COLOMBIA PACIFICO
TOMO II
Pablo Leyva (ed.)
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37. POBLACION Y POBLAMIENTO

 

JOSE OLINTO RUEDA
Jefe División de Población
Departamento Nacional de Planeación

 

El poblamiento de lo que hoy comprende la cuenca del Pacífico colombiano ha sufrido un transcurrir muy accidentado en los 500 años posteriores a la llegada de los españoles a América. Sobre una base de población precolombina numerosa, aún indeterminada, constituida por un rico conjunto de etnias distribuidas equilibradamente se produce, a comienzos del siglo XVI, la conquista y colonización de su vasto territorio. 

Atraídos por sus inmensas riquezas minerales se inicia un penoso y prolongado proceso de poblamiento con consecuencias demográficas desastrosas para las poblaciones precolombinas principalmente durante los siglos XVI y XVII. Frente a la práctica extinción de la fuerza de trabajo aborigen y ante el avance de las actividades extractivas se introducen fuertes contingentes de esclavos africanos que, a lo largo de los siglos XVII y XVIII, constituirían el soporte de la explotación minera, el transporte, el comercio y la servidumbre doméstica. La constante introducción de mano de obra esclava fue conduciendo a su expansión demográfica, llegando a constituirse, bien pronto, en el grupo étnico dominante en la región. 

Los ricos aluviones de los lechos de los múltiples ríos y quebradas que surcan la región, atrajeron a numerosos grupos humanos que, diseminados por todo el territorio, fueron ubicándose a lo largo de sus cauces imprimiéndole un carácter disperso al poblamiento. 

Sobre esta amplia red de pequeños asentamientos fueron surgiendo conglomerados de alguna importancia en donde se concentraban las actividades administrativas, el comercio y algunos servicios esenciales. Muchos de estos centros poblados fueron cambiando de ubicación en el transcurso de cuatro siglos, bien por los ataques indígenas, por catástrofes naturales, por cambios económicos o por razones climáticas. 

Pese a sus extraordinarias riquezas y a la importante actividad económica mantenida a lo largo de estos siglos, su ocupación territorial ha evolucionado con relativa lentitud. Como se señaló anteriormente, los dos primeros siglos de la Colonia, aún con una fuerte y creciente introducción de población africana, fueron de depresión demográfica. Es probable que a finales del siglo XVIII empezara la recuperación poblacional. El siglo XIX se inicia con una base demográfica cercana a los 35.000 habitantes. Es evidente que a lo largo de esta centuria se produce una intensa expansión que si bien no es muy significativa en términos absolutos, denota un auge que se mantendrá con similar ímpetu durante el presente siglo. 

Fueron necesarios cerca de cuatro siglos para que la región recuperara la base demográfica existente al momento de la llegada de los españoles. 

Transformaciones económicas relativamente recientes, como la actividad portuaria, el transporte, la explotación forestal, la pesca, los servicios y la agricultura comercial incipiente le están imprimiendo al poblamiento un nuevo carácter orientado hacia la concentración en los tres principales núcleos urbanos, receptores del éxodo campesino y de las zonas económicamente más deprimidas.

Esta extensa y rica región, que comprende el 7.1% del territorio nacional, aún en la actualidad escasamente alberga al 3% de la población del país. Si se exceptúan los tres grandes centros poblados (Quibdó, Buenaventura y Tumaco), cuya población sobrepasa hoy los 400.000 habitantes, puede afirmarse que la región se halla virtualmente despoblada.

 

El poblamiento y la evolución demográfica en el período colonial

Las primeras fundaciones 

Como se recordará, los primeros asentamientos en territorio colombiano tuvieron lugar precisamente en la región del Darién. San Sebastián de Urabá, en el costado oriental del golfo del mismo nombre, fue la primera fundación establecida en el año de 1509. Destruido este poblado por la fiera resistencia indígena, Alonso de Ojeda funda en 1510 a Santa María la Antigua del Darién, la cual fue una próspera y organizada colonia hasta 1524 cuando fue abandonada como resultado del hostigamiento indígena y de las luchas internas de los conquistadores, lo que condujo a su traslado a la ciudad de Panamá, fundada por Pedrarias Dávila (1)

Las primeras incursiones por lo que hoy es el departamento del Chocó se producen cuando Vasco Núñez de Balboa, en 1512, remonta el Atrato hasta Vigía de Curbaradó (Isla Grande) en cercanías del actual municipio de Murindó. En carta al rey, Balboa le refiere su hallazgo de ricos yacimientos de oro en la región. Por su parte, Pascual de Andagoya bordea el litoral Pacífico y luego de expediciones accidentadas, en las que siempre padeció la resistencia exitosa de las tribus indígenas, descubre en 1522 las bocas del San Juan. A Andagoya se le debe el descubrimiento de la bahía de Buenaventura. La fundación del puerto del mismo nombre se atribuye a Juan de Ladrilleros en 1539. Para algunos historiadores esta fecha difiere entre 1536, 1540 y 1545. La isla donde tuvo su asiento era conocida con el nombre de Cascajal y estaba habitada por un pequeño número de indígenas pescadores de la tribu de los puscayaes. 

Desde Buenaventura, Andagoya se encaminó al oriente y remontando la cordillera Occidental llegó a Cali. Las noticias de los ricos yacimientos del litoral Pacífico pronto estimularon la conformación de expediciones que, por la vertiente occidental de la cordillera, descendían a los valles del San Juan y del Atrato. Entre 1540 y 1570 se realizaron varios frustrados intentos de colonizar los territorios bajos de la costa Pacífica. Las inclemencias climáticas, el hambre y los implacables ataques de las tribus indígenas mantuvieron inexplotadas estas regiones. Con todo, Buenaventura se convirtió desde su fundación en el puerto que comunicaba con el interior del país a través de la ruta seguida por Andagoya, no exenta de insistentes ataques por parte de los aborígenes. 

La explotación inicial de las riquezas del Chocó tuvo asiento en la ciudad de Nuestra Señora de la Consolación de Toro, fundada por Melchor Velázquez en 1573 (2) en los límites de los departamentos del Valle y del Chocó, la cual tuvo que ser trasladada por los incesantes ataques de los noanamaes. Desde Toro se inicia la colonización del Chocó y la explotación de sus ricos minerales. A finales del XVI se estableció el Real de Minas de San Francisco de Nóvita, a orillas del río Tamaná, que posteriormente se convertiría en la más importante productora de oro del Pacífico. Lento y accidentado fue el poblamiento de estas regiones. Durante el siglo XVI se organizaron diversas incursiones por el territorio, partiendo unos por el norte hacia el interior remontando el curso del Atrato, otros por el sur-occidente por el San Juan y por las costas del Pacífico y los demás por el oriente a lo largo de la vertiente de la cordillera Occidental. A finales del siglo XVI estaban establecidas, además de Nóvita, Cáceres y otras explotaciones en el curso del Tamaná. No obstante, a causa de la incansable hostilidad de los noanamaes, estas poblaciones fueron abandonadas. “Sólo a partir de la década de 1630 pudieron restablecerse finalmente algunos de los grupos mineros a lo largo del Tamaná” (3) , con la vinculación de mano de obra esclava que reemplazó a la indígena inicialmente incorporada al laboreo de las minas. 

En el norte, chocoes, noanamaes y tamanaes persistieron a lo largo del siglo XVII en la defensa de sus territorios frenando el poblamiento de la extensa región del Atrato. Asentamientos más estables, como los de Toro, Anserma, Arma y Cartago en el Valle del Cauca fueron víctimas de la aguerrida lucha por desalojar a los españoles de sus territorios tradicionales, obligando al traslado de las primitivas fundaciones hacia sitios más seguros. 

Los vastos territorios del sur de la región habían permanecido prácticamente inexplorados durante el siglo XVI. “Todavía ignoraban los españoles lo que había al otro lado de la cordillera que vierte al mar, pues por algunas atrevidas incursiones hechas acia (sic) aquella región, que encontraron cerrada de bosques impenetrables i llena de pantanos, la juzgaron completamente inútil, i la despreciaron” (4) . Estos territorios estaban habitados por los iscuandés, barbacoas y telembies quienes formaban una nación independiente de las del alto y bajo Chocó.  

Hacia 1590 el gobernador de Popayán decide emprender la conquista de la región de Barbacoas. Con todo, esta expedición resultó infructuosa por la resistencia indígena. Sólo 10 años después, luego de feroces combates, don Francisco de Posada, logra someter a los indígenas y fundar la ciudad de Nuestra Señora del Puerto de Toledo, nombre que luego cambiaría por el de Barbacoas (5) . En el mismo año funda, Posada, a Iscuandé a orillas del Pacífico. Nuevamente, la resistencia indígena y las dificultades de aprovisionamiento de alimentos condujeron a su abandono hasta finales del XVII. Barbacoas e Iscuandé fueron al principio una sola tenencia y luego se dividieron en dos, dependientes del gobierno de Popayán. Más tarde Barbacoas fue erigida en provincia (6)

Las regiones de Buenaventura y Guapí comenzaron a poblarse a mediados del XVII, cuando numerosas explotaciones se establecieron en las vertientes y llanuras de esta zona. “La población de Santa Bárbara en el Timbiquí se convirtió en el centro comercial y político de la parte sur de la estrecha llanura costera” (7)

El poblamiento estable de la región del Chocó sólo fue posible a partir de mediados del siglo XVII, gracias a la labor de sometimiento de los pueblos indígenas llevada a cabo por los misioneros jesuitas, Pedro Cáceres y Francisco de Orta, escogidos para la evangelización de los noanamaes, chocoes y citaraes, los cuales, según Borda, alcanzaban una población de 60.000 aborígenes (8) . A éstos se les unieron, posteriormente, otros cinco sacerdotes quienes mantuvieron la misión por espacio de 32 años, retirándose en 1689. Entre las poblaciones que fundaron los jesuitas se encuentra Quibdó, originalmente conocida como Citará, en el año 1654, posteriormente destruida y reubicada en 1690 por don Manuel González, cambiando su nombre en 1702 por el de San Francisco de Quibdó (9)

 

La depresión demográfica de la población aborigen 

El sometimiento a las autoridades civiles y eclesiásticas, condujo a la incorporación de las tribus indígenas a las nuevas formas de organización del trabajo a través de instituciones, como la encomienda y la mita. De esta suerte, las poblaciones indígenas fueron vinculadas a las actividades del laboreo de las minas, el transporte y la servidumbre doméstica. 

La sobreexplotación del trabajo, las enfermedades traídas por los europeos (la viruela y el sarampión, entre otras), la desintegración étnica y familiar, unidas a los estragos de las luchas de resistencia, aniquilaron las bases demográficas de los numerosos pueblos precolombinos. Refiriéndose a la región de Barbacoas, decía don Felipe Pérez, a mediados del siglo pasado: “Pocos restos se ven ya de aquellas belicosas tribus cuyos individuos no alcanzan a mil” (10) . En 1566, menos de 30 años después de la ocupación española, se calculó que más de 100.000 indios (cabezas de familia) habían muerto en la sola provincia de Popayán”. De acuerdo con Fray Jerónimo Escobar, la población de esta provincia había descendido hacia 1590 a un décimo de su tamaño primitivo” (11) .

 

La introducción de población africana 

Bajo las nuevas condiciones de dominación, cumplidas en lo fundamental a finales del siglo XVII, la explotación de los ricos yacimientos auríferos floreció durante el siglo XVIII. Las necesidades de una economía en auge, frente a una mano de obra nativa en extinción, obligaron a la Corona a la introducción de mano de obra esclava. “El influjo de los negros en las zonas mineras no se hizo aparente hasta fines del siglo XVI, cuando resultó evidente el colapso de la población indígena” (12)

Como se comprenderá, no es posible establecer el volumen y los procesos de incorporación de esta nueva población en el territorio. Padrones parciales, registros aislados, memorias y documentos varios y de distintas fechas dan cuenta de la significativa y creciente vinculación de esclavos africanos a la explotación económica. 

De una memoria anónima escrita en 1772, citada por Restrepo (13) , se menciona que “En la Provincia de Popayán, con inclusión del Raposo, Quinamayó, vertientes de los ríos Dagua, Yurumanguí y distrito de Barbacoas, se trabajan muchas minas de oro y se cuentan 4.756 esclavos, empleados por sus amos en su labor”. En 1778 se hizo el padrón de los negros mazamorreros del Chocó, arrojando un total de 3.054. En Popayán y Barbacoas, en ese mismo año, pasaban de 6.000. “En Nueva Granada por ejemplo, los negros se convirtieron en el grupo predominante entre los trabajadores mineros durante los siglos XVII y XVIII”. “A fines del siglo XVII y durante el primer cuarto del siglo XVIII se llevaron muchos esclavos al Chocó y otras áreas costaneras del Pacífico. Hacia 1787, sin embargo, las provincias de Antioquia, Chocó y Popayán, que incluían las principales minas de placer de Nueva Granada, contaban sólo con 70.000 esclavos negros” (14) .  

 

MANUEL DOSITEO CARVAJAL. RESGUARDO DEL RIO IZCUANDE.
Colección Martha Fajardo.

Fotografía Oscar Monsalve.

“Para fines del período colonial se había formado en las regiones mineras de Nueva Granada una abundante población de negros libres, compuesta por negros que habían podido comprar su libertad, los que habían huido, los mulatos y los escasos individuos que habían sido liberados por amos compasivos”. A fines del siglo XVIII una porción sustancial de la población negra del Chocó había adquirido la libertad. “Los habitantes de toda la costa Pacífica incluyendo el Chocó son negros en su mayoría” (15) .

 

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1. Para una mayor información sobre estos primeros asentamientos, ver Las Regiones Tropicales Americanas. Una visión Geográfica por James, J. Parsons. Bogotá, Fondo FEN Colombia, 1992. Segunda Parte, pp. 934 siguientes. (Regresar a 1)

2. West, Robert. C, La minería de aluvión en Colombia durante el periodo Colonial. 1972. Bogotá, Imprenta Nacional, pag. 27 y siguientes. (Regresar a 2)

3 West. op. cit. pg. 27 (Regresar a 3)

4 Pérez, Felipe Geografía Física y Política de los Estados Unidos de Colombia 1862. Bogotá, Imprenta de la Nación. Tomo 1. (Regresar a 4)

5 Pérez, Felipe. op.cit. (Regresar a 5)

6. Pérez, Felipe. op. cit. (Regresar a 6)

7. Pérez, Felipe. op. cit. (Regresar a 7)

8. Borda, José Joaquín Historia de la Compañía de Jesús en la Nueva Granada. Imprenta de S. Lejay et c°, 1872 Tomo 1, pags. 78 y 79. (Regresar a 8)

9. Contraloría General de la República Geografía Económica de Colombia Chocó. Tomo VI, 1943. (Regresar a 9)

10. Pérez Felipe. op. cit. p. 294. (Regresar a 10)

11. West., Robert. C. op. cit. pags. 74 y 75. (Regresar a 11)

12. Restrepo, Vicente. Estudio sobre la Minas de Oro y Plata de Colombia. Bogotá, Imprenta del Banco de la República 1952. (Regresar a 12)

13. Restrepo, Vicente. op. cit. (Regresar a 13)

14 West. C. Robert. op. cit.  (Regresar a 14)

15 West. C. Robert. op. cit. (Regresar a 15)