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58.
UNA MIRADA AL DESARROLLO FUTURO
DEL PACIFICO
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EDUARDO URIBE
Jefe
División Especial de Corporaciones Autónomas Regionales
Departamento Nacional de Planeación
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DOCORDO. RIO SAN JUAN
Fotografía Diego Arango
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Las culturas negras e indígenas del litoral
vivieron durante siglos casi totalmente aisladas de los procesos políticos, culturales
y económicos que se desarrollaban en el interior del país. Barreras físicas y
ambientales, como los accidentes topográficos y el clima, desestimularon el avance de los
procesos de migración y colonización que ocurrieron en otros sitios. La carencia de una
vocación agrícola convencional en vastas áreas del litoral desanimó, también, el
proceso de colonización y la migración se limitó a algunos avances transitorios sobre
los ríos en busca de oro principalmente.
La construcción del puerto de Buenaventura y de
la carretera que lo conecta con el interior del país, facilitaron la entrada rápida de
la economía de mercado en el litoral. Esta nueva infraestructura estimuló, también, el
crecimiento de Buenaventura y su consolidación como una ciudad - puerto, hoy de gran
actividad económica; por Buenaventura se moviliza el 60% de la carga total
nacional.
La entrada de la economía de mercado en el
litoral desencadenó procesos de deterioro, principalmente, asociados con la explotación
de sus recursos mineros y forestales. Las migraciones desde el interior del país hacia el
Pacifico no fueron de carácter permanente. Las difíciles condiciones ambientales y
climáticas hicieron que el Pacífico fuera visto más como una fuente
infinita" para la extracción de recursos, que como un lugar dónde establecer
una actividad productiva de largo plazo.
El Pacífico presenta los indicadores sociales
más desfavorables del país. Evidentemente, la extracción de los recursos de la región
no ha servido para elevar el nivel de vida de la población y, muy por el contrario, ha
resultado en el empobrecimiento de esta y las futuras generaciones al disminuir, en
ocasiones de manera irreversible, la oferta ambiental de la región.
Los recursos
biológicos y ecosistémicos y el conocimiento ancestral de los habitantes del litoral
sobre su medio natural representan recursos estratégicos de enorme importancia. Estos
recursos y las herramientas jurídicas que la nueva Constitución ofrece, constituyen
verdaderas oportunidades para generar en el Pacífico un proceso endógeno para la
fijación de un nuevo rumbo. Del liderazgo que las comunidades del litoral asuman,
dependerá el éxito en la tarea de forjar para la región una nueva forma de desarrollo
respetuosa de los derechos humanos y del medio ambiente. El Estado deberá desempeñar un
papel de respetuoso facilitador del proceso de autodeterminación del nuevo rumbo. Hoy,
más que nunca, en el litoral están dadas las condiciones para que los cambios ocurran.
Población
La población del litoral es
aproximadamente de 817.000 personas y su tasa de crecimiento se ha estimado en 3.8% (2
puntos porcentuales por encima del promedio nacional). Existen tres grupos étnicos en la
región: negros (90%), blancos (6%) e indígenas (4%). La población rural (26.5%) se
ubica en asentamientos dispersos pequeños, mientras el 73.5% de la población se localiza
en las ciudades del litoral, principalmente en Buenaventura, Tumaco y Quibdó. Algunos
asentamientos humanos pequeños en áreas rurales presentan tasas de crecimiento negativas
por la concentración de la población en los centros urbanos.
La biodiversidad como recurso estratégico
Por biodiversidad se entiende la riqueza
ecosistémica, de especies y genética de una región. Las áreas biodiversas se
caracterizan por contar con una baja densidad de individuos de la misma especie en un
espacio determinado y por presentar un alto número de especies diversas en ese mismo
espacio. Por su diversidad biológica y ecosistémica, el litoral Pacífico es una región
de enorme importancia estratégica para Colombia. Los bosques del litoral, con sus 5.5
millones de hectáreas, constituyen el único bosque pluvial de América sobre la cuenca
del Pacífico y algunas de sus áreas han sido consideradas entre las más ricas y
diversas del mundo en recursos biológicos.
La biodiversidad se ha venido convirtiendo en un
recurso importante en la medida en que nuevos desarrollos tecnológicos han permitido su
aprovechamiento comercial. Los recientes avances en biotecnología han multiplicado las
posibilidades de aprovechamiento de los recursos genéticos. En estas condiciones los
bosques biodiversos del Pacífico pueden llegar, en el mediano a largo plazo, a
convertirse en fuente importante de insumos para la industria del futuro. De hecho buena
parte de las medicinas e ingredientes activos que se venden, hoy en todo el mundo,
tuvieron su origen en alguna planta superior, hongo o bacteria, que continúa
evolucionando en esos bosques hacia los rumbos que los caprichos de la herencia le traza.
Durante los últimos años, además del valor intrínseco de esos recursos, los países
tenedores de éstos han venido defendiendo en los foros internacionales su valor
económico. La convención de Biodiversidad firmada hasta hoy por 157 países abre las
puertas para que, mediante la negociación del protocolo respectivo, los países
poseedores de esos recursos puedan ser reconocidos económicamente por el aprovechamiento
que de ellos hagan otros países, mediante la aplicación de la biotecnología. Pero más
importante, aún, sería el reconocimiento económico que puedan conquistar las
comunidades habitantes de esos bosques y que han hecho mejoramiento genético de sus
recursos.
La
biodiversidad como recurso social
Aunque el valor económico de la diversidad
biológica apenas comienza a ser reconocido, de hecho, su valor para las culturas
indígenas y negras del litoral es indiscutible. La riqueza de la medicina tradicional del
litoral se basa, precisamente, en el conocimiento que esas culturas han capitalizado sobre
las propiedades de los recursos biológicos a su alcance. El valor de la biodiversidad se
evidencia, también, en otros usos domésticos de los recursos del bosque tales como la
vivienda, el vestido, la recreación, la alimentación y la fabricación de utensilios y
herramientas de trabajo.
El Pacífico cuenta con 1.300 kms de costa,
multiplicados por intrincados laberintos de esteros, donde se mezclan las aguas del mar
con las aguas dulces que bajan de los Andes cargadas de nutrientes. Estas condiciones
favorecen el desarrollo de una oferta pesquera importante en la región. Estimaciones del
potencial pesquero del litoral varían entre 100.000 y 310.000 toneladas al año. La pesca
se ha desarrollado en el litoral como una importante actividad económica regional y
representa el 45% de la pesca nacional. Además, el pescado es la principal fuente de
proteína para las comunidades ribereñas y del litoral.
Desarrollo de tecnologías productivas
locales
Los sistemas
agrícolas de las comunidades del litoral evolucionaron adaptándose a condiciones de alta
precipitación, con suelos que, en la mayoría de los casos, presentan limitaciones
químicas y físicas, de fertilidad media a baja, con temperaturas y humedades relativas
que no favorecen el almacenamiento de productos y ubicados a distancias considerables los
centros de consumo. Esos sistemas productivos no sólo le permitieron a las comunidades la
satisfacción de sus necesidades básicas en cuanto se refiere a su alimentación,
recreación, vivienda, medicina tradicional, folclor y cultura en general, sino que al
corresponder con las potencialidades y limitaciones que la naturaleza ofrece, aseguraban
la sostenibilidad de la intervención humana sobre el medio.
En el Pacífico, las actividades productivas
tradicionales de agricultura, pesca, caza y el aprovechamiento de los productos maderables
y no maderables del bosque, se aproximan a las definiciones más aceptadas del desarrollo
sostenible. Son actividades que han permitido la evolución sana de los procesos naturales
y culturales de la población y sus recursos, sin comprometer el derecho de las
generaciones del futuro a gozar de un entorno ambiental y culturalmente adecuado. Sin
embargo, a pesar de que los sistemas tradicionales de producción en el litoral pueden ser
catalogados como sostenibles, la calidad de vida de las poblaciones rurales del Pacífico
requiere de mejorías notables.
La economía extractiva en el Pacífico
Las intervenciones que la economía extractiva
ha hecho durante siglos sobre la zona del Pacífico, han ignorado los elementos
tecnológicos y culturales que les han permitido a grupos indígenas y negros desarrollar
formas adecuadas de aprehensión de los recursos naturales; formas éstas que constituyen
adaptaciones exitosas a un medio natural difícil.
Tierra de
nadie
A pesar de que existen entre las comunidades del
litoral formas tradicionales de propiedad y tenencia de la tierra y los recursos, la
normatividad vigente en Colombia no reconoce esas formas y, en consecuencia, el país
asume como de nadie y como bienes libres esas tierras y sus
recursos. El Estado ha legitimado, con la creación de enormes reservas forestales, la
concepción de que las tierras del andén Pacífico son baldías, es decir, tierras
de nadie. Salvo algunas áreas donde existe la propiedad privada reconocida por el
Estado, la mayor parte del territorio del litoral entra en la categoría de reserva
forestal que, para efectos prácticos, el Estado y la sociedad han considerado como
tierra de nadie o baldíos.
Además de la figura jurídica de Reserva
Forestal, en algunos casos existen sobre un área otras figuras. Es así como algunos
resguardos indígenas pueden estar en zona de reserva forestal o aun de Parque Nacional,
dificultando enormemente la definición de las competencias en la zona y haciendo que en
últimas nadie sea el responsable.
El carácter de baldíos atribuido
tradicionalmente por el gobierno y por la sociedad a las áreas del litoral, se evidencia
en la redacción del artículo 55 transitorio de la Constitución, que si bien fue
concebido con el sano espíritu de reconocer a las comunidades del litoral el derecho a la
propiedad, califica de tierras baldías las áreas que las comunidades negras
han ocupado por siglos, desconociendo las formas tradicionales de tenencia de la tierra y
de apropiación del espacio. Actuando de acuerdo con esa visión, las intervenciones del
Estado y del sector privado en la región han tenido impactos ambiental y culturalmente
negativos.
Los recursos
infinitos
El Estado y la empresa privada han visto en el
litoral Pacífico una oferta infinita de recursos. Las condiciones de
altísima precipitación pluvial, las dificultades impuestas por la fragilidad de sus
suelos en las estribaciones de la cordillera Occidental y las condiciones de humedad de
sus laderas y llanuras costeras, entre otras, hicieron que las aproximaciones de agentes
externos hacia el litoral fueran sólo transitorias y que la región fuera vista más como
una fuente infinita de dónde extraer recursos primarios, que como un área
para desarrollar actividades económicas estables.
Racionalidad económica
Al interpretar como de nadie las
tierras del litoral y como infinita la oferta de recursos, las economías
extractivas de minerales y madera introducidas al Pacífico asumen que el valor
intrínseco de esos recursos es cero. Esa forma de producción que asume una
oferta infinita y gratis de recursos, asigna solamente los costos
de extracción al precio final de los minerales y las maderas. Una estructura de precios,
así definida, ignora por lo menos dos componentes fundamentales que, en las condiciones
del litoral, resultan particularmente relevantes:
El
costo de reposición de los recursos naturales renovables
El costo de oportunidad que para las
generaciones futuras representa la actual extracción de los recursos no renovables.
El caso de los recursos
forestales es ilustrativo. Los recursos forestales han sido llamados
renovables. Esta clasificación asume que luego de la extracción del recurso,
comienza un período de recuperación del mismo y que después de un tiempo el recurso se
renueva solo. Si bien después del aprovechamiento se puede desencadenar la
revegetalización del área, en la gran mayoría de los casos no existe información que
permita predecir su rumbo con algún grado de certeza y mucho menos, existen formas de
manejo de la vegetación secundaria que puedan orientar y acelerar el proceso de
renovación del recurso extraído. Esto hace que en la mayoría de los casos
las formas actuales de extracción de madera del bosque tengan, desde el punto de vista de
la economía de los recursos, características de minería forestal y no de
aprovechamiento con miras a la renovación del recurso.
Como en el caso de la minería del oro, la
economía extractiva de la madera considera como infinito y de nadie el recurso y, por lo
tanto, sin valor. Las tierras forestales por carecer de vocación agrícola, en buena
parte de los casos, y por el largo tiempo existente entre la extracción de la madera y la
eventual renovación del recurso, son tierras a las que por sí mismas no se les asigna
ningún valor económico. Más aún, a un árbol en pie en el litoral tampoco se le asigna
ningún valor económico y éste sólo comienza a adquirirlo después de ser derribado.
Adicionalmente, los costos asociados con la reposición de los recursos forestales no son
incluidos en la definición del precio de la madera. Los componentes del precio final de
la madera sólo incluyen, entonces, los costos de extracción.
Implicaciones
ambientales y sociales
Las economías extractivas de minerales y madera
han generado un número importante de empleos y han servido para extender la economía de
mercado a las cabeceras más remotas del litoral. Sin embargo, vale la pena preguntarse si
las comunidades de indígenas y negros que han participado como mano de obra en esa
extracción han recibido el beneficio justo. También vale la pena pensar si esas
economías puramente extractivas, que se han venido perpetuando y presentando
erróneamente como la única posibilidad, pueden garantizar la sana evolución de los
procesos culturales del litoral.
Como lo dijera el presidente Gaviria, en
Buenaventura, durante el lanzamiento de la estrategia de su gobierno para el desarrollo
del Pacífico: la riqueza de recursos naturales del litoral contrasta de manera muy
grande con los niveles de vida de sus habitantes. Complementariamente podría
afirmarse que el alto valor de los recursos extraídos del litoral contrasta con la
pobreza de sus habitantes.
El litoral es el primer productor de platino y
el segundo de oro (17%) del país. De la minería le ha quedado al litoral una población
empobrecida por la destrucción de sus más importantes recursos. La actividad minera
está causando, además, un daño que puede ser irreversible a las generaciones futuras
por el envenenamiento de sus aguas y peces con mercurio. Además, la minería ha traído
una serie de consecuencias negativas tales como la destrucción de áreas importantes de
bosque, la destrucción de tierras cultivables, la proliferación de enfermedades y
muertes accidentales en el trabajo y el cambio de valores, entre otras. Solamente en los
municipios de Tadó, Istmina y Condoto existen más de 1.700 explotaciones artesanales de
oro, 43 minas semiindustriales y 3 minas industriales. Estas explotaciones mineras
devastan cerca de 1.000 hectáreas al año y llevaron los contenidos de mercurio en los
peces a concentraciones - más de 100 cien veces- superiores a los niveles tolerables de
acuerdo con la Organización Mundial de la Salud.
Pero la explotación del oro no es siempre una
actividad promovida por agentes externos al litoral. La minería del oro forma parte
integral de la cultura en ciertas áreas. De una minería artesanal de bajo impacto
ambiental, algunos grupos pasaron a una minería que utiliza como herramienta mínima una
motobomba para remover el material de las riberas y como insumo el mercurio que atrapa en
las canales el codiciado metal. En este caso una actividad que bien pudo haber sido
ecológicamente viable en algún momento fue transformada por el afán de lucro y mediante
la introducción de tecnologías equivocadas en una actividad destructiva de los
recursos.
Siendo el oro un recurso no renovable, es decir,
que mediante la explotación del presente se niega a las generaciones futuras la
posibilidad de aprovecharlo, lo equitativo sería que se previeran los mecanismos para
compensar a las generaciones futuras por la posibilidad que se les está negando. El Fondo
Nacional de Regalías constituye una oportunidad en ese sentido. La región podrá buscar
en este fondo recursos adicionales para financiar proyectos de manejo de los recursos
ambientales y proyectos que considere prioritarios dentro de su plan de desarrollo. Una
participación democrática en la fijación de las prioridades regionales de inversión
seguramente podrá favorecer la formulación de proyectos de largo plazo que compensen a
las generaciones futuras por la explotación actual de los recursos.
Otro caso a la luz del cual se puede evaluar el
impacto que la extracción de recursos ha tenido para los habitantes del litoral y la
calidad de su entorno, es la industria forestal. La deforestación en el litoral puede
alcanzar las 160.000 hectáreas anuales. El Pacífico es el principal proveedor de madera
aserrada para el consumo nacional (58%). Esta explotación se está haciendo, en algunos
casos, sobre las áreas más biodiversas del planeta, como es el caso del bajo Anchicayá,
y en la enorme mayoría de ellos ninguna medida se está tomando para promover, de alguna
forma, la recuperación de las áreas donde se hace la extracción. De no lograrse la
renovación de esos recursos forestales, los habitantes del Pacífico estarían
incurriendo en un alto costo al permitir que los bosques más biodiversos del mundo sean
transformados en papel, tableros y muebles.
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BAJO RIO SAN JUAN
Fotografía Alberto Sierra
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Economía local
Economía rural
Además de las actividades puramente extractivas
de los metales preciosos y la madera, a lo largo de los ríos del litoral se ha
desarrollado tradicionalmente una economía menos formal basada en la producción, la
comercialización y el intercambio de bienes agrícolas de la región. Sin embargo,
existen una serie de limitaciones que impiden que excedentes de esos bienes puedan
alcanzar mercados más allá de las riberas de los mismos ríos. Entre esas limitaciones
las más notables serían: i) la baja oferta y el monopolio de los servicios de transporte
a lo largo del litoral y entre los ríos, que impiden la movilización oportuna de los
productos e insumos y eleva los precios, ii) la escasez de facilidades para el
almacenamiento y transporte de productos perecederos, iii) la baja disponibilidad de
elementos tecnológicos adicionales que permitan complementar las tecnologías
tradicionales para la obtención de más altos rendimientos y mejoramiento de la calidad
y, iv) el desconocimiento de varios de los productos del litoral por parte de los
consumidores en los centros urbanos del interior del país. Estas limitaciones principales
han mantenido el mercado de los productos agrícolas del litoral muy por debajo de su
potencial y han favorecido la generalización errónea de que el desarrollo del litoral
sólo puede depender de actividades puramente extractivas, como la minería del oro, el
platino y la madera. Las dificultades que encuentran las actividades agrícolas y
artesanales tradicionales del litoral para participar de los mercados, hacen que los
habitantes de las zonas rurales busquen en la minería y en la explotación de la madera,
o en otras actividades económicas propias de los centros urbanos, soluciones económicas
a sus crecientes necesidades.
El crecimiento
urbano
En el litoral se ha desarrollado una actividad
económica importante en varios centros urbanos. Mientras la población en las áreas
rurales del litoral tiende a declinar, las ciudades concentran cerca del 70% de la
población, principalmente en las ciudades de Buenaventura, Tumaco y Quibdó. El impacto
social asociado con la creciente concentración de la población y de la actividad
económica en los centros urbanos del litoral también merece atención.
En Buenaventura y Tumaco ocurrió una rápida
concentración de recursos durante el presente siglo, a consecuencia principalmente de la
construcción de los puertos y las carreteras hacia esas ciudades. La nueva
infraestructura aceleró el flujo de personas, bienes, y energía en varias formas
(dinero, combustibles fósiles, electricidad, servicios etc.) hacia esos polos. La nueva
situación atrajo la llegada de más gente desde varios sitios del litoral lo cual obligó
a que el Estado interviniera para tratar de prestar a los habitantes de esas ciudades los
servicios básicos. Se generó, entonces, un círculo vicioso donde las expectativas de
nuevas oportunidades de empleo y mejores condiciones de vida continuaron atrayendo más
gente al tiempo que el Estado no era capaz de responder a esas expectativas. Se generó,
entonces, una permanente situación de déficit en la prestación de todos los servicios
públicos a cargo del Estado con las predecibles consecuencias sobre la calidad de vida de
los habitantes urbanos. El fracaso de la concentración de la población en los centros
urbanos del litoral como estrategia para mejorar su calidad de vida se evidencia en los
indicadores sociales. Casi sin excepción, todos los indicadores sociales en el litoral
están muy por debajo de los promedios nacionales. La tasa de mortalidad infantil en la
región es cerca de cinco veces el promedio nacional, la desnutrición ha aumentado
mientras en el resto del país ha disminuido, el analfabetismo de la población urbana del
Pacífico triplica el promedio nacional, y el cubrimiento del sistema de alcantarillado es
cinco veces menor al promedio nacional.
Además de lo que
muestran esos indicadores cuantitativos, la migración hacia las ciudades del litoral
implica otras transformaciones más profundas en las condiciones de vida de las
poblaciones negras. Las poblaciones que desde distintos lugares de la costa han emigrado
hacia los centros urbanos del litoral han encontrado, en muchos casos, empleo asalariado
en los sectores formal o informal de la economía o con el Estado. Estos cambios alteran
las relaciones entre el hombre y su entorno social y ambiental y producen la erosión de
recursos culturales ancestrales que habían servido a los pobladores del litoral para
mantener y desarrollar formas exitosas de aprehensión del medio natural.
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