos interesa resaltar que dicha relación no solamente eslabonaría clanes distintos por matrimonio sino que sus respectivos miembros se hallarían ubicados a diferentes alturas de la sierra y de acuerdo con su relación ma trimonial intercambiarán los productos correspondientes a distintos pisos térmicos poniéndolos al alcance de acuerdo con el origen y disposición local de las unidades sociales.

Sin embargo, al momento del trabajo de campo, el autor considera que dicho sistema no sería del todo operativo, de manera que sólo retendremos la inicial descripción según la cual las familias nucleares se movilizan verticalmente en la Sierra en búsqueda de productos diversificados por sus diferentes ecologías.

Uribe ha discutido dicha descripción. Encuentra que los poblados kogui distribuidos entre los 600 y 1.500 msnm. garantizan el acceso a tierras templadas, frías y de páramo, éstas últimas dedicadas al pastoreo. La noción de “pueblo” debe incluir los “archipiélagos” de huertas distribuidas en los dos primeras ecozonas. En un valle podrían coincidir dos pueblos, por ende, las áreas de utilización podrían superponerse y conducir a conflictos debido a la actual restricción de las tierras productivas. La corresidencia seria, entonces, el factor organizativo fundamental; la elección del sitio de habitación de los cónyuges garantiza la transmisión de la propiedad de las parcelas de padres a hijos y el acceso de datos a los recursos de un pueblo (Uribe, 1993a; 1993b) (2) .

Trabajo colectivo en Nabtisiinake 

CONTINUAR

REGRESAR AL ÍNDICE

1 Ver también Reichel-Dolmatoff, 1949. (regresar 1)

2 Tambíen los diferenció de las gentes de la vertiente Sur. Entre los ika no hay “pueblos”; la residencia es dispersa y concentra las gentes por ecozonas especializadas en las que tendencialmente se hallan sus áreas productivas aunque una familia podría disponer de huertas en otra ecozona o intercambiar productos con gentes  de aquellas (Uribe, 1993) (regresar 2)