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Continuación del capítulo 49.
Organización de la fiesta de San Pacho
La organización de la fiesta de San Pacho se
podría entender mejor dividiéndola en tres niveles: ciudad, barrio e individuo.
Velásquez dice (1960:23) que en los finales de
los años cincuenta la Junta Central, formada por un representante de cada barrio y
presidida por el párroco, se concretaba a coordinar la fiesta. Así, hasta finales de los
años setenta, el párroco y unos dignatarios de la ciudad estaban encargados de coordinar
la fiesta. Hoy, sin embargo, la Junta Central de las Festividades Patronales
es el organismo superior que organiza todas las actividades oficiales. La Junta Central,
con personalidad jurídica, está compuesta por los representantes de cada barrio, doce en
total, para que no haya discordia, y ya no está presidida por el párroco. Bajo el lema
de la fiesta, Fé, Cultura y Civismo, renueva cada año el programa de la
fiesta, escoge el jurado de la competencia de disfraces, arcos y adornos, invita a los
monjes franciscanos de Bogotá, pide cooperación a varios sectores de la ciudad, se
comunica con los representantes de cada barrio para que cumplan el horario, los deberes y
mantengan el orden.
Se observa que la Junta Central es la primera
responsable de organizar la fiesta, el párroco ocupa un lugar secundario en este aspecto.
Aunque los sacerdotes desempeñan el papel esencial en las misas, bendiciones y otros
sacramentos, no tienen control sobre el culto quibdoseño de San Francisco. La Junta, por
ejemplo, celosamente guarda en el Banco de la República los tesoros de San Francisco,
medallas y cadenas, y no las entrega a la iglesia por desconfianza a los curas.
Como uno de los cambios, recientemente,
introducidos por la Junta podríamos citar la restricción de las vacalocas,
debido a los accidentes causados por la pólvora. En los años 1984 y 1985, todos los
barrios obedecieron la propuesta de la Junta Central, salvo el barrio del Silencio.
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QUIBDO. FIESTA DE SAN PACHO.
Fotografía Diego Arango
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En 1980 la Junta introdujo el bastón de
mando, el cual se entrega de barrio en barrio cada día durante la fiesta, lo que
confirma en qué barrio recae la responsabilidad del festejo de ese día. En 1985
ocurrió, por primera vez, la bendición de los animales y plantas por ser San
Francisco el Patrono de la Ecología y hermano de toda la creación (Junta Central
de las Festividades Patronales 1985:5). A la hora de la bendición los ciudadanos
aparecieron en el atrio de la catedral con sus animales y plantas.
En 1985 se invitó por primera vez a los padres
franciscanos desde el 20 de septiembre, contra la costumbre de invitarlos sólo los tres
últimos días. La presidenta de la Junta Central de 1985, que también lo había sido
anteriormente, dice que cuando ella ocupaba ese cargo en 1980, intentó integrar a los
campesinos de las veredas a la fiesta y los invitó a hacer su propio disfraz para la
iglesia con sus productos agrícolas. Aunque este intento no continuó en los años
siguientes, en 1985, ella y la Junta intentaron, otra vez, incorporar las veredas. En ese
año la Junta rescató la costumbre que durante quince años había desaparecido, la
balsada, o sea la visita de los santos de las veredas a Quibdó por el río
Atrato. Este nuevo intento fue muy exitoso tanto para los campesinos de las veredas como
para los quibdoseños. A pesar de que en 1985 este acontecimiento se empapó con la lluvia
fuerte de la tarde, no se humedeció el fervor de la gente y de la fiesta. La presidenta
de la Junta estaba planeando para el próximo año cómo podrían incorporar dignamente a
los indígenas, quienes participaban, hace como diez años, en la fiesta del
indio en Quibdó, la cual terminó por su carácter racista. Así, con la
imaginación de los integrantes, la Junta Central actualiza la fiesta cada año.
Cada uno de los doce barrios que participan en
la fiesta con sus disfraces, arcos y adornos, forma su propio comité de festividad, cuyo
jefe se llamaba anteriormente Alférez Real y hoy día, Presidente o Patrón. Sus
actividades empiezan en julio o agosto. El comité está encargado de recaudar y manejar
los fondos, presentar ideas y diseñar su disfraz, arco y adorno, buscar los artistas que
los hagan, contratar con anticipación las chirimías, diseñar el uniforme que los
residentes del barrio se ponen durante la procesión del disfraz, imprimir el programa de
actividades, ordenar la pólvora y comprar varias cajas de aguardiente, que se ofrecen a
los músicos y a los visitantes de otros barrios durante la fiesta. Se observa mucha
rivalidad entre los barrios por adquirir los premios. Cada comité busca el tema para su
disfraz, en los periódicos por ejemplo, y tratan de guardarlo en secreto hasta el día en
que lo sacan públicamente a las calles.
En
1985, en el caso del barrio Pandeyuca, el comité tenía que recaudar cuarenta mil pesos
para el arco, cincuenta mil para el disfraz, y otros tantos pesos
para voladores, aguardiente, pago de chirimía, etc.
(3).
Así que cada familia colaboró, entre
doscientos y mil pesos según pudiera, los profesionales entre tres y cinco mil pesos, y
la patrona misma contribuyó con diez mil pesos. Velásquez dice que en los finales de los
años cincuenta, los dirigentes de los barrios recaudaban los fondos a través de
recoger limosnas voluntarias, en cualquier tiempo y de cualquier cosa; imponer las
cuotas familiares y personales, que oscilan entre tres y cinco pesos; recibir la cuarta
parte del producto de los carnavales infantiles y las ofrendas que se hacen al santo del
barrio; organizar tómbolas, cantinas y bailes, en los que pagan diez centavos por cada
pieza que se baile, etc., etc. (1960:22). También se hacían las rifas de
objetos o animales (loc. cit.). Pandeyuca es un barrio pequeño que cuenta con sólo
ciento cincuenta familias por tener dos calles de comercio, donde los antioqueños
dominan, ellos no participan en la fiesta ni cooperan financieramente y siguen el horario
de su negocio como siempre, aún durante la fiesta. Velásquez dice que en los
acontecimientos de la fiesta de San Pacho no cooperan ni participan hombres de la
raza blanca (1960:21), y el blanco asiste a la iglesia cuando hay pláticas o
sermones. No concurre a las novenas caseras de los negros (1960:28) y los de
color saben que ésta es su fiesta, de la misma manera que la de Corpus Christi y el
Corazón de Jesús son las fechas clásicas de los descendientes de los europeos
(1960:33).
A nivel individual, la preparación no empieza
temprano pero sí se hace con mucho entusiasmo. Aparte del uniforme del barrio, que
consiste usualmente en camisetas chinas impresas con la figura del disfraz del barrio, los
amigos o compañeros vecinos de la escuela u oficina tienden a preparar camisas y
pantalones uniformados del mismo color y diseño para la procesión, que muestran la
pertenencia al mismo subgrupo. Cada familia compra una buena cantidad de aguardiente
Platino para llevar a la procesión y para la noche de rumba. Los que quieren
ser anfitriones de tumba preparan su equipo de sonido, discos y tocacintas, y los colocan
enfrente de su casa para tocar la música a todo volumen. Ya que por la noche vienen los
familiares y amigos de otros barrios, las señoras preparan caldo y guandoy o
guarapo con aguardiente. Algunos miembros del barrio a veces se reúnen en las cantinas o
en las esquinas de las calles, y cantan prosas improvisadas, con el acompañamiento de
cualquier instrumento que se encuentre en ese lugar, en las que alaban el disfraz de su
barrio, critican y hacen burla de otros barrios y comprometen la segunda victoria de su
barrio en la competencia. Los quibdoseños, que no pertenecen a los doce barrios del
centro, también visitan a las rumbas del centro y frecuentemente organizan fiestas en sus
casas con música, comida y aguardiente.
Como hemos visto, los quibdoseños comienzan los
preparativos de la fiesta con bastante anticipación. El mismo proceso de preparación ya
es un festival, pues allí expresan su devoción religiosa, frustración socio-económica
y ganas de divertirse. En este sentido, la fiesta de San Pacho, bien podría llamarse un
festival popular.
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QUIBDO. FIESTA DE SAN PACHO.
Fotografía Diego Arango
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Análisis de la fiesta de San Pacho
¿Cómo podríamos analizar esta fiesta tan
llena de acontecimientos y contenido? Para empezar, prestaré atención a los cuatro
aspectos que se destacan durante la fiesta como actividades fundamentales: misas, arcos,
disfraces y rumbas.
Misa
Misas, bendiciones y otros programas
eclesiásticos celebrados en la catedral, enfrente del parque Centenario y sus
alrededores, muestran la tradición española de las festividades católicas. De la
tradición ibérica se derivan, por ejemplo, la observación del novenario y los gozos de
maitines, la importancia de los alférez reales, actualmente denominados presidentes del
barrio, y su estrecha relación con las banderas (alférez significa
etimológicamente el que sostiene el estandarte). Todas estas actividades
están promovidas y sostenidas, principalmente, por la devoción enérgica del pueblo al
santo patrono, más que por la iniciativa de los párrocos.
Arco
El recorrido de la imagen de San Francisco por
los arcos de los doce barrios y los acontecimientos ocurridos enfrente a ellos, prueban la
importancia y el significado del ser quibdoseño franciscano. Los escenarios que los arcos
representan son los milagros de San Francisco y las anécdotas de su vida, que los
quibdoseños conocen muy bien desde la niñez. El recorrido por los doce arcos es
comparable con el vía crucis del Viernes Santo, pero sin la sombra de la muerte. También
es semejante a la peregrinación por los lugares sagrados, a donde concurren para ver,
sentir y compartir los milagros del pasado.
En este sentido, se podría aplicar a los arcos
el concepto de la memoria colectiva de Maurice Halbwachs (1968). Halbwachs, con base en la
idea de la representación colectiva de Emile Durkheim, propuso el concepto según el cual
las imágenes compartidas en una sociedad podrían proyectarse a algunos objetos
específicos visibles y fijarse en ellos, los cuales, como iconos, empiezan a representar
la memoria de esa sociedad. Usando este concepto, Halbwachs desarrolló la semiótica de
los lugares y objetos sagrados en la cristiandad.
La sensación que se siente frente a los arcos,
donde la muchedumbre quibdoseña canta los gozos con velas en sus manos, es el compartir
colectivo de la conciencia de ser franciscanos, la identidad quibdoseña o la memoria
actualizada, como sugiere Halbwachs. Para los quibdoseños, el compartir la conciencia de
ser franciscanos colectivamente parece tener sumo valor. Esto se refleja en el hecho de
que el premio más alto entre las tres categorías de la competencia se otorga a los arcos
(1 $30.000, 2 $25.000, 3 $20.000), pero no a los disfraces (1$25.000, 2 $20.000, 3
$15.000) ni a los adornos (1$20.000, 2 $15.000, 3 $10.000).
Disfraz
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QUIBDO. FIESTA DE SAN PACHO.
Fotografía Diego Arango
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Aunque el premio para los disfraces es menor que
para los arcos, los primeros constituyen, sin duda, la atracción y el placer más grande
para los quibdoseños, lo cual se nota la noche en que se anuncian los premios, cuando
primero se publica el de los adornos, después el de los arcos, y finalmente, la
excitación de la muchedumbre termina con el anuncio de los ganadores en la competencia
del disfraz.
Como se mencionó anteriormente, los disfraces
sugieren mensajes políticos. He aquí una muestra de los temas del disfraz de algunos
barrios y su mensaje en 1985:
Barrio Cesar Conto. Tema: La fuga
del peso. Un hombre monta al poste con una malla en la mano, para coger un muñeco
hecho de los billetes grandes de doscientos pesos que lo burla y se le escapa. Mensaje: la
inflación nacional es tan alta que un hombre no alcanza a mantener la vida.
Barrio Cristo Rey. Tema: Regresemos
al campo. Una canoa llena con productos agrícolas en la que una joven navega por el
río Atrato. Mensaje: se debe prestar más atención al sector agrario que está muy
abandonado y olvidado.
Barrio Roma. Tema: Muere un rico
sin doliente. Un hombre negro se queda sin nadie que lo cuide en el ataúd,
alrededor del cual se levantan cuatro pilares con un teléfono, una llave de agua, una
botella de suero y un bombillo simbolizando lo que al Chocó le falta. Según el programa
del barrio, el mensaje es el siguiente: Hermano chocoano: tu indiferencia es un arma
que contribuye a tu muerte. Luchemos unidos en la solución de estos problemas.
Barrio Pandeyuca. Tema: Con este
paso no hay progreso. Un político de color está sentado cómodamente sobre una
tortuga cuya concha tiene la forma del departamento del Chocó. El político, con los
votos recibidos en su mano, brinda sonrisas alrededor, pero la tortuga anda muy despacio.
Mensaje: el progreso del Chocó va como paso de tortuga. ¿Cuándo llegará el
departamento al desarrollo con este paso, si los políticos vienen cada tres años sólo
por los votos y se aprovechan de la riqueza y de la gente del Chocó?
Barrio Yesca Grande. Tema: El
cocodrilo mentiroso Un cocodrilo abre su boca grande y está a punto de tragarse los
pollitos. Se basa en la fábula sobre un cocodrilo que no tuvo más remedio que hacerse el
enfermo y que se comía los animales del monte que lo visitaban. Mensaje: el cocodrilo
representa a los políticos y los pollitos al pueblo. Los políticos embaucadores siempre
andan mintiéndole al pueblo para enriquecerse.
Barrio Alameda
Reyes. Tema: El espaldarazo político. Un político blanco bien vestido
empuja la espalda de un hombre negro hacia la mesa de votación. Mensaje: los políticos
dicen palabras dulces sólo cuando hay elecciones.
Los siguientes son los temas y mensajes de los
disfraces del barrio Pandeyuca en 1983 y 1984:
Tema de 1983: Hasta cuándo nos
exprime. Un rollo grande de construcción cae encima de un hombre, quien saca su
lengua de la boca por el sufrimiento que padece. Mensaje: El Chocó está explotado
injustamente y la vida se pone cada día más dura.
Tema de 1984: La rana sopladora. Una
rana gigantesca cada rato echa humo por la boca. Mensaje: la juventud se arruinará pronto
si sigue consumiendo drogas.
Cada barrio compone una canción sobre el tema
del disfraz. En Pandeyuca, por ejemplo, se cantaban los siguientes versos en 1985:
El Chocó montado en le tortuga
quiere progresar
Pero así con este paso lento
¿dónde va a llegar?
Dirigentes, cambien paso
Pandeyuca, cambien paso.
Los que explotan nuestras riquezas
ríen sin cesar
Pero el pueblo ya está despertando
harto de llorar.
Dirigentes, cambien paso
Pandeyuca, cambien paso.
La atracción de los disfraces no solamente se
debe a sus temas, hechura colorida o excelencia mecánica. Para los espectadores, los
disfraces son como los quizes para adivinar los mensajes de su presentación.
Adivinándolos, uno toma conciencia de los problemas sociopolíticos chocoanos.
Los niños, a veces, tienen otra reacción. Una
niña, por ejemplo, mirando el disfraz del barrio Cristo Rey con el tema Regresemos
al campo, pensó que era una escena de la aparición de la Virgen a un
campesino.
Aunque los disfraces tienen temas y mensajes
políticos, los quibdoseños no creen en su efecto. Dicen que no esperan muchos
resultados, aunque a la larga el mensaje llegará a oídos de los políticos. La descarga
de frustración es sólo momentánea.
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3. Alrededor de 152 pesos
colombianos equivalían a un dólar estadounidense en octubre de 1985. (Regresar
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