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40. SALUD HUMANA Y CONDICIONES
AMBIENTALES
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ISMAEL ROLDAN
Profesor Asociado
Facultad de Medicina
Universidad Nacional de Colombia
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PUESTO
DE SALUD
Fotografía Diego Arango
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Pueblo
no es todo el mundo. Pueblo son aquellos que sienten la necesidad de serlo y se
identifican con causas comunes.
Comunidad Negra, Río San Juan.
Salud y
sociedad
La salud de la población es una función del
nivel de desarrollo social, nos recuerdan con frecuencia los ensayistas sobre el tema.
Este principio ampliamente reconocido, es particularmente palpable en la región de la
costa Pacífica.
En el Perfil Ambiental de Colombia
(1989), los autores señalaban que más que una influencia especial del medio natural
sobre las condiciones de salud humana, se encuentran nuestros países en una
determinación de las condiciones de nutrición, de la distribución de los ingresos y en
el deficiente cubrimiento de los servicios básicos de saneamiento ambiental.
Las enfermedades y muertes están ligadas, en
buena medida, a la desnutrición, a la falta de agua potable, a la insuficiencia y a la
mala calidad del alcantarillado, a la deficiente eliminación de basuras, a las
deplorables condiciones de vivienda y al bajo nivel educativo. (Perfil Ambiental de
Colombia, 1989).
Estas condiciones generales adquieren una
magnitud mayor en la región del Pacífico. El índice físico de la calidad de vida, que
recoge un conjunto de indicadores como salud, educación, nutrición y vivienda, ilustra
esta situación dramática. Mientras el promedio mundial de este índice en los países
industrializados arroja el 95%, en Colombia es de 72% en promedio y en el Pacífico de un
50%. (Arboleda, 1991).
La Costa Pacífica colombiana tiene un
crecimiento demográfico del 2.4% anual, mayor ligeramente, que el del resto del país. El
45% de la población es menor de 15 años y el 78% tiene menos de 30 años. En términos
de ingresos, el 45% de los que allí se generan, están en el límite del salario mínimo.
En educación, el índice de analfabetismo, especialmente rural, duplica los promedios
nacionales. La escolaridad primaria llega apenas al 60% y hay problemas de ingreso tardío
y discontinuidad en el estudio. (Arboleda, 1991).
La región del Pacífico es una verdadera
paradoja. Por una parte, un medio natural calificado por especialistas del mundo como
esplendor botánico, con la mayor riqueza del planeta en especies vegetales y
por otra, con los más bajos índices de salud y vida. Podría decirse, que la presencia
del bosque húmedo tropical, su aislamiento geográfico y su carácter sui géneris, la
han mantenido al margen de los polos de desarrollo nacionales. Pero es evidente también,
cómo el Estado no ha desarrollado aún modelos económicos que permitan abordar su selva,
asociada a una de las mayores humedades del planeta y con suelos pobres en su mayoría,
como no sea destruyéndola por la tala y la minería, conduciendo a una población
pauperizada; con una salud deteriorada.
Enfermedad y salud en el Pacífico
Es un hecho que la no satisfacción de las
necesidades básicas está íntimamente relacionada con la persistencia de la pobreza y
los bajos ingresos. Las causas de la pobreza en el Pacífico están asociadas a factores
ecológicos, pero también, sociales, institucionales y económicos.
Los indicadores de salud recogidos por
Planeación Nacional, muestran que Chocó, Cauca y Nariño tienen los más bajos del
país. La región del Pacífico, junto con la Atlántica y los Territorios Nacionales,
presenta las condiciones de salud más desfavorables. El Pacífico cuenta con los mayores
riesgos de morbimortalidad y con la más baja posibilidad de vida al nacer. (Ver al
respecto Yepes, 1990). Mientras que la mortalidad infantil en el Chocó es de 150 por mil
habitantes, en Cali es de 33 por mil habitantes, tres veces más alta que el promedio
nacional. La esperanza de vida en el Chocó es 12 años menor que en Cali, en donde llega
a los 69 años.
En términos de morbimortalidad, la población
está gravemente afectada por el pobre saneamiento ambiental. Entre el 5% y el 10% de las
muertes se relacionan con la carencia de alcantarillados, la deficiente disposición de
basuras y la calidad del agua para uso humano. Dos causas de muerte predominan: las
enfermedades infecciosas y la desnutrición. A través de la infancia y de la vida adulta,
la muerte por infecciones es alta, particularmente en los niños pequeños. Las
infecciones intestinales relacionadas con el agua aumentan la desnutrición, y a la vez,
predisponen a severas infecciones.
La única población que tiene aguas tratadas es
Buenaventura. Proveer agua potable y condiciones de saneamiento ambiental adecuadas son
medidas efectivas, que mejorarían las necesidades básicas en salud a las dos terceras
partes de la población de la región. Hasta ahora, los ríos lo son todo: acueductos,
alcantarillados, bañaderos, vías y sitios de diversión. (Rojas, 1991).
La costa Pacífica figura en
el primer lugar en cuanto a mortalidad infantil, tanto por regiones como por
departamentos. La esperanza de vida al nacer es la más baja del país: 57 años.
Otro aspecto de salud, ligado
a las condiciones de saneamiento del medio ambiente, son las enfermedades parasitarias. En
el Perfil Ambiental de Colombia se indica cómo en el medio natural tropical
existe una variedad de especies vectores de diversas enfermedades, desde los artrópodos,
hasta algunos mamíferos. Las condiciones naturales favorecen la proliferación de agentes
patógenos, los cuales se desarrollan por la debilidad del saneamiento ambiental y de las
acciones médicas preventivas. (Perfil Ambiental de Colombia, cit).
La malaria es una de las
enfermedades de mayor impacto en el Pacífico. En el país causó, en 1981, la más alta
tasa de defunciones (2.9), entre las muertes provocadas por enfermedades que transmiten
los artrópodos, con una alta incidencia en la población menor de 5 años. En Colombia,
cada año se estiman en 500.000 los pacientes víctimas de malaria, de los cuales sólo se
registran 150.000 al año. La malaria aumentó en las dos últimas décadas, duplicándose
entre 1970 y 1990. El Pacífico está entre las zonas de mediano y alto riesgo para la
malaria. Se estima que allí se encuentran anualmente entre 80.000 y 100.000 afectados.
Según datos suministrados por el Instituto de Inmunología del Hospital San Juan de Dios.
Al aumento de la malaria en Colombia han
contribuido varios hechos: las condiciones ambientales favorecen una amplia variedad de
especies de anophelinos, lo que dificulta su erradicación. Y la cobertura del antiguo
Servicio de Erradicación de la Malaria -SEM-, hoy conocido como Dirección de Campañas
Directas, disminuyó en las dos últimas décadas, debido a la escasez de recursos y a los
problemas de orden público.
En el Pacífico se encuentran el Plasmoclium
vivax y el Plasmodium falciparum
principalmente. El Plasmoclium falciparum
es
la especie de mayor incidencia, del 75%; afecta a todos los grupos de edad, con una
mortalidad del 3%, que es mayor, todavía, en menores de 5 años. Igualmente son
vulnerables los ancianos y las mujeres grávidas. La especie más peligrosa es el
Plasmodium falciparum,
que ocasiona trastornos cerebrales.
La alta incidencia de malaria en los niños
entre 1 y 5 años se debe a que pierden la inmunidad que habían adquirido de la madre
necesitando un tiempo para adquirir inmunidad por las infecciones repetidas, se debe a que
éstos permanecen cerca a criaderos de mosquitos, en la escuela y sitios de recreo. La
deforestación ha producido, por su parte, cambios en la transmisión de la malaria, pues
se ha encontrado en ciertas zonas el Anopheles nuñeztovari. (Ver al respecto Alzate,
1990).
Algunas especies de
anophelinos son resistentes a los insecticidas, al igual que el Plasmoclium falciparum, a
los antimaláricos corrientes. Han contribuido a la propagación de la malaria los
desplazamientos y las migraciones de población, ya que impiden su extinción.
El Anopheles albimanus, favorece su
reproducción en pozos de agua salada dejados por las mareas altas. Investigadores de la
Universidad del Valle encontraron las mayores densidades de este mosquito en zonas del
municipio de Buenaventura, en los meses de abril y agosto, después de las lluvias. Otros
Anopheles (A. aquasalis, A. puntimacula y A. neivai) se hallaron en abundancia; el último
mantiene la transmisión en los esteros y manglares, reproduciéndose en los depósitos de
agua que se encuentran en las bromelias. (Ibid).
A enfermedades como el dengue, la paraparesia
espástica tropical, la tuberculosis, la leishmaniasis y el parasitismo intestinal, se
debe, en gran parte, la morbimortalidad de la región. La costa Pacífica se encuentra
dentro de las zonas enzoóticas de leishmaniasis cutánea, la cual afecta a grupos
importantes de población, sobre todo rural. Allí se le denomina lepra del
Pacífico. Su control se ha vuelto difícil en cuanto a la prevención y acceso al
tratamiento, que consiste en una medicina costosa y restringida. El dengue tiene, en la
región, un ambiente favorable de transmisión. La paraparesia espástica tropical alcanza
el índice de endemicidad más alto del mundo. Es producido por un retrovirus, a través
del contacto sexual y de la leche materna. (Yepes, 1990). Las deplorables condiciones
sanitarias de la región Pacífica han favorecido la expansión de estas
enfermedades.
Las condiciones particulares del medio natural
como la humedad, la variedad de especies vectores y las dificultades naturales de acceso
se agravan por la debilidad institucional y financiera, y, también, por las precarias
condiciones de nutrición y de vida de la mayoría de la población local.
Salud y cultura
Nosotros tenemos nuestra cultura médica;
esta cultura comprende cómo es la vida y la muerte, a qué se deben las enfermedades,
cómo crece y se reproduce el ser humano y cómo fue nuestro origen humano.
En esta cultura nuestro pueblo waunana ha
construido sus propias formas de enfrentar y entender la vida humana, nuestros agentes
naturales son los jaibaná, los pilderos, los tongueros y las parteras; ellos han heredado
mejor que otros esta cultura y su labor social es la de servir como médicos, como
consejeros y como energía para la vida de nuestra gente.
Con estas palabras se inicia
la presentación del Proyecto Waunana de las comunidades indígenas del Río San Juan,
apoyado por el grupo GAPE de la Facultad de Salud de la Universidad del Valle (Gran
Proyecto Waunana, 1991).
Este texto nos recuerda la presencia de formas
culturales autóctonas y diversas en la región. Las comunidades negras tienen una
concepción cultural de la salud, propia del Litoral Pacífico colombiano. Estas,
también, recurren a las parteras, a los curanderos y a los médicos quienes utilizan las
plantas medicinales y los medicamentos formales, dentro de una cosmovisión mágica. Esa,
dicen en La Casa de la vida, de la comunidad negra del Bajo Calima, es otra manera
de actuar sobre el mundo contra la enfermedad. Los agentes naturales de dicha
cultura son quiénes pueden garantizar la integración de los dos sistemas de salud:
tradicional y medicina occidental (GAPE, 1989).
Las culturas indígenas tienen, como lo expresan
los waunana, sus agentes naturales que actúan con plantas y con su
capacidad mental y espiritual. Pero su misma situación los lleva a reconocer
y a aceptar otras culturas médicas.
Para que se conserve y mejore la salud de estas
comunidades del Pacífico es, entonces, necesario partir del respeto por su medio ambiente
natural y sus culturas, creando un desarrollo armónico social, económico e
institucional.
Las comunidades del Pacífico pueden aspirar a
que el desarrollo no signifique la destrucción de los ríos y los bosques y la
desaparición de las culturas milenarias. La salud, para ellas, está sujeta al equilibrio
entre progreso, integración económica y aprovechamiento racional de las condiciones
naturales y culturales de la región.
Dentro de la región Pacífica se destaca el
Chocó, por sus especiales características ambientales y riqueza natural. El mundo
desarrollado tiene allí un compromiso de protección ecológica. Para conservar el aire,
el agua y la biodiversidad, es necesario elevar las condiciones de vida de sus
pobladores.
Ni Colombia ni el mundo desarrollado pueden
pedir conservación ecológica a una población acosada por enfermedades, desnutrición
y deficiente educación y vivienda. El dilema para ésta es aprovechamiento a cualquier
costo de los recursos, o extinción.
El
deterioro de las fuentes de vida no se puede detener, sin abocar ante todo la solución de
desequilibrios e injusticias, que tal vez permitan un mejor manejo del mundo natural. De
lo contrario, los actores sociales proseguirán buscando en los frágiles bosques su
supervivencia. (Jimeno, 1991).
BIBLIOGRAFIA
Arboleda, Henry. 1991. Desarrollo Social y
Económico en el Pacífico. En: Foro: Presencia de la Universidad del Valle en el
Pacifico, Universidad del Valle.
Alwyn, Gentty. 1990. La Región
del Chocó. En: Selva Húmeda de Colombia, Villegas Editores, Bogotá. p. 41-48.
Alzare, Alberto. 1990. Malaria en el Pacífico.
En: Foros Presencia de la Universidad del Valle en el Pacífico. Universidad del
Valle.
Colciencias. 1989. Perfil
Ambiental de Colombia, Colciencias, Bogotá.
Grupo Asesor para la Educación,
Gape. 1989. 11 Encuentro Regional de Cultura y Salud, Gape, Buenaventura, junio.
Jimeno, Myriam. 1991. ¿Protección Ecológica
vs. Conflicto Social? Artículo en prensa, Bogotá.
Rojas, Jaime. Navegabilidad del
Río Atrato. En: Foros Presencia de la Universidad del Valle en el Pacífico, Universidad
del Valle.
Gran Proyecto Waunana. 1991. Gran
Proyecto Waunana. Publicaciones Populares No. 1, Grupo Asesor para la Educación, Gape,
Universidad del Valle. Febrero.
Yepes, Francisco. 1990. La Salud en Colombia.
Ministerio de Salud, Departamento Nacional de Planeación, Bogotá.
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