COLOMBIA PACIFICO
TOMO II
Pablo Leyva (ed.)
© Derechos Reservados de Autor

Continuación del capítulo 57

 

Posibilidades de un sistema silvicultural para los bosques de guandal 

Los diferentes sistemas silviculturales investigados para el manejo de bosques tropicales, con frecuencia han visto limitada su aplicación en la fase operativa por una serie de factores tales como los siguientes: 

• No se ha logrado el establecimiento de la regeneración de especies deseables de alto valor comercial. 

• Alta presión de los colonos por la tierra para transformarla en fundos agrícolas o ganaderos. 

• Mercado para sólo unas cuantas especies. 

• Las inversiones para estimular la regeneración y el crecimiento de las especies valiosas no resultan financieramente rentables. 

• Sólo se ha considerado la producción de madera despreciando o ignorando todas las demás producciones así como las externalidades del ecosistema forestal. 

• Falta de decisión política. 

Estas limitaciones aparecen reiteradamente en la literatura especializada y más, recientemente, en Wyatt ­Smith (1987), Tang (1987), Asabere (1987) y Vega (1987), entre muchos otros. 

A continuación discutiremos, someramente, estos factores y su aplicabilidad en los bosques de guandal. 

Tosi (1978) considera que el drenaje producido por las zanjas de extracción afecta negativamente la regeneración de las especies originarias del guandal y, específicamente, del sajo y del cuángare debido a que permite la invasión de pioneras de poco valor. Propone que se empleen compuertas para evitar que el bosque pierda sus condiciones edafohídricas originales. Neyra (1981) encontró buena regeneración en los guandales por él estudiados pero insiste, también, en el impacto desfavorable de los canales. Alonso (1967) afirma que el 60% del área explotada tiene regeneración satisfactoria. El sajo se regenera en mayor cantidad y es más heliófito que el cuángare pero, por otra parte, su distribución es más irregular. Esta afirmación coincide con nuestras observaciones: el cuángare desarrolla regeneración avanzada mediante un banco de plántulas, en tanto que el sajo no forma banco de plántulas sino que se regenera en claros relativamente bien iluminados. Todas las observaciones realizadas por la Universidad Nacional en los guandales cercanos a Salahonda y en el río Sanquianga en guandales explotados durante varias décadas, evidencian tanto el establecimiento como el adecuado crecimiento del bosque remanente conservando tanto sus especies como su estructura (Universidad Nacional 1990, Vásquez 1987, 1988, Cardona 1989). Dado que los guandales cercanos al puerto de Tumaco han sido reiteradamente explotados con ciclos de corta supremamente breves (de 4 a 6 años, según Neyra 1981) y durante cerca de 50 años (Alonso 1967), pareciera que allí hay signos de degradación de los bosques en proceso de regeneración. 

 

NAIDIZAL. BAJO RIO SANTIGA.
Fotografía Jose Iganacio del Valle.

 

Cuando se habla de la degradación de los guandales, por lo general se refiere a la disminución del sajo y del cuángare; pero hay otra degradación inherente a todo sistema de explotación con diámetro de corta límite y es la genética (disgénesis), como lo han advertido varios autores (Zobel y Talbert 1984, entre otros). Esto ocurre porque ciclo tras ciclo se cortan los árboles que han sobrepasado determinado diámetro y, por lo tanto, muy probablemente los mejores genotipos. 

Aún existiendo opiniones encontradas sobre el efecto de los sistemas de explotación o aprovechamiento en la regeneración del guandal, la presencia de cerca de 120.000 ha sólo en el departamento de Nariño, en proceso de regeneración e intervención durante varias décadas, permite afirmar que esto no es en los guandales un factor limitante tan importante como en otros bosques tropicales. Por supuesto que hace falta conocer casi todo sobre los mecanismos de regeneración y la autoecología de las especies del guandal y, sobre todo, de las más importantes, el sajo, el cuángare y la palma naidí. En este campo ya se han iniciado estudios de la demografía de estas especies (Cardona 1989). 

La limitación relativa a la alta presión de los colonos sobre las tierras forestales, como se había discutido, es de poca significación en los guandales. En efecto, según The Marag y Roche (1987), de las 1’138.700 ha de la región Pacífica nariñense, sólo el 12% se encuentra en agricultura y el 20% en proceso de colonización. Las 140.000 ha de guandal están fuera de estos porcentajes por cuanto su aporte es mínimo. Los campesinos silvicultores de los guandales, hasta ahora han aprovechado el guandal pero no lo han transformado en otros usos. 

En cuanto a los mercados, los guandales se encuentran en una posición bastante favorable: en los guandales poco intervenidos, las especies llamadas comerciales representan más del 94% del volumen total. En los guandales que ya han sido intervenidos, la suma de las especies comerciales y potencialmente comerciales supera el 85% del total: Además de esto, los avances de la tecnología de la madera y la escasez de esta materia prima indudablemente incorporarán al mercado otras especies diferentes del sajo y del cuángare presentes en el guandal, tales como: roble (Terminalia amazonia), mascarey (Hieronima chocoensis), machare (Symphonia globulifera) y garza (Tabebuia sp), entre otras inclusive tecnológicamente superiores a aquellas. 

Leslie (1987) en un estudio sobre las posibilidades económicas del manejo de los bosques naturales tropicales, concluye que este es viable. Para el bosque de guandal un análisis como el que hace Leslie seguramente sería más favorable aún. De Graaf (1986), después de más de 12 años de estudio en bosques tropicales de Surinam, concluye que es financieramente rentable manejar el bosque natural para sostener una producción de 2 m3/ha/año mediante un sistema policíclico: producción similar a la hallada por Vásquez (1987) para el guandal, y esto sin realizar tratamientos silviculturales. En el Perú se está ensayando un sistema de manejo del bosque húmedo tropical, por comunidades campesinas indígenas, con resultados económicos bastante satisfactorios (Harshom, Simeoni y Tosi 1987). Los sajales coetáneos existentes en los guandales podrían, con un mínimo manejo, rendir producciones superiores a las del bosque mixto. 

Tratamientos simples basados en la liberación, el refinamiento y la entresaca han duplicado el crecimiento de las especies valiosas (De Graaf 1986, Hutchinson 1987, Maitre 1987) y su efecto persiste por cerca de 8 años (De Graaf 1986). El crecimiento de las especies en el bosque remanente después de la explotación, aunque mayor que en el bosque primario, es ampliamente inferior al del bosque tratado (Maitre 1987). Si se tiene en cuenta que el crecimiento de los árboles en el guandal explotado es comparable al registrado en la literatura para otros bosques tropicales (Tang 1987), podrían esperarse respuestas de una magnitud similar a los tratamientos que, si la investigación los valida, harían aún más viable la posibilidad del manejo silvicultural del guandal. De todas maneras se requiere investigar en detalle los aspectos económicos, financieros y biológicos del manejo silvicultural del guandal. El no haber considerado otras producciones diferentes de la madera es un grave error de los sistemas silviculturales por cuanto desvalorizan el bosque. En el guandal se deben valorar todas las producciones bajo la perspectiva del rendimiento sostenido y muy especialmente la caza, la pesca, la cría de especies menores como el pato, la producción de palmito, la agricultura y la agrosilvicultura, así como las externalidades, 

El aspecto político es, probablemente, el más determinante para el éxito en el manejo racional de los recursos naturales renovables. Wyatt - Smith (1987), uno de los más notables silvicultores tropicales, dice al respecto “... el éxito futuro dependerá generalmente no de los factores técnicos sino de los factores políticos y sociales, especialmente cuando no existen políticas integrales del uso de la tierra”. Afirmaciones similares a éstas se encuentran por doquier en boca precisamente de técnicos y científicos muy autorizados (Vélez 1988, De Camino 1987). En el caso del guandal, esto es aún más obvio por cuanto el Estado es quien regula el uso de la tierra, que en apariencia es un baldío: asigna concesiones y permisos, cobra impuestos, asigna títulos de propiedad e interpreta si hay o no mejoras, etc. La voluntad política expresada en actos de gobierno es la que decidirá si los campesinos silvicultores de los guandales tienen derecho a mejorar su nivel de vida mediante el diseño de un sistema silvicultural que asegure la perpetuación del recurso para ellos y las generaciones venideras; o si, como ya ha ocurrido en la región, los recursos se agotan sin beneficio y progreso perceptibles para sus habitantes. 

En una primera versión de este artículo (del Valle 1989), el autor propugnaba porque a estos campesinos se les reconozca la propiedad de estas tierras y sus recursos. Hoy esto empieza a ser una realidad tal como lo establece el artículo transitorio 55 de nuestra nueva Carta Política el cual dice: “Dentro de los dos años siguientes a la entrada en vigencia de la presente Constitución, el Congreso expedirá, previo estudio por parte de una comisión especial que el Gobierno creará para tal efecto, una ley que le reconozca a las comunidades negras que han venido ocupando tierras baldías en las zonas rurales ribereñas de los ríos de la cuenca del Pacífico, de acuerdo con las prácticas tradicionales de producción, el derecho a la propiedad colectiva sobre las áreas que habrá de demarcar la misma ley.” (Universidad Nacional de Colombia - Seccional Medellín 1991). 

Como se aprecia, en los bosques de guandal, tal vez más que en cualquier otra parte de Colombia, existen condiciones para desarrollar un proyecto que bajo la óptica del ecodesarrollo permita el manejo sostenido de los recursos renovables de estos ecosistemas, mediante la formulación y puesta en marcha de un sistema silvicultural que en esencia cumpla con los siguientes preceptos básicos: 

• Debe ser económicamente viable e incluir no sólo la producción de madera sino también las demás producciones y aspectos marginales. 

• Debe producir el mínimo impacto ambiental posible. 

• Debe ser aceptado y ventajoso para la comunidad de silvicultores del guandal. 

Consideraciones técnicas deben decidir el tipo de sistema silvicultural: monocíclico, policíclico, duración del ciclo, turnos, etc., así como la intensidad, tipo y método de los tratamientos silviculturales. Todo esto será aproximado basándose para ello en el conocimiento, que sobre la dinámica de los bosques tropicales y de los propios guandales se ha venido acumulando en los últimos años. La investigación que se efectúe permitirá afinar el sistema sobre la marcha. 

Para llevar a cabo esta propuesta, sería deseable un proyecto piloto integral, donde la comunidad de campesinos participe desde la extracción de la madera y los demás productos, como el palmito, hasta su procesamiento con el fin de que obtengan el máximo valor agregado posible. La tierra debería titularse a los campesinos silvicultores, parte como propiedad privada y, otra, como propiedad comunal. De esta manera los campesinos podrán aportar, bajo cualquier sistema de organización que se busque, no sólo el capital suelo sino el capital vuelo representado por el bosque con sus existencias tanto maduras como en crecimiento. Aportarían, así mismo, su trabajo en la ejecución de tratamientos silviculturales que aceleren el crecimiento, induzcan la regeneración o la enriquezcan en consonancia con los avances de la investigación. La propiedad de la tierra permitirá a los campesinos acceder tanto a créditos como a otros beneficios del Estado. 

Es urgente determinar el estado y dinámica de las poblaciones animales, así como su productividad, buscando con ello disponer de políticas sanas sobre vedas para la caza y la pesca. Parte esencial del sistema silvicultural deberá ser el aumento de la producción de alimentos empleando para ello, de la manera más eficiente posible, los diques y áreas con las menores limitaciones edáficas. 

Como virtualmente no existe información acerca de las comunidades de campesinos silvicultores de los guandales se impone un diagnóstico socioeconómico, lo mis­mo que un censo que permita determinar la estructura de la “propiedad” o posesión de la tierra y sus recursos. Sin estos datos no se podrá proyectar ninguna política de uso de la tierra acorde con la disponibilidad de recursos naturales cosechables sin riesgo de degradar aún más el ecosistema. 

Estado del conocimiento sobre el manejo de los bosques de guandal 

A continuación se refieren algunos de los avances logrados mediante las investigaciones iniciadas por la Universidad Nacional, con el apoyo de Corponariño, en los guandales del departamento de Nariño a partir de 1984, gracias a trabajos de tesis de estudiantes dirigidos por el autor, y a la información reunida por la Universidad en los campamentos de 1984, 1990 y 1991.  

Tabla 2.
Ecuaciones de crecimiento de las dos especies más importantes del bosque de guandal en Nariño (1).

ESPECIE   SAJO  CUANGARE
Crecimiento (cm) d = 80(1+56,813 e -0.06t )-0,674 d=100(1+195,840e -0.076t)-0.795
Crecimiento Medio (cm/año)   d = 80(1+56,813e -0.06t) -0,674-5.2  
t                            t 
d=100(1+195,840e-0.076t) -0.795-1 .5
t                            t
Crecimiento Absoluto (cm/año) d(d) =        183,8e -0.06t             
 dt       (1+56,813e -0.06t) -0,674
d(d)=  1183,3e-0.076t                    
dt       (1+1 95,840e-0.076t) 0.795
Crecimiento Relativo 1*d(d) =      2.297e -0.06t 
D*dt       1+56,813e -0.06t    
1*d(d) = 11,830e-0.076t 
D*dt       1+195,840e-0.076t

1 Fuente: Galeano (1991)
d = diámetro a 1,3 m sobre el suelo en cm 
t = edad en años
e = base de logaritmos naturales
d(d)/dt = derivada del diámetro con respecto al tiempo

Los estudios de crecimiento se han enfocado empleando modelos tanto estocásticos como determinísticos. En la Tabla 2 se presentan las ecuaciones de crecimiento para las dos especies más importantes calculadas por Galeano (1991), con base en la información arrojada por dos transectos de 1,25 ha establecidos en 1984 y medidos periódicamente durante 6,5 años. En la Figura 2 se han graficado las citadas ecuaciones. Esta información nos ha permitido calcular para estas dos especies y bajo condiciones de bosque natural intervenido y en proceso de regeneración los siguientes parámetros:

SAJO CUA NG ARE
Diámetro máximo (cm)  80  100
Media absoluta ponderada cm/año 0,684  1,162
Crecimiento máximo cm/año  1,040 1,755
Media relativa ponderada %  2,390 3,350

 

En promedio, para alcanzar un diámetro mínimo de cortabilidad de 40 cm en el sajo requiere 57 años, más el tiempo que tarda para llegar hasta los 5.2 cm de diámetro de partida (Figura 2a.). El cuángare tarda 59 años, más el tiempo para alcanzar 1,5. cm de diámetro de partida (Figura 2c). Lo anterior evidencia un crecimiento más acelerado en el cuángare que en el sajo, a pesar de que, la primera especie es más heliófita y forma masas coetáneas en los claros producidos por el aprovechamiento maderero o por la caída de árboles como producto de la dinámica natural del bosque. Los resultados obtenidos por el método estocástico son coherentes con los resultados reseñados tanto en éste como en otros sitios de muestreo (Galeano 1991). 

De mucha importancia para la silvicultura y el manejo de estos bosques resultan las adaptaciones que presentan sus especies a los diferentes niveles de iluminación y su papel en la dinámica del ecosistema. El sajo sólo germina en claros mostrando en esto características de planta pionera sin que por ello se pueda tipificar como tal. Por su parte, el cuángare logra germinar y crecer bajo el dosel de los sajales o del guandal mixto. En esta característica se asemeja mucho a otras miristicáceas que, como el sebo o chalviande y el otobo, también, medran bajo estas condiciones así como lo hacen las palmas quitasol (Mauritiella macroclada) y la palma crespa (Socratea exorrhiza). En tales condiciones, con el tiempo, los sajales tienden a transformarse lentamente en bosque mixto de guandal o en cuangariales en un proceso que, bajo condiciones naturales, debe durar varias décadas. Así mismo, la intensa intervención del guandal mixto favorece la aparición casi súbita de extensos sajales cuyo dosel es virtualmente monoespecífico durante las primeras décadas (Figura 3). 

Con todo, no puede afirmarse que el cuángare sea una especie esciófita: su crecimiento bajo condiciones de poca iluminación se resiente considerablemente. La posición de la copa dentro del bosque afecta a ambas especies aunque sea más marcado su efecto en el sajo. Así, de acuerdo con los resultados de Vásquez (1987), a los 30 años los árboles de sajo que sólo reciben luz difusa tendrían un crecimiento corriente de menos de 0,1 cm/año en tanto que aquellos que reciben luz directa, al menos en la parte superior, crecen 0,9 cm/año. Para el cuángare estas cifras son 0,41 y 0,71 cm/año, respectivamente. 

La calidad y el tamaño de la copa también tienen un efecto muy marcado en el crecimiento, seguramente como reflejo de la variación en el índice de área foliar. En la Figura 4 se ilustra el efecto del tamaño de la copa en el crecimiento diamétrico de acuerdo con las regresiones calculadas al efecto por Vásquez (1987). 

Las características de los sajales permiten suponer que, al igual que en las plantaciones, algunas técnicas silviculturales podrían aumentar sus tasas de crecimiento. Los resultados de la Universidad Nacional (1991) con tratamientos de entresacas, aunque muy recientes aún para sacar resultados definitivos, muestran después de sólo un año tasas de crecimiento de 1,43 cm/año versus sólo 1,0 cm/año en el testigo (Universidad Nacional, 1991). 

La información anterior permite ya especular, de una manera más ilustrada, sobre aspectos tan importantes para el manejo forestal con finalidades madereras tales como los turnos, los ciclos de corta y sobre el efecto que se podría esperar de algunos tratamientos silviculturales en cuanto a acortar los turnos y mejorar la producción de los bosques. 

Dentro de los parámetros demográficos, la mortalidad, al igual que la regeneración, inciden marcadamente en la disponibilidad futura del recurso y, por ende, en la viabilidad del manejo sostenido. Hasta el momento sólo se dispone de información preliminar basada en la evaluación de cuatro años de mediciones para árboles de más de 5 cm de diámetro normal en 1,25 ha (Cardona 1989). Otros experimentos aún no se han evaluado. En el citado experimento, localizado en los guandales de la quebrada El Esterón del municipio Francisco Pizarro, no se halló asociación entre las clases diamétricas y la mortalidad expresada como el porcentaje de individuos muertos por clase de grosor. O sea que, como en otros casos registrados en el trópico, ésta resultó constante y promedió 1,86% anual para los árboles de más de 5 cm de diámetro. Lo anterior implica que la probabilidad de que un individuo de cualquiera de estas dos especies muera antes de llegar a 40 cm de diámetro es superior al 66%. La probabilidad de que muera antes de los cien años supera el 85% (1). Estas cifras ayudan a definir criterios de existencia mínima de regeneración natural que aseguren el rendimiento sostenido a mediano y largo plazo.   

 

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