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48. MUSICA Y ORGANOLOGIA
MUSICAL
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GUILLERMO ABADIA MORALES
Folklorólogo
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Fotografías Jorge Mario
Múnera.
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Desde el punto de vista de la sociología del
desarrollo, nombre actual de la folklorología, ninguna región entre las cuatro zonas
folklóricas colombianas posee un más completo y significativo ámbito cultural que la
comarca del litoral Pacífico.
Porque si la zona andina representa al mestizaje
mejor definido, a causa de sus melodías indígenas o autóctonas puras y rotundas
asociadas a los valores rítmicos europeos (caso básico del bambuco y sus seis variantes)
por las melodías indias y los ritmos vascos, la zona del litoral Atlántico muestra al
mulataje bien equilibrado, como en las zafras de cuño arábigo y cantos de labor
africanos o cantos vallenatos, como el son y el paseo, de raíz cubana o, mejor aún, el
caso básico de la cumbia y sus seis variantes con un zambaje exacto de melodías indias y
ritmos negros; la zona de los llanos, que se prolonga en Venezuela, muestra en cambio un
ancestro definidamente puro de lo europeo con sus melodías y ritmos blancos (caso básico
del joropo que muestra los arabescos del canto andaluz y en su danza el típico zapateo
flamenco).
En la zona del litoral
Pacífico está presente, mejor que en ninguna otra comarca colombiana y aun suramericana,
el carácter triétnico de las culturas cobriza, hispana africana. Del ámbito indígena y
como parte del contexto cultural de los pueblos nativos existieron, desde época
inmemorial y hasta nuestros días, las formas musicales y coreográficas de las tribus que
pueblan el litoral . En las regiones que abarca esta zona costera encontramos las ocho
tribus del grupo chocó, pertenecientes a la familia lingüística caribe, que son: los
andáguedas, los baudós, los catíos, los citarás, los chamíes, los hemberas o cholos,
los noanamas y los quimbayas. Muchas de sus expresiones tradicionales se mantienen vivas
en esta zona y así entre los catíos encontramos la danza de cosecha llamada acadainá,
el canto médico jai-jari y canciones de cuna o arrullo. Entre los emberas los cantos sagrados llamados aconijaris, el
ensalmo médico llamado majina y el canto y danza nupcial llamado carichipari. Entre los
noanamas hallamos el canta-jai o exorcismo médico, el mismo carichipari de los
embera pero afectado de influencias negras, la danza wadana de mujeres solas, las danzas
de la mariposa y del ee-da-dai, cantos de libación y preparación de bebidas y
cantos de viaje, etc.
Del ámbito hispano se hallan las supervivencias
clásicas del canto gregoriano traído por las misiones religiosas del siglo XVI y
presentes aún hoy en los alabaos o cantos de alabanza a Cristo y a los santos, las salves
dedicadas a la Virgen María, los arrullos heredados de los cantos de cuna o nana, las
loas y trisagios y especialmente los villancicos o cantos navideños. Abundan los romances
y pregones por tratarse de santos a capella, es decir, sin acompañamiento
musical de instrumentos, como ocurre en la música gregoriana.
Del siglo XVI datan numerosas danzas cortesanas
definidamente europeas, como la danza, la contradanza, la polka, las jotas y la mazurca
aculturadas con casi imperceptibles modificaciones propias de la dinámica chocoana, y que
hoy reciben el epíteto de chocoanas, lo cual las distingue de sus ancestros
hispanos. Si las jotas llegadas a América fueron la navarra, la valenciana y la aragonesa
o andaluza, en el Chocó predominó ésta última y recibe los apelativos de
careada por los enfrentamientos de los danzarines o de por menor a
causa de su tonalidad.
Del ámbito
africano hallamos la fuerte presencia dominante en la zona, de culturas como las
llegadas en el siglo XVII que fueron Congo, Desértica, Guinea y Sudán. Su índole es
completamente de música negra, aún más pura que la del ámbito antillano. Currulao con
sus cinco variedades (patacoré, berejú, caderona, bámbara negra y juga) además de las
formas fúnebres del bunde y el chígualo, africanos también puesto que en Sierra
Leona, estado africano, hallamos aún la danza wunde que les dio su nombre.
Música y danzas
Aquí se enumeran de modo
resumido estas varias expresiones ritmo-plásticas.
El currulao. Se considera como la
tonadabase o tonada tipo de la zona del Pacífico colombiano. No sólo en razón de estar
señalado como prototipo de lo africano en nuestro país sino por corresponder a
modalidades instrumentales, vocales y coreográficas simultáneamente. Como danza, el
currulao es sin lugar a dudas el ejemplo más vigoroso del ancestro negro. El desarrollo
de su planimetría sigue un esquema complejo pues asocia la rutina de los pasos por
parejas a una conjugación colectiva en forma de filas o corredores. Tanto las parejas
como las filas se muestran empujadas por un pulso rítmico extraordinariamente dinámico.
La estereometría, vivaz y variada, resulta muy rica en valores plásticos. El currulao
como danza señala un proceso ritual en el que los danzarines van poniéndose en trance de
modo paulatino y a medida que la música de la orquesta regional va intensificando su
fuerza. Esta orquesta está constituida por diez elementos o unidades organológicos: la
marimba de chontas o gran xilófono colombiano, los dos cununos o tambores de un solo
parche (macho y hembra), el bombo, el redoblante y cinco guasás o sonajeros de guadua. El
acompañamiento vocal, realizado generalmente por mujeres, sigue la forma responsorial o
de letanías en el cual la cantadora, llamada glosadora, va diciendo los
versos del coplerío local y las respondedoras cantan el estribillo constante,
en segunda voz.
El patacoré y el berejú. Aunque su
nombre parece de origen indígena en el primero ya que la voz patakorá en la
lengua de los ernbera, tribu del mismo litoral, significa plátano, lo que pudiera indicar
un canto de cosecha o fertilidad, es en síntesis una variante del currulao. Los informadores locales aseguran que tanto el
patacoré como el berejú son modalidades del mismo aire y que el patacoré es el más
rápido.
Hemos observado que en el estribillo de algunos patacorés se dice:
pata - coré, pata - coré (como en el
mapalé se dice: el mapalé, el mapalé, etc.) y en el berejú hay una retahíla que reza:
a mí berejú, adiós berejú, y las respondedoras dicen: quejú... quejú...
quejú.
La juga. No propiamente un aire especial
sino una manera de cantar en juego de voces.
Por ello parece ser una corruptela de la voz fuga, que musicalmente indica
conjugación de voces o juego de tonos de un mismo tema. Tal vez el hombre folk del
litoral hace una interpretación propia de juga, deturpación de fuga, al relacionarla con
jugar. Se refiere en ambos casos a la modalidad responsorial en que una voz canta los
versos y otra los estribillos. Hay por ello muchos cantos en aire de
juga.
Los bundes. Cuyo nombre es africano,
según veremos, son muy abundantes en este litoral como expresiones de ritos fúnebres
entre los negros. El tolimense, pieza particular del músico Alberto Castilla, tiene este
nombre como préstamo pero con la significación de mezcla, ya que es una síncresis de
guabina, bambuco y torbellino. Los del litoral derivan su nombre del antecesor africano
(el wunde que todavía existe en Sierra Leona, Guinea inglesa) y son cantos de
recreación que realizan los niños negros del Pacífico en los patios de las casas
mientras los adultos se ocupan del rito mortuorio propiamente dicho. Son por ello rondas y
juegos infantiles con letras o textos alusivos o explicativos del contenido lúdicro de
éstos. Así la Margarita Batiana, la Canoa Paula, el Laurel, el Punto, la Pelusa, el
Carpintero, Jugar con mi tía, el Trapicherito, el Florón, la Buluca, el Quilele, Adiós
tía Cotí, el Bambazú, etc.
El Chigualo. Su nombre parece provenir de
la voz chigua, que es el nombre de un pez equivalente al llamado
mapalé en el litoral norte y corresponde indistintamente, según las regiones
del Pacífico, a la funérea infantil o a la de adultos. Resulta más evidente pensar en
la acepción de chigualo por derivación de la voz chigua, que en quechua significa cuna y
que en Chile, según nos informó el maestro Domingo Santacruz, es la cajita o cama
rústica en donde se coloca el cadáver del niño para el rito funerario popular entre los
descendientes de indígenas de ese país (indios collas o araucanos). Este uso de la caja
o cuna es común al rito de muchas regiones de Colombia, como son los gualís del Chocó,
los angelitos o angelitos bailaos de Boyacá y Cundinamarca, los mampulorios de la costa
norte llamados también velatorios o el muerto - alegre del alto Sinú.
El maquerule.
Es el nombre incidental que recibe un aire musical,
variedad de jota chocoana, puesto a una canción popular dedicada a un famoso panadero de
Andagoya de apellido Mac Duller y también aplicado a la danza pantomímica (mezcla de
coreografía cortesana de tipo jota y pantomimas sobre el trabajo del panadero mencionado
en la letra). Ella dice: Mister Mac-Duller era un chombo / panadero en Andagoya; /
lo llamaban Maquerule, / se arruinó fiando mogolla. / Maquerule amasa el pan / y lo vende
de contado; / Maquerule ya no quiere / que su pan sea fiado. / Maquerule no está aquí, /
Maquerule está en Condoto; / cuando venga Maquerule: / su mujer se fue con otro. Y,
a cada estrofa, se canta como estribillo este comentario de consejo: Póngale la
mano al pan, Maquerule, / póngale la mano al pan, pa que
sude; / pin, pan, pun,
Maquerule, pin, pan, pun. Este episodio nos permite deducir que no existía
tradicionalmente el canto mencionado hasta el momento cuando se dedicó la canción al
panadero de Andagoya y de su fonética figurada salió el nombre. Además, el único
Maquerule conocido en el litoral corresponde exactamente al aquí citado y a su música;
canto que se folklorizó.
Pango o pángora. - Andarele o andarete,
madruga, tiguarandó, saporrondó, aguabajo, aguacorte, aguachica son nombres que
corresponden a variedades muy poco definidas, la mayor parte de las cuales tienen ritmo
básico de currulao.
Calipso y tamborito chocoanos. Son coplas
de los aires antillano y panameño, respectivamente. El calipso fue antiguamente una
canción protesta de los negros de Africa occidental. En la Guinea inglesa (Sierra Leona)
existen hoy famosos calipsos, como el de la independencia, grabado en 1962, por la banda
de Ebenezer Calendar. En las Antillas fueron canciones de comentario social y asimismo lo
son en el Chocó, tal el calipso de los chocdlogos. El tamborito, canto y danza nacional
de Panamá, se derivó al Chocó desde los tiempos en que Panamá era departamento
colombiano.
La caramba. Tal vez
derivación del aire sureño (Chile y Argentina) muy similar a la cueca y llamado el
caramba. Uno y otro tienen letras en seguidilla pues derivan de la jota aragonesa, pero en
la caramba chocoana no alternan heptasílabos con pentasílabos que es la norma de la
seguidilla (7-5-7-5-5-7-5) sino octosilabos y pentasílabos: Dónde vas tan de
mañana / Carambaitúa. / A visitar un enjuermo / Carambaitúa. / Que está de muerte en
la cama / Carambaitúa. Es pues un diálogo cantado.
El pregón. Tal vez el más popular en el
litoral Pacífico sea hoy el que, procedente del Brasil, se modificó en canto recitativo
negro y que dice en su estribillo agua de caná. Si bien es cierto que el
pregón es común en muchas zonas pues se utiliza para anunciar artículos en venta
cantando un recitativo, éste del litoral Pacífico es muy original en su forma y así
como en el Atlántico son notables algunos de los analizados por Émirto de Lima, como
pandehué (pan de huevo o pamamaga (palma amarga), aquí aparece un
fonema que se nos mostró como enigmático hasta dar con su sentido y explicación. El
fonema que varía entre agua de caná y agua paicaná tiene un
curioso proceso. Todos conocemos la inmensa variedad de los pregones ciudadanos y
pueblerinos que nos anuncian, mediante una frase cantada o gritada y que se acompaña de
forma recitativa más o menos melódica, los diarios locales, el carbón, el pan, las
escobas, la compra de botellas vacías o papel periódico y las especialidades típicas
regionales. El que aquí comentamos dice: agua de caná. Preguntados algunos nativos de la
región manifestaron no saber el significado pero que suponían se trataba de mencionar un
perfume o loción popular, variedad de agua de colonia que se llamaba agua de cananga.
Explicación poco convincente la cual vino a despejarse más tarde cuando una afamada
revista de folklore brasileño nos informó que uno de los numerosos nombres del
aguardiente y del guarapo era, en el Brasil, agua de cana (portugués) que
equivale a agua de caña en castellano. La acentuación de la a final, común a vocablos
negros, hizo que fuera transformada en agua de caná y caprichosamente se
transformó en agua paicaná en donde la voz paicaná no tiene significado
alguno como tampoco lo tiene cana en la región dicha. Agua paicaná, señores,/
agua de caná; / Bien venida Madeira, / agua de caná; / Caramba esta enguayabá / agua de
caná, etc. Madeira fue la variedad de caña más estimada en el Brasil. Es pues un
pregón callejero para el aguardiente o el guarapo.
Las
supervivencias hispanas
En la modalidad vocal hallamos en el Chocó
muchos remanentes del antiguo canto gregoriano enseñado por los curas doctrineros a los
esclavos negros.
El alabao. Tal
el alabao que no es sino un alabado o canto de alabanza de Cristo o de los
santos. Los más populares se refieren a San Antonio, San José, San Francisco y que con
el correr del tiempo se aplicó a asuntos profanos aunque conserve en buena parte su
condición de canto a capella, es decir, sin música instrumental
acompañante, aunque a veces se puede someter, en el Chocó, a un acompañamiento de
percusión, sólo rítmico, típico o no. Un modelo bastante conocido en todo el litoral
es el llamado Tío Guachupecito, nombre que corresponde a un pez negro y largo
y que se usa como mote para los negros flacos y altos. La estructura de este alabao se
debe al músico Antero Agualimpia, aunque, posteriormente se han hecho arreglos muy
convencionales. Muy popular también es el dedicado a San Antonio, conocido como bunde San
Antonio o Vélo qué tonito, y que recibió tonada de currulao en aire de
bunde y como tal se consignó en las grabaciones. La salve no es cosa distinta de
un alabao dedicado a la Virgen María.
A veces se aplica a
ceremonias funerales. Son modelos Una paloma sin mancha y Del cielo
cayó una rosa.
El Villancico. De origen hispano como
canto de pastores o villanos, gentes del medio rural y de las villas y aldeas,
por contraposición a las ciudades y cortes (cortesanos) vino a ser más tarde canto
de festejos navideños cuando los pastores trían del campo su música y obsequios
para el Niño. Se han aplicado hoy muchos textos de tradición oral a la función de
cantos navideños y con músicas de aires muy diferentes al del primitivo villancico:
bundes, alabaos y aun canciones del folklore sin carácter definido.
Los arrullos o arrorrós. Son canciones
de cuna pero a veces reciben aires variados y se denominan arrullos con aire de bunde, con
aire de juga, etc. En su repertorio abundan canciones de cuna del interior adaptadas a
músicas del Pacífico o textos españoles comunes a países latinoamericanos desde
tiempos de la conquista. Estos textos se adaptan a los aires regionales de la zona.
El romance. Es la misma forma literaria
de su nombre cantada en aire de tonadas varias. Son comunes en el Chocó muchos de los
antiguos romances anónimos hispanos transformados o deturpados por el uso popular. Así
un romance español llamado del conde Olinso se fue transformando, lentamente,
en el conde Olmos en la Argentina y luego en conde Niño para
llegar, finalmente, en el Chocó a se levanta un corderillo (por el primer
verso del romance que decía: Se levanta el Conde Olinso). Más tarde (1973) hemos
encontrado en la vereda de Sote (Boyacá) un romance, informado por Silvino Reyes y
Guillermo Amézquita, que comienza: Ya llevan al condenillo / preso, bien
aprisionado, / no por delitos que deba / ni por hurtos que haiga hurtao, / porque jorzó
una romera / en el camino a Santiago; / la madre desa romera / dice que ha de ser
casao, etc. historia que termina en un desenlace idéntico al del antiguo romance
del conde Olinso. Fue cambiando, pues, de Olinso a Olmos, a Niño y a Corderillo y
Condenillo, en el uso popular.
Danza, contradanza, polka, mazurca y jotas.
En el siglo XVI llegaron de España muchas danzas cortesanas que, curiosamente, se
conservan hoy en el Chocó con muy ligeras modificaciones coreográficas, tal vez
determinadas por el dinamismo de la raza negra. Aún el acompañamiento organológico
corresponde a la orquesta típica del litoral, usado en el currulao como danza-tipo y en
sus variates. En estas danzas europeas se utiliza un conjunto llamado hoy chirimía
chocoana y que está constituido por rezagos de las antiguas charangas o bandas de
viento (clarinete, fliscorno o bombardino, bombo, redoblante y platillos). Estas
supervivencias no son frecuentes y aparte de las aquí nombradas sólo conocemos las de
San Andrés Islas: chotis, cuadrille (junto a las jamaicanas mentó y reggae y las
antillanas calipso y congo) y en Santa Fe de Antioquia la redova, casi extinguida.
Obviamente, ha resultado imposible para la población negra del litoral mantener el
atuendo, vestuario tradicional de aquellas danzas cortesanas, y hoy se ejecutan con el
traje diario o con modestos bastones y alhajas de fantasía.
Organología musical
La organología musical actual comprende cuatro
géneros que se clasifican, según la manera como se produce el sonido en los
instrumentos, en: cordófonos, aerófonos, membranófonos e idiófonos.
En nuestro litoral occidental (Chocó y la mitad
litoral de Valle, Cauca y Nariño) hallamos dos tipos muy diferentes de organología: el
conjunto típico propio de los aires dominantes de la zona que son los africanos y que se
integra con la marimba de chontas, los cumunos macho y hembra, el bombo y el redoblante y
los guasás o chuchos de guadua. El otro tipo de conjunto es el llamado erróneamente
chirimía chocoana y que es propio de los aires y tonadas de ancestro europeo,
pero que no es cosa distinta de un remanente de las antiguas bandas de viento militares.
Está integrado por el clarinete, el bombardino o el fliscorno auxiliados por los
platillos, el bombo o tambora y los redoblantes.
La marimba de
chontas es un xilófono (denominación griega que significa maderas sonantes) pues está
formado por una hilera de tablillas de chonta, macana de longitudes escalonadas entre 25 y
cms y anchura de 4 cms, colocadas sobre un rectángulo de guaduas llamado mesa de la
marimba, atadas entre sí por lazadas de cuerda que las mantienen quietas para que no
caigan al suelo pero suficientemente flojas para que puedan vibrar libremente; estas
tablillas se golpean con cuatro tacos o bolillos de madera de chonta que llevan una bola
de caucho en el extremo y están en manos de dos tocadores (el tiplero que toca sobre las
16 tablillas más cortas, y el bordonero que toca sobre las 8 más largas). Debajo de cada
tablilla va un tubo de guadua cerrado en su parte inferior y de longitud proporcional a la
tablilla correspondiente. Este sartal de tubos se fija por una cuerda longitudinal a la
cabecera y al pie de la marimba; cada tubo lleva cerca
de la
boca dos agujeros por los cuales pasa la cuerda. Sobre las 16 tablillas más cortas se
ejecuta la melodía y sobre las 8 más largas el acompañamiento. Esta variedad de
xilófono se diferencia notablemente del xilofón griego, que es hoy el
clacquebois o échellettes de los franceses, del
gamelán indonesio, que es hoy metalófono, y del balafón
africano de los mandinga, que lleva calabazos en vez de tubos de guadua. El nuestro
corresponde exactamente al nimae kojom tepunawas de los mayas de
Yucatán (Guatemala y México) que es instrumento básico para los mundialmente famosos
marimberos guatemaltecos y que en México se conserva en las variedades de
cuache normal y cuache de tecomates (calabazos). A lo largo de
nuestro litoral Pacífico y hasta la provincia de Esmeraldas (Ecuador) se halla esta
marimba americana. En Esmeraldas luce en manos de los indígenas colorados de
Santodomingo. Las voces nimae y marimba traducen, en dialecto
cakchiquel, cosa extendida que produce ecos.
Los cununos. Voz quechua derivada de la
onomatopeya del trueno; son dos toneles cónicos de fondo cerrado y parche de cuero de
vacuno o de venado que se baten con las manos; el mayor se llama macho y el
pequeño hembra».
El bombo y los redoblantes son los
populares tambores de uso en muchas regiones.
Los guasás son tubos de guadua de unos
40 cms de longitud y diámetro de 8 cms. Corresponden al chucho andino, pero
no llevan rejillas en las bocas sino que van cerrados y sólo tienen un agujero pequeño
en cada extremo; su sonido es por ello menor que el del chucho pero, en cambio, se
ejecutan en grupos de cuatro o cinco. Las mujeres que habitualmente los tocan, para marcar
el pulso rítmico del canto se llaman guasaceras; la que lleva la melodía es
la glosadora y las que contestan a modo de letanía respondedoras;
la solista canta los estribillos y la bajonera armoniza el canto en segunda
voz o efectos vocales de rutina.
En la chirimía chocoana debemos observar:
1. La verdadera chirimía (voz
derivada del chalumeau francés o clarinete) es un instrumento muy diferente
pues corresponde al antiguo clarinete de madera que sólo se conserva en Antioquia
(localidades de Girardota y San Vicente) en conjuntos de chirimeros muy afamados. Hay un
rezago arqueológico en Boyacá, conservado en el museo de Sogamoso, y hallado en
cercanías de la laguna de Tota.
2. Otra denominación de chirimía es la que se
da en el Cauca a los conjuntos de flautas traveseras (Popayán, Almaguer, etc.) y que fue
tomada de los conjuntos indígenas de los Páez (kuvi-nuch y kuvi-nehuish, flautas graves
y agudas respectivamente y acompañadas del tambor kut) o de los conjuntos
guambianos (pegatés o loos, flautas acompañadas del tambor grande o nubalé
y de los redoblantes llamados cuchimbalés).
3. La chirimía chocoana, que es la que nos
ocupa aquí y cuyo nombre es inadecuado pues sólo correspondería al uso del clarinete
que interviene en tal conjunto. El fiscorno y el bombardino son variedades de instrumentos
de viento. Los platillos son metalófonos de choque. Bombo y redoblante son los ya
citados. Otros instrumentos que se encuentran en el litoral Pacífico son: la cinta
zumbadora o waikókó de los indígenas noanamas, el tambor catío de caucho
crudo, las flautas llamadas karissó, pipana y ursiri
de los noanamas. Además el tambor tondóa de los emberas. En el extenso
arsenal indígena debemos citar otros instrumentos menos conocidos como sería: concha de
convocatorias, canoa Kugiú, capadores siri o pepé y meyeskababa de los noanamas, churo y
capador sirú de los emberas, carángano de bolillo del Chocó, violina, pinkillo y
rondador de Nariño, son del área mestiza pero todos de la zona del litoral Pacífico
colombiano.
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