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62.
LA
OBAPO Y LA ORGANIZACIÓN DEL PUEBLO NEGRO
ORGANIZACION DE BARRIOS POPULARES
DEL CHOCO
La OBAPO es la organización de base conformada
por las familias que vivimos en los barrios populares de las cabeceras municipales del
Chocó y en los corregimientos aledaños de algunas regiones.
Este espacio lo construimos al ver,
colectivamente, las necesidades y los problemas que desde hace muchos años venimos
viviendo. Estamos seguros de que sólo uniendo fuerzas, entre todas las familias que
queremos buscar un mejor futuro para nuestro pueblo, podremos cambiar nuestra situación
actual.
Somos conscientes de que sólo conociendo
nuestra realidad, analizándola y haciendo propuestas concretas de lo que queremos,
lograremos consolidar nuestras comunidades negras en los diferentes municipios del Chocó
y del país.
En la Obapo luchamos por la defensa de nuestros
derechos colectivos como pueblo negro; es decir, como pueblo con un pensamiento propio y
una misma historia. Tenemos valores, tradiciones culturales y características que nos
identifican como etnia; tenemos una organización social propia y unos conocimientos
ancestrales que históricamente han sido atropellados y desconocidos por el resto del
país.
Somos un pueblo minoritario con relación al
resto de colombianos y si nosotros no valoramos y defendemos lo nuestro, otros se
encargarán de seguir negando nuestros derechos. Por eso tenemos que ir a una sola voz si
queremos un futuro diferente para nuestros renacientes.
Venimos trabajando por el derecho a la propiedad
de la tierra como históricamente la hemos venido ocupando, explotando y conservando.
Defendemos el derecho a la vida y desarrollo de nuestro pueblo, al conocimiento y uso de
nuestra medicina tradicional de raiceros, a una educación de acuerdo con nuestra cultura
y valores, a una vivienda digna, a un ambiente sano, a la salud, a servicios públicos, a
la producción y al trabajo familiar que nos ha permitido salir adelante. Estamos
decididos a tomar las decisiones sobre nuestro presente y futuro como pueblo.
Territorio
Cuando hablamos de territorio nos referimos a la
tierra y a los recursos y riquezas que ella posee como son las minas, los animales, los
bosques (maderas, recolección de frutos naturales, plantas medicinales, fibras naturales
para nuestros artesanos), los diques para la siembra, las aguas, las ciénagas, los ríos,
quebradas y nacimientos de aguas o cangrejeras. En los mares o veredas, habitadas por
nosotros en la costa Pacífica, también defendemos las playas, los manglares y esteros
(de donde usamos las maderas para construcción de viviendas, como leña para cocinar y de
la cual extraen nuestras mujeres la concha de piangua), los morros o defensas naturales de
los poblados, los firmes, las zonas de uso exclusivo de los pescadores artesanales. Es
decir, las riquezas naturales que tiene nuestra región en el suelo y en el
subsuelo.
A nivel urbano también defendemos el
territorio; luchamos por la titulación familiar, por la aplicación de una reforma urbana
que respete el urbanismo negro, o sea, la tradición de uso y apropiación del espacio
familiar, colectivo y público.
La colonización, impulsada por el Estado, de
nuestro territorio tradicional del Pacífico, mediante la construcción de obras públicas
(carreteras, bases militares, hidroeléctricas, plan de reordenamiento territorial de las
quebradas la Yesca y la Aurora), las concesiones y permisos de aprovechamiento de recursos
naturales, entregadas a multinacionales y a empresas colombianas, la llegada de
inversionistas acaparadores de tierras con grandes capitales de origen fácil, han
generado el desplazamiento y expropiación de extensas regiones que pertenecían a la
población negra.
De igual manera, la creación de parques
naturales nacionales se ha constituido en una forma de desplazar a la población negra y
de controlamos el acceso a recursos naturales vitales para nuestra supervivencia, tales
como las maderas, la pesca marina y la cacería de subsistencia.
Los anteriores factores están ocasionando
cambios culturales en los patrones tradicionales de nuestra concepción de la tierra
convirtiéndola, en algunas regiones, en una mercancía con valor de cambio. Este proceso
está acompañado de diversas manifestaciones de violencia y de racismo, cuya expresión
extrema se dio en el Urabá chocoano, en la región de Tumaco y en Buenaventura.
La invasión ha generado la ocupación de
espacios públicos colectivos y familiares en forma arbitraria e ilegal, por ejemplo: las
playas están siendo cercadas como propiedad privada; se impide el paso; la pesca y su uso
natural como puertos colectivos; en los manglares se están colocando avisos de
propiedad privada, prohibido el paso e ingreso de particulares; las empresas
que enlatan el palmito están acabando con las maderas del mangle y las usan para cocinar
la palma enlatada para la exportación y en algunas regiones se están destruyendo los
manglares comunitarios con la construcción de centenares de camaroneras de los
inversionistas del interior del país.
Los indígenas eran los dueños de la tierra; la
tenían como una propiedad comunitaria hasta el momento en que fueron invadidos por los
españoles, quienes se adueñaron no sólo de la tierra sino de todas sus
riquezas.
Más tarde, los negros fuimos esclavizados y
arrancados de nuestra tierra africana y desembarcados en diferentes puertos; fue así como
nos trajeron aquí para explotar las grandes riquezas de oro de la región.
En estas tierras nuestra primera forma
organizativa para lograr la libertad, la tierra, nuestro propio gobierno y reconstruir
nuestra cultura fueron los palenques, como él Palenque de San Basilio, en Cartagena, que
fue el primer pueblo libre de Colombia. Los palenques tenían definido claramente su
espacio territorial por trincheras de palos y allí era la comunidad la que se gobernaba y
decidía sobre su propio desarrollo.
Realidad territorial urbana en Quibdó
En el año de 1941 el Ministerio de Economía
Nacional le adjudicó al municipio de Quibdó cinco kilómetros cuadrados, o sea, cuatro
veces Quibdó actual; esta extensión, el municipio y el Incora, se han encargado de
titularla a los mismos funcionarios y politiqueros de turno, bloqueando así la
posibilidad de las familias que llegan del campo a hacerse de un pedazo de tierra en donde
vivir; han promovido y apoyado a los grandes acaparadores de tierras, dejando, como
consecuencia, el aumento de familias que viven en casa arrendada o de posada donde algún
pariente.
En esta área están siendo destruidas las
riquezas naturales, como las quebradas, los ríos, los bosques y las minas, con el permiso
o complacencia de Codechocó, de la Alcaldía Municipal y demás entidades responsables de
cuidar esos recursos.
En 1959 el gobierno declaró zona de reserva
forestal el Pacífico colombiano, negando así nuestro derecho a la propiedad sobre este
territorio; se guardaron las riquezas para cuando ellos quisieran explotarlas y, en este
momento, ya pretenden levantar esta ley con el fin de hacer un reordenamiento territorial,
o sea, cambiar de manos los dueños de la tierra para así industrializar la explotación
de recursos y poder saquear toda la riqueza de nuestra región.
La realidad ha sido, tanto en el campo como en
la ciudad, la negación al pueblo negro de la propiedad de nuestras tierras. Desconociendo
nuestra ocupación ancestral, se nos ha negado la legalización de la misma.
Nosotros debemos tener claro que, desde hace 500
años en compañía del pueblo indígena, somos quienes hemos vivido en este territorio y,
por lo tanto, es en nuestras manos donde tiene que quedar.
No podemos permitir que nos sigan teniendo como
colonos y cuidanderos de esta región; y mucho menos, podemos permitir que siga ocurriendo
lo que se ha venido dando históricamente y se ha venido agravando en zonas de nuestro
departamento, como el Urabá, el San Juan, el bajo Atrato, Bahía Solano, Nuquí, etc., en
donde los nativos ya fueron expropiados y expulsados por la colonización y el atropello
impulsados desde el gobierno.
Relación campo - ciudad en el Pacífico
La situación de la tierra no es muy distinta,
en el campo y en la ciudad, en cuanto a la titulación de la misma, pues no tenemos
escrituras ni en un lado ni en el otro; sin embargo, el proceso de urbanización que se ha
dado en las cabeceras municipales de nuestro departamento ha venido acelerando nuestro
empobrecimiento. Cada día es más difícil conseguir un lote para construir una rancha
donde vivir cuando nos vamos a la ciudad para que estudien los hijos.
Aumentan también los particulares que se
adueñan de grandes extensiones de tierra, enriqueciéndose individualmente, y rompiendo
con la forma tradicional como veníamos construyendo nuestros espacios familiares y
colectivos.
Consideramos que el pueblo negro del Pacífico
colombiano es uno solo y que nuestro territorio constituye una unidad indivisible campo -
ciudad; el desplazamiento de los campesinos a las ciudades, por presiones y la
expropiación de sus tierras y, por otra parte, los planes de reordenamiento urbano, el
acaparamiento de tierras en los pueblos y ciudades son dos caras de la misma moneda y no
dos realidades diferentes; nos afectan a los mismos, nos quitan posibilidades de vida y
esos cambios se relacionan y afectan mutuamente.
La mayoría de familias que vivimos en Quibdó y
en las cabeceras municipales, a lo largo y ancho del litoral Pacífico, somos también
campesinos; trabajamos en nuestras fincas y en los bosques comunitarios por temporadas,
según los ciclos de lluvias y de producción. Alternamos los trabajos y el rebusque en
los pueblos y ciudades, con la agricultura, la minería, la pesca, etc.
Igualmente, formamos parte de los troncos
familiares tradicionales de las diferentes regiones, ríos y costas y conservamos nuestras
herencias y derechos en nuestras comunidades de origen. De muchas formas hemos reproducido
la cultura tradicional del pueblo negro en ciudades y pueblos como, por ejemplo, en la
forma lineal de poblamientos de nuestros barrios populares, que siguen el curso de ríos y
quebradas. Esto puede verse con claridad en nuestra fiesta de San Pacho; cada día de la
fiesta se celebra en un barrio entendido como la calle larga y no como un conjunto de
manzanas.
De igual manera, conservamos en la parte urbana
valores tradicionales sobre el uso del espacio, dejando, como fondo o respaldo de los
lotes urbanos en forma simbólica, las paliaderas, los patios traseros y las goteras de
uso familiar y colectivo. En algunos barrios, cuando las familias pueden conservar lotes
amplios, los fondos, respaldos o patios traseros, tienen como límites quebradas y sirven
para cultivar alimentos.
También hemos tratado, en lo posible, de
conservar las estructuras tradicionales de parentesco en el poblamiento de los barrios;
así los de un río determinado nos agrupamos en un barrio, por familias y por región de
origen. Continuamos practicando nuestros rituales, en relación con la vida y la muerte
(rituales de parto, sociales, médicos y religiosos), para los niños gualies o chigualos
y velorios con novenas para los adultos.
Las familias negras de los pueblos y ciudades
del Pacífico somos los mismos campesinos. Por eso, el artículo transitorio 55 de la
Constitución nos pertenece a todos los negros, tenemos el mismo derecho sobre nuestro
territorio tradicional y hemos luchado por defenderlo.
Sin embargo, nos están despojando en los
campos, en los ríos, en los manglares, en las costas, en los mares, en los bosques, en
las minas, en los pueblos y en las ciudades. Todos juntos debemos luchar porque tenemos la
posesión y hemos ocupado históricamente este territorio.
El Estado como da, quita; más de la mitad de la
población negra del Pacífico somos los pobladores de las ciudades y pueblos; la ley que
logremos tiene que ser para todos nosotros.
Todos somos pueblo negro y tenemos los mismos
derechos; defendemos nuestra tradición cultural y nuestro territorio ocupado para que
nuestros hijos, los renacientes, tengan dominio.
Tenemos derecho a concertar y controlar al
Estado para defender el desarrollo, en el campo y la ciudad, en nuestro beneficio, a fin
de recuperar áreas y zonas que hemos perdido y que son necesarias para nuestra
supervivencia como pueblo.
Todos conformamos el grupo étnico negro y
nuestros derechos están reconocidos, no solamente en el artículo transitorio 55 de la
Constitución Nacional, sino también en el artículo 7, que establece el reconocimiento
del Estado a la diversidad étnica de la nación colombiana; en el artículo 10, que
establece como oficiales las lenguas y dialectos de los grupos étnicos en sus
territorios; en el artículo 63, que establece las tierras comunales de grupos étnicos
como inalienables, o sea, que no se pueden vender; imprescriptibles, es decir, nadie puede
adueñarse de ellas por posesión o mejoras y son inembargables; en el artículo 68 que
establece el derecho de los integrantes de los grupos étnicos a la etnoeducación, o sea,
una educación que respete la identidad cultural y, por último, en el artículo 176 se
establece una circunscripción especial para la Cámara de Representantes en favor de los
grupos étnicos.
Finalmente, después de tantos esfuerzos,
movilizaciones y luchas hemos logrado que el gobierno nacional expida el decreto número
555 del 1 de abril de 1992, por el cual se crea la Comisión Especial para las comunidades
negras, de que trata el artículo transitorio número 55 de la Constitución Política de
Colombia, sobre el reconocimiento de los derechos territoriales y culturales, económicos,
políticos y sociales del pueblo negro de Colombia.
Ahora nos toca, de manera fraternal y
democrática, avanzar conjuntamente para presentar posiciones unificadas al Estado que
permitan un amplio y justo reconocimiento de nuestros derechos.
La organización del pueblo negro de Colombia
Unidad en la diversidad: El movimiento
organizativo de los afroamericanos en Colombia se ha desarrollado en varias dinámicas
regionales que responden a las características culturales, históricas, sociales e
ideológicas de relación con el Estado, a que está sometido nuestro pueblo negro. En
algunas regiones los procesos organizativos están más desarrollados y consolidados y,
por sus experiencias, deben ser tenidos en cuenta.
La Obapo lucha por la unidad de nuestras
organizaciones populares de base negras y reconoce los trabajos que, en las diferentes
regiones del Pacífico, han desarrollado: la Acia como pionera del proceso organizativo de
los negros y de la propuesta de titulación colectiva; el movimiento Cimarrón, la Ocaba,
la Acaba, Acadesan, la Coordinadora Nacional de Comunidades Negras, Codinca, Aponury,
Odeican, Comité Campesino del río Raposo, Comité prodefensa del río Anchicayá,
Comité Campesino de Papayal el Progreso; el Movimiento Cultural Cinecio Mina, la
Asociación pro desarrollo del Saija; Universan, Orisa y las organizaciones de los ríos
Patía Viejo, Yurumanguí, Mira, de los mares de Mosquera, Olaya Herrera, Francisco
Pizarro; de la carretera Pasto - Tumaco y de campesinos y mineros de Barbacoas, Payán y
Maguí; los intelectuales de nuestra etnia, los Vicariatos Apostólicos y las entidades
públicas y privadas que nos han apoyado en este proceso.
Concebimos la organización del pueblo negro
como gremial porque lucha por la defensa de los intereses comunes, como la defensa de la
propiedad colectiva y familiar de nuestro territorio tradicional del Pacífico, los
servicios públicos, la salud, la educación y un desarrollo conforme con nuestro querer y
sentir. Y como étnica porque luchamos por nuestros derechos, como pueblo, cultura; por el
derecho a ser distintos, a la diferencia.
Por lo anterior, es por lo que no queremos el
unanimismo al interior del movimiento popular negro, no queremos la hegemonía; queremos
la democracia directa y representativa, la participación y el pluralismo; el debate
creativo de las ideas. Compartir las experiencias regionales y frente al Estado unificar
posiciones y criterios; dar la lucha conjuntamente por el reconocimiento de nuestros
derechos dentro de criterios de respeto mutuo de los trabajos, solidaridad y unidad en la
diversidad.
No aceptaremos patrones ni dueños de nuestro
movimiento social; nuestros intereses y derechos están primero y no se pueden limitar por
intereses grupistas de carácter político, económico, religioso, proselitista, o por la
intervención del Estado.
No queremos la cooptación o
institucionalización, en su nacimiento, del movimiento organizativo del pueblo negro; no
podemos, en este momento histórico, repetir las experiencias de otros movimientos
sociales. Exigimos respeto por nuestra capacidad para desarrollar nuestra propia
historia.
La unidad es un
deber ser, un ideal, que podemos construir si nuestras relaciones son claras, recíprocas
y transparentes, que se construye en la medida en que los acuerdos puntuales, los trabajos
conjuntos y las luchas que se adelanten, se cumplan y respeten.
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COPLAS
Lino de los
principales puntos
que uno debe mirar
es que nuestras tierras
nos las quieren quitar.
Tenemos un
problema
que es mucho más serio
que el señor Estado
no quiere reconocernos.
Que aquí en el
Chocó
existen es mulato
no sé de dónde diablo
han sacado esos datos.
En tiempos
electorales
todos somos hermanitos
cuando montan alto
los negros somos diablitos.
Nosotros los
negros
somos de cabeza fresca
tiremos inteligencia
al desarrollo de la Yesca.
Estamos mal cogíos
y nos vamos a fregar
con este desarrollo
nos vamos a acabar.
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ALABAO
Homenaje a Kunta
Salve ooh pueblo
te pedimos de queeeh
Kunta vuelvaa (coro)
El pueblo reclama a
Kunta
amigo tradicional
él se entregó a la lucha
con toda su identidad.
Este compañero
Kunta no
lo podemos olvidar
él nos enseñó una lucha
que no podemos dejar
En el parque se encontraba
metido en una caseta
los amigos lo encontraban
bebiéndóse una cerveza.
Cuando andaba en sus
carreras
a él no le importaba nada
él lo hacía con cariño
para el pueblo trabajaba.
Que regrese a su
pueblo
pedimos a los que lo tengan
vivo se lo llevaron
queremos que lo devuelvan.
María Mercedes Porras
(Integrante de Obapo)
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ALABAO A LA TIERRA
Sin
territorio no habrá vida
Sin la tierra no hay amor
Nosotros el pueblo negro
exigimos titulación.
Exigimos
titulación
y no la han querido dar
porque las gentes de afuera
se las van acaparar.
Con las tierras del
Pacífico
muchos planes han tirado
sacarnos a los nativos
y entregarles a los llegados.
Señora pongan
cuidado
qué es lo que podemos hacer
unir toda nuestra fuerza
para poder defender.
Nosotros en el
Chocó
estamos organizados
exigiéndole al gobierno
el territorio que ha negado
Nos niegan todo el derecho
que por siempre hemos tenido
no recuerdan que nosotros
aquí fue donde nacimos.
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Exigimos titulación
y que sea comunitario
porque nosotros los negros
lo venimos conservando.
Lo venimos
conservando
y lo hacemos sin reparo
insistimos que Los de afuera
si no lo sigan llevando.
Madre, hijos en el
pueblo
y los padres en el campo
que traen los alimentos
para sus hijos el sustento.
El artículo 55
va derecho a nuestro pueblo
a titular nuestros bosques
y a lo barrios en los pueblos
La lucha por la
unidad
de nuestro pueblo en Colombia
es la meta de nosotros
defender el territorio.
Las comunidades negras,
en los pueblos del Pacífico
tenemos nuestra cultura
al territorio mismo.
Como somos
campesinos
no nos quieren valorar
nos ponen que nos peliemos
para podernos sacar.
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ALABAO A LA TIERRA
La tierra es nuestra
madre
y la madre da la vida
los indígenas vivían
con la madre en armonía.
Los españoles
invadieron
se robaron todo el oro
de la tierra se adueñaron
y a los indios maltrataron.
Luego que arrancan
al negro
del Africa madre tierra
y aquí lo traen de esclavo
a elaborar ríos y tierras.
Los negros no nos
callamos
defendimos nuestra vida
nos unimos en palenque
nos volvimos cimarrones.
Los que fundaron a Quibdó
en busca de oro llegaron
de la tierra se adueñaron
y a muchos negros masacraron.
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La educación nos
entró
la puntilla y culturamiento
por eso es que algunos negros
seguimos el blanqueamiento.
Por eso el
acaparamiento
de tierras en pocas manos
que obliga a comprar mejoras
y el título no lo han dado.
Y ahora vienen del
oriente
con plata y tecnología
a robar nuestros recursos
y acabar con nuestras vidas.
Negros, indios y
raizales
sellaremos la unidad
trabajando hombro a hombro
por el territorio tradicional.
No podemos olvidar
lo largo de este alabao
que por poseer muchos años
la tierra la hemos ganado.
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