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69.
BASES PARA EL
ORDENAMIENTO TERRITORIAL
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ANA PATRICIA ORTIZ M.
ANGEL MASSIRIS CABEZA
Investigadores
Instituto Geográfico Agustín Codazzi
Subdirección de Geografía
Este texto es una contribución
del Instituto Geográfico Agustín Codazzi, al igual que los mapas de suelos, bosques y
zonas de vida que aparecen en este libro y que constituyen uno de los soportes de la
propuesta de ordenamiento territorial.
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Fotografía Juan Manuel
Renjífo
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La región del Pacífico colombiano (70.000 km2,
aproximadamente) constituye, después de la Amazonia, la reserva más grande de recursos
naturales del país, especialmente en lo pertinente a recursos hídricos, forestales,
pesqueros, mineros, faunísticos y de transporte fluvial y marítimo. Así se resalta en
el documento que Colombia presentó en la segunda reunión de miembros de la Unión
Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) celebrada en Santa Marta en
1991, en donde se manifestó, además, que el Pacífico colombiano, y especialmente la
selva chocoana, es, quizás, la de mayor biodiversidad en el mundo.
A pesar de su riqueza, esta región que alberga
cerca de un millón de habitantes, ubicados en su mayoría en el litoral y en las orillas
de los ríos, es un área marginada y deprimida que tiene en el bajo nivel de bienestar
social la expresión más visible. La escasez y bajo nivel de especialización de los
servicios básicos, como agua, salud, educación y transporte, sumado a la alta
desnutrición infantil, así como al limitado desarrollo de las actividades productoras y
la falta de integración a la economía nacional, reflejan el bajo desarrollo regional y
explican el porqué de la alta emigración de la población hacia áreas más prósperas y
la desesperanza de sus habitantes frente a su futuro.
Es indudable que, a pesar de las fuertes
restricciones naturales existentes, ligadas principalmente a las condiciones climáticas y
edáficas, la región del Pacífico colombiano ofrece inmensas potencialidades derivadas
de sus recursos físico-ecológicos, los cuales representan una base natural muy pródiga
para inducir el desarrollo económico de esta región y la elevación de la calidad de
vida de su población.
Sin embargo, tal desarrollo no debe repetir el
camino seguido por los planes de desarrollo económico, con fuerte énfasis desarrollista
y carentes de una valoración social, cultural, ecológica y espacial en el
aprovechamiento de los recursos.
El ordenamiento territorial constituye, en este
sentido, una política de desarrollo integral del estado para armonizar los intereses
productivos de la sociedad con las necesidades de conservación ambiental, bienestar
social y equilibrio espacial del desarrollo. Todo ello sobre la base de la concertación
Estado-comunidad y la participación activa de las comunidades en la ejecución de los
planes de desarrollo a nivel regional y local.
En general, los
planes de ordenamiento territorial implican tres fases básicas: técnico-científica,
política y administrativa. La fase técnico-científica lleva a la realización de una
diagnosis situacional, una prognosis y la definición de un esquema de ordenamiento que
sirva de soporte a la formulación del plan. La diagnosis es un instrumento que permite
conocer y evaluar la situación de una región, a partir de la cual se definen unas áreas
de manejo con sus respectivas cualidades o atributos, potencialidades, limitaciones,
problemas y tendencias relacionadas con el medio biofísico, socioeconómico, de
integración funcional-espacial y político-administrativa.
La prognosis es una proyección hacia el futuro
en la búsqueda de alternativas Óptimas para aprovechar mejor las potencialidades,
disminuir las limitaciones, resolver los problemas y reorientar o reforzar las tendencias
identificadas en cada unidad. Estas alternativas, después de ser evaluadas y buscar su
compatibilidad con los intereses sociales, económicos y ambientales, se concretan en
escenarios prospectivos (situación futura deseada) presentados de manera ordenada en una
propuesta técnica o esquema de ordenamiento.
En la fase política, el Estado fija los
objetivos, estrategias y acciones programáticas para corregir los problemas observados y
alcanzar los escenarios planteados. En la administrativa, las instituciones y personas
encargadas de la administración regional y local ejecutan, controlan y evalúan el plan
en coordinación con los actores locales.
En particular, la formulación de un plan de
ordenamiento para la región del Pacífico implica realizar una diagnosis situacional muy
rigurosa, de modo que se conozcan de manera precisa las potencialidades y limitantes del
medio biofísico y socio-económico, así como, el funcionamiento de los sistemas
ecológicos, de los medios de producción y, en general, de la organización del espacio,
dentro de un contexto intrarregional e interregional, nacional e internacional.
Sólo a partir de este conocimiento es posible
proyectar la intervención de las estructuras y procesos que originan los actuales
problemas y desequilibrios regionales, para orientarlos hacia escenarios de producción,
conservación, recuperación, protección, urbanización e integración
funcional-espacial. Así se podrá ofrecer a las actuales y futuras generaciones una
región próspera y recursos naturales abundantes.
En el presente capítulo se pretende dar algunas
bases para un Plan de Ordenamiento Territorial del Pacífico colombiano, a partir de datos
obtenidos del análisis-síntesis de información cartográfica, bibliográfica y
fotointerpretacion.
Potencialidades y limitaciones del Pacífico
colombiano
La región del Pacífico colombiano presenta
características socio-geográficas que evidencian enormes potencialidades y severas
limitaciones en lo que respecta a su desarrollo. Tales características se relacionan con
el desarrollo socio-cultural y económico pasado y actual de la región, los cuales están
íntimamente vinculados con el medio biofísico. El comportamiento de las condiciones
climáticas, hidrográficas, edáficas y geomorfológicas, así como también, el
aprovechamiento de los recursos forestales, mineros, pesqueros y del suelo, condicionan la
distribución espacial de la población, los sistemas de producción y de mercadeo.
Las condiciones climáticas corresponden, en
cierto modo, a las características preponderantes del Trópico Húmedo, en donde a lo
largo del año persisten las altas temperaturas (280 C promedio anual), la excesiva
humedad ambiental y, sobre todo, la abundancia y carácter torrencial de las lluvias. La
precipitación media anual oscila entre 5.000 y 10.000 mm. con excepción del extremo
noroccidental de Tumaco en donde las lluvias se encuentran por debajo de este intervalo y
el sitio de Tutunendó, al noreste de Quibdó, en donde no sólo se alcanza la mayor
pluviosidad regional sino que también es uno de los lugares de mayor precipitación anual
en el mundo (11.770 mm).
La coexistencia de condiciones climáticas
extremas (incluyendo altas temperaturas, fuertes vientos, insolación y elevada
evaporación) con otras de carácter edáfico, hidrográfico y de vegetación hacen que el
Pacífico colombiano sea uno de los ecosistemas forestales más exuberantes y, a su vez,
uno de los más frágiles del mundo y, por tanto, de los más susceptibles a la
degradación por efecto de la intervención del hombre. En áreas desprotegidas, las
lluvias torrenciales dan origen a una erosión pluvial importante y a un escurrimiento
considerable lo que conduce al transporte acelerado de sedimentos finos hacia las partes
bajas o depresionadas.
A pesar de ofrecer una topografía relativamente
plana, la elevada temperatura y la hiperlluviosidad llevan a la fácil meteorización y
lixiviación de los suelos, los cuales pierden, de este modo, la mayor parte de sus
nutrientes, lo que, a su vez, incide directamente en la baja fertilidad potencial. Estas
características se presentan en la casi totalidad de la región con excepción de las
fajas costaneras de Tumaco, Mosquera y Guapí donde existe una alta concentración de
materia orgánica. La baja fertilidad potencial de los suelos es uno de los limitantes
mayores para el desarrollo agropecuario, la cual, en conjunto con otras cualidades
biofísicas, refuerza la vocación forestal de la región.
El régimen hidrográfico está asociado a la
alta lluviosidad. La abundancia de corrientes de agua representa un gran potencial
hidroenergético y de transporte fluvial, así como un apoyo excepcional para la
comunicación interoceánica. Por la configuración fisiográfica de la región existen
dos áreas hidrográficas bien definidas: hacia el norte y hacia el sur de Cabo
Corrientes. Hacia el norte se destacan las cuencas de los ríos Atrato, Baudó y San Juan
con dirección dominante norte-sur con presencia de numerosas ciénagas, desembocaduras en
deltas y estuarios de gran amplitud. Se caracterizan por presentar cursos meándricos con
aguas tranquilas que producen inundaciones periódicamente. Hacia el sur, los cursos de
aguas drenan en sentido transversal, desde la cordillera Occidental; son cortos, muy
caudalosos y transportan materiales de gran tamaño, lo que dificulta su
navegabilidad.
El elemento dominante a nivel del paisaje
regional lo constituye, sin duda, la presencia del Bosque Húmedo Ecuatorial (Hylea del
Pacífico) a lo largo de ríos, planicies y colinas y, en la faja costera, el bosque de
manglar. A pesar de la alta intervención a que han sido sometidos, los bosques del
Pacífico colombiano siguen siendo uno de los principales recursos de que dispone la
región para su desarrollo.
El Pacífico colombiano aporta el 16% de la
reserva forestal del país. Según el Inderena (1981) las existencias maderables alcanzan
un volumen comercial de 198 millones de metros cúbicos, que equivale al 22% del total del
país. No obstante, como lo advierte el DNP (1983:50), el volumen comercial real por
unidad de superficie es bajo por la alta heterogeneidad de las especies forestales, entre
las cuales se entremezclan cerca de 300 especies maderables de buena y mala calidad. Por
lo anterior, la presión de la producción forestal se ha concentrado en los tipos de
bosque menos heterogéneos (manglares, guandales, natales, cativales), en razón de su
estructura y composición florística, volúmenes aprovechables y acceso. El mangle
(Rhizophora, Avicennia) y especies, como el cedro, roble, cativo y caoba han sido
sobreexplotados.
Del total de bosques comerciales existentes en
el Pacífico colombiano (4 millones de ha aproximadamente), un 70% no ha sido explotado
aún. La mayor parte de dichos bosques (62%) corresponden a los denominados de colinas
bajas los cuales representan, a mediano y largo plazo, el mayor potencial de
abastecimiento de maderas de la región; en ellos sobresalen especies, tales como, ceiba,
cedro, sande, abarco y tangare. El bosque de guandal, por su parte, ofrece un 11% de
maderas explotables y es, a corto plazo, el mayor potencial de explotación en razón de
su mejor acceso, y demanda comercial (DNP, 1983:50); dominan las especies como el
cuángare y sajo, desarrollados sobre suelos orgánicos o hidromórficos a lo largo de las
márgenes de los ríos, caños y terrenos cenagosos. En el bosque de natal, que constituye
una transición entre el manglar y la hylea, dominan milpesos, táparos y naidí o
palmiche.
En cuanto al recurso suelo, teniendo en cuenta
las características geomorfológicas, hidrológicas, climáticas y de vegetación
existentes, ofrece, en general, grandes limitaciones para las implantaciones humanas; esto
es, debido a su frecuente sobresaturación en agua, altas temperaturas que aceleran la
mineralización de la materia orgánica, poca evolución y estructura, diferenciándose
tres grandes conjuntos: los suelos de colinas y serranías, los suelos de planicie marina
y los de planicie aluvial, caracterizados éstos últimos por un hidromorfismo casi
generalizado y alta salinidad. En suelos de las planicies inundables desprovistas de
vegetación boscosa, la sensibilidad a los vientos, que juegan un papel determinante junto
con la evaporación, se traduce por una deflación eólica después de que la vegetación
herbácea es quemada o desaparece por sobrepastoreo.
Los suelos de planicie marina se sitúan a lo
largo de la faja angosta que bordea toda la costa Pacífica, a excepción de la barra de
playa; son los más ricos y productivos de la región por su alto contenido de materia
orgánica. Están dispuestos en depresiones generalmente cubiertas por manglares y deltas
formados por las corrientes marinas y la salida de los ríos al mar. Por la dificultad que
implica adecuar estos suelos para las prácticas agrarias, su aptitud predominante se
relaciona con actividades turísticas y recreacionales, refugio de fauna silvestre y
conservación del paisaje natural.
Los suelos de planifice aluvial ocupan zonas
transversales y paralelas sobre geoformas modeladas por la actividad fluvial de los ríos
que cruzan el Andén Pacífico. En las áreas aluviales más altas y bien drenadas se
encuentran suelos moderadamente profundos que se utilizan en ganadería y en cultivos
tradicionales de tipo comercial y de subsistencia.
Los suelos de
colinas y serranías predominan en la región. Se caracterizan por ser muy superficiales,
ácidos, lixiviados, de escasa a muy baja fertilidad y susceptibles a la erosión. Su
vocación es principalmente forestal. Se destacan los suelos de las serranías de Baudó,
Los Saltos y Darién en el Pacífico norte.
Debido a los limitantes que presenta el medio
biofísico de la región (exceso de humedad y baja fertilidad de los suelos), la
agricultura mecanizada y la actividad extensiva se reducen a pequeñas áreas que
presentan condiciones favorables para su desarrollo: valle de los ríos Juradó, Calima,
Dagua, Mira y la planicie central del Atrato.
El recurso humano influye decididamente en la
organización, ocupación y desarrollo socio-espacial, sociocultural y económico de la
región, caracterizado por la presencia de una población dominantemente negra e
indígena, emplazada a lo largo de caseríos de poca importancia o simplemente dispersos.
En el Chocó, por ejemplo, la población está emplazada a lo largo de los ríos Atrato y
San Juan, sobre la franja costera, en tanto que hacia el sur de la región, la población
se dispone a lo largo de las vías que llevan generalmente una dirección
transversal.
La existencia de centros urbanos de alguna
significación se reduce a sólo tres: Buenaventura, Tumaco y Quibdó, los cuales
constituyen, por ahora, los potenciales polos de desarrollo regional. La movilidad
espacial intrarregional de la población es mínima, dada la nula jerarquía urbana de la
mayoría de los núcleos poblacionales. La dinámica espacial se da principalmente
alrededor de la relocalización de los emplazamientos humanos sobre las mismas márgenes
de los ríos y la migración hacia otras regiones.
En cuanto a los recursos pesqueros, constituyen
otro de los potenciales para el desarrollo de la región, especialmente los recursos
fluviomarinos y marinos de la parte sur del litoral, donde se concentra la mayor
productividad, asociada a la existencia de grandes extensiones de manglares y al aporte de
nutrientes de los ríos. La pesca fluvial presenta el mayor potencial en los ríos Atrato
y Baudó.
La explotación pesquera presenta, en el
Pacífico, dos sistemas diferentes: artesanal e industrial. El sistema artesanal se
realiza en condiciones rudimentarias y desfavorables para el bienestar de los pescadores:
embarcaciones e instrumentos inadecuados, infraestructura de conservación,
transformación, transporte y mercadeo deficientes, hechos que se relacionan con el estado
de marginación en que se encuentra la región. Sin embargo, la pesca artesanal contribuye
a aliviar, en gran medida, las graves condiciones sociales imperantes en la región,
razón por la cual su desarrollo merece un mayor y rápido impulso.
La pesca industrial, orientada especialmente
hacia los mercados internacionales, se manifiesta principalmente en la industria
camaronera, atunera, de langostinos, de harina de pescado, conservas (enlatados) e
industrias de especies blancas. Actualmente la industria camaronera es la más importante
actividad a nivel empresarial, sus factorías se localizan en áreas marginadas, como
Buenaventura, Tumaco y Guapí en donde, además, constituyen alternativas de solución
al desempleo.
En general, la principal restricción de la
actividad pesquera se relaciona con la carencia de infraestructura física: vías de
comunicación, facilidades portuarias y energía eléctrica, situación que afecta
negativamente los procesos de acopio, conservación, procesamiento, comercialización y
producción pesquera.
Otra potencialidad de la región son sus
recursos mineros: auríferos, platiníferos, carboníferos y de metales básicos aún no
explotados. Los principales minerales explotados son el oro, la plata y el platino,
especialmente en la zona comprendida entre Quibdó, Istmina, Andagoya, Condoto y Sipí
(Chocó) y en el área circunvecina a Barbacoas (Nariño); áreas sometidas a un proceso
de degradación que se remonta a épocas precolombinas.
La disposición geográfica de los sectores
mineros ha incidido en la concentración estacional de un gran volumen de población que,
en contraste con la riqueza minera existente, presenta condiciones socioeconómicas muy
precarias, con niveles de educación, salubridad y nutrición muy bajos. Estas condiciones
se asocian con la minería artesanal tradicional, la cual se desarrolla bajo un sistema de
explotación incapaz de generar las condiciones necesarias de bienestar social y
desarrollo regional. Es un sistema que se caracteriza por la falta de capital,
procedimientos rudimentarios (mazamorreo) y la existencia de un gran número de
intermediarios o comerciantes que dan crédito a los mineros para luego comprarles el oro
obtenido a menor precio.
Otro sistema de
explotación lo constituye la minería de aluvión por bombeo (motobombas) y dragado,
éste último realizado por compañías mineras, generalmente extranjeras. El impacto
ambiental de este sistema de explotación sobre el entorno es mucho más perjudicial con
respecto al artesanal, pues conduce al desarrollo de graves procesos y de desertización,
sólo recuperables a muy alto costo económico.
El Pacífico colombiano dispone, también, de
otro potencial para su desarrollo: el recurso turístico, representado por sus atractivos
paisajísticos, culturales y científicos. Se destacan, entre otros, bahía Cupica, bahía
Solano, ensenada de Utría, cabo Corrientes, delta del río San Juan, bahía Málaga, isla
Gorgona, algunas microplayas de Juradó (Cabo Marzo), Buenaventura, Merizalde, Guapí,
Salahonda y Tumaco. Sobresalen, igualmente, numerosas islas, pilas y chorreras de agua
dulce. En la actualidad no existe suficiente infraestructura para promover el
aprovechamiento turístico de estos atractivos naturales, ni el estímulo adecuado para
que se genere un turismo ecológico y científico en los actuales Parques Nacionales
Naturales y Areas de Conservación, como son el parque de Sanquianga al sur, katíos al
norte, Utría en la parte central del litoral y las islas Gorgona y Malpelo.
En síntesis, la región posee condiciones y
recursos naturales que favorecen su desarrollo. La excesiva humedad y correlativa pobreza
de los suelos, que son sus principales limitantes naturales, no representan obstáculos
decisivos para este desarrollo, como sí lo son el aislamiento al cual está sometida la
región, la ausencia de la infraestructura de transporte y de producción y los servicios
básicos indispensables para el bienestar de la población.
Objetivos y estrategias para una política de
ordenamiento territorial del Pacífico colombiano
Objetivos
El ordenamiento territorial, como política de
desarrollo integral concebida a largo plazo (20 a 30 años), busca orientar la ocupación,
transformación y utilización de los espacios geográficos, con el fin de armonizar y
optimizar su aprovechamiento, teniendo en cuenta las potencialidades y restricciones
biofísicas, socio-economicas y de integración espacio-funcional, así como los intereses
de los actores sociales del territorio considerado. Todo ello guiado por principios de
desarrollo sustentable y valoración del medio ambiente, integración funcional-espacial y
elevación de la calidad de vida
En términos generales, una política ordenadora
para la región del Pacífico debe contemplar los siguientes objetivos:
Promover el conocimiento del espacio
geográfico regional, mediante la investigación científica y la utilización de estos
conocimientos en el uso eficaz del territorio.
Detener, estabilizar y reorientar los
proceso de intervención espontánea y descontrolada de la región y ordenar las áreas
actualmente ocupadas, con base en escenarios alternativos de asentamiento y
aprovechamiento que integren sus aspectos biofísicos, socio-económicos, culturales y de
protección ambiental.
Conservar y manejar en forma integral el
medio biofísico y la biodiversidad de la región, como fuente potencial de desarrollo
nacional y regional, como banco genético y como elemento esencial de la calidad del medio
ambiente.
Preservar las culturas indígenas que
habitan en la región, en términos de su autodeterminación e integración a la
nacionalidad.
Instrumentar y operacionalizar el proceso
de descentralización administrativa, mediante la participación de las comunidades
locales en la gestión del gobierno encaminada a ordenar el territorio.
Estrategias de
ordenamiento
Las estrategias de ordenamiento constituyen un
conjunto coherente de políticas, líneas de acción, proyectos y medios instrumentales
que guían la formulación del Plan de Ordenamiento. Tales estrategias se derivan de los
problemas y desequilibrios identificados en la diagnosis situacional que ese plan pretenda
corregir.
En este sentido, el diagnóstico situacional de
la región del Pacífico colombiano permite identificar un área desarticulada tanto intra
como interregionalmente, con un desarrollo desequilibrado y sin manejo ambiental, en el
cual sobresale el uso del territorio alejado de su vocación y sin relación coherente con
la localización y disponibilidad de los recursos naturales. Así mismo, presenta un
desarrollo urbano desfavorable cuya característica principal es el crecimiento
macrocefálico del puerto de Buenaventura.
Con base en la situación anteriormente
expuesta, el ordenamiento territorial de la región del Pacífico debe involucrar
estrategias esenciales: de desarrollo sostenido y conservación ambiental; de integración
funcional-espacial; mecanismos económicos y sociales.
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