TOMO IV
Geografía humana de Colombia
Región Andina Central

Volumen III
© Derechos Reservados de Autor

INGA Y KAMSA*

Carlos Ernesto Pinzón
Profesor Departamento de Antropología Universidad Nacional de Colombia

Gloria Garay
Profesora Departamento de Salud Pública Universidad Nacional de Colombia

¿QUIENES SON LOS INGA Y LOS KAMSA?
¿DE DONDE PROVIENEN?

 

INTRODUCCIÓN

Este problema ha suscitado desde hace ya 50 años la atención de etnohistoriadores, arqueólogos, historiadores y antropólogos. Sin duda está vinculado a una problemática más general: las características del poblamiento de los andes y la amazonia. Ya en la década de los cuarenta, Steward y Faron, al editar el Handbook of South American Indians, pusieron sobre el tapete enorme dificultad de reconstruir la prehistoria de los grupos americanos. A pesar de tener colaboración de 100 especialistas en grupos indígenas, el crear categorías para ordenar las regiones culturales y la evolución y migración de estos grupos indígenas dejó tan sólo un cuadro estático de sociedades en estadios secuenciales de evolución que, paradójicamente, subsistían diacrónica y sincrónicamente. Los agrupamientos, lejos de proveer una dinámica histórica, presentaron sociedades desconectadas y aisladas, entregadas, por entero, a la ardua tarea de subsistencia.

De otro lado, la reconstrucción y formulación de categorías para las sociedades que habitaban la selva tropical húmeda estaba formulada sobre supuestos niveles de “complejidad tecnológica”, densidad de población y “complejidad sociopolítica”. Estos tres indicadores eran los ejes que armaban y desarmaban sociedades. Así las culturas denominadas de “selva tropical húmeda” aparecían en el escalón más bajo de la evolución, puesto que carecían de herramientas de elaborada fabricación junto a una población de baja densidad organizada según lazos sociales de parentesco.

“Para comprender la naturaleza de la cultura de selva tropical, lo más importante es reconocer que, cualquiera que sea el origen de cada ítem de la cultura, las caracteristicas cruciales se volvieron la base de una cultura adaptada a la agricultura de tala y quema, pesca ribereña y caceria en un ambiente que puso muchas y serias dificultades sobre todas las actividades y que impidió el desarrollo de una población densa, grandes pueblos y asentamientos permanentes, comparados con los de las áreas de los Andes y Circuncaribe” (Steward y Faron, 1959:291) Traducción libre.

Estos grupos permanecían en este estadio en virtud de la exigencia del medio, el cual era homogéneo a los ojos de los autores -distinguiendo sólo las tierras interfluviales de las ribereñas- además de incapaz de soportar agricultura intensiva y a gran escala y, por si fuera poco, avaro en recursos proteínicos. De modo que las sociedades habitantes de este medio pasarían la mayor parte del tiempo de sus vidas librando una colosal batalla para subsistir, lo cual les impediría desarrollar complejas técnicas y menos aún dedicarse a crear instituciones muy elaboradas. Las pocas instituciones que los autores reconocen a estas sociedades son, o bien fruto de los temores y amenazas originadas en el medio y duplicados en forma fantasmal en sus mitologías y rituales, O bien, son estrategias para limitar el crecimiento de la población -caso del infanticidio y la brujería.

Entre tanto, las sociedades andinas serían el reverso de la medalla de estas sociedades silvícolas. El medio abundante y propicio para la adquisición de recursos -suelos fértiles para una agricultura intensiva, variedad de productos debidos a la diversidad de pisos térmicos, - facilitó el crecimiento de la población, la disponibilidad de tiempo para la búsqueda e invención de complejas tecnologías y además generó la necesidad de sistemas sociales y políticos tan complejos como el Estado, para resolver el problema de la administración de los recursos en el marco de una gran densidad demográfica nucleada.

Construidos estos dos polos, las otras sociedades se ubicarían más cerca del uno o el otro, dependiendo de su ubicación geográfica, su acceso y manejo de recursos, su capacidad de integrar préstamos tecnológicos e incluso de su habilidad para reconocer territorios amplios y organizarse dentro de ellos, optimizando su acceso y adaptación al medio.

El producto final del trabajo de laboratorio de Steward y Faron es una teoría evolucionista que se apoya en el difusionismo para proporcionar explicaciones sobre el carácter de las sociedades en transición o de las que se hallan en el centro del eje evolutivo.

Los inga y Kamsá (1) , ubicados en un valle a 2.200 msnm, en un corredor andes-selva sobre el costado oriental de los andes colombianos, abrían un problema de difícil resolución -no planteado por Steward y Faron- puesto que compartiendo el mismo territorio y con algunas instituciones de base semejantes, hablaban dos lenguas completamente diferentes: el kamsá aún no satisfactoriamente clasificado y dos dialectos quechuas. ¿Cómo habría llegado a producirse esta complementaridad cultural? ¿Por qué pasó inadvertida a los ojos de los investigadores de esta época?

La respuesta a la última pregunta la encontramos parcialmente en la juventud de la propia antropología colombiana, apenas puesta en marcha en la década de los cuarenta, razón por la cual todos los campos están abiertos para entonces. Al mismo tiempo, hay ausencia de una política internacional para contextualizar las prioridades en el campo de la etnografía, la etnohistoria y la arqueología. El suroccidente colombiano permanece mudo, constituyéndose en un black hole en relación con las investigaciones que se han adelantado en Perú y en Ecuador, incluso en la selvas amazónicas de Colombia y Venezuela. Sin duda, otra razón radicó en el “espejismo” cultural generado por las obras arquitectónicas dejadas por los incas, las cuales atraían toda la atención de los arqueólogos y estudiosos que todavía seguían viendo a las sociedades Estado como el máximo grado de desarrollo para las sociedades indígenas americanas. La extensión del dominio imperial de los incas ha sido objeto de una gran cantidad de investigaciones etnohistóricas y arqueológicas, pero es Murra (1975) quien problematiza de una manera adecuada las relaciones que guardaron los incas con el medio, descubriendo, al tiempo, cómo ellos articularon las sociedades y sus respectivos controles sobre el medio, al imperio.

Murra encuentra que la característica fundamental de la adaptación a los variados pisos térmicos de los Andes está determinada por el manejo microvertical de los recursos. Esto quiere decir que en cada piso térmico existen enclaves culturales especializados que se dedican a la explotación de los recursos allí disponibles. Las relaciones entre los diferentes enclaves son de complementaridad  comercial y simbólica, constituyéndose esto en la columna vertebral del imperio y en la dinámica fundamental de su historia y modos de expansión.

Murra descubre, igualmente que el modo de expansión del imperio obedece a estas reglas de adaptación y control de los recursos. Las múltiples etnias derrotadas por la expansión militar, fueron insertadas a la estructura social, política y religiosa del imperio, siguiendo la lógica de la microverticalidad, pero adicionando sistemas de control especializados en los puntos de estas microverticalidades donde la estrategia militar, la estrategia comercial y las alianzas políticas lo permitieran o lo necesitaran. A esta construcción de control se le denominó archipiélago y tenía la característica de ser un locus multiétnico, militarmente fortificado y multiespecializado desde el punto de vista de la división del trabajo, en donde se encontraban yanaconas , mitimaes  e incluso chasquis.

El impacto del peso del imperio incaico se dejó sentir en los estudios antropológicos colombianos, al punto que A. Juajibioy, investigador del área suroccidental, declara sin ambages, que los grupos habitantes quechua del suroccidente de Colombia son colonias mitimaes o avanzadas militares de los incas que penetraron el suroccidente de Colombia, al momento de la llegada de los españoles.

Extrapolando la teoría de Juajibioy, la presencia de quechua hablantes se debía también a una necesidad histórica creada por el avance de la conquista española sobre territorio colombiano, por las huestes dirigidas por Sebastián de Belalcázar. Pero también existe otra afirmación, la de Chávez, que dice que los inga provinieron de las selvas peruanas, habiendo entrado a Colombia por el río San Miguel (citado en Arocha 1985:156).

Estas afirmaciones eran virtualmente neutras puesto que no había excavaciones arqueológicas ni estudios etnohistóricos suficientes para demostrar si eran ciertas o no, tanto del lado del Ecuador como de Colombia. Las teorías de Juajibioy y Chávez “resolvían” el problema de la presencia de hablantes quechuas en nuestro territorio, pero no así el origen de los kamsá. Tampoco aclaraban la complementaridad cultural entre inga y kamsá.

Por otra parte, (Lathrap (1970) ha revelado la existencia de muy antiguos circuitos de intercambio en la amazonía que conectaban el Ucayalli al Cusco y el centro del Amazonas al río Negro. Esta afirmación nos coloca frente a una nueva imagen de las comunidades de selva tropical húmeda. En primera instancia, aparecen conectadas entre sí con fines comerciales, pero además aparecen conectadas con los Andes, lo cual sitúa el problema que venimos tratando en una nueva dimensión, cual es la de las dinámicas regionales y los complejos .

La necesidad de llegar a un marco amplio de contexto la han sentido, así mismo, investigadores de poblaciones indígenas del piedemonte ecuatoriano:

"...por razones que tienen que ver a la vez con el estado de los conocimientos sobre la historia amazonica, con las características de la documentación sobre el pasado de las sociedades jívaro así como con la naturaleza singular de la relación que estas etnias mantienen con la historicidad, me he visto obligada, en mi intento de reconstruir la historia jívaro, a adoptar una aproximacion macro-regional o macro-étnica desbordando así ampliamente las fronteras de la unidad considerada, como modo de despejar las variaciones significativas, las dinámicas particulares, indistinguibles desde una perspectiva monográfica (...) El resultado es un objeto paradójico en ciertos sentidos, a saber una totalidad -el conjunto de las culturas del piedemonte oriental- percibida bajo el ángulo de sus relaciones con uno solo de sus elementos -el bloque jívaro. (Taylor, 1988:15)

Lo cual implica, para el caso de la autora, localizar e identificar culturalmente las poblaciones que rodean a los jívaro y reconstruir las interrelaciones del conjunto.

Si bien estas observaciones conservan su validez para las poblaciones objetos de este ensayo, la especificidad de contar con una complementaridad socio-cultural entre dos etnias que ocupan los mismos territorios, agrega otros niveles de complejidad. Antes de continuar, se deben comprender primero las características generales del paisaje regional, con el fin de formarse un cuadro de los recursos disponibles y entender las estrategias que las distintas poblaciones pondrían en juego para su apropiación, fundamentando esa relación complementaria.

 

EL PAISAJE REGIONAL

E l territorio de interés se centra en el suroccidente colombiano entre 0º 30’ y 2º 00´ latitud norte y 76º 00´ y 77º 30´ longitud occidental, aproximadamente. Sin embargo, como se podrá apreciar más adelante, las relaciones allí construidas desconocen las fronteras político-administrativas vigentes.

Un corte transversal muestra cómo en 250 km se cuenta con una franja costera sobre el Océano Pacífico (de unos 100 km) y una zona andina accidentada que desciende hacia las tierras bajas de la cuenca amazónica, proporcionando una amplia variedad de zonas ecológicas, desde los manglares a nivel del mar o las selvas de  las tierras bajas, hasta los páramos sobre los 4.000 msnm.

La zona montañosa andina proviene del Ecuador donde se estrecha, a veces hasta menos de 150 km de ancho, como dos ramales que se funden en el Nudo de los Pastos, y de donde surgen las cordilleras occidental y centro-oriental. Esta última, a la altura del macizo colombiano o Nudo de las Papas, se divide en la Cordillera Central y la Cordillera Oriental. Las cuencas hidrográficas son las protagonistas de estas divisiones. Mientras en los páramos andinos, al lado de los volcanes, se generan los grandes ríos que van a marcar estas divisiones, por las cuencas que forman los cursos de sus aguas y de sus afluentes se viaja a través de una inmensa variedad de zonas ecológicas resultantes de la variación en cuanto a altura sobre el nivel del mar, a la situación en la zona costera, las planicies andinas, los valles interandinos, el piedemonte o las tierras bajas, etc., al incidir en condiciones de pluviosidad, humedad, características pedológicas, de fauna y flora.

Como consecuencia, en cuestión de horas o de pocos días se puede tener acceso, a pie, a estas diferentes ecologías y en las tierras bajas amazónicas, los ríos, una vez pasados los rápidos y torrentes del piedemonte, se convierten en vías de comunicación de vital importancia.

Para delimitar con mayor precisión el área que fue marco de las actividades de los inga y kamsá de la época de la conquista, debemos remitirnos a las divisiones que en ese momento percibieron los conquistadores y los españoles que intervinieron en la regulación de la actividad colonizadora en esta región.  

Los españoles delimitaron lo que podría corresponder a la zona de los Quillacinga (ver parte de un área cultural, la mapa 1), cuyo límite occidental es el río Guáitara y el oriental las montañas orientales que rodean al Valle de Sibundoy. Al Norte habría alcanzado el río Mayo, al suroccidente el río Guáitara y al suroriente las montañas que bordean el sur del Valle de Sibundoy.

En la zona andina es pertinente ubicar los ríos cuyas cuencas fueron utilizadas por las poblaciones prehispánicas quillacinga y quechua-hablantes habitantes del suroccidente colombiano: los ríos Guáitara, Juanambú y Mayo al occidente del territorio. Al Oriente la laguna de la Cocha, y los ríos Putumayo y Caquetá en sus cursos altos y medios. El conjunto resultante se acerca a lo que los españoles denominaron acertadamente “una tierra muy doblada”, con ríos encajonados, valles pequeños o terrazas, colina, volcanes, páramos, con diversidad en climas, humedad, lluviosidad, suelos, así como en flora y fauna.

Los asentamientos encontrados

Recientes trabajos etnohistóricos han permitido definir las siguientes zonas geográficas en relación con los asentamientos allí encontrados y descritos por los españoles:

1)  El Valle de Sibundoy

De particular interés es el Valle de Sibundoy, ya que en él habitan, hoy en día, prácticamente toda la población kamsá y alrededor de una tercera parte de la inga. Además, está ubicado en la vertiente oriental de la cordillera, un valle corredor entre andes-selva, donde se origina el río Putumayo, que se extiende entre 1º 07` y 1º 12’ latitud norte y 76º 53’y 77º 00 longitud occidental. Sus límites naturales son la cordillera del Portachuelo, al suroccidente, y los cerros Cascabel, los volcanes Bordoncillo y Patascoy, al nororiente. Las alturas que lo rodean oscilan entre 600 a 1.300 m sobre la parte plana.

Tiene un clima frío, y húmedo, correspondiente al de “bosque muy húmedo montano bajo” (según la clasificación de L.R. Holridge). Según registros recientes del Himat (Bello 1987), presenta una precipitación promedio multianual de 1.578 mm frente a una capacidad evaporante de la atmósfera de 500 mm / año. La humedad relativa promedio multianual es del 83%. El 44% de la precipitación cae en el período de mayo a agosto y la estación más seca es de noviembre a febrero. La temperatura tiene una media anual de 16.20C, valores máximos de 31°C y mínimos absolutos de 0.6°C, presentándose en el período de noviembre y diciembre las más altas temperaturas, en septiembre las más bajas. No se presentan heladas. (Bello, 1987:15).

El Valle constituye una elipse de aproximadamente 52.500 hectáreas distribuidas en tres zonas: a) Zona alta montañosa: Entre los 3.300 y 2.800 msnm, con temperaturas muy bajas, tiene una extensión de 25.000 hectáreas, poblada de bosques. b) Zona intermedia: entre los 2.800 y 2.200 msnm, tiene 19.000 hectáreas. Con bosques naturales. c) Zona del Valle: 8.500 hectáreas, planas a cóncavas, con pendiente de 1% en promedio, ubicada a 2.000 msnm. Con suelos de origen lacustre (el 65% de esta zona, valores altos de capacidad de intercambio catiónico, marcada acidez, ricos en calcio, contenidos medios de magnesio, fósforo, sulfatos peligrosos sin drenaje, susceptibles de procesos irreversibles de asentamiento), aluvial, coluvial, coluvio aluvial. Antes de las obras de desecación, realizadas en este siglo, presentaba una amplia zona de inundación y pantanos por sus características hidrográficas.

El Valle forma parte de la hoya del río Putumayo desde su nacimiento en el Cerro Tortuga, en las estribaciones de la cordillera de Portachuelo, hasta su salida por la garganta de Balsayaco formada al Occidente por el cañón del Volcán Patascoy y al Oriente por las montañosas del Portachuelo.

Las microcuencas de la hoya del río Putumayo entran al Valle en forma de ríos, quebradas y arroyos, originadas en las altas pendientes que rodean al Valle, y anualmente arrastran altas cantidades de sedimentos hacia éste. Los ríos San Pedro, Quinchoa, San Francisco, Tamauca y Bichoy se cuentan entre los principales afluentes, siendo los dos primeros, junto con el Putumayo, los ejes principales de drenaje del Valle. Sin embargo, la escasa capacidad de sus cauces para conducir los aportes de agua y sedimentos, facilita la inundación de grandes extensiones.

Vista de uno de los canales de riego en el Valle de Sibundoy

Desde mediados de este siglo, se construyó un distrito de riego, que permite controlar la cuenca del Valle. (Bello, 1987).

2) La montaña (Pueblos de la Laguna y Patascoy)

Se extiende entre 1.10° N 77.10º W y 1.00° N 77.05º W, a una altura de 3.000 a 4.000 msnm. Es una zona de páramo y bosques fríos. Aquí se encuentra la laguna de la Cocha.

3) Camino de Quito

Ubicado entre 1.13º N 77.17º W y 1.13º N 77.27º W con alturas comprendidas entre los 2.000 y los 3.000 msnm. Clima frío. Al Oeste está bordeado por el río Guáitara y su territorio es cruzado en dirección Este-Oeste por afluente del mismo.

4) Valle de Atriz

Localizado entre 1.13°N 77.17º W y 1º N 77 ° W a una altura de 2.500 msnm rodeado de montañas que se elevan 500 a 1.000m sobre la planicie del valle, entre las cuales está el Volcán Galeras. Del extremo noroccidental se desprende el río Pasto. Desde la colonia apreciado por su potencial agrícola.

5) Camino a Almaguer y Popayán

Ubicado entre 1.230 N 77.09º W y 1.35° N 76.58º W, con alturas que varían entre los 1.000 y los 2.000 msnm. Clima templado, pero variado. Bordeado al Oeste por el río Guáitara, atravesado por los ríos Pasto y su afluente el Juanambú, el primero desembocando en el río Patía.

 

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1. o Camëntsa (regresar 1)

* Recientemente los Kamsa se autoidentifican como camëntsa (regresar *)