Diez años de descentralización. Resultados y Perspectivas.
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DESCENTRALIZACION Y ORDEN PUBLICO

Néstor Raúl Correa Henao *

 

INTRODUCCION

El objetivo del presente documento es analizar el "estado del arte" de los hechos, las tendencias y las alternativas de la relación que media entre la descentralización y el orden público.

Este documento hace parte de la publicación colectiva que bajo los auspicios de la Fundación Friedrich Ebert de Colombia -FESCOL, realiza un grupo interdisciplinario de investigadores.

La descentralización es un mecanismo administrativo que consiste en transferir del centro ala periferia funciones políticas, administrativas y/o financieras para que sean ejercidas autónomamente por quien recibe tales atribuciones.

El orden público, por su parte, es una noción material que consiste en la existencia de condiciones propicias para la convivencia tranquila y normal de la sociedad civil.

El tema del presente ensayo -descentralización y orden público-  bien ha podido denominarse al revés: Centralización y Orden público. En efecto, en materia de manejo del orden público, lo normal en Colombia, como en todas partes, ha sido la centralización y la excepción ha sido la descentralización.

Incluso en los albores del Estado moderno, en los siglos XVII, XVIII y XIX, el denominado Estado gendarme, caracterizado por una actitud pasiva del Estado y un amplio margen de maniobra de la iniciativa privada –laissez faire , laissez passer- los servicios básicos de policía y de administración de justicia fueron -casi los únicos- reconocidos como propios del Estado.

En realidad, el estudio de la historia de la humanidad transita por el estudio de la centralización del monopolio del uso de la fuerza en un órgano único y legitimado para ello.

Es por ello que la centralización ha sido siempre la regla general en la gestión del orden público. Colombia no ha sido la excepción. Más allá del orden público, la descentralización política, administrativa y financiera, por su parte, también ha sido en este siglo la excepción. A comienzos del presente siglo se comenzó a presentar un intervencionismo de Estado para corregir las desigualdades extremas que presentaba la economía libre de mercado. El Estado empezó a actuar en diferentes sectores y de diversas maneras, lo cual se tradujo en un irracional crecimiento estatal, en Colombia, como en todas partes, que algunos califican de gigantismo. Particularmente la rama ejecutiva del nivel central de gobierno se vio incrementada con el intervencionismo. En la década de los setenta y ochenta se empezó a descentralizar como reacción a los fracasos del centralismo producido por la actuación estatal. Colombia, aquí de nuevo, no fue la excepción.

Sin embargo, en Colombia, debido a los críticos niveles de violencia, cuyas causas e historia se analizan en el presente documento, el centralismo en el manejo del orden público no ha sido suficiente para conservarlo o restablecerlo allí donde ha sido turbado.

Hoy en día, luego de más de 40 años bajo la vigencia de los estados de excepción constitucional -estado de sitio y conmoción interior-, el país no tiene ni las condiciones materiales para que las personas vivan con dignidad ni las condiciones policivas para vivir en paz.

Como anota Bobbio, "la paz es sí un bien necesario pero no también suficiente, ya lo sumo que es un bien prioritario... La paz es sólo la condición preliminar para la realización de una libre convivencia". (1)

Por estos días se alzan voces en Colombia para revisar el manejo tradicional del orden público. Algunos abogan por una mayor centralización e incluso una re-centralización de funciones en el nivel central de gobierno. Otros son proclives a una descentralización del manejo del orden público. Razones no les faltan a unos u otros. Este documento no pretende, de ninguna manera, dirimir tal asunto. Sólo se busca aquí aportar con neutralidad elementos de juicio para una mayor ilustración y racionalización del debate, a partir de una especie de "fotografía" del estado del arte.

Por otra parte, se han utilizado en esta investigación diversas fuentes que van desde una abundante bibliografía en libros, revistas y periódicos -como se podrá advertir en las citas-, hasta la entrevista personal, pasando por la actualidad normativa y jurisprudencial. Por último, el plan de esta investigación no es arbitrario sino que se encuentra armonizado con las otras publicaciones de este libro colectivo, así: primero se analizan los hechos, luego las tendencias y posteriormente las alternativas en materia de descentralización y orden público. Al final se hace un resumen del documento y se presentan los Anexos.

HECHOS

En esta primera parte se realizará un diagnóstico fáctico de la descentralización y del orden público en Colombia.

La descentralización

El estudio de la descentralización en Colombia exige dar una breve mirada a la historia de los nexos nación-entidades subnacionales" como se hace a continuación.

El Estado colombiano no fue el resultado del desarrollo de una secular unidad nacional, como en Europa, sino que primero fue una creación jurídica, esto es, fuimos antes un Estado que una nación. En Colombia incluso hoy podría afirmarse que tenemos más territorio que Estado.

El surgimiento de una burguesía criolla en Colombia permitió la liberación de España a principios del siglo pasado, pero de allí no surgió un mercado nacional. Desde sus orígenes, la economía colombiana, como la latinoamericana, estuvo volcada hacia la exportación de sus recursos y materias primas, de suerte que apenas si se estableció una red de comunicaciones que permitiera la salida al exterior, mientras que internamente las regiones permanecían incomunicadas entre sí.

En este sentido, se inscribe la lucha a mediados del siglo pasado , entre los centralistas y los federalistas, que desataron numerosas guerras internas clausuradas siempre con pactos de paz consignados en reformas constitucionales.

Si bien el centralismo que imperó desde 1886 sirvió para generar una cierta unidad nacional, fue impotente para solucionar los problemas estructurales de la sociedad colombiana.  A partir de los años setenta empezó a establecerse en el mundo un nuevo orden económico internacional; desde entonces se inició  un proceso en el que los capitales se transnacionalizaron y los  mercados se unificaron. El Estado en consecuencia entró a revisar sus relaciones con la sociedad civil, su papel en la economía y su tamaño. La apertura económica, la desregulación, la privatización, la desestatización, la participación y la descentralización se impusieron. Hacia dentro y hacia afuera el Estado se redimensionó. Fue por ello que en la década de los ochenta se inició un ambicioso proceso de descentralización. La descentralización fue más una municipalización, como quiera  que el departamento fue desplazado un poco. Con la Constituyente  se emparejarían luego ambos procesos.

Uno de los objetivos explícitos de la descentralización fue, aparte de la reducción del déficit fiscal de la nación -que, como se demuestra en otro ensayo de este libro, no se produjo-, la atomización de las luchas populares mediante la focalización en el ámbito local de la función -y por consiguiente de la responsabilidad de su inoperancia-. Como anota Darío Restrepo, "entre 1970 y 1986 más del 62% de los paros cívicos tuvieron como causa inmediata la no prestación, la mala calidad y los costos de los principales servicios públicos domiciliarios, acueducto, alcantarillado y energía eléctrica... En este contexto, de los paros cívicos nacen coordinadoras sociales y movimientos cívicos de carácter político que constituyen formas permanentes de organizacion popular por fuera del bipartidismo" (2) Tal afirmación queda de manifiesto en los cuadros 2, 3 y 4 (anexos al final de este trabajo).

La descentralización fue un proceso que transitó el siguiente camino: primero los aspectos fiscales -Ley 14/83- y políticos –elección popular de alcaldes, Acto Legislativo No.1 de 1986- antecedieron incluso a los administrativos -Decreto Ley No.077 de 1987-.

Más tarde se crearon programas nacionales tendientes a superar los problemas que presentaban los municipios de mayor violencia. Tal fue el caso del Plan Nacional de Rehabilitación -PNR-, el cual, según palabras de la Secretaría de Integración Popular de la Presidencia de la República, "surge como el componente de la política de Paz que busca erradicar de las regiones afectadas por los enfrentamientos armados, los factores que hacen de ellas un medio propicio para la propagación de la violencia". (3) El mismo documento agrega más adelante que "la (sic) áreas donde los enfrentamientos armados, han dejado de ser choques esporádicos para afectar sensiblemente las condiciones de vida de los habitantes, han sido consideradas como las regiones objeto del Plan" (4)

Igualmente se hicieron esfuerzos por regionalizar el país -Ley 76, de 1985-. Luego se reformó la estructura sectorial nacional. Durante todo este tiempo el municipio colombiano se revitalizó y el departamento pasó a un segundo lugar .

Este era el estado del arte de los nexos que mediaban entre la nación y las entidades territoriales al momento de la Asamblea Nacional Constituyente -1991-.

La nueva organización territorial establecida en la Carta Política representa, en esencia, respecto del antiguo régimen, un doble cambio cuantitativo y cualitativo. Cuantitativamente, Colombia pasó de tres niveles de gobierno que tenía bajo la Carta de 1886 -nacional, seccional (que agrupa a los departamentos, intendencias y comisarías) y local (municipios y distritos), a seis niveles de gobierno que se prevén en el artículo 286 de la nueva Constitución -nacional, regional, departamental, provincial, entidades indígenas y local (municipios y distritos)-. y cualitativamente el país hizo tránsito de un régimen relativamente descentralizado a un régimen significativamente autónomo. En los artículos 10. y 287 de la Carta se predica la autonomía de las entidades territoriales en los campos político, administrativo y fiscal.

En este sentido, la elección popular de gobernadores y la fijación de un período  de tres años para todas las autoridades territoriales de elección ciudadana fueron los hechos más sobresalientes.

Con posterioridad ala expedición de la Constitución se ha producido una abundante e importante legislación relativa a la descentralización tanto en el Congreso de la República como mediante los mecanismos excepcionales previstos en el artículo 20 transitorio de la Constitución, en virtud del cual se expidieron 62 decretos denominados de modernización del Estado.

El orden público

Existen dos acepciones del orden públicos (5): una amplia y otra restringida. La primera consiste en que en el derecho público contemporáneo se ha hecho camino una noción material, objetiva del orden público, que se traduce en la existencia de circunstancias propicias para la convivencia ordinaria, pacífica y equilibrada. No sólo trata del mantenimiento material del orden en las calles, sino también del mantenimiento de un cierto nivel cualitativo de vida, que se compadezca con la dignidad humana, al tenor del artículo lo. de la Constitución. En este sentido, la seguridad de las personas y de los bienes, la salubridad y la tranquilidad hacen parte ciertamente del orden público, pero la noción comprende también aspectos económicos, ambientales y estéticos. En otras palabras, el orden público no es sólo la ausencia de guerra o incluso la ausencia de zozobra -concepto negativo-, sino en general la tenencia de condiciones adecuadas para vivir con dignidad -concepto positivo-;

Y la acepción restringida de orden público se relaciona concretamente con el problema de la paz y la tranquilidad ciudadanas. Este es el sentido de la expresión orden público que se empleará en este documento.

La violencia política y social no es un hecho nuevo en el país. La historia colombiana ha estado atravesada por agudas confrontaciones y por derramamientos de sangre. Es necesario tomar aquí en consideración algunos aspectos esenciales presentados en los Últimos cuarenta años que nos permiten entender mejor las circunstancias presentes.

- Hace poco más de 40 años, el 9 de abril de 1948, el líder popular Jorge Eliécer Gaitán fue asesinado en el famoso bogotazo. Este hecho marcó el comienzo del período llamado La Violencia, que enfrentó a los partidos Liberal y Conservador, y que se prolongó casi por una década. Algunos estiman que por lo menos 200.000 personas murieron como consecuencia de dicha confrontación.

- La Violencia se extendió abiertamente hasta la suscripción del pacto Liberal-Conservador que dio nacimiento al Frente Nacional en 1958. Con base en dicho pacto, el gobierno militar del General Gustavo Rojas Pinilla entregó el poder a los partidos tradicionales. El pacto suponía fundamentalmente la repartición y alternancia en el gobierno entre los dos partidos. Esto implicaba tanto alternarse la presidencia como compartir las principales posiciones políticas. Si bien con ello se le dio una salida a La Violencia, es lo cierto que con ello se excluyó del espectro político oficial a otras fuerzas políticas. Asimismo, sectores sociales que habían estado muy activos durante La Violencia -principalmente campesinos-, no sintieron que el pacto diese respuesta a importantes reinvindicaciones sociales. Estos factores habrían de constituirse, años más adelante, en la principal fuente de debilidad del esquema y, entre otros efectos, en la generación de los movimientos guerrilleros. El Frente Nacional debía regir hasta el año 1974 pero se extendió, por decisión de ambos partidos, hasta 1985.

En la década de los 60 se produjo en Colombia, como en muchos países de América Latina, la emergencia de importantes movimientos guerrilleros. Este hecho tenía explicaciones relacionadas con el pasado inmediato: bases sociales de uno y de otro partido y dirigentes campesinos en general que no se sintieron incluidos dentro de los acuerdos del Frente Nacional alimentaron a los grupos guerrilleros, en especial a las denominadas Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (F ARC), que empezaron a operar a principios de dicha década.

- Las respuestas oficiales frente a la inestabilidad social no se tradujeron en el campo social o político sino en el militar, concentrándose en el uso de la figura del estado de sitio -hoy denominado conmoción interior-. Este estado de excepción constitucional ha permanecido en vigencia durante 30 de los últimos 40 años en forma casi ininterrumpida hasta la actualidad. La institucionalización del estado de sitio parece haber sido un marco apropiado dentro del cual las fuerzas de seguridad han ido asumiendo -incluso hoy- roles crecientemente protagónicos en el proceso de toma de decisiones y en el control del orden interno, lo cual incluye desde luego la esfera de la descentralización.

- A mediados de la década de los años 70, el tráfico de drogas empezó a ocupar un papel importante en la escena política y social. Se empezó con sembradíos de marihuana, primero en áreas pequeñas y luego en gran escala, para abastecer la demanda creciente proveniente en especial de los Estados Unidos. Los impresionantes efectos económicos de todo ello se conocieron como la Bonanza Marimbera. Como es bien conocido, al final de los años 70 el cultivo de marihuana fue cediendo el paso al negocio de la cocaína: su producción y comercialización se convirtió en una inmensa fuente de fortuna y poder. Surgieron en Medellín y Cali los llamados "carteles" de la droga, que impusieron nuevas formas de expresión del crimen organizado y crearon otra fuente de violencia en la sociedad colombiana; esta fuente subsiste hoy.

- Ya en los años 80, frente a la inseguridad derivada sea de las operaciones guerrillearas o de la actuación del crimen organizado, en diversas zonas del país los propietarios de tierras fueron contratando guardaespaldas o formando grupos de auto-defensa, en algunos casos con la colaboración del ejército nacional. Algunos de estos grupos se convirtieron más adelante en aparatos ofensivos y bien armados con propósitos claramente políticos, orientados a amedrentar o eliminar a quienes consideraban sus enemigos políticos. Tales grupos también subsisten hoy en día.

Igualmente, la violencia en el país fue pasando de los asesinatos individuales a masacres y homicidios múltiples. La masacre se define como el asesinato simultáneo de cuatro o más personas y el homicidio múltiple como el asesinato simultáneo de tres personas. Tanto en la masacre como en el homicidio múltiple, las víctimas se encuentran en total estado de indefensión. Durante los años ochenta, la masacre estuvo siempre presente. Según la Consejería de Paz de la Presidencia de la República, en 1980 hubo 6 masacres de más de cinco personas; en 1981, 9; en 1982, 10; en 1983, 19; en 1984, 18; en 1985, 22; en 1986, 33; en 1987, 36; y en 1988 el número de masacres casi se triplica y pasa a ser de 92.

Los autores de las masacres provienen de todos los bandos, pero fundamentalmente de los grupos paramilitares y de la guerrilla.

- Militantes políticos, desde candidatos presidenciales hasta de base, de diversos partidos tradicionales y nuevos, empezaron a ser asesinados por diferentes fuerzas. Tal forma de violencia política subsiste igualmente en la actualidad.

- La violencia política se ve también alimentada por conductas de venganza de expresión de intolerancia hacia quienes se percibe como antagónicos. Desde su fundación en 1985, por ejemplo, la Unión Patriótica afirma que más de 2.000 de sus miembros han sido asesinados. Muchos de ellos habrían sido muertos por el MAS u otros grupos paramilitares. Por tales homicidios no hay aún ningún condenado. Tal situación -los delitos y la impunidad- persiste.

Paralelamente, escuelas de sicarios se constituyeron en algunas partes del país, particularmente en el Magdalena Medio. La modalidad del sicario se extendió en especial a Medellín, no sólo como expresión del narcotráfico sino en general como forma de violencia privada. También ello continúa hoy.

- Por otra parte, se ha comprobado reiteradamente que existen vínculos entre el narcotráfico y algunos miembros de las fuerzas de seguridad. La fuga y posterior imposibilidad de captura de las personas que se encontraban recluidas en la cárcel la Catedral de Envigado, es un solo ejemplo de ello. Tales vínculos son personales mas no institucionales.

- Uno de los principales fenómenos a reseñar, en esta breve historia del orden público, es de la impunidad o carencia de eficacia de la administración de justicia. En promedio de cada cien homicidios se capturan unos diez sospechosos, de los cuales se condena uno. Los otros 99 homicidas quedan en la impunidad. La certeza en la ausencia de sanción motiva a los delincuentes o, en todo caso, "no los desanima". En un país retórico como Colombia, lo que se hace no es un incremento en la eficacia sino un aumento formal del período de la pena y una mayor rigurosidad en el procedimiento. De allí que se instituyera toda una justicia de orden público, hoy denominada justicia regional, paralela a la justicia penal ordinaria.

- Ya a finales de los años 80 y en el presente año se recrudeció el denominado narcoterrorismo, mediante la explosión de bombas en Medellín y Bogotá.

- Igualmente, para la época se sostuvieron diálogos de paz con grupos guerrilleros, algunos de los cuales prosperaron -M-19, PRT , EPL y Quintín Lame-, y otros no -FARC y ELN-, Estos últimos subsisten hoy en día.

- Por último, la modalidad del secuestro se incrementó de manera espectacular durante los últimos años.

Del anterior panorama se concluye que en el país es visible la extensión y persistencia de la violencia, la impunidad, la guerrilla, el narcotráfico y la inadecuación del Estado para actuar con éxito frente a estos problemas.

Prueba de ello son las palabras del ex presidente norteamericano George Bush, cuando afirmó que "la extraordinaria violencia a que se ve sometida Colombia es perpetrada principalmente por guerrillas, traficantes de drogas y escuadrones de la muerte que a veces operan con el apoyo o la autorización de la Policía y las Fuerzas Armadas. La Policía y las Fuerzas Armadas son también responsables por el significativo número de abusos, particularmente en las zonas de violencia política o de tráfico de drogas" (6) ,

El uso de la violencia como método de solución de los conflictos sociales y políticos parece haberse legitimado en todas las esferas, tanto particulares como públicas.

Por ejemplo, para algunos grupos que trabajan en la defensa de los derechos humanos, esta especie de militarización del conflicto es de alguna forma avalada por el papel del Estado, debido al casi permanente estado de conmoción interior, la precariedad institucional -principalmente de la administración de justicia- y ciertas omisiones en adoptar decisiones políticas sobre agentes del Estado implicados en sucesos criminales, son parte ineludible del panorama. La persistencia de la violencia y de la impunidad es en cierta forma un resultado de la inhabilidad del Estado para cumplir sus funciones fundamentales y expresar adecuadamente los intereses de la población.

Para otros autores nacionales, el problema no es el Estado sino una supuesta "cultura de la violencia" que golpea incluso las puertas del Estado pero que en general es una característica de la sociedad civil.

En todo caso, sea cual fuere la posición que se adopte, es preciso anotar que si bien hay indicaciones que se han hecho esfuerzos para mejorar la situación en Colombia -lo cual incluye la expedición de la Constitución de 1991-, la violencia continúa.

Actualmente en el país la primera causa de muerte en hombres adultos es el homicidio. La muerte natural es menos natural que la violenta. Además, quienes siguen de cerca la situación de los derechos humanos tienen datos desalentadores para el período que va de enero de este año hasta el presente, como se aprecia en los Anexos de este trabajo.

La reciente Convención de Viena sobre los Derechos Humanos fue marco para que la comunidad internacional reiterara el dudoso honor de posicionar a Colombia entre los países en donde más se violan los derechos humanos.

Con las anteriores ideas como marco general es preciso ocuparse, para los efectos del presente trabajo, del ámbito espacial de la violencia en particular .

En este sentido, el claro que la perturbación del orden público se presenta con mayor rigor en unas regiones que en otras.

En efecto, en 1988 un artículo de Reyes y Bejarano sostenía que "con excepción de la Guajira, la Costa Pacífica, gran parte de Nariño y las Comisarías (sic) de Amazonas y Vaupés, el resto de la geografía nacional es terreno de confrontación entre las guerrillas y las Fuerzas Armadas del Estado... Entre 1985 y 1987, las guerrillas han actuado en 339 de los 1.009 municipios del país. Hemos identificado seis grandes regiones de violencia insurgente y contrainsurgente: el Magdalena Medio, la región antioqueña, el piedemonte de la Cordillera Oriental, la región nororiental, la suroccidental y la Costa Atlántica" . (7)

Y tal tesis es reiterada en un informe reciente de la Consejería para la Defensa y la Seguridad, en el que afirma que "las regiones con el mayor número de municipios con presencia guerrillera y precario nivel de desarrollo son: el Bajo Cauca, el Magdalena Medio, el Urabá y el occidente de Antioquia; los valles de los ríos Sinú y San Jorge; el sur de los departamentos de Bolívar y Cesar; el Magdalena Medio Santandereano; el límite entre los departamentos de Boyacá y Casanare; el Alto Magdalena; Nariño y la región del Sibundoy; el centro y norte del departamento del Cauca; el sur del Tolima; el occidente del Caquetá y la región del Ariari-Guayabero...

Del total de 432 municipios con presencia guerrillera el 66% es decir 287 se presentan sin otros factores generadores de violencia. En 88 que representan el 20%, se han detectado cultivos y/o laboratorios. En 830, correspondientes al 7%, se detectan grupos de autodefensa. En los 27 restantes, que representan el 6%, tienen además guerrilla, grupos de autodefensa y cultivos y/o laboratorios" (8)

 

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* Abogado Contitucional. Asesor de la Fundación Friedrich Ebert de Colombia, FESCOL. (regresar)

1. Cfr. BOBBIO. NORBERTO. El problema de la guerra y las vías de la paz. Gedisa. Barcelona, 1982. pag 179.
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2. RESTREPO, DARÍO. Descentralización y Neoliberalismo. Fondo Editorial (CEIR-Realidad Municipal). Bogotá, 1992. pag 127.
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3. Vid: El Plan Social por la Paz. DANE-DAPRE. Bogotá, julio de 1986, pag 9. 4. Idem, pag 15.
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4. Idem, pag 15.
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5. Cfr. proyecto de ley elaborado por el grupo "lniciativas por la paz y en contra de la guerra", por el cual se reglamenta el artículo 22 de la Constitución, elaborado de manera colectiva por ONG'S de todo el país y redactado por el suscrito.
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6. Vid. "El Tiempo". Enero 20 de 1993.
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7. REYES POSADA, ALEJANDRO y BEJARANO, ANA MARÍA. "Conflictos agrario luchas armadas en la Colombia contemporánea: una visión geográfica". Revista Análisis Político. Instituto de Estudios políticos y Relaciones Internacionales No.5. septiembre a diciembre de 1988. Universidad Nacional. Bogotá, 1988. pag 10.
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8. PRESIDENCIA DE LA REPÚBLICA. Consejería para la Defensa y Seguridad. Violencia y Desarrollo en el Municipio Colombiano. 1987-1992. Trabajo elaborado por Camilo Echandía. Bogotá, 1992.
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