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(CONTINUACIÓN CAPÍTULO INGA Y KAMSA)
El cari chondor penetra en las mujeres y se vuelve fuerza de atracción para los hombres. Es la construcción social del deseo de atraer, ritualizada. El huayra chondor opera como fuerza de atracción en los hombres hacia las mujeres. El fresco chondor sirve para expulsar sustancias nocivas que están en el cuerpo, es la fuerza de expulsión y limpieza. Cuando un paciente llega por problemas de mala suerte en el amor, don Jerónimo coloca primer el coco chondor en la boca, luego masca el huayra chondor, succiona el cuerpo con la fuerza del huayra, extrayendo las suciedades que pueda tener el cuerpo. Luego masca el fresco chondor y le hace una aspersión para limpiarlo y después, como él mismo dice, le da a mascar al paciente y él mismo masca el huarmi chondor para dejarle esa fuerza de atracción en el cuerpo. En otras ocasiones le puede dar esa fuerza de atracción en perfumes, con plantas que veremos más adelante.
El aicha chondor, don Jerónimo decía que sirve para cazar al tigre, a la danta, al saíno, al venado, a todos los animales que se pueden comer. Ese es para la cacería. El taita coge el aicha y el huayra, sopla el arco, las flechas o la escopeta y a los pocos metros de estar caminando, ahí aparece la presa. Este vector opera sobre un dominio muy específico de la naturaleza, es el desear la carne (aicha en quechua significa carne).
Existe también el gente chondor, es para quitarse las antipatías de las personas, para caerle bien a todo el mundo. Para tener buenas relaciones, en general, ser querido y admirado por todos. Este se puede utilizar en una serie simple con el fresco y con el huayra, para limpiar el cuerpo y soplar el poder de atracción sobre la gente generando el deseo de la gente hacia uno y satisfaciendo el deseo del paciente.
Aquí es importante recalcar las distintas dimensiones en las cuales operan estos procesos rituales. Sólo al examinar los chondores se ve claramente que tienden a una reconstrucción-atracción de toda una serie de relaciones importantes para la supervivencia de la comunidad. Está la esfera de las relaciones interpersonales, fundamentalmente como una relación hombre-mujer, que puede ser reconstruida en todos sus niveles, no solamente el de la pareja, sino también para que una madre atraiga al hijo que se fue, un padre a su hija, un primo a una prima o cualquier tipo de relación que se dé entre los géneros. Y también actúa a nivel comunitario cuando se trata de relaciones más amplias a nivel social. De modo que el deseo es reconstruido desde las relaciones interpersonales, desde la pareja y todas las relaciones entre los géneros, hasta la comunidad.
También entra en la dimensión de la naturaleza, trayendo la lluvia para los pastos fértiles y los cultivos, pasando del reino de lo vegetal al reino animal, en donde se favorece la cacería, es decir, la consecución de abastecimiento de la carne. Así se van armando todos los niveles que conforman el mundo y, como veremos, las otras plantas contribuyen a armar esa esfera y el mundo que se construye, unidos por el deseo-poder de las fuerzas que se depositan en los procedimientos forjados por el chamán, en este caso, en los procesos creados por don Jerónimo.
Don Jerónimo moviliza a través de las plantas los procesos que hacen posible la realidad del mundo y su cultura específica. Los cuyanguillos, como señalamos atrás, vienen de cuyai, amarse en quechua. Refuerza o imprime los procesos hombre-mujer dados por los chondores, a través del huarmi cuyanguillo y el cari cuyanguillo; de las relaciones comunitarias a través del gente cuyanguillo; e incluso, de las relaciones interétnicas utilizando el blanco cuyanguillo, que es el que se le da a los blancos.
El chalua cuyanguillo permite actuar sobre los peces, atrayéndolos hacia el pescador y sus instrumentos de pesca. De modo que aquí encontrarnos una nueva esfera de actividad, la pesca y los peces, incorporados mediante plantas, al mundo de la cultura que es regida por el deseo-poder.
En cuanto a los vinanes, el término es traducido por don Jerónimo como conveniente, y sirve para agenciar procesos que tiendan a mejorar las ganancias y hacer favorables las situaciones, condiciones o contextos sobre los que actúan. También rigen como operadores de procesos, como en el caso del caugsay vinán, el cual revive cualquier cosa cuando el exceso de las fuerzas empleadas en las series rituales van más allá de lo conveniente. Es prácticamente el máximo regulador del equilibrio, es el operador que asegura las velocidades y las magnitudes adecuadas.
El cóndor vinán, don Jerónimo asegura que es excelente para poder observar las cosas en forma panorámica, pero sin dejar escapar detalle. Tiene además la cualidad de ser el máximo dominio sobre las fuerzas del aire, es la fuerza de las montañas. También sirve cuando se trata de enviar la sustancia de la brujería a la mayor distancia posible. Le da a las personas la posibilidad de trazarse metas más elevadas que los Andes. El dominio de los vinanes se extiende al dominio del blanco, a lo que éste considera suerte y ganancias. Al blanco vinán lo soplan y sirve para la suerte en general, para que todo le convenga. El centavo vinán tiene la misma función que el dólar vinán. Traer suerte en la obtención de dinero, diferenciándose en la cantidad de dinero como una resignificación de la situación actual económica del país.
Los borracheros son las fuerzas más temidas y más difíciles de controlar. Son operadores que funcionan principalmente en el dominio de la brujería. Sus magnitudes pueden ser disparadas en dos direcciones distintas, bien sea para defender y neutralizar o ya sea para atacar. Don Jerónmo tiene situado, en las cuatro esquinas de su jardín, al culebra borrachero. Son los defensores cardinales de la chagra, son serpientes que brotan de la tierra y se consideran supremamente destructivas. Como bien dice don Jerónimo: ¿Quién no le tiene miedo a las serpientes? ¡Y a semejantes serpientes!. Ellas trancan la brujería enviada por brujos o por otros chamanes.
El yacu borrachero o borrachero del agua, tiene la propiedad física más importante del agua, disolver, pero disolver la sustancia de la brujería. El amarun borrachero es un dragón que habita en los mares muertos, al cual también le envían las sustancias más intensas de la brujería, para que las destruya. El cari borrachero o caribambra, es un hombrecito pequeñito pero muy valiente y astuto. Devuelve la sustancia de la brujería a quien la ha causado. El macana borrachero o macán borrachero, es la fuerza de las macanas y entra en el dominio de la brujería que causa lesiones físicas y también tiene la propiedad de devolverle a la persona que lo originó, exactamente el mismo mal.
El danta borrachero es el segundo en jerarquía después del tigre borrachero para destruir la sustancia de la brujería en el cuerpo del enfermo. El andaquí borrachero, o colibrí, es la velocidad y la fuerza para modificaciones instantáneas de los eventos. Todos estos borracheros el taita los ha probado muchas veces, exceptuando el culebra borrachero que es preferible no tomarlo, si acaso para que pinte un poquito porque es demasiado intenso. Y, finalmente, el andaquí borrachero que es la cacica de las plantas y a través de las visiones que provoca se puede conocer las pintas de todas las plantas. Don Jerónimo lo tiene colocado en el centro de su jardín.
Don Jerónimo utiliza las series de los borracheros, en conjunto, bien sea para asegurar que de punta a punta se va a dañar, devolver, disolver, o alejar a la sustancia de la brujería. Se majan hojas, flores, se soplan y se colocan sobre el sitio donde ha sido colocado algún capacho o sustancia de la brujería.
Hemos dado una visión general del contenido básico de un jardín sin agotarlo, por lo extenso y lo complejo de las relaciones. Se ha querido (tejar para más adelante algunas plantas importantes en la estructuración del cuerpo de don Jerónimo, lo cual no quiere decir que los demás chamanes lo hagan de la misma manera.
El salamán borrachero, don Jerónimo lo descompone en dos partículas, fuerza del sol fuerza imán, la de quemar y la de atraer respectivamente. El utiliza sólo la mano izquierda para ponerse en contacto con su propio soplo o con las plantas que necesita utilizar durante las series rituales. El lo ha tomado varias veces para poder pintar la mano izquierda con estos poderes y asegura que no se atrevería a realizar ningún tipo de ritual si no tuviera el poder que tiene en la mano, que el solo cruzar del aire del huaira chondor podría destrozársela.
Otro borrachero importante en la conformación del sí mismo de don Jerónimo, es el venado borrachero. Este tiene la propiedad de proveer la ligereza necesaria y la velocidad para darle al chamán la característica de poder huir de las situaciones peligrosas innecesarias en el momento justo. O también, sirve para esquivar espiritualmente los disparos de dardos mágicos de otros chamanes o brujos. Es una fuerza eminentemente andina y en el se concentra lo que don Jerónimo llamó fuerza del bosque, que también sirve para mimetizarse y poder engañar a los cazadores de poder. Igualmente, es un vector de agresividad. Los cuernos mágicos del venado están en el curiyacto, (el curiyacto es, a la vez, la sabiduría alcanzada por una persona sabia y la luminosidad que aparece en la frente con los colores que denotan este conocimiento, visible para los conocedores durante la ceremonia del yagé) y frenan, son como un muro mágico que frena cualquier disparo de dardo dirigido hacia la frente, devolviéndolo hacia quien lo mandó. Pero el dominio de sus poderes no se detiene allí. Sirve también para dárselo a los perros, de una manera muy pragmática, para cazar venados.
El orejón borrachero nos introduce en el dominio de una fuerza cuya magnitud afecta los sentidos. Específicamente el del oído, como lo señala la palabra. Don Jerónimo asegura que la propiedad más grande de este espíritu es amplificar la capacidad de adición en varios niveles: uno primero se refiere a poder escuchar conversaciones que ocurren muy lejos de allí, cuando el chamán se encuentra en estado de vigilia, pero solamente las que lo conciernen a él. Los brujos lo utilizan para escuchar todo y así es como se enteran de los chismes y maledicencias de la gente, para generar conflictos.
El otro nivel se refiere a la capacidad de escuchar las voces y los sonidos internos que pueden ser llamadas de auxilio de otros chamanes, mensajes de los aliados o que amplifican el sonido de las pintas de yagé. El tercer nivel está relacionado con el afinamiento del oído para que el chamán produzca música o cantos muy armónicos. Y también para que aprenda a modular la intensidad de su propia voz, pudiendo cantar muy bajo al oído de un paciente, sin perturbar la chuma de los demás. Don Jerónimo nos dijo que lamentablemente ese poder se iba perdiendo con el tiempo y que era inevitable que esto ocurriera. Al volverse viejo se pierde el oído.
Se le preguntó si la sabiduría y la potencia chamánica tienen límites y contestó Sí y no ya que según él es indudable que los taitas a medida que envejecen van perdiendo algunas facultades chamánicas, por ejemplo, oír, olfatear, soplar, ver, pero que se vuelven más sabios en la comunicación con los aliados y en el cuidado de las plantas, porque pueden aprender nuevos usos, nuevas maneras de emplearlas, porque la propia pérdida de esas propias producciones, los lleva a concentrarse en aquello que pueden haber bien, algo por lo que los chamanes jóvenes o maduros no se preocupan.
El don más fuerte que puede adquirirse en ese momento es el de la palabra y el de la ternura, porque en la primera se condensa toda una serie de significados necesarios para enseñar el oficio. Y la ternura, necesaria para admitir principiantes y a los pacientes. Para el manejo de la destreza de la palabra habló de la dulcipanga. La palabra del viejo es una palabra dulce. Dijo que los taitas no hablan con la cabeza sino con el corazón. La dulcipanga la utilizan los chamanes en el arte del convencimiento. No es un truco. Es una potenciación que hace claros y nítidos los mensajes a sus pacientes. También ayuda para que el canto no sea cualquier canto sino, que los nacientes sientan que son admitidos por los sentimientos del chamán, que se sientan tiernamente tratados, afectuosamente recibidos. Esto opera también con los aprendices, para que empiecen a ver el sentido del conocimiento y sepan lo que se les está dando y vean el regalo tan hermoso que reciben. Ya que, como don Jerónimo lo decía muy claramente, son tan duras las experiencias que hay que pasar al comienzo, que si no hubiera dulcipanga, la gente no seguiría adelante.
La dulcipanga también se usa como tratamiento para pacientes que están emocionalmente impedidos para expresarse, o que son parcos o pusilánimes, entonces: Majamos la dulcipanga, se la ponemos en la lengua, y le soplamos allí. Generalmente lo utilizan con amantes tímidos o personas que buscan trabajo. En este último caso la dulcipanga está acompañada del trabaja y vinan, que vuelve convincentes las palabras y los tratos con las personas a las cuales se les pide
empleo. O también para que el trabajo que se tiene progrese o no se vaya a perder. El trabaja y vinán también lo utiliza el chamán para no perder su clientela para que le dé fuerza y resistencia, usando la pinta de ésta con el yagé.
El yahuar chondor es otra potencia importantísima en el oficio chamanístico de don Jerónimo. Es la fuerza de la sangre, pero de la sangre del jaguar. Quien pretenda manejar todos los procesos del quehacer chamanístico, no puede ignorarlo. Cuando el yahuar chondor pinta en el cuerpo del chamán, en el pecho aparece una banda de colores, azul y roja, que le da la fuerza que necesita el corazón para capturar toda la fuerza de los animales selváticos y que, según don Jerónimo, permite, a los chamanes de abajo transformarse en jaguares. Es del deseo que tiene como centro al corazón, de donde parten los más grandes poderes y si no se tiene corazón de jaguar, todos los demás dominios del poder se vuelven tenues, opacados. El yahuar chondor es lo que lo liga a uno con toda la fuerza a los ancestros. Es una fuerza básica en la identidad chamánica de don Jerónimo: Tener corazón de jaguar, es tener corazón de indio. Y eso significa fuerza, exactitud, conveniencia y limpieza en muchos sentidos. Empieza como corazón transparente, como sentimientos buenos, nobles, protección contra sustancias tóxicas o que atentan contra la memoria de la sangre, y sirve para la voluntad y la determinación de aprender de superarse, de ser cada vez mejor chamán. Por otra parte, es una fuerza que depende de la direccionalidad de la ética, crece con ella o desaparece con ella. No hay nada que pueda sustituirla o renovarla cuando ya no existe. El taita como decía don Jerónimo no puede limpiar a otro si él no está limpio. Y cuando tocamos este tema nos adentramos en el universo de la curación.
LA
LIMPIA
Limpiar
el cuerpo, término en apariencia de uso tan común por curanderos, chamanes o especialistas en chamanismo, tiene el más profundo de los significados, por lo menos en lo que a don Jerónimo se refiere. Limpiar el cuerpo de los pacientes es actuar sobre todas las esferas de sus vidas. Don Jerónimo, a través de su experiencia, está firmemente convencido de que las relaciones sociales en donde están de por medio la envidia, el rencor, la venganza, la crueldad hace que se cambia la naturaleza de la sangre de las personas, que se cargue, hasta el punto de que sin proponérselo, una persona que lleve una mala vida contamina a otros.
Este concepto difiere de otro muy comúnmente empleado en la esfera del chamanismo y el curanderismo y que se refiere a las naturalezas de las personas. Entre los Sibundoy, nos decía don Jerónimo, hay gente que tiene la sangre débil y otros que tienen la sangre fuerte. Eso depende de la naturaleza con la que se nace, pero también, de los cuidados que se tengan en la temprana infancia con los niños, para fortalecerles la sangre. Nos decía: hay padres que se olvidaron para qué sirve el ají rocoto y la manteca de oso. Eso puede ayudar a que la sangre débil se vuelva fuerte. Aunque también hay niños que nacen con la sangre fuerte y se les llaman niños de naturaleza alta. Y tanto en varones como en mujeres, indica una fuerte inclinación sexual, la capacidad de ganar amigos con facilidad y de ser líderes. Mientras que los de naturaleza baja o de sangre débil son opacados, parcos en la vida sexual o social.
En cambio, la sangre cargada es un stock de los malos sentimientos, aunque la persona no se dé cuenta de ello. Uno se intoxica literamente en todo su organismo según la calidad de las relaciones que lo rodean y que uno propicie. O puede llegar a darse cuenta de ello y convertirse en un mentiroso, en un envidioso que busque hacer daño a la gente.
De allí que las limpiezas se hagan siguiendo ciclos rituales, generalmente anuales, en donde al paciente se le sopla según don Jerónimo, con fresco vinán y fresco chondor, causay vinán y huaira chondor, para limpiarles la sangre. El cierre de cuerpo, operación complementaria a la anterior, no se utiliza sino cuando la persona, por su propia naturaleza, atrae el mal sobre él. Es como una especie de víctima propiciatoria, entonces la intensidad requiere un tratamiento más intenso, para evitar una sobrecarga de fuerzas que lo puedan dañar o matar. Los taitas que trabajan con colonos o con blancos de las ciudades están continuamente expuestos en sus propios rituales, aún a pesar del cuco chondor, a recibir cierta intensidad de los daños y sobre todo de los malhechos que atienden.
La limpieza como curación es también el crecimiento como chamán, crecimiento que se revela en la adquisición de las capacidades anteriormente descritas pero cuyo foco es el yahuar chondor. Esto implica que hay una relación entre el corazón y el curiyacto: la frente brilla mostrando la intensidad del poder, brillo que depende de la limpieza del corazón en un sentido ético.
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Altar de un chamán. Al lado derecho ramo para la limpia.
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El chamán vive, según don Jerónimo, en un continuo curarse a sí mismo y a los otros. El sentido de la limpieza es literalmente una operación de descontaminación. El chamán que no sabe regular la cantidad de impureza que es capaz de soportar, puede romper el balance entre el curiyacto -la claridad sobre la realidad del mundo- y el corazón de jaguar -la voluntad de poder. Al desbalancearse se entra en un proceso de secarse al igual que lo hace una planta a la cual no le han regulado ni la cantidad de sol, ni la cantidad de agua que debe suministrársele. Quien se excede en el uso de su cuerpo chamanístico se arriesga a perder todo lo que ha aprendido. De ahí que la limpieza deba realizarse periódicamente y sobre todas las áreas o facultades donde el chamán actúa o es exigido en su cuerpo.
Hay entonces una limpieza ritual que descontamina el cuerpo chamanístico que implica ponerse en contacto con todas las fuerzas que le han dado sus facultades y que se encuentran en todas las plantas sembradas en su jardín. Esta limpieza es semejante a la que se hace con el jardín para que no crezca el rastrojo, para abonar las plantas. En ese sentido estricto, el chamán periódicamente está rehaciéndose y rehaciendo su jardín. Hay chamanes que pueden limpiarse a sí mismos y a sus jardines. Pero también hay rituales entre compadres ceremoniales
que se limpian entre ellos. Por lo general, se busca que quien limpia a otros haya tenido menos contacto con blancos efectuando operaciones rituales. Es muy corriente que se busquen taitas del Bajo Putumayo y entre más alejado esté del trato con colonos o ciudades, mejor.
El carnaval de Sibundoy es una ocasión muy propicia ya que es una interfase entre los ciclos agrícolas. Allí se pueden generar las relaciones indispensables para que los chamanes curadores que vienen de las ciudades o los pueblos sean limpiados por taitas del Valle de Sibundoy. La relación entre limpieza y ciclos del maíz es muy estrecha ya que el carnaval tiene como finalidad perdonar los insultos o agravios entre miembros de la comunidad y es el maíz, en términos de chicha o mute, el que se intercambia cuando se pide perdón por los agravios infligidos entre los miembros de la comunidad. La fiesta se hace precisamente al final de las cosechas de maíz y antes de una nueva siembra, marcando el exacto compás para que la tierra esté limpia y dispuesta para un nuevo ciclo.
Igualmente, la comunidad sigue el ritmo de la tierra y limpia todas las relaciones sociales para que ellas emprendan un nuevo proceso descontaminado de producción. Por eso el concepto de limpieza es el eje central del manejo de la relación del cuerpo y el mundo, mostrando cómo los ritmos del cuerpo siguen los ritmos de las siembras del maíz. Los Sibundoy, en general, tienen codificadas una serie de señales que indican cuándo el cuerpo está en el tope de la contaminación. Nosotros las desconocemos, pero lo cierto es que llegado ese momento, sea o no carnaval, chamanes y gente común van al Valle de Sibundoy y al Bajo Putumayo a limpiarse.
En ese sentido, la limpieza es una relación profunda con el balance adecuado y es el fundamento de toda la teoría sobre las enfermedades. Es tan importante esta teoría del balance, que los chamanes tienen prohibido relacionarse con otros chamanes distintos a sus maestros que tengan niveles más altos de conocimiento y/o energía, porque cuando hay una energía más fuerte que otra sin que medien operadores que regulen el desbalance (chondores, etc.) el chamán que tiene mayor energía puede succionar -si quiere- la energía a los otros. Esta misma relación es la que se establece entre las plantas en el jardín e implica que en el jardín hay un balance energético logrado en las relaciones de posición de unas plantas con otras. Esto no implica armonía absoluta sino buen funcionamiento.
EL CHAMÁN Y LAS ENTIDADES ETNOMÉDICAS
El saber sobre las enfermedades no está separado de las demás formas de conocimiento, menos aún del contexto de la situación de contacto de los diferentes proyectos puestos en relación en el Valle de Sibundoy. Está abonado el terreno para la generación de nuevas significaciones, acciones y contradicciones.
En efecto, en el Valle de Sibundoy, una paradoja afecta el orden de la vida y de las relaciones entre cristianismo y paganismo, entre salvajes y civilizados, puesto que un espacio artificialmente inventado por los padres doctrineros, el del paganismo, suscita un rompimiento del tiempo como historia, en dos historias: una como tiempo representado y la otra como fuerza. Esto se hace notoriamente visible en el caso de la enfermedad del mal aire, de la cual dicen los indígenas del Valle de Sibundoy, se debe a las emanaciones de indígenas muertos y enterrados que nunca fueron bautizados y que pertenecían a la historia de los ancestros de esos mismos indígenas del Valle.
El espacio del cementerio separa dos tipos de espacios de la muerte: el uno, entre las lozas y las paredes del cementerio, donde están los bautizados y redimidos; el otro, esparcido por una geografía imprecisa, pero en un tiempo poderoso, puesto que por no estar bautizados, sus energías de muertos no han entrado en ningún dominio cristiano, ni terreno, ni del más allá. Esta energía, en perpetua circulación tiene la fuerza salvaje de la enfermedad, enfermedad en tanto que no tiene un destino que realizar en el sentido cristiano y que es imposible de domesticar por los aparatos rituales de la Iglesia, dividiendo a los propios indígenas actuales en indígenas que pertenecen a dos historias. A la de sus ancestros paganos que zumban por el Valle y a la de los indígenas que están redimidos y bautizados.
Esta entidad nos coloca en el punto crucial que nos permite comprender cómo las entidades etnomédicas y la salud tienen que pensarse en los contextos que produce el enfrentamiento entre historias y culturas. El mal aire pues, está ahí, en el contexto más insospechado, en el de la memoria inventada por Occidente para construir una historia del Cristianismo con indios redimidos. Pero, simultáneamente, en el de la memoria que se intentó conjurar, la de las idolatrías y el paganismo, que ahora ya no es representación en las mentes de los doctrineros, sino memoria-fuerza, memoria-energía, atestiguando lo que es la memoria como fuerza de la historia para el indígena. De mal aire padecen tanto indígenas, como blancos, como mestizos, como curas, mostrando cómo la colisión de los tiempos y los espacios, en el Valle de Sibundoy, genera intercambios etnomédicos bajo el poder de las historias. Dejemos que Taussig nos lleve al corazón de esta paradoja:
Porque no es la historia entendida como el transcurrir del tiempo la que adquiere aquí el carácter de brujo, sino la historia como una oposición en significado que marca el transcurrir del tiempo y sobre la cual los victoriosos y los vencidos construyen su cosmos.
En esto yace la atracción mágica del mal viento / mal aire de la historia, en la tensión entre la prehistoria del Nuevo Mundo pagano y la subsiguiente historia de las luchas de clase y raciales entre los conquistadores cristianos y aquellos que, en razón del éxito de la conquista, ellos llamaron, en nombre de una fantasía geográfica, indios.
Es a partir de este dualismo embebido en figuras de salvajismo y en memorias de figuras de salvajismo que surge el poder mágico; de la gente de antigua, los paganos de tiempos antes de la conquista fermentándose en la tierra, hasta los aucas, Huitotos y otros paganos fantásticos y seres como los chunchos que supuestamente habitan las actuales selvas de las bajas tierras (Taussig, 1987:374) (Traducción libre)
En efecto, los cantos chamánicos de los chamanes del Valle de Sibundoy son viajes a través de toda la historia de la Conquista y la Colonia, tal y como fue vivida y representada en el imaginario español. Pero también, estos cantos son los efectos de esta representación, en lo que tiene de real esta historia para los indígenas categorizados como paganos y redimidos y, para los que aparecen en esta misma historia, como irredimibles paganos y salvajes. En otras palabras, una canción chamánica actualiza la pugna y los resultados de esta pugna como poderes mismos de las historias. No se trata de un canto restringide al espacio del poder de la palabra. Es el espacio del poder de las historias, las que, contradictoriamente, permiten circular una paradoja que envía fuerzas para curar o matar, dependiendo de la posición que el chamán Sibundoy, redimido, tome con respecto a su paciente y a sí mismo.
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