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47. LAS GENTES
DEL CHOCO
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JORGE TAMAYO
Centro Laubach de Educación Popular Básica
de Adultos
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QUEBRADA LA CONCEPCION.
RIO NAYA.
Fotografía Diego Arango.
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Las divisiones territoriales administrativas de
nuestro país son incoherentes con la realidad geográfica y cultural del mismo. Es así
como encontramos que en los mapas, los ríos dividen porciones territoriales: el Magdalena
marca límite entre varios departamentos de la costa norte y el centro del país; el
Atrato divide en una parte de su curso lo territorios de Antioquia y Chocó; el río San
Juan es el límite entre Chocó y Valle.
Sin embargo, en la realidad sucede una cosa muy
diferente: los ríos se constituyen en accidentes geográficos que integran las regiones.
Las gentes no se diferencian sustancialmente en la mayoría de los casos por estar a uno u
otro lado de un río. No podemos hablar de la cultura de la margen oriental del Magdalena
en la zona del Canal del Dique y de otra cultura diferente en el municipio de Calamar
(Bolívar), que está situado sobre la margen occidental del río. Podemos sí, referirnos
a la cultura ribereña del Bajo Magdalena.
Pues bien, lo mismo sucede con las gentes de la
cuenca del Pacífico en Colombia, Panamá y Ecuador. Esta. cuenca está cortada en
Colombia por cuatro líneas limítrofes interdepartamentales: las de Chocó, Valle, Cauca
y Nariño. A lo largo de la región se encuentran 24 municipios pertenecientes a estos
departamentos, Sin embargo, hay muchas cosas que tienen en común: el contexto ecológico
de selva húmeda tropical; el mar como punto de referencia y hábitat para la
subsistencia; los ríos como vías de comunicación prácticamente únicas; el abandono en
que se han encontrado durante cientos de años por parte del gobierno central; la
explotación de sus recursos por parte de compañías nacionales y extranjeras sin ninguna
consideración ambiental ni de los derechos territoriales de las gentes que allí habitan;
y lo que es más importante: existen a lo largo de todo el litoral una serie de
características culturales comunes a sus habitantes.
De ellos, un 85 por ciento son negros
descendientes de africanos traídos por los españoles desde el siglo XVI para trabajar
como esclavos en minas, plantaciones y servicios domésticos. Otro 10 por ciento son
indígenas pertenecientes a las etnias embera, waunana, tule (cuna) y awa. El cinco por
ciento restante son mestizos provenientes del interior del país, sobre todo de los
departamentos de Antioquia, Caldas, Risaralda y Valle del Cauca, quienes llegan en su
afán de colonización hasta estos lugares.
Si bien estas líneas pretenden hablar un poco
acerca de los habitantes del departamento del Chocó, debe entenderse que lo que acá se
dice puede extenderse (respetando particularidades, claro está) a los habitantes de toda
la cuenca del Pacífico, sobre todo en lo que se refiere a la etnia negra. Los indígenas
son un caso más particular y, tal como lo expresamos, son cuatro etnias distintas unas de
las otras las que viven en el litoral.
Específicamente el departamento del Chocó está poblado actualmente por gentes negras (520.342)
(1)
, indígenas embera (más de 35.000)
(2)
, waunana (4.500) y cuna (530). El negro está
ubicado en pueblos situados a la orilla de los ríos a lo largo de todo el departamento.
Los indígenas, viven igualmente, en las riberas, pero especialmente hacia las cabeceras
de los ríos, sitios escogidos como una forma de aislamiento y resistencia histórica ante
el avance y acoso de conquistadores, colonos y negros.
La gente en la
historia
Pero no siempre fue así. En tiempos remotos lo
que hoy conocemos como el Chocó estuvo habitado por cazadores recolectores que muy
probablemente vinieron de Norteamérica a poblar la parte sur del Continente. Según los
arqueólogos (aunque existen serias divergencias entre ellos), en el Pleistoceno, hace
unos 30.000 años, estos cazadores emigraron desde América del Norte buscando cotos de
caza de megafauna, en una época en que las glaciaciones cambiaban constantemente la
temperatura y condiciones ambientales del planeta. Fueron desplazándose hacia el sur,
cruzaron Centroamérica y llegaron a estas tierras. Según esta hipótesis, el territorio
chocoano fue uno de los primeros pisados por el hombre en América del Sur. Sin embargo,
la escasa investigación arqueológica en la zona, no nos permite comprobarlo. Los
hallazgos que se suponen más antiguos consisten en una punta de proyectil encontrada en
el golfo de Urabá y un complejo lítico hallado por Reichel Dolmatoff en los ríos
Jurubidá y Chorí (ubicados en el municipio de Nuquí).
Estos artefactos son considerados de la época
de los cazadores-recolectores por la técnica, la forma y los materiales con que fueron
construidos, pues no se encontraron asociados con ningún objeto que permitiera realizar
análisis de laboratorio para determinar cronologías absolutas.
La fecha más
temprana determinada para la región del Pacífico colombiano la encontramos en el sitio
Sauzalito, municipio de Darién (Valle del Cauca), con una antigüedad de 9670 años Antes
del Presente (A. P.). Esto para la subregión de la vertiente occidental de la cordillera.
En la subregión costera encontramos, entre otras fechas determinadas por el método del
Carbono 14, 2350 años A.P. en el río Mataje (sur de Nariño), 1130 años A.P. en el
sitio Minguimalo (río San Juan) y 760 años A.P. en la bahía de
Cupica, al noroccidente del Chocó
(3)
.
Tal como puede apreciarse, hace falta aún mucha
investigación arqueológica para establecer realmente una cronología de poblamiento de
la región que nos ocupa. Por eso daremos un salto en el tiempo y veremos lo que nos dicen
la tradición oral, los historiadores y los cronistas sobre la historia de las gentes del
Pacífico.
Cuando la gente vivía en el cielo
Según la
tradición embera, en la zona de Lloró (curso alto del río Atrato) tuvo lugar la
creación del Hombre. Dos personajes de su cultura, Karagabí y Tutruiká, tuvieron alguna
vez una disputa para saber quién era el más poderoso. Después de múltiples pruebas,
decidieron competir creando al Hombre. Tras varios intentos fallidos,
Tutruiká creó al Hombre tal como es hoy en día
(4)
. Aquel es en la
actualidad el Señor de uno de los mundos inferiores, llamado Armukura, donde viven gentes
sin ano.
Para los embera, existen cinco mundos, dos
encima de éste y otros dos debajo; Armukura es el más inferior de ellos. Ene1 mundo
superior, llamado Bajiá (cielo), se encuentra Karagabí. Según
relatos recogidos por varios autores
(5)
, los hombres y las mujeres tenían
comunicación permanente con el mundo de Karagabí por medio de una escalera de cristal.
Ante una falta cometida por los Hombres, éste rompió la escalera, quedando en su lugar
una gran piedra con inscripciones, que estaría ubicada en la zona de Lloró.
Cuando Karagabí
derribó un Jenené (especie de árbol maderable, adecuado para fabricar embarcaciones) y
dio origen a las aguas, la gente se libró de las inundaciones subiendo a los cerros
Torrá (Alto San Juan) y Mojarrá (Alto Atrato). Según los waunanas, ellos y los embera
fueron creados de la misma manera, y vivieron juntos en el río San
Juan hasta que éstos últimos se fueron de allí por su maldad
(6)
. Estos relatos son acordes con planteamientos lingüísticos que ubican la diferenciación de las lenguas
denominadas Chocó en el río San Juan
(7)
.
Podemos concluir a
partir de las informaciones que nos brindan la tradición oral, los estudios
lingüísticos y la etnografía, que emberas y waunanas pertenecen a una misma familia
lingüística. Su diferenciación ocurrió en un lapso de tiempo no determinado. Este tipo
de diferenciaciones lingüísticas y culturales son muy frecuentes. En la actualidad
existen cinco dialectos embera, fruto de migraciones desde la época
de la invasión española
(8)
incluso los
embera se diferencian a sí mismos en tres grandes grupos: las gentes de montaña
(eyabidá), habitantes de la cordillera Occidental en los departamentos de Antioquia,
Caldas, Risaralda y Valle; las gentes de río (dobidá), habitantes de las riberas de los
ríos del departamento del Chocó; y las gentes de mar (pusabidá), habitantes de ríos
afluentes del Pacífico hacia el sur del puerto de Buenaventura.
En lo que se
refiere a los tule (cuna), la tradición oral embera nos cuenta que fueron creados por la
primera mujer, la cual fue instruida por Karagabí para hacer a los humanos a partir de
una gota de agua. Sin embargo, esta primera mujer esparció la gota de agua en forma
de llovizna y de ella salieron multitud de cunas, que aprendieron muy bien a manejar el
arco y la flecha y vivían en tambos muy hermosos (Da Santa Teresa: 1959). Según
los embera, los tule (jurá para ellos) fueron castigados por Karagabí debido a una
traición, a vivir en el río Atrato, de donde posteriormente debieron salir hacia el
Pacífico y después a Panamá, ante las continuas invasiones de
aquellos a su territorio, guerras de las cuales existe una rica tradición oral
(9)
.
En el momento de
la invasión española, los embera se encontraban en plena guerra con los tule. Andagoya
relata en sus crónicas algo al respecto al comentar la expedición de Pizarro por el
Pacífico. Dicha guerra se intensificó debido a la presión que sobre el territorio
embera empezaron a ejercer los españoles, quienes hacia finales del siglo XVI empezaron a
invadir los territorios aledaños al río San Juan, en el sur,
obligando a los embera a desplazarse hacia el norte
(10)
.
Desde muy temprano
los españoles inician la conquista y colonización del Chocó. Hacia 1540,
expedicionarios bajo el mando de Jorge Robledo realizan las primeras incursiones en
territorio chocoano desde Anserma. Después de varios intentos fallidos, es en 1573 cuando
se funda en el interior del Chocó la ciudad de Nuestra Señora de la Consolación de
Toro, la cual desapareció pocos años después ante la
resistencia de los indígenas que habitaban la zona
(11)
. Al mismo tiempo,
empezaba la penetración española por las bocas de los ríos Atrato y San Juan.
El río Atrato fue descubierto por Balboa, quien
lo bautizó San Juan; más tarde, los españoles lo llamaron Río Grande del Darién,
hasta mediados del siglo XVII, cuando toma el nombre de Atrato dado por los embera,
quienes ya tomaban decisiones en el antiguo territorio de los tule. Tampoco el río San
Juan se llamaba así en el siglo XVI; el Adelantado Pascual de Andagoya, quien sólo vio
la boca, lo refiere sin nombre como un río grande en una carta de 1540.
Posteriormente fue llamado río de los Noanamá, hasta bien entrado el siglo
XVII, cuando se le habría dado su actual nombre en la parte alta.
El Pacífico empieza a tomar su color
Es a mediados del siglo XVI cuando se empieza a
dar el hecho histórico más importante en lo que al poblamienro del actual Chocó se
refiere: la introducción de esclavos negros al territorio, arrancados de las costas
occidentales de Africa. Los negros constituían una herramienta fundamental para los
españoles en su empresa de saqueo de los recursos minerales de la región, pues los pocos
indígenas que no opusieron resistencia a la invasión y que pasaron a manos de
encomenderos se estaban acabando debido a los arduos trabajos que debían realizar en las
explotaciones mineras y a las enfermedades traídas por los españoles, frente a las
cuales no existían tratamientos en la medicina tradicional.
Fray Bartolomé de
las Casas, impresionado por el tratamiento que se daba a los indios y preocupado por su
exterminio, propuso la importación masiva de negros africanos para llevar a cabo
las labores animales que hasta ese momento estaban relegadas a los
nativos de América
(12)
.
La primera introducción de esclavos africanos
se remonta a 1689, concentrándose en Nóvita. Casi cien años
después, en 1778, se contaban en el Chocó 5.692 esclavos negros
(13)
. Antes del siglo XVIII, los esclavos procedían
del Valle del Cauca; posteriormente fueron traídos directamente del Africa a través del
puerto de Cartagena. Se les daba como apellido el nombre correspondiente a la etnia de
procedencia o el del puerto donde habían sido comprados. La región alrededor de Nóvita
nos da unos 56 nombres africanos diferentes unos de otros. Entre los más comunes están:
Biáfara, Carabalí, Cetre, Lucumí y Arara originarios de las costas de Guinea; Mandinga,
del Sudán Occidental y Senegal; también se encuentran nombres como Angola, Chamba, Bran
y Luango.
El fenómeno de
los palenques (poblados de negros que escapaban a la esclavitud y resistían el
hostigamiento militar español) también se dio en la costa Pacífica. Los asentamientos
de este tipo más conocidos son el que existió en las cercanías de Tadó; el llamado
Palenque del Castillo en el valle del río Patía, y la República de Zambos en la
provincia de Esmeraldas (Ecuador), conformada por descendientes de indígenas mezclados
con 23 esclavos africanos, quienes viajaban en una embarcación
que encalló a mediados del siglo XVI cerca de las costas de dicha provincia
(14)
.
El poblamiento negro de la costa Pacífica y en
particular del Chocó empieza a extenderse prácticamente desde la traída de los
esclavos. El movimiento se inicia en el siglo XVIII desde 1780, en los campos mineros del
Chocó al río Tuira; más tarde desde los ríos Atrato y San Juan a la costa Pacífica y
el valle del Baudó. Entre 1821 y 1851, durante el período de la emancipación, aumentan
las migraciones. Durante la guerra de la independencia muchos de ellos, desde Barbacoas
(Nariño) y el Chocó, se unieron a las fuerzas de Bolívar. Al terminar las hostilidades,
fueron hacia los valles del Cauca y Magdalena. Cuando en 1851 se decreta la libertad de
los esclavos por parte del gobierno central, la mayoría de ellos no tuvieron otra
alternativa que quedarse trabajando como asalariados pésimamente remunerados por sus
antiguos amos, o emigrar como colonos hacia zonas habitadas solamente por indígenas. Tal
como se verá más adelante, este proceso de ocupación de territorios indígenas por
parte de los negros será causa de enfrentamientos y relaciones tensas entre ambos hasta
nuestros días.
Es de particular
importancia el hecho de que el Chocó nunca fue lugar de morada permanente para españoles
dueños de minas, debido a su lejanía de los centros de actividad social en la época de
la Colonia, tales como Popayán y Santa Fe de Antioquia. A lo sumo
existía un capataz blanco o mulato en las minas y Capitanes de Mina
negros
(15)
. Este es uno de
los factores causantes de la absoluta predominancia de la gente negra en el Chocó. Allí
solamente llegaban algunos misioneros (jesuitas y franciscanos) y fue sólo hasta fines
del siglo XIX que empezaron a establecerse en Quibdó colonias de sirio-libaneses
dedicados al comercio, actividad hoy en día ejercida en su mayoría por
paisas, apelativo que se da a los blancos en el Chocó.
Durante los últimos 25 años se intensifica la
migración desde la región hacia el interior del país y hacia el puerto de Buenaventura,
el cual vio crecer su población de 3.500 habitantes en 1918 a 35.000 en l950 y 193.185 en
1988, según cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística. Otros
prefirieron Cali a Buenaventura, otros Tumaco y otros, procedentes de pequeños poblados
de la costa Pacífica norte del Chocó, las tierras fértiles del Darién, en la zona del
canal de Panamá. Se puede comprobar este acelerado proceso de emigración en el caso del
Chocó, que mientras en 1976 representaba el 24.6 por ciento de la población del litoral
Pacífico, a partir de 1982 representa sólo el 17 por ciento (Pujol: 1974).
Tratemos ahora de mirar quiénes son esas gentes
del Chocó, esas culturas que hacen parte del gran universo multiétnico colombiano.
Los embera y waunan
Ya hemos hablado del origen común de estos dos
grupos indígenas, situación confirmada desde la mitología, la lingüística y la
etnología. Sin embargo, es importante anotar que entre ellos mismos se consideran
absolutamente diferentes, incluso los embera entre sí. Estos últimos, además de
diferenciarse según el medio donde vivan (eyabidá, dobidá o pusabidá), se reconocen
entre sí como chamíes (habitan Risaralda, suroeste antioqueño y la zona suroccidental
del Chocó) catíos (occidente antioqueño y carretera Quibdó - Medellín); embera
(Atrato, Baudó, costa Pacífica y afluentes respectivos) y epera (Cauca y Nariño).
Los waunan, por su parte, se sienten un solo
grupo, a pesar de habitar 4 zonas diferentes: Medio y Bajo San Juan; Bajo Atrato (río
Chintadó); Panamá y costa Pacífica y, por último, la llamada Serranía
Waunan en el municipio chocoano del Bajo Baudó.
¿Qué identifica a los embera y waunan?
¿Cuáles son sus particularidades frente a otros grupos étnicos del país?
Cuando se llega a
una comunidad indígena del Chocó, lo primero que se tiene ante los ojos
son las viviendas. Existen varios tipos de vivienda y a este respecto Zuluaga, Villa y
Pardo
(16)
proponen una
tipología que consta de tres clases de vivienda: la tradicional, la vivienda en
transición y la vivienda propia de las comunidades negras.
Tradicionalmente, las viviendas o tambos (de en
emberá y di en lengua waunan o maash meu) se construyen sobre cuatro pilotes principales
que suelen ser de guayacán, a una altura promedio de dos metros sobre el suelo para
evitar problemas de humedad y el ingreso de animales a la vivienda. Los techos son
cónicos, construidos con hojas de palma de diversos tipos y con dos técnicas
fundamentalmente: hoja raspada y hoja entera. En la vivienda
tradicional no existen divisiones internas ni paredes, aunque hay una distribución del
espacio en términos de su funcionalidad. Sus pisos son de corteza de palma.
La vivienda en transición es la que actualmente
más se ve en las comunidades. El techo cónico es reemplazado por otro de tipo
rectangular hecho en palma y posteriormente cambiada ésta por láminas de zinc o asbesto.
El piso empieza a hacerse de madera aserrada y se comienzan a apreciar medias paredes en
la parte exterior de la vivienda.
El patrón de vivienda propio de las poblaciones
negras empieza a verse en las comunidades: casas con piso de madera, techos rectangulares
de zinc o asbesto, pocas ventanas, algunas divisiones interiores y paredes hacia el
exterior. Este tipo de construcción es inconveniente en un medio como el del Chocó,
debido a las altas temperaturas en el día, ya que los materiales del techo no son
refractarios; al humo de los fogones de leña que se encierra dentro de la vivienda y al
hacinamiento que se da cuando aparecen las divisiones internas, dadas las características
de la familia indígena.
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índice
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capítulo
1.
DANE.
Colombia Estadística 1990. Departamento Administrativo Nacional de Estadística. Bogotá,
1991. (Regresar a 1)
2. Tamayo, Jorge. Ubicación
Geográfica de las comunidades indígenas del departamento del Chocó. Investigación
realizada para la OREWA. Quibdó, 1991. Mecanografiado. (Regresar a 2)
3.
Botiva
Contreras, Alvaro y otros. Colombia Prehispánica. Regiones Arqueológicas. Instituto
Colombiano de Antropología. Bogotá, 1989. (Regresar a 3)
4.
Relato
recogido por el autor en 3 zonas diferentes del Chocó: Costa Pacífica, Bajo Atrato y
Alto Baudó. (Regresar a 4)
5.
Ver
entre otros: Pardo, Mauricio. La Escalera de Cristal. En: Maguaré - Revista del
Departamento de Antropología de la Universidad Nacional de Colombia. Vol. 4 No. 4.
Bogotá, 1986. Pág. 21-46 Vargas, Patricia. La Conquista Tardía de un Territorio
Aurífero. Tesis de Grado. Universidad de los Andes. Bogotá, 1984. (Regresar
a 5)
6.
Versión
corregida por el autor en la zona del Bajo San Juan durante una investigación realizada
en 1990. (Regresar a 6)
7.
Cli.
Vargas, Patricia. La Historia en las Tradiciones de los Emberá y de los Tule. En:
Revista Arqueológica No. 10. Bogotá, Julio de 1989. (Regresar
a 7)
8.
Cli.
Pardo, Mauricio. Indígenas del Chocó. En: Introducción a la Colombia Amerindia.
Publicación del Instituto Colombiano de Antropología. Bogotá, 1987. Pág. 251-261. (Regresar a 8)
9.
Vargas,
Patricia. Op. cit. (Regresar a 9)
10. Ibid. (Regresar
a 10)
11.
Cli. Romoli, Kathleen. El Alto Chocó ene1 siglo XVI. Revista Colombiana de Antropología,
Vol. XIX y XX. Bogotá, 1976. (Regresar a 11)
12. Whitten,
Norrnan E. y Nina S. de Friedemann. La Cultura Negra en el Litoral Ecuatoriano y
Colombiano: Un modelo de adaptación étnica. En: Revista Colombiana de Antropología,
Vol. XVII. Bogotá, 1974. Pág. 75-116. (Regresar a 12)
13. Cfr. Ortega
Ricaurte, Enrique. Historia Documental del Chocó. Publicaciones del Departamento de
Bibliotecas y Archivos Nacionales.
Bogotá, 1954.
(Regresar a 13)
14. Whitten y Friedemann. Op.
cit. (Regresar a 14)
15. Ibid. (Regresar
a 15)
16. Cfr. Villa,
William y otros: Diagnóstico de las comtosidades Wannanas. Traha~ realizado
para la OREWA. Quihdó, 1987. Mecanografiado. (Regresar a 16)
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