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59.
COLOMBIA Y LAS ALTERNATIVAS
INTEROCEAN ICAS
MAURICIO OBREGON
Embajador de Colombia para el Area del Caribe
Profesor
Departamento de Historia Universidad de Los Andes
Mapas de Javier Obregón
Resumen histórico del canal de Panamá
En su último
viaje (1502 - 1503) Colón recorrió el istmo, y creyo haber comprobado que llegó hasta
Zapzurro, en el Chocó colombiano. Como si oyera rugir el océano al otro lado del istmo,
el descubridor buscaba un paso al otro mar... que lleva hasta el Ganges, pero
desperdició dos oportunidades: pasó de largo la boca del río San Juan, entre Honduras y
Nicaragua, y pernoctó en la boca del río Chagres, en Panamá; en ambos casos, con subir
el río, habría llegado a ver el Pacífico diez años antes que Balboa. Tan suavemente
rozan las alas del destino a los grandes hombres que a veces lo dejan pasar.
Hace un cuarto de siglo, volando bajo para
localizar la ruta de Colón, vi yo un paso muy bajo en el centro de la cordillera que
separa a Colombia de Panamá, y empecé a pensar en sus posibilidades canaleras. Años
más tarde, cuando ya estudiábamos el canal Atrato - San Miguel, el ingeniero panameño
Simón Quiroz dudó de que el paso fuera tan bajo, pues todavía no existían mapas
detallados de la región. Lo invité a Bogotá, lo monté en mi avioneta, y le dije:
cruzaremos la cordillera a ciento veinte metros. Si tengo razón, llegaremos a Bogotá,
sino...
Durante los siglos XVI y XVII, los tesoros del
Perú y de Oriente atravesaban el istmo siguiendo el camino Real desde el viejo Panamá en
el Pacífico hasta Portobelo en el Caribe, por lo que yo llamo el canal de las
mulas, para luego seguir a España vía Cartagena de Indias. Sin embargo, Hernán
Cortés, Carlos V y Felipe II ordenaron a Saavedra, Andagoya y Fernández de Velasco
respectivamente, estudiar la posibilidad de cortar el istmo con un canal. Los tres
rindieron informes negativos, principalmente porque preveían problemas de topografía y
de mareas. Más tarde tres ingleses, Watlings, Bauman y Sharp, propusieron unir el río
Atrato con el río San Juan para abrir un paso interoceánico, y en Santa Fe de Bogotá se
les agradeció la propuesta quemándolos en ˇefigie! En el siglo XVIII, el cura de
Nóvita abrió una chamba entre las fincas de las familias Mosquera y Salinas, observó
que la chamba se llenaba de agua que corría hacia ambas vertientes, y arrastró canoas
entre el Atrato y el San Juan.
Ya en el siglo XIX, a instancia de Von Humboldt,
Bolívar contrató estudios canaleros con la firma inglesa Lloyd & Falman, pero una
vez más, y por razones similares, el informe fue negativo. Luego, el inversionista
norteamericano coronel Biddle propuso al general Santander un nuevo estudio, y Santander
lo rechazó con esta frase: No quiero exponer la nacionalidad del país. A
mediados de siglo se inició la fiebre del oro en California (el Gold Rush), y
se hizo urgente un transporte rápido y seguro entre las dos costas de los Estados Unidos.
Colombia dio permiso a los EE.UU. para construir el ferrocarril transístmico que se
completó en 1855, catorce años antes de la conexión férrea interoceánica
norteamericana (Utah 1869). En 1878 el ministro de Relaciones Exteriores de Colombia,
general Eustorgio Salgar, firmó un acuerdo con Luciano Napoleón Wyse, descendiente
franco - americano de Napoleón Bonaparte, para que en 1880, Ferdinand de Lesseps, a los
83 años de edad, iniciara la construcción de un canal cerca a la ruta del canal actual.
Desafortunadamente, Lesseps desatendió la propuesta de Godin de Lepinay para un canal con
esclusas, optó por la solución a nivel, y tras veinte años de trabajo lo
derrotaron no sólo los problemas físicos y económicos, sino también la fiebre amarilla
que se llevó a miles de trabajadores. Hoy, de su trabajo no queda más que un brazo de
mar en el que funciona el Yacht Club de la ciudad de Colón.
En 1903 empezó el drama para Colombia. Se
firmó el tratado Hay - Herrán que permitía traspasar la concesión Francesa a los
Estados Unidos, pero el Senado colombiano se negó a ratificarlo porque los Estados Unidos
exigían diez kilómetros de zona de doble soberanía. El resultado fue la independencia
de Panamá en la que los Estados Unidos intervinieron en forma definitiva, primero con la
presencia del crucero Nashville, y luego con la negativa del ferrocarril a transportar
tropas colombianas, a pesar de los derechos que a Colombia se le habían garantizado. Acto
seguido, un francés, Philippe Buneau-Varilla, se atribuyó la representación de la nueva
república de Panamá, y firmó un acuerdo con Hay, con base en el cual los EE. UU.
pagaron a Panamá diez millones de dólares por la zona en perpetuidad, y a
Francia cuarenta millones por sus derechos, trabajos y estudios. Finalmente, Colombia
firmó el pacto Thompson - Urrutia que legalizó la situación de hecho, y el Congreso
colombiano lo ratificó en 1922. Los EE.UU. le garantizaron a Colombia tránsito libre
para los barcos en lastre y para las naves militares, y pagaron veinticinco millones de
dólares de indemnización por la amputación del istmo. Triste fin.
A pesar de los debates de sus colaboradores, el
ingeniero jefe del proyecto, John Stevens, optó por la solución con esclusas, y la
construcción del canal se inició en 1904. Su costo total fue de trescientos ochenta y
siete millones de dólares; treinta mil hombres trabajaron sanos y salvos gracias a que el
doctor Gorgas descubrió la causa del problema de la fiebre amarilla; y en 1914, el vapor
Ancón inauguró el canal recorriéndolo en algo más de ocho horas, el tiempo aproximado
que hoy se necesita para transitarlo.
De los ochenta kilómetros del actual canal de
Panamá (Fig. 1), la mitad atraviesa el lago artificial de Gatún, alimentado por el río
Chagres, cuya represa forma el lago Madden. Al lago Gatún suben los barcos veintiséis
metros y vuelven a bajar mediante seis juegos de esclusas, tres a cada extremo del canal.
Las esclusas tienen treinta y tres metros de ancho, y solamente caben barcos de hasta
cincuenta y dos mil toneladas. Las esclusas sepodrían ensanchar hasta un máximo de
cincuenta y cinco metros para permitir el paso de buques de hasta sesenta y cinco mil
toneladas, y el Corte de Culebra, la parte más estrecha del canal, que va del lago Gatún
hasta las esclusas que bajan al Pacífico, ya se está ensanchando.
1. CANAL DE
PANAMA
Sin embargo, la capacidad total del canal
depende no solamente del tamaño de los barcos, sino también del número de tránsitos
que él puede acomodar, y este número depende del caudal del agua dulce que puede proveer
el lago Gatún, pues cada vez que un buque mercante, grande o chico, atraviesa el canal,
hay que llenar y vaciar todas las esclusas, desaguando al mar un total de doscientos mil
metros cúbicos de agua dulce. Esta cifra, multiplicada por quince mil tránsitos, el
máximo previsible, arroja un total de tres mil millones de metros cúbicos de agua dulce
echados al mar cada año, además de los que se evaporan y los que consumen las ciudades
de Panamá y Colón. Estamos, pues, cerca al límite de la capacidad del istmo para
recoger agua dulce, y ya varias veces se ha tenido que racionar el agua en las
ciudades.
Por lo tanto, aunque se agranden el canal y sus
esclusas, no se podrá aumentar en mucho su capacidad total, y durante el próximo siglo
el canal llegará a su límite de agua dulce. Esto en un mundo en el cual el agua dulce
faltará antes que el petróleo.
Los estudios internacionales y las alternativas
(Fig. 2)
2. ALTERNATIVAS INTEROCEANICAS
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En 1970, como presidente de la Corporación
Nacional para el Desarrollo del Chocó, me correspondió representar a Colombia en las
negociaciones con los Estados Unidos y Panamá para el estudio de nuevas alternativas
canaleras. Con base en el pacto Colombo - Panameño de Cooperación Técnica firmado por
el doctor Alfonso López Michelsen, entonces ministro de Relaciones Exteriores de
Colombia, sugerí a los gobiernos de Colombia y Panamá que crearan comisiones de las dos
Sociedades de Ingenieros, la panameña y la colombiana, para que hicieran una primera
comparación entre los varios proyectos. Las comisiones se instalaron el 8 de septiembre
de 1983 en el Palacio de Nariño, bajo la presidencia del doctor Belisario Betancur. Las
autoridades del canal de Panamá suministraron las estadísticas, y los Institutos
Geográficos Agustín Codazzi, de Colombia, y Tommy Guardia, de Panamá, y el
Instituto Colombiano de Investigaciones Geológico - Mineras, Ingeominas, prepararon los
mapas topográficos y geológicos de la región fronteriza, que hasta entonces no
existían; y se aprovecharon los estudios que ya había adelantado la comisión de los
Estados Unidos. Las alternativas cuyos méritos se compararon, fueron las
siguientes:
El proyecto de
los Grandes Lagos (Fig. 3)
3. CANAL DE LOS
GRANDES LAGOS
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Este proyecto, originalmente propuesto por el
Instituto Hudson, represaría los ríos Atrato y San Juan para formar dos enormes lagos
(que se verían desde la luna, dijo uno de sus promotores), que se
conectarían por un canal central, resultando además del paso interoceánico, dos grandes
plantas hidroeléctricas. Pero al examinarlo se encontró que, como hidroeléctrica, por
ahora solamente era interesante la del San Juan, pues se situaría a un centenar de
kilómetros de Cali, y, dado el caudal promedio de dos mil quinientos metros cúbicos por
segundo que tiene el río San Juan, una presa de tierra comparable en tamaño a la de
Guatavita o Tominé en la sabana de Bogotá, permitiría instalar una capacidad de mil a
mil quinientos megavatios, aproximadamente un quince por ciento del total instalado en el
país. En cambio la hidroeléctrica del Atrato no se justificaría porque requeriría una
presa muchísimo mayor, construida sobre tierras pantanosas. Desde el punto de vista
canalero, el recorrido total lagos - canal sería de casi quinientos kilómetros, y el
canal que uniría los dos lagos necesitaría esclusas como las de Panamá. Desde el punto
de vista ecológico, sería muy grave inundar ciento setenta mil hectáreas de bosque
tropical. Por todas estas razones, el proyecto se archivó.
El proyecto Atrato - Napipí (Fig. 2)
Este proyecto se rechazó porque requeriría la
remoción de una serranía de roca ígnea consolidada; y porque además del dragado de las
bocas del Atrato, necesitaría la rectificación y permanente dragado de unos ciento
cincuenta kilómetros del tramo que va del río Cacarica al Napipí.
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