INTRODUCCIÓN
Más de diez años después de haberse firmado el acta final de la
United Nations Convention on the Law of the Sea III (UNCLOS III),
Saint Kitts-Nevis depositó, el 7 de enero de 1993, ante las
Naciones Unidas su documento de ratificación. El estado número 54
había reconocido el reglamento jurídico más completo en cuanto a la
problemática del derecho marítimo y al mismo tiempo se acercó un
poco más el momento de entrar en vigencia a nivel internacional la
Convención que, según lo estipulado, debe efectuarse un año después
de la sexagésima ratificación. Esto no es probable antes del final
de los años no venta. Sin embargo, mucho antes de esta fe cha las
resoluciones de la Convención mostraron sus efectos en los cambios
en las legislaciones nacionales con respecto al reclamo de áreas
marítimas, los problemas de delimitaciones, las competencias
estatales y también en el uso del medio ambiente marino.
En cuanto a la definición de los territorios estatales, durante
mucho tiempo la visión solamente abarcó los continentes y las
islas. A más tardar, después de la firma de la nueva convención
sobre el derecho del mar, también se deberá considerar en toda su
importancia la dimensión marítima de los esta dos. Los puntos
vitales de interés, una vez repartidas las masas continentales, se
desplazaron de la tierra firme al mar. Las tendencias
correspondientes de una "separación nueva", o sea una repartición
total de los espacios marítimos y sus recursos entre los estados
costeros están explícitamente permitidos por la nueva convención
del derecho del mar. Los territorios estatales ya no terminan en la
línea costera, sino que se ex tienden más allá de la habitual zona
marítima costera hacia el «mar abierto». Superficies acuáticas tan
grandes como toda la tierra firme del globo son sometidas a
soberanías nacionales, o por lo menos al uso exclusivo de naciones.
La zona «libre» de alta mar se reduce en una tercera parte y a la
par un área marítima cada vez más grande es anexada geográfica y
jurídicamente al territorio de la tierra firme.
Los problemas respecto a ubicación, forma, tamaño, capacidad de
recursos pero también de competencia de territorios nacionales
deben considerarse bajo puntos de vista completamente nuevos de
acuerdo a los desarrollos del nuevo derecho del mar. Debido a la
duplicación de la «superficie territorial» se modifican
considerablemente la forma y el tamaño de los diferentes estados.
En el caso de estados formados por archipiélagos, ésto se nota
especialmente, puesto que ellos al lado de las aguas territoriales
del archipiélago, pueden reclamar adicionalmente una zona marítima
costera y una zona económica exclusiva. La ubicación relativa de un
estado, en cuanto al mar, como también hacia los estados vecinos es
aún más que antes decisiva para sus ventajas o desventajas de
ubicación. La situación de un país respecto a su acceso al mar
impide o favorece ganancias adicionales desde el punto de vista del
poder político y económico. El mar que hasta entonces fue tratado
como «res omnium communis» se vuelve ahora, debido al colonialismo
de los continentes, un imperio económico costero y en "glacis"
(cordón) de seguridad. La igualdad para todos los esta dos,
anhelada al iniciarse la Conferencia sobre Derecho del Mar en 1973,
dio paso a una ideología de los «beati possidentes» por parte de
los estados costeros, perjudicando a los países sin acceso al mar;
éstos no solamente pierden el uso de los en parte tradicionales
recursos marítimos, sino que se ven territorialmente aún más
encerrados. A ellos sólo les queda la esperanza del resto de las
riquezas, más o menos de poca importancia, del suelo submarino de
alta mar, como herencia colectiva de la humanidad.
«La progresiva perfección de los medios para el dominio marítimo
hace disminuir el contraste entre la tierra firme y los mares. Esto
no sucede en el sentido de que nuestra vida se vuelva
progresivamente más relacionada con el mar, o sea marítima, sino
más bien en el sentido de que el mar es asimilado por la existencia
terrestre, o sea terralizado». (Vitz hum 1981, pág. 49). Semejante
a las materias primas de la tierra firme, los recursos biológicos y
mineralógicos del mar son explota dos cada vez más con mejores
tecnologías y con mayor demanda. La situación se complica aún más
debido a que el mar ya no sirve solamente como vía de comunicación,
fuente de alimentos, campo de guerra y recurso de energía y de
materias primas, sino que también es usado como depósito de toda
clase de basuras y desechos. Por medio de bar cos pesqueros que son
fábricas flotantes, islas artificiales petroleras sobre las
plataformas continentales, gigantescos barcos de transporte de
crudo, y en el futuro seguramente también por explotaciones mineras
flotantes para la explotación de materias primas, tanto en el mar
profundo como en la plataforma continental, se disminuye cada vez
más la polaridad entre tierra firme y el mar. La expansión
económica-industrial, y con ella la necesidad de una delimitación y
administración correspondiente suprimen cada vez más la dicotomía
entre la tierra firme y el mar.
Por causa de la creciente nacionalización del mar mundial que
convierte este espacio, hasta ahora carente de fronteras y sin
nacionalidad, en un séptimo continente nacionalizado y cubierto de
fronteras, el mar es cada vez más parecido en su fisonomía
geográfica-política a la tierra firme. Fronteras marítimas sin
mayor importancia hasta hace poco, se convierten ahora en
demarcaciones decisivas entre riqueza y pobreza, aun cuando su
demarcación visual es casi imposible. Al lado de las variantes
fronterizas locales, regionales y nacionales, las fronteras con
soberanía total y parcial ganan importancia. Ya antes de regir la
nueva Convención sobre el Derecho del Mar las zonas de soberanía
marítima se tornaron una realidad jurídica en muchos países.
Además, con la aplicación de las disposiciones sobre el uso de la
plataforma continental para la explotación de los recursos
naturales, no solamente se ve favorecida la expansión de la
soberanía, sino también, como ya en el año 1981 reconoció Vitzhum,
«La línea del borde continental se transforma en la línea básica
geopolítica del nuevo mapa del dominio marítimo y del poder
mundial».
Este desarrollo provocado por el interés propio de los estados
muestra sus efectos en muchos lugares en crecientes conflictos
fronterizos por móviles estratégicos militares y de poder político,
pero también con fondo político-económico. Los ya numerosos
conflictos fronterizos en tierra firme, que han surgido por un gran
número de causas (conflictos de minorías, reclamos de poder
político, conflictos ideológicos, conflictos sobre el trazado de
fronteras, conflictos en cuanto a recursos naturales, etc.), son
complementa dos ahora por conflictos fronterizos marítimos. A la
frontera corresponde dentro de este marco una nueva función, que
difícilmente se puede medir con el criterio que se aplica a
fronteras terrestres. La contradicción ya está desde el principio
en la combinación del concepto linealmente fijado de una frontera
con el fluido y no fijable elemento del agua. En el mar es
prácticamente imposible fijar demarcaciones de una frontera, por lo
tanto la imposición de reclamos espaciales, está ligada a la
imposición de la presencia nacional a través de las fuerzas del
Estado, incluso las fuerzas militares.
La frontera como zona de interacción y contacto es difícil de
imaginarse en el ambiente marino. Con esto se pierde el importante
aspecto de la «pacificación fronteriza», el cual, según la teoría
de Boggs, está en el contacto entre las poblaciones fronterizas.
Conflictos fronterizos en el espacio terrestre se pueden resolver
de buena manera a través de la disminución de su importancia,
creando contactos regionales económicos, sociales y culturales:
«.... the more contact there is, the fewer the conflicts». En el
espacio marítimo, donde los colonizadores se quedan en mino ría
frente a los que sólo usan dicho espacio, un eventual contacto
tiene formas muy diferentes. El elemento de la pacificación
fronteriza, el contacto directo, parece que no existe en el espacio
marítimo.
El trato que dan los estados a estos aspectos modificados de
expansión territorial y delimitación de fronteras en el espacio
marítimo, seguramente no se puede adecuar en un solo esquema. El
manejo y realización de reclamos respecto a los recursos depende
mucho de las posibilidades técnicas y financieras para la
explotación de materias primas marítimas. De esta manera toman
ventaja los estados técnicamente mejor dotados en comparación con
aquellos que de todas maneras ya están en desventaja por su
dotación en re cursos naturales o por su incapacidad de
explotarlos.
El presente libro ofrece resultados, fruto de un trabajo de
investigación a lo largo de cinco años sobre los mencionados
problemas del derecho marítimo, tomando como ejemplo el espacio
caribeño. En un mar semicerrado como el Caribe las fronteras
marítimas ganan gran importancia política desde el punto de vista
geoestratégico y geoeconómico, debido a las distancias cortas entre
los países y por el gran número de intereses diferentes, respecto a
la explotación o el uso de las áreas marítimas. Por causa de la
proclamación de nuevas fronteras y por lo tanto la ampliación de
los territorios estatales se van a presentar inevitablemente
reclamos paralelos sobre los mismos territorios. Los estados que
hasta entonces no tenían fronteras comunes y estaban separados por
el mar, se convierten de golpe en vecinos con fronteras comunes, a
veces litigosas. De los 23 estados independientes del espacio
caribeño 11 estados ya ratificaron la UNCLOS III. Sin embargo, los
principios de la Convención en cuanto a reclamos territoriales ya
son una realidad jurídica en casi todos estos países. La específica
situación topográfica, en combinación con los efectos concretos de
las nuevas disposiciones internacionales para la delimitación del
espacio marítimo, convierten el espacio caribeño en una área
especialmente apta para la investigación de los problemas
correspondientes.
En el mes de octubre de 1986 se solicitó a la Deutsche
Forschungsgemeinschaft la aprobación del proyecto titulado
«Trasfondo de intereses, características y principios de solución
de los conflictos en el espacio marítimo del Caribe», dentro del
marco del programa «Investigación sobre la Paz y los Conflictos en
el Tercer Mundo», solicitud que fue aprobada en el mes de julio de
1987. La ayuda financiera del proyecto, inicialmente estimado en
dos años, se inició en el mes de septiembre de 1987, y luego fue
prolongado por otros dos años en 1989. El proyecto se realizó bajo
la dirección de Gerhard Sandner en la División de Geografía
Económica del Instituto de Geografía de la Universidad de Hamburgo
y tuvo durante su ejecución tres colaboradores científicos (Beate
M. W. Ratter, Karsten Horx y Wolf-Dietrich Sahr).
Durante numerosos viajes de investigación y muchas
conversaciones con miembros de los gobiernos, representantes
oficiales y científicos, pero también con pescadores y otras
personas afectadas en la región, se re cogió información, que va
más allá de un mero inventario de las leyes marítimas y las
disposiciones sobre fronteras de derecho marítimo. El
reconocimiento de que actividades humanas tanto del lado estatal,
pero también a nivel local e individual pueden ser relevantes desde
el punto de vista espacial, tanto sobre la tierra firme como en el
mar, a siempre para entender los contextos que van más allá del
sólo análisis de cifras y factos.
Durante el tiempo en que se desarrollaba el proyecto, se
presentaron los primeros resultados de investigaciones de casos
específicos al público en congresos y publicaciones, con el fin de
discutirlos. Una lista de las publicaciones en relación con el
proyecto se encuentra en el Anexo. En el presente y concluyente
tomo se presentan en dos artículos problemas del derecho marítimo y
de la pesca que afectan a toda la región y otras tres
contribuciones que se ocupan con las tres diferentes regiones de
trabajo: «Sur», «Oriente» y «Occidente», resumiendo, explicando y
evaluando la problemática. Como ejemplos se agregan, además, dos
estudios de caso de la región Oriental del Caribe que explican
complejos problemas internos y suprarregionales. El artículo
adicional sobre la guerra submarina muestra en un caso especial el
efecto fulminante que tienen hechos históricos sobre problemas
actuales.
El proyecto con su orientación temática sobre delimitaciones
marítimas, conflictos del derecho marítimo y la «terralización» de
es pacios marítimos y con su foco regional sobre el espacio
caribeño, ha llevado a conclusiones y desarrollado principios
metodológicos que, paso a paso, deben incluir- se en otros
contextos. Forman parte de este futuro desarrollo un mayor énfasis
sobre la temática del "conflicto/solución del conflicto", ya que
hasta ahora, provocado por la di visión política y territorial del
espado caribeño y el problema específico de las fronteras del
derecho marítimo, el inventario y el análisis gradual de casos
tenían mucha importancia. A pesar de que el proyecto estaba
inscrito bajo la temática de la investigación sobre la paz y los
conflictos en los estados del Tercer Mundo, éste no trató de
guerras o conflictos armados, sino de situaciones latentes de
conflicto y de escala das y desescaladas que dan países y actores
al campo del problema «Frontera»-«Territorio». Nuestro deseo era
adelantar la investigación tanto en cuanto a la región investigada
como respecto a la evaluación regional y política de fronteras de
derecho marítimo.
Al finalizar el proyecto queremos agradecer a todas aquellas
personas que por su in formación, colaboración y ayuda, aquí en
Alemania , en los países europeos visitados y ante todo en el
Caribe, hicieron posible la realización del mismo.
Los numerosos trabajos que se hicieron en el desarrollo del
proyecto, fueron apoya dos durante todo el tiempo por diferentes
estudiantes de geografía. Empleados a lo largo de varios años
merecen mención especial Christine Froehlich, Ulrike Kaehler, Anja
Possekel, Michael Zeli y Max Zinner. Para la cartografía nos
ayudaron por parte del Instituto el señor Boege y el señor Carstens
y para trabajos pequeños y grandes pero ante todo importantes y
frecuentemente no menciona dos, agradecemos a la señora Zibull.
A los nombrados y a los muchos otros que contribuyeron les
expresamos aquí, nuestros agradecimientos.
Pero ante todo agradecemos a la Deutsche Forschungsgemeinschaft
(Asociación Alemana para la Investigación Científica) y a aquellas
personas que se dedicaron a la re visión y conceptualización por
hacer posible que este trabajo se pudiera realizar.
Hamburgo, marzo de 1993
Los editores