|
Continuación del capítulo 57
Posibilidades
de un sistema silvicultural para los bosques de guandal
Los diferentes sistemas silviculturales
investigados para el manejo de bosques tropicales, con frecuencia han visto limitada su
aplicación en la fase operativa por una serie de factores tales como los
siguientes:
No se ha logrado el establecimiento de la
regeneración de especies deseables de alto valor comercial.
Alta presión de los colonos por la
tierra para transformarla en fundos agrícolas o ganaderos.
Mercado para sólo unas cuantas
especies.
Las inversiones para estimular la
regeneración y el crecimiento de las especies valiosas no resultan financieramente
rentables.
Sólo se ha considerado la producción de
madera despreciando o ignorando todas las demás producciones así como las externalidades
del ecosistema forestal.
Falta de decisión política.
Estas limitaciones aparecen reiteradamente en la
literatura especializada y más, recientemente, en Wyatt Smith (1987), Tang (1987),
Asabere (1987) y Vega (1987), entre muchos otros.
A continuación discutiremos, someramente, estos
factores y su aplicabilidad en los bosques de guandal.
Tosi (1978) considera que el drenaje producido
por las zanjas de extracción afecta negativamente la regeneración de las especies
originarias del guandal y, específicamente, del sajo y del cuángare debido a que permite
la invasión de pioneras de poco valor. Propone que se empleen compuertas para evitar que
el bosque pierda sus condiciones edafohídricas originales. Neyra (1981) encontró buena
regeneración en los guandales por él estudiados pero insiste, también, en el impacto
desfavorable de los canales. Alonso (1967) afirma que el 60% del área explotada tiene
regeneración satisfactoria. El sajo se regenera en mayor cantidad y es más heliófito
que el cuángare pero, por otra parte, su distribución es más irregular. Esta
afirmación coincide con nuestras observaciones: el cuángare desarrolla regeneración
avanzada mediante un banco de plántulas, en tanto que el sajo no forma banco de
plántulas sino que se regenera en claros relativamente bien iluminados. Todas las
observaciones realizadas por la Universidad Nacional en los guandales cercanos a Salahonda
y en el río Sanquianga en guandales explotados durante varias décadas, evidencian tanto
el establecimiento como el adecuado crecimiento del bosque remanente conservando tanto sus
especies como su estructura (Universidad Nacional 1990, Vásquez 1987, 1988, Cardona
1989). Dado que los guandales cercanos al puerto de Tumaco han sido reiteradamente
explotados con ciclos de corta supremamente breves (de 4 a 6 años, según Neyra 1981) y
durante cerca de 50 años (Alonso 1967), pareciera que allí hay signos de degradación de
los bosques en proceso de regeneración.
|
 |
|
NAIDIZAL. BAJO RIO SANTIGA.
Fotografía Jose Iganacio del Valle.
|
Cuando se habla de la degradación de los
guandales, por lo general se refiere a la disminución del sajo y del cuángare; pero hay
otra degradación inherente a todo sistema de explotación con diámetro de corta límite
y es la genética (disgénesis), como lo han advertido varios autores (Zobel y Talbert
1984, entre otros). Esto ocurre porque ciclo tras ciclo se cortan los árboles que han
sobrepasado determinado diámetro y, por lo tanto, muy probablemente los mejores
genotipos.
Aún existiendo opiniones encontradas sobre el
efecto de los sistemas de explotación o aprovechamiento en la regeneración del guandal,
la presencia de cerca de 120.000 ha sólo en el departamento de Nariño, en proceso de
regeneración e intervención durante varias décadas, permite afirmar que esto no es en
los guandales un factor limitante tan importante como en otros bosques tropicales. Por
supuesto que hace falta conocer casi todo sobre los mecanismos de regeneración y la
autoecología de las especies del guandal y, sobre todo, de las más importantes, el sajo,
el cuángare y la palma naidí. En este campo ya se han iniciado estudios de la
demografía de estas especies (Cardona 1989).
La limitación relativa a la alta presión de
los colonos sobre las tierras forestales, como se había discutido, es de poca
significación en los guandales. En efecto, según The Marag y Roche (1987), de las
1138.700 ha de la región Pacífica nariñense, sólo el 12% se encuentra en
agricultura y el 20% en proceso de colonización. Las 140.000 ha de guandal están fuera
de estos porcentajes por cuanto su aporte es mínimo. Los campesinos silvicultores de los
guandales, hasta ahora han aprovechado el guandal pero no lo han transformado en otros
usos.
En cuanto a los mercados, los guandales se
encuentran en una posición bastante favorable: en los guandales poco intervenidos, las
especies llamadas comerciales representan más del 94% del volumen total. En los guandales
que ya han sido intervenidos, la suma de las especies comerciales y potencialmente
comerciales supera el 85% del total: Además de esto, los avances de la tecnología de la
madera y la escasez de esta materia prima indudablemente incorporarán al mercado otras
especies diferentes del sajo y del cuángare presentes en el guandal, tales como: roble
(Terminalia amazonia), mascarey (Hieronima chocoensis), machare (Symphonia globulifera) y
garza (Tabebuia sp), entre otras inclusive tecnológicamente superiores a aquellas.
Leslie (1987) en un estudio sobre las
posibilidades económicas del manejo de los bosques naturales tropicales, concluye que
este es viable. Para el bosque de guandal un análisis como el que hace Leslie seguramente
sería más favorable aún. De Graaf (1986), después de más de 12 años de estudio en
bosques tropicales de Surinam, concluye que es financieramente rentable manejar el bosque
natural para sostener una producción de 2 m3/ha/año mediante un sistema policíclico:
producción similar a la hallada por Vásquez (1987) para el guandal, y esto sin realizar
tratamientos silviculturales. En el Perú se está ensayando un sistema de manejo del
bosque húmedo tropical, por comunidades campesinas indígenas, con resultados económicos
bastante satisfactorios (Harshom, Simeoni y Tosi 1987). Los sajales coetáneos existentes
en los guandales podrían, con un mínimo manejo, rendir producciones superiores a las del
bosque mixto.
Tratamientos simples basados en la liberación,
el refinamiento y la entresaca han duplicado el crecimiento de las especies valiosas (De
Graaf 1986, Hutchinson 1987, Maitre 1987) y su efecto persiste por cerca de 8 años (De
Graaf 1986). El crecimiento de las especies en el bosque remanente después de la
explotación, aunque mayor que en el bosque primario, es ampliamente inferior al del
bosque tratado (Maitre 1987). Si se tiene en cuenta que el crecimiento de los árboles en
el guandal explotado es comparable al registrado en la literatura para otros bosques
tropicales (Tang 1987), podrían esperarse respuestas de una magnitud similar a los
tratamientos que, si la investigación los valida, harían aún más viable la posibilidad
del manejo silvicultural del guandal. De todas maneras se requiere investigar en detalle
los aspectos económicos, financieros y biológicos del manejo silvicultural del guandal.
El no haber considerado otras producciones diferentes de la madera es un grave error de
los sistemas silviculturales por cuanto desvalorizan el bosque. En el guandal se deben
valorar todas las producciones bajo la perspectiva del rendimiento sostenido y muy
especialmente la caza, la pesca, la cría de especies menores como el pato, la producción
de palmito, la agricultura y la agrosilvicultura, así como las externalidades,
El aspecto político es, probablemente, el más
determinante para el éxito en el manejo racional de los recursos naturales renovables.
Wyatt - Smith (1987), uno de los más notables silvicultores tropicales, dice al respecto
... el éxito futuro dependerá generalmente no de los factores técnicos sino de
los factores políticos y sociales, especialmente cuando no existen políticas integrales
del uso de la tierra. Afirmaciones similares a éstas se encuentran por doquier en
boca precisamente de técnicos y científicos muy autorizados (Vélez 1988, De Camino
1987). En el caso del guandal, esto es aún más obvio por cuanto el Estado es quien
regula el uso de la tierra, que en apariencia es un baldío: asigna concesiones y
permisos, cobra impuestos, asigna títulos de propiedad e interpreta si hay o no mejoras,
etc. La voluntad política expresada en actos de gobierno es la que decidirá si los
campesinos silvicultores de los guandales tienen derecho a mejorar su nivel de vida
mediante el diseño de un sistema silvicultural que asegure la perpetuación del recurso
para ellos y las generaciones venideras; o si, como ya ha ocurrido en la región, los
recursos se agotan sin beneficio y progreso perceptibles para sus habitantes.
En una primera versión de este artículo (del
Valle 1989), el autor propugnaba porque a estos campesinos se les reconozca la propiedad
de estas tierras y sus recursos. Hoy esto empieza a ser una realidad tal como lo establece
el artículo transitorio 55 de nuestra nueva Carta Política el cual dice: Dentro de
los dos años siguientes a la entrada en vigencia de la presente Constitución, el
Congreso expedirá, previo estudio por parte de una comisión especial que el Gobierno
creará para tal efecto, una ley que le reconozca a las comunidades negras que han venido
ocupando tierras baldías en las zonas rurales ribereñas de los ríos de la cuenca del
Pacífico, de acuerdo con las prácticas tradicionales de producción, el derecho a la
propiedad colectiva sobre las áreas que habrá de demarcar la misma ley.
(Universidad Nacional de Colombia - Seccional Medellín 1991).
Como se aprecia, en los bosques de guandal, tal
vez más que en cualquier otra parte de Colombia, existen condiciones para desarrollar un
proyecto que bajo la óptica del ecodesarrollo permita el manejo sostenido de los recursos
renovables de estos ecosistemas, mediante la formulación y puesta en marcha de un sistema
silvicultural que en esencia cumpla con los siguientes preceptos básicos:
Debe ser económicamente viable e incluir
no sólo la producción de madera sino también las demás producciones y aspectos
marginales.
Debe producir el mínimo impacto
ambiental posible.
Debe ser
aceptado y ventajoso para la comunidad de silvicultores del guandal.
Consideraciones técnicas deben decidir el tipo
de sistema silvicultural: monocíclico, policíclico, duración del ciclo, turnos, etc.,
así como la intensidad, tipo y método de los tratamientos silviculturales. Todo esto
será aproximado basándose para ello en el conocimiento, que sobre la dinámica de los
bosques tropicales y de los propios guandales se ha venido acumulando en los últimos
años. La investigación que se efectúe permitirá afinar el sistema sobre la
marcha.
Para llevar a cabo esta propuesta, sería
deseable un proyecto piloto integral, donde la comunidad de campesinos participe desde la
extracción de la madera y los demás productos, como el palmito, hasta su procesamiento
con el fin de que obtengan el máximo valor agregado posible. La tierra debería titularse
a los campesinos silvicultores, parte como propiedad privada y, otra, como propiedad
comunal. De esta manera los campesinos podrán aportar, bajo cualquier sistema de
organización que se busque, no sólo el capital suelo sino el capital vuelo representado
por el bosque con sus existencias tanto maduras como en crecimiento. Aportarían, así
mismo, su trabajo en la ejecución de tratamientos silviculturales que aceleren el
crecimiento, induzcan la regeneración o la enriquezcan en consonancia con los avances de
la investigación. La propiedad de la tierra permitirá a los campesinos acceder tanto a
créditos como a otros beneficios del Estado.
Es urgente determinar el estado y dinámica de
las poblaciones animales, así como su productividad, buscando con ello disponer de
políticas sanas sobre vedas para la caza y la pesca. Parte esencial del sistema
silvicultural deberá ser el aumento de la producción de alimentos empleando para ello,
de la manera más eficiente posible, los diques y áreas con las menores limitaciones
edáficas.
Como virtualmente no existe información acerca
de las comunidades de campesinos silvicultores de los guandales se impone un diagnóstico
socioeconómico, lo mismo que un censo que permita determinar la estructura de la
propiedad o posesión de la tierra y sus recursos. Sin estos datos no se
podrá proyectar ninguna política de uso de la tierra acorde con la disponibilidad de
recursos naturales cosechables sin riesgo de degradar aún más el ecosistema.
Estado del
conocimiento sobre el manejo de los bosques de guandal
A continuación se refieren
algunos de los avances logrados mediante las investigaciones iniciadas por la Universidad
Nacional, con el apoyo de Corponariño, en los guandales del departamento de Nariño a
partir de 1984, gracias a trabajos de tesis de estudiantes dirigidos por el autor, y a la
información reunida por la Universidad en los campamentos de 1984, 1990 y 1991.
Tabla 2.
Ecuaciones de crecimiento de las dos especies más importantes del bosque de guandal en
Nariño (1).
|
ESPECIE
|
SAJO
|
CUANGARE
|
|
Crecimiento (cm)
|
d = 80(1+56,813 e
-0.06t )-0,674
|
d=100(1+195,840e -0.076t)-0.795
|
|
Crecimiento Medio
(cm/año)
|
d = 80(1+56,813e
-0.06t) -0,674-5.2
t
t
|
d=100(1+195,840e-0.076t)
-0.795-1 .5
t
t
|
|
Crecimiento Absoluto
(cm/año)
|
d(d) =
183,8e
-0.06t
dt
(1+56,813e
-0.06t)
-0,674
|
d(d)=
1183,3e-0.076t
dt
(1+1 95,840e-0.076t) 0.795
|
|
Crecimiento Relativo
|
1*d(d) =
2.297e
-0.06t
D*dt
1+56,813e
-0.06t
|
1*d(d) = 11,830e-0.076t
D*dt
1+195,840e-0.076t
|
1 Fuente: Galeano (1991)
d = diámetro a 1,3 m sobre el suelo en cm
t = edad en años
e = base de logaritmos naturales
d(d)/dt = derivada del diámetro con respecto al tiempo
Los
estudios de crecimiento se han enfocado empleando modelos tanto estocásticos como
determinísticos. En la Tabla 2 se presentan las ecuaciones de crecimiento para las dos
especies más importantes calculadas por Galeano (1991), con base en la información
arrojada por dos transectos de 1,25 ha establecidos en 1984 y medidos periódicamente
durante 6,5 años. En la Figura 2 se han graficado las citadas ecuaciones. Esta
información nos ha permitido calcular para estas dos especies y bajo condiciones de
bosque natural intervenido y en proceso de regeneración los siguientes parámetros:
|
|
SAJO
|
CUA NG ARE
|
|
Diámetro máximo (cm)
|
80
|
100
|
|
Media
absoluta ponderada cm/año
|
0,684
|
1,162
|
|
Crecimiento
máximo cm/año
|
1,040
|
1,755
|
|
Media
relativa ponderada %
|
2,390
|
3,350
|
En promedio, para alcanzar un diámetro mínimo
de cortabilidad de 40 cm en el sajo requiere 57 años, más el tiempo que tarda para
llegar hasta los 5.2 cm de diámetro de partida (Figura 2a.). El cuángare tarda 59 años,
más el tiempo para alcanzar 1,5. cm de diámetro de partida (Figura 2c). Lo anterior
evidencia un crecimiento más acelerado en el cuángare que en el sajo, a pesar de que, la
primera especie es más heliófita y forma masas coetáneas en los claros producidos por
el aprovechamiento maderero o por la caída de árboles como producto de la dinámica
natural del bosque. Los resultados obtenidos por el método estocástico son coherentes
con los resultados reseñados tanto en éste como en otros sitios de muestreo (Galeano
1991).
De mucha importancia para la silvicultura y el
manejo de estos bosques resultan las adaptaciones que presentan sus especies a los
diferentes niveles de iluminación y su papel en la dinámica del ecosistema. El sajo
sólo germina en claros mostrando en esto características de planta pionera sin que por
ello se pueda tipificar como tal. Por su parte, el cuángare logra germinar y crecer bajo
el dosel de los sajales o del guandal mixto. En esta característica se asemeja mucho a
otras miristicáceas que, como el sebo o chalviande y el otobo, también, medran bajo
estas condiciones así como lo hacen las palmas quitasol (Mauritiella macroclada) y la
palma crespa (Socratea exorrhiza). En tales condiciones, con el tiempo, los sajales
tienden a transformarse lentamente en bosque mixto de guandal o en cuangariales en un
proceso que, bajo condiciones naturales, debe durar varias décadas. Así mismo, la
intensa intervención del guandal mixto favorece la aparición casi súbita de extensos
sajales cuyo dosel es virtualmente monoespecífico durante las primeras décadas (Figura
3).
Con todo, no puede afirmarse que el cuángare
sea una especie esciófita: su crecimiento bajo condiciones de poca iluminación se
resiente considerablemente. La posición de la copa dentro del bosque afecta a ambas
especies aunque sea más marcado su efecto en el sajo. Así, de acuerdo con los resultados
de Vásquez (1987), a los 30 años los árboles de sajo que sólo reciben luz difusa
tendrían un crecimiento corriente de menos de 0,1 cm/año en tanto que aquellos que
reciben luz directa, al menos en la parte superior, crecen 0,9 cm/año. Para el cuángare
estas cifras son 0,41 y 0,71 cm/año, respectivamente.
La calidad y el tamaño de la copa también
tienen un efecto muy marcado en el crecimiento, seguramente como reflejo de la variación
en el índice de área foliar. En la Figura 4 se ilustra el efecto del tamaño de la copa
en el crecimiento diamétrico de acuerdo con las regresiones calculadas al efecto por
Vásquez (1987).
Las características de los sajales permiten
suponer que, al igual que en las plantaciones, algunas técnicas silviculturales podrían
aumentar sus tasas de crecimiento. Los resultados de la Universidad Nacional (1991) con
tratamientos de entresacas, aunque muy recientes aún para sacar resultados definitivos,
muestran después de sólo un año tasas de crecimiento de 1,43 cm/año versus sólo 1,0
cm/año en el testigo (Universidad Nacional, 1991).
La información anterior permite ya especular,
de una manera más ilustrada, sobre aspectos tan importantes para el manejo forestal con
finalidades madereras tales como los turnos, los ciclos de corta y sobre el efecto que se
podría esperar de algunos tratamientos silviculturales en cuanto a acortar los turnos y
mejorar la producción de los bosques.
Dentro de los parámetros demográficos, la
mortalidad, al igual que la regeneración, inciden marcadamente en la disponibilidad
futura del recurso y, por ende, en la viabilidad del manejo sostenido. Hasta el momento
sólo se dispone de información preliminar basada en la evaluación de cuatro años de
mediciones para árboles de más de 5 cm de diámetro normal en 1,25 ha (Cardona 1989).
Otros experimentos aún no se han evaluado. En el citado experimento, localizado en los
guandales de la quebrada El Esterón del municipio Francisco Pizarro, no se halló
asociación entre las clases diamétricas y la mortalidad expresada como el porcentaje de
individuos muertos por clase de grosor. O sea que, como en otros casos registrados en el
trópico, ésta resultó constante y promedió 1,86% anual para los árboles de más de 5
cm de diámetro. Lo anterior implica que la probabilidad de que un individuo de cualquiera
de estas dos especies muera antes de llegar a 40 cm de diámetro es superior al 66%. La
probabilidad de que muera antes de los cien años supera el 85% (1). Estas cifras ayudan a
definir criterios de existencia mínima de regeneración natural que aseguren el
rendimiento sostenido a mediano y largo plazo.
Regresar al
índice
Continuar con el
capítulo
|