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49.
POETICA EN LAS CALLES. DEVOCION Y DIVERSION EN LA FIESTA DE SAN PACHO DE QUIBDO*
KAZUYASU OCHIAI
Profesor
Instituto para el Estudio de los Lenguajes y las Culturas de Asia y Africa
Universidad de Tokio, Japón
Texto propuesto por Alexander Cifuentes
Existe una categoría de rituales que conocen
poco los antropólogos, aun a nivel descriptivo: los rituales públicos regulares, o las
celebraciones anuales de acuerdo con el calendario eclesiástico, como las fiestas de los
santos católicos. Tales rituales han llamado poca atención en América Latina, porque
entre otras razones, su ambiente predominantemente católico parece poco distintivo a los
ojos de los estudiosos quienes suelen buscar los rasgos culturales precolombinos,
indígenas, africanos, o algo exóticos. Por la misma razón, los investigadores sí han
prestado atención a los carnavales, los cuales han sido excepcionalmente estudiados en
comparación con otros rituales públicos regulares.
Me encuentro interesado, sin embargo, en los
rituales públicos regulares, en general, porque son las ocasiones en que se observa la
expansión de la imaginación de los participantes, quienes comparten la misma visión
histórica y cosmológica. Me interesan las festividades públicas porque su estudio no
sólo es válido en las sociedades usualmente estudiadas por los antropólogos, sino que,
también, aclaran la situación de la vida urbana moderna, en que la falta del sentimiento
comunitario constituye uno de los problemas serios.
Con estos
reconocimientos en mente, quisiera analizar y leer la estructura y la gramática de un
ritual público urbano colombiano: la celebración en honor de San Francisco de Asís, la
fiesta patronal de Quibdó, Chocó, que tuve la oportunidad de ver
durante diez días en el año de 1985.
(1)
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Quibdó, Chocó
Quibdó, capital
del departamento del Chocó, está situado en la margen derecha del río Atrato,
aproximadamente a 500 km de la boca del río. La ciudad se encuentra en una de las
regiones más lluviosas del mundo. En 1648 Fray Matías Abad llegó a esta tierra de
indígenas y festejó la fiesta de San Francisco de Asís el 4 de octubre, después de
haber construido la iglesia. El nombre Quibdó que significa el lugar entre
ríos, sin embargo, no aparece en los documentos sino hasta 1702 (Velázquez
1960:17).
Desde la introducción de los
esclavos africanos al Chocó, como mano de obra para las minas, a partir del siglo XVII,
los negros empezaron a dominar la población regional. Hoy en día los indígenas, a
quienes los negros llaman cholos con una connotación despectiva, habitan en
las partes más aisladas del Chocó y visitan Quibdó sólo de vez en cuando. La ciudad de
Quibdó, cuya población es principalmente afroamericana, tiene alrededor de 47.000
habitantes, según el censo llevado a cabo en octubre de 1985. Se observa una tensión
racial entre los indígenas y los negros, a quienes los indígenas llaman
libres, y entre los negros y los mestizos, mayormente antioqueños, los que
dominan las actividades comerciales de la ciudad.
El Chocó formaba una intendencia hasta que se
elevó a la categoría de departamento en 1958. Este aparente desarrollo político no
necesariamente ha favorecido la economía chocoana. Los pobladores dicen que en los años
treinta había en Quibdó industrias de jabón, panela y refrescos embotellados, entre
otros, y no había política, después de 1958, sin embargo, todo se
acabó y actualmente la economía de la región se mantiene por la escasa
explotación del oro aluvial, por la industria licorera del aguardiente
Platino, la exportación de la madera tropical, la pesca y agricultura
menores, y el comercio dominado por los foráneos que vienen de los departamentos de
Antioquia y Córdoba. La región está alejada de la atención financiera y de los
programas de desarrollo del gobierno central, a los ojos de los quibdoseños; la
comunicación con el resto del país es bastante insuficiente. El río Atrato sigue siendo
la ruta principal de comunicación con la costa Atlántica, sobre todo con Cartagena; la
carretera sin asfaltar que conduce a Medellín, frecuentemente, se vuelve intransitable
por la lluvia y los derrumbes. El único transporte moderno a menor escala es el aéreo.
Así que es comprensible que los quibdoseños sientan profundamente que el Chocó está
aislado y abandonado. Su frustración se expresa simbólicamente en el afiche que dice
El Choco también es Colombia; este aislamiento del Chocó no es un fenómeno
reciente. Ya en la época colonial la región se quedaba como una frontera minera,
al margen de los centros desarrollados del comercio, educación y autoridad en la Nueva
Granada (Sharp 1976:3).
Los quibdoseños conscientemente relacionan esta
situación político-económica con la fiesta patronal de la ciudad, en honor de San
Francisco de Asís, a quien la gente llama con afección y apego, San Pacho. Según una
quibdoseña: en Quibdó no hay trabajo. Todos los negocios prósperos están en
manos de paisas (antioqueños) y cordobeses. Por lo tanto, la gente necesita un desahogo,
quejarse, quejarse pero con risa. Los disfraces (carrozas con mensajes políticos) son una
manera de expresar el inconformismo y sacar la frustración. Aunque no intentan la
revolución, aunque el resultado de esta manifestación es mínimo, la fiesta es la única
diversión que tiene esta gente.
Así, en Quibdó se encuentran tres tipos de
energía que promueven la fiesta de San Pacho: la devoción profunda al santo patrono, las
ganas de divertirse y la entropía social, política y económica.
San Francisco de Asís, el patrono de Quibdó
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QUIBDO. FIESTA DE SAN PACHO.
Fotografía Diego Arango.
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Como se mencionó anteriormente, la primera
huella misionera la estableció Fray Matías Abad en Quibdó en 1648. La evangelización
en esta región, no obstante, no fue sencilla. Ocurrieron protestas de indígenas, quienes
mataron a los religiosos y quemaron los santos. Se desconoce, en gran parte, la historia
eclesiástica de Quibdó de los siglos siguientes debido a la pérdida del archivo
parroquial, que consumieron las llamas del incendio de 1930. La imagen del santo patrono,
San Francisco de Asís, que hoy se encuentra en el altar de la catedral, fue traída de
España en la última década del siglo pasado. El actual párroco dice que la imagen
llegó en 1892, mientras que Rogerio Velásquez escribe (1960:34) que la imagen
pedida por el grueso de la población al director de la parroquia en 1895, llegó a
Quibdó en 1899. La catedral fue construida en 1945.
Las festividades mayores en
el calendario eclesiástico en Quibdó incluyen la celebración del Viernes Santo y la
fiesta dedicada a la Virgen del Carmen (16 de julio). También se celebran fiestas menores
en algunos barrios, tales como la de la Virgen de Fátima (13 de mayo y 13 de octubre) en
el barrio de la Yesquita y la de San Judas Tadeo (28 de octubre), en la parroquia del
barrio de San Judas. Antes existía la fiesta del indio el domingo de Pascua,
en la que numerosos indígenas vecinos se reunían en Quibdó y quemaban la efigie del
judío; esta fiesta se acabó a mediados de los años setenta. Según Nina S. de
Friedemann (1975), era la ocasión para los quibdoseños de reírse de los indígenas
borrachos por que ni la conducta de los indígenas en esta condición, ni la naturaleza de
la diversión de la población negra eran dignas.
Las veredas alrededor de Quibdó también
celebran sus propias fiestas, muchas de las cuales son la de San Antonio (13 de junio) y
la de la Virgen de la Merced (24 de septiembre). Cuando los misioneros claretianos no
visitaban regularmente las veredas, en las fiestas, los campesinos traían sus santos en
balsas, navegando por el río Atrato hasta la catedral de Quibdó. Las imágenes se
quedaban una noche y al día siguiente regresaban en las balsas con la gente hasta sus
veredas, donde se celebraba la noche de rumba. Hace, aproximadamente, quince años los
sacerdotes empezaron a visitar las veredas en ocasiones festivas y los campesinos dejaron
de venir a Quibdó con sus santos.
La fiesta más importante para los quibdoseños
es, sin lugar a duda, la de San Pacho, su patrón. La devoción de la gente a San Pacho es
tan profunda que a los ojos del cura párroco, el apego popular al santo patrono tiene
hasta cierto grado de superstición. Los curas han tratado de acabar con la fiesta de San
Pacho por considerarla pagana, pero siempre en vano. Cuando un obispo se mostró más
devoto al Corazón de Jesús e ignoró a San Francisco, los quibdoseños reclamaron tan
fuertemente e iban a sacarlo del pueblo, que el obispo tuvo que reconocer públicamente al
santo patrono de la ciudad. Los quibdoseños frecuentemente dicen todos somos
franciscanos o San Francisco es todo; rezan en la iglesia hablándole al
santo Ay, San Pachito, mi amor y se visten como monjes franciscanos el día
de San Francisco, el 4 de octubre. Según Rogerio Velásquez, el folklorista chocoano y
autor del único artículo publicado sobre la fiesta de San Pacho, todos los quibdoseños
desean ser enterrados al morir con el hábito de San Francisco. Con el vestido
franciscano, se dice, el cielo está más cerca (Velásquez 1960:36-37).
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QUIBDO. FIESTA DE SAN PACHO.
Fotografía Diego Arango.
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Los quibdoseños tratan de imitar a San Francisco y de identificarse con él porque el
santo fue de joven muy alegre y parrandista, pero luego se hizo santo. El cura
párroco dice que los quibdoseños, por cierto, imitan divinamente la primera etapa de la
vida de San Francisco, pero se quedan ahí, no pasan a la segunda.
El apego de la gente a San Pacho ha producido
anécdotas sobre los milagros hechos por el santo. Sobre todo abundan los relatos del
santo como extinguidor de incendios. Por ejemplo, cuando hubo un incendio alrededor de
1942, los quibdoseños sacaron de la iglesia el busto de la imagen patronal y lo pusieron
enfrente de las llamas, y el fuego se calmó inmediatamente. La gente se arrodilló ante
el santo llorando de agradecimiento. En el caso del siniestro de 1966 dicen que la imagen
apagó el fuego, sudando por el calor de las llamas. Se cree que San Pacho también puede
causar los incendios. En 1966, un sacerdote celebró la fiesta de las Llagas (17 de
septiembre) en la iglesia del barrio de la Yesquita e ignoró la fiesta de San Francisco;
por eso, muchas casas de este barrio no hicieron ningún preparativo para la fiesta San
Francisco. Al final de octubre de ese mismo año, ocurrió un incendio grande en el barrio
de la Yesquita. Todas las casas desaparecieron, salvo aquellas que sí se habían adornado
para la fiesta. Así que la gente se dio cuenta que el incendio había sido causado por
San Francisco, quien estaba resentido por haber sido ignorado.
Existen otros relatos sobre los milagros de San
Pacho. Una señora quibdoseña cuenta: mi hijo murió hace seis meses en el
accidente de la avioneta que se cayó en el cerro. Yo le había dado una imagen de San
Pacho y se la había puesto en el bolsillo de su camisa para que el patrón lo guardara.
Cuando supe del accidente, pedí a San Pacho que por favor me regresara a mi hijo, aunque
fuera un brazo. El cuerpo de mi hijo, que tenía la imagen del patrón en su bolsillo,
regresó enterito, mientras que otros pasajeros se despedazaron. También hay
historias relacionadas con el oro, por ejemplo, un minero prometió a San Pacho que si le
ayudaba a encontrar oro, le regalaba la primera libra que sacara. La petición fue
escuchada por el santo y el minero cumplió su promesa. Como San Pacho ha hecho numerosos
milagros en favor de sus devotos, la imagen está decorada con cadenas y medallas de oro y
platino, obsequiadas por ellos.
Con esta devoción
fervorosa popular al santo patrono, la fiesta de San Pacho no puede ser una celebración
menor. Los ancianos dicen que, anteriormente, la fiesta era más
religiosa y que después de la misa no había tanta diversión, salvo
vacalocas
(2)
aguardiente; las misas se celebraban en las mañanas y en las tardes todos los días
durante la novena, por los monjes franciscanos que venían del monasterio de Bogotá. Hoy,
la fiesta, incluye, una feria grande comercial, y noches seguidas de tumba. Cuanto más
profunda es la devoción y cuanto más ciudadanos se involucran, tanto mayor es la
diversión.
Hasta principios de la década de los treinta,
no había en Quibdó sino tres barrios: Alameda Reyes, Yesca Grande y la Yesquita, que
organizaban la fiesta patronal. En esta década, el barrio Pandeyuca se independizó de
Yesca Grande y se formaron los barrios Roma (San Francisco) César Conto y el Silencio. A
finales de los cincuenta, según Velásquez (1960:21), ya existían ocho barrios,
inclusive Cristo Rey, que participaban en la fiesta. En la actualidad, hay numerosos
barrios en la ciudad de Quibdó, pero sólo los doce más antiguos, los ocho arriba
mencionados y la Esmeralda, las Margaritas, Kennedy y Tomás Pérez forman parte de la
fiesta, aunque los barrios nuevos, también, desean participar como sectores
independientes. Velásquez dice (1960:21): A fin de que la festividad alcance mayor
esplendor y animación, Quibdó, para el tiempo de San Francisco, aparece dividido en
barrios o sectores. La idea data de 1929, y, con la aceptación unánime, se partió el
poblado en trozos que emulan y luchan por ser los primeros en la fiesta. La disputa ha
servido para que las actividades sean más complicadas y las diversiones más amplias y
numerosas!.
Hoy, uno de los acontecimientos más llamativos
de la fiesta es el desfile de carrozas, localmente llamadas disfraces o
repechajes, que se mueven gracias a un mecanismo interior. Parece que los
disfraces no existían en Quibdó hasta principios de los años cuarenta, en que
comenzaron a montar fantasías como los cabezones gigantes, pavos reales y damas
orientales. Entrando en las décadas de los sesenta y setenta, los disfraces cambiaron el
tema de la fantasía por el mensaje político con carácter de protesta, por el estado de
abandono en que se encontraba el Chocó. Parece que el final de los años cincuenta era la
época transitoria del motivo de los disfraces. Velásquez registra que en esa época con
los disfraces se habla mal del gobierno, de los políticos, se reviven escenas familiares,
costumbres típicas de la región, se evocan oficios antiguos o se exaltan motivos de
animales. Caimanes, gatos negros, diablos, son los predilectos del público, que se solaza
con ellos (1960:26). Cabe notar que esta transición, de la fantasía a la
expresión política, coincide con la elevación del Chocó de intendencia a departamento.
Actualmente, cada barrio fabrica un disfraz y compite con otros barrios por los premios en
cuanto a la hechura y su mensaje. En otros pueblos chocoanos, como Istmina, también, se
ven disfraces, pero son las carrozas de los santos las que van decoradas. Desconoce el
autor cuándo introdujeron la competencia de los disfraces. Según la descripción de
Velásquez (1960:22-23), a finales de los años cincuenta todavía no había tal
competencia, aunque cada quien lucha por su barrio para que se luzca en el
torneo de boxeo, las carreras de caballos, bicicletas y encostalados, la vara de
premios, etc.
Arcos de milagros, o simplemente
arcos, han existido como una parte esencial de la fiesta desde hace muchos
años, aun en los tiempos en que no había disfraces. Antes, el arco era un altar
sencillo, sólo para colocar la imagen patronal. Hoy en día, sin embargo, los arcos son
escenarios pintados sobre varias tablas unidas, alusivos a los diversos episodios de la
vida de San Francisco de Asís. Cada barrio prepara un arco que mide fácilmente seis
metros de ancho por tres de alto. Los arcos, como los disfraces, tienen carácter
competitivo entre los barrios. Se ignora el origen del nombre arcos.
Velásquez dice que cada barrio estaba obligado a clavar altar y poner arcos
(1960:21) y en los altares de la barriada se coloca la imagen de San Francisco y se
cantan los gozos por toda la concurrencia (1960:34), pero no mencionaba nada de las
anécdotas en las pinturas sobre la vida del santo. Esto supone que antes los
arcos habían sido arcos, literalmente dichos, sin pinturas, bajo los cuales
la imagen se colocaba en la ruta del recorrido de la procesión. Las pinturas de hoy
podrían originarse cuando se introdujo la competencia de los arcos, la fecha exacta la
desconoce el autor. Otro motivo de competencia entre los barrios participantes es el
adorno o decoración de las casas, de la cual los niños están encargados.
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capítulo
*
Tomado de: Meanings Performed, Symbolss Read: Anthropological Studies on Latin America.
Performance in Culture No. 5. Tokyo University of Foreing Studies.
Tokyo, Japan. 1989. (Regresar a *)
1. La corta visita a
Quibdó, entre el 27 de septiembre y el
7 de octubre de 1985, se realizó como
una parte del proyecto de estudios caribeños dirigido por el profesor Masao Yamaguchi y
auspiciado por el Ministerio de Educación del Japón. El título de este capítulo lo
tomé del ensayo Poética en las calles: Hacia una semiótica del espectáculo
por Shin-ichi Nakazawa (1977). (Regresar a 1)
2. Velésquez
describe (1960:26) que una vacaloca es una armazón de palos forrados con encerados,
cuernos humeantes y cola de ramas de limón, que carga un hombre que corre, aceza, se para
un momento y embiste después, que produce sustos y templa de nervios. Cuando el que la
porta se detiene, le cantan los músicos o el público:
Si el torito fuera de oro,
y los cachos de aguardiente,
me volviera toreador.. ;
Qué toreador tan valiente! (Regresar a 2)
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