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ZONA DE CONTACTO
O LÍNEA DIVISORIA
El manejo de las
fronteras marítimas en el caribe occidental
Beate M. W. Ratter
«It would probably be one of the ironies of history that the sea
which has so effectively separated the unit territories of the
region over the centuries should now itself become the raison
d'etre for co-operation among the countries. Such co-operation will
indeed set a new pattern for the regional economic development in
the area and constitute a breakthrough in mankind's quest for
global solutions to the problems of marine environment» (The Rt.
Hon. Dr. Eric Williams, 1973)(véase UNEP 1991).
En el marco de las negociaciones sobre un nuevo derecho del mar
internacional, estas esperanzas fueron expresadas por Eric Williams
acerca de una posible unificación de los estados insulares
caribeños bajo el concepto de una cooperación regional y ellas
todavía eran justificadas dentro de la euforia inicial. Estaba
planeado ligar las negociaciones para un nuevo orden marítimo con
el desarrollo de un nuevo y ampliamente exigido orden económico
mundial, que asegurara a los estados del Tercer Mundo una posición
más justa en la comunidad internacional. Sin embargo, tanto las
esperanzas en cuanto a este nuevo orden económico mundial como
también las expectativas iniciales de una solución cooperativa para
asuntos marinos no resultaron viables. Durante las negociaciones
del desarrollo marítimo se vio muy pronto que la «idea cooperativa»
tenía que ceder a los intereses nacionales propios de cada Estado.
Diferente de cómo fue solicitado por algunos países
«geográficamente en desventaja» desapareció la idea de una solución
regional, tal como hubiera sido razonable para mares semicerrados
como el Mar Caribe y sus recursos ante los reclamos exclusivos y de
soberanía nacional delimitada. Antes de terminar las negociaciones
y de firmar el acta final de la UNCLOS III en 1982, los reclamos de
áreas marinas anexos a las nuevas líneas de conducta con convenios
fronterizos bilaterales determinaron la discusión sobre derecho
marítimo.
¿Pero qué quiere decir en esta relación soberanía nacional
estatal? ¿Qué importancia tiene el aseguramiento del espacio marino
para el Estado, si allá no vive nadie y sobre los recursos
naturales solamente existen especulaciones? ¿Qué significa una
frontera marítima fijada sobre el papel en el medio líquido del
agua, en el cual ni los peces migrantes ni las contaminaciones
movidas por las corrientes de agua conocen sus «fronteras»? O para
hablar con las palabras de Eric Williams: ¿Qué es esa nueva raison
d' etre en relación con los problemas cada vez más graves en el
ecosistema marino, tanto sobre las bases económicas como también la
técnica en la protección del medio ambiente?
A la raison d' etre del Estado se enfrenta aquí una raison d'
etre del individuo. Mientras que el Estado ve sus efectos dentro
del juego de fuerzas entre los estados durante las negociaciones
sobre el derecho del mar y su transformación posterior en
directivas del código nacional de leyes, el individuo es
diariamente afectado en sus acciones por estos desarrollos en su
mundo vital. Por las acciones a nivel nacional-estatal el individuo
está obligado a reaccionar, es decir a cambiar de actitud y su
ambiente espacial.
Actores en relación con la fijación y demarcación de las zonas de
derecho marítimo eran y son los representantes de los gobiernos de
los estados, los cuales supuestamente actúan en favor de sus
poblaciones pero sin embargo rara vez se preocupan por los
verdaderos intereses e interrelaciones de la población afectada,
quienes en su mayoría son los que actúan en el espacio marino como
pescadores, marineros, comerciantes, pero también contrabandistas,
narcotraficantes y migrantes económicos.
Los niveles de acción resultantes están aquí doblemente
divididos, tanto en «arriba» y «abajo» como también en lo
intra-estatal e inter-estatal. Las flechas de efectos resultantes
se deben considerar en sus diferentes importancias y direcciones,
pero también en sus resultados como una legislación nacional fija y
como un potencial concreto o latente de conflictos.
Las investigaciones referente a esta dialéctica entre nivel
estatal «arriba» y nivel individual «abajo» son difíciles de hacer.
Ante todo debido a que los desarrollos no solamente se influyen
mutuamente, produciendo a su vez más reacciones, sino también
porque tanto las acciones como las reacciones en ambos lados son
influenciadas por la subjetividad de cada cual: del representante
individual del gobierno como también del pescador o habitante
costero individual.
La subjetividad de cada cual se puede comprobar en este contexto
claramente, ya que tanto los grupos de personas que se ocupan de
los problemas del derecho marítimo nacional como el número de
personas afectadas es muy pequeño. Las decisiones estatales, por lo
general, son mucho más influenciadas por la subjetividad de lo que
se supone. Esto da un papel importante no sólo al desarrollo
histórico del Estado y del individuo, como también al rol del
ambiente cultural existente.
Procesos de decisiones subjetivas no se pueden expresar en datos
cuantitativos o ser interpretados por medio de procedimientos
estadísticos. El acercamiento a estas interrelaciones por medio de
estudios de casos aislados da al conjunto de los temas siempre algo
de casualidad que no se deja cuantificar en el contexto científico
tradicional. Sin embargo se quieren confrontar los desarrollos del
derecho marítimo internacional y sus efectos sobre la legislación
nacional y la política marítima de los estados con las reacciones
sobre niveles inferiores, en el ambiente cotidiano de los
diferentes individuos y sus actividades a veces informales o
también ilegales. Bajo los temas «zona de contacto o línea
divisoria» se va a analizar en el ejemplo del Caribe Occidental el
manejo de las fronteras marítimas en el contexto de la diferencia
entre los actores y los afectados.
A pesar de que el espacio caribeño es un espacio insular y por
consiguiente un espacio marítimamente dominado, su población se
caracteriza más bien por un modus vivendi de poca orientación
marítima. Por lo tanto, el grupo de personas directamente
influenciadas por las fronteras marítimas no es muy grande. La
pesca no juega un papel decisivo dentro de la economía nacional en
casi ninguno de los estados. Y mientras que el comercio
internacional generalmente no se ve afectado por las nuevas
disposiciones del nuevo derecho marítimo, el comercio informal se
realiza ampliamente sin tomarlo en cuenta.
La pregunta en cuanto al manejo de las fronteras del derecho
marítimo en el Caribe está relacionada con los representantes
gubernamentales que defienden los intereses del Estado y la
política deseada en cuanto a los asuntos del derecho del mar. En el
punto focal de este asunto se encuentra una investigación acerca
del grado de desarrollo del derecho del mar nacional, aplicando las
directivas de la UNCLOS. En este contexto también se vuelve
importante la posición que se adopta frente a los vecinos
fronterizos en el espacio marítimo.
En el contexto de la población afectada se encuentra en primer
plano la importancia económica de este grupo de la población dentro
del conjunto nacional y su cimentación local. Un papel decisivo
corresponde a la política estatal por el uso económico o la
protección ecológica del ambiente marino. Además, es de gran
importancia el comportamiento de los afectados frente a su ambiente
cotidiano y, relacionado con esto, los contactos informales más
allá de las fronteras insulares formalmente declaradas.
La situación del
derecho del mar sobre el Banco de las Bahamas
Para las Bahamas como Estado archipielágico compuesto de más de
setecientas islas, cayos y bancos coralinos resulta muy difícil la
determinación concreta no solamente del espacio terrestre, sino
también del espacio marino bajo soberanía nacional. Pero esto no
puede ser la razón para que el proyecto de ley que declara el
estatus archipielágico, más la fijación según el nuevo derecho
marítimo de una posible zona económica exclusiva de doscientas
millas marítimas de ancho, todavía no haya sido aprobado por el
parlamento después de varios años de discusión.
Seguramente el manejo de los asuntos del derecho del mar no
ocupa el primer lugar en un Estado cuya prosperidad económica pudo
basarse hasta la fecha en un turismo floreciente y un fuerte
desarrollo de los negocios financieros offshore. El encargado de
los asuntos sobre derecho marítimo en el Ministerio de Relaciones
Exteriores tiene que atender muchos otros asuntos además de la
delimitación del espacio marítimo nacional. Sin embargo, esta
persona como participante tradicional en las negociaciones de la
ONU ya desde hace mucho tiempo, es miembro del círculo interno
caribeño de las negociaciones sobre la Law of the Sea.
La pesca en las Bahamas siempre ha ocupado un papel secundario.
Descendientes de inmigrantes griegos eran conocidos hasta
principios del presente siglo como buzos que buscaban esponjas. Sin
embargo, esta rama de producción fue totalmente destruida por una
enfermedad de las esponjas o por contaminación del agua (véase
Ministry of Education and Culture 1974). Las comunas de algunas de
las Family Islands, que históricamente se habían especializado en
la pesca (p.e. Spanish Wells, Eleuthera) encuentran cada vez más
problemas. El calentamiento del agua marina, la muerte de los
corales, las reservas pesqueras reducidas, la invasión de
pescadores extranjeros en el espacio marino de las Bahamas (véase
Boodhoo/Harnanan 1980), pero también los alimentos baratos
importados, acentuaron la mala situación de la pesca de las
Bahamas. Desde la caída de la prosperidad económica a mediados de
los años ochenta en el campo de los negocios offshore y de manera
creciente también del turismo, el gobierno está pensando en cómo se
puede ayudar a la pesca y a la agricultura.
En vista de un creciente endeudamiento estatal se pone, por lo
menos de palabra, otra vez más interés en la producción propia de
alimentos.
Las leyes de derecho marítimo de las Bahamas datan
primordialmente de los tiempos cuando era colonia británica y se
basan por lo tanto en los desarrollos tempranos de una delimitación
de la plataforma continental en los años 40 del presente siglo (p.
ej. «Order in Council Concening the Continental Shelf 1948»). En el
campo de la pesca se hizo en 1977 una reforma decisiva de las leyes
(«Fisheries Resources Jurisdiction and Conservation Act») y con
base en la nueva estrategia gubernamental para asegurar el
autoabastecimiento de la población, se espera una nueva reforma de
las leyes sobre la pesca. El área de protección del medio ambiente
marino también se amplía en la legislación, ante todo frente a los
problemas cada vez más graves de los años ochenta (véase Ratter
1993).
A principios de los años setenta las conversaciones acerca de
una iniciativa de los Estados Unidos para delimitación sobre el
Banco Blake al norte del Estrecho de la Florida se basaban en
supuestas reservas petroleras (véase Allen 1981; Prescott 1985).
Estas conversaciones se interrumpieron sin éxito, quizás debido
también a que la baja de los precios del crudo en el mercado
mundial tuvo un efecto en contra de una explotación costosa en
áreas disputadas.
Los contactos hacia el vecino meridional, Cuba, están
ensombrecidos por las posiciones políticas dominadas por
dependencias globales, las cuales solamente en tiempos recientes se
aprovechan debido a un ablandamiento de las mismas. Al lado de todo
esto se presentaron en el pasado violaciones fronterizas y
encuentros violentos contra pescadores de las Bahamas en un espacio
marino en el cual nadie sabe dónde en verdad pasan las fronteras
marítimas.
Mucho más importante que las disputas referentes a la
delimitación marítima y el apoyo a la economía pesquera nacional,
es el trato de los efectos del tráfico internacional de drogas, y
su impacto espacial. Desde hace muchos años las Bahamas tienen fama
de ser uno de los puntos de tránsito más importantes para la
cocaína suramericana en su camino hacia los mercados en América del
Norte (véase Der Spiegel 1985). La dificultad para controlar un
mundo insular tan disperso y la cercanía con los Estados Unidos
tienen una influencia positiva en este desarrollo. Especialmente en
este contexto se deben destacar la falta de posibilidades de
control o un insuficiente poder policial como factores favorables
para estos contactos internacionales ilegales. Los efectos sobre la
población de las Bahamas son múltiples. El comercio de drogas y os
involucrados en este negocio como también los afectados,
constituyen desde hace años un tema muy discutido y siempre
presente en este país.
Por causa de una creciente presión internacional cada vez mayor,
el gobierno de las Bahamas se declaró dispuesto a finales de los
años ochenta a una colaboración con la Drug Enforcement Agency,
DEA, estadounidense y le entregó hasta derechos policiacos. A pesar
de los éxitos en la lucha antidroga resultó como un efecto central
la ampliación del radio de acción de los narcotraficantes, por
ejemplo hacia las islas Turks & Caicos, ubicadas al sur de
las Bahamas.
También en este grupo de islas, el enfoque principal está en el
uso de las condiciones geográficas por medio de intereses
individuales que se enfrentan con un gobierno estatal sin poder y
desinteresado o hasta posiblemente involucrado en el negocio de las
drogas. Las delimitaciones con base en el derecho del mar juegan en
ambos territorios un papel secundario. En el caso de las Islas
Turks & Caicos los enredos de algunos representantes
estatales en el narcotráfico llegaron a tal extremo que el antiguo
Primer Ministro Saunders fue juzgado en los Estados Unidos y estuvo
purgando una condena por tráfico de drogas en una cárcel
norteamericana.
Volviendo al derecho del mar, se destaca la situación especial
de la colonia de la Corona Británica Islas Turks & Caicos,
por el hecho de que las negociaciones internacionales sobre
fronteras dependen de la madre patria británica. Pero Londres como
potencia marítima histórica poco se muestra interesada en una
delimitación del espacio marino. Durante largo tiempo el gobierno
británico intentó intervenir en las negociaciones de la UNCLOS en
contra de una repartición del mar y en favor de una navegación
libre. Incluso las delimitaciones más importantes en Europa se
hicieron esperar hasta finales de los años ochenta.
Para las Islas Turks & Caicos la pesca juega
tradicionalmente un papel económico importante. Los bancos de coral
alrededor del Estado archipielágico eran ricos en conchas,
langostas y pargos. La sobreexplotación de los recursos se hace
sentir más negativamente en forma reciente. La lucha por la
distribución de la cada vez menor cantidad de langostas y conchas
se realiza no solamente entre ellos, sino también con pescadores
procedentes de otros países. Frecuentemente embarcaciones de pesca
dominicanas son apresadas, confiscadas y la tripulación llevada a
la cárcel en Grand Turk. La delimitación de la zona de pesca de 200
millas marítimas de ancho es inequívoca desde el punto de vista
británico y colonial. La pertenencia discutida con la República
Dominicana referente a la Mouchoir Bank al sur del grupo isleño, es
sin embargo históricamente comprobable para la colonia.
Debido a que las relaciones diplomáticas directas están
limitadas debido a las disposiciones administrativas coloniales,
quedan sin resolver los problemas existentes y el foco principal de
la administración colonial se centra en el manejo de los conflictos
pesqueros. Las conversaciones que se realizan de vez en cuando
entre representantes del gobierno de la República Dominicana y de
las Turks & Caicos, no solamente se ven dificultadas por
los reglamentos administrativos de Gran Bretaña, sino que también
sufren por los prejuicios mutuos de los negociadores. Los políticos
de las islas Turks & Caicos ven al gobierno de la República
Dominicana como no dispuesto a negociar o incluso como incapaz de
hacerlo. Al gobierno dominicano se le acusa de un cambio demasiado
frecuente de los funcionarios correspondientes en el Ministerio de
Relaciones Exteriores, como también de una reposición de cargos sin
tener conocimientos suficientes para ejercerlos únicamente sobre la
base de relaciones clientelistas y de situaciones corruptas. Además
existe el temor fundado de que el hasta hoy inexistente control y
la supervisión sobre los pescadores dominicanos por parte de su
propio gobierno tampoco se efectuará después de la firma de un
convenio fronterizo bilateral.
Sin embargo, los contactos periódicos informales no son
limitados por esta posición oficial. Los vendedores de verduras
frescas procedentes de la República Dominicana y de Haití vienen de
todas maneras para ofrecer en las islas sus verduras tan
urgentemente necesitadas. Las islas Turks & Caicos
solamente son aprovisionadas desde Florida y solamente de vez en
cuando disponen de frutas y verduras frescas. Constantemente vienen
trabajadores ilegales, ante todo de Haití, los cuales debido a la
mejor situación económica en la colonia británica son ocupados como
mensajeros y jardineros. Por lo tanto, existen aquí contactos
intensivos, los cuales son tolerados y apoyados por ambas partes.
Líneas divisorias en forma de fronteras marítimas no son necesarias
en vista de semejantes contactos vecinales, e incluso serían un
obstáculo para ambos lados en caso de una rígida aplicación de
ellas.
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