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(CONTINUACIÓN CAPÍTULO INGA Y KAMSA)
6)
Distrito de Almaguer
al sur
del río Mayo
Valle ubicado en 1.35° N 76.58º W a 1.000 msnm. Clima cálido. Su límite norte lo constituye el río Mayo que desemboca en el río Patía.
Recursos naturales
Las descripciones de las características de las zonas diferentes al Valle de Sibundoy son pobres debido a que no hay una reconstrucción de lo que pudiron ser a la llegada de los españoles. En parte, por la escasez de anotaciones encontradas al respecto. Pero, principalmente por las modificaciones producidas por el impacto de la sobre utilización de los recursos de fauna, flora, suelos y aguas, durante la colonia y la república, lo cual dificulta aún más el proceso de reconstrucción.
Los bosques originales son el recurso más importante (junto con el agua, el más desvastado actualmente). Ocupaban las dos zonas superiores del Valle de Sibondoy, correspondientes a las laderas, con una extensión de 44.000 hectáreas y buena parte de la parte plana, lo cual hizo exclamar a un misionero francés, en 1895: Es maravillosa la vista de las selvas y del alto valle en donde nace el Putumayo (Thomson, 1913:24). Poco destacaron los españoles los recursos de estos bosques en las diferentes zonas del área quillacinga. Como es comprensible, enfatizaban los productos agrícolas y su variedad de acuerdo con las condiciones climáticas al identificar, desde su perspectiva, aquello que es potencialmente tributable. (Ver más adelante tablas de tributaciones).
Los recursos naturales de flora y fauna de los bosques son poco conocidos. En las poblaciones indígenas los mayores, o ancianos, conocen y usan ocasionalmente plantas y animales originarios de estos bosques, donde aún subsisten. Su utilización ha disminuido ya sea por su desaparición progresiva (Bristol, 1965:23; Silvestre Chindoy, 1989) o su creciente inaccesibilidad, sin contar con los cambios socioculturales que hacen estos conocimientos inútiles a los ojos de las nuevas generaciones. Igual sucede con la pesca, de la cual hay información de su práctica anterior (Bristol, 1965:23; Silvestre Chindoy, 1989), actualmente muy ocasional.
Desde antes de la conquista se explotaban recursos mineros, especialmente oro, presente tanto en el Valle de Sibundoy como en las zonas andinas, al occidente del territorio descrito.
Las
zonas
vecinas
Al norte, la bien llamada estrella fluvial de Colombia, en el Macizo, es cruce de los caminos del Valle del Magdalena y del Valle del Cauca que siguen hacia el Norte bordeando el oriente y el occidente de la cordillera central, respectivamente; del Caquetá y el Putumayo cuyos cursos se dirigen al oriente desembocando en el río Amazonas; del río Patía que atraviesa montañas hasta regar sus aguas en el Océano Pacífico. Además, por esa zona cruza el camino que viene de Pasto y Quito, hacia el Norte. Al sur, en el Ecuador, se encuentra el valle del río Chota-Mira, otra vía de comunicación andes-selva, siendo su accidente más relevante en cuanto a este aspecto, el valle interandino situado entre los ríos Mataquí por el oriente y el Ambi, por el occidente.
Al Occidente, desde el margen occidental del río Guáitara se encuentra la altiplanicie nariñense con su característica topografía accidentada, teniendo la salida hacia el Pacífico a través del río Patía y el Mira. Al noroccidente hay facilidades de explotación de sal y oro.
Al oriente, el piedemonte, con elevaciones que oscilan entre los 400 y 1.000 m snm, se caracteriza por terrazas, colinas y serranías atravesadas por los ríos San Miguel y Guámuez, afluentes del Putumayo y el río Orteguaza, afluente del Caquetá. Todos son ríos que nacen en la cordillera de los Andes. Sus aguas son ricas en material aluvial que depositan en las planicies de inundación. Con una temperatura de 26ºC en promedio, una lluviosidad constante entre los 3.000 y hasta los 5.000 mm anuales, y una alta humedad relativa mayor del 60%. En algunas zonas se encontraba oro de aluvión.
Las tierras bajas de la amazonía, con alturas hasta de 250 msnm, irrigadas por los ríos ricos en material aluvial, alta pluviosidad y humedad relativa, disponen de una amplia diversidad biológica, tanto en fauna como en flora. De particular importancia son los puntos en que se acercan las hoyas de los ríos Napo y Putumayo, a través de sus afluentes el Aguarico y el río San Miguel, respectivamente.
La zona quillacinga concentra, por lo tanto, una diversidad de ecologías en un área no muy extensa y está ubicada en una región crítica en cuanto a facilidades de comunicación entre andes y selva. Con la llegada de los españoles se transformaron las formas de relación que las poblaciones prehispánica habían construido con el paisaje de la región afectando la diversidad climática, topográfica, pedológica, botánica y zoológica. El impacto del conflicto entre poblaciones con concepciones y estrategias encontradas respecto a sus relaciones con los recursos, han dejado importantes huellas en este paisaje, específicamente en el Valle de Sibundoy, afectando, a su vez, la vida de los actuales habitantes y, en últimas, las condiciones de generación de su bienestar.
LA REGIÓN PREHISPÁNICA
Es en este paisaje tan diverso donde los ancestros de los actuales inga y kamsá del Valle de Sibundoy construyeron las relaciones que en la época prehispánica los hacían partícipes de un proyecto comunitario que involucraba comunidades selváticas y andinas. La información proporcionada por las fuentes escritas del siglo XVI, permite circunscribir a la zona quillacinga como la principal área de asentamiento de estas etnias, aunque para el caso de los quechua-hablantes podría ser mayor debido a su dinámica cultural. Este nombre, Quilla Cinga, según Romoli (1962), fue inicialmente un término genérico que, a la vez que facilitaba a los españoles englobar los pueblos o tribus del norte del Ecuador, se extendió para cubrir los pueblos del sur de Colombia situados al norte del río Santiago, límite de la gobernación de Perú, con propósitos de sustentar derechos de conquista. Podría provenir de un despectivo con el cual los quechuahablantes del imperio inca designaban aquellos pueblos del oriente ecuatoriano que se resistían a la conquista y a los cuales se consideraba perezosos. También a las narigueras metálicas utilizadas por los hombres de estos grupos.
Indicios
lingüistícos y
heterogeneidad regional
Quillacinga denota también la lengua que predominaba en esa zona. Romoli y otros autores aceptan la propuesta de Castellvi (1958), para quien el actual kamsá fue la lengua de los quillacinga. Esta hipótesis es refrendado por Hooykas (1976), quien encontró que toponímicos presentes en esta zona tenían sentido en el kamsá, apoyando las afirmaciones hechas por Sañudo en cuanto a toponímicos y apellidos indígenas de Pasto. En cuanto a los primeros:
...es muy posible que los quillacingas hablaran el idioma kamsá que aun se habla en Sibundoy, porque en la toponimia de la comarca que habitaron hay varios lugares cuyo significado se halla en él, como Tangua, Buesaco,Tamajov, Matabajpov, Doña Juana, etc. que significa viejo, pájaro que canta al filo del alba, sementera de sal, cierra camino y sin soplo respectivamente, en la forma de Tanguao (así se decía primero), Buiseco, Tamajajoy y Matabiajoy... (Sañudo, 189:5-6)
Además, Von Buchwald (1919:211) lo relaciona con el desaparecido Mocoa, del piedemonte oriental, en virtud a la similitud de una lista de palabras mocoas registradas en el kamsá. Pero, desde Romoli, se anota la presencia de otras lenguas en la zona, en particular, los quillacinga de La Cruz eran ladinos en la lengua de Cuzco, según registraron los cronistas y visitadores, aun antes de su llegada. Los pueblos de la Montaña (aquellos de la Laguna y Patascoy cerca a la laguna de la Cocha) fueron considerados corno una unidad como se infiere por el tratamiento diferencial que recibieron de los encargados de las visitas, aunque no se expliciten otras diferencias que las económicas. La presencia, entonces, de Quillacinga, quechua-hablantes y poblaciones corno las de la Montaña, dan una característica de variedad de los asentamientos ubicados en el territorio quillacinga.
El carácter heterogéneo del poblamiento es constante, también, por fuera del terri
torio quillacinga. Al oriente del antiguo Distrito de Almaguer, habitaban los papallata cuyo idioma era el haxa curiosamente siendo un yanacona intérprete de ellos para los españoles (?)-, algunos de la provincia de Guachicono al norte del territorio quillacinga hablaban la lengua de Quito. Entre la ciudad de Almaguer y Papallata, sobre la quebrada del actual río Caquiona, vivían los Cacaoña, caracterizados por sus viviendas con palizadas, únicas en la zona. Sobre el alto Caquetá, los conquistadores hablan de Yscancé, toponímico quechua que nombra una planta medicinal, poblado según Ramírez (1991) por quechua-hablantes y sólo aparece en las visitas después de ser sometidos. Estas, entre otras diferencias, indican la coexistencia de una diversidad de etnias entre los pobladores del área.
El territorio Quillacinga, accidentado y doblado, disponía de múltiples microclimas, con casas (o familias) desperdigadas por valles y lomas. En el bajo río Mayo, habitaban los calientes de Mamendoy, caracterizados también por tener minas de oro y cultivos de algodón; en el páramo, los de la Laguna que tributarían madera y subproductos porque la altura impedía cultivos de maíz; en el lluvioso y húmedo Valle de Sibundoy, los kamsá y, con una alta probabilidad, quechua-hablantes, productores de maíz y oro.
Una primera visión muestra a los quillacinga como agricultores -cosechando maíz, coca, algodón-; cazando saínos, pavos de monte y posiblemente venados y caza menor; recogiendo maderas, fibras, látex, colorantes, cera y en general casi todos los materiales necesarios al artesano, plantas medicinales de toda especie, frutas y miel; con cierto grado de estratificación ya que contaban con jefaturas -caciques supremos, caciques vasallos, principales, etc.- tributación antes de la conquista, tumbas elaboradas y entierros complejos para los caciques; poco agresivos u hostiles según el parecer de los españoles o fácilmente dominados por éstos; manteniendo entre ellos relaciones nulas de trato o contrato (Valle de Sibundoy) o algo de amistad o intercambio (Quillacinga camino a Quito). Sin embargo, la situación se vuelve más compleja a medida que aparecen más estudios arqueológicos y etnohistóricos y se relacionan con los hallazgos etnográficos de la región, hechos en este siglo.
Bajo la regionalización que hicieron los españoles para hacer sus reparticiones, se encontraba un conjunto heterogéneo de grupos étnicos o pueblos diversos cuyas interacciones apenas se están develando. La provincia quillacinga fue subdividida, tal como se ve en el mapa: los quillacinga camino a Quito, los quillacinga del valle de Atrís, los quillacinga camino a Popayán, los quillacinga camino a Almaguer, los quillacinga del Distrito de Almaguer y los quillacinga de la Montaña (La Laguna y Valle de Sibundoy). Una variedad de pueblos (etnias) los rodeaba. Al Norte la provincia de Guachicono en las hoyas de los ríos Guachicono, Pansitará y San Jorge (diferenciándose los calientes de Guachicono y los Pansitará de los de la hoya de San Jorge), los de Papallacta en las comarcas de la loma de los Humos y el páramo y valle de las Papas; al oriente los del pueblo de Iscancé, posibles quechua-hablantes; en el alto Caquetá, los mocoa del piedemonte andino (quillacingas?), ademas de grupos Tukano occidentales del alto Putumayo que habitaban también por el sur en las cuencas del río Caquetá, San Miguel y Guamués (Cofán, Sucumbíos, Siona). Al sur occidente y occidente los Pasto del altiplano nariñense, al noroccidente los Chapancica habitantes de la hoya del río San Pablo, vecinos de los Abad y los Masteles tribus seminómadas, guerreras y belicosas poseedoras de sal y oro.
Un corredor Andes-selva al
sur del Valle de
Sibundoy
La tendencia actual es reconstruir las vastas regiones conformadas por la articulación que esas poblaciones hacían de sus diferencias. La reconstrucción que Uribe (1985-86) hace de las relaciones de los Pasto, -grupo andino del norte del Ecuador y el Suroccidente de Colombia-con sus vecinos- entre los cuales, al nororiente, los Quillacinga- muestra cómo a partir de una apropiación por microverticalidades, esos grupos conforman una organización de cacicazgos que les permite colonizar varios pisos térmicos a la vez, entre los cuales se mueven a lo largo del año y arroja luces sobre las organizaciones que podrían haber existido en el área quillacinga.
En sus relaciones con etnias fronterizas cuya organización variaba desde nómades hasta el imperio incaico, los Pastos enviaban grupos propios a residir permanentemente, tal es el caso de Pastos entre los Abad en el poblado limítrofe de Ancuyá (Salomon 1980 310), al norte de su territorio, y de Pastos en el valle del río Chota-Mira, al sur del Valle de Sibundoy, en los Andes ecuatorianos.
ochenta indios Pastos que son como naturales: estos son camoyes, que dicen, que son como mayordomos de los dueños de las rozas de coca y estánse con estos naturales porque les dan tierra en qué sembrar; y así están como naturales (Borja 1965:21 citado en Uribe 1985-86)
Tan vital era la consecución de coca que estos cultivarían que:
" por ella les traen a sus casas todo lo que les han menester, ansí de comer y vestir como para pagar sus tributos (Borja 1965:21 citado en Uribe 1985-86).
Pese a la referencia que los conquistadores hacen de los habitantes del Valle de Sibundoy como gente sin trato ni contrato con sus vecinos, otra perspectiva surge al ubicar este valle en el contexto de las relaciones con el territorio quillacinga y de las relaciones andes-selva que ya han sido documentadas, al sur y el norte de este territorio del Valle de Sibundoy. Tal es el caso, respectivamente, del valle del río Chota-Mira y del macizo colombiano, la posible ruta de entrada de la coca a los Andes desde la selva. Se podrán así tener elementos faltantes por la carencia de suficientes estudios arqueológicos del Valle de Sibundoy y de fuentes etnohistóricas más precisas, sobre las organizaciones interétnicas prehispánicas que incluían a este valle y sus habitantes.
Desde una perspectiva macro es más fácil visualizar la problemática del poblamiento del valle de Sibundoy. Se había enunciado cómo los Quillacinga cubrían una amplia variedad de ecologías que ocuparían desde el piedemonte hasta el valle andino de Atrís y las tierras calientes del Distrito de Almaguer, pasando por el páramo. Desde el piedemonte si se acepta a los Mocoas como de la misma etnia que los Kamsá, de acuerdo con la relación lingüística establecida, o se tiene en a que los pobladores del piedemonte buscaron la ayuda
de los habitantes del Valle cuando intentaron sublevarse (según Bonilla 1969) y que mujeres del Valle se casaban con indígenas de la zona de Mocoa, donde iban a vivir. Incluso se tiene noticias de personas raptadas por los Charguayes -subdivisión de los Andaqui del Valle de Mocoa-, (Seijás 1969:73) lo cual recuerda los raptos de mujeres entre las poblaciones de la amazonía de los que se tiene noticia etnográficamente. Aunque los grupos de indígenas habitantes en el piedemonte no fueran de la misma etnia que los quillacinga, indudablemente, existían relaciones de intercambio con éstos, cuyas dimensiones trascendían el intercambio registrado por los españoles, lo cual permitía acceder a los recursos disponibles en esa ecología.
La especialización de la producción de los diferentes asentamientos Quillacinga se puede inferir de las primeras tributaciones que impusieron los españoles una vez hechas las reparticiones, a finales del siglo XVI. Aunque éstas se basaban en la producción de los diferentes grupos, se fundamentaban en la percepción de riqueza que se hacían los españoles y desconocían las valoraciones propias de las poblaciones nativas. Las principales divisiones productoras al interior del territorio Quillacinga podrían establecerse así: Valle de Atríz, productos agropecuarios de clima frío; Valle de Sibundoy productos agropecuarios de clima frío pero abundante de todo género de comida y ricos de oro (Simancas); camino a Almaguer y Popayán, productos agropecuarios de tierra caliente y oro; camino de Quito, cultivos de clima frío, papa; La Montaña, proveían de y trabajaban en madera y el Distrito de Almaguer, productos agropecuarios, gran variedad de frutas y legumbres, además de oro. (Zajec, 1989:39-45).
Las redes comerciales existentes entre estas divisiones se han inferido de las redes que sostenían el comercio de productos que interesaban a los españoles. Como se puede apreciar en la descripción que hace Santa Gertrudis, al lado del oro los habitantes del Valle de Sibundoy intercambiaban plantas medicinales (caso del espingo (no identificado)) entre poblaciones del piedemonte y de Pasto, lo cual surgía más del interés nativo que del español.
De Mocoa a mano derecha hay un camino por aquella serranía toda de monte y en cuatro días se sale a un pueblo de indios llamados sibundoyes ... estos indios son los que bajan a nuestra misión y van a Condagua a coger la fruta del barniz como llevo apuntado y lo sacan a pasto que dista cuatro días de Sibundoy .... Los indios de (Mocoa) a la margen (del río Cascabel) catean mucho oro que él trae de las minas de arriba y con ello los indios sibundoyes les traen herramientas, ropa, carne y harina de San Juan de Pasto (Fray Juan de Santa Gertrudis, 1970:233-4)
El carácter de corredor se ve reforzado aún más por referencias etnohistóricas (citadas por Salomon 1983, Seijás 1969, Taussig 1980 y 1987, Ramírez 1989) y etnográficas (Bristol 1965, Seijás, 1969, Taussig 1980, Ramírez y Pinzón 1986, Informantes) que hacen alusión a redes de intercambio más amplias. Según éstas, el Valle de Sibundoy constituyó antes de la conquista, durante la colonia y la república, una activa ruta de comercio entre Pasto y Mocoa, en ambas direcciones, siendo constante el transporte de plantas medicinales y rituales, variando otros productos, según el interés de la sociedad mayor (quina, coca, contrabando, etc). Luego, se trataría de un corredor que facilitaría tanto el intercambio de bienes ceremoniales como no ceremoniales.
Muy posiblemente, las exigencias de la tributación en especies estimuló los ya existentes intercambios intrarregionales. Como si fuera poco, los indígenas del Valle de Sibundoy eran altamente estimados como portadores o cargadores, lo cual originó pleitos contra encomenderos acusados de abusar del trabajo de sus encomendados (Córdoba 1982). Los cargadores transportaban productos y personas entre el piedemonte y Pasto, lo cual continuaron haciendo incluso hasta entrado el siglo XX.
Así mismo, en los censos del siglo XVIII, aparecen además matrimonios entre indígenas del Valle de Sibundoy e indígenas de Nariño, así como de alianzas matrimoniales entre grupos del piedemonte y del Valle de Sibundoy (Friede 1953).
Ampliando el espectro de interacciones de los Quillacinga a las etnias vecinas de los Andes, no es de despreciar la idea de la presencia de Mindalaes Pasto en territorio Quillacinga, lo cual es coherente con los hallazgos de Groot y Correa (1976). Estas investigadoras encontraron en excavaciones realizadas en el occidente de la zona quillacinga la no existencia de una unidad arqueológica sino una superposición de culturas que coincidía con un recubrimiento de capas lingüísticas, ya que encontraron toponímicos que corresponden al quechua nativo, al pasto y al sindagua. Quedaría así, según las autoras, abierta la perspectiva de una diversidad de etnias y por lo tanto de diversas inmigraciones. Pero si se extrapola a Uribe, cobra fuerza la posibilidad de complejos intercambios entre vecinos que incluyen Mindalaes Pastos (Uribe: 32-33) en territorios Quillacinga, como lo podría sugerir la presencia de asentamientos Pasto (cerámica fase Tuzal), en Pasto, Consacá y Buesaco entre otros, poblados situados en el margen oriental del río Guáitara (Uribe
1985-6:9).
En efecto, con base en hallazgos arqueológicos y etnohistóricos, Uribe adelanta la descripción del corredor del Valle de Chota, a través del cual se relacionaban Pasto, Cofán y/o Sucumbíos. En él se encontró cerámica Cosanga, la cual proviene de la región cultural y ecológica del piedemonte de la cordillera oriental ecuatoriana. Esta última zona, sin embargo, podría formar parte de un área cultural más amplia, ya que los hallazgos de la cerámica corrugada, de impresión digital se han realizado tanto en la hoya del río Guamués, afluente superior del Caquetá, como en el oriente ecuatoriano coincidente con la fase Pastaza (Uribe 1980:271). Es en esta zona donde se presenta el máximo acercamiento entre las hoyas del río Napo y del río Putumayo, a través de sus respectivos afluentes. Actualmente allí se hablan cinco lenguajes, macaguaje, siona, coreguaje -tukano occidentales- y kofán -clasificación no bien definida (Uribe 1985-86:20). Con grupos de estas mismas lenguas y en la misma zona, los actuales indígenas del Valle de Sibundoy han mantenido y mantienen relaciones comerciales y chamánicas.
(Langdon 1988, Pinzón 1988, Taussig 1980).
Etnohistóricamente, existen referencias sobre cómo los Pastos recurrían a chamanes de los grupos del piedemonte para hacerse tratar, porque los consideraban más poderosos:
"...son estos indios tenidos por grandes hechiceros y así dicen estos naturales de estos pueblos que si no les compran lo que traen a vender que los hechizan de suerte que dello vienen a morir (Borja 1965 citado en Uribe 1985-86:21)
Similares referencias son hechas en el siglo XVIII con respecto a los habitantes de los Andes de Nariño en su actitud hacia los chamanes del Valle de Sibundoy, tal como lo recoge Salomon (1983). Además, etnográficamente se ha establecido que el Valle de Sibundoy era y es utilizado tanto por chamanes, curanderos y pacientes de Nariño para llegar donde los chamanes de los actuales grupos lingüísticos del piedemonte arriba mencionados, por la existencia de jerarquías chamánicas que ubicaban como detentores del mayor poder a los chamanes del piedemonte seguidos por los del Valle de Sibundoy. El origen prehispánico de estas jerarquías marcaron muy posiblemente las relaciones Andes-selva, continuando durante la colonia y modificándose en el proceso como se verá más adelante (Langdon 1991, 1988, Pinzón 1988, Taussig 1980). Por lo tanto, si estas relaciones existían para los Pastos y se concretaban a través del corredor del valle del Chota-Mira en épocas prehispánicas, la existencia de referencias posthispánicas de estas mismas relaciones a través del Valle de Sibundoy permiten considerar que estas últimas tenían igualmente raíces prehispánicas, con un alto grado de probabilidad.
Además de existir una organización que articula diversos pisos, por tradición oral, se han documentado procesos de migración hacia los Andes que podrían ilustrar cómo se fue forjando esa organización. En el poblado de Cumbitará, situado en la zona de los Quillacinga, entre los ríos Juanambú y Mayo se afirma que sus fundadores fueron migrantes Kamsá provenientes del Valle de Sibundoy. Otros pueblos refieren su origen a migraciones provenientes del Oriente (Hooykas 1976:54).
Corredores
Andes-selva al
norte del Valle de Sibundoy
Si la relación Andes-selva al sur del valle de Sibundoy fortalece el carácter de corredor del mismo Valle, al norte del mismo, se encuentra evidencia de migraciones de grupos de la selva a los Andes, por lo que sería actualmente la bota caucana, que complementa la comprensión de estos procesos migratorios insinuados en lo poco que se conoce sobre los Kamsá.
Uribe por un lado, relaciona la cerámica enrollada corrugada y decorada digitalmente, encontrada en el río Guamués con la del complejo Sombrerillo de San Agustín. Si recordamos la anterior asociación de esta cerámica con la fase Pastaza del oriente ecuatoriano, se entiende cómo para la autora:
"se afirma una hipótesis acerca del importante papel desempeñado por esta región del pie de monte en la economía interandina. Creemos que esta gran faja selvática que va desde el río San Miguel, en la frontera ecuatoriana hasta las cabeceras superiores del Magdalena pudo constituir en épocas prehispánicas una extensa área cultural compuesta por diversas etnias de economía y organización social similar y, a su vez, desempeñar el papel de un corredor selvático por donde penetraron a territorio colombiano grupos hablantes del quechua como los ingano y todo un complejo de creencias y conocimiento sobre etnobotánica que caracterizan a esta región. (Uribe, 1980: 269-271).
En el mismo sentido que Uribe, Henman (1981), para explicar el origen de un grupo establecido en la vertiente oriental de la Cordillera Central, que hizo grandes tumbas pintadas, con vívida decoración geométrica que recuerda las visiones con enteógenos selváticos (yagé), propone que podría tratarse de algo parecido a las relaciones Andes-selvas en el Perú.
Los grupos paeces habitantes en el momento de la conquista en Tierradentro, podrían provenir de la selva o el piedemonte selvático en virtud de que su cultura está fuertemente asociada al complejo de la coca, y habrían llegado allí utilizando esta vía. (Rappaport 1990).
Por esta misma ruta, posiblemente emprendió camino Fray Juan de Santa Gertrudis, pero a la inversa, llevando desde San Agustín (en los Andes, Departamento del Huila) al actual Puerto Limón (Río Putumayo), en nueve días, 357 cabezas de ganado y 830 ovejas, durante el siglo XVIII.
Volviendo a los problemas de los orígenes
Se hace necesario ampliar aquí las hipótesis sobre el origen oriental de los pobladores indígenas del Valle de Sibundoy, ya que estas rutas y comunicaciones comerciales o de intercambio, se confunden con las de la llegada a los actuales asentamientos.
Chávez (citado en Arocha 1985), Uribe (1980), Pinzón y Ramírez (1985), han planteado la posibilidad de que Inga y/o Kamsá hayan migrado desde el oriente al Valle de Sibundoy. Varios rasgos que se encuentran entre los actuales indígenas Kamsá e Inga lo sugieren. Su vinculación al complejo del yagé, siendo este último vital en la configuración de la cosmogonía de los actuales Tukano occidentales del noroccidente de la amazonía, la molestia que se tomaron en adaptar a la ecología del valle, plantas de origen amazónico esenciales dentro de este complejo chamanístico -como las Cyperacea sp-, el mantenimiento de redes chamanísticas cuyas jerarquías de mayor poder se encontraban entre los Tukano occidentales, son elementos que requieren de una vinculación estrecha, ya que se trata de la construcción de procesos de conocimiento básicos similares, proceso lento y que requiere de una participación activa en su producción.
Bristol (1965) propone además otro argumento relacionado con la adaptación al medio que sugeriría que estos grupos tendrían origen en las tierras bajas: la adaptación al medio ecológico de plantas de origen selvático. Afirma también que mientras el cultivo de la papa es manejado bien por los white settlers en el valle de Sibundoy, siendo el cultivo más importante en las tierras altas, es prácticamente desconocido para los Kamsá (Bristol 1965:22). Visto a la luz de lo que se está exponiendo se podría tratar más bien de una especialización local dentro de una estrategia de apropiación por ecologías, porque los Quillacinga del occidente tributaban con papas, luego, no era un cultivo desconocido.
Los Inga de San Andrés y los Inga de Santiago, ambos habitantes actuales del Valle de Sibundoy, se reconocen como diferentes. Para ambos, los de San Andrés fueron los últimos en llegar, posiblemente durante la colonia. Lingüísticamente se diferencian y los de San Andrés tienen una leyenda que traza su origen desde la región de los Sucumbíos, habiendo subido al valle por el río Balsayaco (Groot et al 1976:165). Este patrón migratorio se repite en 1775 cuando 25 familias inganas salieron del Valle de Sibundoy a instalarse en el actual resguardo de Aponte, hoy en territorio del Departamento de Nariño (Vollmer 1976). Así mismo, debe relacionarse con el patrón de los quechua-hablantes de todo el piedemonte andino oriental. Ya varios investigadores han caracterizado migraciones temporales o permanentes hacia y desde los Andes y a lo largo del piedemonte.
Etnográfica y etnohistóricamente se ha anotado la existencia de quechua-hablantes en el bajo Putumayo, que mantienen relaciones con los Inga y Kamsá del Valle de Sibundoy, constituyendo, para estos últimos, puntos de entronque con las redes de chamanes Tukano occidentales del bajo Putumayo.
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