|
INDICE
|
|
Frecuentemente sucede que los recursos pesqueros, especialmente
en los mares tropicales, sean sobrestimados. Una gran variedad de
especies no significa necesariamente un alto potencial de utilidad.
Más bien deben existir grandes cantidades de una especie de pesca
aprovechable, para que con un aprovechamiento industrial en gran
escala pueda ser rentable. Peces en cardúmenes como el arenque o el
bacalao no existen en el Mar Caribe. Importantes categorías de uso
en el contexto regional son los peces semi-pelágicos como pargo
(Lutjanus), jurel (Caranx) y el ronco (Haemulon), como además los
peces de alta mar como el pez espada (Xiphias Gladius), marlin
(Mahaira;Tetrapturus) y el peto o wahoo Acanthocybium solandri).
Especies pelágicas como el atún no tienen mayor importancia alli
del agua por lo general es muy alta, y se en- allí. En el
contexto local se deben considerar como importantes las especies
demersales. En el hábitat de los arrecifes coralinos se deben
nombrar las diferentes especies de peces coralinos y ante todo los
meros (Epinephelus). Para el sector caribeño de la pesca son
importantes los crustáceos: cangrejos (Penaeus y langostas
(Palinurus), que también se pescan fuertemente para el mercado
extra-regional. Una importancia regional tiene, también el caracol
de pala (Strombus gigas). Las tortugas marinas, las esponjas y las
perlas ya casi están completamente exterminadas en el Caribe debido
al uso excesivo (véase figura 2).
No obstante la clara disminución de los resultados de la pesca
en todo el espacio caribeño, se muestra que también aquí, en el
contexto local y regional, se sobreestima increíblemente el
potencial de los recursos del Caribe. Uno de los problemas
principales está en que, con pocas excepciones, hay una gran falta
de conocimientos y también de investigaciones sobre los recursos.
No existen mapas detallados, estadísticas y ningún inventario sobre
el espacio en su totalidad. Esto también es válido, y de modo
especial, para el daño del sistema ecológico. Sin embargo, desde
hace pocos años se aplican iniciativas para un cambio de esta
situación (véase Caribbean Community Secretariat 1985; 1987; López
/ Goenaga 1987; UNEP 1983).Grandes problemas se encuentran también,
al lado de la sobrestimación, por el mal aprovechamiento de los
recursos. Especialmente los peces coralinos en el ecosistema frágil
del arrecife fueron prácticamente destruidos debido a un uso
excesivo o inadecuado en el pasado (véase Haughton 1985; Sadory
1989; Stickney/Kohler 1986).
Sin embargo, o precisamente por esto, surgen problemas graves en
el área micro regional entre las comunas de pescadores que compiten
entre sí. La escasez de los recursos, lleva a un aumento de
conflictos, que en parte se realizan con frecuencia entre estados
vecinos (por ejemplo: Haití/República Dominicana; Islas Vírgenes
estadounidenses/Islas Vírgenes británicas; Venezuela/Trinidad y
Tobago; Trinidad y Tobago / Barbados). No pocas veces estos
conflictos son acentuados por delimitaciones fronterizas efectuadas
por parte de los gobiernos.
Un tema cada vez más importante es el peligro para el frágil
ecosistema tropical del Mar Caribe, que tiene que soportar amenazas
desde diferentes puntos. Especialmente en mares semicerrados como
el Caribe, los problemas del medio ambiente se convierten en
asuntos supranacionales, a pesar de que las delimitaciones
nacionales a veces impiden esta visión. A este respecto los
problemas son tanto naturales como antropogénicos. Los huracanes
que se presentan anualmente pueden provocar grandes destrucciones
en las playas pesqueras, los botes y los arrecifes coralinos (véase
entre otros Aiken 1989; Sagawe 1988). Lo mismo puede suceder con la
ciguatera, un alga venenosa que puede producir graves
envenenamientos cuando se consume pescado envenenado con ella
(véase Jardín 1987; Olsen/Nellis/Wood 1983; Rojas 1984).
Además, los transportes de petróleo que atraviesan la región, ante
todo desde el Golfo de Venezuela y el Golfo de Paria en dirección
norte, producen graves contaminaciones marinas a lo largo de las
principales líneas de transporte. Las islas que más se afectan son
las ubicadas a lo largo de las líneas de transporte con
instalaciones de transferencia offshore de petróleo, como las Islas
Cayman, que se ven perjudicadas por residuos de petróleo arribados
a sus costas (véase Burton 1987).
Adicionalmente, los accidentes de buques de petróleo afectan
gravemente a las zonas costeras (véase Atwood et al. 1987; Wade et
al. 1987). Sin embargo, la peor contaminación proviene de las
fuentes terrestres, las cuales se pueden ordenar en tres grupos:
primero el desagüe de aguas negras al mar por falta de plantas de
tratamiento en las diferentes islas (la cantidad de estas aguas
aumenta cada vez más con la intensificación de la industria del
turismo); segundo, el desagüe de las aguas negras industriales que
en las bahías de Kingston y La Habana ya produjeron un colapso
ecológico. En Puerto Rico el desagüe de las empresas industriales
farmacéuticas y petroquímicas se ha convertido en un problema
grave. El tercer componente de la contaminación terrestre proviene
de los restos de pesticidas procedentes de la agricultura (véase
Caribbean Conservation Association 1988; López/Goenaga 1987).
Además de infectar el agua marina, estos contaminantes destruyen
específicamente los manglares, los cuales tienen una importancia
decisiva como sitio de incubación y crecimiento de los animales
marinos en su ciclo vital (véase Aiken 1990). Adicionalmente, son
destruidos los corales, que son hábitat de los peces, y que después
de su muerte ya no ofrecen ninguna protección para la faja costera
contra la acción erosiva de las olas marinas.
Un factor importante como destructor del ecosistema caribeño es
también el turismo, no solamente por el aumento de basura y aguas
negras, sino también por los buzos aficionados, los cuales,
intencionalmente o por ignorancia, apoyan la muerte de los
arrecifes rompiendo los corales. Al lado de esto, los daños
causados por las anclas de los cruceros turísticos son de enormes
dimensiones, especialmente en las bahías de las islas pequeñas.
La conciencia de dar al medio ambiente su posición adecuada en
la política nacional, crece muy lentamente. Con frecuencia las
acciones se limitan a problemas de la tierra firme, como los daños
erosivos causados por la destrucción de bosques y la agricultura.
Es notable la falta de una visión integral y la comprensión de las
complejas interrelaciones entre tierra firme, costa y área
marina.
Los intentos nacionales de una política para la protección del
medio ambiente no pocas veces quedan empantanados en explicaciones
teóricas y proyectos de leyes. La lista de las normas legislativas
para la protección del medio ambiente y de las especies marinas y
terrestres abarca en la República Dominicana ya más de 100 leyes y
regulaciones. No obstante, la implantación y el control de las
disposiciones son prácticamente inexistentes.
Otros estados isleños más pequeños, como las Islas Cayman,
muestran actitudes más claras. La prohibición de arpones y
«fishguns» con el fin de proteger los peces coralinos, la
declaración de varias zonas de protección y de parques nacionales,
como también la información e instrucción tanto de habitantes como
de visitantes, indican un manejo más consciente del recurso frágil
del "ecosistema".
Importantes intentos de un trabajo conjunto a nivel regional
para la protección del ecosistema marino realiza la oficina
regional del United Nations Environmental Programme (UNEP) con sede
en Kingston. Sin embargo el trabajo de coordinación de esta
institución, se ve afectado por causa de los intereses nacionales y
las soberanías de los diferentes países.
CONCLUSIÓN: Los recursos pesqueros del espacio caribeño son muy
limitados en comparación con otros espacios marinos y el potencial
para el desarrollo de una industria pesquera a gran escala es más
bien escaso, ya que faltan completamente los peces como arenques o
anchoas que viven en grandes cardúmenes. A pesar de ello, existe
cierto potencial que ofrece posibilidades para la producción de
alimentos, combinando de manera razonable el uso y el manejo
sostenible.
|