|
33. CIMARRONISMO EN EL SUR-OCCIDENTE
DEL ANTIGUO VIRREINATO DE SANTAFE DE BOGOTA
 |
FRANCISCO U. ZULUAGA R.
Profesor Departamento de Historia
Universidad del Valle
Texto propuesto por Alexander Cifuentes
|
|
LA MAYORDOMA. PUERTO
SAIJA.
Fotografía Diego Arango.
|
|
Al presentar este corto ensayo sobre el
cimarronismo en el sur-occidente del antiguo Virreinato de Santafé de Bogotá, no
pretendo disertar sobre el tema, en la medida en que se diserta sobre aquello en lo que el
conocimiento es amplio, y sobre cimarronismo en los estudios históricos colombianos la
bibliografía es bastante pobre.
Diré entonces que me aventuro por las veredas
de un tópico fascinante y prometedor, pleno de espejismos y de imágenes distorsionadas
que fácilmente nos pueden llevar a apreciaciones inadecuadas. Por ello, tratando de
encontrar una plataforma inicial firme, no me parece impertinente el tratar de encontrar
el lugar que el cimarronismo ha tenido en los estudios afrocolombianos.
Sin pretender la profundidad del balance realizado por el maestro Jaime
Jaramillo Uribe
(1)
, creo que se
puede afirmar que los estudios sobre negros en Colombia, además de estar aislados de las
grandes corrientes latinoamericanas - en este caso dominadas por los estudios sobre el
Caribe - presentan una división tajante entre las áreas trabajadas por historiadores y
las trabajadas por otros científicos sociales.
Tan alejados hemos estado de las corrientes
internacionales que, mientras en Cuba aparecieron los primeros estudios de Fernando Ortiz
en la primera década del siglo XX, sólo en 1952 el padre José
Rafael Arboleda empezó a promover los estudios afrocolombianos
(2)
y, en
un balance de la producción sobre esclavitud negra y abolición
en Latinoamérica, entre 1971 y 1979, publicado por Magnus Mörner
(3)
sólo aparecen reseñados dos
autores colombianos (Jaime Jaramillo Uribe y Germán Colmenares) y dos autores extranjeros
con investigaciones sobre Colombia (William F. Sharp y Michael Taussig). Pero, además,
mientras los historiadores se han reservado para sí el estudio de
la trata negrera, los estudios económicos de la esclavitud y de su abolición
(4)
, los
antropólogos, lingüistas y sociólogos se han dedicado al
estudio de las relaciones sociales y de las manifestaciones culturales
(5)
.
En medio de este
compartimentalismo del trabajo, sólo tres autores han hecho esfuerzos por mirar los
problemas negros como una totalidad con múltiples manifestaciones: Aquiles Escalante,
Jaime Jaramillo Uribe y Nina de Friedemann. El primero, Aquiles Escalante, es el pionero
de los estudios negros que inaugurando la visión antropológica de El Negro en Colombia se ve obligado a trazar - en líneas generales - el proceso
histórico de su objeto de estudio
(6)
. Jaime Jaramillo Uribe es el Maestro de toda
una generación de historiadores que, examinando desde todos los ángulos y trazando
derroteros, muestra todas las facetas del problema, tanto en su dimensión económica, como en las relaciones sociales y los debates jurídicos acerca de la
esclavitud
(7)
. Y Nina de
Friedemann, a través de estudios antropológicos sobre negros del Atlántico y del
Pacífico, de sus formas de vida y de sus formas de resistencia, y con un ánimo
reivindicatorio del negro, ha ido acercándose a una visión
diacrónica del problema antropológico que se propone
(8)
.
Pero, el distanciamiento entre historiadores y
otros científicos sociales no es gratuito, obedece al valor que se le da a la diacronía
y a la sincronía. Mientras los demás científicos sociales se preocupan
-fundamentalmente- por el presente, construyen visiones sincrónicas en las que el pasado
suele estar presente en descripciones rápidas y superficiales que acostumbran presentarse
como capítulos titulados Antecedentes Históricos. Los historiadores, por su
parte, preocupados fundamentalmente por el fluir de los acontecimientos en el tiempo,
tienden a desconfiar de los trabajos sincrónicos y a negarse su acceso al presente, con
la disculpa de que es necesaria una distancia prudencial - en el tiempo - que permita la
objetividad y la imparcialidad científicas.
El debate sobre estas posiciones es amplio y,
seguramente, continuará. Pero al margen y por encima de el, hay temas que van obligando a
revisar tales posiciones, y, en el caso de los negros el tema que ha obligado a los
científicos sociales a considerar la diacronía, y a los historiadores a avanzar hacia el
presente, es el de las relaciones sociales, especialmente aquellas relaciones conflictivas
dentro de las que se inscribe el tema del cimarronismo.
Y es que, tratándose del cimarronismo, él se
presenta como una coyuntura que aglutina toda la problemática del negro americano. En el
se hacen presentes, agudizan y agolpan la opresión y represión del amo; la resistencia,
la capacidad contestataria y el sentido libertario del negro; la presencia efectiva del
Estado con su capacidad represiva o asimiladora de las comunidades marginadas y rebeldes;
y la capacidad de las comunidades negras de enfrentar un proceso de aculturación -
deculturación en el que las sociedades imaginadas del rebelde dan paso, al mismo tiempo,
a la construcción de sociedades concretas en las que los valores ancestrales se conjugan
con los valores aprendidos o impuestos por la sociedad mestiza dominante, para dar lugar a
la asimilación progresiva a la sociedad dominante, con una reiterada reafirmación de sus
valores culturales.
Toda esta riqueza de la temática, unida a la
pobreza de fuentes, ha obligado al antropólogo y al sociólogo a recurrir a la fuente
tradicional del historiador, el documento escrito; y, en concordancia, el historiador ha
debido recurrir a la tradición oral, fuente tradicional de los estudios antropológicos,
sociológicos y lingüísticos. Y tras de este primer contacto, se empiezan a compartir
técnicas, métodos y conceptos para el análisis. Todo lo cual, hace del cimarronismo un
tema clave en las posibilidades de ser un lugar de encuentro de las diversas ciencias
sociales en el que se abra una ventana hacia el análisis integrado y la comprensión
efectiva de algunas de nuestras sociedades marginadas.
II
A pesar de todos los atractivos señalados, el
estudio del cimarronismo ha sido realmente escaso en Colombia. El estudio más general
corresponde a Jaime Jaramillo Uribe, quien en su extenso Ensayo y Señores en la
Sociedad Colombiana del Siglo XVIII - y en el reducido espacio de doce páginas -
nos da una visión general de los diferentes aspectos que tocan con el tema y alcanza,
aún, a entregarnos un muy buen balance de los levantamientos y
palenques de que se tiene noticia en el suelo colombiano
(9)
. La otra
aproximación general de que disponemos se le debe a Anthony McFarlane,
quien analiza las modalidades y procedimientos de la huida de los esclavos
(10)
.
Los demás trabajos son de orden regional. Entre
ellos pueden señalarse el de Orlando Fals Borda sobre la insurgencia en el río San
Jorge; los de Aquiles Escalante, de Roberto Arrázola y de Nina de Friedemann sobre el
Palenque de San Basilio; los de Michael Taussig sobre el sur del Valle del Cauca, de Nina
de Friedemann y Jaime Arocha sobre la Costa Pacífica y sur del Valle
del Cauca; y el del suscrito sobre el Valle del Patía
(11)
.
Con mayor o menor vinculación teórica a
tendencias internacionales, estos trabajos responden a alguna de las siguientes tres
maneras de apreciar el cimarronismo:
La
visión tradicional institucional quiere ver, como cimarronismo, exclusivamente los
palenques y las rebeliones y entiende el cimarronismo como la lucha del esclavo contra los
amos y por llegar a conocer una libertad individual (la abstracción aprendida
por Occidente de la Revolución Francesa).
Esta tendencia
considera al palenque como el punto máximo del cimarronismo y por ello tiende a ignorar
las fugas individuales de esclavos y recoge las huidas colectivas, especialmente aquellas
que terminan en la conformación de comunidades aisladas, estables
y autónomas, que Richard Price denomina comunidades cimarronas
(12)
.
Una tendencia a caracterizar diferentes formas de
cimarronismo de acuerdo con la finalidad inmediata de la huida. Presenta un marcado afán
clasificatorio y distingue entre la huida colectiva que puede terminar en palenque y la
huida individual que puede ser: huida hacia la justicia, huida hacia la libertad dentro de
la sociedad mayor, huida individual hacia la libertad fuera de la sociedad mayor. Esta
tendencia tiene una gran ventaja, se interroga: ¿hacia qué
libertad huía el negro?, ¿qué tipo de sociedad buscaba?
(13)
.
La tercera tendencia finca su análisis en la cultura
entendida en su acepción más amplia. Mira la problemática del negro americano como un
proceso de aculturación - deculturación, y bien pudiéramos decir es la tendencia
políticamente más activa. En este caso, el problema fundamental del cimarronismo no
está en las formas de resistencia sino en la lucha del esclavo
por su libertad y la aspiración igualitaria
(14)
, la cual se resuelve en un proceso de
aculturación-deculturación
(15)
. En este sentido las sociedades
latinoamericanas viven actualmente la fase de liquidación de la esclavitud.
Esta tendencia amplía las modalidades de la resistencia y la esclavitud a formas
pasivas, formas activas y formas de sustraerse de la
esclavitud.
Entre las formas pasivas tendríamos el
ladinismo u obediencia aparente, la indolencia, la destrucción de los instrumentos de
producción, el desgano en el trabajo.
Las formas activas serían: la rebelión, el
enfrentamiento individual o colectivo.
Las formas de sustracción de la esclavitud
comprenderían: el cimarronaje y el suicidio. Como sustracción de la esclavitud tampoco
garantizan la libertad y la igualdad.
Todas estas maneras de enfrentar el estudio de
los negros, de la esclavitud y del cimarronismo, tienen sus ventajas y desventajas,
implican posiciones teóricas y políticas diferentes, y sugieren - sobre el mismo objeto
- universos distintos con posibilidades y límites diferentes. Quizá, describiendo los
acontecimientos concretos y relievando aquello que me parece determinante, esclarecedor o
sugerente, pueda definirme con claridad por una de estas corrientes o buscar otra opción.
Regresar al
índice
Continuar con el
capítulo
1. Un extraordinario balance de
este tópico fue presentado por el maestro Jaime Jaramillo Uribe al primer Seminario
Internacional sobre la Participación del Negro en la Formación de las Sociedades
Latinoamericanas, realizado en Bogotá en 1986. Corre impreso así: Jaime Jaramillo
Uribe, Los Estudios Afroamericanos y Afrocolombianos. Balance y Perspectivas, en Alexander
Cifuentes (Editor), La Participación del Negro en la Formación de las Sociedades
Latinoamericanas, ICAN, Bogotá, 1986, pp. 43-60. (Regresar a 1)
2. Jaime Jaramillo Uribe, op.
cit., p. 44. (Regresar a 2)
3. Magnus Mörner, Recent
Research on Negro Slavery and Abolition in Latin Ameríca, Latin America Reprint Series
No. 15, Center for Latin American Studies, University of Pittsburgh, Pittsburgh, 1979. (Regresar a 3)
4. Quizá los mejores trabajos,
en estos aspectos, son: Jorge Palacios Preciado, La Trata de Negros por Cartagena de
Indias, Ediciones la Rana y el Aguila, Tunja, 1973. Germán Colmenares, Popayán: Una
Sociedad Esclavista. 1680 - 1800, La Carreta, Bogotá, 1979. (Regresar
a 4)
5. Muchos son los científicos
sociales que desde sus respectivas disciplinas se han aproximado al negro. Sin olvidar los
demás, creo que los que han marcado las tendencias son: Nina de Friedemann, Minería,
Descendencia y Orfebrería Artesanal, Litoral Pacífico. Colombia, Universidad Nacional,
Bogotá, 1974. Virginia Gutiérrez de Pineda, La Familia en Colombia, 2 vol., Universidad
Nacional, Bogotá, 1963. Orlando Fals Borda, Historia Doble de la Costa, Valencia
Editores, Bogotá, 1980. (Regresar a 5)
6. Aquiles Escalante. El Negro
en Colombia. Universidad Nacional, Bogotá, 1964. Abre también los estudios sobre
cimarronismo con su trabajo El Palenque de San Basilio. Una Comunidad de Descendientes de
Negros Cimarrones. Divulgaciones Etnográficas, Vol. III, No. 5, Instituto Etnográfico
del Atlántico, Barranquilla, 1954. (Regresar a 6)
7. Sus trabajos sobre este
tema, publicados inicialmente en el Anuario Colombiano de Historia Social y de la Cultura,
fueron editados en un volumen: Jaime Jaramillo Uribe, Ensayos sobre Historia Social
Colombiana, Universidad Nacional, Bogotá, 1968. (Regresar a 7)
8 Además del libro citado en la
nota No. 5, tiene: Nina de Friedemann y Jaime Arocha, De Sol a Sol, Editorial Planeta,
Bogotá, 1986. Nina de Friedeman, Ma Mgombe, Valencia Editores, Bogotá, 1979. (Regresar a 8)
9 Jaime Jaramillo Uribe, Ensayos
sobre Historia Social, pp. 59-71. (Regresar a 9)
10 Anthony Mcfarlane,
Cimarrones y Palenques en Colombia durante el Siglo XVIII, en Ensayos sobre Colombia en la
Epoca Colonial, Procultura, Bogotá, en prensa, pp. 108-198. (Regresar
a 10)
11 Orlando Fals Borda, Historia
Doble de la Costa, Valencia Editores, Bogotá, 1980. Aquiles Escalante, El Palenque de San
Basilio, Instituto Etnográfico del Atlántico, Barranquilla, 1954. Roberto Arrázola,
Palenque, primer pueblo libre de América, Ediciones Hernández, Cartagena, 1970. Nina de
Friedemann, Ma Mgomhe, Valencia Editores, Bogotá, 1979. Mateo Mina, Esclavitud y Libertad
en el Valle del Río Cauca, La Rosca, Bogotá, 1975. Nina de Friedemann y Jaime Arocha, De
Sol a Sol, Planeta, Bogotá, 1986. Francisco U. Zuluaga, Guerrilla y sociedad en El
Patía. Una relación entre clientelismo político y la insurgencia social, Inédito,
Cali, 1988. (Regresar a 11)
12 Richard Price, Introducción
a Richard Price (Ed.), Sociedades Cimarronas. Comunidades esclavas rebeldes en las
Américas, Siglo XXI, México, 1981. (Regresar a 12)
13 Anthony McFarlane, Op. cit. (Regresar a 13)
14 Germán Carrera Damas, Huida
y enfrentamiento, en Manuel Moreno Fraginais, Africa en América Latina, Unesco - Siglo
XXI, México, 1977, pp. 34-52. (Regresar a 14)
15 Manuel Moreno Fraginals,
Aportes Culturales y Deculturación, en Manuel Moreno Fraginals, Africa en América
Latina, Unesco - Siglo XXI, México, 1977, pp. 13-33. (Regresar a
15)
|